EL ENIGMA DE ESTE MUNDO
Una Verdad Mucho Más Grande, 1
Principios Superiores, 1
La Jerarquía de los Mundos, 3
Los Movimientos Ascendente y Descendente, 5
Metafísica Occidental y Yoga, 6
El Agnóstico y lo Incognoscible Vedántico, 9
Las Dudas y el Divino, 10
El Valle del Falso Resplandor, 11
La Zona Intermedia, 13
Un Problema de Fe, 19
La Triuna Divinidad, 20
Renacimiento y Personalidad, 21
El Enigma de Este Mundo, 22
UNA VERDAD MUCHO MÁS GRANDE
Con ello me refiero al descenso de la consciencia supramental a la tierra; todas las verdades por debajo del supramental (incluso aquéllas del más alto nivel espiritual en el plano mental, que es el más alto manifestado hasta ahora) son parciales o relativas o, por otra parte, deficientes o incapaces de transformar la vida terrenal; en su mayoría sólo pueden modificarla e influir sobre ella. La Supermente es la vasta consciencia-Verdad de la que hablaban los antiguos videntes; hasta ahora ha habido vislumbres de ella, a veces una influencia o presión indirectas, pero no ha sido atraída a la consciencia de la tierra y establecida en ella. Hacerla descender es el objetivo de nuestro Yoga.
Pero es mejor no entrar en discusiones intelectuales estériles. La mente intelectual no puede ni siquiera percibir lo que es la supermente; ¿qué utilidad puede tener entonces permitirle que discuta lo que no conoce? No es mediante el razonamiento sino por la experiencia constante, el crecimiento de la consciencia y la apertura a la Luz como uno puede alcanzar esos niveles superiores de consciencia por encima del intelecto desde los cuales uno puede empezar a elevar la vista hacia la Gnosis Divina. Esos niveles no son todavía la Supermente, pero pueden recibir algo de su conocimiento.
Los Rishis Védicos nunca alcanzaron la Supermente para la tierra o quizá ni siquiera lo intentaron. Trataron de elevarse individualmente al plano supramental, pero no lo hicieron descender ni lo convirtieron en una parte permanente de la consciencia de la tierra. Incluso existen versos del Upanishad en los que se insinúa que es imposible atravesar las puertas del Sol (el símbolo de la Supermente) sin desprenderse del cuerpo terrenal. Debido a este error, el esfuerzo espiritual de la India culminó en Mayavada. Nuestro yoga es un movimiento doble de ascenso y descenso; uno se eleva a niveles de consciencia cada vez superiores, pero al mismo tiempo uno hace descender su poder no sólo a la mente y a la vida, sino finalmente incluso al cuerpo. Y el más alto de estos niveles, aquel al que apunta, es la Supermente. Sólo cuando se logra hacerla descender, es posible la Transformación en la consciencia de la tierra.
4 de Mayo, 1930
PRINCIPIOS SUPERIORES
No creo que puedan establecerse siempre correlaciones exactas entre un sistema de conocimiento espiritual y oculto y otro. Todos manejan el mismo material, pero existen diferencias de punto de partida, diferencias de nivel de perspectiva, una divergencia en la idea mental de lo que se ve y experimenta, objetivos pragmáticos dispares y por lo tanto una diferencia en los caminos contemplados, trazados o seguidos; los sistemas varían, cada uno construye su propio esquema y su técnica.
En el antiguo sistema indio sólo había una trinidad superior, Sachchidananda. O si hablas del hemisferio más alto como del superior, existen tres planos: el plano Sat, el plano Chit y el plano Ananda. La Supermente podría añadirse como un cuarto elemento en la medida en que se apoya en los otros tres y pertenece al hemisferio superior. Los sistemas indios no distinguen entre dos poderes y niveles de consciencia tan diferentes, a uno de los cuales podemos llamar Sobremente y al otro la verdadera Supermente o Gnosis Divina. Ésta es la razón de que se confundieran respecto a Maya (Fuerza-Sobremente o Vidya-Avidya), y la tomaran por el poder creador supremo. Deteniéndose aquí, en lo que no era sino una media luz, perdieron el secreto de la transformación -aunque los Yogas Vaishnava y Tantra trataron de encontrarlo de nuevo y a veces estuvieron al borde del éxito. Por lo demás, éste, creo yo, ha sido el obstáculo de todos los intentos de descubrir la Verdad divina dinámica. No conozco ninguno que no haya imaginado, tan pronto como sintió descender los resplandores de la Sobremente, que ésta era la verdadera iluminación, la Gnosis, con el resultado de que o bien se detenían ahí antes de tiempo y no podían ir más lejos, o bien concluían que todo esto no era más que Maya o Lila y que lo único que había que hacer era ir más allá de ello, a algún silencio inmóvil e inactivo del Supremo.
Acaso, lo que puede significarse por principios superiores es más bien los tres fundamentos de la manifestación presente. En el sistema indio, éstos son Ishwara, Shakti y Jiva, o también Sachchidananda, Maya y Jiva. Pero en nuestro sistema, que trata de ir más allá de la manifestación presente, éstos podrían muy bien ser dados por supuestos y contemplados desde el punto de vista de los planos de consciencia, los tres superiores -Ananda (con Sat y Chit sobre ella), la Supermente y la Sobremente podrían ser denominados los tres Principios Superiores. La Sobremente se alza en el techo del hemisferio inferior y debes pasar a través y más allá de la Sobremente, si quieres alcanzar la Supermente, mientras que por encima y más allá de la Supermente están los mundos de Sachchidananda.
Hablas de la brecha por debajo de la Sobremente. Pero ¿existe una brecha, o cualquier brecha, más que la inconsciencia humana? En todas las series de los planos o grados de consciencia no existe ninguna brecha real en parte alguna, siempre hay eslabones conectados y uno puede ascender peldaño a peldaño. Entre la Sobremente y la mente humana existe un número cada vez mayor de grados luminosos; pero como éstos son supraconscientes para la mente humana (excepto uno o dos inferiores de los cuales recibe algunos toques directos), tiene tendencia a verlos como una Inconsciencia superior. Por ello uno de los Upanishads habla de la consciencia de Ishwara como sushupti, sueño profundo, porque es sólo en Samadhi como el hombre entra en él normalmente, mientras no intente llevar su consciencia de vigilia a un estado superior.
Existen, de hecho, dos sistemas simultáneamente activos en la organización del ser y de sus partes uno es concéntrico, una serie de anillos o capas con el psíquico en el centro; otro es vertical, una ascensión y un descenso, como una escalera, una serie de planos superpuestos con la Supermente-Sobremente como el nudo crucial de la transición más allá de lo humano a lo Divino. Para esta transición, si ésta tiene que ser al mismo tiempo una transformación, sólo existe una vía, un camino. Primero debe darse una conversión interior, un ir hacia dentro para encontrar el ser psíquico más profundo y sacarlo a la superficie, revelando al mismo tiempo la mente interior, el vital interior, las partes físicas interiores de la naturaleza. A continuación debe darse un ascenso, una serie de conversiones hacia arriba y una vuelta abajo para convertir esas partes inferiores. Cuando uno ha realizado la conversión interior, 'psiquiza' la totalidad de la naturaleza inferior a fin de prepararla para el cambio divino. Yendo hacia arriba, uno pasa más allá de la mente humana y en cada estadio del ascenso se da una conversión a una nueva consciencia y una infusión de esta nueva consciencia a la totalidad de la naturaleza. Así, ascendiendo más allá del intelecto a través de la mente superior iluminada hasta la consciencia intuitiva, empezamos a contemplar cada cosa no desde el terreno intelectual o a través del intelecto como instrumento, sino desde una mayor altura intuitiva y a través de una voluntad, un sentimiento, una emoción, una sensación y un contacto físico intuitivizados. Así, procediendo desde la Intuición hacia una nueva altura Sobremental, se da una nueva conversión y vemos y experimentamos todo desde la consciencia de la Sobremente y a través de una mente, un corazón, un vital y un cuerpo cargados por el pensamiento, la visión, la voluntad, el sentimiento, la sensación, el juego de fuerza y el contacto de la Sobremente. Pero la última conversión es la supramental, porque una vez ahí, una vez la naturaleza es supramentalizada, estamos más allá de la Ignorancia y no es necesaria ninguna otra conversión de consciencia, aunque es todavía posible una ulterior progresión divina e incluso un desarrollo infinito.
16 de abril, 1931
LA JERARQUÍA DE LOS MUNDOS
Si observamos la jerarquía de los mundos o planos en su totalidad, los vemos como un gran movimiento complejo interrelacionado; los superiores precipitan sus influencias sobre los inferiores, los inferiores reaccionan frente a los superiores y desarrollan o manifiestan en sí mismos, dentro de su propia fórmula, algo que corresponde al poder superior y su acción. El mundo material ha desarrollado la vida obedeciendo a una presión del plano vital; la mente, obedeciendo a una presión del plano mental. Ahora está intentando desarrollar la supermente obedeciendo a una presión del plano supramental. En mayor detalle, las fuerzas, movimientos, poderes, seres particulares de un mundo superior, pueden lanzarse al inferior para establecer formas apropiadas y correspondientes que los pondrán en contacto con el dominio material y, podría decirse, reproducirán o proyectarán aquí su acción. Y cada cosa aquí creada tiene, apoyándola, envolturas o formas más sutiles de sí misma que la hacen subsistir y la relacionan con fuerzas que actúan desde más arriba. El hombre, por ejemplo, tiene, además de su cuerpo físico grosero, envolturas o cuerpos sutiles mediante los cuales vive detrás del velo en conexión directa con los planos suprafísicos de consciencia y puede ser influido por sus poderes, movimientos y seres. Lo que acontece en la vida tiene siempre detrás movimientos y formas preexistentes en los planos vitales ocultos; lo que tiene lugar en la mente presupone movimientos y formas preexistentes en los planos mentales ocultos. Esto es un aspecto de cosas que se hacen más y más evidentes, insistentes e importantes, a medida que progresamos en un Yoga dinámico.
Pero todo esto no debe ser tomado en un sentido demasiado rígido y mecánico. Es un inmenso movimiento plástico lleno del juego de posibilidades y debe ser asumido por un sentido flexible y sutil en la consciencia que lo contempla. No puede ser reducido a una lógica demasiado rigurosa o a una fórmula matemática. Dos o tres puntos deben ser subrayados para que nuestra perspectiva no pierda esta plasticidad.
En primer lugar, cada plano, a pesar de su conexión con otros planos por encima y por debajo, es todavía un mundo en sí mismo, con sus propios movimientos, fuerzas, seres, tipos, formas, que existen para sí mismos y para su propio interés, bajo sus propias leyes, para su propia manifestación sin atención aparente a los otros miembros de la gran serie. Así, si observamos el plano vital o el físico sutil, vemos grandes partes de él (la mayoría), que existen en sí mismas, sin ninguna relación con el mundo material ni con ningún movimiento que las afecte o las influya, y todavía menos que las precipite a una manifestación correspondiente en la fórmula física. En general, podemos decir que la existencia de cualquier cosa en el vital, físico sutil o cualquier otro plano crea la posibilidad de un movimiento correspondiente de manifestación en el mundo físico. Pero se necesita algo más para transformar esa posibilidad estática o latente en una potencialidad dinámica o en un impulso real dirigido a una creación material. Ese algo puede ser una llamada desde el plano material: por ejemplo, alguna fuerza o alguien en la existencia física que entre en contacto con un poder suprafísico o un mundo o parte de él y trate de hacerlo descender hasta la vida terrena. O puede ser un impulso en el vital u otro plano: por ejemplo, un ser vital movido a extender su acción hacia la tierra y establecer en ella un reino para sí mismo o para el juego de fuerzas que representa en su propio terreno. O puede ser una presión desde más allá; digamos, algún poder supramental o mental que precipita su formación desde arriba y desarrolla formas y movimientos en el nivel vital como una forma de tránsito hacia su autocreación en el mundo material. O puede ser todas estas cosas actuando conjuntamente, en cuyo caso existe la mayor posibilidad de una creación efectiva.
Como consecuencia, se sigue que sólo una parte limitada de la acción del vital u otro plano superior está relacionada con la existencia terrena. Pero incluso esto crea una masa de posibilidades mucho mayor que la que la tierra puede manifestar de una sola vez o contener en sus propias fórmulas menos plásticas. Todas estas posibilidades no se realizan por sí mismas; algunas fallan totalmente y dejan, como mucho, una idea que no conduce a nada; algunas lo intentan seriamente y son repelidas y rechazadas y, aunque estén en acción durante un tiempo, no provocan ningún resultado. Otras efectúan una media manifestación, y éste es el resultado más usual; la mayoría de las veces, porque estas fuerzas vitales u otras fuerzas suprafísicas entran en conflicto y tienen que superar no solamente la resistencia de la consciencia física y de la materia sino también la resistencia creada por su propio conflicto. Un cierto número tiene éxito en precipitar sus resultados en forma de una creación más completa y exitosa, por lo que si comparas esta creación con su original en el plano superior, existe algo así como una estrecha semejanza o incluso una reproducción aparentemente exacta o una traducción desde el suprafísico a la fórmula física. Y aun así, a pesar de ello, la exactitud es sólo aparente: el mismo hecho de la transformación en otra substancia y en otro ritmo de manifestación establece una diferencia. Es algo nuevo lo que se ha manifestado y eso es lo que hace que la creación valga la pena. ¿Cuál sería, por ejemplo, la utilidad de la creación supramental sobre la tierra si fuera exactamente lo mismo que una creación supramental en el plano supramental? Es eso en principio, pero también algo más, un nuevo y triunfante autodescubrimiento del Divino en condiciones que no se dan en otra parte.
Sin duda, el físico sutil es lo más cercano al físico y el que más se le parece. Pero aun así las condiciones son diferentes y la cosa muy diferente. Por ejemplo, el físico sutil tiene una libertad, plasticidad, intensidad, poder, color, un juego amplio y múltiple (existen miles de cosas que no se dan aquí) de los que todavía no tenemos ninguna posibilidad en la tierra. Y sin embargo, existe aquí algo, una potencialidad del Divino que el otro, a pesar de sus mayores libertades, no tiene, algo que hace la creación más difícil, pero que en último término justifica la labor.
1 de Septiembre, 1930
LOS MOVIMIENTOS ASCENDENTE Y DESCENDENTE
Los dos movimientos cuya aparente contradicción confunde tu mente, son los dos extremos de una sola consciencia cuyos movimientos, separados ahora uno del otro, deben unirse si el poder de vida ha de lograr una acción y su culminación más y más perfectas o la transformación que esperamos.
El ser vital con la fuerza de vida en él es uno de estos extremos; el otro es un poder dinámico latente de la consciencia superior a través del cual la Verdad Divina puede actuar, influir en el vital y su fuerza de vida y usarla para un propósito superior aquí.
La Fuerza Vital en el vital es el instrumento indispensable para toda acción del Poder Divino sobre el mundo material y la naturaleza física. Por lo tanto, sólo cuando este vital sea transformado y convertido en un instrumento puro y fuerte de la Divina Shakti, podrá existir una vida divina. Sólo entonces podrá darse una triunfal transformación de la naturaleza física o una libre y perfeccionada acción divina sobre el mundo exterior; porque con nuestros medios presentes cualquier acción así es imposible. Por esta razón sientes que el movimiento vital proporciona toda la energía que uno pudiera necesitar, que todas las cosas son posibles mediante esa energía y que con ella puedes obtener cualquier experiencia que quieras, sea buena o mala, de la vida ordinaria o de la espiritual, -y también por esta razón, cuando esta energía viene, sientes el poder saturando la consciencia del cuerpo y su materia. Por lo que respecta al contacto con la Madre en el vital y tu sensación de la delicada, magnífica experiencia que ello supuso, eso también es natural y cierto; pues el vital, no menos que el psíquico y que cualquier otra parte del ser, tiene que sentir a la Madre Divina y entregarse a ella completamente.
Pero debe recordarse siempre que el ser vital y la fuerza de vida en el hombre están separadas de la Luz Divina y que, aunque separadas, son un instrumento para cualquier poder que influya en ellos, luminoso u oscuro, divino o no divino. Ordinariamente, la energía vital sirve a lo oscuro común o a movimientos semiconscientes de la mente humana y de la vida humana, a sus ideas, intereses, pasiones y deseos normales. Pero a la energía vital le es posible crecer más allá de los límites ordinarios y, si lo hace, puede alcanzar un ímpetu, una intensidad, una excitación o sublimación de sus fuerzas por los que puede convertirse en un instrumento de los poderes divinos, de los poderes de los dioses, o de las fuerzas Asúricas. O si no hay un control central establecido en la naturaleza, su acción puede resultar una mezcla confusa de estos opuestos, o una oscilación inconsecuente sirviendo ahora a uno y ahora a otro. Por tanto, no es suficiente con tener una gran energía vital actuando en ti; debe ser puesta en contacto con la consciencia superior, entregarse al control verdadero, debe colocarse bajo el gobierno del Divino. Por esta razón, a veces se siente una satisfacción por la acción de la fuerza vital o un rechazo ante ella, porque tiene una luz y un control insuficientes y está atada a un movimiento no divino ignorante. También por esta razón existe la necesidad de una apertura a la inspiración y al poder de una fuente superior. La energía vital por sí misma no conduce a ninguna parte, corre de forma accidentada, a menudo en dolorosos y ruinosos círculos, conduce incluso al abismo porque no tiene una guía correcta; debe conectarse con el poder dinámico de la consciencia superior y con la Fuerza Divina que actúa a través de ella para un propósito grande y luminoso.
Dos movimientos son necesarios para que se establezca esta conexión. Uno es ascendente: el vital asciende para unirse a la consciencia superior y se baña en la luz y el impulso de una fuerza superior. El otro es descendente: el vital permanece silencioso, tranquilo, puro, exento de movimientos ordinarios, esperando, hasta que el poder dinámico de arriba descienda en él, lo transforme en su ser verdadero y dé forma a sus movimientos con conocimiento y poder. Por esa razón, el sadhaka siente a veces que está ascendiendo a una consciencia más feliz y noble, entrando en un terreno más brillante y una experiencia más pura; pero a veces, por el contrario, siente la necesidad de volver al vital, realizar allí la sadhana y hacer descender a él la consciencia verdadera. No existe contradicción real entre estos dos movimientos; son complementarios y necesarios el uno para el otro. La ascensión posibilita el descenso divino, el descenso completa aquello a lo que aspira la ascensión y que la hace inevitable.
Cuando asciendes con el vital desde sus niveles más bajos y lo unes al psíquico, tu ser vital se llena de la aspiración pura y de la devoción que son naturales al psíquico; al mismo tiempo, otorga a los sentimientos su propia, abundante energía, los hace dinámicos para el cambio de toda la naturaleza, hasta el extremo inferior más físico, y para hacer descender la consciencia divina a la materia terrestre. Cuando no sólo toca el psíquico sino que se funde con la mente superior, es posible entrar en contacto y obedecer a una luz y un conocimiento superiores. Ordinariamente, el vital se rige por la mente humana y es gobernado por sus dictados más o menos ignorantes, o influye con violencia en esta mente y la usa para la satisfacción de sus propias pasiones, impulsos o deseos. O hace una mezcla de estos dos movimientos; porque la mente humana ordinaria es demasiado ignorante para una acción mejor o una guía perfecta. Pero cuando el vital está en contacto con la mente superior, le resulta posible ser guiado por una luz y conocimiento superiores, por una intuición y una inspiración superiores, una discriminación más verdadera y algunas revelaciones de la verdad y de la voluntad divinas. Esta obediencia del vital al psíquico y a la mente superior es el comienzo del emerger de la consciencia Yóguica a su acción dinámica sobre la vida.
Pero esto tampoco es suficiente para la vida divina. Entrar en contacto con la consciencia de la mente superior no es suficiente, es sólo una etapa indispensable. Debe haber un descenso de la Fuerza Divina desde niveles todavía más elevados y más poderosos. Una transformación de la consciencia superior en una luz y un poder supramentales, una transformación del vital y su fuerza de vida en un puro, amplio, calmo, intenso y poderoso instrumento de la Energía Divina, una transformación del mismo físico en una forma de luz divina, de acción divina; fuerza, belleza y gozo son imposibles sin esta Fuerza descendente desde las ahora invisibles cumbres. Por esta razón, en este Yoga el ascenso al Divino, que comparte con otros caminos de Yoga, no es suficiente; debe darse también un descenso del Divino para transformar todas las energías de la mente, vida y cuerpo.
28 de Noviembre, 1929
METAFÍSICA OCCIDENTAL Y YOGA
El pensamiento metafísico occidental -incluso el de aquellos pensadores que intentan probar o explicar la existencia y naturaleza de Dios o del Absoluto- no va en su método y resultado más allá del intelecto. Pero el intelecto es incapaz de conocer la Verdad suprema; sólo puede vagar en busca de la Verdad, alcanzar representaciones parciales de ella -no la cosa en sí misma- e intentar juntarlas. La mente no puede llegar a la Verdad; sólo puede construir alguna figura que trate de representarla o una combinación de figuras. Al final del pensamiento europeo, por lo tanto, siempre debe haber Agnosticismo, declarado o implícito. El intelecto, si va sinceramente hasta su propio límite, tiene que volver y darse este informe: "No puedo saber; hay, o al menos a mí me parece que puede haber o incluso que debe haber, Algo más allá, alguna Realidad última; pero sobre su verdad sólo puedo especular: o es incognoscible o no puede ser conocida por mí". O, si ha recibido alguna luz en el camino de lo que está más allá de él, puede decir también: "Quizás existe una consciencia más allá de la Mente, porque me parece captar vislumbres de ella e incluso tener indicaciones de ella. Si ésa está en contacto con el Más Allá o si es ella misma la consciencia del Más Allá y puede hallarse un modo de llegar a ella, ese Algo podría ser alcanzado pero no de otra forma".
Cualquier búsqueda de la Verdad suprema a través del solo intelecto debe acabar en Agnosticismo de este tipo o en algún sistema intelectual o fórmula construida mentalmente. Ha habido cientos de estos sistemas y fórmulas y puede haber cientos más de ellos, pero ninguno puede ser definitivo. Cada uno puede tener su valor para la mente, y los diferentes sistemas con sus conclusiones contrarias pueden tener un mismo encanto para inteligencias de igual poder y competencia. Todo este trabajo de especulación tiene la utilidad de entrenar a la mente humana y ayudarla a mantener ante sí la idea de Algo más allá y último hacia lo que debe tornarse. Pero la Razón intelectual puede sólo apuntar a ello vagamente o sentirlo a ciegas o intentar indicar aspectos parciales e incluso conflictivos de su manifestación aquí; no puede penetrar en ello y conocerlo. A medida que permanecemos en el terreno del intelecto únicamente, una reflexión imparcial sobre todo lo que ha sido pensado e investigado, un constante hacer surgir ideas, todas las ideas posibles, y la formación de esta o aquella creencia filosófica, opinión o conclusión es todo lo que puede hacerse. Este tipo de búsqueda desinteresada de la Verdad sería la única actitud posible para cualquier inteligencia amplia y plástica. Pero cualquier conclusión a la que se llegara así sería sólo especulativa; no tendría ningún valor espiritual; no daría la experiencia definitiva o la certidumbre espiritual que el alma está buscando. Si el intelecto es nuestro más elevado instrumento posible y no existen otros medios de llegar a la Verdad suprafísica, entonces un sabio y vasto Agnosticismo debe ser nuestra actitud última. Las cosas en la manifestación podrían ser conocidas hasta cierto punto, pero el Supremo y todo lo que está más allá de la Mente debería permanecer incognoscible para siempre.
Sólo si existe una consciencia superior más allá de la Mente y si esa consciencia nos es accesible, podemos conocer y penetrar en la Realidad última. La especulación intelectual, el razonamiento lógico acerca de si existe o no tal consciencia superior no puede conducirnos muy lejos. Lo que necesitamos es un camino para experimentarla, alcanzarla, penetrar en ella, vivirla. Si podemos hacer eso, la especulación intelectual y el razonamiento deben pasar necesariamente a un plano muy secundario e incluso perder su razón de existir. La filosofía, la expresión intelectual de la Verdad puede permanecer, pero principalmente como un medio de expresar este descubrimiento mayor y sólo en la medida en que sus contenidos puedan ser expresados en términos mentales para aquellos que todavía vivan en la inteligencia mental.
Esto, espero, responde a tu pregunta acerca de los pensadores occidentales, Bradley y otros, que han llegado a través del pensamiento intelectual a la idea de "Otro Pensamiento más allá" o incluso, como Bradley, han intentado expresar sus conclusiones sobre éste en términos que remiten a algunas de las expresiones de Arya*. La idea en sí misma no es nueva; es tan antigua como los Vedas. Se ha repetido en otras formas en el Budismo, en el Gnosticismo cristiano, en el Sufismo. Originalmente, no fue descubierta por la especulación intelectual, sino por los místicos, que siguieron una disciplina espiritual interior. Cuando, en algún momento entre los siglos diecisiete y quince antes de Cristo, los hombres empezaron tanto en el Este como en el Oeste a intelectualizar el conocimiento, esta Verdad sobrevivió en el Este; en el Oeste, donde el intelecto empezó a ser aceptado como el instrumento único o superior para el descubrimiento de la Verdad, empezó a marchitarse. Pero incluso allí ha intentado también, constantemente, resurgir; los Neo-Platónicos lo restauraron, y ahora, parece, los Neo-Hegelianos y otros (p. ej. el ruso Ouspensky y uno o dos pensadores alemanes, creo) parecen estar recuperándolo. Pero, aun así, existe una diferencia.
* La revista escrita y publicada por Sri Aurobindo en Pondicherry entre 1914 y 1921.
En el Este, especialmente en la India, los pensadores metafísicos han intentado, como en el Oeste, determinar la naturaleza de la más alta Verdad por medio del intelecto. Pero, en primer lugar, no han concedido al pensamiento mental el rango supremo como instrumento en el descubrimiento de la Verdad, sino solamente un estatus secundario. El rango principal se le ha dado siempre a la intuición e iluminación espirituales y a la experiencia espiritual; una conclusión intelectual que contradiga esta suprema autoridad es considerada inválida. En segundo lugar, cada filosofía se ha provisto de un método práctico de alcanzar el supremo estado de consciencia, de modo que aun cuando comienza con el Pensamiento, el objetivo es llegar a una consciencia más allá del pensamiento mental. Cada fundador filosófico (así como también aquellos que continuaron su escuela o su obra) ha sido pensador metafísico a la vez que Yogui. Aquellos que fueron sólo intelectuales filosóficos recibieron respeto por su erudición, pero nunca tuvieron rango de descubridores de la verdad. Y las filosofías que carecían de medios suficientemente potentes de experiencia espiritual murieron y se convirtieron en cosas del pasado porque no eran dinámicas para el descubrimiento y la realización espirituales.
En el Oeste ocurrió justo lo contrario. El pensamiento, el intelecto, la razón lógica vinieron a ser considerados, cada vez más como los medios superiores e incluso los fines superiores; en filosofía, el Pensamiento es el todo. Es mediante el pensamiento y la especulación intelectuales que la verdad tiene que ser descubierta; aun a la experiencia espiritual se le exige pasar el examen del intelecto, si tiene que ser considerada válida, justo la postura contraria a la India. Incluso aquellos que ven que el Pensamiento mental debe ser sobrepasado y admiten "Otro" supramental, no parecen escapar al sentimiento de que es a través del Pensamiento mental, sublimándolo y transformándolo, como esta otra Verdad debe ser alcanzada y puesta en el lugar de la limitación e ignorancia mentales. Y, de nuevo, el pensamiento Occidental ha cesado de ser dinámico; ha buscado una teoría de las cosas, no la realización. Era todavía dinámico entre los antiguos Griegos, pero por fines morales y estéticos más que espirituales. Más tarde, se convirtió en aún más puramente intelectual y académico; se transformó en pura especulación intelectual sin ninguna vía ni medio prácticos para el logro de la Verdad por experiencia espiritual, descubrimiento espiritual o transformación espiritual. Si no existiera esta diferencia, no habría razón para que buscadores como vosotros os volvierais hacia el Este en busca de guía; porque en el campo puramente intelectual, los pensadores Occidentales son tan competentes como cualquier sabio Oriental. Es el camino espiritual, la senda que conduce más allá de los niveles intelectuales, el pasaje del ser exterior al Ser íntimo, lo que ha sido perdido por la sobreintelectualidad de la mente de Europa.
En los extractos que me has enviado de Bradley y Joachim, se descubre todavía al intelecto pensando lo que hay más allá de sí mismo y llegando a una conclusión intelectual, una conclusión razonada y especulativa acerca de ello. No es dinámico para el cambio que intenta describir. Si estos escritores estuvieran expresando en términos mentales alguna realización, incluso mental, alguna experiencia intuitiva de esa realidad "distinta del pensamiento", entonces, uno preparado para ello podría sentirlo a través del velo del lenguaje que usan y acercarse él mismo a esa experiencia. O si, habiendo llegado a la conclusión intelectual, hubiesen ido más allá, a la realización espiritual, descubriendo el camino o siguiendo uno ya establecido, entonces, al seguir la línea de su pensamiento, uno podría prepararse a sí mismo para esa transición. Pero no hay nada de este tipo en todo este forzado pensamiento. Permanece en el dominio del intelecto y en ese dominio es sin duda admirable, pero no se transforma en dinámico para la experiencia espiritual.
No "reflexionando" la entera realidad, sino mediante un cambio de consciencia, puede uno pasar de la ignorancia al Conocimiento, el Conocimiento por el cual devenimos lo que conocemos. Pasar de la consciencia exterior a una consciencia directa e íntimamente interior; ampliar la consciencia más allá de los límites del ego y del cuerpo; elevarla por medio de una voluntad y aspiración interior y abrirla a la Luz hasta que en su ascenso trascienda la Mente; hacer descender al Divino Supramental por medio de la autoentrega y la sumisión con una consiguiente transformación de mente, vida y cuerpo, éste es el camino integral a la Verdad*. A esto es a lo que llamamos aquí Verdad y a lo que se dirige nuestro Yoga.
*He dicho que la idea de la Supermente existía ya desde tiempos antiguos. Fue en India y en otros lugares donde se produjo el intento de alcanzarla; pero lo que se omitió fue el modo de hacerla integral para la vida y hacerla descender para la transformación de toda la naturaleza, incluso de la naturaleza tísica.
15 de Junio, 1930
EL AGNÓSTICO Y LO INCOGNOSCIBLE VEDÁNTICO
No creo que pueda decirse nada que convenza a alguien que parte de un punto de vista exactamente opuesto al espiritual, es decir, del modo de contemplar las cosas de un agnóstico Victoriano. Sus puntos de duda acerca del valor -distinto del subjetivo y puramente individual- de la experiencia Yóguica son que no apunta a la verdad científica y que no puede decirse que alcance la verdad última porque las experiencias están matizadas por la individualidad del sujeto de las mismas. Uno puede preguntarse si la Ciencia misma ha llegado a alguna verdad última; por el contrario, la verdad última, incluso en el plano físico, parece retroceder a medida que la Ciencia avanza. La Ciencia parte del supuesto de que la verdad última debe ser física y objetiva -y lo último objetivo (o incluso menos que esto) explicaría todo fenómeno subjetivo. El Yoga procede desde la perspectiva opuesta, es decir, que la Verdad última es espiritual y subjetiva y que esta Luz última es desde donde debemos contemplar los fenómenos objetivos. Son dos polos opuestos y la brecha es tan profunda como pueda serlo.
Sin embargo, el Yoga es científico en la medida que actúa por experimentación subjetiva y basa todos sus logros en la experiencia; las intuiciones mentales se admiten sólo como un primer paso y no son consideradas como realización -deben ser confirmadas mediante la traducción a, y la justificación por, la experiencia. Por lo que respecta al valor de la experiencia en sí misma, la mente física duda de ella porque es subjetiva en lugar de objetiva. Pero ¿tiene mucho valor la distinción? ¿No son todo conocimiento y experiencia subjetivos fundamentalmente? Las cosas físicas externas y objetivas muy a menudo son vistas de la misma forma por los seres humanos a causa de la construcción de la mente y los sentidos; con otra construcción de la mente y de los sentidos se tendría una apreciación bien distinta del mundo físico, la Ciencia misma ha dejado esto muy claro. Pero la opinión de tu amigo es que la experiencia del Yoga es individual, matizada por la individualidad del sujeto de la misma. Puede ser verdadero hasta cierto punto respecto de la forma precisa o transcripción dada a la experiencia en algunos dominios, pero incluso aquí la diferencia es superficial. Es un hecho que la experiencia Yóguica sigue en todas partes las mismas líneas. Ciertamente, no existe una línea sino muchas; ya que, es verdad, tratamos con un Infinito de muchas facetas para llegar al cual existen y deben existir muchas vías de aproximación; pero las líneas máximas son las mismas en todas partes y las intuiciones, experiencias, fenómenos son los mismos en el tiempo y en países lejanos unos de otros, y en los sistemas practicados independientemente uno de otro. Las experiencias del bhakta o místico medieval Europeo son precisamente las mismas en esencia, aunque difieren en nombres, formas, color religioso, etc., de las del bhakta o místico medieval Indio, aunque estas personas no tuviesen correspondencia escrita entre ellas ni conociesen unos las experiencias de los otros, como los científicos modernos desde Nueva York a Yokohama. Esto parecería mostrar que existe algo idéntico, universal y presumiblemente verdadero, a pesar de que el matiz de la traducción pueda diferir por la diversidad del lenguaje mental.
En cuanto a la Verdad última, supongo que tanto el agnóstico Victoriano como, digamos, el Indio Vedántico pueden estar de acuerdo en que está velada pero existe. Ambos hablan de ella como de lo Incognoscible; la única diferencia es que el Vedántico dice que es incognoscible por la mente e inexpresable mediante la palabra, pero alcanzable, sin embargo, por algo más profundo o superior a la percepción mental, mientras que incluso la mente puede reflejar y la palabra expresar los miles de aspectos que aquél presenta a la experiencia exterior e interior de la mente. El agnóstico Victoriano suprimiría, supongo, esta especificación: se pronunciaría por la existencia dudosa y, si existente, por la absoluta incognoscibilidad de tal Incognoscible.
10 de Octubre de 1932
LAS DUDAS Y EL DIVINO
Todo el mundo sabe, tanto el pensador espiritual como el materialista, que el mundo, para el ser creado o evolucionado de forma natural en la ignorancia o en la inconsciencia de la Naturaleza, no es ni un lecho de rosas ni un sendero de Luz alegre. Es un viaje difícil, una batalla, una esforzada lucha, un crecimiento a menudo doloroso y accidentado, una vida asediada por la oscuridad, la falsedad y el sufrimiento. Tiene alegrías y placeres mentales, vitales y físicos, pero éstos proporcionan sólo un gusto pasajero -de los cuales el ser vital todavía no puede prescindir- y acaban en disgusto, fatiga o desilusión. ¿Qué entonces? Decir que el Divino no existe es fácil, pero no conduce a ninguna parte -te deja donde estás sin ninguna perspectiva o vía de escape-; ni Russell ni ningún materialista puede decirte a dónde vas ni a dónde debes ir. El Divino no se manifiesta de modo que pueda ser reconocido en las circunstancias exteriores del mundo, es cierto. Éstas no son las obras de un autócrata irresponsable que se halla en alguna parte, son las circunstancias de un juego de Fuerzas de acuerdo con una cierta naturaleza de ser; podría decirse, una cierta proposición o problema de ser en el que todos hemos consentido realmente en entrar y cooperar. ¿Es doloroso el trabajo, equívoco, e imposibles de prever sus vicisitudes? Existen dos posibilidades así pues, salir de él y penetrar en el Nirvana por la vía Budista o ilusionista o penetrar en uno mismo y encontrar al Divino ahí, ya que no es visible en la superficie. Porque aquellos que han hecho el intento, y no son unos pocos sino cientos y miles, han testificado a través de los siglos que él está ahí y es ésa la razón de que exista el Yoga. ¿Se requiere mucho tiempo? ¿Está el Divino oculto tras el espeso velo de su Maya y no responde enseguida, en una primera etapa, a nuestra llamada? ¿O concede sólo un atisbo incierto y pasajero y entonces se retira y espera a que nosotros estemos preparados? Pero si el Divino tiene algún valor, ¿no compensa algún problema y algo de tiempo y esfuerzo para buscarle, y deberíamos insistir en poseerle sin ninguna preparación o sacrificio o sufrimiento o problema? Sin duda es irracional una exigencia de tal naturaleza. Es cierto que tenemos que ir hacia dentro, tras el velo, para encontrarlo; sólo entonces podremos verle en el exterior y el intelecto no estará tan convencido como forzado a admitir su presencia por experiencia, como cuando un hombre ve lo que ha negado y no puede negarlo por más tiempo. Pero para ello deben ser aceptados los medios y la persistencia en la voluntad y la paciencia en el trabajo.
10 de Septiembre, 1933
EL VALLE DEL FALSO RESPLANDOR
Se siente aquí una corriente desde las fuentes directas de la Verdad que uno no encuentra tan a menudo como desearía*. Hay aquí una mente que puede no sólo pensar sino ver, y no ve meramente la superficie de las cosas con la que la mayor parte del pensamiento intelectual contiende una y otra vez sin llegar a término o alcanzar una solución definida, como si no hubiera nada más, sino que alcanza el núcleo. Los Tántricos tienen una frase, paáyanti vák, para describir un nivel de la Vak-Shakti, la Palabra que ve; aquí se da paáyanti buddhi, una inteligencia que ve. Puede ser porque el vidente interior ha ido más allá del pensamiento, a la experiencia, pero hay muchos que tienen una considerable riqueza de experiencia sin habérseles clarificado el ojo de su pensamiento en esa misma medida; el alma siente, pero la mente continúa con transcripciones mixtas e imperfectas, errores y confusiones en la idea. En esta naturaleza debía de existir ya, preparado, el don de la visión correcta.
*Sri Aurobindo se refiere aquí a un escrito de una tercera persona que le había enviado un discípulo para su comentario.
Es un logro el haberse librado tan rápida y decisivamente de las trémulas nieblas y confusiones que el moderno intelectualismo toma por la Luz de la Verdad. La mente moderna ha vagado tan larga y persistentemente -y nosotros con ella- por el Valle del Falso Resplandor que no es fácil para nadie dispersar sus nieblas con la luz de la clara visión tan pronto y tan enteramente como se ha hecho aquí. Todo lo que se dice aquí acerca del moderno humanismo y humanitarismo, los vanos esfuerzos del idealista sentimental y del intelectual inefectivo, acerca del eclecticismo sintético y de otras cosas semejantes es admirablemente inteligente, da en el blanco. No a través de estos medios puede la humanidad conseguir el cambio radical de sus formas de vida, que se está volviendo ya imperativo, sino sólo alcanzando la piedra angular de la Realidad tras el velo; no a través de meras ideas y formaciones mentales, sino mediante un cambio de consciencia, una conversión interior y espiritual. Pero es ésta una verdad que sería difícil llegar a oírla en medio del barullo actual de todo tipo de abigarrados clamores, confusiones y catástrofes.
Una distinción, la distinción muy inteligentemente realizada aquí, entre el plano del proceso fenoménico, de la Prakriti exteriorizada, y el plano de la Realidad Divina figura entre las primeras palabras de la sabiduría interior. La perspectiva desde la que se la analiza en estas páginas no constituye meramente una explicación ingeniosa: expresa muy sabiamente una de las claras certezas que hallas cuando cruzas la frontera y contemplas el mundo exterior desde el territorio de la experiencia espiritual interna. Cuanto más vas hacia adentro o hacia arriba, más cambia la visión de las cosas y el conocimiento externo que la Ciencia organiza ocupa su verdadero y muy limitado lugar. La Ciencia, como la mayoría de conocimiento mental y exterior, proporciona solamente la verdad del proceso. Añadiría que no puede darte ni siquiera toda la verdad del proceso: porque alcanzas algunos de los ponderables, pero pierdes todos los importantísimos imponderables; no desentrañas sino las condiciones bajo las cuales ocurren las cosas en la Naturaleza, difícilmente el cómo. Tras todos los triunfos y maravillas de la Ciencia, el principio explicativo, la base lógica, el significado del todo, queda tan oscuro, tan misterioso e incluso más misterioso que antes. El esquema que ha construido a propósito de la evolución de no sólo todo este rico, vasto y diverso mundo material, sino de la vida, la consciencia y la mente y sus obras, a partir de una burda masa de electrones, idénticos y sólo con variaciones en su número y disposición, constituye una magia irracional más equivoca que la que pudiese concebir la más mística de las imaginaciones. La Ciencia, al final, nos sitúa ante una paradoja fáctica, un accidente organizado y rígidamente determinado, una imposibilidad que de algún modo ha ocurrido: nos ha mostrado una nueva Maya, una Maya material, aghatana-ghatana patiyasi, muy hábil en su capacidad de producir lo imposible, un milagro que lógicamente no puede ser y, sin embargo, que de algún modo es real, irresistiblemente organizado, pero aún irracional e inexplicable. Y esto ocurre evidentemente porque la Ciencia se ha dejado algo esencial: ha visto y escrutado lo que ha ocurrido y en cierto modo cómo ha ocurrido, pero ha cerrado sus ojos a algo que ha hecho este imposible posible, algo que hay ahí y que debe ser expresado. No existe fundamental significación en las cosas, si no tienes en cuenta la Realidad Divina; porque te quedas absorto ante una inmensa corteza superficial de apariencias manejables y utilizables. Es la magia del Mago lo que tratas de analizar, pero sólo cuando entras en la consciencia del Mago mismo puedes empezar a experimentar el verdadero origen, significado y círculos del Lila. Digo "empezar" porque la Realidad Divina no es tan simple como para que al primer contacto puedas conocer todo acerca de ella o reducirla a una sola fórmula: es el Infinito, y abre ante ti un conocimiento infinito respecto al cual toda la Ciencia en su conjunto no es más que una bagatela. Sin embargo, tocas lo esencial, lo eterno tras las cosas, y a la luz de Eso todo empieza a ser profundamente luminoso, íntimamente inteligible.
Ya te dije una vez lo que opino acerca de los inefectivos picoteos de ciertas bienintencionadas mentes científicas en la superficie o superficie aparente de la Realidad espiritual tras las cosas y no necesito elaborarla de nuevo. Más importante es el pronóstico de un peligro mayor que llega con el nuevo ataque del adversario, los escépticos, contra la validez de la experiencia espiritual y suprafísica: su nueva estrategia de destrucción admitiéndola y explicándola a su modo. Puede que lleguen a basarla en un principio poderoso; pero dudo, si estas cosas son alguna vez llamadas a análisis, que la mente de la humanidad vaya a quedarse mucho tiempo satisfecha con explicaciones tan torpemente superficiales y externas, explicaciones que no explican nada. Si los defensores de la religión toman una posición poco sana, fácilmente cuestionable, al afirmar sólo la validez subjetiva de la experiencia espiritual, sus oponentes también me parecen estar rindiendo, sin saberlo, las puertas de la fortaleza materialista al consentirse examinar la experiencia espiritual y suprafísica. Su arraigo en el terreno físico, su rechazo a admitir o examinar siquiera las cosas suprafísicas era su poderosa torre de salvación; una vez abandonada, la mente humana, presionando hacia algo menos negativo, más auxiliarmente positivo, pasará sobre los cuerpos muertos de sus teorías y los escombros de sus aniquiladoras explicaciones e ingeniosas etiquetas psicológicas. Otro peligro puede alzarse entonces, no una negación final de la Verdad, sino la repetición en viejas o nuevas formas de un error pasado; por una parte, el resurgir de un ciego, fanático, oscurantista y sectario religionismo; por la otra, una caída en los pozos y cenagales de lo oculto vitalista y de lo pseudoespiritual; errores que dieron toda su fuerza al ataque materialista del pasado y a sus credos. Pero éstos son fantasmas que hallamos siempre en la línea fronteriza o en el territorio intermedio entre la oscuridad material y el perfecto Esplendor. A pesar de todo, la victoria de la Luz suprema, incluso en la oscurecida consciencia terrestre, se alza como certeza última.
El arte, la poesía, la música no son Yoga, no son cosas espirituales en sí mismas como no lo son la filosofía y la Ciencia. Acecha aquí otra curiosa incapacidad del moderno intelecto: su inhabilidad para distinguir entre mente y espíritu, su tendencia a tomar idealismos mentales, morales, estéticos por espiritualidad y sus grados inferiores por valores espirituales. Es una sencilla verdad el que las intuiciones mentales del metafísico o el poeta se quedan cortas, en su mayoría, respecto a la experiencia espiritual concreta; son distantes relámpagos, neblinosas reflexiones, no rayos desde el centro de Luz. No es menos verdad que, contemplado desde las cimas, no hay mucha diferencia entre las eminencias mentales superiores y las pretensiones inferiores de esta existencia externa. Todas las energías del Lila son iguales para la visión que contempla desde arriba, todas son disfraces del Divino. Pero uno tiene que añadir que todas pueden ser convertidas en primeros medios hacia la realización del Divino. Una afirmación filosófica acerca del Atman es una fórmula mental, no conocimiento, no experiencia; sin embargo, el Divino la usa a veces como canal para el contacto; extrañamente, una barrera se desmorona en la mente, algo es visto, un cambio profundo se opera en alguna parte interior, en el terreno de la naturaleza penetra algo sereno, ecuánime, inefable. Uno está en una sierra montañosa y vislumbra o percibe mentalmente una amplitud, algo saturándolo todo, una innombrable Vastedad en la Naturaleza; entonces, de pronto, llega el contacto, una revelación, un flujo, lo mental se pierde a sí mismo en lo espiritual, uno sufre la primera invasión del Infinito. O te hallas ante un templo de Kali junto a un río sagrado y ¿qué ves?: una escultura, una pieza de arquitectura llena de encanto, pero en un instante, misteriosa, inesperadamente, hay en lugar de ella una Presencia, un Poder, un Rostro que mira al tuyo, una vista interior en ti ha contemplado el Mundo de la Madre. Contactos similares pueden llegarle a través del arte, la música, la poesía, a su creador o a uno que sienta el impacto de la palabra, el significado oculto de una forma, un mensaje en el sonido que lleva en sí más, quizás, de lo que conscientemente pretendió el compositor. Todas las cosas, en el Lila, pueden convertirse en ventanas abiertas a la Realidad oculta. Sin embargo, mientras a uno le satisface mirar a través de ventanas, el logro es sólo preliminar; algún día deberá tomar el bordón del peregrino y comenzar el viaje hacia allí donde la Realidad se halla eternamente presente y manifiesta. Nada puede ser espiritualmente menos satisfactorio que quedarse en las neblinosas reflexiones: una búsqueda de la Luz que éstas tratan de imaginarse se impone a sí misma. Pero, puesto que esta Realidad y esta Luz están en nosotros mismos no menos que en alguna región superior sobre el plano mortal, en su búsqueda podemos usar muchas de las fórmulas y actividades de la vida. Así como uno ofrece una flor, una plegaria, un acto al Divino, puede ofrecer también una forma de belleza creada, una canción, un poema, una imagen, una melodía, y lograr a través de ello un contacto, una respuesta, una experiencia. Y cuando se ha penetrado en esta consciencia divina o cuando crece en el propio interior, tampoco entonces su expresión en la vida a través de estas cosas queda excluida del Yoga; estas actividades creativas todavía pueden tener su lugar, aunque intrínsecamente no un lugar mayor que cualquier otra que pueda ser puesta al servicio y uso divinos. El arte, la poesía, la música, tal como son en su funcionamiento ordinario, crean valores mentales y vitales, no espirituales; pero pueden ser dirigidos hacia un fin superior y entonces, como todas las cosas que son capaces de vincular nuestra consciencia al Divino, son transmutadas y se vuelven espirituales y pueden ser admitidas como parte de la vida del Yoga. Todo adquiere nuevos valores no a partir de sí mismo, sino a partir de la consciencia que se sirve de ello. Porque hay sólo una cosa esencial, necesaria, indispensable, para tornarse consciente de la Realidad Divina y vivir en ella y vivirla siempre.
23 de Marzo, 1932
LA ZONA INTERMEDIA
Todas estas experiencias son de la misma naturaleza y lo que se aplica a una, se aplica a la otra. Aparte de algunas experiencias de carácter personal, el resto son o bien ideas-verdad, tales como las que se vierten en la consciencia desde arriba cuando uno entra en contacto con ciertos planos del ser, o bien sólidas formaciones de los más vastos mundos mental y vital, las cuales, cuando uno está directamente abierto a ellos, entran precipitadamente y quieren utilizar al sadhaka para su satisfacción. Estas cosas, cuando descienden o penetran, se presentan con una gran fuerza, una intensa sensación de inspiración o iluminación, una gran sensación de luz y alegría, una impresión de amplitud y poder. El sadhaka se siente liberado de los límites normales, proyectado a un maravilloso nuevo mundo de experiencia, pleno y expandido y exaltado; lo que llega se asocia, además, con sus aspiraciones, ambiciones, nociones de realización espiritual y siddhi yóguico; se representa incluso a sí mismo como si fuese esa realización y culminación. Muy fácilmente el sadhaka es arrastrado por ese esplendor y ese ímpetu y piensa que ha realizado más de lo que verdaderamente ha hecho, algo definitivo o por lo menos algo soberanamente verdadero. En esta etapa, normalmente faltan el conocimiento y la experiencia necesarios que le dirían que esto es solamente un comienzo incierto y confuso; puede no comprender enseguida que todavía está en la Ignorancia cósmica, no en la Verdad cósmica, mucho menos en la Verdad Trascendente, y que cualesquiera ideas-verdad formativas o dinámicas que hayan podido entrar en él son sólo parciales e incluso disminuidas, pues son presentadas ante él por una consciencia todavía impura. Puede no comprender tampoco que, si se precipita al aplicar aquello que está realizando o recibiendo como si fuera algo definitivo, puede o bien caer en la confusión y el error, o bien quedarse atrapado en alguna formación parcial en la que es posible que exista un elemento de Verdad espiritual, pero que probablemente será sofocado por dudosas afluencias mentales y vitales que acabarán por deformarlo. Sólo cuando es capaz de mantenerse apartado de sus experiencias (ya sea enseguida o después de un tiempo), de mantenerse por encima de ellas con la consciencia testigo desapasionada, de observar su naturaleza real, sus limitaciones, su composición, su mezcla, puede seguir adelante en su camino hacia una libertad real y un siddhi superior, más grande y más verdadero. Esto debe hacerse a cada paso. Porque sea lo que sea lo que le llegue de esta forma al sadhaka de este yoga, ya provenga de la Sobremente o de la Intuición o de la Mente Iluminada o de algún Plano exaltado de la Vida o de todos estos juntos, no es definitivo ni final; no es la Verdad suprema en la que puede reposar, sino únicamente una etapa. Y, sin embargo, estas etapas tienen que ser atravesadas, porque el Supramental o la Verdad Suprema no puede ser alcanzada de un salto, ni siquiera con muchos saltos; uno tiene que seguir un progreso sereno, paciente y firme a través de muchas etapas intermedias sin quedarse atrapado o apegado a su Verdad o Luz o Poder o Ananda inferiores.
Éste es de hecho un estado intermedio, una zona de transición entre la consciencia ordinaria en la mente y el verdadero conocimiento del Yoga. Uno puede cruzarlo sin tropiezos, percibiendo enseguida o en una primera etapa su naturaleza real y rechazando ser detenido por sus medias luces y por sus tentadoras aunque imperfectas y a menudo impuras y engañosas experiencias; uno puede extraviarse en él, seguir falsas voces y una guía mendaz, y eso acaba en un desastre espiritual; o uno puede fijar su residencia en esta zona intermedia, no preocuparse de ir más allá y construir ahí una media verdad que uno toma por la verdad completa o convertirse en el instrumento de los poderes de estos planos de transición -esto es lo que les ocurre a muchos sadhakas y Yoguis. Sobrepujados por la primera avalancha y por la sensación de poder propia de una condición supranormal, son deslumbrados por una pequeña luz que a ellos les parece una tremenda iluminación o por un roce de la fuerza que confunden con la plena Fuerza Divina o, por lo menos, con una gran Yoga Shakti; o aceptan algún Poder intermedio (no siempre un Poder del Divino) como Supremo y una consciencia intermedia como la suprema realización. Muy fácilmente empiezan a pensar que están en la plena consciencia cósmica, cuando se trata sólo de un frente o de una pequeña parte de ella o de algunos niveles de una Mente, Poder de Vida o físico sutil más vastos con los que han entrado en conexión dinámica. O sienten estar en una consciencia completamente iluminada, cuando en realidad están recibiendo imperfectamente cosas desde arriba a través de una iluminación parcial de algún plano mental o vital; porque lo que llega es disminuido y a menudo deformado en el curso de la transmisión a través de estos planos; la mente y el vital receptores del sadhaka, a menudo también, entienden y transcriben incorrectamente lo que han recibido o lo mezclan con sus propias ideas, sentimientos, deseos, que toman no como algo propio sino como parte de la Verdad que están recibiendo, porque todo ello está mezclado con ésta, imita su forma, es iluminado por ella y adquiere, a partir de esta asociación y luz prestada, un exagerado valor.
Existen peligros peores en esta zona intermedia de experiencia. Porque los planos a los que el sadhaka ha abierto ahora su consciencia -no como antes, obteniendo vislumbres de ellos y algunas influencias, sino directamente, recibiendo todo su impacto-, envían multitud de ideas, impulsos, sugestiones, formaciones de todo tipo, a menudo lo más opuestas unas a otras, inconsistentes o incompatibles, pero presentadas de tal forma que esconden sus insuficiencias y diferencias con gran fuerza, verosimilitud y con riqueza de argumentos o una sensación convincente de certeza. Dominada por esta sensación de certeza, viveza, apariencia de profusión y riqueza, la mente del sadhaka entra en una gran confusión, que toma por una organización y orden superiores o incluso se agita en incesantes movimientos y cambios que toma por un rápido progreso, pero que no le conducen a ninguna parte. O existe el peligro opuesto de convertirse en el instrumento de una formación aparentemente brillante pero ignorante, porque estos planos intermedios están llenos de pequeños Dioses o fuertes Daityas o seres inferiores que quieren crear, materializar algo o imponer una formación mental y vital a la vida terrena y están impacientes por utilizar o influir o incluso poseer el pensamiento y la voluntad del sadhaka y hacer de él su instrumento para ese propósito. Esto es totalmente distinto del bien conocido peligro de los seres realmente hostiles cuyo único objetivo es crear confusión, falsedad, corrupción en la sadhana y un desastroso error antiespiritual. Cualquiera que permita ser poseído por uno de estos seres, que a menudo toman un Nombre divino, perderá su camino en el Yoga. Por otra parte, es muy posible que el sadhaka sea recibido al entrar en esta zona por un Poder del Divino que le ayude y le guíe hasta que esté preparado para mayores cosas; pero ni siquiera esto supone seguridad contra los errores y tropiezos de esta zona, porque nada hay más fácil para los poderes de estas zonas o los poderes hostiles que imitar la Voz o Imagen guía y engañar y confundir al sadhaka, o que él mismo atribuya las creaciones y formaciones de su propia mente, vital o ego al Divino.
Porque esta zona intermedia es una región de medias verdades, y esto no sería importante en sí mismo, porque no existe una verdad completa por debajo de la Supermente; pero la media verdad que existe aquí a menudo es tan parcial y tan ambigua en su aplicación que deja un amplio terreno para la confusión, el engaño y el error. El sadhaka piensa que ya no está en la vieja pequeña consciencia porque se siente en contacto con algo más grande o más poderoso; y sin embargo, la vieja consciencia está todavía ahí, no ha sido realmente abolida. Siente el control o influencia de algún Poder, Ser o Fuerza más grande que él mismo, aspira a ser su instrumento y piensa que se ha liberado del ego; pero esta ilusión de ausencia de ego a menudo encubre un ego exagerado. Ideas que son sólo parcialmente verdad se fijan en él y dirigen su mente, y por una aplicación en exceso confiada de sí misma se convierten en falsedades; esto vicia los movimientos de la consciencia y abre la puerta al engaño. Tienen lugar sugestiones, algunas veces de carácter romántico, que adulan la importancia del sadhaka o resultan agradables a sus deseos y él las acepta sin examen ni control discriminatorio. Incluso lo que es verdad, es tan exaltado o sobrepasa hasta tal punto su verdadera altura y límite y medida que se convierte en pariente del error. Esta es una zona que muchos sadhakas tienen que cruzar, en la que muchos vagan durante largo tiempo y de la que muchos nunca llegan a salir. Especialmente si su sadhana está sobre todo en el mental y el vital, tienen que enfrentarse aquí con muchas dificultades y muchos peligros; sólo aquellos que siguen con escrupulosidad una estricta guía o tienen el ser psíquico prominente en su naturaleza pasan fácilmente, como por un camino seguro y bien señalado, a través de esta región intermedia. Una sinceridad central, una humildad fundamental salvan también de muchos peligros y problemas. Uno puede, así, pasar rápidamente más allá, hacia una Luz más clara en la que si todavía existe mucha impureza, incertidumbre y dificultad, la orientación es en ella hacia la Verdad cósmica y no hacia una prolongación medio iluminada de Maya y la ignorancia.
He descrito en líneas generales, con sus principales características y posibilidades, este estado de consciencia justo al cruzar el límite de la consciencia normal, porque es aquí donde estas experiencias parecen tener lugar. Pero los diferentes sadhakas tienen comportamientos distintos en él y responden a veces a una clase de posibilidades, a veces a otra. En este caso, parece que se ha penetrado ahí en un intento de hacer descender la consciencia cósmica o forzar un camino hacia ella; no importa de qué modo se exponga o que uno no sea totalmente consciente de lo que está haciendo o no lo sea en estos términos, se reduce a esto en substancia. No es la Sobremente lo que ha sido alcanzado, porque ir directamente a la Sobremente es imposible. La Sobremente está, de hecho, por encima y por detrás de toda acción de la consciencia cósmica, pero al principio uno puede tener sólo una conexión indirecta con ella; las cosas descienden de ella a través de niveles intermedios a un plano mental, vital, sutil físico más amplio y resultan muy cambiadas y disminuidas en la transmisión, sin nada semejante al poder y verdad plenos que tienen en los planos nativos de la Sobremente misma. La mayoría de los movimientos proceden no de la Sobremente, sino de las zonas superiores de la mente. Las ideas infundidas en estas experiencias y en las que parece basarse su verdad no son de la Sobremente, sino de la Mente superior o a veces de la Mente iluminada; pero están mezcladas con sugerencias de las regiones de la mente y vital inferior y tremendamente disminuidas en su aplicación o erróneamente aplicadas en muchos casos. Todo esto no sería importante; es usual y normal y uno tiene que pasar por ello y entrar en una atmósfera más clara donde las cosas están mejor organizadas y establecidas sobre bases más seguras. Pero el movimiento fue realizado en un espíritu de excesiva prisa e impaciencia, de exagerada autoestima y confianza en uno mismo, de prematura certeza, fundándose en ninguna otra guía más que la de la propia mente o la del "Divino" tal como es concebido o experimentado en una etapa de conocimiento muy limitado. Pero la concepción y experiencia del Divino que tiene el sadhaka, incluso si es fundamentalmente genuina, nunca es en esta etapa completa y pura: está mezclada con todo tipo de adscripciones mentales y vitales y todo tipo de cosas son asociadas a esta guía Divina y se cree que es parte de ella lo que en realidad proviene de fuentes muy distintas. Aun suponiendo que exista una guía directa -muy a menudo en estas condiciones el Divino actúa sobre todo desde detrás del velo- es sólo ocasional y el resto se realiza a través de un juego de fuerzas; error y tropiezo y mezcla de Ignorancia tienen lugar libremente y estas cosas son permitidas porque el sadhaka tiene que ser puesto a prueba por las fuerzas del mundo, aprender por experiencia, crecer a través de la imperfección hacia la perfección, si es capaz de ello, si está dispuesto a aprender, a abrir sus ojos a sus propias equivocaciones y errores, a aprender y sacar provecho de ellos para crecer hacia una Verdad, una Luz y Conocimiento más puros.
El resultado de este estado mental es que uno empieza a afirmar todo lo que llega a esta región impura y dudosa como si fuera toda la Verdad y la pura Voluntad Divina; las ideas o las sugestiones que constantemente se repiten a sí mismas son expresadas con una autoafirmativa rotundidez, como si fueran la entera e innegable Verdad. Se produce la impresión de que uno se ha vuelto impersonal y ha quedado libre de ego, mientras que el tono global de la mente, su expresión y su espíritu están llenos de vehemente autoafirmación justificada por el convencimiento de que uno está pensando y actuando como instrumento y bajo la inspiración del Divino. Ideas que pueden ser válidas para la mente son expuestas de un modo muy agresivo, pero no son espiritualmente válidas; sin embargo, son afirmadas como si fueran realidades espirituales absolutas. Por ejemplo, la equidad, que en este sentido -porque la Samata Yóguica es algo muy diferente- es un mero principio mental, la reivindicación de una sagrada independencia, el rechazo a aceptar a nadie como Guru o la oposición establecida entre el Divino y el Divino humano, etc., etc. Todas estas ideas son posiciones que pueden ser adoptadas por la mente y el vital y convertidas en principios que aquéllos tratan de imponer a la vida religiosa e incluso espiritual, pero no son ni pueden ser espirituales en su naturaleza. También empiezan a llegar y a penetrar sugerencias de los planos vitales, un pulular de imaginaciones románticas, fantásticas o ingeniosas, interpretaciones ocultas, pseudo-intuiciones, supuestas iniciaciones a las cosas del más allá, que excitan o confunden la mente y que a menudo están fraguadas para adular y magnificar el ego y la propia importancia, pero que no están basadas en nada espiritualmente bien fundado ni en realidades ocultas de un orden verdadero. Esta región está llena de elementos de esta clase y, si se les permite, empiezan a rodear al sadhaka; pero si él quiere seriamente alcanzar lo Más Alto, debe simplemente observarlos y seguir adelante. Eso no significa que no haya nada de verdad en tales cosas, pero por cada una que es verdad se presentan nueve imitaciones falsas y sólo un experto ocultista con un tacto infalible, fruto de una larga experiencia, puede guiarse sin tropiezo o sin quedar atrapado en el laberinto. Es posible que la actitud y la acción y la expresión estén tan sobrecargadas de los errores de esta zona intermedia que seguir más adelante por esta ruta supondría alejarse del Divino y del Yoga.
Aquí todavía está abierta la elección entre seguir la muy confusa guía que uno encuentra en medio de estas experiencias y aceptar la guía verdadera. Cada hombre que entra en los reinos de la experiencia Yóguica es libre de seguir su propio camino; pero este Yoga no es un camino para ser seguido por cualquiera, sino por aquellos que aceptan perseguir el objetivo, seguir el camino señalado, para lo cual una guía segura es indispensable. Es absurdo pensar que se puede llegar muy lejos por esa ruta, mucho menos llegar al final por la propia fuerza y conocimiento interiores sin la verdadera ayuda o influencia. Incluso los Yogas ordinarios practicados desde antiguo resultan difíciles sin la ayuda del Guru; en éste, que a medida que avanza penetra en reinos inexplorados y en intrincadas regiones desconocidas, es casi imposible. Por lo que respecta al trabajo que debe realizarse, tampoco es un trabajo para cualquier sadhaka sea del camino que sea; no es, tampoco, el trabajo del Divino "Impersonal" que, por otra parte, no es un Poder activo sino que soporta imparcialmente todo trabajo en el universo. Es un terreno de entrenamiento para aquellos que tienen que atravesar el difícil y complejo camino de este Yoga y de ningún otro. Todo el trabajo debe hacerse aquí con un espíritu de aceptación, disciplina y entrega, no con exigencias y condiciones personales, sino con una vigilante, consciente sumisión al control y al guía. El trabajo realizado con cualquier otro espíritu tiene como resultado un desorden antiespiritual, una confusión y perturbación de la atmósfera. En él también son frecuentes las dificultades, errores, tropiezos, porque en este Yoga la gente tiene que ser guiada pacientemente -y con cierto espacio para su propio esfuerzo, mediante experiencia- más allá de la ignorancia natural de la Mente y la Vida hacia un espíritu más vasto y un luminoso conocimiento. Pero el peligro de errar sin guía por esas regiones limítrofes es que la verdadera base del Yoga puede ser contradicha y las únicas condiciones bajo las cuales el trabajo puede realizarse podrían acabar por perderse. La transición a través de esta zona intermedia, no obligatoria, pues muchos pasan por un camino más estrecho pero más seguro es un pasaje crucial; lo que surge de ella puede llegar a ser una creación muy vasta o muy rica; pero cuando uno se hunde en ella, la recuperación es difícil, dolorosa, segura sólo después de un largo y duro esfuerzo.
6 de Noviembre de 1932
Verdad Cósmica e Ignorancia Cósmica
No existe ignorancia que no sea parte de la Ignorancia Cósmica, pero en el individuo se convierte en una formación y un movimiento limitados, mientras que la Ignorancia Cósmica es el movimiento total de la Consciencia del mundo separada de la suprema Verdad y actuando en un movimiento inferior en el que la Verdad es pervertida, disminuida, contaminada y enturbiada por la falsedad y el error. La Verdad Cósmica es la perspectiva de las cosas desde una consciencia cósmica en la que las realidades son vistas en su esencia verdadera y en su verdadera relación con el Divino y verdadera relación mutua.
Samata y Equidad
Samata Yóguica es equidad de alma, ecuanimidad fundada en el sentido del Ser Esencial único, el Divino único en todas partes, viendo al Uno a pesar de todas las diferencias, grados, disparidades en la manifestación. El principio mental de equidad trata de ignorar o incluso de destruir las diferencias, grados y disparidades, de actuar como si todo fuera igual ahí o intenta hacer que todo sea igual. Es como Hridaya, el sobrino de Ramakrishna, que cuando obtuvo el toque de Ramakrishna empezó a clamar: "Ramakrishna, tú eres Brahman y yo también soy Brahman; no hay diferencia entre nosotros", hasta que Ramakrishna, porque aquél se negaba a sosegarse, tuvo que retirarle el poder. O como el discípulo que se negó a obedecer al cornac y permaneció ante el elefante diciendo: "Yo soy Brahman", hasta que el elefante lo alzó con su trompa y lo echó a un lado. Cuando se quejó a su Guru, éste le dijo: "Sí, pero ¿no escuchaste al cornac Brahman? Esa fue la razón por la que el elefante Brahman te alzó y te apartó del camino del dolor". En la manifestación hay dos lados de la Verdad y no puedes ignorar ninguno de ellos.
La Diferencia Fundamental
La diferencia fundamental está en la enseñanza de que existe una Verdad divina dinámica (la Supermente) y que tal Verdad puede descender al mundo actual de Ignorancia, que puede crear una nueva consciencia-Verdad y divinizar la Vida. Los viejos Yogas van directamente desde la mente hasta el Divino absoluto, contemplan toda existencia dinámica como Ignorancia, Ilusión o Lila; cuando penetras en la Verdad Divina estática e inmutable, dicen, trasciendes la existencia cósmica.
Verdad Superior e Inferior
Si todo es falso excepto la Verdad Supramental, ¿cómo puede abrir la Sobremente inferior un pasaje a la posibilidad de la Supermente?
Yo no he dicho que todo es falso excepto la Verdad Supramental. He dicho que no existe una Verdad completa por debajo del Supramental. En el Sobremental, la Verdad de la Supermente, que es completa y armoniosa, es separada en sus partes, muchas verdades se enfrentan unas a otras y se mueven hacia su autosatisfacción, para construir un mundo propio o bien para prevalecer o lograr su porción en mundos hechos de una combinación de las diversas Verdades y fuerzas-Verdad separadas. En los niveles más bajos, la fragmentación se hace más y más pronunciada, hasta el punto de admitir lo que es indudablemente error, falsedad, ignorancia y finalmente inconsciencia como la de la Materia. Este mundo ha surgido de la Inconsciencia y ha desarrollado la Mente, que es un instrumento de la Ignorancia, tratando de alcanzar la Verdad a través de mucha limitación, conflicto, confusión y error. Volver a la Sobremente, si uno puede hacerlo de un modo completo -cosa que no es fácil para los seres físicos- significa hallarse en los limites de la Verdad Supramental con la esperanza de entrar en ella.
7 de Noviembre de 1932
UN PROBLEMA DE FE
¿Cómo pueden conciliarse estas dos nociones: (1) que la voluntad del Divino está detrás de todos los movimientos y acontecimientos, y (2) que la voluntad del Divino está deformada en la manifestación?
Hay dos tipos de fe:
La fe que invoca a la ecuanimidad y la fe que invoca a la realización.
Estas dos fes corresponden a los dos diferentes aspectos del Divino.
Existe el Divino Trascendente y existe el Divino Cósmico.
La Voluntad de realización es la del Divino Trascendente.
El Divino Cósmico es lo que está relacionado con el desarrollo real de las cosas bajo las circunstancias presentes. Es la Voluntad de ese Divino Cósmico lo que se manifiesta en cada circunstancia, en cada movimiento de este mundo.
La Voluntad Cósmica no es, desde a perspectiva de nuestra consciencia ordinaria, algo que actúa como un poder independiente haciendo siempre lo que decide: opera a través de todos estos seres, a través de las fuerzas en juego en el mundo y a través de la ley de estas fuerzas y sus resultados, sólo cuando nos abrimos y salimos de la consciencia ordinaria podemos sentirlo intervenir como un poder independiente sobreponiéndose al ordinario juego de fuerzas.
También entonces podemos ver, incluso en el juego de fuerzas y a pesar de sus deformaciones, que la Voluntad Cósmica está trabajando para la realización final de la Voluntad del Divino Trascendente.
La Realización Supramental es la Voluntad del Divino Trascendente que nosotros debemos operar. Las circunstancias bajo las cuales debemos realizarla son las de una consciencia inferior en la que las cosas pueden ser deformadas por nuestra propia ignorancia, debilidad y errores, y por el choque de las fuerzas en conflicto. Ésta es la razón de que la fe y la ecuanimidad sean indispensables.
Debemos tener la fe en que, a pesar de nuestra ignorancia y errores y debilidad y a pesar de los ataques de las fuerzas hostiles y a pesar de cualquier apariencia inmediata de fracaso, la Voluntad Divina nos está guiando, a través de toda circunstancia, hacia la Realización final. Esta fe nos dará ecuanimidad; es una fe que acepta lo que ocurre, no definitivamente sino como algo por lo que se debe pasar en el camino. Una vez que la ecuanimidad ha sido establecida, puede arraigar también otro tipo de fe apoyada en ella, susceptible de ser dinamizada con algo de la consciencia supramental, y puede superar las circunstancias presentes y determinar lo que ocurrirá y ayudar a hacer descender la Realización de la Voluntad del Divino Trascendente.
La fe que se dirige al Divino Cósmico está limitada en el poder de su acción por las necesidades del juego.
Para liberarse completamente de estas limitaciones uno debe alcanzar al Divino Trascendente.
24 de Junio de 1931
LA TRIUNA DIVINIDAD
La distinción entre el Divino Trascendental, el Cósmico y el Individual no es invención mía ni es, tampoco, nativa de India o de Asia, es, por el contrario, una reconocida enseñanza Europea corriente en la tradición esotérica de la Iglesia Católica, donde constituye la autorizada explicación de la Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y es muy conocida en la experiencia mística Europea. En esencia, existe en todas las disciplinas espirituales que reconocen la omnipresencia del Divino, en la experiencia Vedántica India y en el Yoga Mahometano (no sólo el Sufí, sino otras escuelas también); los Mahometanos hablan incluso no de dos o tres sino de muchos niveles del Divino hasta que uno alcanza al Supremo. Por lo que respecta a la idea en sí misma, sin duda existe una diferencia entre el individual, el cosmos en el espacio y el tiempo, y algo que excede esta fórmula cósmica o cualquier fórmula cósmica. Existe una consciencia cósmica experimentada por muchos que es muy diferente en su perspectiva y acción de la consciencia individual, y, si existe una consciencia más allá de la cósmica, infinita y esencialmente eterna, no meramente extendida en el Tiempo, ésa también debe ser diferente de estas dos. Y, si el Divino es o se manifiesta en estas tres, ¿no es concebible que en aspecto, en Sus operaciones, pueda llegar a diferenciarse tanto a Sí mismo que no nos quede más remedio -si no queremos confundir toda verdad de la experiencia, limitarnos a una mera experiencia estática de algo indefinible- que hablar de un triple aspecto de la Divinidad?
En la práctica del Yoga existe una gran diferencia dinámica en el propio modo de tratar con estas tres posibles realizaciones. Si yo realizo el Divino sólo como eso, no como mi ser esencial personal, que sin embargo mueve secretamente todo mi ser personal y al que puedo hacer surgir de detrás del velo, o si edifico la imagen de esa Divinidad en mis miembros, todo ello supone una realización pero una realización limitada. Si es la Divinidad Cósmica la que realizo perdiendo en ella todo mi ser esencial personal, ello significa una realización muy vasta, pero yo me convierto en un mero canal del Poder universal y no existe consumación individual, personal o divina, para mí. Si me dirijo a la realización trascendental solamente, me pierdo tanto a mí mismo como el mundo en el Absoluto trascendental. Si, por otra parte, mi propósito no es ninguna de estas cosas por sí misma sino realizar y también manifestar al Divino en el mundo, haciendo descender con este objetivo un Poder todavía no manifestado -tal como la Supermente-, una armonización de las tres se vuelve imperativa Tengo que hacerla descender, y ¿de dónde debo hacerla descender -puesto que no se halla aún manifestada en la fórmula cósmica- sino de la Trascendencia no manifestada que debo alcanzar y realizar? Tengo que traerla a la fórmula cósmica y, si es así, debo realizar al Divino cósmico y volverme consciente del ser esencial cósmico y de las fuerzas cósmicas. Pero tengo que encarnarlo aquí, de otro modo quedaría sólo como una influencia y no como algo fijado en el mundo físico, y es sólo a través del Divino en el individual como esto puede ser hecho. Estos son los elementos en la dinámica de la experiencia espiritual y estoy obligado a admitirlos, si una obra divina debe ser realizada.
12 de Junio de 1932
RENACIMIENTO Y PERSONALIDAD
Debes evitar un común error popular sobre la reencarnación. La idea popular es que Titus Balbus renace como John Smith, un hombre con la misma personalidad, carácter, talentos que tuvo en su vida anterior, con la sola diferencia de que viste americana y pantalones en lugar de toga y habla inglés "barriobajero" en lugar de latín vulgar. Este no es el caso. ¿Cuál sería la utilidad terrestre de repetir la misma personalidad o carácter un millón de veces desde el principio del tiempo hasta su fin? El alma nace para adquirir experiencia, para crecer, para evolucionar hasta que es capaz de traer el Divino a la Materia. Es el ser central el que se encarna, no la personalidad exterior; la personalidad es simplemente un molde que aquél crea para sus líneas de experiencia en esa vida concreta. En otro nacimiento creará para sí mismo una personalidad diferente, diferentes capacidades, una vida y curso vital diferentes. Suponiendo que Virgilio nazca de nuevo, podría dedicarse a la poesía en una o dos vidas más, pero ciertamente no escribiría una épica sino más bien, acaso, finas pero elegantes y hermosas líricas como las que quiso escribir, pero sin éxito, en Roma. En otro nacimiento, probablemente no será un poeta en absoluto, sino un filósofo y un Yogui que busque alcanzar y expresar la más alta de las verdades, porque también ésta fue una tendencia irrealizada de su consciencia en esa vida. Quizás anteriormente había sido un guerrero o gobernante cuyas gestas fueron semejantes a las de Eneas o Augusto, que él cantó. Y etcétera; aquí o allá el ser central elabora un nuevo carácter, una nueva personalidad, crece, se desarrolla, pasa por todas las clases de experiencia terrestre.
A medida que el ser evolutivo progresa más y más y se vuelve más rico y más complejo, podría decirse que acumula sus personalidades. En ocasiones, éstas se mantienen detrás de los elementos activos, proyectando cierto colorido, cierto rasgo, cierta capacidad aquí y allá, o están en una posición frontal y se da una múltiple personalidad, un carácter plurifacético o una capacidad plurifacética que puede parecer, a veces, universal. Pero si se logra hacer emerger plenamente una personalidad anterior, una capacidad anterior, no será para repetir lo que ya fue realizado sino para darle nuevas formas y figuras y para fundirla en una nueva armonía del ser, que no supondrá una reproducción de lo que en el pasado fue. Así, no debes esperar ser lo que el poeta y el guerrero fueron. Algo de sus características externas puede reaparecer, pero desde luego muy cambiado y refundido en una nueva combinación. Las energías serán guiadas en una nueva dirección para hacer lo que no fue hecho anteriormente.
Otra cosa. No es la personalidad, el carácter, lo que es de primera importancia en el renacimiento: es el ser psíquico, que está tras la evolución de la naturaleza y evoluciona con ella. El ser psíquico, cuando parte del cuerpo desprendiéndose incluso del mental y el vital en su camino hacia su lugar de descanso, lleva consigo el corazón de sus experiencias, no los eventos físicos, no los movimientos vitales, no las construcciones mentales, no las capacidades o caracteres, sino algo esencial que ha absorbido de ellos, algo que podría definirse como el elemento divino por razón del cual el resto ha existido. Ésta es la ganancia permanente, esto es lo que le ayuda en el crecimiento hacia el Divino. Ésta es la razón por la que usualmente no hay recuerdo de los eventos y circunstancias exteriores de las vidas pasadas -para que este recuerdo se dé debe existir un fuerte desarrollo en el sentido de una ininterrumpida continuidad de la mente, el vital, incluso el físico sutil; porque aunque todo persiste como una especie de recuerdo-semilla, no emerge ordinariamente. Lo que era el elemento divino en la magnanimidad del guerrero, lo que se expresó a sí mismo en su lealtad, nobleza, intenso coraje, lo que era el elemento divino tras la armoniosa mentalidad y generosa vitalidad del poeta y se expresó a sí mismo en ellas, eso perdura y, en una nueva armonía de carácter, puede hallar una nueva expresión o, si la vida se vuelve hacia el Divino, puede ser incorporado como un conjunto de poderes para la realización o para la obra que ha de ser realizada para el Divino.
17 de Junio de 1933
EL ENIGMA DE ESTE MUNDO
No debe ser negado, ninguna experiencia espiritual negará que éste es un mundo no ideal e insatisfactorio, fuertemente marcado por el sello de la incapacidad, el sufrimiento, el mal. Esta percepción es, en cierto modo, el punto de partida del impulso espiritual, excepto para los pocos a los que la gran experiencia les llega espontáneamente sin ser forzados a ella por el poderoso o abrumador -causante de dolor o de desapego- sentido de la Sombra cerniéndose sobre todo el horizonte de esta existencia manifestada. Pero queda aún la cuestión de si éste es ciertamente, tal como es afirmado, el carácter esencial de toda manifestación o si, mientras exista un mundo físico, deberá ser de esta naturaleza, de modo que el deseo de nacimiento, la voluntad de manifestar y crear deben ser contemplados como el pecado original y el retirarse de la manifestación o el nacimiento como la única posible vía de salvación. Para aquellos que lo perciben así o desde una perspectiva semejante -y éstos han sido la mayoría- existen bien conocidos medios de escape, un atajo para la salvación espiritual. Pero puede también que no sea así, sino que sólo se lo parezca a nuestra ignorancia o conocimiento parcial: la imperfección, el mal, el sufrimiento puede ser una circunstancia dominante o un pasaje doloroso, pero no la condición misma de la manifestación, no la esencia misma del nacimiento en la Naturaleza. Y, si es así, la más alta sabiduría no consistiría en escapar, sino en el impulso hacia una victoria aquí, en aceptar una asociación con la Voluntad tras el mundo, en un descubrimiento de la puerta espiritual hacia la perfección, que sería, al mismo tiempo, una apertura a todo el descenso de la Luz, el Conocimiento, el Poder y la Beatitud Divinos.
Toda experiencia espiritual afirma que existe un Permanente por encima de la transitoriedad de este mundo manifestado y de esta limitada consciencia entre cuyos estrechos límites nos movemos a tientas y luchamos, y que sus características son infinitud, autoexistencia, libertad, Luz absoluta, absoluta Beatitud. ¿Existe, pues, un abismo entre lo que está más allá y lo que está aquí o son dos opuestos perpetuos y sólo dejando atrás esta aventura en el Tiempo y saltando más allá del abismo puede el hombre alcanzar lo Eterno? Esto es lo que parece estar al final de una línea de experiencia seguida hasta su rigurosa conclusión por el Budismo y, de un modo algo menos riguroso, por cierto tipo de espiritualidad Monista que admite cierta conexión del mundo con el Divino, pero que aún los opone, en última instancia, como verdad e ilusión. Pero existe también esta otra indudable experiencia de que el Divino está aquí en toda cosa tanto como por encima y por detrás de todo, que todo está en Eso y es Eso cuando tornamos de su apariencia a su Realidad. Es un hecho significativo e iluminador que el Conocedor de Brahman, aun moviéndose y actuando en este mundo, aun soportando todos sus impactos, pueda vivir en una paz, luz y beatitud absolutas del Divino. Hay algo aquí, pues, distinto de la mera rotunda oposición: hay un misterio, un problema que, uno pensaría, debe admitir una solución menos desesperada. Esta posibilidad espiritual apunta más allá de sí misma y trae un rayo de esperanza a la oscuridad de nuestra caída existencia.
E inmediatamente surge una primera cuestión: ¿es este mundo una incambiable sucesión de los mismos fenómenos o existe en él un ímpetu evolutivo, un hecho evolutivo, una escalera de ascenso desde una aparente Inconsciencia a una consciencia más y más desarrollada, ascendiendo aún desde cada etapa de desarrollo, emergiendo a las más altas cumbres aún no al alcance de nuestra experiencia normal? Todo parece apuntar que tal progresión a una evolución espiritual y no meramente física, es un hecho. Aquí, también, existe una justificada línea de experiencia espiritual en la que descubrimos que el Inconsciente del que surge todo es sólo aparente, porque en él existe una Consciencia involucionada con inagotables posibilidades, una consciencia no limitada sino cósmica e infinita, un Divino oculto y autoaprisionado, apresado en la Materia pero con toda potencialidad contenida en sus secretas profundidades. Fuera de este aparente Inconsciente, cada potencialidad es revelada a su turno, primero la Materia organizada ocultando el Espíritu en ella, luego la Vida emergiendo en la planta y asociada en el animal con la Mente creciente, posteriormente la Mente misma evolucionada y organizada en el hombre. Esta evolución, esta progresión espiritual, ¿se detiene aquí en el imperfecto ser mental llamado Hombre? O es su secreto simplemente una sucesión de renacimientos cuyo solo propósito o salida es llegar con esfuerzo al punto en que aprende su propia futilidad, renuncia a sí misma y salta a una original e inmanifestada Existencia o No-existencia? Existe al menos la posibilidad, llega en un cierto punto la certidumbre, de que existe una consciencia mucho mayor que lo que llamamos Mente, y que llevando más lejos nuestro ascenso podemos encontrar un punto en el que el dominio de la Inconsciencia material, la ignorancia vital y mental cesan; se hace capaz de manifestación un principio de consciencia que libera no parcialmente, no imperfectamente, sino radical y totalmente a este Divino aprisionado. Desde esta perspectiva, cada etapa de la evolución aparece como debida al descenso de un Poder, más y más alto de consciencia, que eleva el nivel terrestre, crea un nuevo estrato; pero el más alto tiene que descender aún y por medio de su descenso el enigma de esta existencia terrestre recibirá su solución, y no sólo el alma hallará su salvación sino la Naturaleza misma. Ésta es la verdad que ha sido vista a destellos, cada vez con mayor completitud en sus términos, por la línea de videntes a los que el Tantra llamaría los buscadores heroicos y que puede estar ahora aproximándose al punto en el que se hallará preparada para su revelación y experiencia totales. Así, sea el que sea el enorme peso de la lucha y sufrimiento y oscuridad en el mundo, si es esto y su alta consecuencia lo que nos aguarda, todo lo que haya ocurrido en el pasado no será considerado, por el fuerte y aventurero, un precio muy elevado por la gloria que ha de llegar. En cualquier caso, la sombra se levanta; hay una Luz Divina que se inclina sobre el mundo y que no es sólo un distante, incomunicable Fulgor.
Es verdad que aún queda el problema de por qué todo esto que todavía es tuvo que ser necesario -éstos rudos comienzos, este largo y tormentoso pasaje-, por qué hubo de ser exigido el pesado y tedioso precio, por qué debieron existir el mal y el sufrimiento. Pues con respecto al cómo de la caída en la Ignorancia como opuesto al porqué, la causa efectiva, existe un substancial acuerdo en toda la experiencia espiritual. Es la división, la separación, el principio de aislamiento del Permanente y Uno lo que lo determinó; es porque el ego tomó su propio camino en el mundo enfatizando su propio deseo y autoafirmación con preferencia a su unidad con el Divino y su unión con todo; es porque en lugar de una Fuerza, Sabiduría, Luz supremas determinando la armonía de todas las fuerzas, a cada Idea, Fuerza, Forma de las cosas se le permitió desarrollarse tanto como pudiera, en la masa de infinitas posibilidades, por medio de su voluntad separada e inevitablemente, al final, por medio del conflicto con las demás. La división, el ego, la consciencia imperfecta, el marchar a tientas y la lucha de una separada autoafirmación son la causa eficiente del sufrimiento y la ignorancia de este mundo. Una consciencia separada de otra consciencia hizo que ambas cayeran inevitablemente en la Ignorancia y la última consecuencia de la Ignorancia fue la Inconsciencia; desde un oscuro, inmenso Inconsciente surge este mundo material y, de él, un alma que por medio de la evolución lucha para lograr la consciencia, es atraída por la Luz oculta, está ascendiendo aunque ciega todavía hacia la perdida Divinidad de la que proviene.
Pero ¿por qué tuvo que ocurrir todo esto al fin y al cabo? Una manera común de plantear el interrogante y de responder a él debería ser eliminado desde el principio: el modo humano y su rebelión y reprobación ética, su protesta emocional. Porque no es, como algunas religiones suponen, una Deidad supracósmica, arbitraria, personal, no implicada ella misma en absoluto en esta caída, la que ha impuesto el mal y el sufrimiento a las criaturas hechas caprichosamente por su fíat. El Divino que conocemos es un Ser Infinito en cuya infinita manifestación han acontecido estas cosas, es el Divino mismo el que está aquí, detrás nuestro, inundando la manifestación, manteniendo al mundo con su unidad; es el Divino el que está en nosotros, sosteniendo Él mismo la carga de la caída y su oscura consecuencia. Si está en las alturas en su perfecta Luz, Bienaventuranza y Paz, eternamente, también está aquí; su Luz, Bienaventuranza y Paz están secretamente aquí sosteniéndolo todo; en nosotros mismos hay un espíritu, una presencia central mayor que la serie de personalidades de superficie que, como el supremo Divino mismo, no está sometida al destino que éstas soportan. Si hallamos al Divino en nosotros, si nos reconocemos como este espíritu que es de una esencia con el Divino, ésta es nuestra puerta de salvación, y en ella podemos permanecer luminosos, bienaventurados y libres en medio de las desarmonías de este mundo. Éste es el antiguo testimonio de la experiencia espiritual.
Pero, aún, ¿cuál es el propósito y origen de la desarmonía, por qué se produjo esta división, este ego, este mundo de dolorosa evolución? ¿Por qué el mal y el sufrimiento deben hacer intrusión en el Bien, la Bienaventuranza y la Paz divinas? Es difícil responder a la inteligencia humana en su propio nivel, porque la consciencia a la cual pertenece el origen de este fenómeno y en la que se halla, por decirlo así, automáticamente justificado en base a un conocimiento supraintelectual es cósmica y no una inteligencia humana individual; ve en espacios más vastos, posee otra visión y cognición, otros términos de consciencia diversos de la razón y sentimiento humanos. A la mente humana uno podría responder que, mientras en sí mismo el Infinito puede estar libre de esas perturbaciones, una vez que la manifestación comenzó, también empezaron las infinitas posibilidades y entre las infinitas posibilidades, que la manifestación universal tiene por función desarrollar, la negación, la aparente negación efectiva -con todas sus consecuencias- del Poder, Luz, Paz, Bienaventuranza, fue evidentemente una. Si se pregunta por qué aun siendo posible debió ser aceptada, la respuesta más próxima a la Verdad cósmica que la inteligencia humana pueda concebir es que en las relaciones o en la transición del Divino en su Unidad al Divino en su Multiplicidad esta siniestra posibilidad se hizo, en cierto punto, inevitable. Porque una vez que aparece adquiere para el Alma que desciende a la manifestación evolutiva una irresistible atracción que crea la inevitabilidad, una atracción que en términos humanos al nivel terrestre puede ser denominada la llamada de lo desconocido, el gozo del peligro y la dificultad y la aventura, la voluntad de intentar lo imposible, de experimentar lo incalculable, la voluntad de crear lo nuevo y lo increado con el propio ser y vida como materiales, la fascinación de las contradicciones y su difícil armonización; estas cosas traducidas a una consciencia suprafísica, superhumana, más alta y vasta que la mental, fueron la tentación que condujo a la caída. Para el ser original de luz al filo del descenso lo único desconocido eran las profundidades del abismo, las posibilidades del Divino en la Ignorancia y la Inconsciencia. Por otro lado, por parte de la Unidad Divina, una vasta aquiescencia, compasión, consentimiento, ayuda, un supremo conocimiento de que esto debía ser así, que habiendo aparecido debía ser desarrollado, que su aparición es en cierto sentido parte de una incalculable, infinita sabiduría, que si el sumergirse en la Noche era inevitable, el emerger a un Día nuevo y sin precedentes era también una certeza, y que sólo así podía ser efectuada una cierta manifestación de la Suprema Verdad, por medio de un desarrollo de sus opuestos fenoménicos como punto de partida de la evolución, como condición impuesta para un emerger transformador. En esta aquiescencia se hallaba incluida también la voluntad del gran Sacrificio, el descenso del Divino mismo a la Inconsciencia para tomar sobre sí la carga de la Ignorancia y sus consecuencias, para intervenir como el Avatar y el Vibhuti marchando entre el doble signo de la Cruz y la Victoria hacia la culminación y la salvación. ¿Una traducción demasiado plástica de la inexpresable Verdad? Pero sin imágenes ¿cómo presentar al intelecto un misterio mucho más allá de él? Sólo cuando se ha cruzado la barrera de la inteligencia limitada y se ha tomado parte en la experiencia cósmica y en el conocimiento que ve las cosas por identidad, las supremas realidades que están tras estas imágenes -imágenes correspondientes al hecho terrestre- asumen sus formas divinas y se perciben como algo simple, natural, implicado en la esencia de las cosas. Sólo penetrando en una consciencia mayor, puede uno percibir la inevitabilidad de su autocreación y su propósito.
Ésta es, de hecho, sólo la Verdad de la manifestación tal como se presenta a la consciencia cuando ésta se halla en la frontera entre la Eternidad y el descenso al Tiempo donde la relación entre el Uno y los Muchos en la evolución es autodeterminada, una zona donde todo lo que ha de ser está implicado pero no todavía en acción. Sin embargo, la consciencia liberada puede elevarse más arriba aún, donde el problema ya no existe, y desde ahí contemplarlo a la luz de una suprema identidad donde todo está predeterminado en una automática, autoexistente verdad de las cosas y autojustificado en una consciencia y sabiduría absolutas y absoluto Deleite que está detrás de la creación y la no-creación, y la afirmación y la negación son vistas con los ojos de la inefable Realidad que las salva y las reconcilia. Pero este conocimiento no le puede ser comunicado a la mente humana; su lenguaje de luz es demasiado indescifrable, la luz misma demasiado brillante como para que una consciencia acostumbrada a la presión y la oscuridad del enigma cósmico, atrapada en él, pueda comprender la clave o atrapar su secreto. En cualquier caso, sólo cuando nos elevamos en espíritu más allá de la zona de oscuridad y contienda, penetramos en la plena significación del misterio y el alma se libera de su enigma. Ascender hasta esa cima de liberación es el verdadero camino de salida y el único medio de indubitable conocimiento.
Pero la liberación y trascendencia no imponen necesariamente la desaparición, una pura disolución más allá de la manifestación; pueden preparar una liberación en acción del más alto Conocimiento y una intensidad de Poder capaz de transformar el mundo y dar culminación al impulso evolutivo. Es un ascenso del que ya no hay más caída sino un alado o autosuspendido descenso de luz, fuerza y Ananda.
Es lo inherente a la fuerza de ser lo que se manifiesta como devenir; pero lo que la manifestación puede ser, sus términos, su equilibrio de energías, la organización de sus principios, depende de la consciencia que actúa en la fuerza creativa, del poder de consciencia que el Ser libera de sí mismo para la manifestación. Está en la naturaleza del Ser la capacidad de graduar y variar sus poderes de consciencia y de determinar, de acuerdo con el grado y variación, su mundo o su nivel y alcance de autorrevelación. La creación manifestada está limitada por el poder al que pertenece y ve y vive de acuerdo con él y sólo puede ver más, vivir más poderosamente, cambiar su mundo, abriéndose a o moviéndose hacia o haciendo descender un poder de consciencia mayor que estaba por encima de aquél. Esto es lo que está ocurriendo en la evolución de consciencia en nuestro mundo, un mundo de materia inanimada produciendo bajo la presión de esta necesidad un poder de vida, un poder de mente que trae a él nuevas formas de creación, y esforzándose todavía en producir, en hacer descender a él un poder supramental. Es además una operación de fuerza creativa que se mueve entre dos polos de consciencia. A un lado hay una consciencia secreta en el interior y por encima que contiene en sí todas las potencialidades -ahí eternamente manifestadas, aquí aguardando ser liberadas- de luz, paz, poder y bienaventuranza. Al otro lado hay otra, exterior e inferior, que surge del opuesto aparente de inconsciencia, inercia, ciega presión, posibilidad de sufrimiento y que crece cuando recibe en sí poderes más y más altos que la obligan siempre a recrear su manifestación en base a términos más vastos -cada nueva creación de este tipo sacando a la luz algo de su potencialidad interior, haciendo más y más posible el descenso de la Perfección que espera en la altura. Mientras la personalidad exterior que llamamos nosotros mismos está centrada en los poderes inferiores de consciencia, el enigma de su propia existencia, su propósito, su necesidad es para ella un misterio insoluble; si algo de la verdad alcanza al hombre mental exterior, éste lo comprende imperfectamente y quizás lo malinterpreta, lo usa y lo vive mal. Su bastón de marcha está hecho más de un fuego de fe que de una cierta e indudable luz de conocimiento. Sólo elevándose a una consciencia superior más allá de la línea mental -y por ello ahora superconsciente para él- puede emerger de esta incapacidad e ignorancia. Su liberación e iluminación completas tendrán lugar cuando cruce la línea hacia la luz de una nueva existencia superconsciente. Ésta es la trascendencia que fue el objeto de aspiración de los místicos y de los buscadores espirituales.
Pero en sí mismo esto no cambiaría nada en la creación aquí, la evasión de un alma liberada del mundo no supone ninguna diferencia para ese mundo. Pero si a este cruzar la línea se le da un propósito no sólo de ascenso sino también de descenso, ello significaría la transformación de lo que es ahora la línea, una cobertura, una barrera, en un pasaje para los poderes superiores de la consciencia del Ser ahora por encima de aquélla. Significaría una nueva creación en la tierra, significaría traer los poderes últimos, que reinvertirían las condiciones presentes hasta el punto de producir una creación elevada a la plena corriente de luz espiritual y supramental en lugar de una creación emergiendo a la semiluminosidad de la mente desde las tinieblas de la inconsciencia material. Sólo en una tal plena corriente del espíritu realizado el ser encarnado podría conocer, en el sentido de todo lo que estaba implicado en él, el significado y la necesidad temporal de su descenso a las tinieblas y de sus condiciones y, al mismo tiempo, disolverlas por medio de una luminosa transmutación en una manifestación del Divino revelado y ya no más velado o disfrazado o aparentemente deformado.
Junio de 1933