LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA »
PRIMERA PARTE (CINCO ACTITUDES)
Cuando un viajero decide emprender un largo y minucioso viaje, primero tiene que preparar todo lo necesario para el trayecto que pretende recorrer, de otro modo podría tener dificultades en cualquier momento de su viaje. Lo mismo ocurre con el viajero espiritual. Cuando comienza su peregrinaje espiritual cuyo último fin es estar unido a la consciencia divina y convertirse en un instrumento apropiado para la manifestación del Divino, también debe reunir desde el principio los requisitos esenciales para tener éxito en su peregrinaje; porque el camino de la sadhana es mucho más difícil, mucho más asediado por las dificultades y peligros que cualquier otro viaje en la vida exterior. Sin estos requisitos que le ayudarán a lo largo de todo el camino, el peregrino espiritual caería con frecuencia en el foso de una profunda confusión y depresión psicológicas; aún más, podría interrumpir su viaje y abandonar el sendero completamente, o, lo que es peor, podría ser atraído hacia un desvío quedando seriamente amenazado su destino espiritual.
Pero, ¿cuáles son, al fin y al cabo, estos requisitos que el sadhaka debe procurarse antes de poder viajar por el sendero sin ser abofeteado a cada paso con toda clase de dificultades psicológicas? La respuesta es: estos requisitos no son más que un cierto número de virtudes esenciales del carácter que deberán mantener con firmeza al sadhaka en el lugar adecuado, a través de las múltiples vicisitudes de su empresa interior.
Porque sabemos que nuestra sadhana del yoga integral no rechaza el mundo ni la vida; en cambio, lo que proponemos hacer en ella es purificar y transformar la naturaleza, nuestra naturaleza personal y la naturaleza del mundo, tanto como sea posible y a continuación ofrecerlas al Divino como un instrumento digno para su manifestación divina sobre la tierra. Nuestra aspiración no es simplemente para disfrutar del deleite de la realización espiritual en nuestra consciencia interior; el objetivo de nuestro yoga es que nuestra naturaleza y nuestro ser exterior deben participar también plena e integralmente de la realización espiritual. En las inimitables palabras de Sri Aurobindo: “..nos proponemos conquistarnos a nosotros mismos y al mundo para Dios; estamos decididos a ofrecerle nuestro ser actual así como nuestro ser potencial…”(La Síntesis del Yoga)
Siendo este nuestro objetivo, no podemos darle la espalda a la naturaleza, ni apartarnos de ella mientras sea posible; ni nos es permitido dejar de lado el torbellino de la vida y buscar el reposo de un refugio lleno de paz en un aislamiento interior y exterior. Nuestra sadhana espiritual debe ser emprendida en la propia naturaleza y en campo de batalla de la vida. Por eso debemos estar preparados para hacer frente e intentar resolver con éxito todo género de dificultades intrínsecas a esta elección básica que hemos hecho.
Sin duda, todas las sadhanas espirituales son difíciles; sus senderos son “cortantes como el filo de una navaja, duros de recorrer”. El nuestro es todavía más difícil, aparentemente más obstinado. La razón es que nuestra actual naturaleza está casi toda bajo el asedio de la ignorancia cósmica; está contaminada por millones de clases de corrupción, tamásica y rajásica. Al aceptar esta naturaleza perversa como el campo de nuestra sadhana, que es equivalente a decidir permanecer en la misma morada con una serpiente venenosa, se corre el riesgo constante de ser mordido a veces por el reptil enemigo. Pero no por eso debemos abandonar nuestra noble empresa. ¿No ha recordado Sri Aurobindo a los discípulos del sendero integral que “La vida es el campo de una manifestación divina, incompleta todavía; aquí, en la vida, sobre la tierra, en el cuerpo…tenemos que revelar a la Divinidad; aquí, debemos hacer real para nuestra consciencia su grandeza, luz y dulzura trascendentes, aquí debemos poseerlas, y, en la medida de lo posible, expresarlas. Debemos, entonces aceptar la vida en nuestro yoga a fin de transmutarla profundamente; nos está prohibido rehuir las dificultades que esta aceptación pudiera añadir a nuestro esfuerzo?”. (La Síntesis del Yoga).
Bien, tal es nuestra aspiración en este yoga, tal es el plan de acción frente a nuestra incorregible naturaleza presente. Pero la aspiración no puede llevarse a cabo en un día, ni nuestra naturaleza responderá tan fácilmente a nuestra presión transformadora sobre ella. Por lo tanto, el sadhaka tendrá que emprender su guerra espiritual por un largo período de tiempo. Tendrá que afrontar y abordar muchas veces una situación difícil. Diferentes tipos de obstáculos interiores y exteriores, bloquearán el camino de su progreso; tendrá que atravesar serias pruebas. Más aún, no será sólo su naturaleza personal la que intentará ofrecer resistencia a cada paso con su obstinación; también la naturaleza universal buscará erigir un muro de oscuridad en su camino, porque esta naturaleza, bajo la incitación de la ignorancia cósmica se opone mortalmente a la posibilidad de que cualquier sadhaka escape a su prisión y experimente un nuevo nacimiento espiritual en la luz celestial. Recordemos al respecto la advertencia pronunciada por Sri Aurobindo: “Cuando el alma se dirige hacia el Divino, puede producirse una resistencia en la mente, cuya forma más frecuente es la negación y la duda, lo cual puede engendrar un sufrimiento mental y vital. Y además, podría existir una resistencia en la naturaleza vital cuyo principal carácter es el deseo y el apego a los objetos de deseo…La consciencia física también podría ofrecer una resistencia que es, en general, la de una inercia fundamental, una oscuridad en la sustancia misma del físico…Existe, además, la resistencia de la naturaleza universal, que no quiere que el ser escape de la ignorancia hacia la luz”.
También la Madre advertía, del mismo modo, a los sadhakas del yoga integral: “El yoga integral consiste en una serie ininterrumpida de exámenes que uno debe pasar sin aviso previo, por lo tanto, hace que estés siempre alerta y atento”.
La madre ha dicho, además, con respecto a la naturaleza de estas pruebas: “Los tres tipos de exámenes son: (1) los establecidos por las fuerzas de la naturaleza, (2) los establecidos por las fuerzas divinas y espirituales, y (3) los establecidos por las fuerzas hostiles. Los últimos son los más engañosos en su apariencia, y si uno no está preparado para la sorpresa o se halla desprevenido, debe permanecer en un estado de constante vigilancia, sinceridad y humildad”
Ahora bien, las preguntas pertinentes que pueden perturbar al sadhaka son: ¿Cómo puede uno superar estas pruebas con éxito?, ¿qué hay que hacer para que el camino de peregrinaje espiritual sea fácil de recorrer?, y finalmente, ¿qué puede hacer el sadhaka para que las dificultades y sufrimientos inevitables del sendero no actúen únicamente como obstáculos negativos, sino que por el contrario se conviertan en excelentes oportunidades que conduzcan al florecimiento de la consciencia espiritual del sakhaka?
De aquí, entonces, la necesidad de una preparación preliminar en la vida de la sadhana y de que el sadhaka acumule los requisitos básicos del sendero. Hemos indicado ya que una parte muy importante del proceso de adquisición de tales requisitos básicos consiste en que el sadhaka cultive un cierto número de virtudes que deben constituir el núcleo de su carácter.
Al hablar de las tres categorías de examinadores que elaboran constantemente pruebas para los sadhakas del yoga integral, y de las virtudes especialmente requeridas para pasar exitosamente estos exámenes en el sendero, la Madre ha mencionado particularmente las siguientes:
(1) perseverancia; (2) alegría; (3) audacia; (4) plasticidad; (5) confianza; (6) entusiasmo; (7) generosidad; (8) vigilancia; (9) humildad; (10) sinceridad; (11) aspiración; (12) rectitud.
Éstas y otras virtudes del mismo género serán constantemente exigidas en cada etapa del viaje espiritual, y cuando estén firmemente arraigadas, protegerán y fortalecerán el carácter del sadhaka sirviéndole de arma y coraza en su incesante batalla espiritual contra las fuerzas de la oscuridad establecidas.
Nos proponemos hablar, aunque brevemente, sobre algunas de estas virtudes espirituales esenciales precisamente en este primer capítulo del libro, porque son apropiadas para levantar la sólida fundamentación de la sadhana, ya que sin ellas la superestructura del edificio del yoga integral no puede ser erigida de ninguna manera.
La primera virtud que el sadhaka debe cultivar en toda su extensión y mantener siempre durante el transcurso de su sadhana espiritual es:
1. Un amor y devoción absolutos al Divino y a su Shakti
Debemos hacer de esta preciosa virtud el rasgo principal de nuestra naturaleza y de nuestra consciencia. Nuestro amor por el Divino debe poseer una simplicidad pura y una rectitud psíquica. Este amor y devoción deben ser totalmente incondicionales, sin esperar nada a cambio y no deben ser empañados por la confusión creada por los cuestionamientos intelectuales. Podemos fácilmente ponernos a salvo de numerosas dificultades y desastres psicológicos, así como de los diversos peligros y arenas movedizas del sendero si podemos hacer firmes, constantes y absolutamente invariables nuestro amor y devoción, nuestra fe y confianza en la Madre Divina y en su amor. En este caso descubriremos, para nuestra sorpresa, que ninguna desgracia, -por más grave en su apariencia y por muy repentina que aparezca en el camino y aflija seriamente nuestra mente y nuestro corazón, e incluso nuestro organismo físico-, podrá producirse en la consciencia del sadhaka, ni siquiera la insinuación más insignificante de protesta o queja, ni mucho menos alguna rebeldía o abandono; nuestra fe y confianza en el Divino y en su amor no sufrirá ni la más mínima mella, ningún peligro del sendero significará para nosotros tal peligro, y ningún dolor exterior ocasionará al sadhaka aflicción psicológica alguna.
Establecidos sólidamente en esta particular virtud de amor y confianza sinceros en el Divino no tardaremos en darnos cuenta, sobre la base de la evidencia directa de nuestra experiencia personal, que “Dios es nuestro amigo sabio y perfecto, porque sabe cuándo golpear y cuándo acariciar, cuándo matar igual que cuándo salvar y socorrer… Hemos de tener fe en el amor y en la sabiduría de Dios,… que ejecuta todo para nuestro bien, incluso cuando está aparentemente oculto en el mal”.
La segunda virtud espiritual que debemos desarrollar para ayudar al progreso de nuestra sadhana es:
2. Una actitud optimista y un estado de alegría constante
Sri Aurobindo nos ha dicho:” Una alegría, una calma y una confianza sátwicas son el temperamento apropiado para este yoga (el yoga integral)…”
Y esto es fácil de entender. Porque una vez hayamos establecido en nuestro interior una disposición permanente de tranquila ecuanimidad, podremos percibir claramente que todo lo que ocurre en el tortuoso viaje de nuestra vida, sea agradable o desagradable, o incluso aparentemente desastroso, tiene a la vez, invariablemente, dos aspectos diferentes: uno, positivo, prometedor, que conduce a un bien futuro; el otro, ominoso, que adopta la forma aparente de un mal.
Ahora bien, esto es sólo porque en nuestra disposición dominada por el ego, concentramos nuestra atención únicamente en los elementos negativos, ignorando completamente el aspecto positivo de la situación, nuestra consciencia queda fácilmente obnubilada, falseados los juicios, heridos los sentimientos, y desbordado nuestro corazón por una insoportable ansiedad y desorden.
Pero si queremos construir una vida espiritual auténtica, es esencial que cambiemos nuestro modo de ver las cosas. Frente a cualquier acontecimiento imprevisto en nuestra vida, debemos aprender a percibir inmediatamente su lado positivo y estar feliz por ello; nuestra consciencia debe enfatizar este lado positivo y esto nos hará palpablemente conocedores del gran bien espiritual que se ha estado gestando tras la apariencia de la maldad y la oscuridad.
Y si podemos actuar de manera que en cada ocasión se desarrolle en nosotros una actitud inherentemente optimista, el curso de nuestra vida cambiará su carácter y se dulcificará en todas las circunstancias, y seremos sin duda intensamente conscientes de la luz, presente incluso en medio de una oscuridad sofocante. Sri Aurobindo ha calificado esto como el “camino soleado” sobre el que el sadhaka avanzará hacia la meta con pasos seguros y gozosos, “con absoluta confianza en la Madre, sin temer nada, sin ningún tipo de pesar…”, con “una alegre ecuanimidad, incluso frente a las dificultades…”.
3. Una resignación gozosa ante la providencia divina
El camino de la sadhana no puede sino estar lleno de confusiones y dificultades. En cualquier momento de la vida del sadhaka puede pillarle desprevenido alguna desgracia incomprensible. Y en esos instantes críticos y cruciales le es muy difícil mantenerse en equilibrio. Para poder conservar la sangre fría en estas situaciones difíciles y peligrosas, el sadhaka debe imprimir en su corazón, desde el principio de su sadhana, la siguiente verdad cardinal de la vida espiritual en relación al Divino, y volver a ella inmediatamente cada vez que tenga la impresión de salirse del sendero correcto: “Los caminos del Divino no son como los de la mente humana ni siguen nuestros esquemas, y no es posible juzgarlos ni decidir por Él lo que se debe hacer o no, porque el Divino lo sabe mucho mejor que nosotros. Si de alguna manera admitimos al Divino, me parece que tanto la razón verdadera como la Bhakti estarán de acuerdo en exigir una fe y una consagración implícitas”:
Por lo tanto, la constante contraseña de un sadhaka debe ser de una absoluta adaptabilidad y una resignación gozosa a todo designio de la providencia divina. Su mantra en todo tiempo y lugar, ya sea en el bienestar o en la desgracia, en los períodos de sol brillante o en los días nublados, debería ser: “Hágase tú voluntad”; y no a regañadientes, ni con una resistencia estoica, sino con la plena adhesión de la totalidad del ser, con un asentimiento y una aceptación gozosas. Meditemos sobre las siguientes palabras de Sri Aurobindo: “Recordar las verdaderas bases del yoga…la obediencia a la voluntad divina, la no aserción de la propia voluntad, son el primer mantra…aprende en primer lugar a obedecer absolutamente..”
4. Ausencia de preocupaciones y de ansiedades
Debemos desechar del campo de nuestra consciencia todo pensamiento inútil e incapacitador como los siguientes: “¿Quién sabe lo que va a ocurrirme?, y ¿Qué desgracias me deparará mi desconocido destino en un futuro próximo?”
No, un sadhaka debe aprender a estar totalmente libre de toda preocupación y ansiedad frente a su futuro. Su actitud debería ser: “Siempre que algo me suceda en el futuro, fruto del designio divino, será porque tengo que ocuparme de ello. ¿Por qué alimentar anticipadamente toda clase de presentimientos negativos? En su lugar, mi actitud deberá ser aceptada con gratitud todas las cosas agradables que el Divino me ofrece en su amorosa bondad, incluso en este momento preciso. Cualquier cosa que el Divino desee que yo sea en el momento presente de mi vida, intentaré sinceramente serlo; cualquier cosa que yo considere que es mi deber espiritual en este momento, la haré con perfecta sinceridad, únicamente como una ofrenda a mi amado divino. Y aquí termina mi labor y mi ocupación. No necesito cavilar ansiosamente respecto a la incertidumbre de mi futuro, ni está justificado derramar lágrimas inútiles por mis caídas y fracasos pasados. Concentrarme sólo en el presente y tratar de sacarle el máximo partido a sus posibilidades: es todo lo que debo hacer como sadhaka.
Esta es, sin duda, una gran virtud que hay que adquirir y aplicar en la práctica actual, si el sadhaka quiere eludir muchos males innecesarios y perfectamente evitables de la vida.
5. Total eliminación del egocentrismo
Es lamentable comprobar que de forma universal la mayor parte de nosotros, al hacer frente a un acontecimiento, situación o circunstancia, o en cualquier contacto con los demás seres, en general, lo evaluamos únicamente en términos de si nos conforta o nos angustia, si nos complace o nos desagrada, si sirve o no sirve a nuestro ego y a sus intereses. Este es un defecto muy serio, que aflige a muchos sadhakas, viciando enormemente el curso de su sadhana. Esta nociva actitud egocéntrica debe ser eliminada por todos los sadhakas del yoga integral si quieren progresar con paso firme en la sadhana; deben reemplazarla por una actitud geocéntrica frente a cualquier evento de la vida. “No lo que yo deseo, sino lo que el Divino desea en este momento” debe ser la única consideración como sadhaka. Sri Aurobindo lo dijo muy claramente. He aquí sus palabras: “El hombre egocéntrico experimenta y toma las cosas según le afectan: me complacen o me disgustan, me producen alegría o me causan malestar, halagan mi orgullo, mi vanidad, mi ambición o lo hieren, satisface mis deseos o los frustra, etc. El hombre desinteresado no mira las cosas de esa manera; trata de ver lo que son las cosas en sí mismas y lo que serían si él no estuviera, cuál es su significado, cómo encajan dentro del esquema de cosas, o incluso experimenta calma y ecuanimidad, remito todo al Divino…” “aprende a hacer que no sea el ego, sino el Divino, el centro de su existencia, y piensa, actúa y siente sólo para el Divino..”
Así pues, éste es el quinto requisito esencial del sendero: no juzgar nunca, o, mejor dicho, no juzgar equivocadamente las cosas desde el punto de vista del ego personal, sino remitir todo a la voluntad omnisapiente y omniamorosa del Divino.
(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)
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TEMA 10: « LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA »
SEGUNDA PARTE (SEIS ACTITUDES)
6. Actitud justa en todo momento
Gran parte del progreso en la sadhana, si se quiere llevar a cabo con la mínima perturbación que la obstaculice, depende de si el sadhaka puede adoptar y mantenerla actitud justa en cualquier circunstancia, interior o exterior, que se le presente en el camino. La Madre ha señalado que la mayor parte de la gente no se da cuenta de que una actitud justa posee un gran poder determinante. Simplemente puede hacer maravillas, y cambiar completamente el curso del determinismo. Pero ¿qué entendemos por actitud justa?
Seguramente no es una actitud considerada justa por el patrón ético ordinario, ni sancionada por las reglas sociales o religiosas convencionales, o dictadas por lo que llamamos consciencia propia. Es más bien, dadas las circunstancias imperantes, una actitud que nos conduzca al crecimiento espiritual del individuo.
Pero ¿cómo determina el sadhaka cuál es la actitud correcta en una situación dada? Si su gurú está físicamente presente, la solución puede ser relativamente fácil. Sólo tiene que plantearle el problema y solicitar sus instrucciones. El único punto de incertidumbre en este caso es si el sadhaka querría o sería capaz de cumplir las instrucciones del gurú sin las dudas producto de los impulsos ciegos y arrogantes de su naturaleza egoísta.
Cuando el gurú no está presente físicamente, el sadhaka puede adoptar otro camino, tan seguro como uno podría esperar de él. Evidentemente, nos referimos al despertar del ser psíquico y a ponerlo al frente de la consciencia del sadhaka. Sobre sus efectos sumamente beneficiosos para la sadhana, Sri Aurobindo dice:
“Una guía, un gobierno comienza desde dentro, expone cada movimiento a la luz de la Verdad, repele lo que es falso, oscuro, opuesto a la realización divina; cada región del ser, cada rincón, cada una de sus esquinas, cada movimiento, formación, dirección, inclinación de pensamiento, voluntad, emoción, sensación, acción, reacción, motivo, disposición, propensión, deseo, hábito del físico consciente o subconsciente, incluso el más oculto, camuflado, silencioso, recóndito, es iluminado por la luz psíquica infalible, disipadas sus confusiones, desembrollados sus embrollos, señaladas y eliminadas sus oscuridades, engaños, autoengaños…”(La Vida Divina)
De la cita anterior de Sri Aurobindo podemos deducir fácilmente que, bajo la guía activa del psíquico, conocer en cada momento la naturaleza de la actitud justa que es requerida al sadhaka para que la adopte y la ponga en práctica con eficacia en la situación real a la que se enfrenta, llega a ser un juego de niños para él.
Pero la dificultad está en que esta afloración psíquica es una realización que el sadhaka puede esperar sólo en una etapa muy avanzada de su sadhana, y no es accesible a los novicios en la sadhana. Y aquí, en el primer capítulo de este libro, estamos hablando de aquellos sadhakas que sin duda determinaron, seria y sinceramente, seguir el sendero del yoga integral, pero que están todavía, en este momento, en la etapa de reunir los requisitos esenciales necesarios para la realización exitosa del viaje.
Ahora bien, hemos insistido anteriormente en que mantener la actitud justa en todas las posibles situaciones de la vida es una de las virtudes más fundamentales que todo sadhaka debería tener, incluso en las etapas preliminares de su empeño espiritual. Así que la cuestión surge de nuevo: en ausencia de la presencia física del gurú, y en el todavía imperfecto estatus del despertar psíquico, ¿cómo llegará el sadhaka inexperto a discernir la actitud justa?
Afortunadamente para nosotros, tanto Sri Aurobindo como la Madre han dado en sus extensos escritos suficientes indicaciones respecto a la postura a adoptar en cada situación particular. Un estudio perspicaz de estos escritos seguramente resolverá el problema a cualquier sadhaka que se tome en serio la cuestión.
En cualquier caso, un sadhaka debe adquirir esta destreza de conservar la actitud justa en cada instante de su vida diaria, incluidos los momentos de crisis ocasionales.
7. Coraje y audacia
Sri Aurobindo escribió una vez a un sadhaka que el coraje y el amor son las virtudes gemelas absolutamente indispensables para el progreso en la sadhana: incluso si todas las demás pierden intensidad o se quedan dormidas, estas dos virtudes serán suficientes para salvar al sadhaka.
Es casi una perogrullada decir que cada sadhaka del yoga integral debe ser audaz si desea avanzar con seguridad en el sendero de la sadhana espiritual. Porque sin el constante soporte de esta virtud de la intrepidez, es posible que cometa un desliz o tropiece casi a cada paso. Todas las fuerzas hostiles de los mundos sutiles están siempre en alerta para detectar incluso el indicio más insignificante de miedo y aprensión en la consciencia del sadhaka, de manera que puedan utilizarlos como palanca que les ayudará a derribar el edificio de su dadhana ya construido, y empujarlo fuera del sendero agitando ante él la expectativa irreal de amenazas y advertencias, en su mayoría imaginarias. Debe ser autoequilibrado bajo todo género de circunstancias por más serios que puedan ser sus impactos exteriores.
He aquí algunas palabras de Sri Aurobindo y de la Madre insistiendo en lo indispensable de la virtud de la audacia en la vida del sadhaka:
(1) “Si deseas hacer yoga, debes despojarte del miedo”.
(2) “La primera condición de progreso en la sadhana es no tener miedo, tener confianza y mantener la tranquilidad”.
(3) “El miedo es lo primero que debes rechazar…”.
(4) “Es indispensable alejar el miedo y tener confianza en la acción divina”
(5) “El yogui debe ser audaz, abhi; es absurdo tener miedo ya que uno puede controlar sus estados; éste es un poder muy deseado y muy bien recibido en el yoga”.
Ahora un extracto de la Madre relacionado con el mismo asunto: “Ninguna protección, ninguna gracia puede salvar a aquéllos que rehúsan la purificación indispensable. Y yo añadiría: ese miedo es una impureza, una de las impurezas más grandes, una de aquellas que vienen más directamente de las fuerzas antidivinas que desean destruir la acción divina sobre la tierra; y el primer deber de aquellos que realmente quieren hacer yoga es eliminar de su consciencia, con todas sus fuerzas, con toda sinceridad, con toda la resistencia de que son capaces, incluso la sombra de un temor. Para caminar sobre el sendero uno debe ser intrépido y nunca consentir ese mezquino, insignificante, débil, y feo retroceder sobre uno mismo, que es el miedo”.
Tras el coraje audaz, que debe ser claramente distinguido de un espíritu temerario altivo, llegan las virtudes de la paciencia y de la persistencia, que se yerguen casi en los polos opuestos, pero que son igualmente indispensables para proseguir suavemente con la sadhana. Nos proponemos decir unas palabras acerca de estas humildes virtudes.
8. Paciencia y persistencia
Se dice que Roma no fue construida en un día; la meta del yoga integral tampoco puede ser alcanzada en un corto espacio de tiempo. Cada sadhaka de este sendero debe tener muy claro desde el comienzo exactamente que un espíritu de impaciencia, y la construcción de la vida espiritual, son absolutamente incompatibles. Si uno recorre el camino con la vana esperanza de que conquistará la fortaleza en un día, y de que alcanzará su realización en un tiempo relativamente breve, se verá muy pronto enfrentado al destino de un desventurado pájaro al que le gustaría volar a través de los cielos con sus alas cortadas.
No debemos olvidar nunca que el yoga integral apunta a la total transformación de nuestro ser y de nuestra naturaleza en todas sus partes sin dejar ningún rincón sin tocar. Realmente esto no puede llevarse a cabo en un día. Debemos mantener el fuego de nuestra tapasya ardiendo brillantemente durante muchos años para lograrlo; debemos luchar contra la misma dificultad y debilidad de nuestra naturaleza una y otra vez. Y a causa de este fenómeno tan conocido en el sadhana, Sri Aurobindo nos ha recordado: “La paciencia es nuestra primera gran lección necesaria…una paciencia llena de calma y de fortaleza concentrada”. También ha dicho: “Quienes esperan violentamente, desaparecen rápidamente: ni esperar ni temer, sino estar seguro del propósito de Dios y de su voluntad para lograrlo”.
El sadhaka del yoga integral debe tener muy en cuenta las siguientes palabras de Sri Aurobindo: “El recorrido del yoga es largo; cada centímetro de tierra debe ser ganado con gran resistencia, y ninguna cualidad es tan necesaria para el sadhaka como la paciencia y una decidida perseverancia, con una fe que permanezca firme a través de todas las dificultades, retrasos y aparentes fracasos”.
9. Ausencia de codicia y de deseos
La consciencia espiritual casi puede ser definida como un estado de desinterés perfecto. Y donde no hay ego, con su inevitable sentimiento de privación y sus carencias de millones de cosas, no puede haber ningún deseo. Y donde no existe ningún deseo, no puede haber ningún apego. El ego, el deseo y el apego son los tres principales distintivos de una vida de ignorancia. Y esto es el sufrimiento de nuestro incorregible estado actual. La sadhana no significa nada más que un esfuerzo deliberado y consciente por parte del individuo para escapar de esta casa-prisión de ignorancia y nacer de nuevo en la libertad del espíritu.
Y si esto es así, el programa básico de la sadhana para un sadhaka del yoga integral es siempre desanimar cualquier manifestación del ego y del deseo por muy insignificante e inocua que pueda ser. No debe intentar hacer ninguna discriminación entre deseos grandes y deseos pequeños, deseos nobles y deseos innobles, deseos espirituales y deseos mundanos, pues si no caería seguramente en la peligrosa trampa tendida por el adversario. Los deseos son deseos, igualmente perjudiciales para el bienestar espiritual del sadhaka. Debe tener una aspiración ardiente e incesante; pero a los deseos malos llegarán también. Hay un lugar para la voluntad y la aspiración, no para el deseo. Si existe el deseo, también habrá apego, exigencia, ansia, falta de ecuanimidad, pesar por no recibir; todo esto en es yóguico”.
Otra cosa a tener en cuenta: Un sadhaka digno del nombre debe abstenerse siempre de sondear y emitir juicios sobre cuánto ha recibido en la vida y de cuánto carece, o en qué aspectos sus logros son inferiores a los de los demás. De otro modo, la paz y la satisfacción le abandonarán completamente, y un sofocante sentimiento de injusticia y de privación roerán en todo momento su corazón.
No, debemos ser plenamente indiferentes a todas las carencias, inconveniencias e incomodidades personales manipuladas de forma egoísta. En cambio, hemos de aprender a estar contentos con cualquier cosa que nos llegue por designio divino, o por muy insignificante que sea. Debemos hacer un esfuerzo sincero para adaptarnos a la descripción que Sri Aurobindo dio de un sadhaka ideal:
El sadhaka liberado del yoga integral “no tiene ilusiones personales, no se aferra a las cosas como posesiones personales suyas, recibe lo que la Voluntad divina le trae, no codicia nada, no es celoso de nada, lo que le viene lo acepta sin repulsa y sin apego; permite que lo que salga de él, se reintegre al torbellino de las cosas, sin quejarse, sin pena ni sentimiento de pérdida. Su corazón y su yo se hallan bajo un control perfecto, están libres de la reacción y de la pasión, no responden de forma turbulenta a los contactos de las cosas externas”. (Ensayo Sobre la Gita)
10. Rechazo de la indolencia y de la dilación
Si un sadhaka no quiere limitar su sadhana a un simple conocimiento de libro, o a satisfacer superficialmente algunas convicciones intelectuales, o al “fervor” religioso; si está decidido a avanzar verdaderamente hacia la realización de su meta espiritual, debe despojar su carácter de los defectos gemelos de la indolencia y la dilación. Siempre, en cualquier ocasión, debe sentir sinceramente que tiene ante él un deber espiritual e intentar cumplirlo inmediatamente sin buscar relegarlo a un tiempo posterior. Del mismo modo, si alguna vez llega a darse cuenta de que tiene que superar una debilidad particular, debe hacerlo sin retraso alguno; de ninguna manera, bajo ninguna excusa, permitirá que ese defecto continúe ni por un corto período de tiempo. Siempre debe seguir las instrucciones de la Madre: “Debes darte prisa para hacer tu trabajo aquí y ahora…Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Porque sino el sadhaka comprobará, consternado, que al final de su vida su sadhana ha quedado reducida a la nada. La Madre advierte que “El sendero de para-más-tarde, o el camino de para-mañana conduce solamente al castillo de nada-de nada”. El destino de estos sadhakas dilatorios será, en palabras de la Madre: “…las horas, las circunstancias, la vida, pasan en vano, sin aportar nada, y te despiertas de tu somnolencia en un agujero del que es muy difícil escapar”.
Así pues, cada sadhaka del yoga integral debe decidir, exactamente desde el primer día de su sadhana, que pondrá en práctica en la vida, de forma resuelta y concienzuda, el siguiente consejo de la Madre: “Mientras caminas por el sendero del progreso espiritual, siempre que vayas a enfrentarte a una debilidad –una debilidad que está buscando autoexpresarse a través de tu pensamiento, sentimiento, lenguaje o acción-, inmediatamente adoptas la resolución de no consentirla de ningún modo, ni una sola vez, ni incluso solamente esta vez. Porque sino, no lograrás tu objetivo”.
11. No olvidar la meta
Ahora vayamos a uno de los vicios más maliciosos que no sólo ha puesto en peligro, sino también destruido completamente la vida espiritual de muchos sadhakas. Es lo que nosotros podemos denominar un deplorable estado de “autoolvido”, de olvido total de la propia meta.
No es que el sadhaka pierda teóricamente la visión de la meta espiritual. El recuerda absolutamente la naturaleza precisa de esta meta que situó ante sí mismo cuando pisó por primera vez el sendero espiritual. Continúa teniendo una clara concepción intelectual sobre lo que se espera que haga como sadhaka. Puede incluso hablar elocuentemente a los demás sobre las responsabilidades de un sadhaka sincero. Pero la tragedia es que, por lo que a él corresponde, descuida en la práctica lo que cree en teoría. Y, ¡todo el mundo lo sabe! Que sin una práctica seria y asidua la sadhana no es sadhana en absoluto. ¿No nos ha recordado la Madre con toda claridad? “Un poco de práctica es mejor que un océano de teorías, consejos y buenas resoluciones”.
Pero ¿por qué olvidan muchos sadhakas su verdadera meta en la vida después de cierto lapso de tiempo? La razón es la imperfección básica de la naturaleza humana actual. La Madre ha analizado lúcidamente la situación en su comentario sobre los Thoughts and Aphorisms de Sri Aurobindo. El contenido del siguiente párrafo procede de este comentario:
“Muchos llegan al sendero atraídos por lo verdadero, pero tras algún tiempo lo abandonan. Cuando todo es fácil y tranquilo, uno se queda dormido. La naturaleza humana es aún tan vasta que para muchos es difícil preservar la actitud interior libre de mezclas durante mucho tiempo y mantenerse firme en su posición original de aspirante ardoroso. Casi inmediatamente, la pereza toma el lugar de esta aspiración- no en todos los casos, sino en general- y la actitud licenciosa y el libertinaje se aposentan en el lugar de la libertad verdadera. No existe ninguna moral que limite, así que uno actúa estúpidamente. Parece que es casi imposible para muchos aspirantes lograr que perdure su primera aspiración”.
Estas son las consecuencias letales de dejarse llevar, por eso el sadhaka del yoga integral debe armarse, desde el comienzo, con un talismán de seguridad que puede llamarse “vigilancia constante”. Pero ¿en qué consiste esta virtud de vigilancia que puede actuar como una salvaguarda en el sendero? En palabras de la Madre: “Vigilancia significa estar despierto, estar en guardia, ser sincero, nunca ser tomado por sorpresa. Cuando necesites hacer sadhana, en cada momento de tu vida, hay una elección entre dar un paso que conduzca a la meta, y caer dormido; o incluso algunas veces ir hacia atrás, diciéndote, “!Oh!, para más tarde, ahora no”, y quedarte sentado en el camino”.
Por consiguiente es absolutamente esencial que cada sadhaka del yoga integral permanezca siempre “vigilante” y reaccione efectivamente contra cualquier tendencia a la somnolencia y al extravío. De lo contrario, puede fácilmente ser víctima de tres tipos de tragedia en el sendero, que son:
A. Puede ralentizar su esfuerzo espiritual y quedar completamente satisfecho con llevar una vida mundana ordinaria, teniendo cuidado, por supuesto, en revestirla exteriormente con un envoltorio religioso-espiritual convencional.
B. Puede desviarse y, tras olvidarse de su meta verdadera, que es alcanzar la unión con la consciencia divina, puede concentrar sus esfuerzos en algunas realizaciones secundarias inconscientes, tales como (a) ser un gran erudito “espiritual”, o (b) un exponente efectivo de la doctrina de la sadhana, o (c) un predicador exitoso del sendero, o (d) convertirse en un “gurú” en miniatura, etc. Etc.
C. La tragedia más seria de todas las que pueden afligir al sadhaka olvidadizo es abandonar completamente la vida de espiritualidad, declarándola como un sueño utópico, y caer en la vieja rutina de siempre.
Las tres posibles tragedias (A), (B) y (C) mencionadas más arriba son una importante amenaza para cualquier sadhaka que se relaje y, de paso, se olvide de la meta. Para que no podamos ser víctimas de tal peligro, deberíamos aprendernos de memoria la siguiente admonición de Sri Aurobindo: “…si deseamos aprovechar al máximo la oportunidad que esta vida nos ofrece, si queremos responder adecuadamente a la llamada que hemos recibido y alcanzar la meta que hemos vislumbrado, y no simplemente avanzar un poco hacia ella, es esencial que haya una entrega completa. El secreto del éxito en el yoga es considerarlo, no como una de las metas a alcanzar en la vida, sino como la totalidad de la vida”. (La Síntesis del Yoga)
Llegamos al final de nuestro estudio sobre las virtudes espirituales básicas que un sadhaka debe desarrollar y poner en acción en cada paso de su camino si quiere avanzar sin que las tormentas y tensiones le amenacen continuamente.
No es que no vaya a asaltarle ningún peligro o dificultad durante el desarrollo de su sadhana. No puede esperar un camino de rosas; ningún sadhaka debería esperarlo. Porque la verdadera naturaleza del mundo y nuestro actual modo de vida están moldeados a partir de la ignorancia, que le impedirá esa feliz expectativa.
Pero lo importante para nosotros es que, si va equipado con las nueve virtudes básicas mencionadas, el enfrentarse a todos los rigores y dificultades inevitables con un rostro sonriente y un espíritu de aventura. Y cuando existe un celo por progresar y una alegría interior en el corazón del sadhaka ¿qué importa incluso si algunas dificultades ocasionales atraviesan su sendero espiritual? Porque en tal situación todos los pesares y sufrimientos exteriores, peligros y desastres, no pueden sino perder el veneno de su picadura.
(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)