sábado, 24 de abril de 2010

temas 12 y más



TEMA 12: « ACERCA DE LA MEDITACION »

Y de nuevo se plantea la cuestión. ¡Cuánto se ha escrito sobre la teoría y la práctica de la meditación! Cuántas clases de meditación han sido expuestas para resultados inmediatos…Pero no parecen haber ayudado mucho a los presupuestos entusiastas. Casi a diario alguien se presenta para preguntar cómo meditar. Y hay una gran cantidad de personas que preguntan por algo tan ambiguo como, qué es la meditación. El otro día un visitante inteligente mencionó que un amigo suyo había dedicado años a la práctica de la meditación y sin embargo no había conseguido nada. ¿Existe alguna ayuda para esas personas frustradas?

La dificultad para contestar tales cuestiones es que la mayoría tienen ideas preconcebidas sobre lo que es la meditación, o lo que debería ser. Piensan en términos de “cursillos”; algunos incluso en cursillos acelerados. Les toma tiempo comprender que no hay un proceso de meditación, sino cientos. El sistema de meditación indicado para ti, depende de la finalidad que persigas. Aunque desde luego hay ciertos aspectos que son comunes a todos.



Para empezar, sentarse simplemente con los ojos entornados no es meditación. Te sientas en esta postura y dejas que las cosas ocurran. Los pensamientos se precipitan, dan vueltas porque la mente no tiene otra cosa en qué ocuparse. Puedes estar sentado durante horas, pero no es probable que nada vaya a ocurrir. Tienes que tener un objetivo. Por ejemplo: Paz, Silencio, Dios, Shiva o Krishna, tu Maestro o cualquier tema de tu predilección. Es fácil empezar con este enfoque. Pero muy pronto pensamientos confusos y perturbadores parecen interferir y sales por la tangente…Necesitas regresar a tu centro. Esto requiere práctica. Debes poner en práctica el sentarte a meditar a horas regulares. En lugar de sentarte varias horas a la vez, es aconsejable hacerlo por breves periodos de tiempo varias veces al día. Esto ayuda a acostumbrar al organismo a la práctica de la meditación. Sri Aurobindo dice que más horas de meditación no implican más progreso. Lo importante es lo que sucede durante las sesiones de meditación. ¿Es lo que la Madre llama una meditación estancada o es una meditación dinámica?

Meditación estancada es en la que dejas que las cosas sucedan. Lo que es preponderante en tu naturaleza, en esos momentos se apodera de ti y te domina. Estás pasivo. Si quieres obtener algún provecho, la meditación ha de ser activa. Debes estar atento para rechazar movimientos irrelevantes y promover los que sustentan tu aspiración. Ahora bien, el objetivo de una meditación sincera es alejarte de la barahúnda de la vida diaria y entrar en un estado de consciencia que te aleje de las presiones de la naturaleza –por lo menos de momento- y te confiera sosiego y receptividad para que pueda establecerse la paz y la calma en tu ser. Aprenderás a sintonizarte con una consciencia más elevada y profunda. Cada sesión te ayudará a forjar esta unión una y otra vez, hasta que se vuelva natural.

Al principio tal vez te duermas. Es normal. Porque cuando el cuerpo no está en movimiento y los sentidos están desconectados de sus objetivos exteriores, la primera reacción es caer en la inercia, dormir. Pero esto es solo temporal. Incluso cuando el estado de sueño ocupa la superficie del ser, alguna actividad está en movimiento interiormente. Este sueño no es el mismo que el sueño nocturno en la cama.
En conexión con esto la postura resulta importante. Es aconsejable sentarse erecto: el pecho, el cuello y la cabeza deben estar en línea recta. Esto garantiza la rectitud de la columna vertebral y en consecuencia la libre circulación de energías en el cuerpo. Si la postura es incorrecta o inclinada, hay una evidente obstrucción. Está por demás indicar que la posición horizontal es totalmente inadecuada porque invita al sueño.
Puede suceder, en algunos casos, que cuando uno se va interiorizando, el cuerpo adopte posturas involuntarias. Puede empezar a temblar o a balancearse. Esto indica una cierta falta de equilibrio en el organismo; el cuerpo es incapaz de resistir y mantener el flujo de energías y trata de ajustarse con tales movimientos. Mientras estos movimientos –algunos sumamente torpes- son encomiados como signos de actividad yóguica en algunas escuelas, no son aconsejables en el Purna Yoga (Yoga Integral).Todo movimiento inconsciente debe detenerse y mantenerlo bajo control. Algunas de las asanas del Hatha Yoga ayudan a estabilizar el cuerpo y desarrollan la resistencia del organismo ante las irrupciones de Fuerza que tienen lugar en el Yoga.

Hablamos de meditación activa, entendiendo con esto una práctica que garantice el recto movimiento de la consciencia. La aspiración debe mantenerse viva. En los primeros pasos se necesita encender la llama una y otra vez. Uno de los problemas a que se enfrenta el aspirante es la invasión de pensamientos. De los varios sistemas a disposición del practicante, el mejor es el de no pelear con los pensamientos. Se deben ignorar, centrando la atención en el propósito de la meditación. Los pensamientos podrán moverse en las periferias de la mente. En ausencia de participación de la mente, se debilitan y no presentan mayores problemas.

Algunos tienden a entrar en estado de semiconsciencia. Pero hay que tener cuidado de no estancarse en ellos. Antes de empezar la meditación se debe fijar una fuerte voluntad de no dejarse arrastrar hacia la inconsciencia, y desarrollar también una aspiración creciente hacia una más alta y más profunda consciencia. Una y otra vez debemos recordarnos a nosotros mismos esta necesidad de cruzar el umbral.
Es muy desconcertante que uno se encuentre ultra sensitivo a los impactos externos durante los ejercicios de meditación. Se puede estar en un agradable estado de paz durante la meditación, pero saliendo de ella la más ligera alteración provoca una reacción desproporcionada de cólera, de enfado. Puede ser cosa de un segundo, pero el mal ya está hecho. Esto es debido a la falta de armonía entre la parte que participa en la meditación y el vital que está normalmente dejado de lado. Se resiente de estar pospuesto y arma un alboroto a la primera oportunidad. Es por consiguiente aconsejable tener un extraordinario cuidado después de la meditación para no caer en manos de elementos negativos. De paso hemos de advertir que esta precaución es necesaria cuando se produce cualquier clase de progreso espiritual. Las fuerzas de la naturaleza están al acecho para hundirte en el momento que te sientes satisfecho de tu progreso y realización.
Naturalmente, lo primero que hay que hacer es recogerse interiormente. En general, se está tan disperso en pensamientos, sentimientos e impulsos que se necesita un cierto esfuerzo para desconectar todo nuestro ser de ese influjo exterior. Pero, ¿dónde podemos replegarnos? Existen dos centros –o tres- que pueden sugerirse. Uno de estos centros puede ser la región del corazón Anahata Chakra. O bien el centro situado entre las cejas Ajna Chakra. O, también, encima de la cabeza Sahasrara Chakra, o detrás de ella. Gradualmente uno va restringiendo las áreas de percepción y se recoge en cualquiera de estos centros. ¿Cómo decidir cuál escoger? En general, la propia naturaleza te indica el lugar más apropiado. Uno se inclina naturalmente hacia el centro que la propia naturaleza le ha dispuesto. No es fácil apartarse de todas las preocupaciones por este sistema. Invertir la tendencia de la propia naturaleza es una tarea que reclama una gran fuerza de voluntad. Unas cuantas respiraciones profundas pueden ser muy eficaces en esta etapa para sosegar los múltiples movimientos de la naturaleza y controlar la mente. No hablamos aquí de Pranayama, que es una ciencia en sí mismo, aplicable a otros propósitos. Haced una respiración más lenta, observadla y descubriréis cómo os vais sosegando. Es fácil entonces situarse de un modo estable en el centro escogido.
Las facultades así recogidas necesitan un foco, o punto en el que concentrarse, para estabilizarse. Aquí comienza la etapa de la concentración, que tan a menudo se confunde con la meditación. En la concentración, fijas tu atención en algo. Puede ser una imagen, una llama, o una efigie de la Deidad (lo que te hayan indicado), o de tu Gurú; puede ser un sonido, un mantra dado por el Gurú. O puede ser también una Idea; por ejemplo: Dios como Amor, como Belleza, como Paz, como Shakti, etc. Debes detenerte, concentrarte fijamente en ello. Aunque el fluir de los pensamientos te distraiga, debes retornar inmediatamente a tu tema de concentración cada vez que te das cuenta de ello. Se sobreentiende que esta clase de concentración no puede ser una operación prolongada. Es menester dejar que la consciencia fluya por el tema elegido, que se introduzca en él y lo desarrolle de diversos modos. Ese proceso de introducirse y de fluir de la consciencia en un movimiento centralizado en un objetivo o tema central es lo que constituye la meditación Dhyana. Tu mente, entonces, se puede decir que fluye como el aceite en la mecha de una lámpara, de un modo estable y continuo.

Sucede algunas veces que en el transcurso de este ejercicio, cuando estás sumergido en el proceso de la meditación, todo en tu cuerpo adquiere un ritmo más lento. La circulación de la sangre, el ritmo cardíaco, el pulso, van cada vez más despacio hasta el punto en que llegas a temer el paro total. Surge incluso el temor de que pueda producirse la muerte. Es una experiencia enervante que muchos han tenido, y algunos han huido de ella con verdadero pánico. Pero es sólo una reacción nerviosa. Aunque la respiración física por su lentitud llegase a un punto de cesación, existe una respiración sutil que te mantendría con vida. El temor, pues, es injustificado. Sri Aurobindo asevera que es el miedo del ego ante la perspectiva de ser absorbido por el Infinito. Ten esto en cuenta, y podrás sonreír si ese temor se origina en ti durante la meditación.
En el curso de la sesión, puedes tener visiones. Pueden referirse a posibles acontecimientos o a configuraciones visuales de tus íntimos deseos o temores; pueden ser imágenes o colores, la mayoría de carácter simbólico. Aunque existen significados tradicionales concernientes a estas formas simbólicas, el significado exacto tiene mucho que ver con la propensión de tu naturaleza e incluso de tu entorno. No te precipites en querer interpretar estas visiones. La mayoría acontecen en el plano vital; no son necesariamente espirituales. Igualmente puedes oír diversos tipos de sonidos El Yoga-Shastra habla de diez clases de sonidos: notas de flauta, címbalos, sonidos de criquet, el rugir del mar, etc. No los sobrestimes, tampoco. En general, ambas cosas, visiones y sonidos son señales indicativas de que tus sentidos sutiles se han abierto y se han tornado activos en los planos sutiles de tu ser. Percibe todo esto con espíritu desapegado. Si los sonidos persisten, incluso en otras horas, cuando estás ocupado en otros asuntos, ignóralos. Todo volverá a normalizarse al cabo de un cierto tiempo.
Lee cuidadosamente lo que ha dicho Sri Aurobindo sobre lo que él llama la Zona Intermedia, donde se presentan brillantes experiencias que captan tu atención. Generalmente se dirigen a tu ego e intentan desviarte de tu objetivo. Por supuesto, no todos deben pasar por esa Zona. No todos tienen las visiones, o las experiencias de sonidos que acabamos de señalar. Mas, por esa razón no pienses que no estás progresando en la sadhana. Lo que realmente importa es el crecimiento de la consciencia, no el tener o no tener esas experiencias.
Y el crecimiento de la consciencia espiritual se deja sentir de una manera inconfundible. Dejas de estar inquieto; hay más calma y serenidad en tu persona. No te contrarías fácilmente por lo que pueda suceder; hay un desasimiento creciente, una mayor ecuanimidad. Desarrollas una confianza inquebrantable en la Gracia Divina, desaparece el miedo. Podrás comprobar fácilmente si hay o no hay progreso en ti a través de tus propias reacciones y respuestas a los aconteceres de la vida diaria.
La Meditación sus fundamentos y su proceso de M.P.Pandit
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TEMA 13: ♦ LOS PELIGROS DE LA ZONA INTERMEDIA ♦

Todas estas experiencias son de la misma naturaleza, y lo que se dice de una puede aplicarse a otra. Aparte de algunas experiencias de un carácter personal, el resto son, o bien ideas-verdad, como las que desde ámbitos superiores invaden la consciencia cuando se establece contacto con ciertos planos del ser, o poderosas formaciones (Estructuras dinámicas de carácter oculto que ejercen una influencia y una acción efectivos en el universo físico donde vivimos -Nota del Editor) de los mundos mentales y vitales más vastos, que irrumpen y quieren utilizar al sadhaka para su provecho, cuando se está abierto directamente a estos mundos. Estas cosas, cuando nos invaden o se introducen en nosotros, se presentan con una gran fuerza, con una vívida percepción de inspiración o de iluminación, con una intensa sensación de luz y de gozo, con una impresión de expansión y de poder. El sadhaka se siente liberado de sus límites normales, proyectados a un nuevo mundo de experiencias maravillosas, pletórico, engrandecido, elevado; lo que se presenta ante él, está, además, en consonancia con sus aspiraciones, con sus ambiciones, con sus nociones de la realización espiritual y de la perfección yóguica; estas experiencias llegan, incluso, a adoptar la apariencia de ser, ellas mismas, esa realización y esa perfección. Es muyfácil que el sadhaka sea arrastrado por este esplendor y este ímpetu, y que crea que ha realizado más de lo que verdaderamente ha hecho, que ha llegado a algo final o, por lo menos, a algo soberanamente verdadero. En esta etapa el sadhaka carece, generalmente, del conocimiento y de la experiencia necesarios para comprender que todo esto no es más que un comienzo muy incierto y mezclado; no puede darse cuenta de que todavía está en la Ignorancia cósmica, de que no ha llegado aún a la Verdad cósmica, ni, mucho menos, a la Verdad Trascendental, y que, cualquiera que sean las ideas-verdades formativas o dinámicas que puedan haber descendido hasta él, son sólo parciales, y, por añadidura, disminuidas por llegar hasta él, a través de una consciencia todavía mezclada. Es posible, asimismo, que no se dé cuenta de que, si se lanza a aplicar lo que experimenta o recibe como si fuera algo definitivo, puede suceder, o bien que caiga en la confusión y en el error, o que se encierre en una formación parcial, en la que puede haber algún elemento de Verdad espiritual, pero en la que, probablemente, pesen más las construcciones mentales y vitales más dudosas, que la deformarían por completo. Sólo cuando adquiere la facultad de disociarse de sus experiencias (bien sea en seguida o después de algún tiempo), de situarse por encima de ellas con la desapasionada consciencia-testigo de observar su verdadera naturaleza, sus limitaciones, su composición, y sus mezcolanzas, puede proseguir su andadura hacia una libertad verdadera, y una perfección más alta, más vasta, y más auténtica. Esto hay que efectuarlo una y otra vez. Porque, sea lo que fuere, lo que se presente de este modo al sadhaka de este yoga, tanto si procede de la Sobremente o de la Intuición o de la Mente Iluminada, como de un plano Vital elevado, o de todos estos conjuntamente, no es una cosa definitiva y final; no es la Verdad suprema donde pueda él descansar, sino tan sólo una etapa. Pero es menester, sin embargo, pasar por estas etapas, pues la Verdad Suprema o Supramental no se puede alcanzar de un salto, o, ni siquiera, por medio de muchos saltos; hay que seguir el camino de un progreso firme, paciente, sosegado, que debe discurrir por múltiples etapas intermedias, sin circunscribirse, ni apegarse, a su Verdad, a su Luz, a su Poder, o a su Ananda, menores.
Este es, de hecho, un estado intermedio, una zona de transición entre la consciencia mental ordinaria y el verdadero conocimiento yóguico. El sadhaka puede cruzar esta zona, sin experimentar daño alguno en el transcurso de su travesía, percibiendo de inmediato, o en los comienzos de su andadura, su verdadera naturaleza, y rehusando ser detenido por sus medias-luces, y, por sus experiencias, tentadoras, pero imperfectas, y, a menudo, mezcladas y engañosas; pero, puede, asimismo, perderse en ella, seguir falsas voces y guías tortuosas, y finalizar en un desastre espiritual; o, puede, por último, instalarse en esta zona intermedia, sin interesarse por proseguir su camino, y dirigir, allí, alguna media-verdad creyendo que es la verdad absoluta, o convertirse en un instrumento de los poderes de estos planos de transición –esto es lo que acontece a muchos sadhakas y yoghis. Abrumados por el primer embate y por el sentimiento de poder propio de un estado supra-normal, les deslumbra una pequeña luz que aparece ante ellos como una tremenda iluminación, o el contacto de una fuerza que toman por la suprema expresión de la Fuerza Divina, o, por lo menos, una Fuerza (Shakti) yóguica sumamente poderosa; o bien, acogen a algún poder intermedio (que no siempre se trata de un Poder del Divino) como si fuera el Supremo, y a una consciencia intermedia como la suprema realización. Con gran celeridad, surge en ellos la idea de que han alcanzado la plenitud de la consciencia cósmica cuando en realidad, con lo que han establecido una conexión dinámica no es más que algún aspecto superficial, o una pequeña parte de ella, o con algún plano más vasto en una consciencia plenamente iluminada, cuando, de hecho, sólo la Mente, del Poder-de-vida, o del ámbito físico-sutil; o creen estar recibiendo, imperfectamente, cosas de lo alto, a través de una iluminación parcial de algún plano mental o vital; porque las cosas que descienden, son diminutas, y, con frecuencia, deformadas en el curso de la transmisión a través de estos planos; por otro lado, la mente y el vital, que son el instrumento de recepción del sadhaka, también entienden o transcriben mal, frecuentemente, lo que captan, o lo mezclan con sus propias ideas, sus sentimientos, y sus deseos, que no toman, sin embargo, como suyos, sino como una parte de la Verdad que están recibiendo, porque están mezclados con ella, imitan su forma, son iluminadas por un reflejo de su luz, y adquieren, en virtud de esta asociación y de esta luz prestada, un valor exagerado.
Hay, todavía, peligros peores en esta zona intermedia de experiencia. Porque los planos a los que el sadhaka ha abierto, ahora, su consciencia –no, simplemente, como antes, captando de ellos vislumbres y algún influjo, sino directamente, recibiendo su pleno impacto-, transmiten una multitud de ideas, de impulsos, de formaciones de todo tipo, muchas veces, totalmente opuestas entre sí, incoherentes o incompatibles, pero presentadas de un modo especial para que pasen desapercibidas sus diferencias y sus lagunas con gran fuerza, verosimilitud, y riqueza de argumentos, o con una sensación convincente de certidumbre. Ofuscado por esta sensación de certidumbre, de claridad, por esta apariencia de abundancia y de riqueza, la mente del sadhaka entra en un estado de gran confusión que toma por un orden y una organización más vastos; o bien, empieza a moverse de un lado a otro, vertiginosamente, en incesantes cambios, y alteraciones de rumbo, que él toma por un rápido progreso pero que no conducen a ninguna parte. O hay, también, el peligro opuesto, de convertirse en el instrumento de alguna formación, resplandeciente en apariencia, pero ignorante; porque estos planos intermedios están llenos de pequeñas divinidades, o poderosos daitya (seres de los planos intermedios; hijos de la división), y de seres menores, que desean crear, materializar algo o imponer una formación mental o vital en la vida terrestre, y están ansiosos por utilizar, o influenciar, o incluso poseer, el pensamiento y la voluntad del sadhaka y hacer de él un instrumento para sus fines. Esto es una cosa completamente aparte del peligro bien conocido de los seres realmente hostiles cuyo único propósito es el de crear confusión y falsedad, y corromper la sadhana, originando desastrosos errores no-espirituales. Quienquiera que permita a uno de estos seres, que, a menudo, adoptan un Nombre divino, apoderarse de él, perderá su camino en el yoga. Por otro lado, es, perfectamente posible que el sadhaka sea recibido, al entrar en esta zona, por un Poder del Divino que lo ayude y lo guíe hasta que esté a punto para cosas más grandes; pero, ni siquiera eso confiere una completa seguridad contra los errores y los obstáculos de esta zona; porque nada es más fácil para los poderes de esta zona, o para los poderes hostiles, que imitar la Voz o la Imagen rectora y engañar y descarriar al sadhaka, o para él mismo, atribuir al Divino las creaciones de su propia mente, de su vital, o de su ego.

Por rque esta zona intermedia es una región de medias-verdades; y esto en sí no tendría demasiada importancia, puesto que no existe la verdad completa en los niveles inferiores a la Supermente; (Recordamos al lector que, aquí, Sri Aurobindo se refiere a la Consciencia supramental, o Consciencia Verdad, o Consciencia Divina, la denomina en otras ocasiones, que no tiene nada que ver con la mente humana, ni, tampoco, con los planos más altos de la Mente Espiritual, situados por encima de la mente humana –como la Mente Iluminada, la Intuición o la Sobremente-; se trata de una consciencia de una naturaleza y un dinamismo completamente distintos, que posee el Conocimiento por identidad, y que posee también el Poder ilimitado de realización del Conocimiento, de modo simultáneo, inalienable automático a la emergencia de este mismo conocimiento. Nota del Editor) pero estas medias verdades son aquí, frecuentemente, tan parciales o ambiguas en su aplicación que dejan abierto un vasto ámbito para la confusión, el engaño y el error. El sadhaka cree que ya está completamente liberado de su vieja consciencia inferior, porque percibe que está en contacto con algo más grande y más poderoso; pero la vieja consciencia está, todavía allí, no ha sido verdaderamente abolida. Él siente el control o el influjo de un Poder, un Ser o una Fuerza, más grande que él, y aspira ser un instrumento, pensado que se ha desembarazado de su ego; pero esta ilusión de la eliminación del ego, encubre, a menudo, un ego desmedido.Ideas que sólo son parcialmente verdaderas, y que, por una aplicación errónea y excesivamente confiada, se convierten, muchas veces, en falsedades, se apoderan de él, y rigen su mente, alteran los movimientos de su consciencia, y abren las puertas de su ser al error.
El sadhaka es objeto de sugestiones, a menudo de carácter romántico, que gratifican el sentido de su importancia o concuerdan con sus deseos, y que él acepta sin examen previo y sin el control de un discernimiento. Incluso lo que es verdadero, es de tal modo exaltado y extendido, más allá de su auténtico grado, límite y medida, que acaba por general el error. Ésta es una zona que muchos sadhakas han de atravesar, en la que muchos vagan durante mucho tiempo, y de la que muchísimos nunca logran salir. Especialmente, si su sadhana es predominantemente mental o vital, tienen que afrontar, aquí, muchas dificultades y peligros; sólo los que siguen escrupulosamente una dirección estricta, o tienen el ser psíquico predominante sobre su naturaleza, pasan fácilmente a través de esta zona intermedia, como si fuera una ruta segura y bien señalada. Una sinceridad fundamental, y una profunda humildad, evitan, también, muchos peligros y una multitud de problemas. Se puede, entonces, pasar, raudamente, más allá de este ámbito, a una Luz más clara, donde todavía hay mucha mezcolanza, incertidumbre, y lucha, pero donde todo se orienta hacia la Verdad cósmica y no hacia una semi-iluminada prolongación de la Maya (La Ilusión cósmica) y de la Ignorancia.

He descrito en términos generales, con sus principales características y posibilidades, este estado de consciencia que se presenta tan pronto se traspasan los límites de la consciencia normal, porque es aquí donde parece que estas experiencias tengan lugar. Pero cada sadhaka se comporta en ella de modo diferente, unos reaccionan, a veces, según una cierta clase de posibilidades, y otros según otra distinta.
En este caso, parece que la entrada en este ámbito se haya producido durante una tentativa de hacer descender la consciencia cósmica o de abrir un paso para introducirse en ella –poco importa el modo de explicarlo, o si se es consciente de lo que uno está haciendo, o lo entiende en estos términos; en esencia la cosa se reduce a eso. No es en la sobremente donde ha entrado, porque es imposible alcanzar, directamente, el plano sobremental. La sobremente está ciertamente situada por encima y detrás de toda la acción de la consciencia cósmica, pero al principio sólo se puede tener un contacto indirecto con ella; las cosas que descienden de la sobremente pasan a través de niveles intermedios hasta llegar a un plano mental más vasto, al plano vital, y al plano físico sutil, y, cambian y disminuyen de tal suerte en el proceso de transmisión que finalmente no les queda nada del poder y de la verdad completos que poseen en la sobremente o en sus niveles originarios. La mayor parte de estos movimientos no proceden de la sobremente, sino de las regiones de la mente superior. Las ideas que acompañan a estas experiencias, y en las cuales parecen fundamentar su pretensión de ser la verdad, no pertenecen a la sobremente, sino a la mente superior, o a veces, a la mente iluminada; con ellas se mezclan sugestiones procedentes de la mente inferior y de las regiones vitales, y en su aplicación experimentan una considerable disminución, o son erróneamente utilizadas en muchas ocasiones. Todo esto no sería tan grave; es algo frecuente y normal, y hay que pasar por ello para llegar a una atmósfera más clara donde las cosas están mejor organizadas y asentadas sobre una base más firme. Pero, en este caso, el movimiento fue realizado con un espíritu de apresuramiento y de vehemencia excesivos, con una autovaloración y una seguridad en sí mismo exageradas, con una certidumbre prematura, contando solamente con la guía de su propia mente, o del “Divino” según lo concibe o lo percibe en un estadio en el cual el conocimiento es aún sumamente limitado. Y en un tal estadio, aunque la concepción y la experiencia que el sadhaka tiene del Divino sea, esencialmente, genuina, nunca es completa y pura; se mezcla con toda suerte de adscripciones mentales y vitales, y a la Guía divina le incorpora cosas de todo género, creyendo que forman parte de esta guía aunque procedan de fuentes que nada, tienen que ver con ella. Incluso en el supuesto de que exista una guía directa –casi siempre, en estas condiciones, el Divino se limita a actuar desde detrás del velo- es sólo ocasional, y el resto se efectúa a través de la acción de un conjunto de fuerzas; los errores, los tropiezos, y las intromisiones de la Ignorancia, tienen el campo libre, y todo esto se permite porque el sadhaka tiene que superar el examen de las fuerzas que actúan en el mundo, tiene que aprender a través de su propia experiencia, debe crecer a través de la imperfección hacia la perfección –si es capaz de ello, si quiere aprender, si quiere abrir sus ojos para ver sus propios malentendidos y sus propios errores, y aprovecharse de ellos para crecer hacia una Verdad, una Luz y un Conocimiento, más puros.
El resultado de este estado de ánimo es que se comienza a afirmar que todo lo que se presenta en esta región ambigua y llena de mezcolanzas, es la Verdad absoluta y la pura Voluntad divina; las ideas y las sugestiones, que se repiten constantemente, aparecen expresadas con un carácter categórico de auto-afirmación, como si fueran la Verdad entera e irrefutable. El sadhaka tiene la impresión de haberse tornado impersonal y liberado del ego, cuando todo el talante de la mente, su expresión y su espíritu están llenos de una vehemente auto-afirmación, justificada con la creencia incontrovertible de que piensa y actúa como un instrumento y bajo la inspiración del Divino. Por eso, expone con gran agresividad ideas que pueden se válidas para la mente, pero que no lo son para el espíritu; sin embargo, las enuncia como si fueran la verdad espiritual absoluta. Por ejemplo, la igualdad, (con este término (equality) Sri Aurobindo traduce el término sánscrito samata que abarca los conceptos de ecuanimidad, igualdad, imparcialidad, pero va mucho más allá de ellos en su significación corriente, pues designa un estado de consciencia integrado y permanente que presupone una alta realización espiritual -Nota del editor) que, de ese modo, es un simple principio mental (que difiere considerablemente de la samata yóguica) la reivindicación de una “sagrada” independencia, el negarse a aceptar a ningún guru, o la oposición que establece entre el Divino y el Divino humano, etc, etc. Todas estas ideas son posiciones que pueden ser adoptadas por la mente y el vital, y convertidas en principios que éstos tratan de imponer en la vida religiosa o, incluso, en la espiritual, pero que no son, ni pueden ser espirituales en su naturaleza. En esta situación, comienzan, también, a intervenir sugestiones procedentes del plano vital, una pululación de imaginaciones románticas, fantasiosas o ingeniosas interpretaciones ocultas, pseudo-intuiciones, pretendidas iniciaciones a las cosas del más allá, que excitan la mente o la confunden y se presentan, a menudo, de un modo adecuado para adular y potenciar el ego y el sentido de la propia importancia, pero que no están fundados en ninguna realidad espiritual u oculta verificada, de un orden verdadero. Esta región está llena de elementos de este tipo, y si se les da permiso, se agolpan en torno del sadhaka, pero si éste quiere, verdaderamente, llegar hasta el Supremo, debe limitarse, simplemente, a observarlos, y seguir adelante.
No es que en estas cosas no pueda haber nunca alguna verdad, pero por una cosa verdadera hay nueve falsas que la imitan, y sólo un experto ocultista, con la infalible sensibilidad adquirida a través de una larga experiencia, puede dirigirse a sí mismo, sin dar pasos en falso, ni perderse en el laberinto. Cabe la posibilidad de que toda la actitud, toda la acción y toda la expresión, estén hasta tal punto impregnadas de los errores de esta zona intermedia, que seguir hacia delante por esta ruta pueda significar alejarse del Divino y del yoga.

Aquí, todavía se puede elegir entre seguir la guía sumamente mezclada que se pueda obtener en medio de todas estas experiencias o aceptar la verdadera guía. Cada hombre que entra en los dominios de la experiencia yóguica es libre de seguir su propio camino; pero este yoga es un sendero que no todo el mundo puede seguir, sino, solamente, los que aceptan ir en pos de su objetivo, y seguir la ruta indicada, en la cual una dirección segura es indispensable. Es vano, para quienquiera que sea, esperar que pueda ir lejos en este sendero, y, todavía más, que pueda alcanzar la meta, contando, únicamente, con su propia Fuerza y conocimiento interiores, sin la ayuda y el influjo verdaderos. Hasta los mismos yogas tradicionales, practicados desde hace mucho tiempo, es muy difícil poderlos seguir sin la ayuda de un Guru; en este yoga, que, a medida que avanza, pasa a través de ámbitos inexplorados y de intrincadas regiones desconocidas, es completamente imposible. En cuanto al trabajo que se debe efectuar, no es un trabajo para todos los sadhakas de cualquier sendero; no es, tampoco, la obra del Divino “Impersonal”, el cual, en este sentido, no es un poder activo, pero sostiene de un modo imparcial, toda la acción del universo. Es una preparación para los que tienen que avanzar a través del complejo y difícil camino de este yoga, y para ninguno más. Todo el trabajo que se realice aquí debe efectuarse con un espíritu de aceptación, disciplina y don de sí, sin exigencias y condiciones personales, pero con una sumisión consciente y vigilante al control y a la guía. Cualquier trabajo hecho con otro espíritu, promueve un desorden, una confusión, una perturbación de la atmósfera, que nada tienen que ver con el camino espiritual. En éste, las dificultades, los errores, los obstáculos, son también frecuentes, porque en este yoga las personas tienen que ser conducidas pacientemente –dejando, a su vez, espacio a su esfuerzo personal- a través de la experiencia, hasta que salgan de la ignorancia propia de la Mente y de la Vida y lleguen a los ámbitos de un espíritu más vasto y de un conocimiento luminoso. Pero quien vaya sin guía deambulando por las regiones situadas más allá de la consciencia ordinaria corre el peligro de comprometer la base misma del yoga y de perder por completo las condiciones indispensables para la realización de su labor. El paso a través de esta zona intermedia –que no es indispensable, pues muchos pasan por caminos más estrechos, pero más seguros- es una etapa decisiva, y es probable que el resultado sea una creación muy vasta y rica; pero, para quien naufraga en ella, la recuperación es difícil y penosa, y sólo puede lograrse a través de una lucha y un esfuerzo prolongados.

El Enigma de este Mundo (Sri Aurobindo)
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TEMA 14: ~ EL VALLE DEL FALSO RESPLANDOR ~
Se siente aquí una corriente desde las fuentes directas de la Verdad que uno no encuentra tan a menudo como desearía (Sri Aurobindo se refiere aquí al escrito de una tercera persona que un discípulo le había hecho llegar para su comentario). Hay aquí una mente que puede no sólo pensar sino ver -y no ve meramente la superficie de las cosas con la que la mayor parte del pensamiento intelectual contiende una y otra vez sin llegar a término o alcanzar una solución definida y como si no hubiera nada más, sino que alcanza el núcleo. Los Tántricos tienen una frase, pa_yant_ v_k, para describir un nivel de la Vak-Shakti, la Palabra que ve; aquí se da pa_yant_ buddhi, una inteligencia que ve. Puede ser porque el vidente interior ha ido más allá del pensamiento, a la experiencia, pero hay muchos que tienen una considerable riqueza de experiencia sin habérseles clarificado el ojo de su pensamiento en esa misma medida: el alma siente, pero la mente continúa con transcripciones mixtas e imperfectas, errores y confusiones en la idea. En esta naturaleza debía de existir ya, preparado, el don de la visión correcta.
Es un logro el haberse librado tan rápida y decisivamente de las trémulas nieblas y confusiones que el moderno intelectualismo toma por la Luz de la Verdad. La mente moderna ha vagado tan larga y persistentemente -y nosotros con ella- por el Valle del Falso Resplandor que no es fácil para nadie dispersar sus nieblas con la luz de la clara visión tan pronto y tan enteramente como se ha hecho aquí. Todo lo que se dice aquí acerca del moderno humanismo y humanitarismo, los vanos esfuerzos del idealista sentimental y del intelectual inefectivo, acerca del eclecticismo sintético y de otras cosas semejantes es admirablemente inteligente, da en el blanco. No a través de estos medios puede la humanidad conseguir el cambio radical de sus formas de vida, que se está volviendo ya imperativo, sino sólo alcanzando la piedra angular de la Realidad tras el velo; no a través de meras ideas y formaciones mentales, sino mediante un cambio de consciencia, una conversión interior y espiritual. Pero es ésta una verdad que sería difícil llegar a oírla en medio del barullo actual de clamores y confusiones y catástrofes.
Una distinción, la distinción muy inteligentemente realizada aquí, entre el plano del proceso fenoménico, de la Prakriti exteriorizada, y el plano de la Realidad Divina, figura entre las primeras palabras de la sabiduría interior. La perspectiva desde la que se la analiza en estas páginas no constituye meramente una explicación ingeniosa: expresa muy sabiamente una de las claras certezas que hallas cuando cruzas la frontera y contemplas el mundo exterior desde el territorio de la experiencia espiritual interna. Cuanto más vas hacia adentro o hacia arriba, más cambia la visión de las cosas, y el conocimiento externo que la Ciencia organiza ocupa su verdadero y muy limitado lugar. La Ciencia, como la mayoría de conocimiento mental y exterior, proporciona solamente la verdad del proceso. Añadiría que no puede darte ni siquiera toda la verdad del proceso: porque alcanzas algunos de los ponderables, pero pierdes todos los importantísimos imponderables; no desentrañas sino las condiciones bajo las cuales ocurren las cosas en la Naturaleza, difícilmente el cómo. Tras todos los triunfos y maravillas de la Ciencia, el principio explicativo, la base lógica, el significado del todo, queda tan obscuro, tan misterioso e incluso más misterioso que antes. El esquema que ha construido a propósito de la evolución, de no sólo todo este rico y vasto y diverso mundo material, sino de la vida y la consciencia y la mente y sus obras, a partir de una burda masa de electrones, idénticos y sólo con variaciones en su número y disposición, constituye una magia irracional más equívoca que la que pudiese concebir la más mística de las imaginaciones. La Ciencia, al final, nos sitúa ante una paradoja fáctica, un accidente organizado y rígidamente determinado, una imposibilidad que de algún modo ha ocurrido: nos ha mostrado una nueva Maya, una Maya material, aghatana-ghatana-pat_yas_, muy hábil en su capacidad de producir lo imposible, un milagro que lógicamente no puede ser y que, sin embargo, de algún modo es real, se halla irresistiblemente organizado, pero es irracional e inexplicable. Y esto ocurre evidentemente porque la Ciencia se ha dejado algo esencial: ha visto y escrutado lo que ha ocurrido y en cierto modo cómo ha ocurrido, pero ha cerrado sus ojos a algo que ha hecho este imposible posible, algo que hay ahí y que debe ser expresado. No hay significación fundamental en las cosas, si no tienes en cuenta la Realidad Divina; porque te quedas absorto ante una inmensa corteza superficial de apariencias manejables y utilizables. Es la magia del Mago lo que tratas de analizar, pero sólo cuando entras en la consciencia del Mago mismo puedes empezar a experimentar el verdadero origen, significado y círculos del Lila. Digo “empezar” porque la Realidad Divina no es tan simple como para que al primer contacto puedas conocer todo acerca de ella o reducirla a una sola fórmula: es el Infinito, y abre ante ti un conocimiento infinito respecto al cual toda la Ciencia en su conjunto no es más que una bagatela. Sin embargo, tocas lo esencial, lo eterno tras las cosas, y a la luz de Eso todo empieza a ser profundamente luminoso, íntimamente inteligible.
Ya te dije una vez lo que opino acerca de los inefectivos picoteos que ciertas mentes científicas bienintencionadas dan en la superficie o en la superficie aparente de esa Realidad espiritual que existe tras las cosas y no necesito ampliarlo. Más importante es el pronóstico de un peligro mayor que llega con el nuevo ataque del adversario, los escépticos, contra la validez de la experiencia espiritual y suprafísica: su nueva estrategia de destrucción, admitiéndola y explicándola a su modo. Esta aprensión podría estar bien fundada; pero dudo que, si estas cosas son alguna vez llamadas a análisis, la mente de la humanidad vaya a quedarse mucho tiempo satisfecha con explicaciones tan torpemente superficiales y externas, explicaciones que no explican nada. Si los defensores de la religión toman una posición poco sana, fácilmente cuestionable, al afirmar sólo la validez subjetiva de la experiencia espiritual, sus oponentes también me parecen estar rindiendo, sin saberlo, las puertas de la fortaleza materialista al consentirse examinar la experiencia espiritual y suprafísica. Su arraigo en el terreno físico, su rechazo a admitir o examinar siquiera las cosas suprafísicas era su poderosa torre de salvación; una vez abandonada, la mente humana, presionando hacia algo menos negativo, más útil y positivo, pasará sobre los cuerpos muertos de sus teorías, sobre los escombros de sus aniquiladoras explicaciones e ingeniosas etiquetas psicológicas. Otro peligro puede alzarse entonces: no una negación final de la Verdad sino la repetición, en viejas o nuevas formas, de un error pasado; por una parte, el resurgimiento de una religiosidad ciega, fanática, obscurantista y sectaria; por la otra, una caída en los pozos y cenagales de lo oculto vitalista y de lo pseudoespiritual, errores que dieron toda su fuerza al ataque materialista del pasado y a sus credos. Pero éstos son fantasmas que hallamos siempre en la línea fronteriza o en el territorio intermedio entre la obscuridad material y el perfecto Esplendor. A pesar de todo, la victoria de la Luz suprema, incluso en la obscurecida consciencia terrestre, constituye la certeza última.
El arte, la poesía, la música no son Yoga, no son cosas espirituales en sí mismas como no lo son la filosofía y la Ciencia. Acecha aquí otra curiosa incapacidad del moderno intelecto: su incapacidad para distinguir entre mente y espíritu, su tendencia a tomar los idealismos mentales, morales, estéticos por la espiritualidad, y sus grados inferiores por valores espirituales. Es una mera verdad el que las intuiciones mentales del metafísico o el poeta se quedan cortas, en su mayoría, respecto de la experiencia espiritual concreta; son distantes relámpagos, neblinosas reflexiones, no rayos desde el centro de Luz. No es menos verdad que, contemplado desde las cimas, no hay mucha diferencia entre las altas eminencias mentales y las modestas ascensiones de esta existencia externa. Todas las energías del Lila son iguales para la visión que contempla desde arriba, todas son disfraces del Divino. Pero uno tiene que añadir que todo puede convertirse en un primer paso en el camino hacia la realización del Divino. Una afirmación filosófica acerca del Atman es una fórmula mental, no conocimiento, no experiencia; sin embargo, el Divino la usa a veces como canal para el contacto: extrañamente, una barrera se desmorona en la mente, se ve algo, un cambio profundo se opera en alguna parte interior, en el terreno de la naturaleza penetra algo sereno, ecuánime, inefable. Uno está en una cumbre montañosa y vislumbra o percibe mentalmente una amplitud que lo impregna todo, una inefable Vastedad en la Naturaleza; entonces, de pronto, llega el contacto, una revelación, una corriente, lo mental se pierde a sí mismo en lo espiritual, uno experimenta la primera invasión del Infinito. O te hallas ante un templo de Kali junto a un río sagrado y ¿qué ves? -una escultura, una pieza de arquitectura llena de encanto, pero en un instante, misteriosa, inesperadamente, hay en su lugar una Presencia, un Poder, un Rostro que mira al tuyo: tu mirada interior ha contemplado a la Madre del Mundo. Contactos similares pueden llegarle a través del arte, la música, la poesía, al autor o a uno que sienta el impacto de la palabra, el significado oculto de una forma, un mensaje en el sonido que lleva en sí más, quizás, de lo que conscientemente pretendió el creador. Todas las cosas, en el Lila, pueden convertirse en ventanas abiertas a la Realidad oculta. Sin embargo, mientras uno permanece satisfecho mirando a través de ventanas, el logro es sólo preliminar: algún día deberá tomar el bordón del peregrino y comenzar el viaje hacia allí donde la Realidad se encuentra eternamente presente y manifiesta. Aun menos satisfactorio espiritualmente puede ser quedarse en las confusas reflexiones: se impone una búsqueda de la Luz que éstas tratan de imaginarse. Pero, puesto que esta Realidad y esta Luz están en nosotros mismos no menos que en alguna región superior sobre el plano mortal, en su búsqueda podemos usar muchas de las fórmulas y actividades de la vida. Así como uno ofrece una flor, una plegaria, un acto al Divino, puede ofrecer también una forma de belleza creada, una canción, un poema, una imagen, una melodía, y lograr a través de ello un contacto, una respuesta, una experiencia. Y cuando se ha penetrado en esta consciencia divina o cuando ésta crece en el propio interior, tampoco entonces queda excluida del Yoga su expresión en la vida a través de estas cosas; estas actividades creativas todavía pueden tener su lugar, aunque intrínsecamente no un lugar mayor que cualquier otra que pueda ser puesta al servicio y uso divinos. El arte, la poesía, la música, tal como son en su funcionamiento ordinario, crean valores mentales y vitales, no espirituales; pero pueden ser dirigidos hacia un fin superior y entonces, como todas las cosas que son capaces de vincular nuestra consciencia al Divino, son transmutadas y se vuelven espirituales y pueden ser admitidas como parte de la vida del Yoga. Todo adquiere nuevos valores no a partir de sí mismo, sino a partir de la consciencia que se sirve de ello. Porque hay sólo una cosa esencial, necesaria, indispensable: tornarse consciente de la Realidad Divina y vivir en ella y vivirla siempre.

EL ENIGMA DE ESTE MUNDO (Sri Aurobindo)

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TEMA 15: ~ LA EVOLUCION MAS ALLA DEL HOMBRE ~

Una nueva humanidad quiere decir, para nosotros, la aparición y el desarrollo de un tipo o raza de seres mentales cuyo principio mental, no sería ya una mente en la Ignorancia que busca el conocimiento, e incluso en su conocimiento limitada a la Ignorancia, un buscador de la Luz, pero sin ser su propietario natural, abierto a la Luz, pero no un habitante de la Luz, sin ser todavía un instrumento perfecto, consciente de la verdad y liberado de la Ignorancia. En lugar de eso, poseería ya lo que podría denominarse una mente de Luz, una mente capaz de vivir en la verdad, capaz de ser consciente-de-la-verdad y de manifestar en su vida un conocimiento no ya indirecto sino directo. Su mentalidad sería un instrumento de la Luz y no ya de la Ignorancia. En sus cumbres sería capaz de pasar a la supermente y de la nueva raza se reclutaría la raza de seres supramentales que aparecerían como los líderes de la evolución en la naturaleza terrestre. Ahora bien, incluso las manifestaciones superiores de una mente de Luz constituirían un instrumento de la supermente, una parte de ella o una proyección suya, un paso más allá de la humanidad hacia la superhumanidad del principio supramental. Sobre todo, su posesión capacitaría al ser humano para elevarse más allá de lo que resulta habitual en su pesar, su sentir y su ser actuales hasta aquellos elevados poderes de la mente que, en su auto-trascendencia, se hallan entre nuestra mentalidad y la supermente, y pueden considerarse pasos que conducen hacia un principio más grande y más luminoso. Este avance, como otros en la evolución, puede que no se alcanzase de golpe, y lo natural sería que no sucediese de ese modo, pero desde el comienzo se convertiría en algo inevitable: la presión de la supermente creando desde arriba, a partir de sí misma a la mente de Luz, supondría la certeza de su eventual presencia. Los primeros destellos de esta nueva Luz portarían en sí mismos la semilla de sus más elevados brillos; ya en sus primeros comienzos estaría implícita la certidumbre de sus poderes superiores; pues esta es la historia constante de cada emergencia evolutiva: el principio de su perfección más elevada se encuentra oculto en la involución, que precede a la evolución del principio secreto.



A través de la historia de la evolución hay dos aspectos complementarios que constituyen su acción y son necesarios para su totalidad; en la involución de la Naturaleza se halla oculto el poder secreto y el principio del ser, bajo el velo impuesto por la Naturaleza material, y en esa misma Naturaleza mora la fuerza inevitable del principio que impulsa el proceso de emergencia de sus poderes y caracteres inherentes, los rasgos esenciales que constituyen su realidad. A medida que emerge el principio evolutivo, hay también dos rasgos constantes del proceso de emergencia: hay grados por los cuales la involución asciende y manifiesta cada vez más su poder, sus posibilidades, la fuerza de la Divinidad en su interior, y hay una constante manifestación de todos los tipos y formas de su ser que constituyen las encarnaciones visibles, indicativas y eficientes de su naturaleza esencial. En el proceso evolutivo aparecen formas y actividades organizadas de la Materia, los tipos de vida y los seres vivos, los tipos de mente y los seres pensantes, las luminosidades y las grandezas del principio espiritual y los seres espirituales, cuya naturaleza, carácter y personalidad, marcan las etapas de ascenso hacia las alturas mas elevadas de la evolución y las manifestaciones más amplias de lo que es en sí mismo y ha de llegar a ser por la fuerza del tiempo y del Espíritu omni-revelador. Éste es el verdadero sentido y el auténtico impulso de lo que vemos como evolución: la multiplicación y variación de formas no es sino el modo de realizar su proceso.



Cada grado contiene la posibilidad y la certeza de los grados superiores: la emergencia de formas y poderes cada vez más desarrollados señalan hacia formas más perfectas y poderes más grandes que se encuentran más allá de ellos y cada emergencia de la consciencia y de los seres conscientes correspondientes a ella hace posible el ascenso a una consciencia más grande y un orden mayor de seres, hasta llegar a las divinidades últimas por las cuales la Naturaleza está luchando y se halla destinada a mostrar que es capaz. La Materia desarrolló sus formas organizadas hasta que llegó a ser capaz de encarnar organismos vivos; luego, la vida brotó del subconsciente de la planta hasta las formaciones animales conscientes y a través de ellas apareció la vida pensante del ser humano. La mente fundada en la vida desarrolló el intelecto, desarrolló sus tipos de conocimiento y de ignorancia, de verdad y de error hasta alcanzar la percepción y la iluminación espiritual y ahora puede contemplar, de manera tenue, como a través de un cristal, la posibilidad de la supermente y de una existencia consciente-de-la-verdad. En este inexorable ascenso, la mente de Luz es un grado, un estadio inevitable. En tanto que principio evolutivo, marcará una etapa en el ascenso humano y permitirá la evolución de un nuevo tipo de ser humano; este desarrollo debe llevar en sí mismo una gradación ascendente de sus propios poderes y tipos de una humanidad en ascenso que encarnará cada vez más el giro hacia la espiritualidad, la capacidad para la Luz, un ascenso hacia una humanidad divinizada y una vida divina.



En el nacimiento de la mente de Luz y su ascenso hacia su propio yo reconocible, su verdadero estatus y su provincia correspondiente tiene que haber, por la propia naturaleza de las cosas, tal como son, y la naturaleza misma del proceso evolutivo, tal como es actualmente, dos etapas. En la primera, podemos ver la mente de Luz recogiéndose a sí misma a partir de la Ignorancia, reuniendo sus elementos constitutivos, construyendo sus configuraciones y sus tipos, por imperfectos que sean al comienzo y empujándoles hacia la perfección hasta poder cruzar la frontera de la Ignorancia y aparecer en la Luz, en su propia Luz. En la segunda etapa, podemos verla desarrollándose en esa Luz natural más amplia, adoptando sus configuraciones y formas hasta que se une con la supermente y vive como su porción subordinada o su delegada.



En cada una de estas etapas definirá sus propios grados y manifestará el orden de sus seres que la encarnarán y le proporcionarán una vida realizada. De este modo, se edificará, en primer lugar, incluso en la Ignorancia, la posibilidad de un ascenso humano hacia un vivir divino; luego habrá, mediante la iluminación de esta mente de Luz en la realización más elevada, que puede denominarse “mentalidad gnóstica”, en una transformación del ser humano, incluso antes de que se alcance la supermente, incluso en la consciencia terrestre y en una humanidad transformada, una vida divina iluminada.



Así, sea la que sea la enorme carga de lucha y sufrimiento y oscuridad en el mundo, si tal es el resultado que nos aguarda, todo lo ocurrido hasta entonces no será considerado, por el fuerte y aventurero, un precio muy elevado por la gloria que ha de llegar. En cualquier caso, la sombra se levanta; hay una Luz Divina que se inclina sobre el mundo y no se trata sólo de un instante e incomunicable Fulgor.



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TEMA 16: ♦ EL ORIGEN Y EL REMEDIO DE LA FALSEDAD, EL ERROR, LA EQUIVOCACIÓN Y EL MAL ♦

El Señor no acepta ni el pecado ni la virtud de nadie; porque el conocimiento está velado por la Ignorancia, los hombres mortales son engañados.- Gita
Ellos viven de acuerdo con una idea del yo distinta de la realidad; engañados, apegados, expresando una falsedad, -como si por un encantamiento vieran lo falso como verdadero.-Maitri Upanishad
Ellos viven y se mueven en la Ignorancia y dan vueltas y más vueltas, golpeados y tambaleantes, como ciegos guiados por un ciego.-Mundaka Upanishad
Aquél cuya inteligencia alcanzó la Unidad, se despoja del pecado y la virtud.-Gita
Quien ha hallado la bienaventuranza del eterno ya nunca más es afligido por el pensamiento: ¿ Por qué no he hecho el bien ?¿Por qué he hecho mal?”. Quien conoce al yo, arranca de sí estas cosas.-Taittiriya Upanishad

 
Éstos son los que tienen conciencia de la gran falsedad en el mundo; crecen en la casa de la Verdad, son los fornidos e invencibles hijos de la Infinitud.-Rig Veda

El primero y el supremo son verdad; en el medio hay falsedad, pero está atrapada entre la verdad por ambos lados y extrae su ser de la verdad (la verdad de la realidad física y la verdad de la realidad espiritual y superconsciente. En las intermedias realidades subjetiva y mental que se asientan entre ellas, la falsedad puede entrar, pues coge, o bien verdad desde arriba, o bien verdad desde abajo como la sustancia a partir de la cual se construye y ambas están presionando sobre ella para volver sus erróneas construcciones a la verdad de la vida y a la verdad del espíritu).-Brihadaranyaka Upanishad

Si la ignorancia es, en su naturaleza, un auto-limitador conocimiento olvidado de la integral auto-conciencia y confinado a una exclusiva concentración en un singular campo o sobre una encubridora superficie del movimiento cósmico, según este criterio ¿qué hemos de hacer con el problema que más agudamente preocupa a la mente humana cuando se vuelve hacia el misterio de su propia existencia y de la existencia cósmica, el problema del mal? Un conocimiento limitado, sostenido por una secreta Omni-Sapiencia como un instrumento para la estructuración, dentro de las limitaciones necesarias, de un restringido orden-mundial puede admitirse como un proceso inteligible de la Conciencia y Energía universales; pero la necesidad de la falsedad y el error, la necesidad del error y el mal, o su utilidad en las obras de la omnipresente Realidad Divina, resulta menos fácilmente admisible. Y con todo, si esa Realidad es lo que hemos supuesto que es, ha de haber alguna necesidad para la aparición de estos fenómenos contrarios, alguna significación, alguna función que han de cumplir en la economía universal. Pues en el completo e inalienable auto-conocimiento del Brahman, que es necesariamente omni-conocimiento, dado que todo lo que existe es el Brahman, tales fenómenos no pueden haberse producido como una casualidad, como si interviniera un accidente, como un olvido o confusión involuntarios de la Conciencia-Fuerza del Omni-Sapiente en el cosmos ni como un inquietante contratiempo para el cual el Espíritu inmanente no estaba preparado y del cual es el prisionero que anda errante por un laberinto del que le resulta muy difícil escapar. Ni puede tratarse de un inexplicable misterio del ser, original y eterno, del cual el divino Omni-Maestro es incapaz de dar una explicación para sí ni para nosotros. Debe haber detrás de eso una significación de la Omni-Sapiencia misma, un poder de la Omni-Conciencia que permite y usa para alguna función indispensable en las actuales obras de nuestra auto-experiencia y experiencia-del-mundo. Este aspecto de la existencia es menester examinarlo ahora más de cerca, determinándolo en su origen y límites de su realidad y su lugar en la Naturaleza.



Este problema puede ser asumido desde tres puntos de vista, --su relación con el Absoluto, la Realidad suprema, su origen y lugar en las obras cósmicas, su acción y punto de sostén en el ser individual--. Es evidente que estos fenómenos contrarios no tienen raíz directa en la suprema Realidad misma, nada hay allí que tenga ese carácter; son creaciones de la Ignorancia y de la Inconciencia, no aspectos fundamentales o primarios del Ser, no originarios de la Trascendencia o del poder infinito del Espíritu Cósmico. A veces se razona que así como la Verdad y el Bien tienen sus absolutos, de igual modo la Falsedad y el Mal deben también tener sus absolutos, o, si no fuese así, entonces ambos deben pertenecer a la relatividad solamente; el Conocimiento y la Ignorancia, la Verdad y la Falsedad, el Bien y el Mal existen sólo en relación uno con otro y más allá de las dualidades aquí carecen de existencia. Pero ésta no es la verdad fundamental de la relación de estos opuestos; pues, en primer lugar, la Falsedad y el Mal son, a diferencia de la Verdad y el Bien, muy claramente, resultados de la Ignorancia y no pueden existir donde no haya Ignorancia: no pueden tener auto-existencia en el Ser Divino, no pueden ser elementos nacidos de la Naturaleza Suprema. Entonces, si el limitado Conocimiento que es la naturaleza de la Ignorancia renuncia a sus limitaciones, si la Ignorancia desaparece en el Conocimiento, el mal y la falsedad ya no pueden durar más: pues ambos son frutos de la inconciencia y de la conciencia equivocada y, si la verdadera o total conciencia está allí reemplazando a la Ignorancia, ya no tienen base alguna para su existencia. Allí por lo tanto no puede haber un absoluto de la falsedad, ni un absoluto del mal; estas cosas son un derivado del movimiento-del-mundo: las sombrías flores de la falsedad, el sufrimiento y el mal tienen su raíz en el negro suelo del Inconsciente Por otra parte, no existe tal obstáculo intrínseco para el Absoluto de la Verdad y el Bien: la relatividad de la verdad y el error, del bien y del mal, es un hecho de nuestra experiencia, pero de modo parecido es un derivado, no es un permanente factor propio de la existencia; pues sólo es cierto para las evaluaciones hechas por la conciencia humana, cierto sólo para nuestro conocimiento parcial y nuestra ignorancia parcial.



La verdad es relativa para nosotros porque nuestro conocimiento está rodeado por la ignorancia. Nuestra visión exacta se detiene ante las apariencias externas que no son la verdad completa de las cosas y, si profundizamos más, las iluminaciones a que arribamos son barruntos o inferencias o intimaciones, no una visión de realidades indudables: nuestras conclusiones son parciales, especulativas o elaboradas, nuestra afirmación de ellas, que es la expresión de nuestro contacto indirecto con la realidad, tiene la naturaleza de representaciones o figuras, de imágenes-mundanas de las percepciones del pensamiento que son, ellas mismas, imágenes, no encarnaciones de la Verdad misma, ni directamente reales ni auténticas. Estas figuras o representaciones son imperfectas y opacas, y llevan consigo su sombra de nesciencia o error; pues parecen negar o excluir otras verdades e incluso la verdad que expresan no adquiere su pleno valor: es un extremo o margen de ella que se proyecta en la forma y el resto es dejado en la invisible sombra o desfigurado o inciertamente visible. Como mucho podría decirse que ninguna afirmación mental de las cosas puede ser completamente verdad; no es Verdad encarnada, pura y desnuda, sino una figura adornada, --a menudo sólo resulta visible el adorno--. Pero esta característica no es aplicable a la verdad percibida por una acción directa de la conciencia o a la verdad del conocimiento por identidad; nuestra visión puede ser limitada pero, hasta donde se extiende, es auténtica, y la autenticidad es un primer paso hacia el absoluto: el error puede apegarse a una visión directa o idéntica de las cosas por un acrecentamiento mental, mediante una errónea o ilegitima extensión o por la mala interpretación mental, pero no entra en la sustancia. Esta auténtica o idéntica visión o experiencia de las cosas es la verdadera naturaleza del conocimiento y es auto-existente dentro del ser, aunque interpretada en nuestras mentes por una secundaria formación que es inauténtica y derivada. La ignorancia en su origen no tiene esta auto-existencia ni esta autenticidad; existe por una limitación, ausencia o suspensión de conocimiento, error por una desviación de la verdad, falsedad por una distorsión de la verdad o su contradicción y negación. Pero no puede decirse lo mismo del conocimiento que en su naturaleza misma sólo existe por una limitación, ausencia o suspensión de la ignorancia: ciertamente puede emerger en la mente humana parcialmente por un proceso de tal limitación o suspensión, por el retroceso de la oscuridad desde una parcial luz, o puede tener el aspecto de ignorancia que se vuelca hacia el conocimiento; pero de hecho, surge por un nacimiento independiente desde nuestras profundidades donde tiene una existencia innata.



Del bien y el mal puede decirse que uno existe por verdadera conciencia, el otro sobrevive sólo por equivocada conciencia: si hay una verdadera conciencia sin mezcla, sólo puede existir el bien; ya no está mezclado con el mal o formado en su presencia. Los valores humanos del bien y el mal, como los de la verdad y el error, son en verdad inciertos y relativos: lo que se sostiene en un lugar o tiempo como verdad, en otro lugar y tiempo se sostiene como error; lo que se considera bien, en otro lugar y en otros tiempos se considera mal. También descubrimos lo que llamamos malos resultados en el bien, y buenos resultados en el mal. Mas este adverso producto del bien produciendo mal se debe a la confusión y mezcla del conocimiento y la ignorancia, a la penetración de la verdadera conciencia por parte de la conciencia errónea, de modo que hay una ignorante y equivocada aplicación de nuestro bien, o se debe a la intervención de fuerzas aflictivas. En el caso opuesto del mal produciendo bien, el resultado más feliz y contradictorio se debe a la intervención de alguna conciencia y fuerza verdaderas que actúan detrás y a despecho de la errónea conciencia y la errónea voluntad o se debe a la intervención de fuerzas rectificadoras. Esta relatividad, esta mezcla es una circunstancia de la mentalidad humana y de las obras de la Fuerza Cósmica en la vida humana; no se trata de la verdad fundamental de bien y mal. Podría objetarse que el mal físico, tal como el dolor y la mayor parte del sufrimiento corporal, no depende del conocimiento y la ignorancia, de la conciencia correcta y errónea, que es inherente a la naturaleza física: pero, fundamentalmente, todo dolor y sufrimiento son el resultado de una insuficiente conciencia-fuerza en el ser superficial que lo hace incapaz de tratar correctamente con el yo y la Naturaleza o incapaz de asimilar y armonizarse con los contactos de la Energía universal; no existirían si en nosotros hubiese una presencia integral de la luminosa Conciencia y Fuerza Divina de un Ser integral. Por lo tanto, la relación de la verdad con la falsedad, del bien con el mal, no es una mutua dependencia, sino que está en la naturaleza de una contradicción como la de la luz y la sombra; la sombra depende de la luz para su existencia, pero la luz no depende, para su existencia, de la sombra. La relación entre el Absoluto y estos contrarios de algunos de sus aspectos fundamentales no es que sean aspectos fundamentales opuestos del Absoluto; la falsedad y el mal no son fundamentales, carecen de poder de infinitud o ser eterno, de auto-existencia incluso por latencia en el Auto-Existente, de autenticidad de una inherencia original.



Es sin duda un hecho que manifiesta a la vez verdad o bien, la concepción de la falsedad y el mal se torna una posibilidad; pues siempre que hay una afirmación su negación se torna concebible. Así como la manifestación de la existencia, la conciencia y el deleite hizo concebible la manifestación de la no-existencia, la inconciencia y la insensibilidad y, pues es concebible, por lo tanto lo es en un modo inevitable, pues todas las posibilidades pugnan hacia la concreción hasta que la alcanzan, de igual manera ocurre con estos contrarios de los aspectos de la Existencia Divina. Puede decirse sobre esto que estos opuestos, dado que deben ser perceptibles inmediatamente por la manifestadora Conciencia en el umbral mismo de la manifestación, pueden asumir el rango de absolutos implícitos y son inseparables de toda existencia cósmica. Pero primero debe notarse que ellos resultan posibles sólo en la manifestación cósmica; no pueden preexistir en el ser intemporal, pues son incompatibles con la unidad y bienaventuranza que son su sustancia. En el cosmos tampoco pueden llegar a ser salvo por una limitación de la verdad y el bien dentro de formas parciales y relativas y por interrupción de la unidad de la existencia y la conciencia dentro de la conciencia separativa y el ser separativo. Pues donde hay unidad y reciprocidad completa de la conciencia-fuerza incluso en la multiplicidad y diversidad, allí la verdad del auto-conocimiento y mutuo conocimiento es automática y el error de la auto-ignorancia y mutua ignorancia es imposible. De igual modo también, donde la verdad existe como un todo sobre una base de auto-consciente unidad, la falsedad no puede entrar y el mal es segregado por la exclusión de la conciencia errónea y la errónea voluntad y su dinamización de la falsedad y el error. Tan pronto entra la separación, estas cosas también pueden entrar; pero incluso esta simultaneidad no es inevitable. Si hay suficiente reciprocidad, incluso en la ausencia de un sentido activo de la unidad, y si los seres separados no incumplen o se desvían de sus normas de conocimiento limitado, la armonía y la verdad pueden aún ser soberanas y el mal no tiene puerta de acceso. No existe, por lo tanto, una auténtica extensión cósmica inevitable de la falsedad y el mal así como no existe un absoluto del mal o de la falsedad; son circunstancias o resultados que surgen sólo en una cierta etapa cuando la separatividad culmina en oposición y la ignorancia en una positiva inconciencia del conocimiento y una resultante conciencia errónea y conocimiento erróneo con su contenido de errónea voluntad, erróneo sentimiento, errónea acción y errónea reacción. La cuestión es en qué coyuntura de la manifestación cósmica entran los opuestos; pues eso puede ser en alguna etapa de la creciente involución de la conciencia en la mente y vida separativas o solo tras la inmersión en la inconciencia. Esto se resuelve en la cuestión de si la falsedad, el error, la equivocación y el mal existen originalmente en los planos mental y vital y son innatos de la mente y la vida o son sólo propios de la manifestación material pues los inflige en la mente y la vida la oscuridad que surge de la Inconciencia. Puede también cuestionarse si, en caso de existir en la mente y vida suprafísicas, serían allí originales e inevitables; pues más bien pueden haber entrado como una consecuencia o una extensión suprafísica de la manifestación material. O, si eso resulta insostenible, puede ser que surgieran como una habilitadora afirmación suprafísica en la Mente y la Vida universales, una necesidad precedente para su aparición en esa manifestación a la que pertenecen más naturalmente como un producto inevitable de la Inconciencia creadora.



Durante largo tiempo la mente humana sostuvo como un conocimiento tradicional que cuando trascendemos el plano material, se descubre que también estas cosas existen en los mundos de más allá de nosotros. En estos planos de la experiencia suprafísica hay poderes y formas de la mente y vida vitales que parecen fundamento prefísico de las discordantes, defectuosas o perversas formas o poderes de la mente-vital y de la vida que parecen ser la fundación pre-física de las formas discordantes, defectuosas o perversas y poderes de la mente-vital y de la fuerza-vital que hallamos en la existencia terrestre. Hay fuerzas, y la experiencia subliminal parece demostrar que hay seres suprafísicos corporizando aquellas fuerzas, que están apegados, en su naturaleza-raíz, a la ignorancia, a la oscuridad de la conciencia, al mal uso de la fuerza, a la perversidad del deleite, a todas las causas y consecuencias de las cosas que llamamos mal. Estos poderes, seres, o fuerzas están en actividad para imponer sus adversas construcciones sobre las criaturas terrestres; ávidas de mantener su reino en la manifestación, se oponen al incremento de la luz, la verdad y el bien y, aún más, son antagonistas del progreso del alma hacia una conciencia divina y una existencia divina. Esta es la característica existencial que vemos figurada en la tradición del conflicto entre los Poderes de la Luz y la Oscuridad, del Bien y el Mal, de la Armonía cósmica y de la Anarquía cósmica, una tradición universal en el antiguo mito y en la religión y común a todos los sistemas del conocimiento oculto.



La teoría de este conocimiento tradicional es perfectamente racional y verificable por la experiencia interior, y se impone si admitimos lo suprafísico y no nos constreñimos a la aceptación del ser material como la única realidad. Así como hay un Yo y Espíritu cósmicos que penetran y sostienen el universo y sus seres, de igual manera también hay una Fuerza cósmica que mueve todas las cosas y en esta original Fuerza cósmica dependen y actúan muchas Fuerzas cósmicas, que son sus poderes o surgen como formas de su acción universal. Cualquier cosa que se formule en el universo tiene una Fuerza o Fuerzas que la sostienen, buscan realizarla o fomentarla, descubren su fundamento en su funcionamiento, su probabilidad de éxito en su éxito, en su crecimiento y en su perseverancia, su auto-realización o su prolongación del ser en su victoria o supervivencia. Así como hay Poderes del Conocimiento o Fuerzas de la Luz, de igual manera hay Poderes de la Ignorancia y tenebrosas Fuerzas de la Oscuridad que trabajan para prolongar el reino de la Ignorancia y la Inconciencia. Así como hay Fuerzas de la Verdad, de igual manera hay Fuerzas que viven por la Falsedad y la sostienen y trabajan en pos de su victoria; así como hay poderes cuya vida está íntimamente ligada a la existencia, la idea y el impulso del Bien, de igual manera hay Fuerzas cuya vida está ligada a la existencia, la idea y el impulso del Mal. Todo ello es esta verdad de lo cósmico Invisible que estaba simbolizada en la antigua creencia de una lucha entre los poderes de la Luz y la Oscuridad, del Bien y del Mal por la posesión del mundo y el gobierno de la vida humana; --éste fue el significado de la contienda entre los Dioses Védicos y sus oponentes, hijos de la Oscuridad y la División, figurados en una tradición posterior como Titán, Gigante y Demonio, Asura, Rakshasa, Pisacha--; la misma tradición se halla en el Doble Principio Zoroastriano y la posterior oposición semítica de Dios y sus ángeles por un lado y de Satán y sus huestes por el otro, --Personalidades y Poderes invisibles que atraen al hombre hacia la Luz, la Verdad y el Bien divinos o lo tientan hacia la sujeción al principio no-divino de la Oscuridad, la Falsedad y el Mal--. El pensamiento moderno no admite otras fuerzas invisibles que aquellas reveladas o elaboradas por la Ciencia; no cree que la Naturaleza sea capaz de crear otros seres que aquellos que nos rodean en el mundo físico: hombres, bestias, pájaros, reptiles, peces, insectos, gérmenes y animalillos. Pero si hay cósmicas e invisibles fuerzas físicas en su naturaleza que actúan sobre el cuerpo de objetos inanimados, no hay razón válida de por qué no ha de haber cósmicas e invisibles fuerzas mentales y vitales en su naturaleza que actúen sobre su mente y su fuerza vital. Y si la Mente y la Vida, fuerzas impersonales, forman seres conscientes o usan personas para corporizarlas en formas físicas y en un mundo físico y pueden actuar sobre la Materia y a través de la Materia, no resulta imposible que en sus propios planos hayan de formar seres conscientes cuya sustancia más sutil sea invisible para nosotros o que hayan de ser capaces de actuar desde aquellos planos sobre los seres de la Naturaleza física. Cualquiera que sea la realidad o mítica irrealidad que podamos adscribir a las tradicionales figuras de la creencia o experiencia pasadas humanas, serían entonces representaciones de cosas que son verdaderas en principio. En ese caso, la fuente primera del bien y del mal no estaría en la vida terrestre ni en la evolución de la Inconciencia, sino en la Vida misma, su fuente sería suprafísica y bien y mal ,así como otros opuestos, se reflejarían aquí desde una mayor Naturaleza suprafísica.



Es cierto que cuando nos sumimos muy profundamente en nosotros mismos lejos de la apariencia superficial, descubrimos que la mente, el corazón y el ser sensitivo del hombre se mueven mediante fuerzas que no están bajo su control y que él puede llegar a ser un instrumento en manos de Energías de carácter cósmico sin conocer el origen de sus acciones. Es retrotrayéndose de la superficie física dentro de su ser interior y conciencia subliminal que toma conciencia directamente de ellas, y es capaz de conocer directamente y tratar con su acción sobre él. Va tomando conciencia de intervenciones que procuran guiarlo en una dirección u otra, de sugestiones e impulsos que se disfrazaron de movimientos originales de su propia mente y contra los cuales tuvo que luchar. Puede advertir que no es una criatura consciente inexplicablemente producida, en un mundo inconsciente, desde una simiente de la Materia inconsciente y desplazándose en una obscura auto-ignorancia, sino un alma corporizada a través de cuya acción la Naturaleza cósmica procura realizarse, el motivo viviente de un vasto debate entre una oscuridad de la Ignorancia de la cual emerge aquí, y una luz del Conocimiento que crece hacia arriba en pos de una culminación imprevista. Las Fuerzas que procuran moverlo, y entre ellas las Fuerzas del bien y el mal, se presentan como poderes de la Naturaleza universal; pero parecen pertenecer no sólo al universo físico, sino también a los planos de la Vida y la Mente más allá de él. Lo primero que podemos notar de importancia sobre el problema que nos preocupa es que estas Fuerzas en su acción parecen a menudo sobrepasar las medidas de la relatividad humana; son en mayor acción superhumanas, divinas, titánicas o demoníacas, pero pueden crear sus formaciones en él en grande o en pequeño, en su grandeza o en su pequeñez, pueden capturarlo y conducirlo por momentos o por períodos, pueden influir sus impulsos o sus actos o poseer su naturaleza toda. Si esa posesión tiene lugar, puede verse impulsado a un exceso de normal humanidad de bien o mal; el mal en especial tiene formas chocantes para el principio de humana mesura, que trascienden los límites de la personalidad humana, y se aproximan a lo gigantesco, a lo excesivo, a lo inconmensurable. Puede entonces cuestionarse si no es un error negar carácter absoluto al mal; pues así como hay un impulso, una aspiración, un anhelo en el hombre hacia una verdad, bien y belleza absolutos, de igual modo estos movimientos --al igual que las trascendentes intensidades alcanzables por el dolor y el sufrimiento-- parecen indicar el intento de auto-realización de un mal absoluto. Pero lo inconmensurable no es un signo de lo absoluto; pues lo absoluto no es en sí una cosa de magnitud; está más allá de la medida, no en el solo sentido de la vastedad, sino en la libertad de su ser esencial; puede manifestarse en lo infinitesimal, al igual que en el infinito. Es cierto que cuando pasamos de lo mental a lo espiritual, --y éste es un pasaje hacia lo absoluto--, una sutil amplitud, y una creciente intensidad de luz, de poder de paz y de éxtasis marcan nuestra salida de nuestras limitaciones: pero esto es al principio sólo un signo de libertad, de altura, de universalidad, todavía no de un absoluto interior de la auto-existencia que es la esencia de la materia. A este absoluto el dolor y el mal no lo pueden alcanzar; están ligados a la limitación y son derivados. Si el dolor se torna inconmensurable, se termina o concluye aquello en lo que se manifiesta, o cae en la insensibilidad o, en raras circunstancias, puede convertirse en un éxtasis de Ananda. Si el mal deviniese único e inconmensurable, destruiría el mundo o destruiría lo que lo lleva y sostiene; devolvería tanto las cosas como a sí mismo, por desintegración, a la no-existencia. Sin duda, los Poderes que sostienen la oscuridad y el mal tienden, por la magnitud de su auto-agrandamiento, a alcanzar una apariencia de infinitud, pero la inmensidad es todo lo que ellos pueden alcanzar y no la infinitud; o, a lo más, son capaces de representar su elemento como una suerte de abismal infinito conmensurado con el Inconsciente, pero es un falso infinito. La auto-existencia, en esencia o por una eterna inherencia al Auto-Existente, es la condición de lo absoluto: el error, la falsedad y el mal son poderes cósmicos, pero relativos en su naturaleza no absolutos, dado que dependen para la existencia de la perversión o contradicción de sus opuestos y no son, como la verdad y el bien, absolutos auto-existentes, aspectos inherentes del Auto-existente supremo.



Un segundo punto en cuestión emerge de la evidencia dada por la existencia suprafísica y prefísica de estos oscuros opuestos: pues eso sugiere que pueden, después de todo, ser originales principios cósmicos. Pero es de notar que su apariencia no se extiende más arriba que los inferiores planos-vitales suprafísicos; son “poderes del Príncipe del Aire”, --el aire es en el antiguo simbolismo el principio de la vida y, por lo tanto, de los mundos-medios en los que el principio vital es predominante y esencial--. Los opuestos adversos no son, entonces, poderes primarios del cosmos, sino creaciones de la Vida o de la Mente en la vida. Sus aspectos e influencias suprafísicas en la naturaleza-terrena pueden explicarse por la coexistencia de mundos de una descendente involución con mundos paralelos de una evolución ascendente, no precisamente creada por la existencia-terrestre, sino creada como un anexo para el orden-mundial descendente y un soporte preparado para las evolutivas formaciones terrestres; aquí puede aparecer el mal, no como inherente a toda la vida, sino como una posibilidad y una preformación que hace inevitable su formación en el emerger evolutivo de la conciencia desde el Inconsciente. Sin embargo esto puede ser, es como un resultado de la Inconciencia por él que podemos observar y entender mejor el origen de la falsedad, del error, de la equivocación y del mal, pues es en el retorno de la Inconciencia hacia la Conciencia que pueden verse tomando su formación y es allí que parecen ser normales e incluso inevitables.



El primer emerger del Inconsciente es la Materia, y en la Materia parecería que la falsedad y el mal no pueden existir, porque ambos son creados por una conciencia superficial dividida e ignorante y por sus reacciones. No existe tal activa organización superficial de la conciencia, ni tales reacciones en las fuerzas u objetos materiales: cualquiera que sea la secreta conciencia inmanente que pueda haber en ellos parece ser una sola, indiferenciada, muda: inertemente inherente e intrínseca a la Energía que constituye el objeto, efectiviza y mantiene la forma mediante la silente Idea oculta en ella, pues, de otro modo es auto-arrebato en la forma de la energía que la ha creado, no-comunicante, e inexpresiva. Incluso si se diferencia de acuerdo con la forma de la Materia en una correspondiente forma del auto-ser rupam rupam pratirupo babhuva, no hay organización psicológica ni sistema de acciones o reacciones conscientes. Es sólo mediante el contacto con seres conscientes que los objetos materiales ejercen poderes o influencias que pueden llamarse buenas o malas: pero ese bien o mal está determinado por la sensación de ayuda o perjuicio por parte de los seres con que se toma contacto, de beneficio o daño por parte de ellos; estos valores no pertenecen al objeto material sino a alguna Fuerza que lo usa o son creados por la conciencia que entra en contacto con él. El fuego calienta al hombre o lo quema, pero todo depende de su uso involuntario o a sabiendas; una hierba medicinal cura o un veneno mata, mas el valor del bien o del mal se pone en acción a través de quien lo emplea: ha de notarse también que un veneno tanto puede curar como matar, una medicina mata o daña al igual que cura o beneficia. El mundo de la pura Materia es neutro, irresponsable; estos valores en los que persiste el ser humano no existen en la Naturaleza material: así como una Naturaleza superior trasciende la dualidad de bien y mal, de igual modo esta Naturaleza inferior cae debajo de ella. La cuestión puede empezar a asumir un aspecto diferente si vamos detrás del conocimiento físico y aceptamos las conclusiones de una indagación oculta, --pues aquí se nos dijo que hay influencias conscientes que se apegan a los objetos y éstos pueden ser buenos o malos--; pero también puede sostenerse que esto no afecta la neutralidad del objeto, que no actúa mediante una conciencia individualizada sino sólo en la medida en que es utilizado para el bien o para el mal o para ambos juntos: la dualidad del bien y el mal no es innata del principio material, está ausente del mundo de la Materia.



La dualidad empieza con la vida consciente y emerge plenamente con el desarrollo de la mente en la vida; la mente vital, la mente del deseo y la sensación, es la creadora del sentido del mal y del hecho del mal. Es más, en la vida animal, el hecho del mal está allí, el mal del sufrimiento y el sentido del sufrimiento, el mal de la violencia y la crueldad, la lucha y la decepción, pero el sentido del mal moral está ausente; en la vida animal no hay dualidad de pecado o virtud, toda acción es neutra y permisible para la preservación de la vida y su mantenimiento y para la satisfacción de los instintos-vitales. Los valores sensorios del bien y el mal son inherentes a la forma del dolor y del placer, de la satisfacción vital y de la frustración vital, pero la idea mental y la respuesta moral de la mente a estos valores son una creación del ser humano. No se colige, como podría apresuradamente inferirse, que sean irrealidades, sólo construcciones mentales, y que el único modo verdadero de recibir las actividades de la Naturaleza sea una neutra indiferencia o una equitativa aceptación o, intelectualmente, una admisión de todo lo que pueda ella hacer como ley divina o natural en la que todo resulta imparcialmente admisible. Ése es ciertamente un solo lado de la verdad: hay una verdad infra-racional de la Vida y la Materia que es imparcial y neutra, y admite todas las cosas como hechos de la Naturaleza y útiles para la creación, preservación o destrucción de la vida, tres movimientos necesarios de la Energía universal que son conexamente indispensables y, cada cual en su sitio, de igual valor. Hay también una verdad de la separada razón que puede considerar todo lo así admitido por la Naturaleza como útil para sus procesos en la vida y la materia, y observar todo cuanto existe con inconmovible y neutra imparcialidad y aceptación: ésta es una razón filosófica y científica que testimonia y procura entender pero considera fútiles las actividades de la Energía cósmica. Hay también una verdad supra-racional que se formula en la experiencia espiritual que puede observar el juego de la posibilidad universal, aceptar todo imparcialmente como las características y consecuencias verdaderas y naturales de un mundo de ignorancia e inconciencia, o admitir todo con calma y compasión como parte de la obra divina, pero mientras espera el despertar de una conciencia y conocimiento superiores como único escape de lo que se le presente como mal, está lista con la ayuda e intervención donde verdaderamente eso resulta útil y posible. Pero, no obstante, está también esta otra verdad media de la conciencia que nos despierta a los valores del bien y el mal, y a la apreciación de su necesidad e importancia; este despertar, cualquiera que sea la sanción o la validez de sus juicios particulares, es uno de los pasos indispensables en el proceso de la Naturaleza evolutiva.



¿Pero de dónde procede, entonces, este despertar? ¿Qué es lo que en el ser humano origina y da su poder y lugar al sentido del bien y del mal? Si consideramos solamente el proceso, podemos estar de acuerdo en que es la mente vital la que hace la distinción. Su primera evaluación es sensoria e individual, --todo cuanto es agradable, útil, beneficioso para el ego-vital es bueno, todo cuanto es desagradable, maligno, injurioso o destructivo es malo--. Su evaluación siguiente es utilitaria y social: todo lo que se considera útil para la vida asociada, todo lo que reclama del individuo a fin de quedar en asociación y regular la asociación para el mejor mantenimiento, satisfacción, evolución, buen orden de la vida asociada y sus unidades, es bueno; todo cuanto tiene en la visión de la sociedad un efecto o tendencia contrarios es malo. Pero la mente pensante llega entonces con sus propias evaluaciones y pugna por descubrir desde una base intelectual, una idea de la ley o principio, racional o cósmico, una ley del Karma tal vez o un sistema ético fundado en la razón o en una base estética, emocional o hedonista. La religión trae consigo sus sanciones; hay una palabra o ley de Dios que prescribe la rectitud aunque la Naturaleza permita o estimule lo contrario, --o tal vez la Verdad y la Rectitud son ellas mismas Dios y no hay otra Divinidad--. Pero, detrás de toda esta convalidación práctica o racional del humano instinto ético hay un sentimiento que es algo más profundo: todas estas normas son demasiado estrictas y rigurosas o complejas y confusas, inciertas, sujetas a la alteración por cambio o evolución mental o vital; empero se siente que hay una más profunda verdad inmanente y algo dentro de nosotros que puede tener la intuición de esa verdad, --en otras palabras, que la sanción real es interior, espiritual y psíquica--. La designación tradicional de este testigo interior es conciencia, un poder de percepción en nosotros semi-mental, semi-intuitivo; pero éste es algo superficial, elaborado, no-confiable: hay en verdad dentro de nosotros, aunque menos fácilmente activo, más enmascarado por los elementos superficiales, un más profundo sentido espiritual, el discernimiento del alma, una innata luz dentro de nuestra naturaleza.



¿Cuál es entonces este testigo espiritual o psíquico o cuál es para él el valor del sentido del bien y del mal? Puede sostenerse que el único uso del sentido del pecado y el mal es que el ser corporizado puede tomar conciencia de la naturaleza de este mundo de inconciencia e ignorancia, despertar a un conocimiento de su mal y sufrimiento y a la naturaleza relativa de su bien y felicidad y apartarse de ello hacia lo que es absoluto. O puede que su uso espiritual consista en purificar la naturaleza mediante la persecución del bien y la negación del mal hasta que esté listo para percibir el bien supremo y apartarse del mundo en pos de Dios, o, como en la insistente ética budista, puede servir para preparar la disolución del ignorante ego-complejo y el escape de la personalidad y el sufrimiento. Pero también puede ser que este despertar sea una necesidad espiritual de la evolución misma, un paso hacia el crecimiento del ser desde la Ignorancia hasta la verdad de la unidad divina y la evolución de una conciencia divina y un ser divino. Pues mucho más que la mente o la vida que pueden volverse hacia el bien o el mal, está la personalidad-anímica, el ser psíquico, que insiste en la distinción, aunque en un mayor sentido que el de la mera diferencia moral. Es el alma en nosotros que se vuelve siempre hacia la Verdad, el Bien y la Belleza, porque es por estas cosas que crece de estatura; el resto, sus opuestos, son parte necesaria de la experiencia, pero han de decrecer con el crecimiento espiritual del ser. La fundamental entidad psíquica en nosotros tiene el deleite de la vida y toda la experiencia como parte de la progresiva manifestación del espíritu, mas el principio mismo de su deleite vital es reunir a partir de todos los contactos y sucesos su divino sentido y esencia secretos, un uso y propósito divinos de modo que, por experiencia, nuestra mente y nuestra vida crezcan desde la Inconciencia hacia una conciencia suprema, desde las divisiones de la Ignorancia hacia una conciencia y conocimiento integradores. Está allí para eso y persigue de una vida a otra su siempre-creciente tendencia e insistencia hacia arriba; el crecimiento del alma es un crecimiento desde la oscuridad hacia la luz, desde la falsedad hacia la verdad, desde el sufrimiento hacia su propio Ananda supremo y universal. La percepción anímica del bien y el mal puede no coincidir con las normas artificiales de la mente, sino que tiene un sentido más profundo, una segura discriminación entre lo que apunta a la Luz superior y lo que apunta fuera de ella. Es verdad que así como la luz inferior está debajo del bien y el mal, de igual manera la luz espiritual superior está más allá del bien y del mal; más esto no es en el sentido de admitir todas las cosas con una neutralidad imparcial o de obedecer igualmente los impulsos del bien y el mal, sino en el sentido de que interviene una ley superior del ser en la que ya no hay lugar ni utilidad para estos valores. Hay una auto-ley de la Verdad suprema que está por encima de todas las normas; hay un Bien supremo y universal, inherente, intrínseco, auto-existente, auto-consciente, auto-movido y determinado, infinitamente plástico con la pura plasticidad de la luminosa conciencia del supremo Infinito.



Entonces, si el mal y la falsedad son productos naturales de la Inconciencia, resultados automáticos de la evolución vital y mental de ella en el proceso de la Ignorancia, hemos de ver cómo surgen, de qué dependen para su existencia y cuál es el remedio o escape. En el emerger superficial de la conciencia mental y vital desde la Inconciencia ha de hallarse el proceso por el cual estos fenómenos llegan a ser. Aquí también hay dos factores determinantes, --y éstos son la causa eficiente del emerger simultáneo de la falsedad y el mal--. Primero, hay una conciencia subyacente y aún oculta y un poder del conocimiento inherente y hay también un sobreyacente estrato de lo que podría llamarse indeterminada o mal-formada materia de la conciencia vital y física; a través de este oscuro y difícil medio la mentalidad que emerge tiene que forzar su camino e imponerse en él mediante un conocimiento elaborado y no ya inherente, pues esta materia está aún llena de nesciencia, pesadamente agobiada y envuelta con la inconciencia de la Materia. Luego, el emerger tiene lugar en una separada forma de la vida que ha de afirmarse contra un principio de inanimada inercia material y un constante tironeo de esa inercia material hacia la desintegración y una recaída en la inanimada Inconciencia original. Esta separada forma-vital tiene también que afirmarse, sostenerse sólo mediante un limitado principio de asociación, contra un mundo externo que es, si no hostil a su existencia, con todo lleno de peligros y sobre los que ha de imponerse, conquistar espacio-vital, arribar a la expresión y propagación, si desea sobrevivir. El resultado de un emerger de la conciencia en estas condiciones es el crecimiento de un auto-afirmante individuo vital y físico, una construcción de la Naturaleza de la vida y la materia con un oculto individuo verdadero, psíquico o espiritual, detrás de ella, para el que la Naturaleza crea este medio eterno de expresión. En la medida en que crece la mentalidad, este individuo vital y material toma la forma más desarrollada de un constantemente auto-afirmante ego mental, vital y físico. Nuestra conciencia superficial y tipo de existencia, nuestro ser natural ha desarrollado su carácter actual bajo la compulsión de estos dos hechos iniciales y básicos del emerger evolutivo.



En su primera apariencia la conciencia tiene la apariencia de un milagro, de un poder ajeno a la Materia que se manifiesta inexplicablemente en un mundo de naturaleza inconsciente, y crece lentamente y con dificultad. El conocimiento es adquirido, creado a partir de nada, aprendido, incrementado, acumulado por una efímera criatura ignorante en la que, al nacer, está enteramente ausente o presente solamente, no como conocimiento, sino en la forma de una heredada capacidad propia de la etapa de desarrollo de esta ignorancia que aprende lentamente. Podría conjeturarse que la conciencia es sólo la Inconciencia original que registra mecánicamente los hechos de la existencia en las células cerebrales con un reflejo o respuesta en las células que automáticamente leen el registro y dictan su respuesta; el registro, reflejo y respuesta juntos constituyen lo que se presenta como conciencia. Pero esto evidentemente no es la verdad toda, pues tal concepto de la conciencia podría valer para la observación y la acción mecánica, --aunque no resulta claro cómo un registro y una respuesta inconscientes pueden tornarse una observación consciente, un sentido consciente de las cosas y sensitivo del yo--, mas no puede tenerse en cuenta de manera creíble para la ideación, imaginación, especulación, el libre juego del intelecto con su material observado. La evolución de la conciencia y el conocimiento no pueden ser consideradas para las funciones citadas, a menos que haya ya una conciencia oculta en las cosas con sus inherentes e innatos poderes emergiendo poco a poco. Además, los hechos de la vida animal y las operaciones de la mente que emerge en la vida nos imponen la conclusión de que hay, en esta conciencia oculta, un Conocimiento o poder subyacente del conocimiento que llega a la superficie por la necesidad de los contactos-vitales con el entorno.



El individual ser animal en su primera auto-afirmación consciente ha de confiar en dos fuentes de conocimiento. Así como es nesciente y desamparado, una muy pequeña porción de desinformada conciencia superficial en un mundo desconocido para él, la secreta Fuerza-Consciente envía para él, a esta superficie, el mínimo de intuición necesaria para mantener su existencia y llevar a cabo las operaciones indispensables para la vida y la supervivencia. Esta intuición no es poseída por el animal, sino que lo posee y lo mueve; es algo que manifiesta de sí en el meollo de la sustancia vital y física de la conciencia bajo la presión de una necesidad y para la ocasión necesaria: pero al mismo tiempo un resultado superficial de esta intuición acumula y toma la forma de un instinto automático que trabaja en cualquier ocasión en que a ella se recurra; este instinto pertenece a la raza y es acordado al nacer a sus miembros individuales. La intuición, cuando ocurre o recurre, es infalible; el instinto es automáticamente acertado como una regla general, pero puede equivocarse, pues falla o yerra cuando la conciencia superficial o una mal desarrollada inteligencia interfiere o si el instinto continúa actuando mecánicamente cuando, debido la modificadas circunstancias, la necesidad o las circunstancias apremiantes ya no existen. La segunda fuente del conocimiento es el contacto superficial con el mundo fuera del natural ser individual; es este contacto él que es la primera causa de una consciente sensación y percepción-sensoria y, por ende, de inteligencia. Si no hubiese una conciencia subyacente, el contacto no crearía ninguna percepción ni reacción; eso se debe a que el contacto estimula, en un sentimiento y una respuesta superficial, lo subliminal de un ser ya vitalizado por el principio-vital subconsciente y sus necesidades primarías y que busca que una conciencia superficial empiece a formarse y desarrollarse. Intrínsecamente, el emerger de una conciencia superficial por fuerza de los contactos vitales se debe al hecho de que tanto el sujeto como el objeto del contacto por la fuerza-consciente ya existen en la latencia subliminal: cuando el principio-vital está listo, suficientemente sensitivo en el sujeto, la receptora del contacto, esta conciencia subliminal, emerge en una respuesta al estímulo que empieza a constituir una mente vital o viva, la mente del animal, y entonces, en el curso de la evolución, una inteligencia pensante. La conciencia secreta se traduce en la sensación y percepción superficiales, la fuerza secreta hace lo propio en el impulso superficial.



Si esta subyacente conciencia subliminal pasase a la superficie se produciría un encuentro directo entre la conciencia del sujeto y el contenido del objeto y el resultado sería un conocimiento directo; pero esto no es posible, primero, debido al veto u obstrucción de la Inconciencia y, segundo, debido a que la intención evolutiva consiste en desarrollarse lentamente a través de una imperfecta pero creciente conciencia superficial. Por lo tanto, la secreta conciencia-fuerza ha de limitarse a traducirse imperfectamente en unas superficiales vibración y operación vitales y mentales y está forzada por la ausencia, retroceso o insuficiencia de la conciencia directa para desarrollar órganos e instintos para un conocimiento indirecto. Esta creación de un conocimiento e inteligencia externos tiene lugar en una ya preparada estructura consciente indeterminada que es la más primitiva formación sobre la superficie. Al principio, esta estructura es sólo una formación mínima de la conciencia con una vaga percepción sensoria y un impulso-de-respuesta; pero en la medida en que aparecen más organizadas formas de vida, esto crece en una mente-vital y una inteligencia vital grandemente mecánicas y automáticas al principio y contraídas sólo a necesidades prácticas, deseos e impulsos. Toda esta actividad es, en su inicio, intuitiva e instintiva; la conciencia subyacente se traduce en el substratum superficial en movimientos automáticos de la materia consciente de la vida y el cuerpo: los movimientos mentales, cuando aparecen, están envueltos en estos automatismos, se producen como una notación mental subordinada dentro de la predominante notación-sensoria vital. Pero lentamente la mente inicia su tarea de liberarse; aún trabaja para el instinto-vital, la necesidad-vital y el deseo vital, pero emergen sus propias características especiales: observación, invención, recursos, intención, ejecución de propósitos, mientras la sensación y el impulso les añaden la emoción y aportan un más sutil y fino impulso y valor afectivos a la cruda reacción vital. La mente está todavía muy envuelta en la vida y sus supremas operaciones puramente mentales no son evidentes; acepta todavía un vasto fondo de instinto y vital intuición como su sostén, y la inteligencia desarrollada, aunque creciendo siempre tal como el animal asciende en la escala-vital, es una superestructura añadida.



Cuando la inteligencia humana se suma a la base animal, esta base aún sigue presente y activa, pero cambiada en gran medida, sutilizada y elevada por la voluntad e intención conscientes; la vida automática del instinto y la intuición vital disminuyen y no pueden mantener su original proporción predominante en la auto-consciente inteligencia mental. La intuición se torna menos puramente intuitiva: aunque todavía hay una fuerte intuición vital, su carácter vital está oculto por la mentalización, y la intuición mental es con mayor frecuencia una mezcla, no el artículo puro, pues se le añade una aleación para tornarla mentalmente fluida y útil. En el animal, la conciencia superficial también puede obstruir o alterar la intuición pero, debido a que su capacidad es menor, interfiere menos con la automática, mecánica e instintiva acción de la Naturaleza: en el hombre mental, cuando la intuición surge hacia la superficie, es atrapada de inmediato antes que llegue y es traducida en términos de inteligencia-mental con una glosa o interpretación mental añadida que oculta el origen del conocimiento. El instinto es también privado de su carácter intuitivo al ser asumido y mentalizado, y mediante ese cambio se torna menos seguro, aunque más asistido, cuando no reemplazado, por el plástico poder de adaptación de las cosas y auto-adaptación propia de la inteligencia. El emerger de la mente en la vida trae un inmenso incremento del alcance y capacidad de la evolutiva conciencia-fuerza; pero también trae un inmenso incremento en el alcance y capacidad del error. Pues la mente evolutiva remolca constantemente al error como si fuese su sombra, una sombra que se desarrolla con el creciente cuerpo de la conciencia y el conocimiento.



Si en la evolución la mente superficial estuviese siempre abierta a la acción de la intuición, no sería posible la intervención del error. Pues la intuición es un hilo de luz lanzado por la supermente secreta, y la consecuencia sería una verdad-conciencia que emerge, aunque limitada, pero segura en su acción. El instinto, si ha de formarse, sería plástico para la intuición y se adaptaría libremente al cambio evolutivo y al cambio de la circunstancia interior o ambiental. La inteligencia, si ha de formarse, se supeditaría a la intuición y sería su expresión mental precisa; su brillantez tal vez se modularía para adaptarse a una acción disminuida sirviendo como una función y movimiento menores, no como ahora, que son mayores, pero eso no sería inconstante por la desviación, no caería por sus partes de siniestra oscuridad en lo falso o falible. Pero esto no podría ser, porque el aferrarse de la Inconciencia a la Materia, a la sustancia superficial, en la que la mente y la vida han de expresarse, torna a la conciencia superficial obscura y no-responsiva a la luz interior; está impelida aún más a conservar este defecto, a sustituir cada vez más sus incompletas pero mejor captadas claridades propias por las incontables intimaciones interiores, porque un rápido desarrollo de la verdad-conciencia no es la intención de la Naturaleza. Pues el método escogido por ella es una evolución lenta y difícil de la Inconciencia que se desarrolla en la Ignorancia, y de la Ignorancia que se forma en un conocimiento mixto, modificado y parcial antes que pueda estar lista para la transformación en una verdad-conciencia y verdad-conocimiento superiores. Nuestra imperfecta inteligencia mental es una etapa necesaria de transición antes que pueda ser posible esta transformación superior.



En la práctica hay dos polos del ser consciente entre los cuales trabaja el proceso evolutivo, uno, una nesciencia superficial que tiene que cambiar gradualmente en conocimiento, el otro, una secreta Conciencia-Fuerza en la que está todo poder del conocimiento y que ha de manifestarse lentamente en la nesciencia. La nesciencia superficial plena de incomprehensión e inaprehensión puede cambiar en conocimiento porque la conciencia está allí envuelta en ella; si fuese intrínsecamente una entera ausencia de conciencia, el cambio sería imposible: pero aún funciona como una inconciencia que procura ser consciente; al principio es una nesciencia compelida por la necesidad e impacto externo del sentimiento y respuesta, y luego una ignorancia que se afana por conocer. El medio usado es un contacto con el mundo y sus fuerzas y objetos que, como el restregar de la yesca, crea una chispa de conciencia; la respuesta desde el interior es esa chispa que brota hacia la manifestación. Pero la nesciencia superficial, al recibir una respuesta desde una fuente subyacente del conocimiento, la somete y la cambia en algo oscuro e incompleto; hay una imperfecta captación o falsa impresión de la intuición que responde al contacto: empero, mediante este proceso empieza una iniciación de conciencia responsiva, una primera acumulación de inveterado o habitual conocimiento instintivo, y sobre eso sigue primero una primitiva y luego una desarrollada capacidad de conciencia receptiva, entendimiento, respuesta de acción, iniciación previsora de acción, --una conciencia evolutiva que es semi-conocimiento, semi-ignorancia--. Todo eso que es desconocido se encuentra sobre la base de lo que es conocido; pero como este conocimiento es imperfecto, como recibe imperfectamente y responde imperfectamente a los contactos de las cosas, puede haber una falsa impresión de los nuevos contactos al igual que una falsa impresión o deformación de la respuesta intuitiva, una doble fuente de error.



En estas condiciones resulta evidente que el Error es compañía necesaria, casi condición e instrumentación necesarias, un paso o etapa indispensables en la lenta evolución en pos del conocimiento en una conciencia que empieza desde la nesciencia y trabaja en la materia de una nesciencia general. La conciencia evolutiva ha de adquirir conocimiento por un medio indirecto que ni siquiera da una certeza fragmentaria; pues al principio sólo hay una figura o signo, una imagen o una vibración de carácter físico, creada por contacto con el objeto y una resultante sensación vital que ha de ser interpretada por la mente y el sentido y devuelta en una correspondiente idea o figura mentales. Las cosas así experimentadas y mentalmente conocidas han de relacionarse juntas; las cosas desconocidas han de ser observadas, descubiertas, adaptadas a la ya adquirida suma de experiencia y conocimiento. A cada paso se presentan diferentes posibilidades de hecho, significación, juicio, interpretación, relación; algunas han de comprobarse y rechazarse, otras, aceptarse y confirmarse: excluir el error es imposible sin limitar las posibilidades de adquisición de conocimiento. La observación es el primer instrumento de la mente, pero la observación misma es un complejo proceso abierto a cada paso a los errores de la ignorante conciencia observadora; la mala impresión del hecho por los sentidos y la mente-sensoria, la omisión, la selección y acoplamiento equivocados, los añadidos inconscientes efectuados por una impresión personal o una reacción personal, crean un cuadro compuesto falso e imperfecto; a estos errores se suman los errores de inferencia, juicio e interpretación de los hechos por la inteligencia: cuando ni siquiera los datos son seguros o perfectos, las conclusiones elaboradas sobre ellos deben también ser inseguras e imperfectas.



La conciencia en su adquisición de conocimiento parte de lo conocido a lo desconocido; construye una estructura de experiencia adquirida, de recuerdos, impresiones y juicios, un compuesto plan mental de las cosas que pertenece a la naturaleza de una movediza y siempre modificable fijación. En la recepción del nuevo conocimiento, lo que llega para ser recibido es juzgado a la luz del conocimiento pasado y adaptado a la estructura; si no puede adaptarse apropiadamente, es acoplado de cualquier modo o rechazado: pero el conocimiento existente y sus estructuras o normas pueden no aplicarse al nuevo objeto o nuevo campo del conocimiento, la adaptación puede ser una mala adaptación o el rechazo puede ser una respuesta errónea. A la mala impresión y a la equivocada interpretación de los hechos, se añade mala aplicación del conocimiento, mala combinación, mala construcción, mala representación, una complicada maquinaria del error mental. En toda esta ilusionada oscuridad de nuestras partes mentales trabaja una intuición secreta, un-impulso-de-la-verdad que corrige o apremia a la inteligencia para que corrija lo que es erróneo, para que se afane en pos de un cuadro verdadero de las cosas y un verdadero conocimiento interpretativo. Pero la intuición misma está limitada en la mente humana por la mala impresión mental de sus intimaciones y es incapaz de actuar por sus propios fueros; pues si se tratase de intuición física, vital o mental, ha de presentarse a fin de ser recibida, no desnuda y pura, sino ataviada con una cobertura mental o enteramente envuelta en una amplia vestidura mental; disfrazada de ese modo, su naturaleza verdadera no puede reconocerse ni entenderse su relación con la mente y su oficio, y su modo de trabajar es ignorado por la apresurada y semi-consciente inteligencia humana. Hay intuiciones de realidad, de posibilidad, de la determinante verdad detrás de las cosas, pero la mente las confunde a todas una con otra. El carácter del conocimiento humano es una gran confusión de material semi-captado y con el que se ensaya una construcción experimental, una representación o estructura mental de la figura del yo y las cosas, rígidas y caóticas, semi-formadas y dispuestas medio-revueltas, semi-verdaderas y semi-erróneas, mas siempre imperfectas.



El error por sí mismo, sin embargo, no importaría para la falsedad; sería sólo una imperfección de la verdad, una prueba, un ensayo de posibilidades: pues cuando no sabemos, han de admitirse posibilidades no probadas e inciertas y, aunque como resultado se construya una imperfecta o inapropiada estructura del pensamiento, con todo, puede justificarse abriéndose al nuevo pensamiento en inesperadas direcciones y su disolución y reconstrucción o el descubrimiento de alguna verdad que ocultó podría aumentar nuestra cognición o nuestra experiencia. A pesar de la mezcla creada, el crecimiento de la conciencia, la inteligencia y la razón podrían arribar, a través de esta verdad mixta, a una más clara y verdadera figura del auto-conocimiento y el conocimiento-del-mundo. La obstrucción de la inconciencia original y envolvente disminuiría, y una creciente conciencia mental alcanzaría una claridad y totalidad que capacitaría a los ocultos poderes del conocimiento directo y del proceso intuitivo para emerger, utilizaría los preparados e iluminados instrumentos y haría de la inteligencia-mental su verdadero agente y constructor-de-la-verdad en la superficie evolutiva.



Pero aquí interviene la segunda condición o factor de la evolución; pues esta búsqueda del conocimiento no es un impersonal proceso mental estorbado sólo por las limitaciones generales de la inteligencia-mental: el ego está allí: el ego físico, el ego vital inclinado, no al auto-conocimiento y al descubrimiento de la verdad de las cosas y la verdad de la vida, sino a la auto-afirmación vital; un ego mental está allí también inclinado a su propia auto-afirmación personal y utilizado y dirigido en gran medida por el impulso vital para su deseo-vital y propósito-vital. Pues en la medida en que la mente se desarrolla, también desarrolla una individualidad mental con un impulso personal de la tendencia-mental, un temperamento mental, una formación mental propia. Esta superficial individualidad mental es egocéntrica; mira el mundo, las cosas y los sucesos desde su propio punto de vista y los ve no como ellos son sino como le afectan: al observar las cosas les da el giro apropiado a su tendencia y temperamento, elige o rechaza, ordena la verdad de acuerdo con su preferencia o conveniencia mentales; la observación, el juicio, la razón, todos están determinados o afectados por esta personalidad-mental y asimilados a la necesidades de la individualidad y el ego. Aunque el alma tiende principalmente a una pura impersonalidad de la verdad y la razón, le resulta imposible una pura impersonalidad; hasta el más entrenado, estricto y vigilante intelecto falla al observar las vueltas y giros que da a la verdad en la recepción del hecho e idea y en la construcción de su conocimiento mental. Aquí tenemos una casi inextinguible fuente de distorsión de la verdad, una causa de falsificación, una voluntad inconsciente o semi-consciente para el error, una aceptación de ideas o hechos no por una más clara percepción de lo verdadero y lo falso, sino por preferencia, por adaptabilidad personal, por elección temperamental, por prejuicio. He aquí un fructífero semillero para el crecimiento de la falsedad o una puerta o muchas puertas a través de las cuales aquélla puede entrar a hurtadillas o mediante una usurpadora pero aceptable violencia. La verdad también puede entrar y sentar sus reales, no por sus propios fueros, sino por complacencia mental.



Según los términos de la psicología Sankhya podemos distinguir tres tipos de individualidad mental: la que es gobernada por el principio de la oscuridad y la inercia, la primogénita de la Inconciencia, la tamásica; la que es gobernada por una fuerza de la pasión y la actividad, cinética, rajásica; la que se echa en el molde del principio sáttwico de la luz, la armonía y el equilibrio. La inteligencia tamásica tiene su sede en la mente física; es inerte para con las ideas, --excepto para con aquéllas que recibe inertemente, ciegamente, pasivamente desde una reconocida fuente o autoridad--, obscura en su recepción, con reluctancia a agrandarse, recalcitrante al nuevo estímulo, conservadora e inmóvil; se apega a su recibida estructura del conocimiento y su poder único es la práctica repetitiva, pero es un poder limitado por lo acostumbrado, lo obvio, lo establecido y familiar y ya seguro; descarta todo lo que es nuevo y pueda perturbarla. La inteligencia rajásica tiene su sede principal en la mente vital y es de dos clases: una clase está a la defensiva ante la violencia y pasión, afirmativa de su individualidad mental y de cuanto está de acuerdo con ella, preferida por su volición, adaptada en su observación, pero agresiva para con todo cuanto es contrario a su ego-estructura mental o inaceptable para su intelectualidad personal; la otra clase es entusiasta en cuanto a las cosas nuevas, apasionada, insistente, impetuosa, a menudo móvil más allá de la mesura, inconstante y siempre inquieta, gobernada en su idea no por la verdad y la luz sino por el entusiasmo de la batalla intelectual, el movimiento y la aventura. La inteligencia sáttwica está ávida de conocimiento, tan abierta a él como pueda estarlo, cuidadosa en su consideración, verificación y equilibrio, en el ajuste y adaptación de su criterio a cuanto se confirme como verdad, recibiendo todo cuanto pueda asimilar, experta en la elaboración de la verdad dentro de una armoniosa estructura intelectual: pero debido a que su luz es limitada, como debe estarlo toda luz mental, es incapaz de ampliarse de modo tal que pueda recibir por igual toda la verdad y todo el conocimiento; tiene un ego mental, incluso uno iluminado, y está determinada por él en su observación, juicio, razonamiento, elección mental y preferencia. En la mayoría de los hombres hay predominancia de una de estas cualidades pero también una mezcla; la misma mente puede ser abierta, plástica y armónica en una dirección, cinética y vital, apresurada y prejuiciosa y desequilibrada en otro, e incluso en otra, obscura y no-receptiva. Esta limitación por parte de la personalidad, esta defensa de la personalidad y rechazo a recibir lo que resulta inasimilable, es necesaria para el ser individual pues en su evolución, en la etapa alcanzada, tiene una cierta auto-expresión, un cierto tipo de experiencia y uso de la experiencia que debe gobernar la naturaleza, al menos para la mente y la vida; ésa es, por el momento, su ley del ser, su dharma. Esta limitación de la conciencia mental por la personalidad y de la verdad por el temperamento y la preferencia mentales debe ser la regla de nuestra naturaleza en la medida en que el individuo no ha alcanzado universalidad, y aún no se prepara para la trascendencia-mental. Pero es evidente que esta condición es inevitablemente una fuente de error y en cualquier momento puede ser la causa de una falsificación del conocimiento, un semi-voluntario auto-engaño, un rechazo a admitir el conocimiento verdadero, una predisposición a aceptar el conocimiento erróneo como si fuese verdadero.



Esto en el campo de la cognición, pero la misma ley se aplica a la voluntad y la acción. Desde la Ignorancia se crea una conciencia errónea que da una errónea reacción dinámica al contacto de personas, cosas, sucesos; la conciencia superficial desarrolla el hábito de ignorar, interpretar equivocadamente, o rechazar las sugestiones para la acción o contra la acción que llegan desde la secreta conciencia recóndita, desde la entidad psíquica; en cambio responde a las no iluminadas sugestiones mentales y vitales, o actúa de acuerdo con las demandas o impulsos del ego vital. Aquí la segunda de las condiciones primarias de la evolución, la ley de un separado ser-vital afirmándose en un mundo que para él es un no-yo, descuella y asume una inmensa importancia. Es aquí donde la superficial personalidad vital o yo-vital afirma su dominio, y este dominio del ignorante ser vital es una principal fuente activa de discordia y desarmonía, una causa de vitales perturbaciones internas y externas, un incentivo de erróneas acciones y del mal. El natural elemento vital en nosotros, en la medida en que está incontrolado o no preparado o retiene su primitivo carácter, no se preocupa de la verdad ni de la conciencia correcta ni de la acción correcta; se preocupa de la auto-afirmación, del crecimiento-vital, de la posesión, de la satisfacción del impulso, de todas las satisfacciones del deseo. Esta principal necesidad y demanda del yo-vital parece omni-importante para él; la llevaría a cabo rápidamente sin consideración alguna con respecto a la verdad, la rectitud, el bien o cualquier otra consideración: pero debido a que la mente está allí y tiene estas concepciones, debido a que el alma está allí y tiene estas percepciones-anímicas, ese yo-vital procura dominar la mente y lograr que dicte un permiso y una orden de ejecución de su propia voluntad de auto-afirmación, un veredicto de verdad, rectitud y bien para sus propias afirmaciones, impulsos y deseos vitales; está preocupado con la auto-justificación a fin de tener lugar para la auto-afirmación plena. Mas si puede obtener el asentimiento de la mente, está muy presto a ignorar todas las normas erigiendo una sola, la satisfacción, el crecimiento, la fuerza, la grandeza del ego vital. El individuo-vital necesita lugar, expansión, posesión de su mundo, dominio y control de las cosas y los seres; necesita espacio-vital, un espacio al sol, auto-afirmación, supervivencia. Necesita estas cosas para sí y para aquellos a los que se asocia, para su propio ego y para el ego colectivo; los necesita para sus ideas, credos, ideales, intereses, imaginaciones: pues ha de afirmar estas formas de “Egoidad” (Nota del Trad.: El autor utiliza la palabra “I-ness”, usa el pronombre “I”, en vez de “self” que es el que utiliza cuando quiere referirse al Yo interior,”I” lo utiliza para referirse a la personalidad de superficie, al ego, por lo que se prefiere traducir “I-ness” por egoidad (aún cuando en castellano no existe esta palabra), y no por yoidad, que sería la traducción de “self-ness”. En la misma frase, el autor utiliza la palabra “my-ness”, que traducimos por “mismidad”) y “Mismidad” imponiéndolas en el mundo que lo rodea o, si no es lo suficientemente fuerte para ello, al menos ha de defenderlas y mantenerlas contra los demás con el máximo de su poder e ingenio. Puede tratar de hacer eso mediante métodos que piensa o escoge para pensarlos o representarlos como correctos; puede tratar de hacer eso mediante el desnudo uso de la violencia, el ardid, la falsedad, la agresión destructiva, el aplastamiento de otras formaciones-vitales: el principio es el mismo cualquiera que sea el medio o la actitud moral. Es no sólo en el reino de los intereses sino en el reino de las ideas y en el reino de la religión que el ser vital del hombre introdujo este espíritu y esta actitud de auto-afirmación, lucha, uso de violencia, opresión y supresión, intolerancia y agresión; impuso el principio del egoísmo-vital en el dominio de la verdad intelectual y en el dominio del espíritu. Dentro de su auto-afirmación la auto-afirmante vida trae consigo el odio y el disgusto hacia todo lo que obstruye el camino de su expansión o lastima su ego; desarrolla como medio o pasión o reacción de la naturaleza-vital la crueldad, la traición y todo género de maldad; su satisfacción del deseo y del impulso no repara en lo correcto ni en lo incorrecto, sino solamente en el cumplimiento del deseo y del impulso. Pues esta satisfacción está presta para afrontar el riesgo de la destrucción y la realidad del sufrimiento; pues la Naturaleza no pugna solamente por llegar a la auto-preservación sino también a la afirmación-vital y a la satisfacción-vital, a la formulación de la fuerza-vital y del ser-vital.



De eso no se sigue que se trate de todo lo que la personalidad vital es en su composición innata o que el mal esté en su naturaleza. Primeramente no se preocupa de la verdad ni del bien, pero puede apasionarse por la verdad y el bien, así como más espontáneamente se apasiona por la dicha y la belleza. En todo lo que es desplegado por la fuerza-vital hay desarrollado al mismo tiempo un secreto deleite en alguna parte del ser, un deleite en el bien y un deleite en el mal, un deleite en la verdad y en la falsedad, un deleite en la vida y una atracción por la muerte, deleite en el placer y deleite en el dolor, en nuestro propio sufrimiento y en el sufrimiento de los demás, pero también en nuestra propia dicha, bien y felicidad y en la dicha, bien y felicidad de los demás. Pues la fuerza de afirmación-vital afirma tanto al bien como al mal: tiene sus impulsos de ayuda y asociación, de generosidad, afecto, lealtad, desprendimiento; asume tanto el altruismo como el egoísmo, tanto se sacrifica como destruye a los demás, y en todos sus actos está la misma pasión por la afirmación-vital la misma fuerza de acción y realización. Es evidente en la vida subhumana que este carácter del ser vital y su tendencia de existencia en lo que denominamos bien y mal son inclinaciones y no el motivo principal; en el ser humano, dado que ha desarrollado un discernimiento mental, moral y psíquico, dicho motivo está sujeto a control o camuflaje, pero no cambia su carácter. El ser-vital, su fuerza-vital y su impulso en pos de la auto-afirmación son, ante la ausencia de una abierta acción del poder-anímico y del poder espiritual, Atmashakti, medio principal de concreción de la Naturaleza, y sin su apoyo ni la mente ni el cuerpo pueden utilizar sus posibilidades o realizar su objetivo aquí en la existencia. Es sólo si el ser vital interior o verdadero reemplaza a la personalidad-vital externa que el impulso del ego vital puede ser superado por completo y la fuerza-vital convertirse en la sirviente del alma y una poderosa instrumentación para la acción de nuestro verdadero ser espiritual.



Este es entonces el origen y naturaleza del error, la falsedad, la equivocación y el mal en la conciencia y voluntad del individuo; una limitada conciencia que surge de la nesciencia es la fuente del error, un personal apego a la limitación y al error nacido de ella es la fuente de la falsedad, una conciencia equivocada gobernada por el ego-vital es la fuente del mal. Pero es evidente que su existencia relativa es sólo un fenómeno proyectado por la Fuerza cósmica en su impulso hacia una auto-expresión evolutiva y es allí que hemos de buscar la significación del fenómeno. Pues el emerger del ego-vital es, como hemos visto, una maquinaria de la Naturaleza cósmica para la afirmación del individuo, para su auto-liberación de la indeterminada sustancia masiva del subconsciente, para la aparición de un ser consciente sobre un terreno preparado por la Inconciencia; el principio de la afirmación-vital del ego es la consecuencia necesaria. El ego individual es una ficción pragmática y efectiva, una versión del yo secreto dentro de los términos de la conciencia superficial, o un subjetivo sustituto del verdadero yo en nuestra experiencia superficial: está separado por la ignorancia del otro-yo y de la Divinidad interior, pero aún es empujado secretamente hacia una unificación evolutiva en la diversidad; detrás de sí, aunque finito, tiene el impulso del infinito. Pero esto en los términos de una conciencia ignorante se traduce dentro de la voluntad a expandirse, a ser una finitud ilimitada, a tomar dentro de sí cuanto puede, para entrar en todo y poseerlo, incluso para ser poseído si mediante eso puede sentirse satisfecho y creciendo en o a través de lo demás, o puede llevar consigo, por sujeción, el ser y poder de los demás u obtener de ese modo ayuda o impulso para su afirmación-vital, su deleite-vital, su enriquecimiento de la existencia mental, vital o física.



Pero debido a que efectúa estas cosas como un ego separado para su beneficio separado y no por consciente intercambio y reciprocidad no por unidad, surgen la discordia-vital, el conflicto y la desarmonía y a los productos de esta discordia-vital y desarmonía los llamamos error y mal. La Naturaleza los acepta porque son circunstancias necesarias de la evolución, necesarias para el crecimiento del ser dividido; son productos de la ignorancia, sostenidos por una conciencia ignorante que se funda en la división, por una voluntad ignorante que trabaja a través de la división, por un ignorante deleite de la existencia que asume la dicha de la división. La intención evolutiva actúa a través del mal como a través del bien; ha de utilizarlo todo porque constreñirse a un bien limitado aprisionaría y restringiría la pretendida evolución; usa cualquier material a su alcance y con él hace lo que puede; ésa es la razón de por qué vemos al mal aflorar de lo que llamamos bien y al bien hacer lo propio de lo que llamamos mal; y si encima vemos que lo considerado mal llega a ser aceptado como bien, que lo considerado bien se acepta como mal, ello ocurre porque nuestros criterios sobre ambos son evolutivos, limitados y mutables. La Naturaleza evolutiva, la terrestre Fuerza cósmica parece entonces al principio no tener preferencia por ninguno de estos opuestos, utilizándolos igual para sus fines. Empero es la misma Naturaleza, la misma Fuerza que agobió al hombre con el sentido del bien y el mal e insiste en su importancia: evidentemente, por lo tanto, este sentido también tiene un propósito evolutivo; también debe ser necesario, debe estar allí de modo que ese hombre pueda dejar ciertas cosas detrás de él, desplazarse hacia los demás, hasta que, a partir del bien y el mal él pueda emerger en algún Bien que es eterno e infinito.



¿Pero cómo ha de realizarse esta evolutiva intención de la Naturaleza, por qué poder, medio, impulso, por qué principio, proceso de selección y armonización? El método adoptado por la mente humana a través de las edades ha sido siempre un principio de selección y rechazo, y esto tomó las formas de una sanción religiosa, de una social o moral norma de vida o de un ideal ético. Pero éste es un método empírico que no entra en contacto con la raíz del problema porque no lleva a ver la causa y origen de la enfermedad que pretende curar; trata con los síntomas pero lo hace mecánicamente, sin saber qué función cumplen en el objetivo de la Naturaleza y qué es lo que en la mente y en la vida los sostiene y mantiene en la existencia. Es más, el bien y el mal humanos son relativos y las normas erigidas por las éticas son tan inciertas como relativas: lo que es prohibido por una religión u otra, lo que es considerado como bueno o malo por la opinión social, lo que se considera útil para la sociedad o dañino para ella, lo que alguna temporal ley humana admite o desaprueba, lo que es o se considera útil o perjudicial para uno o los demás, lo que está de acuerdo con éste o aquél ideal, lo que es estimulado o desalentado por un instinto que llamamos conciencia, --una amalgama de todos estos puntos de vista es la heterogénea idea determinante, constituye la sustancia compleja, de la moralidad--; en todos ellos está la mezcla constante de verdad y semi-verdad y error que persigue todas las actividades de nuestro mental y limitador Conocimiento-Ignorancia. Un control mental sobre nuestros deseos e instintos vitales y físicos, sobre nuestra acción personal y social, sobre nuestros tratos con los demás, es indispensable para nosotros como seres humanos, y la moral crea una norma por la que podemos guiarnos y establecer un control habitual; pero el control es siempre imperfecto y se trata de un expediente y no de una solución: el hombre sigue siendo lo que es y siempre fue, mezcla de bien y mal, de pecado y virtud, un ego mental con un imperfecto dominio de su naturaleza mental, vital y física.



El esfuerzo para seleccionar, para retener de nuestra conciencia y acción todo lo que nos parece bueno y rechazar todo lo que nos parece malo y de esa forma reformar nuestro ser, para reconstituirnos y modelarnos según la imagen de un ideal, es un motivo ético más profundo, porque se aproxima más a la verdadera salida; descansa sobre la sana idea de que nuestra vida es un devenir y que hay algo a lo que debemos devenir y ser. Pero los ideales elaborados por la mente humana son selectivos y relativos; modelar nuestra naturaleza rigurosamente de acuerdo con ellos es limitarnos y realizar una construcción donde debería haber crecimiento en su ser mayor. El reclamo verdadero, por encima de nosotros, es el del Infinito y Supremo; la auto-afirmación y auto-abnegación que nos impone la Naturaleza son movimientos hacia eso, y lo que hemos de descubrir es el camino correcto de auto-afirmación y auto-negación tomados juntos en lugar del equivocado, pues es ignorante, camino del ego y en lugar del conflicto entre el sí y el no de la Naturaleza. Si no lo descubrimos, el impulso de la vida será demasiado fuerte para nuestro estrecho ideal de perfección, su instrumentación se romperá y no llegará a consumarse y perpetuarse, o, a lo más, todo lo que lograremos será medio resultado o el abandonar la vida se presentará como único remedio, el único escape del, de otro modo, invencible abrazo de la ignorancia. Éste es el escape que usualmente señala la religión; una moralidad divinamente dictada, una búsqueda de piedad, rectitud y virtud como está fijado en un código religioso de conducta, una ley de Dios determinada por alguna inspiración humana, se presenta como una parte de los medios, la dirección, por los que podemos recorrer el sendero hacia la salida. Esta salida deja el problema como estaba; es sólo una vía de escape para el ser personal desde la irresuelta confusión de la existencia cósmica. En el antiguo pensamiento espiritual de la India había una más clara percepción de la dificultad; la práctica de la verdad, de la virtud, de la voluntad y obras correctas, se consideraba necesaria para la aproximación a la realización espiritual, pero en la realización misma el ser surge a una conciencia mayor del Infinito y Eterno y se despoja del agobio del pecado y la virtud, pues eso pertenece a la relatividad y a la Ignorancia. Detrás de esta mayor y más verdadera percepción está la intuición de que un bien relativo es una preparación impuesta por la Naturaleza-del.-Mundo sobre nosotros de modo que podamos trascenderla en pos del Bien verdadero que es absoluto. Estos problemas son de la mente y de la vida ignorante, no nos acompañan más allá de la mente; así como hay un cese de la dualidad de la verdad y del error en una Verdad-Conciencia infinita, de igual modo hay una liberación de la dualidad del bien y el mal en un Bien infinito, hay una trascendencia.



No puede haber escape artificial de este problema que siempre perturbó a la humanidad y del cual no descubrió un resultado satisfactorio. El árbol del conocimiento, del bien y del mal con sus frutos dulces y amargos está secretamente enraizado en la naturaleza misma de la Inconciencia de la que nuestro ser ha emergido y sobre la que aún está como suelo inferior y base de nuestra existencia física; ha crecido visiblemente sobre la superficie en las múltiples ramificaciones de la Ignorancia que todavía es la principal carga y condición de nuestra conciencia en su difícil evolución hacia una suprema conciencia y una integral conciencia. Mientras permanezca este suelo con las infundadas raíces en él y este aire y clima nutricios de la Ignorancia, el árbol crecerá y florecerá y exhibirá sus brotes duales y su fruto de naturaleza mixta. Se seguiría que no puede haber solución final hasta que hayamos volcado nuestra inconciencia en la conciencia mayor, hayamos hecho de la verdad del yo y del espíritu nuestra base-vital y hayamos transformado nuestra ignorancia en un conocimiento superior. Todos los otros recursos serán sólo sustitutos o ciegas salidas; la única solución verdadera es una completa y radical transformación de nuestra naturaleza. el conocimiento erróneo y la voluntad errónea son posibles porque la Inconciencia impone su original oscuridad en nuestra conciencia del yo y las cosas, y porque la Ignorancia se basa en una conciencia imperfecta y dividida y porque vivimos en esa oscuridad y división: sin conocimiento erróneo no podría haber error ni falsedad, sin error o falsedad en nuestras partes dinámicas no podría haber voluntad errónea en nuestros miembros; sin voluntad errónea no podría haber mala acción ni maldad: mientras duren estas causas, los efectos también persistirán en nuestra acción y en nuestra naturaleza. Un control mental puede ser solamente un control, no una cura; una enseñanza mental, una norma sólo puede imponer un canal artificial en el que nuestra acción gira mecánicamente o con dificultad e impone una formación reprimida y limitada en el curso de nuestra naturaleza. Un cambio total de la conciencia, un cambio radical de la naturaleza es el único medio y la única salida.



Dado que la raíz de la dificultad es una escindida, limitada y separativa existencia, este cambio debe consistir en una integración, una curación de la conciencia dividida de nuestro ser, y dado que la división es compleja y multilateral, no puede producirse un cambio parcial en un lado del ser como un sustituto suficiente para la transformación integral. Nuestra primera división es ésa creada por el ego y principalmente, más forzosamente, más vívidamente por nuestro ego-vital, que nos divide de los demás seres como no-yo y nos ata a nuestra ego-centricidad y a la ley de una auto-afirmación egoísta. Es en los errores de esta auto-afirmación que surgen primero el error y el mal: la conciencia errónea engendra errónea voluntad en los miembros, en la mente pensante, en el corazón, en la mente-vital y en el ser sensorio, en la conciencia-corporal misma; el error engendrará acción errónea de todos estos instrumentos, un múltiple error y una multi-ramificada maraña de pensamiento, voluntad, sensación y sentimiento. No podemos tratar correctamente a los otros mientras sigan siendo otros para nosotros, seres que son extraños a nosotros mismos y de cuya conciencia interior, necesidad-anímica, necesidad-mental, necesidad-afectiva, necesidad-vital o necesidad-corporal sabemos poco o nada. La porción mínima de imperfecta simpatía, conocimiento y buena voluntad que la ley, necesidad y hábito de asociación engendran, es demasiado pobre para lo que requiere una verdadera acción. Una mente más grande, un corazón más grande, una fuerza-vital más amplia y generosa pueden hacer algo para ayudarnos o ayudar a los demás y evitar las peores ofensas, pero esto también es insuficiente y no impedirá una mole de trastornos, perjuicios y colisiones de nuestro bien preferido con el bien de los demás. Por la naturaleza misma de nuestro ego e ignorancia nos afirmamos egoístamente incluso cuando más nos enorgullecemos de nuestro altruismo e ignorantemente incluso cuando nos enorgullecemos de nuestra comprensión y conocimiento. El altruismo tomado como una norma de vida no nos libera; es un potente instrumento de auto-agrandamiento y corrección del ego más estrecho, pero no lo cancela ni transforma en el verdadero yo uno con todos; el ego del altruista es tan poderoso y absorbente como el ego del egoísta y es a menudo más poderoso e insistente porque es un ego presuntuoso y exagerado. Ayuda menos todavía si obramos mal con nuestra alma, con nuestra mente, vida o cuerpo con la idea de subordinar nuestro yo al yo de los demás. Afirmar nuestro ser correctamente de modo que pueda convertirse en uno con todos es el principio verdadero, no mutilarlo ni inmolarlo. La auto-inmolación puede ser necesaria a veces, excepcionalmente, por una causa, en respuesta a alguna exigencia del corazón o por algún derecho o propósito elevado pero no puede hacerse regla o naturaleza de la vida: tal exageración, sólo alimentaría o exageraría el ego de los demás o magnificaría algún ego colectivo y no nos conduciría, como tampoco a la humanidad, hacia el descubrimiento y afirmación de nuestro ser verdadero o su ser verdadero. El sacrificio y la auto-entrega son ciertamente un verdadero principio y una necesidad espiritual, pues no podemos afirmar nuestro ser correctamente sin sacrificio o sin auto-entrega a algo mayor que nuestro ego; pero eso también debe hacerse con una correcta conciencia y voluntad fundadas en un conocimiento verdadero. Desarrollar la parte sáttwica de nuestra naturaleza, una naturaleza de luz, entendimiento, equilibrio, armonía, simpatía, buena voluntad, amabilidad, compañerismo, auto-control, acción correctamente ordenada y armonizada, es lo mejor que podemos hacer en los límites de la formación mental, pero es una etapa y no la meta de nuestro crecimiento del ser. Éstas son soluciones al paso, paliativos, medios necesarios para un trato parcial con esta dificultad enraizada, normas y artificios provisionales que nos dan ayuda y guía temporarias porque la solución verdadera y total está más allá de nuestra actual capacidad y sólo puede llegar cuando hayamos evolucionado suficientemente para verlo y convertirlo en nuestro principal esfuerzo.



La verdadera solución puede llegar solamente cuando por nuestro crecimiento espiritual podamos convertirnos en un solo yo con todos los seres, conocerlos como parte de nuestro yo, tratarlos como si fuesen nuestros otros yoes; pues entonces la división se cura, la ley de separada auto-afirmación que conduce por sí a la afirmación contra o a expensas de los otros se agranda y libera mediante el añadido a ella de la ley de nuestra auto-afirmación para con los demás y nuestro auto-descubrimiento en su auto-descubrimiento y auto-realización. Se ha convertido en norma de ética religiosa actuar con un espíritu de compasión universal, amar al prójimo como a uno mismo, obrar para con los otros como se quisiera que obraran los otros con uno, sentir la dicha y el pesar de los demás como si fuese propio; pero ningún hombre que viva en su ego es capaz verdadera y perfectamente de hacer estas cosas, sólo puede aceptarlas como una exigencia de su mente, aspiración de su corazón, esfuerzo de su voluntad para vivir por una norma elevada y modificar mediante un sincero esfuerzo su cruda naturaleza egoísta. Es cuando los demás llegan a conocerse y sentirse íntimamente como uno mismo que este ideal puede convertirse en una norma natural y espontánea de nuestra vida y realizarse en la práctica como en la norma. Pero aún la unidad con los demás no es suficiente de por sí, si es una unidad con ignorancia; pues entonces la ley de la ignorancia seguirá en vigor, y el error en la acción y la acción errónea sobrevivirán aunque disminuyan en grado y se suavicen en su incidencia y carácter. Nuestra unidad con los demás debe ser fundamental, no una unidad con sus mentes, corazones, yoes vitales, egos, --incluso aunque éstos lleguen a incluirse en nuestra conciencia universalizada--, sino una unidad en el alma y el espíritu, que sólo puede llegar por nuestra liberación en nuestra conciencia anímica y nuestro auto-conocimiento. Liberarnos del ego y realizar nuestros yoes verdaderos es la primera necesidad: todo lo demás puede alcanzarse como luminoso resultado, como consecuencia necesaria. Es ésa una razón de por qué debe aceptarse un reclamo espiritual como imperativo precediendo a todos los otros reclamos, intelectuales, éticos, sociales, que pertenecen al dominio de la Ignorancia. Pues la ley mental del bien mora en ese dominio y sólo puede modificar y paliar; nada puede ser un sustituto suficiente del cambio espiritual que puede realizar el verdadero e integral bien porque a través del espíritu podemos llegar a la raíz de la acción y de la existencia.



En el conocimiento espiritual del yo están los tres pasos de su auto-realización que son, al mismo tiempo, tres partes del conocimiento único. El primero es el descubrimiento del alma, no del alma externa del pensamiento, la emoción y el deseo, sino la secreta entidad psíquica, el divino elemento dentro de nosotros. Cuando resulta dominante sobre nuestra naturaleza, cuando somos conscientemente el alma y cuando la mente, la vida, y el cuerpo toman su verdadero lugar como sus instrumentos, tomamos conciencia de una guía interior que conoce la verdad, el bien, el verdadero deleite y la belleza de la existencia, controla el corazón y el intelecto mediante su ley luminosa y conduce nuestra vida y ser hacia la integridad espiritual. Incluso dentro de las obscuras obras de la Ignorancia tenemos un testigo que discierne, una luz viviente que ilumina, una voluntad que rechaza descarriarse y separa la verdad de la mente de su error, la íntima respuesta del corazón desde sus vibraciones ante un erróneo llamado y una errónea exigencia sobre él, el verdadero ardor y plenitud de desplazamiento de la vida desde la pasión vital y las turbias falsedades de nuestra naturaleza vital y sus obscuras auto-búsquedas. Éste es el primer paso de la auto-realización, para entronizar al alma, al divino individuo psíquico en el lugar del ego. El paso siguiente es tomar conciencia del yo eterno innato en nosotros y uno con el yo de todas las cosas. Esta auto-realización libera y universaliza; aunque nuestra acción aún proceda en la dinámica de la ignorancia, ya no traba ni lleva por mal camino, porque nuestro ser interior se aposenta en la luz del auto-conocimiento. El tercer paso es conocer el Ser Divino que es a la vez nuestro supremo Yo trascendente, el Ser Cósmico, fundamento de nuestra universalidad, y la Divinidad interior de la cual nuestro ser psíquico, el verdadero individuo evolutivo en nuestra naturaleza, es una porción, una chispa, una llama que crece dentro del Fuego eterno del cual se encendió y del cual es el testigo siempre vivo dentro de nosotros y el instrumento consciente de su luz, poder, dicha y belleza. Consciente del Divino como el Maestro de nuestro ser y acción, podemos aprender a convertirnos en canales de su Shakti, el Divino Poder, y actuar de acuerdo con sus dictados o su regla de luz y poder dentro de nosotros. Nuestra acción entonces no será dominada por nuestro impulso vital ni gobernada por una norma mental, pues actúa de acuerdo con la verdad permanente aunque plástica de las cosas, --no la que la mente construye, sino la superior más profunda y más sutil verdad de cada movimiento y circunstancia como la conoce el conocimiento supremo y la exige la suprema voluntad del universo--. La liberación de la voluntad sigue a la liberación del conocimiento y es su consecuencia dinámica; es el conocimiento que purifica, es la verdad que libera: el mal es el fruto de una ignorancia espiritual y desaparecerá sólo mediante el crecimiento de una conciencia espiritual y la luz del conocimiento espiritual. La división de nuestro ser del ser de los demás puede sólo remediarse eliminando el divorcio de nuestra naturaleza de la realidad-anímica interior, mediante la abolición del velo entre nuestro devenir y nuestro auto-ser, mediante la conexión del alejamiento de nuestra individualidad en la Naturaleza con el Ser Divino que es la Realidad omnipresente en la Naturaleza y por encima de ella.



Pero la última división por eliminar es la escisión entre esta Naturaleza y la Super-Naturaleza, que es el Auto-Poder de la Existencia Divina. Aún antes de que se elimine el Conocimiento-Ignorancia dinámico, mientras todavía quede como una inadecuada instrumentación del espíritu, la suprema Shakti o Super-naturaleza puede trabajar a través de nosotros y podemos tener conciencia de sus obras; pero ello ocurre entonces mediante una modificación de su luz y poder de modo que puede recibirse y asimilarse por parte de la naturaleza inferior de la mente, la vida y el cuerpo. Pero esto no es bastante; es menester una entera remodelación de lo que somos dentro de una modalidad y poder de la divina Super-naturaleza. La integración de nuestro ser no puede completarse a menos que exista esta transformación de la acción dinámica; debe haber una elevación y cambio de la modalidad total de la Naturaleza misma y no sólo alguna iluminación y transmutación de las modalidades interiores del ser. Una eterna Verdad-Conciencia debe poseernos y sublimar todas nuestras naturales modalidades dentro de sus propios modos del ser, conocimiento y acción; entonces puede pasar a ser la ley integral de nuestra naturaleza una espontánea verdad-conciencia, verdad-voluntad, verdad-sentimiento, verdad-movimiento y verdad-acción.

LA VIDA DIVINA, TOMO II, CAPITULO XIV – SRI AUROBINDO





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TEMA 17: ■ NUESTRO ESFUERZO CONSISTIÓ...... ■


Oh Llama vidente, tú llevas al hombre de las torcidas sendas a la verdad y conocimiento inmanentes.

Rig Veda

Yo purifico el cielo y la tierra mediante la Verdad.

Rig Veda


Su éxtasis, en quien lo tiene, pone en movimiento los dos nacimientos, la auto-expresión humana y la divina, y se desplaza entre ellos.

Rig Veda

Que los rayos invisibles de su intuición estén allí buscando la inmortalidad, penetrando ambos nacimientos; pues mediante ellos hace fluir en un solo movimiento las fuerzas humanas y las cosas divinas.


Rig Veda


Que todos acepten tu voluntad cuando naciste dios viviente desde el árbol seco, que alcancen la divinidad y lleguen, por la velocidad de tus movimientos, a la posesión de la Verdad y la Inmortalidad.
Rig Veda


Nuestro esfuerzo consistió en descubrir cuál es la realidad y significación de nuestra existencia como seres conscientes en el universo material y en qué dirección y hasta dónde esa significación, una vez descubierta, nos conduce, a qué futuro humano o divino. Nuestra existencia aquí puede ciertamente ser un inconsecuente capricho de la Materia misma o de alguna Energía que elabora la Materia, o puede ser un inexplicable capricho del Espíritu. O, además, nuestra existencia puede ser aquí una fantasía arbitraria de un Creador supra-cósmico. En ese caso no tiene significación esencial, --ninguna significación en absoluto si la Materia o una Energía inconsciente es la constructora de fantasías, pues entonces es a lo más la desperdigada descripción de una errante espiral de la Casualidad o la difícil curva de una ciega Necesidad--; sólo puede tener una ilusoria significación que se desvanece en la nada si es un error del Espíritu. Un creador consciente puede ciertamente haber puesto un significado a nuestra existencia, pero éste debe descubrirse mediante una revelación de su voluntad y no se halla auto-implícito en la auto-naturaleza de las cosas ni puede descubrirse allí. Mas si hay una realidad auto-existente de la cual nuestra existencia aquí es un resultado, entonces debe haber una verdad de esa Realidad que aquí se está manifestando, estructurando y evolucionando, y que será la significación de nuestro propio ser y vida. Cualquiera que sea esa Realidad, es algo que tomó sobre sí el aspecto de un devenir en el Tiempo, --un devenir indivisible, pues nuestro presente y nuestro futuro llevan en sí, transformado, hecho otro, el pasado que los creó, y el pasado y el presente ya contenidos y que ahora contienen en sí, invisibles para nosotros porque están aún no-manifestados, no-evolucionados--; su propia transformación en el futuro aún increado. La significación de nuestra existencia aquí determina nuestro destino: ese destino es algo que ya existe en nosotros como una necesidad y una potencialidad, la necesidad de nuestra secreta y emergente realidad del ser, una verdad de sus potencialidades que está siendo estructurada; ambas, aunque no realizadas aún, están incluso ahora implícitas en lo que ha sido ya manifestado. Si hay un ser que es devenir, una Realidad de la existencia que se desarrolla en el Tiempo, lo que ese ser, esa Realidad es secretamente es lo que nosotros hemos de devenir, y de esa manera, devenir es la significación de nuestra vida.

Es la conciencia y la vida las que deben ser las palabras claves para nuestro ser que de esa manera está siendo estructurado en el Tiempo; pues sin ellas, la Materia y el mundo de la Materia serían un fenómeno ininteligible, una cosa que sucedió precisamente por Azar o por una Necesidad inconsciente. Mas la conciencia tal como es, la vida tal como es no pueden ser el secreto de todo; pues ambas son muy claramente algo inacabado y aún en proceso. En nosotros la conciencia es la Mente, y nuestra mente es ignorante e imperfecta, un poder intermedio que ha crecido y aún crece hacia algo más allá de sí: hubo niveles inferiores de la conciencia que vinieron antes que ella y desde los cuales surgió, debe haber evidentemente niveles superiores a los que ella misma está ascendiendo. Antes de nuestro pensamiento, razonamiento y reflexión mentales hubo una conciencia no-pensante pero viviente y sensitiva, y antes de eso existió el subconsciente y el inconsciente; después de nosotros o en nuestros todavía no-evolucionados yoes es probable que esté aguardando una conciencia mayor, auto-luminosa, que no depende del pensamiento constructivo: nuestra mente-pensante imperfecta e ignorante no es ciertamente la última palabra de la conciencia, su última posibilidad. Pues la esencia de la conciencia es el poder de ser consciente de sí mismo y de sus objetos y en su verdadera naturaleza este poder debe ser directo, autorrealizado y completo: si en nosotros es incompleto, indirecto, irrealizado en sus obras, dependiente de elaborados instrumentos, es porque la conciencia aquí está emergiendo de una Inconciencia original veladora y está aún agobiada y envuelta con la primera Nesciencia propia del Inconsciente; mas debe tener el poder de emerger completamente, su destino debe ser evolucionar en su propia perfección que es su verdadera naturaleza. Su verdadera naturaleza es ser totalmente consciente de sus objetos, y de estos objetos el primero es el yo, el ser que está evolucionando aquí su conciencia, y el resto es lo que vemos como no-yo, --pero si la existencia es indivisible, eso también debe ser en realidad el yo--: el destino de la conciencia evolutiva debe ser, entonces, devenir perfecta en su conocimiento, enteramente consciente del yo y consciente-de-todo. Esta condición perfecta y natural de la conciencia es para nosotros una superconciencia, un estado que está más allá de nosotros y en el cual nuestra mente, si es transferida repentinamente a ella, no podría funcionar al principio; pero es hacia esa super-conciencia que nuestro ser consciente debe estar evolucionando. Pero esta evolución de nuestra conciencia hacia una superconciencia o hacia una conciencia suprema de sí misma es posible sólo si la Inconciencia, que es nuestra base aquí, realmente es ella misma una Superconciencia involucionada; pues lo que ha de estar en el devenir de la Realidad en nosotros debe estar ya allí involucionado o secreto en su comienzo. Podemos concebir que el Inconsciente sea un tal Ser o Poder involucionado cuando consideramos de cerca esta creación material de una Energía inconsciente y la vemos elaborar con curiosa construcción e infinito artificio la obra de una vasta Inteligencia involucionada y vemos, también, que nosotros mismos somos algo de esa Inteligencia evolucionando a partir de su involución, una conciencia emergiendo cuyo emerger no puede detenerse en el camino hasta que el Involucionado haya evolucionado y se haya revelado como una suprema Inteligencia totalmente auto-consciente y omni-consciente. A esto es a lo que hemos dado el nombre de Supermente o Gnosis. Pues eso evidentemente debe ser la Conciencia de la Realidad, el Ser, el Espíritu que está secreto en nosotros y se manifiesta aquí lentamente; de ese Ser nosotros somos los devenires y debemos crecer en su naturaleza.

Si la conciencia es el secreto central, la vida es la señal externa, el poder efectivo del ser en la Materia; pues es eso lo que libera a la conciencia y le da su forma o corporización de la fuerza y su efectuación en el acto material. Si alguna revelación o efectuación de sí en la Materia es el objetivo último del evolutivo Ser en su nacimiento, la vida es el signo exterior y dinámico y la señal de esa revelación y efectuación. Pero la vida también, como lo es ahora, es imperfecta y evolutiva; evoluciona a través del crecimiento de la conciencia tal como la conciencia evoluciona a través de mayor organización y perfección de la vida: una conciencia mayor significa una vida mayor. El hombre, el ser mental, tiene una vida imperfecta porque la mente no es el primero ni el supremo poder de la conciencia del Ser; aunque si la mente fuese perfeccionada, habría un algo todavía por realizar, no manifestado aún. Pues lo que está involucionado y emergente no es una Mente, sino un Espíritu, y la mente no es el dinamismo innato de la conciencia del Espíritu; la supermente, la luz de la gnosis, es su dinamismo innato. Entonces, si la vida se convirtió en una manifestación del Espíritu, es la manifestación de un ser espiritual en nosotros y la vida divina de una conciencia perfeccionada en un poder supramental o gnóstico del ser espiritual que debe ser la carga e intención secreta de la Naturaleza evolutiva.
Toda vida espiritual es, en su principio, un nacimiento en la vida divina. Es difícil fijar la frontera donde cesa la vida mental y empieza la vida divina, pues ambas se proyectan una dentro de la otra y hay un prolongado espacio de su existencia entremezclada. Una gran parte de este interespacio, --cuando el impulso vital no se aparta por completo de la tierra o el mundo--, puede verse como el proceso de una vida superior en formación. En cuanto la mente y la vida se iluminan con la luz del espíritu, invisten o reflejan algo de la divinidad, la secreta Realidad mayor, y esto debe aumentar hasta cruzar el interespacio y la existencia toda esté unificada en la plena luz y poder del principio espiritual. Pero para la plena y perfecta realización del impulso evolutivo, esta iluminación y cambio debe asumir y volver a crear al ser todo, a la mente, a la vida y al cuerpo: debe ser, no sólo una experiencia interior de la Divinidad, sino también una remodelación de la existencia interior y de la existencia exterior mediante su poder; debe tomar forma no sólo en la vida del individuo sino también como una vida colectiva de los seres gnósticos establecidos como un poder y forma supremos del devenir del Espíritu en la naturaleza terrena. Para que esto sea posible la entidad espiritual en nosotros debe haber desarrollado su propia perfección integrada no sólo del estado interior del ser sino también del poder saliente del Ser y, con esa perfección y como una necesidad de su acción completa, debe haber evolucionado su propia fuerza dinámica e instrumentación de la existencia externa.


Allí puede haber indudablemente una vida espiritual interior, un reino celestial dentro de nosotros que no dependa de manifestación externa alguna ni de instrumentación o fórmula del ser exterior. La vida interior tiene una suprema importancia espiritual y la vida exterior tiene valor sólo en la medida en que es expresiva del estado interior. Sin embargo, el hombre de realización espiritual viva, actúe y se conduzca, en todas las modalidades de su ser y accionar, tal como se dice en el Gita: “él vive y se mueve en Mí”; mora en la Divinidad, ha realizado la existencia espiritual. El hombre espiritual que vive en el sentido del yo espiritual, en la realización de la Divinidad dentro de él y por doquier, estaría viviendo interiormente una vida divina y su reflejo caería sobre sus actos externos de la existencia, incluso si no pasasen --o no pareciesen pasar-- más allá de la ordinaria instrumentación del pensamiento y acción humanos en este mundo de la naturaleza terrestre. Ésta es la verdad primera y la esencia del asunto; pero con todo, desde el punto de vista de una evolución espiritual, esto sólo sería una liberación y perfección individuales en una existencia externa inmodificada: para un cambio dinámico mayor en la naturaleza terrena misma, para un cambio espiritual del principio e instrumentación totales de la vida y la acción, la aparición de un nuevo orden de seres y de una nueva vida-terrena debe considerarse según nuestra idea de la consumación total, la consecuencia divina. Aquí el cambio gnóstico asume primaria importancia; todo lo precedente puede considerarse como una construcción y preparación de esta transformadora reversión de la naturaleza toda. Pues se trata de un modo gnóstico de vida dinámica que debe ser la realizada vida divina sobre la tierra, un modo de vida que desarrolla instrumentos superiores del conocimiento-del-mundo y de la acción-del-mundo para dinamizar la conciencia en la existencia física y asume y transforma los valores de un mundo de la Naturaleza material.


Pero siempre el fundamento total de la vida gnóstica debe ser, por su naturaleza misma, interior y no exterior. En la vida del espíritu está el espíritu, la Realidad interior, que ha construido y usa la mente, el ser vital y el cuerpo como su instrumentación; el pensamiento, el sentimiento y la acción no existen por sí mismos, no son un objeto sino los medios; sirven para expresar la Realidad divina manifestada dentro de nosotros: de otro modo, sin esta interioridad, sin este origen espiritual, en una conciencia demasiado exteriorizada o mediante sólo medios externos, no resulta posible una vida mayor o divina. En nuestra vida actual de la Naturaleza, en nuestra exteriorizada existencia superficial, es el mundo él que parece crearnos; mas en el giro hacia la vida espiritual somos nosotros quienes debemos crearnos a nosotros mismos y a nuestro mundo. Según esta nueva fórmula de creación, la vida interior se torna de primera importancia y el resto puede ser solamente su expresión y resultado. Esto es, ciertamente, lo que queda de relieve mediante nuestros afanes en pos de la perfección, la perfección de nuestra propia alma y mente y vida y la perfección de la vida de la especie. Pues recibimos un mundo que es oscuro, ignorante, material e imperfecto, y nuestro ser consciente externo es él mismo creado por las energías, la presión, las operaciones modeladoras de esa vasta y muda oscuridad, por el nacimiento físico, por el entorno, por una preparación a través de los impactos y choques de la vida; y con todo somos vagamente conscientes de algo que está allí en nosotros o que procura ser, algo distinto de lo hecho de esa forma, un espíritu auto-existente, auto-determinante, que empuja a la naturaleza hacia la creación de una imagen de su propia perfección oculta o Idea de perfección. Hay algo que crece en nosotros en respuesta a esta demanda, que pugna por llegar a ser la imagen de un Algo divino, y es impelido también a trabajar en el mundo exterior que le ha sido dado y rehacer eso también en una imagen mayor, en la imagen de su propio crecimiento espiritual, mental y vital, para hacer de nuestro mundo también algo creado de acuerdo con nuestra propia mente y espíritu auto-concebible, algo nuevo, armónico y perfecto.

Pero nuestra mente es obscura y parcial en sus nociones, desviada por apariencias superficiales opuestas, dividida entre varias posibilidades; es conducida en tres direcciones diferentes a cualquiera de las cuales puede brindar una preferencia exclusiva. Nuestra mente, en su búsqueda en pos de lo que debemos ser, se vuelca hacia una concentración sobre nuestro propio crecimiento y perfección interiores y espirituales, sobre nuestro propio ser individual y vida interior; o se vuelve hacia una concentración sobre un desarrollo individual de nuestra naturaleza superficial, sobre la perfección de nuestro pensamiento y acción externa dinámica o práctica en el mundo, sobre algún idealismo de nuestra relación personal con el mundo que nos rodea; o se vuelve más bien hacia una concentración sobre el mundo externo mismo, para mejorarlo, adaptarlo mejor a nuestras ideas y temperamento, o a nuestra concepción de lo que debería ser. Por un lado está el reclamo de nuestro ser espiritual, que es nuestro verdadero yo, una realidad trascendente, un ser del Ser Divino, no creado por el mundo, capaz de vivir en sí, de elevarse fuera del mundo hacia la trascendencia; por el otro lado está la demanda del mundo que nos rodea que es una forma cósmica, una formulación del Ser Divino, un poder de la Realidad disfrazado. Está también la demanda dividida o doble de nuestro ser de la Naturaleza que se equilibra entre estos dos términos, depende de ellos y los conecta; pues aparentemente está hecho por el mundo y con todo, debido a que su verdadero creador está en nosotros y la instrumentación del mundo que parece hacerlo es sólo el medio usado en primer término, es realmente una forma, una disfrazada manifestación de un ser espiritual mayor dentro de nosotros. Es esta demanda la que media entre nuestra preocupación por una perfección interior o liberación espiritual y nuestra preocupación con el mundo externo y su formación, insiste en una relación más feliz entre los dos términos y crea el ideal de un individuo mejor en un mundo mejor. Mas es dentro de nosotros donde la Realidad debe fundarse y ser la fuente y fundamento de una vida perfeccionada; ninguna formación externa puede reemplazarla: debe existir el verdadero e interior yo realizado si ha de existir la verdadera vida realizada en el mundo y en la Naturaleza.

En el crecimiento en una vida divina el espíritu debe ser nuestra primera preocupación; hasta que lo hayamos revelado y evolucionado en nuestro yo fuera de sus envolturas y disfraces mentales, vitales y físicos, extrayéndolo con paciencia desde nuestro propio cuerpo, como dice el Upanishad, hasta que hayamos construido en nosotros una vida interior espiritual, es obvio que no puede ser posible ninguna otra vida divina. A menos, ciertamente, que sea una deidad mental o vital la que percibimos y seríamos, --pero aun entonces el ser mental individual o el ser del poder y la fuerza y deseo vitales en nosotros debe crecer en una forma de esa deidad antes que nuestra vida pueda ser divina en ese sentido inferior, la vida del superhombre infra-espiritual, del semidiós mental o del Titán vital, Deva o Asura--. Una vez creada esta vida interior, convertir todo nuestro ser vital, nuestro pensamiento, sentimiento y acción en el mundo en un poder perfecto de esa vida interior, debe ser otra preocupación nuestra. Sólo si vivimos en esa modalidad más honda y mayor en nuestras partes dinámicas, puede haber una fuerza para crear una vida mayor o puede el mundo rehacerse ya sea en algún poder o perfección de la Mente y la Vida o en el poder y perfección del Espíritu. Un mundo humano perfeccionado no puede ser creado por hombres ni compuesto de hombres que son imperfectos. Incluso si todas nuestras acciones fueran escrupulosamente reguladas por la educación o por la ley o por una maquinaria social o política, lo que se conseguirá es un regulado patrón de las mentes, un fabricado patrón de las vidas, un cultivado patrón de conducta; pero una conformidad de esta clase no puede cambiar, no puede recrear al hombre por dentro, no puede cincelar ni perfilar un alma perfecta ni un hombre pensante perfecto ni un ser viviente perfecto o creciente. Pues el alma, la mente y la vida son poderes del ser y pueden crecer pero no pueden ser recortados ni hechos; un proceso o formación externos pueden ayudar o pueden expresar al alma, la mente y la vida pero no pueden crearlas ni desarrollarlas. Uno ciertamente puede ayudar al ser para que crezca, no por un intento de manufacturación, sino lanzando sobre él estimulantes influencias o prestándoles las propias fuerzas del alma, la mente o la vida; pero aun así el crecimiento debe todavía llegar desde dentro de él, determinando desde allí lo que se hará con estas influencias y fuerzas, y no desde fuera. Esta es la primera verdad que nuestro celo y aspiración creadores han de aprender, de otro modo, todo nuestro humano esfuerzo está predestinado a girar en un fútil círculo y puede sólo concluir en un éxito que es un bello fracaso.



Ser o devenir algo, traer algo al ser es la labor total de la fuerza de la Naturaleza; conocer, sentir y hacer son energías subordinadas que tienen un valor porque ayudan al ser en su parcial auto-realización a expresar lo que él es y lo ayudan también en su impulso a expresar lo todavía no realizado que él ha de ser. Pero el conocimiento, el pensamiento y la acción, --ya sean religiosos, éticos, políticos, sociales, económicos, utilitarios o hedonísticos, ya sean una forma o construcción mental, vital o física de la existencia--, no pueden ser la esencia u objeto de la vida; son sólo actividades de los poderes del ser o de los poderes de su devenir, símbolos dinámicos de sí, creaciones del espíritu corporizado, sus medios de descubrir o formular lo que busca ser. La tendencia de la mente física del hombre consiste en ver de otro modo o poner cabeza abajo el verdadero método de las cosas, pues toma como esencial o fundamental las fuerzas o apariencias superficiales de la Naturaleza; acepta su creación mediante un proceso visible o exterior como la esencia de su acción y no ve que es sólo una apariencia secundaria y encubre un proceso secreto mayor: pues el proceso oculto de la Naturaleza consiste en revelar al ser a través de la producción de sus poderes y formas, su presión externa es sólo un medio de despertar al ser involucionado a la necesidad de esta evolución, de esta auto-formación. Cuando la etapa espiritual de su evolución llega a alcanzarse, este proceso oculto debe convertirse en el proceso total; atravesar el velo de las fuerzas y llegar a su principal resorte secreto, que es el espíritu mismo, es de cardinal importancia. Devenir nosotros mismos es lo único por hacer; pero lo verdadero de nosotros es lo que está dentro de nosotros, y superar nuestro externo yo corporal, vital y mental es la condición para este ser supremo que es nuestro verdadero y divino ser, para auto-revelarse y ponerse en actividad. Sólo podemos encontrarlo creciendo y viviendo interiormente; una vez hecho eso, crear desde allí la mente, vida y cuerpo espirituales o divinos y a través de esta instrumentación llegar a la creación de un mundo que será el entorno verdadero de una vida divina, --éste es el objetivo final que la Fuerza de la Naturaleza ha puesto ante nosotros--. Ésta es, entonces, la primera necesidad, que el individuo, cada individuo, descubrirá al espíritu, a la divina realidad dentro de él y la expresará en todo su ser y vida. Una vida divina debe ser primera y principalmente una vida interior; pues dado que lo exterior debe ser la expresión de lo interior, no puede haber divinidad en la existencia externa si no hay divinización del ser interior. La Divinidad mora en el hombre velada en su centro espiritual; no puede existir una cosa tal como la auto-superación para el hombre o una superior salida para su existencia si en él no está la realidad de un yo y espíritu eternos.



Ser y ser plenamente es el objetivo de la Naturaleza en nosotros; mas ser plenamente es ser totalmente consciente del propio ser: la inconciencia, semi-conciencia o conciencia deficiente es un estado del ser que no está en posesión de sí; es existencia, pero no plenitud del ser. Ser total e integralmente consciente de uno mismo y de toda la verdad del propio ser es la condición necesaria para la verdadera posesión de la existencia. Esta auto-captación es lo que significa el conocimiento espiritual: la esencia del conocimiento espiritual es una auto-existente conciencia intrínseca; toda su acción del conocimiento, en verdad toda su acción de cualquier índole, debe ser esa conciencia formulándose. Todo otro conocimiento es conciencia olvidadiza de sí y pugnando por retornar a su propia conciencia de sí y a su contenido; es auto-ignorancia afanándose por transformarse en auto-conocimiento.


NOTA: Así comienza el capítulo de “La Vida Divina” escrita por Sri Aurobindo.




Este es el homenaje que quiere rendir La Segunda Fundación a la gran experiencia con que nos gratificó la Madre en el Congreso recientemente celebrado.

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TEMA 18: ■ CARTA A BARIN ■

Pondicherry, Abril 1920


Mi querido Barin,


He recibido tus tres cartas -y otra hoy- pero hasta el momento no he conseguido responderte. Es incluso un milagro que te esté escribiendo ahora, porque ¡no escribo cartas más que todos los “treinta y seis” del mes! y menos aun en bengalí: eso no me ha ocurrido ni una sola vez en cinco o seis años. Si llego a terminar esta carta y a echarla al correo, el “milagro” será completo.



Hablemos ahora de tu yoga. Tú quisieras que yo tomara su responsabilidad y yo estoy dispuesto a hacerlo, pero eso significa encomendarse a Aquel que nos mueve a uno y otro, de forma visible o invisible, por Su divina Shakti (Su Voluntad Creadora). Y debes saber que entonces te hará seguir necesariamente la vía del yoga que Él Mismo me ha indicado, y que yo llamo la vía del “Yoga integral”.



Después de mi llegada a Pondicherry, mi inestabilidad espiritual terminó. El Maestro del mundo, que está en cada uno de nosotros, me dio entonces todas las instrucciones necesarias para mi camino; me hizo conocer la teoría completa, las diez partes del cuerpo de este yoga. Durante estos diez últimos años, él me ha hecho vivir las experiencias que me han permitido desarrollarlo, pero este proceso aún no ha terminado. Puede durar aún dos años más y, hasta entonces, no podré sin duda volver a Bengala. Pondicherry es el lugar que me ha sido asignado para la Realización de mi yoga, con excepción de uno de sus aspectos, el de la acción. El centro de mi acción está en Bengala, pero yo espero que su círculo se extenderá a toda la India, luego a la tierra entera.



Te escribiré más adelante para decirte en qué consiste este yoga o bien hablaremos, si tú vienes aquí. En este terreno es mejor expresarse de viva voz. Por el momento sólo puedo decirte que su principio fundamental consiste en armonizar y unificar el conocimiento (jnana), las obras (karma) y el amor (bhakti) en su totalidad, elevándolos por encima del mental hasta una total perfección en el plano supramental.


Los antiguos yogas tenían una laguna: no se preocupaban más que del mental y del Espíritu, y se contentaban con experiencias espirituales al nivel mental. Ahora bien, el mental no puede captar más que fragmentos; no puede abarcar al Todo invisible, al Infinito. Para alcanzarlo, no dispone de ningún medio excepto el samadhi, el moksha, el nirvana, etc. Es cierto que algunos llegan a esta liberación sin forma ni atributos, pero ¿cuál es el fruto? ¿Qué cambio producen en la humanidad? El Brahman, el Yo, el Divino, ¡están presentes eternamente! pero lo que Dios quiere para el hombre, es que él Lo encarne aquí abajo, a la vez en sí mismo y en la colectividad, que Lo realice en la vida.



Los antiguos sistemas de yoga no han podido armonizar ni unificar la vida material y la vida espiritual; han rechazado el mundo considerándolo como una ilusión (maya), o como un juego transitorio, lo que ha provocado, como consecuencia el ocaso de la fuerza de vida, la degeneración de la India. “Estos pueblos perecerían si yo no realizara las obras”, dice el Gita. Y “estos pueblos” de la India han caído realmente en la decadencia. Algunos sannyasis,(ascetas) algunos sadhus (santos), renunciando al mundo alcanzan la realización y la liberación; algunos bhaktas (devotos) danzan en un éxtasis de amor no pudiendo contener la ola de felicidad, pero durante este tiempo toda una raza, amorfa y embrutecida, está sumergida en una profunda inercia; ¿se le puede llamar a eso realización espiritual? Si el resto del colectivo humano queda al margen de la liberación.


Sin duda, es necesario conocer primero, en el plano mental, todas las experiencias posibles, aunque sean parciales, iluminar e inundar el mental de la luz y del gozo del Espíritu, pero enseguida es necesario ir más arriba, porque, si no se asciende a mayor altura, es decir hasta el plano supramental, no se puede penetrar hasta el último secreto del mundo ni resolver el enigma que plantea. En el Supramental, la Ignorancia que conduce a oponer Materia y Espíritu, la vida material y la vida espiritual, desaparece. Allí, el mundo no aparece más como una ilusión. Es el Juego eterno de Dios, la manifestación eterna del Yo. Así es posible conocer a Dios, poseerlo totalmente, hacer lo que dice el Gita: “Conocerme integralmente, íntimamente”.

El físico, el vital, el mental, el Supramental y el Ananda son los cinco planos del Espíritu y, escalando progresivamente estos planos, el hombre, en su evolución espiritual, se aproxima a la Perfección suprema. Cuando se alcanza el Supramental, resulta más fácil elevarse hasta este Ananda indivisible e infinito, establecerlo firmemente en sí y realizarlo, no sólo fuera del tiempo en el Parabrahman, sino en el propio cuerpo, en la vida, en el mundo. Así, el ser integral, la consciencia integral y el gozo integral se abren y toman forma en la vida. Ésta es la clave misma de mi yoga, su principio fundamental.



Este proceso no se efectúa sin esfuerzo. Al cabo de quince años, no he llegado más que al más bajo de los tres niveles del Supramental y me esfuerzo por hacer ascender hasta este nivel todas las actividades inferiores del ser. Pero una vez logrado eso, estoy convencido de que Dios otorgará a otros, a través de mí, la posibilidad de realizar el Supramental sin dificultades demasiado grandes. Será entonces cuando mi acción verdadera podrá comenzar. No estoy impaciente por ver mi obra cumplida: lo que deba llegar llegará cuando Dios lo quiera. Y ya no me siento llevado a agitarme como un loco ni a volcarme en la acción con la única fuerza del pequeño ego. Aunque lo que he emprendido no pueda ser realizado, no me turbaré: ésta no es mi obra, sino la de Dios. No responderé, así pues, a ninguna otra llamada; me moveré solo cuando Dios me empuje a ello.


Sé que Bengala no está preparada. Esta ola de espiritualidad en la que el país se halla sumergido no es más, en su conjunto, que la espiritualidad del pasado bajo una forma nueva; no es la verdadera transformación. Estos son los signos de una no-realización, de una falta de madurez, pero eso no me preocupa. Dejemos que el impulso espiritual se exprese libremente en el país, bajo la forma que quiera y en tantas sectas como quiera. Más adelante, “ya veremos”. No estamos más que en la infancia de una Nueva Era o, más bien, en el estado embrionario; esto no es sino una primera aproximación y no el comienzo.



Vayamos ahora a Motilal y su grupo. Lo que Motilal ha aprendido a mi lado es el fundamento del yoga, su base misma: el don de sí, la equidad de alma etc..., que se esfuerza en poner en práctica sin conseguirlo. Ahora bien, una de las particularidades de este yoga es que la base permanece frágil hasta que no se alcanza un cierto grado de realización. Ahora Motilal quiere llegar más alto. Estaba atado anteriormente a un buen número de viejas creencias; aunque se ha liberado de algunas, a otras todavía les tiene un gran apego. Así, él creía firmemente en la necesidad de renuncia al mundo y quería fundar un Aurobindo Math (Monasterio Aurobindo). Ahora se ha dado cuenta, intelectualmente, de que esta renuncia no es necesaria, pero en el fondo, está todavía profundamente marcado por las huellas del pasado. Por eso él aconseja en este momento permanecer en el mundo practicando el desapego y el ascetismo. Ha comprendido que es indispensable renunciar al deseo; sin embargo, no ha llegado a conciliar plenamente esta renuncia y las delicias del ananda. Además, ha adoptado mi yoga en función del temperamento bengalí, es decir, enfocado no tanto bajo el ángulo del conocimiento como bajo el de las obras y la devoción; y aunque un cierto conocimiento haya florecido en él, le queda todavía mucho por descubrir. Aunque las brumas de su pensamiento no son tan densas como antes, todavía no han sido totalmente disipadas. No ha podido romper los límites de sus principios sátvicos (ego virtuoso) y todavía no se ha liberado de su ego. En una palabra, su desarrollo continúa, pero no ha culminado. Por mi parte, yo no precipito el movimiento; ¡que Motilal se desarrolle según su naturaleza! No quiero formar a todo el mundo con el mismo molde. La verdadera Cosa, que es idéntica en todos, debe expresarse de mil maneras y desarrollarse de múltiples formas; todo debe crecer desde dentro y yo no quiero moldear a nadie en su exterior. Motilal ha captado lo esencial, el resto ya vendrá.



La Deva Sangha es así pues la comunidad de aquellos que aspiran a la vida divina. Motilal, después de haber fundado en Chandernagor un grupo, que es el germen de dicha comunidad, se esfuerza en este momento por crear otros similares por todo el país. Pero si la sombra del ego viene a caer sobre una empresa de este género, la comunidad corre el riesgo de transformarse en secta. Naturalmente se puede caer en la tentación de pensar que esta comunidad, tal como es hoy en día, es ya lo que está llamada a ser un día, y que todo debe girar alrededor de este centro único; si no se pertenece al grupo, se está fuera del redil y, si se forma parte pero se expresa una opinión diferente de las ideas corrientes, ¡se es acusado de desviarse del camino correcto! Si Motilal comete este error, en una cierta medida al menos -cosa que yo no puedo afirmar- no ocurre nada grave; se retractará de su error. Él y su pequeño grupo han hecho bien las cosas y continúan haciéndolo. Hasta el momento nadie ha estado capacitado. La divina Shakti actúa a través de él, de eso no hay duda.

Probablemente te preguntarás: “¿Qué necesidad tenemos de una comunidad? ¡Somos libres y vivimos en todo y en todos. Que todo sea uno sin distinción y que ocurra lo que tenga que ocurrir en el seno de esta vasta unidad!” Sí, pero esto no es más que un aspecto de la verdad. No nos preocupamos sólo del Absoluto sin forma, queremos también conseguir el dominio de la vida y de las formasy formulaciones de la vida. Sin formas, no habría verdadero movimiento de vida; es el Sin-Forma el que ha tomado forma y si ha asumido así nombres y formas, no lo ha hecho por un capricho de Maya: Él ha tomado forma porque la forma es indispensable. Por eso no queremos rechazar ninguna de las actividades del mundo: política, comercio, vida social, poesía, arte, literatura, todo tendrá su lugar; pero a cada una de estas actividades debemos darle un alma y una forma nuevas.


Nosotros podemos perfectamente mezclarnos con otros; pero que sea para atraerlos al Camino y manteniendo intactos el espíritu y la forma del ideal de la Vida Divina; si no, nos extraviaremos y el verdadero trabajo no será hecho. Si cada uno, dondequiera que esté, actúa así en tanto que individuo separado, seguramente se podrá lograr alguna cosa, pero si actúa como miembro de una comunidad, el resultado será infinitamente superior. No obstante, el momento aún no ha llegado. Si se le da forma a esta comunidad demasiado pronto, no podrá corresponder a lo que nosotros queremos. Al principio, los miembros se dispersarán. Aquellos que comparten nuestro ideal, unidos en una misma aspiración, trabajarán en lugares diversos. Más tarde, podrán crear una especie de agrupación espiritual en la que, modelando sus acciones según el Espíritu y las necesidades de la época, se reunirán, no para formar una sociedad rígida y limitada, como la sociedad de otros tiempos o una estructura fija, sino para actuar con total libertad, como un mar que se expande a voluntad en sus innumerables variaciones, abrazando esto, inundando aquello, absorbiéndolo todo. Así se establecerá poco a poco la verdadera comunidad espiritual. Tal es por el momento mi visión de las cosas, pero es necesario darle tiempo para madurar. Esto es lo que me fue revelado en Alipore (carcel) en el transcurso de mis meditaciones y ahora toma forma en mí. Ya veremos a qué conducirá. El resultado está en manos de Dios. Que se cumpla Su voluntad. El pequeño grupo de Motilal no es más que un ensayo. Juntos, buscan los medios de hacer negocios y de lanzarse a la industria, la agricultura, etc. Yo les doy la Fuerza y velo por ellos. Puede haber ahí materiales para el futuro y podrán, probablemente, sacarse sugerencias útiles. No juzgues según las limitaciones, defectos o cualidades que observes en el presente: están todos aún en el estado puramente inicial y experimental.


A este respecto, quisiera comunicarte -brevemente- algunas reflexiones que son el fruto de una larga observación. En mi opinión, la causa esencial del debilitamiento de la India no es ni la sujeción, ni la pobreza, ni la falta de espiritualidad o la ausencia de ideal, sino el declive del poder de pensar y el ascenso de la Ignorancia en la patria del Conocimiento. Por todas partes observo la incapacidad, la repulsa o la fobia a pensar. Sea lo que sea lo que haya podido ocurrir en la Edad Media, en el presente, este estado de espíritu es el signo de una profunda degeneración. La Edad Media fue la noche, la época en la que se veía triunfar al ignorante; el mundo moderno ve la victoria del pensador. Es aquel que reflexiona, busca, el que trabaja más, el que puede sondear las profundidades del universo y descubrir la verdad, y su poder de acción se ve otro tanto acrecentado. Si se considera Europa, se perciben dos cosas: la presencia de un océano de pensamientos, vasto e ilimitado, y el juego de una fuerza prodigiosa, impetuosa y, sin embargo, disciplinada. En ello reside todo el poder de Europa, un poder tal que podría devorar el mundo como habrían podido hacerlo nuestros tapasvi de antaño cuyo poder inquietaba, aterraba incluso, a los dioses y les inspiraba respeto. Se dice que Europa corre hacia su perdición; mi impresión no es ésta. Todas esas revoluciones y conmociones son las fases preliminares de una nueva creación.



Ahora, mira a la India. Aparte de algunos gigantes solitarios, no se encuentra por todas partes más que gente de espíritu simple, dicho de otro modo, esos Indios medios, que no quieren ni pueden pensar, desprovistos de toda energía y sujetos solamente a crisis de excitación pasajera. En la India, se busca la facilidad en todo, tanto en el pensamiento como en la expresión. En Europa, se busca el pensamiento profundo, la expresión profunda. Incluso el trabajador ordinario reflexiona y quiere saberlo todo: no se contenta con conocimientos superficiales, sino que quiere ir al fondo de las cosas. Ahí está toda la diferencia. Sin embargo, la energía y el poder de reflexión propios de Europa adolecen de una limitación fatal: cuando se aplican al campo espiritual, pierden toda capacidad de percepción. En este terreno, para ella todo son enigmas, metafísicas nebulosas y alucinaciones yóguicas, todo es “como en una nube de humo en la que se frotan los ojos, sin distinguir nada”. Pero actualmente Europa está haciendo un esfuerzo real para superar esta limitación. En cuanto a nosotros, tenemos el sentido espiritual -heredado de nuestros ancestros- y cualquiera que posee este don dispone de tal Conocimiento y de tal Fuerza que de un soplo podría sacudir como cabaña de paja todo este poder prodigioso de Europa. Pero para captar esta Fuerza, esta Shakti, es preciso tener uno mismo la fuerza. Ahora bien, nosotros no somos adoradores de la Shakti, sino adoradores de la facilidad, y no es a través de la facilidad como se adquiere la Fuerza. Nuestros ancestros adquirieron su vasto conocimiento y edificaron una gran civilización sumergiéndose en un inmenso océano de pensamientos. Pero progresivamente la laxitud y la fatiga se instalaron; la intensidad del pensamiento disminuyó y, con ella, la corriente de la Shakti. Nuestra civilización se ha convertido en una estructura fija; nuestra religión no es más que beatería y prácticas exteriores; nuestra espiritualidad no es más que un débil resplandor, una ola de exaltación pasajera. Y mientras sea así, no puede esperarse una resurrección duradera de la India.

Quiero hacer brillar el sol del Conocimiento sobre el océano de esta Fuerza y encontrar en esta inmensidad de Luz el tranquilo éxtasis de la Unidad, del Amor y de la Felicidad infinitos. No es preciso que tenga miles de discípulos. Si puedo encontrar un centenar de hombres desarrollados en todos los planos de su ser, desprovistos de egoísmo mezquino y que sean los instru-mentos de Dios, me resultará suficiente. No tengo ninguna fe en la forma habitual del guru tal como se practica y no quiero ser considerado como tal. Mientras logren despertar y manifestar la divinidad que duerme en ellos y consigan vivir una vida divina, ya sea a mi lado o al de otro, estaré satisfecho. Porque son esos los hombres que levantarán el país.



En cuanto a los saddhus (santos) y a los personajes de los que me hablas, la impresión que me producen es, lo confieso, un tanto extraña -digamos que no encuentro en ellos lo que busco. Dayananda posee poderes asombrosos y sus discípulos, que son analfabetos, se dedican a la escritura automática, lo cual es un prodigio. ¡Bien!, pero no se trata más que de facultades psíquicas. A mí me gustaría conocer primero la calidad de su ser interior y saber qué grado de desarrollo han alcanzado. Hay otro que, por medio de un simple toque, puede sumergir a la gente en una embriaguez extática. ¡Bien!, pero ¿a qué conduce todo ello? Aquel que deguste esta embriaguez, ¿podrá erigirse en pilar de la Nueva Era, de la Era de la Unidad divina? ¡Ésa es la cuestión! Veo que tienes dudas al respecto, yo también.

Leyendo las profecías de estos santos personajes, no he podido evitar sonreír -pero no por burla o incredulidad; por mi parte, no tengo ningún conocimiento de un porvenir lejano. La luz que Dios me envía de cuando en cuando ilumina justo el paso que tengo que dar y yo me guío, entonces, por ella. Pero me pregunto qué esperan esos sadhus (santos) de mí ¿Puedo encontrar un lugar en tal noble asamblea? Me temo que al verme se sentirían decepcionados y, yo mismo, corro el riesgo de sentirme como un pez fuera del agua. Yo no soy ni un sannyasin ni un saddhu ni un santo, ni siquiera un hombre religioso. No tengo ni religión ni regla de conducta ni virtudes particulares. Estoy sumergido en la vida del mundo y gozo de los placeres que él me ofrece: como carne y bebo vino, tengo malas costumbres y me muevo a mi antojo -en suma “¡soy un tántrico del vama marga!” ¿Puedo relacionarme con esos grandes personajes y avatares? Si me vieran, me tomarían probablemente por un avatar de Kali o de cualquier aspecto demoníaco de la diosa Kali, de eso que los cristianos llaman el Anticristo. Parece que las falsas ideas circulan acerca de mí; si la gente se decepciona, no puedo hacer nada.


La razón de esta carta extraordinariamente larga es que yo, yo también, “llevo mi saco lleno”, pero creo que este saco mío está tan lleno como la red de SAN PEDRO, repleto de tesoros arrancados al Infinito. No voy a abrirlo en este momento. Si lo hiciera prematuramente, todo mi botín se perdería (Sri Aurobindo aquí alude al Evangelio de San Juan, cuando El Cristo se aparece por ultima vez a los Apostoles y les muestra como pescar los 153 grandes peces). No tengo la intención por el momento de volver a Bengala, no porque Bengala no esté preparada, sino porque yo no lo estoy. Un hombre que no está maduro en medio de hombres que tampoco lo están ¿qué obra puede realizar?

Tu Sedja (hermano)



Nota: hemos extractado la carta para hacerla menos larga, si estáis interesados en conocerla en su totalidad, solo tenéis que pedirlo, y si queréis profundizar en la relación misteriosa entre San Juan y Sri Aurobindo preguntarnos que es lo que sabemos de esta colaboración.



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TEMA 19: ■ LA FE DEL GUERRERO ARIO ■





















































La respuesta del Maestro Divino a la primera turbación del apasionado examen de consciencia de Arjuna, por su repugnancia a participar en la masacre, por su sentimiento de pesar y de pecado, por su aflicción ante lo que le parecia a sus sentidos una vida vacía y desolada, por su duda y pronóstico en cuanto los deplorables efectos de lo que le parecía una mala acción; la respuesta del Maestro Divino es y fue una reprobación enérgica. Todas estas reacciones, le dice, no son más que una confusión de la mente y una ilusión, debilidad de corazón y cobardía, una degradación de la virilidad del guerrero y del héroe. Esto no es lo propio del hijo de Prithâ; jamás debería, de esa manera, el campeón y principal esperanza de una causa justa, abandonarla en el preciso momento de crisis y de peligro, ni tolerar que un inesperado estupor, por debilidad de su corazón y de sus sentidos, el ofuscamiento de su razón, y el derrumbamiento de su voluntad, le traicionen hasta el punto de hacerle deponer sus armas divinas y rechazar la obra que Dios le confió. Ésta no es la actitud esperada y adoptada por el hombre ario; este sombrío estado de ánimo no le llovió del cielo, ni puede conducir al cielo; y sobre la tierra se convierte en una degradación de la gloria que está reservada al coraje, al heroísmo y a las acciones nobles. ¡Que arroje lejos de él esta piedad enfermiza y auto-indulgente, que reaccione y aplaste a sus enemigos!













Esta sería, podría decirse, la respuesta de héroe a héroe, pero no la de un Maestro divino a su discípulo, de quien esperaríamos más bien que le animara a la bondad, a la santidad, a la abnegación y a retirarse de los objetivos y senderos mundanos. Pero la Gîtâ dice expresamente que Arjuna acaba de deslizarse con esa conducta hacia una posición de debilidad nada edificante, - “sus ojos, cargados de aflicción y rompiendo en lágrimas, su corazón, desbordado por la tristeza y el desánimo” porque está invadido por la piedad, krpayâvistam. ¿Pero no es la piedad una debilidad divina? ¿No es la piedad una emoción divina que en ningún caso debería desalentarse con reprobaciones tan duras? ¿O estamos ante a un mero evangelio de la guerra y de las acciones heroicas, ante una fe en un poder y en una fuerza arrogantes propios de Nietzsche, o ante una lección de dureza hebraica o teutona, que entiende la piedad como una debilidad, admitida por el héroe noruego, que agradece a Dios que le haya concedido un corazón insensible?, y No; la enseñanza de la Gîtâ brota de una fe genuina hindú la compasión ha figurado siempre en su espíritu como uno de los elementos más comprensivos de la naturaleza divina. El Maestro Divino mismo, enumerando en un capítulo posterior las cualidades de la naturaleza divina en el hombre, cita entre ellas la compasión a las criaturas, la bondad, la liberación de la ira y del deseo de matar y hacer daño, y la considera al mismo nivel que la intrepidez, el entusiasmo y la energía. La brutalidad, la dureza, la crueldad, la satisfacción en el exterminio de los enemigos y el amasamiento inicuo de la riqueza y las posesiones, por el contrario, son cualidades asúricas; proceden de la violenta naturaleza de los titanes, que niegan la Divinidad en el mundo, y al Divino en el hombre, y no rinden tributo más que al Deseo como su única divinidad. Así pues, la debilidad de Arjuna no merece la censura desde tal punto de vista.













“¿De dónde te ha llegado esta debilidad, esta vergüenza y esta obscuridad del alma en un momento de dificultad y de peligro?” inquiere Krishna de Arjuna. Esta pregunta hace entrever la verdadera naturaleza que ha inducido a Arjuna a desviarse de sus cualidades heroicas. Hay una compasión divina que desciende a nosotros de las alturas, pero para el hombre cuya naturaleza no la posee, ni ha sido vaciada en su molde, pretender ser superior, dominador o superhombre, constituye una locura y una insolencia, porque sólo se es superhombre cuando uno manifiesta la más elevada naturaleza del Divino en la humanidad. Esta compasión observa con amor, sabiduría y una vigilancia serena, la batalla y la lucha, la resistencia y la debilidad del hombre, sus virtudes y vicios, sus alegrías y sufrimientos, su sabiduría e ignorancia, su prudencia y locura, sus aspiraciones y fracasos, y participa en todas las situaciones para aliviar y curar. En el santo y en el filántropo puede adoptar la forma de la plenitud del amor o de la caridad; en el pensador y en el héroe asume la amplitud y la potencia de una sabiduría y de una fuerza compasivas. Es esta compasión, en el guerrero ario el alma de su gentileza, la que rechaza quebrar la caña homicida, pero a su vez asiste y protege al débil y al oprimido, al herido y al vencido. Pero es también la compasión divina la que derriba al tirano despiadado y al opresor altivo, no con cólera ni con odio –(porque éstas no forman parte de las elevadas cualidades divinas; la cólera de Dios contra el pecador, Su rencor al malvado, son fabulaciones de creencias semi-instruidas; y lo mismo ocurre con la tortura eterna de los infiernos que tales creencias han inventado)-, sino, como comprendió claramente la antigua espiritualidad hindú, con tanto amor y compasión por el titán poderoso, inducido a error por su fuerza y herido por sus pecados, como por los desgraciados y oprimidos, que tienen que ser amparados de su violencia e injusticia.













Pero no es ésta la compasión que manifiesta Arjuna al rechazar su obra y su misión. No es ésta la compasión, sino una impotencia cargada de piedad por sí mismo, un retroceso ante el sufrimiento mental que su acción debe causarle, -“Yo no veo lo que podría despojarme de este dolor que reseca mis sentidos.”-( susurra Arjuna autocompadeciendose). Para un ario la autocompasión es lo más bajo e indigno de cuanto puede decirse de él. Su piedad por los demás constituye también una forma de auto-indulgencia; es el horror físico de los nervios inspirado por el acto de matar, es el encogimiento emocional y egoísta del corazón ante la destrucción de los Dhritarâshtrians porque son “su propio pueblo”, y porque sin ellos la vida se tornaría vacía. Esta piedad es una debilidad de la mente y de los sentimientos –una debilidad que muy bien puede ser conveniente para hombres en un estado inferior de desarrollo, quienes, si no fueran débiles serían duros y crueles, porque les hace cambiar las expresiones más duras de su sensibilidad egoísta por otras más amables; les es preciso apelar al tamas, principio de la debilidad, para ir en auxilio de sattwa, principio de la luz, y sofocar así la fuerza y los excesos de sus pasiones rajásicas. Pero este comportamiento no es propio del hombre ario desarrollado, que tiene que evolucionar, no por la debilidad, sino por una ascensión continua de fuerza en fuerza. Arjuna es el hombre divino, el hombre dominador en vías de formación y, como tal, ha sido elegido por los dioses. Le ha sido encomendada una misión; tiene a Dios junto a él en su carro; empuñado el arco celestial, Gandiva; delante, los campeones de la iniquidad, quienes se oponen a que el Divino conduzca el mundo. No es a él a quien corresponde determinar lo que se hará o no a tenor de sus emociones y movimientos pasionales, ni retroceder ante una destrucción necesaria al atender el clamor de su corazón o de su razón egoísta, ni declinar ejecutar su labor porque le aporte dolor y la sensación de vaciedad a su vida, o porque, por la ausencia de miles de personas que deben perecer, sus concebibles efectos carezcan de valor ante sus ojos. Todo esto supone, por debilidad, despojarse de su naturaleza superior. Él no debe fijarse más que en la obra que hay que llevar a cabo, kartavyam karma; no tiene que escuchar más que la orden divina infundida a través de su naturaleza guerrera y no debe interesarse más que por el mundo y por el destino de la humanidad que le pide, como hombre enviado por los dioses, que la asista en su marcha, y dejar libre su camino de los siniestros ejércitos que la asedian.













En su respuesta a Krishna, Arjuna admite la reprobación, aun cuando proteste contra la orden que recibe, y la rechace. Es consciente de su debilidad y sin embargo se sujeta a ella. Está de acuerdo en que es su pobreza de espíritu la que le ha despojado de su naturaleza verdadera y heroica; toda su consciencia está aturdida en su visión del bien y del mal, y en este desorden acepta al Amigo divino como su maestro; pero los apoyos emocionales e intelectuales sobre los que él basaba su sentido de rectitud, han sido enteramente barridos y no puede aceptar una orden que parece atraer sólo a su antiguo punto de vista y que no le proporciona una base nueva para la acción. Intenta, además, justificar su rechazo a actuar, y pone delante como excusa las quejas de sus nervios y de su ser sensorial, que retroceden ante el exterminio y su secuela de goces sangrientos; los derechos de su corazón, que le hacen replegarse ante el dolor y la vaciedad de la vida, que constituirían el efecto su acción; el derecho de sus conceptos morales habituales, que quedan horrorizados por la necesidad de matar a sus gurús, Bhisma y Drona; los derechos de su razón que no ven más que resultados desagradables y ninguna ventaja en la obra terrible y violenta que le es asignada. Está decidido, sobre sus antiguas bases de pensamiento y motivos, a no combatir, y espera en silencio la respuesta a las objeciones que le parecen irrefutables. Son a estos derechos del ser egoísta de Arjuna a los que Krishna se propone, en primer lugar, reducir a la nada para conceder espacio a la ley superior, que trasciende todos los motivos de acción egoístas.













La respuesta del Maestro procede en dos líneas diferentes; la primera es breve y está fundamentada en las ideas más elevadas de la cultura general aria, en la que Arjuna ha sido educado; la segunda, es otra explicación pero más amplia, basada en un conocimiento más íntimo que permite el acceso a verdades más profundas del ser humano, el cual constituye el verdadero punto de partida de la enseñanza de la Gîtâ. La primera se apoya en concepciones filosóficas y morales del Vedanta, y en las ideas sociales de deber y de honor que establecieron los fundamentos éticos de la sociedad aria. Arjuna ha intentado justificar su rechazo por razones de orden ético y racional, pero lo que en realidad ha hecho es encubrir con palabras de aparente racionalidad la rebeldía de sus emociones ignorantes e indisciplinadas. Ha hablado de la vida física y de la muerte del cuerpo como si éstas fueran realidades primarias, pero tales realidades no son esenciales para el sabio o el pensador. El dolor por la muerte corporal de los amigos y parientes es una desgracia no ratificada por la sabiduría y el conocimiento verdaderos. El hombre ilustrado no se aflige por los vivos, ni tampoco por los muertos; sabe que el sufrimiento y la muerte no son más que simples incidentes en el curso de la historia del alma. La realidad es el alma, no el cuerpo. Todos esos reyes de hombres, por cuya muerte próxima llora Arjuna, han vivido ya anteriormente, y de nuevo tomarán posesión de un cuerpo humano; porque del mismo modo que el alma pasa físicamente por la niñez, la juventud y la edad madura, así también pasa de un cuerpo a otro. La mente calma y sabia, el dhîra, el pensador que observa la batalla de la vida establemente sin dejarse distraer o cegar por sus sensaciones y emociones, no es engañado por las apariencias personales o materiales; no permite que la llamada de la sangre, de sus nervios y de su corazón nuble su juicio, o contradiga a su conocimiento. Él ve, más allá de los hechos aparentes de la vida del cuerpo y de los sentidos, el hecho real de su ser, y se eleva, por encima de los deseos físicos y emocionales de la naturaleza ignorante, hacia la única y verdadera meta de la existencia humana.













¿Cuál es este hecho real, esta meta más elevada? El hecho de que la vida humana y la muerte se repitan a través de los eones de los grandes ciclos del mundo, no es más que un largo proceso por el que el ser humano se prepara y se hace apto para la inmortalidad. ¿Y cómo debe prepararse? ¿Qué hombre está capacitado para ello? Es aquél que deja de observarse como una vida y un cuerpo, aquél que no acepta las experiencias materiales y sensoriales del mundo en su propio valor o en el que les atribuye el hombre físico, aquél que se conoce a sí mismo y a todos los demás como almas, aquél que aprende a vivir en su alma y no en su cuerpo, y que en sus relaciones con los demás los trata también como almas y no como simples seres físicos. Porque inmortalidad no significa sobrevivir a la muerte -esto pertenece ya a toda criatura dotada de una mente-, sino trascender la vida y la muerte; significa esa ascensión por la que el hombre deja de vivir como cuerpo animado por la mente, para vivir finalmente como espíritu y en el Espíritu. Cualquiera que esté sujeto a la tristeza y a la aflicción, cualquiera que sea esclavo de las sensaciones y emociones, absorbido por los contactos con las cosas transitorias, no puede ser apto para la inmortalidad. Todo esto debe ser soportado hasta su conquista, hasta que el hombre liberado no experimente dolor alguno, hasta que sea capaz de acoger todos los acontecimientos materiales del mundo, gozosos o tristes, con una igualdad de alma, sabia y calma, como los acoge el Espíritu eterno, tranquila, en lo más secreto de nosotros. Ser perturbado por la aflicción y el horror, como lo fue Arjuna, ser desviado por ellos del camino que hay que recorrer, ser vencido por la auto-compasión, ser intolerante al dolor y retroceder ante una circunstancia tan insignificante como inevitable, como es la muerte del cuerpo, es la prueba de una ignorancia . No es así como el ario, con una solidez tranquila, debe escalar hacia la vida inmortal.













No existe tal cosa como la muerte, ya que es el cuerpo el que muere, y el cuerpo no es en absoluto el hombre. Lo que verdaderamente es, no puede salir fuera de la existencia, aunque cambie las formas por las cuales aparece; e igualmente, lo que no existe, no puede entrar en el ser. El alma es y no puede dejar de ser. Esta oposición entre lo que es y lo que no es, este equilibrio entre el ser y el devenir, que constituyen el punto de vista mental de la existencia, se resuelven finalmente en la realización por el alma del Yo único e imperecedero, por quien ha sido desplegado todo este universo. Los cuerpos finitos tienen un fin, pero Eso que posee y utiliza el cuerpo es infinito, ilimitado, eterno e indestructible; abandona el cuerpo anterior inservible y toma otro nuevo, de la misma manera que un hombre cambia su vestimenta raída por otra nueva. Y ¿qué hay en todo esto como para tener motivos de lamentarse, angustiarse u horrorizarse? Eso es no-nacido, no muere, ni es algo que llegue a la existencia en un momento dado y a continuación desaparezca para no volver jamás. No tiene nacimiento, es antiguo, sempiterno; no es matado cuando se mata al cuerpo. ¿Cómo puede ser matado el espíritu inmortal? Las armas no pueden lesionarlo, ni el fuego, quemarlo, ni el agua, empaparlo, ni el viento, secarlo. Eternamente estable, inmóvil, penetrándolo todo, es por siempre y para siempre. No se manifiesta como el cuerpo, ya que es superior a toda manifestación; no puede ser analizado por el pensamiento, pues que está por encima de toda inteligencia; no está sujeto al cambio ni a la modificación, como lo están la vida, sus órganos y sus objetos, sino que está más allá de los procesos cambiantes de la mente, de la vida y del cuerpo. Y sin embargo, es la Realidad que todo lo demás se esfuerza por representar.













Incluso si la verdad de nuestro ser fuera menos sublime, menos vasta, menos intangible en la muerte y en la vida, si el yo estuviese constantemente sujeto al nacimiento y a la muerte, incluso entonces la muerte de los seres tampoco debería ser una causa de dolor, porque es una circunstancia inevitable para la manifestación propia del alma. Su nacimiento es una aparición fuera de un estado en el que el alma no es inexistente sino solamente no manifiesta a nuestros sentidos mortales; y la muerte es un retorno a este mundo o estado no manifiesto y de donde reaparecerá de nuevo en el mundo físico. El barullo montado por la mente física y los sentidos físicos sobre la muerte y el terror que ésta inspira, ya sea en el lecho del enfermo o en el campo de batalla, es la más ignorante de las reacciones nerviosas. Llorar a los muertos es afligirse de una manera ignorante por quienes no hay motivo alguno para llorar, ya que no han salido de la existencia, ni han sufrido ningún cambio de estado doloroso o terrible, puesto que, después de la muerte, ni están menos vivos, ni en circunstancias más penosas que las experimentadas durante la vida.













Pero en realidad, la verdad más alta es la única verdad. Todo es ese Yo, ese Uno, ese Divino que nosotros observamos, del que hablamos y oímos hablar como la maravilla que sobrepasa nuestra comprehensión, porque después de todas nuestras búsquedas y de todas nuestras declaraciones de conocimiento, y a pesar de lo que hemos aprendido de quienes lo poseen, ninguna mente humana ha conocido jamás este Absoluto. Es Esto lo que está aquí velado por el mundo, el señor del cuerpo; toda vida no es más que su sombra; la llegada del alma a la manifestación física y nuestra salida de ella por la muerte, no es más que uno de sus movimientos menores. Una vez que nos conocemos como Eso, hablar de nosotros como muertos o matados es algo absurdo. Una sola cosa, en la cual tenemos que vivir, es la verdadera: el Eterno, manifestándose como el alma del hombre en el gran ciclo de su peregrinaje, con el nacimiento y la muerte como piedras miliares, con los mundos de más allá como lugares de descanso, con todas las circunstancias de la vida, felices e infelices, como medios de nuestro progreso, como campo de batalla y de victoria, y finalmente con la inmortalidad como la casa a la que viaja el alma.













“Por esto, dice el Maestro, se descarta esta vana preocupación y este horror, y por esto combates, oh hijo de Bharata.” Pero ¿por qué semejante conclusión? Este elevado y vasto conocimiento, esta vigorosa auto-disciplina de la mente y del alma, por las que debemos elevarnos por encima de las exigencias de las emociones y del fraude de los sentidos hacia el verdadero conocimiento de nosotros mismos, pueden en verdad liberarnos de la tristeza y de la ilusión; pueden realmente curarnos del miedo a la muerte y de la aflicción por los que mueren; pueden mostrarnos en verdad que aquellos de quienes decimos que están muertos, no lo están en absoluto, ni tenemos que estar afligidos por ellos, ya que no han hecho más que pasar a un más allá; pueden efectivamente enseñarnos a considerar con calma los más terribles asaltos de la vida, y a ver la muerte del cuerpo como algo apenas significativo; pueden elevarnos hasta concebir todas las circunstancias de la vida como una manifestación del Uno y como medios para que nuestras almas se eleven por encima de las apariencias mediante una evolución ascendente hasta reconocernos como el Espíritu inmortal. Pero, ¿cómo se justifican la acción exigida a Arjuna y el exterminio de Kurukshetra? La respuesta es que ésta es la acción exigida a Arjuna sobre el sendero que quiere y debe recorrer; se presenta inevitable en la realización de su función, tal como le exige su svadharma, su deber social, la ley de su vida y la ley de su ser. Este mundo, esta manifestación del Yo en el universo material no es sólo un ciclo del desarrollo interior, sino también el campo en el que las circunstancias externas de la vida deben ser aceptadas como condiciones y ocasiones para este desarrollo. Es un mundo de ayuda mutua y de lucha; el progreso que nos permite no es un deslizamiento pacífico y sereno a través de alegrías fáciles, sino que cada paso tiene que ser ganado mediante un esfuerzo heroico y mediando un conflicto de fuerzas opuestas. Quienes han asumido la lucha interior y exterior, su acción en la vida externa, asumiendo sus continuos, contactos y choques, incluso el choque físico más potente de todos, el de la guerra, sin evadir su obligación de actuar; son los kshatriyas, los hombres fuertes; la guerra, la energía, la nobleza, el coraje, son su naturaleza; la defensa del derecho y una aceptación de actuar sin reservas, se lo que sea lo que se halle en juego en cualquiera de las batallas de su vida (interior y exterior) es su virtud y su deber. Porque es un hecho permanente la lucha entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia, entre las fuerzas que protegen y las que violan y oprimen; y una vez que el desenlace final tuviera que ser el conflicto físico, el campeón que enarbola la bandera del Derecho no debe temblar ni vacilar ante la difícil, terrible o violenta naturaleza de la obra u acción que la vida le presente y debe llevarla a cabo; no debe vacilar por una piedad equívoca en favor del violento y del cruel, y por el horror físico que inspira la inmensa destrucción decretada, no debe abandonar a sus seguidores o combatientes que están de su parte, ni traicionar la causa, ni dejar arrastrar por el polvo, ni ser pisoteado en el lodazal por los pies sangrientos del opresor. El estandarte del Derecho y de la Justicia. Su virtud y su deber están en la batalla y no en abstenerse de la lucha; el pecado no sería para él exterminar, sino negarse a matar.













A continuación el Maestro deja a un lado por un momento este punto para dar otra respuesta a la queja de Arjuna por el horror a la muerte de sus allegados, lo cual vaciaría su vida de toda razón para vivir. ¿Cuál es el verdadero objetivo de la vida de todo castrilla (guerrero divino) y su verdadera felicidad? No es su propio placer, la felicidad doméstica y una vida de confort y de alegrías pasajeras en compañía de amigos y parientes; su verdadero fin en la vida es la batalla por la justicia y la verdad, y su mayor felicidad, encontrar una causa por la que pueda ofrendar su vida, o, si obtiene la victoria, ganar la gloria y la corona del héroe. “No existe bien más grande para el kshatriya que una guerra justa, y cuando tal circunstancia les llega de sí misma, como si se le abriesen las puertas del cielo, felices entonces están los kshatriyas. Y tú, si no libras esta batalla por la justicia y la verdad, entonces habrás abandonado tu deber, tu virtud y tu gloria, y el pecado será tu porción.” Por semejante rechazo, se expondrá a la vergüenza y al reproche de la cobardía, de la debilidad y de la pérdida de su honor de kshatriya. Porque, ¿cuál es la peor desgracia para un kshatriya? Es la pérdida de su honor, de su reputación, de su noble condición entre los hombres poderosos, los hombres de coraje y de poder; esto es para él es mucho peor que la muerte. La batalla, el coraje, el poder, la autoridad, la disciplina, el honor de los bravos, el cielo de aquellos que caen noblemente, tal es el ideal del guerrero. Envilecer este ideal, permitir que este honor sea mancillado, ofrecer el ejemplo de ser un héroe glorioso entre los héroes, pero cuya acción queda abierta al reproche de la cobardía y de la debilidad, rebajando así las normas morales de la humanidad, es ser falso ante sí mismo y ante el mundo en lo él que exige de sus líderes y de sus reyes. “Muerto, conseguirás el cielo; victorioso, disfrutarás la tierra; levántate pues, oh hijo de Kunti, decidido a dar la batalla.”













Esta llamada heroica puede parecer de un nivel inferior al de la espiritualidad estoica que le precede y al de la espiritualidad más profunda que le sigue; porque en los próximos versos, en efecto, el Maestro le ordena que considere como iguales ante los ojos del alma la buena fortuna y la mala, la pérdida y la ganancia, la victoria y el fracaso, y, después, en tal caso, marchar hacia la batalla; ésta es la enseñanza verdadera de la Gîtâ. Pero la ética hindú ha reconocido en todo momento la necesidad práctica de ideales graduados para el desarrollo de la vida moral y espiritual del hombre. Aquí, el ideal del kshatriya, el ideal de las cuatro castas está presentado bajo su aspecto social, y no en su significado espiritual, como lo será después. Tal es mi respuesta a ti, dice Krishna de hecho, si insistes en considerar la alegría, el sufrimiento y el resultado de tus acciones, como tus motivos de acción. Te he manifestado en qué dirección te guía el más alto conocimiento de uno mismo y del mundo; ahora acabo de mostrarte en qué camino te dirige tu deber social y los valores morales de tu casta, svadharmam api châvéskshya. Que consideres el uno o el otro, el resultado es el mismo. Pero si tú no estás satisfecho con tu deber social y con la virtud propia de tu casta, si crees que te conducen al dolor y al pecado, entonces te ordeno que te eleves a un ideal superior y no desciendas a los inferiores. Descarta todo egoísmo de ti, ignora la alegría y el dolor, desdeña la pérdida y la ganancia de todas las consecuencias mundanas; fíjate solamente en la causa a la que debes servir y en el trabajo que es preciso que lleves a cabo por orden divina, y “entonces no incurrirás en pecado.” De esta forma, ha respondido él a todos los argumentos de Arjuna, según el Conocimiento y el ideal moral más elevado que habían alcanzado su raza y su tiempo, ya sea la excusa de su dolor, o la de su repliegue ante la masacre, la de su sentido del pecado, o la de los desdichados efectos de su acción.













Así es la FE del guerrero ario. “Conoce a Dios,” dice, “conócete a ti mismo, ayuda a los hombres; defiende el Derecho; haz sin miedo, sin debilidad ni vacilación tu trabajo de combatiente en el mundo. Tú eres el Espíritu eterno e imperecedero; tu alma está aquí abajo en su camino ascendente hacia la inmortalidad; la vida y la muerte no son nada; el dolor, las heridas y los sufrimientos no son nada; porque todo esto debe ser conquistado y superado. No te detengas en tu propio placer, en tu éxito o provecho, sino mira más alto y alrededor de ti; MAS ALTO, contemplando las cumbres esplendorosas a las que escalas; en torno de ti, observando este mundo de batalla y de prueba en el que el bien y el mal, el progreso y el retroceso están ligados por un implacable conflicto. Los hombres te llaman para que les auxilies, tú eres su hombre fuerte, ¡su héroe!; ayúdales entonces, y lucha. Destruye cuando por la destrucción debe avanzar el mundo; pero no odies lo que destruyas, ni te aflijas por todos aquellos que deben perecer. Conoce en cada uno al Yo único; debes saber que todos son almas inmortales y que el cuerpo no es sino polvo. Haz tu trabajo con espíritu sosegado, con fortaleza y con serenidad. Lucha y fracasa noblemente, o conquista poderosamente. Porque ésta es la obra que Dios y tu naturaleza te han asignado para su cumplimiento.”





SRI AUROBINDO





















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TEMA 20: « EL DESCUBRIMIENTO SUPREMO »













































Si queremos progresar íntegramente, tenemos que erigir en nuestro ser consciente, un equilibrio mental perfecto y puro, que pueda servirnos de protección contra las tentaciones del exterior, de aviso que nos evite toda perdida de tiempo, de faro que ilumine nuestra ruta por las aguas movedizas de la vida.













Cada cual debe construir este equilibrio mental siguiendo sus propias tendencias, sus propias afinidades, sus propias aspiraciones. Pero si lo queremos realmente vivo y luminoso, es necesario que tenga en su EJE LA IDEA, que es la representación intelectual simbólica de ESO que MORA en el centro de nuestro ser, de ESO que es nuestra vida y nuestra luz.













Esta idea expresada en palabras sublimes ha sido enseñada, en diversas formas, por todos los grandes maestros, en todos los países y en todos los tiempos.













El Yo de cada uno y el Gran Yo universal son Uno.













Si todo lo que ES desde siempre, tanto en su esencia como en su principio, ¿por qué hacer distinción entre el ser y su origen, entre nosotros y lo que situamos al comienzo?













Y esta unidad hay que entenderla, no como un simple vínculo de unión más o menos estrecha e íntima, sino como una Real- Identidad.













Por tanto, el hombre que busca lo Divino olvida, cuando trata de ascender grado a grado, hasta lo inaccesible, que todo su conocimiento y toda su intuición serían incapaces de hacerle dar ni un solo paso en ese infinito, e ignora que eso que quiere alcanzar, eso que cree tan alejado, lo lleva escondido en su interior.













¿Y cómo podrá él descubrir algo de su Origen hasta tanto que tome consciencia de ese Origen escondido en su ser?













Conociendose a sí mismo, aprendiendo a conocerse es como puede hacer el descubrimiento supremo y exclamar, maravillado, como el patriarca de la Biblia: «Aquí está la Morada de Dios y yo no lo sabía».













Por eso, hay que expresar el pensamiento sublime, creador de los mundos materiales, y hacer escuchar a todos, la palabra que llena los cielos y la tierra: «Yo estoy en toda cosa y en cada ser».













Cuando todos conozcan Eso, el día prometido de las grandes transfiguraciones estará próximo. Cuando en cada átomo de la materia los hombres reconozcan el pensamiento de Dios, que en él mora; cuando en cada criatura viviente perciban el esbozo de un rostro de Dios; cuando en cada hombre su hermano vea a Dios, entonces, amanecera el alba expulsando las tinieblas, las mentiras, las ignorancias, los errores y las aflicciones que abruman a la naturaleza entera. Pues «Toda la naturaleza padece y gime esperando que los Hijos de Dios se revelen».













Es realmente el pensamiento central, el que resume todos los otros; siempre debiera estar presente en nuestra memoria como el sol que ilumina toda la vida.













Por ello os lo recuerdo hoy. Pues si seguimos nuestro camino llevando este pensamiento en el corazón como la joya más rara, como el más preciado tesoro, si lo dejamos llevar a cabo su obra de iluminación, de transfiguración en nosotros, sabremos que está vivo en el centro de todos los seres y de todas las cosas, y sentiremos en él esa maravillosa unidad del universo.













Comprenderemos, entonces, cuán vanas e infantiles son nuestras pobres satisfacciones, nuestras disputas necias, nuestras mezquinas pasiones, nuestras indignaciones ciegas. Veremos disolverse nuestros pequeños defectos, caer los últimas trincheras de nuestra personalidad limitada, de nuestro egoísmo falto de inteligencia. Nos sentiremos arrastrados por esa sublime corriente de espiritualidad verdadera, que nos hará rebasar los marcos limitados y nuestra estrecha fronteras.













El Yo individual y el Yo universal son Uno; en cada mundo, en cada ser, en cada cosa, en cada átomo está la Presencia Divina, y el hombre tiene la misión de manifestarla.













Para ello se tiene que tomar consciencia de esta Presencia Divina dentro de nosotros. Algunos necesitan de un verdadero aprendizaje para lograrlo; su ser egoísta es demasiado absorbente, demasiado fijo y conservador y la lucha contra él es larga y penosa. Otros, en cambio, más impersonales y plásticos, más espiritualizados, tienen facilidad para entrar en contacto con la fuente inagotablemente divina de su ser. Mas ellos también, no lo olvidemos, han de dedicarse cotidiana y constantemente a un trabajo metódico de adaptación, de transformación, para que nada en ellos pueda oscurecer el resplandor de esta luz pura.













Pero apenas alcanza uno esta consciencia profunda, ¡cómo cambia el punto de vista, cómo se amplía la comprensión y se acrecienta la benevolencia!













A propósito de ello, un sabio ha dicho:













«Yo quisiera que cada uno de nosotros lograse percibir al Dios interior, que mora aun en el más vil de los seres humanos; en vez de condenarlo y diríamos: Surge, Ser resplandeciente, tú que eres siempre puro, que no conoces el nacimiento ni la muerte, surge, Todopoderoso, y manifiesta tu naturaleza».













Ajustémonos a esta hermosa palabra y hemos de ver que todo se transforma como por milagro en torno nuestro.













Esta es la actitud de amor verdadero, consciente, perspicaz, del amor que sabe ver detrás de las apariencias, comprender a pesar de las palabras, y que está, a través de todos los obstáculos, en comunión constante con las profundidades.













¿Qué pueden los impulsos y los deseos, las angustias y la violencias, los sufrimientos y las luchas nuestras, qué pueden todas esas peripecias íntimas, erroneamente dramatizadas por nuestra imaginación impura, ante ese grande, ese sublime amor divino, que se inclina sobre nosotros desde lo más profundo de nuestro ser, indulgente para con nuestras debilidades, que corrige nuestros errores, cicatriza nuestras llagas, anega todo nuestro ser en sus efluvios regeneradores?













Porque la Divinidad interior no se impone jamás, no reclama nada, no amenaza; ella se ofrece, se da, se esconde, se olvida a sí misma en el seno de los seres y de las cosas; ella no censura ni juzga, no maldice ni condena, mas está sin cesar trabajando para perfeccionar sin apremio, corregir sin reproches, estimular si impaciencia, para enriquecer a cada uno con cuantos tesoros pueda él recibir.













Ella es la madre cuyo amor engendra y nutre, cuida y protege, aconseja y consuela. Por comprenderlo todo, lo soporta todo, y lo disculpa y lo perdona, y lo espera y lo prepara todo. Teniendo todo en ella, nada posee que no sea de todos; y porque reina sobre todos, es la servidora de todos; aquellos que, pequeños o grandes, quieren ser reyes con ella y dioses en ella son, por eso, como ella: no déspotas, sino servidores entre sus hermanos.













¡Cuán hermoso este humilde papel de servidor! el papel de cuantos han sido manifestadores, anunciadores del Dios que está en todos, del Amor Divino que aníma todas las cosas.













Y mientras esperamos poder seguir este ejemplo y tornarnos, como ellos, verdaderos servidores, dejémonos penetrar por ese Amor Divino, dejémonos penetrar por Él. Entreguémosle, sin reservas, ese maravilloso instrumento que es nuestro organismo material. Él lo hará rendir su máximo en todos los planos de su actividad.













Para llegar a esa consagración completa, todos los medios son buenos, todos los métodos, valiosos. Lo único absolutamente indispensable es la perseverancia en la voluntad de alcanzar esa meta. Porque, entonces, todos los ensayos que se hagan, todos los actos que se realicen, todos los seres humanos que se encuentren seran capaces de traer una indicación, una ayuda, una luz que ha de guiar por el camino.













Antes de terminar, para los que ya han hecho muchos esfuerzos aparentemente infructuosos, para los que han conocido las emboscadas del camino y han medido su propia debilidad, para aquellos que corren riesgo de perder la confianza y el coraje, añadiré algunas páginas. Destinadas a despertar la esperanza en el corazón de los que padecen, han sido escritas por un trabajador espiritual en el momento en que todas las pruebas se precipitaban sobre él como llamas purificadoras.













Vosotros que estáis fatigados, abatidos, lastimados, vosotros que desmayáis, que os creéis, tal vez, vencidos escuchad la voz de un amigo; él conoce vuestras tristezas, las ha compartido y, como vosotros, ha padecido de los males de la tierra; ha atravesado, como vosotros, los desiertos bajo el peso del día, sabe lo que son la sed y el hambre, la soledad y el abandono, el despojo en el corazón más cruel ; sabe también lo que son las horas de duda, conoce los errores, las faltas, los desfallecimientos, todas las debilidades.













Mas os dice: ¡coraje! Escuchad la lección que, todas las mañanas, trae a la tierra el sol naciente en sus primeros rayos. Es una lección de esperanza, un mensaje de consuelo.













Vosotros que lloráis, vosotros que sufrís, vosotros que tembláis, sin atreveros a prever el término de vuestros males, el fin de vuestras penas, mirad: No hay noche sin aurora, y el alba se prepara cuando la sombra se espesa; no hay niebla que el sol no disipe, ni nube que no haga brillar; no hay llanto que él no sea secado un día, ni tempestad tras la cual no resplandezca su arco triunfal, ni nieve que no funda, ni invierno que no trueque en primavera radiante.













Ni tampoco hay, para vosotros, aflicción que no produzca su contrapeso de gloria, ni angustia que no se pueda transformar en alegría, ni derrota que no pueda trocarse en victoria, ni caída que no pueda transformarse en ascensión más elevada, soledad en hogar de vida, ni desacuerdo en armonía. A veces, el desacuerdo entre dos espíritus es lo que obliga a dos corazones a abrirse para entrar en comunión. Y, por último, no hay debilidad, por infinita que sea, que no pueda trocarse en fuerza; y aún en la debilidad mas suprema es cuando la omnipotencia gusta de revelarse.













Escucha, criaturita mía, que te sientes hoy tan quebrantada, quizás tan decaída, que no tienes nada más, nada más para cubrir tu miseria y alimentar tu orgullo, ¡nunca, aún, has sido más grande! ¡Cuán cerca de las cimas está el que despierta en las profundidades! Cuanto más se ahonda el abismo, tanto más se revelan las alturas.













¿Acaso no sabes que las fuerzas más sublimes de las extensiones buscan, para vestirse, los velos más opacos de la materia? ¡Oh, las bodas espléndidas del Amor SUPREMO con las MATERIALIZACIONES más oscuras, del deseo de la sombra con la luz más regia!













Si la prueba o la falta te han arrojado bajo, si te has hundido en alguna sima de padecimiento, no te aflijas, pues ahí es donde podrán darte alcance la ternura divina y la bendición suprema. Porque has pasado al crisol de los dolores purificantes, para ti son las ascensiones gloriosas.













Estás en el desierto: escucha, pues, las voces del silencio. El ruido de las palabras elogiosas y de los aplausos exteriores había regocijado tus oídos, pero las voces del silencio regocijarán tu alma, despertando en ti el eco de las profundidades, el canto de las armonías divinas.













Andas en plena noche. Recoge, pues, los tesoros sin precio de la noche. A pleno sol se iluminan las rutas de la inteligencia; mas en la noche, bajo las claridades blancas, se hallan los senderos ocultos de la perfección, con el secreto de las riquezas espirituales.













Sigue la vía del despojarte; ella conduce a la plenitud. Cuando ya no poseas nada, todo te será dado. Pues para quien es sincero y recto, siempre de lo peor surge lo mejor.













Cada semilla que se echa en la tierra produce otras mil. Cada coletazo del dolor puede ser un impulso hacia la gloria.













Y cuando el adversario se ensaña con el ser humano, todo lo que hace para aniquilarlo lo engrandece.













Escucha la historia de los mundos, mira: al gran enemigo que parece triunfar. Él arroja a la noche a los seres de luz, y la noche se llena de estrellas. Se ensaña con la obra cósmica y atenta contra la integridad del imperio esférico rompiendo su armonía, lo divide y lo subdivide, esparce su polvo a los cuatro vientos de lo infinito; y he que ahí ese polvo se torna simiente dorada que fecunda lo infinito y lo puebla de mundos que en lo venidero, gravitarán alrededor de su Centro eterno en su órbita expandida del espacio; de suerte que la propia división produce una Unidad más rica y más profunda, y, multiplicando las superficies del universo material, agranda el imperio que pretendía destruir.













Por cierto que era hermoso el canto de la esfera primordial, mecida en el seno de la inmensidad, pero ¡cuánto más hermosa aún y más triunfal es la sinfonía de las constelaciones, la música de las estrellas, la coral inmensa que llena los cielos de un himno eterno de victoria!













ESCUCHA AUN: no hubo estado más precario que el del ser humano cuando fue separado, en la tierra, de su origen divino. Sobre él se extendía la frontera hostil del usurpador y las puertas del horizonte eran veladas por los carceleros armados de espadas resplandecientes. Entonces, como el ser humano ya no podía ascender a la fuente del árbol de la vida, esa Fuente dio fruto en él; como ya no podía recibir la luz de lo alto, esa Luz resplandeció en el mismo Centro de su ser; como ya no podía estar en comunión con el Amor trascendente, ese Amor se hizo Holocausto y se ofreció, eligiendo cada ser terrestre, cada yo humano por Morada y por Santuario.













Así es como, en esta Materia despreciada pero fecunda, desolada pero bendita, cada átomo encierra un pensamiento divino, cada ser lleva en sí al Divino Habitante. Y no habiendo nada en todo el universo, tan endeble como el hombre, NADA TAMPOCO ES TAN DIVINO.





¡En verdad, en verdad, en la HUMILLACION se halla la cuna de la gloria!













LA MADRE





















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TEMA 21: ♦ LA SUPERMENTE Y LA VIDA DIVINA ♦





































Una vida divina sobre la tierra, el ideal que hemos puesto delante de nosotros, sólo puede venir por un cambio espiritual de nuestro ser y un cambio radical y fundamental, una evolución o revolución de nuestra naturaleza. El ser encarnado sobre la tierra tendría que elevarse por encima del dominio que ejercen sobre él sus velos de la mente, de la vida y del cuerpo hacia la plena consciencia y posesión de su realidad espiritual y su naturaleza también tendría que elevarse desde la consciencia y poder de consciencia propia de un ser mental, vital y físico hasta la consciencia más grande y el poder más grande del ser y la más grande y libre vida del espíritu. No perdería estos primeros velos pero ya no serían velos o expresiones imperfectas sino manifestaciones verdaderas; serían cambiados en estados de luz, poderes de vida espiritual, vehículos de una existencia espiritual. Pero de nuevo esto no podría ser si la mente, la vida y el cuerpo no se elevaran y transformaran por un estado del ser y una fuerza del ser superior a ellos, un poder de la Supermente tan por encima de nuestra naturaleza mental incompleta como está por encima de la naturaleza de la vida animal y la Materia animada, como está inmensurablemente por encima de la mera naturaleza material.













La Supermente es en su misma esencia una consciencia-verdad, una consciencia siempre libre de la Ignorancia que es la fundación de nuestro presente natural o existencia evolutiva y desde la cual la naturaleza en nosotros está intentando llegar al autoconocimiento y al conocimiento del mundo y a una consciencia correcta y el uso correcto de nuestra existencia en el universo. La Supermente, porque es una consciencia-verdad, tiene este conocimiento inherente en ella y este poder de verdadera existencia; su curso es recto y puede ir directa a su objetivo, su campo es amplio e incluso puede hacerse ilimitable. Esto es porque su misma naturaleza es conocimiento: no tiene que adquirir conocimiento sino que lo posee por propio derecho; sus pasos no son desde la nesciencia o la ignorancia hasta alguna luz imperfecta, sino desde la verdad hacia la verdad más grande, desde la percepción correcta hasta una percepción más profunda, de intuición a intuición, de iluminación a absoluta luminosidad ilimitada, de creciente amplitud a la absoluta inmensidad y la misma infinitud. En sus cimas posee la omnisciencia y omnipotencia divina, pero incluso en un movimiento evolutivo de su propia automanifestación gradada por la cual finalmente revelaría sus propias alturas más altas debe estar en su misma naturaleza esencialmente libre de ignorancia y error: empieza de la verdad y la luz y se mueve siempre en la verdad y la luz. Como su conocimiento es siempre verdadero, también su voluntad es siempre verdadera; no maneja torpemente las cosas o se tambalea en sus pasos. En la Supermente el sentimiento y la emoción no se apartan de su verdad, no se equivoca o comete errores, no se desvía de lo correcto y lo real, no puede utilizar mal la belleza y el deleite o torcerse de una rectitud divina. En la Supermente el sentido no puede guiar mal o desviar hacia la grosería que aquí son sus imperfecciones naturales y la causa de reproche, desconfianza y mal uso por nuestra ignorancia. Incluso una declaración incompleta hecha por la Supermente es una verdad que conduce a una verdad más completa, su acción incompleta es un paso hacia la plenitud. Toda la vida y la acción y la guía de la Supermente está a salvo en su misma naturaleza de las falsedades e incertidumbres de nuestro destino; se mueve segura hacia su perfección. Una vez la consciencia-verdad se estableciera aquí en su propia fundación segura, la evolución de la vida divina sería un progreso en la felicidad, una marcha a través de la luz hasta el Ananda.













La Supermente es una realidad eterna del Ser divino y la Naturaleza divina. En su propio plano ya existe y siempre existe y posee su propia ley esencial de ser; no tiene que ser creada o emerger o evolucionar en la existencia desde la involución en la Materia o desde la no-existencia, como podría parecerle a la mente que piensa de sí misma haber emergido de ese modo de la vida y la Materia o haber evolucionado de una involución en la vida y la Materia. La naturaleza de la Supermente siempre es la misma, un ser de conocimiento, procediendo de verdad en verdad, creando o más bien manifestando lo que tiene que ser manifestado por el poder de un conocimiento preexistente, no por azar sino por un destino autoexistente en el propio ser, una necesidad de la propia cosa y por tanto inevitable. Su manifestación de la vida divina será también inevitable; su propia vida en su propio plano es divina y, si la Supermente desciende a la tierra, traerá necesariamente la vida divina con ella y la establecerá aquí.













La Supermente es el grado de la existencia más allá de la mente, la vida y la Materia y, como la mente, la vida y la Materia se han manifestado sobre la tierra, así también debe la Supermente en el inevitable curso de las cosas se manifestara en este mundo de Materia. De hecho, una supermente ya está aquí pero está involucionada, oculta detrás de esta mente, vida y Materia manifestada y aún sin actuar abiertamente o en su propio poder: si actúa, es a través de estos poderes inferiores y modificada por sus caracteres y por ello aún irreconocible. Es sólo mediante la aproximación y llegada de la Supermente que descienda que puede ser liberada sobre la tierra y revelarse a sí misma en la acción de nuestras partes materiales, vitales y mentales de modo que estos poderes inferiores puedan convertirse en porciones de una actividad totalmente divinizada de todo nuestro ser: eso es lo que nos traerá una divinidad completamente realizada o la vida divina. Es ciertamente así como la vida y la mente involucionadas en la Materia se han hecho realidad aquí; pues sólo lo que está involucionado puede evolucionar, de otro modo no podría haber ninguna emergencia.













La manifestación de una consciencia-verdad supramental es por tanto la realidad capital que hará la vida divina posible. Es cuando todos los movimientos del pensamiento, de los impulsos y de las acciones sean gobernados y dirigidos por una consciencia-verdad autoexistente y automáticamente luminosa y nuestra naturaleza completa esté constituida por ella y hecha de su materia que la vida divina será completa y absoluta. Incluso como es, en realidad aunque no en la apariencia de las cosas, son un conocimiento y verdad secretos y autoexistentes que están trabajando para manifestarse en la creación de aquí. El Divino está ya ahí inmanente dentro nuestro, nosotros somos eso en nuestra realidad más profunda y es esta realidad que tenemos que manifestar; es eso lo que constituye la URGENCIA hacia la vida divina y hace necesaria la creación de la vida divina incluso en esta existencia material.













Una manifestación de la Supermente y su consciencia-verdad es entonces inevitable; debe acontecer en este mundo tarde o temprano. Pero tiene dos aspectos, un descenso desde arriba, un ascenso desde abajo, una auto-revelación del Espíritu, una evolución en la Naturaleza. El ascenso es necesariamente un esfuerzo, un trabajo de la Naturaleza, una incitación o esfuerzo de su parte para elevar sus partes inferiores mediante un cambio evolutivo o revolucionario, una conversión o transformación en la realidad divina y puede suceder mediante un proceso y progreso o mediante un rápido milagro. El descenso o auto-revelación del Espíritu es un acto de la suprema Realidad desde lo alto que hace posible la realización y puede aparecer bien como la ayuda divina que trae el cumplimiento del progreso y del proceso o como la sanción del milagro. La evolución, como la vemos en este mundo, es un proceso lento y difícil y, ciertamente, normalmente necesita años para alcanzar resultados permanentes; pero esto es porque está en su naturaleza una emergencia desde comienzos inconscientes, un inicio desde la nesciencia y un trabajo en la ignorancia de seres naturales por lo que parece ser una fuerza inconsciente. Puede haber, por el contrario, una evolución en la luz y no más en la oscuridad, en la cual el ser evolutivo es un participante consciente y un colaborador, y ESTO ES PRECISAMENTE LO QUE DEBE TENER LUGAR AQUÍ. Incluso en el esfuerzo y el progreso desde la Ignorancia al Conocimiento esto debe ser en parte si no totalmente el esfuerzo a hacer en las alturas de la naturaleza y debe ser totalmente eso en el movimiento final hacia el cambio espiritual, la realización, la transformación. Debe ser todavía más así cuando hay una transición a través de la línea divisoria entre la Ignorancia y el Conocimiento y la evolución es desde el conocimiento hacia un conocimiento mayor, desde la consciencia a una consciencia mayor, desde el ser a un ser mayor. Entonces ya no hay ninguna necesidad para el paso lento de la evolución ordinaria; puede haber una conversión rápida, una rápida transformación después de una transformación, lo que parecería a nuestra actual mente normal, una sucesión de milagros. Una evolución en los niveles supramentales bien podría ser de esa naturaleza; podría ser igualmente, si así lo eligiera el ser, un pasaje más calmado de un estado o condición supramental de las cosas hacia algo más allá pero aún supramental, desde un nivel divino hasta un nivel divino, una construcción de gradaciones divinas, un crecimiento libre hasta la suprema Supermente o más allá de ella hasta niveles del ser, de consciencia y Ananda no soñados todavía.













El descenso de la Supermente traerá a quien la reciba y se realice en la consciencia-verdad todas las posibilidades de la vida divina. Elevará no sólo toda la experiencia característica que ya reconocemos como constitutiva de la vida espiritual sino también todo lo que ahora excluimos de esa categoría pero que es capaz de la divinización, no excluyendo nada de la naturaleza terrestre y de la vida terrestre que pueda ser transformado por el toque de la Supermente y elevada en la vida manifestada del Espíritu. Pues una vida divina sobre la tierra no necesita ser una cosa aparte y exclusiva que no tenga nada que ver con la existencia terrestre ordinaria: elevará el ser humano y la vida humana, transformará lo que pueda ser transformado, espiritualizará lo que pueda ser espiritualizado, proyectará su influencia sobre el resto y efectuará o un cambio radical o un cambio que eleve, causará una comunión más profunda entre el universal y el individual, invadirá el ideal con la verdad espiritual de la cual es una sombra luminosa y ayudará a elevar en o hacia una existencia más grande y más alta. La mente se elevará hacia una luz más divina de pensamiento y voluntad, la vida hacia una emoción y acción más profunda y verdadera, hacia un poder de sí misma más grande, hacia objetivos y motivos altos. Lo que todavía no pueda ser elevado a su propia plena verdad de ser, será acercado a esa plenitud; lo que incluso no esté preparado para ese cambio, aún verá abierta la posibilidad a ello siempre que su todavía incompleta evolución lo haya preparado para la realización de sí mismo. Incluso el cuerpo, si puede soportar el toque de la Supermente, será más consciente de su propia verdad, –pues hay una consciencia corporal que tiene su propia verdad y poder instintivo de condición y acción correcta, incluso una especie de conocimiento oculto, no expresado, en la constitución de sus células y tejidos que un día pueden hacerse conscientes y contribuir a la transformación del ser físico. Un despertar debe producirse en la naturaleza terrestre y en la consciencia terrestre que será, sino el comienzo real, al menos la preparación efectiva y los primeros pasos de su evolución hacia un nuevo y más divino orden mundial.













Esto sería la realización de la vida divina que el descenso de la Supermente y el trabajo de la consciencia-verdad tomando toda la naturaleza del ser viviente traería en todos los que pudieran abrirse a su poder o influencia. Incluso su primer efecto inmediato se produciría en todos los que fueran capaces de la posibilidad de entrar en la consciencia-verdad y cambiar todos los movimientos de la naturaleza más y más en los movimientos de la verdad supramental, verdad de pensamiento, verdad de voluntad, verdad en los sentimientos, verdad en los actos, verdaderas condiciones de todo el ser incluso del cuerpo, finalmente transformación, un cambio divino. Para aquellos que pudieran abrirse de ese modo y permanecer abiertos, no habría ninguna limitación para este desarrollo e incluso ninguna dificultad fundamental; pues todas las dificultades serían disueltas por la presión de la luz y el poder supramentales desde arriba vertiéndose a sí mismo en la mente y en la fuerza vital y en el cuerpo. Pero el resultado del descenso supramental no necesita ser limitado a aquellos que puedan abrirse enteramente así y no necesita ser limitado al cambio supramental; podría también haber una transformación menor o secundaria del ser mental dentro del campo liberado y perfeccionado de la naturaleza mental. En lugar de la mente humana como es ahora, una mente limitada, imperfecta, abierta en cada instante a toda clase de desviaciones de la verdad o pérdida de la verdad, abierta a toda clase de errores y abierta incluso a las persuasiones de una completa falsedad y perversión de la naturaleza, una mente cegada y atraída hacia la inconsciencia y la ignorancia, difícilmente llegando al conocimiento, un intelecto inclinado a interpretar el conocimiento superior en abstracciones y figuras indirectas agarrando y reteniendo incluso los mensajes de la intuición superior con una comprensión incierta y disputada, podría emerger una mente verdadera y capaz de la libre y suprema perfección de sí misma y sus instrumentos, una vida gobernada por la mente libre e iluminada, un cuerpo que respondiera a la luz y capaz de realizar todo lo que la mente y la voluntad libres pudieran demandarle. Este cambio podría suceder no sólo en unos pocos, sino extenderse y generalizarse en la raza. Esta posibilidad, si se realizara, significaría que el sueño humano de perfección, perfección de sí mismo, de su naturaleza purificada e iluminada, de todos sus modos de acción y vida, ya no serían un sueño sino una verdad que podría hacerse realidad y la humanidad sería liberada de la sujeción de la inconsciencia y la ignorancia. La vida del ser mental podría armonizarse con la vida de la Supermente que entonces sería el orden más elevado por encima y sería incluso una extensión y anexo de la consciencia-verdad, una parte y provincia de la vida divina. Es obvio que si la Supermente está ahí y un orden de ser supramental se establece como el principio director en la naturaleza terrestre, como la mente es ahora el principio director, pero con una certeza, un gobierno completo de la existencia terrestre, una capacidad de transformación de todo por encima de su nivel y dentro de sus límites naturales de lo cual la mente en su imperfección no fue capaz, un cambio inmenso de la vida humana, incluso si no se extendiera a la transformación, sería inevitable.













Queda por considerar cuáles serían los obstáculos en el camino de esta posibilidad, especialmente aquellos ofrecidos por la naturaleza HUMANA del orden terrestre y su función como campo de una evolución gradual, en la cual nuestra humanidad es una etapa y, podría argüirse, que su misma imperfección es una necesidad evolutiva. ¿Cómo haria la Supermente por su presencia y gobierno de las cosas para poder superar esta dificultad, respetando simultáneamente el principio de gradación y si no pudiera rectificar el orden erróneo e ignorante impuesto por la Ignorancia y la Inconsciencia, sustituirlo por una gradación correcta en la que la perfección y divinización serían posibles? Ciertamente, el camino para el individuo estaría abierto, pero CUALQUIER GRUPO DE SERES HUMANOS QUE ASPIREN UNIDOS EN UN ESFUERZO POR UNA VIDA COLECTIVA PERFECTA E INDIVIDUAL Y/O ASPIREN A LA VIDA DIVINA, SERIAN ASISTIDOS HACIA LA CONSECUCION DE SU ASPIRACION: AL MENOS ESA SERIA LA MINIMA CONSECUENCIA QUE SUPONDRIA LA SUPERMENTE. Pero la posibilidad mayor está también ahí y podría incluso ofrecerse a toda la humanidad.













Nota: Este articulo esta extractado, del libro que Sri Aurobindo escribio a toda prisa antes de irse. LA MANIFESTACION SUPRAMENTAL SOBRE LA TIERRA.





SRI AUROBINDO





















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TEMA 22: ■ ¿NINGUN DESEO?... ■













































El Buda dijo que la vida es sufrimiento, y que la causa de éste, es el deseo. Pocas cosas se han dicho conteniendo una mayor verdad y rotundidad; pero también pocas cosas dichas, han tenido un paralizante efecto negativo, por ser parcialmente comprendidas, o mal interpretadas.













Y decimos paralizante a propósito; porque tal idea, convertida en una máxima con carácter absoluto, genera una actitud tendente a la inercia, que finalmente puede derivar en una parálisis en términos de progreso: porque querer progresar, significa, “tener que desear”.













Sri. Aurobindo, hablando del carácter o actitud de las gentes en su país, del indio promedio, dice que el tamas o inercia, fue instalándose en su psicología a tal grado, que incluso la facultad de pensar, ligada a la idea de conseguir o mejorar, quedó mermada. Y sobra decir, que aunque India haya podido constituirse en paradigma del fenómeno que tratamos, de ningún modo es en el único lugar o en la única cultura donde ha ocurrido.













Obviamente, la no comprensión, “del no deseo”, ha influido y mucho en el desarrollo de ese carácter tamásico del que hablamos. Varias preguntas podemos formularnos entonces, en torno a esta cuestión: ¿es posible la vida, y el progreso en la misma, sin ningún deseo; ¿no “deseó” Dios la creación?; ¿pudiera ser que el problema fuese, el apego al objeto de deseo, y no tanto el deseo mismo?. Tal vez, reflexionando sobre la respuesta a estas preguntas, podamos hallar la solución; y para ello, vamos a citar unas palabras de Sri. Aurobindo, que en sí mismas apuntan en la dirección de las respuestas que buscamos: “Un SÓLO DESEO tenéis que tener; la Aspiración sincera y perfecta a que la VIDA DIVINA se materialice en la tierra, para ti y todos los demás, para aquellos que serán los llamados y elegidos, y por la completa victoria sobre las fuerzas adversas que se oponen a ello”.





















SRI AUROBINDO





















Obviamente, el Maestro no se refiere aquí, a lo que, para entendernos podríamos titular como deseos de orden o grado inferior, como por ejemplo los de carácter sensual; y por otra parte, sus declaraciones son rotundas y no dejan lugar a dudas, en cuanto a que los deseos de lo que denomina, “el vital inferior”, que comprende los citados anteriormente, son, afirma, un muy serio obstáculo, para el progreso en la sadhana del yoga integral.













Ahora bien, Él también nos dice que hay en nosotros, “un vital superior”; un aspecto o “parte” de nuestra constitución total, donde está contenido el mayor acopio energético. Es esa parte de nosotros que “desea” siempre lo mejor, lo más grande, la mayor conquista; y sin la cual, sin su intervención nos dice el Maestro, no es posible conseguir nada que requiera determinación, energía y entusiasmo; porque todas estas cualidades, es ahí, desde donde se accionan y despliegan.













¿Qué ocurre entonces, si cercenamos ese vital superior, por instalarnos en una actitud, en términos absolutos, de no deseo?. Como poco, puede ocurrir que por un exceso de celo, queriendo suprimir los deseos inferiores, suprimamos también los superiores, del vital superior, incluyendo el deseo/aspiración a la Vida Divina, como nos dice el Maestro. Y decimos como poco; porque como queda suscitado en las líneas de arriba, si por ese exceso de celo anulamos la acción del vital en su totalidad, podemos caer en la más degradante inercia tamásica.













Pero el Buda mismo, con quien hemos empezado este escrito, nos exhorta a utilizar el discernimiento, y con ello, a descubrir como apuntábamos más arriba, que el problema está en el apego al objeto de deseo y no en el deseo mismo.













Así, el problema no está en el deseo a la Vida Divina, si la aspiración va dirigida a Dios y a Él le entregamos su consumación. De igual modo, el problema tampoco está en cuantas acciones podamos emprender encaminadas en esa dirección; sino en el apego al fruto de las mismas. Actúa, nos dice el Bhagavad Gita, pero entrégame a Mí, el resultado y fruto de tus acciones, porque sólo a Mí me pertenecen.













A esto último podría objetarse, que tal deseo, el de la Vida Divina, es legítimo, pero ningún otro que sea inferior a él, tales como el deseo de progreso en las distintas áreas de la vida. Pero la Vida Divina no es una abstracción; no puede realizarse sin el progreso y la transformación de todo lo que conforma nuestra vida, tanto individual como colectivamente. “Desear” pues, el progreso en todas esas áreas, aspirando a su Divinización, es entonces igual de legítimo: porque, “nada será realizado, hasta que todo sea realizado”, nos dice también Sri. Aurobindo.













Y no podrá ser todo realizado, hasta que todo haya sido transformado. Pero no se transforma aquello que es reprimido u ocultado; y no transformarlo significa, por un lado, seguir bajo la influencia de sus efectos negativos; y por otro, perder la oportunidad de utilizar los posibles positivos, una vez transformado. Nos ilustra en este sentido, las palabras del Cristo a sus discípulos, cuando les hablaba del riesgo que hay al cortar la cizaña, de arrancar también el trigo.













Concluiremos, transcribiendo de nuevo palabras de Sri. Aurobindo, en las cuales es tratado el tema que nos ocupa; que como es habitual en Él, aportan amplitud y profundidad de comprensión sobre ello.





















MUERTE, DESEO E INCAPACIDAD





















En el principio, todo estaba cubierto por el Hambre que es la Muerte; la Mente hizo eso por ella misma de modo que pudiera alcanzar la posesión del ser-en-sí.





Brihadaranyaka Upanishad





Este es el Poder descubierto por el mortal que tiene la multitud de sus deseos de modo tal que pueda sostener todas las cosas; prueba el sabor de todos los alimentos y construye una casa para el ser.





Rig Veda





















En nuestro último capitulo hemos considerado la Vida desde el punto de vista de la existencia material, y la apariencia y actividad del principio vital en la Materia, y hemos razonado partiendo de los datos que ofrece esta evolutiva existencia terrestre. Pero es evidente que dondequiera pueda aparecer y como quiera pueda trabajar, bajo cualquier condición, el principio general debe ser el mismo por doquier. La Vida es la Fuerza universal que trabaja de tal modo para crear, dinamizar, mantener y modificar, incluso hasta el punto de disolver y reconstruir las formas sustanciales con el juego e intercambio mutuos de una energía abierta o secretamente consciente como su carácter fundamental. En el mundo material que habitamos la Mente está envuelta y subconsciente en la Vida, así como la Supermente está envuelta y subconsciente en la Mente, y este instinto Vital con una envuelta Mente subconsciente está, a su vez, envuelto en la Materia. Por lo tanto, la Materia es aquí la base y el principio aparente; en el lenguaje de los Upanishads, Prithivi, el principio-Tierra, es nuestro fundamento. El universo material parte del átomo formal sobrecargado de energía, imbuido de la informe materia de un subconsciente deseo, voluntad e inteligencia. A partir de esta Materia aparente la Vida se manifiesta, y libera a partir de sí misma, por medio del cuerpo viviente, a la Mente que contiene aprisionada dentro de ella; la Mente, asimismo, todavía ha de liberar a partir de sí, a la Supermente oculta en sus actividades. Pero podemos concebir un mundo constituido de otro modo, en el que la Mente no esté envuelta al principio sino que use conscientemente su innata energía para crear originales formas de sustancia y que no sea, como aquí, sólo subconsciente al comienzo. Aunque la actividad de un mundo así sería muy diferente del nuestro, el vehículo intermedio de la operación de esa energía sería siempre la Vida. La cosa en sí sería la misma incluso si el proceso fuera enteramente invertido.













Mas entonces se nos muestra de inmediato que así como la Mente es sólo una operación final de la Supermente, de igual manera la Vida es sólo una operación final de la Conciencia-Fuerza de la cual la Real-Idea es la forma determinativa y el agente creador. La Conciencia que es Fuerza, es la naturaleza del Ser y este Ser consciente, manifestado como un creador Conocimiento-Voluntad, es la Real-Idea o Supermente. El Conocimiento-Voluntad supramental es la Conciencia-Fuerza que se hace operativa para la creación de formas del ser unido en una ordenada armonía a la que damos el nombre de mundo o universo; de esa manera también la Mente y la Vida son la misma Conciencia-Fuerza, el mismo Conocimiento-Voluntad, pero operando para el mantenimiento de formas distintamente individuales en una suerte de demarcación, oposición e intercambio en los que el alma, en cada forma del ser, estructura su vida y mente propias como si estuvieran separadas de los demás, aunque de hecho nunca están separadas sino que son el juego de la única Alma, Mente, Vida en diferentes formas de su singular realidad. En otras palabras, así como la Mente es la individualizadora operación final de la omni-comprehensiva y omni-aprehendente Supermente, es decir, el proceso por el que su conciencia actúa individualizada en cada forma desde el punto de asiento propio de ella y con las relaciones cósmicas que proceden desde ese punto de asiento, de igual manera la Vida es la operación final por la que la Fuerza del Ser-Consciente, actuando a través de la omni-posesora y omni-creadora Voluntad de la Supermente universal, mantiene e infunde energía, constituye y reconstituye formas individuales, y actúa en ellas como la base de todas las actividades del alma así encarnada. La vida es la energía del Divino generándose continuamente en las formas como en una dínamo y no sólo jugando con la resultante batería de sus impactos en las circundantes formas de cosas sino también, a su vez, recibiendo ella misma los impactos procedentes de toda vida en derredor en la medida en que se esparcen y penetran la forma desde el exterior, desde el universo circundante.













En esta visión, la Vida se presenta como forma de energía de la conciencia intermediaria y apropiada a la acción de la Mente en la Materia; en un sentido, puede decirse que es un enérgico aspecto de la Mente cuando crea y se relaciona no ya solo a ideas sino a mociones de fuerza y a formas de sustancia. Pero inmediatamente debe añadirse que así como la Mente no es una entidad separada, sino que tiene toda la Supermente detrás y es la Supermente la que crea con la Mente sólo como su individualizadora operación final, de igual modo la Vida tampoco es una entidad o movimiento separados, pues tiene toda la Conciencia-Fuerza detrás de ella en todas sus actividades y esa es la única Conciencia-Fuerza que existe y actúa en las cosas creadas. La Vida es sólo su final operación intermedia entre la Mente y el Cuerpo. Todo lo que decimos de la Vida debe, por lo tanto, ajustarse a las calificaciones que se suscitan de esta dependencia. En realidad no conocemos la Vida en su naturaleza ni en su proceso a menos que y hasta que seamos conscientes y crezcamos conscientes de esa Fuerza-Consciente que actúa en ella, de la cual es sólo el aspecto e instrumentación externos. Entonces sólo podemos percibir y ejecutar con conocimiento, --(como alma-formas individuales e instrumentos corporales y mentales del Divino)--, la voluntad de Dios en la Vida; sólo entonces la Vida y la Mente pueden seguir senderos y movimientos de una siempre-en-aumento rectitud de la verdad en nosotros y en las cosas, mediante una constante disminución de las tortuosas perversiones de la Ignorancia. Así como la Mente ha de unirse conscientemente con la Supermente de la que está separada por la acción de Avidya, de igual modo la Vida ha de llegar a ser consciente de la Fuerza-Consciente que opera en ella para sus fines y con un significado del cual la vida en nosotros, debido a que está absorbida en el mero proceso de vivir como nuestra mente está absorbida en el mero proceso de mentalizar la vida y la materia, está inconsciente en su oscurecida acción de modo que las sirve ciega e ignorantemente y no, como debe ser y será en su liberación y realización, luminosamente o con un auto-realizador Conocimiento, poder y bienaventuranza.













De hecho, nuestra vida, debido a que está sometida a la oscurecida y divisora operación de la Mente, ella misma está oscurecida y dividida, y padece toda esa sujeción a la muerte, limitación, debilidad, sufrimiento y funcionamiento ignorante, de los cuales la limitada y restringida Mente-criatura es progenitora y causa. La fuente original de la perversión fue, ya hemos visto, la auto-limitación del alma individual atada a la auto-ignorancia debido a que se considera, mediante una exclusiva concentración, como auto-existente individualidad separada y considera toda la acción cósmica sólo como se presenta ante su propia conciencia individual, conocimiento, voluntad, fuerza, disfrute y ser limitado en lugar de verse como forma consciente del Uno y abarcar toda conciencia, todo conocimiento, toda voluntad, toda fuerza, todo disfrute y todo ser como uno solo con el suyo propio. La vida universal en nosotros, obedeciendo esta directiva del alma cautiva en la mente, llega a ser aprisionada en una acción individual. Existe y actúa como una vida separada con una insuficiente capacidad limitada que sufre y no abraza libremente el impacto y la presión de toda la vida cósmica que la rodea. Lanzada dentro del constante intercambio cósmico de Fuerza en el universo como una existencia pobre, limitada e individual, la Vida sufre al principio desamparadamente y obedece el gigantesco intercambio con sólo una mecánica reacción hacia todo aquello por lo que es atacada, devorada, disfrutada, usada, conducida. Pero tan pronto se desarrolla la conciencia, tan pronto la luz de su propio ser emerge de la inerte oscuridad del sueño involutivo, la existencia individual llega a ser débilmente consciente del poder que hay en ella y busca, primero nerviosamente y luego mentalmente, dominar, usar y disfrutar el juego. Este despertar a el Poder en ella es el gradual despertar al ser (yo). Pues la Vida es Fuerza y la Fuerza es Poder y el Poder es Voluntad y la Voluntad es la actividad de la Conciencia-Maestra. La Vida en el individuo llega a ser cada vez más y más consciente en sus profundidades de que ella también es la Voluntad-Fuerza de Sachchidananda que es dueño del universo y ella aspira a ser individualmente dueña de su propio mundo. Realizar su propio poder y dominar al igual que conocer su mundo es, por lo tanto, el creciente impulso de toda vida individual; ese impulso es una característica esencial de la creciente auto-manifestación de lo Divino en la existencia cósmica.













Mas aunque la Vida es Poder y el crecimiento de la vida individual significa el crecimiento del Poder individual, todavía el mero hecho de su ser, una dividida individualizada vida y fuerza, le impide llegar a ser realmente dueña de su mundo. Pues eso significaría ser dueña de la Omni-Fuerza, y es imposible para una conciencia dividida e individualizada con un dividido, individualizado y, por lo tanto, limitado poder y voluntad, ser dueña de la Omni-Fuerza; sólo la Omni-Voluntad puede ser eso y el individuo sólo puede serlo mediante el logro de llegar a ser nuevamente uno con la Omni-Voluntad y, por lo tanto, con la Omni-Fuerza. De otro modo, la vida individual en la forma individual debe siempre estar sujeta a los tres distintivos de su limitación: Muerte, Deseo e Incapacidad.













La muerte es impuesta a la vida individual por las condiciones de su propia existencia y por sus relaciones con la Omni-Fuerza que se manifiesta en el universo. Pues la vida individual es un juego particular de energía especializada en constituir, mantener, dinamizar y finalmente disolver, cuando termina su utilidad, una de las miríadas de formas, las cuales todas sirven, cada una en su propio lugar, tiempo y ámbito, al juego total del universo. La energía de la vida en el cuerpo ha de soportar el ataque de las energías externas a ella en el universo; ha de atraerlas, alimentarlas y a su vez ser constantemente devorada por ellas. Todo la Materia, según el Upanishad, es alimento, y ésta es la fórmula del mundo material: "el comedor comiendo es a su vez comido”. La vida organizada en el cuerpo está constantemente expuesta a la posibilidad de ser interrumpida por el ataque de la vida externa a ella o, al ser insuficiente su capacidad de devorar, o no satisfecha apropiadamente, o de no mediar el correcto equilibrio entre la capacidad de devorar y la capacidad o necesidad de proveer alimento para la vida exterior, es incapaz de protegerse, y es devorada o es incapaz de renovarse y, por lo tanto, desechada o destruida a través del proceso de la muerte para una nueva construcción o renovación.













No sólo eso sino que, según el lenguaje del Upanishad, la fuerza-vital es el alimento del cuerpo y el cuerpo el alimento de la fuerza-vital; en otras palabras, la energía vital en nosotros suministra el material por el que la forma se construye y constantemente se mantiene y se renueva, y al mismo tiempo usa constantemente la forma sustancial de sí misma que de esa forma crea y mantiene en la existencia. Si el equilibrio entre estas dos operaciones es imperfecto o está perturbado, o si el ordenado juego de las diferentes corrientes de fuerza-vital es arrancado de su engranaje, entonces se presentan la enfermedad y la decadencia, y comienza el proceso de desintegración. Y la lucha misma por el dominio consciente e incluso el crecimiento de la mente hace más difícil el mantenimiento de la vida. Pues hay una creciente demanda de energía-vital en la forma, una demanda que radica en el exceso del sistema original de suministro y perturba el equilibrio original de oferta y demanda, y antes que pueda establecerse un nuevo equilibrio, se presentan múltiples desórdenes hostiles a la armonía y a la prolongación del mantenimiento de la vida; además, el intento de dominio crea siempre una reacción correspondiente al entorno, que está lleno de fuerzas que también desean realizarse y, por lo tanto, son intolerantes, se alzan y atacan a la existencia que procura dominarlas. Allí también se altera un equilibrio, se genera una lucha más intensa; aunque fuerte la vida dominante, a no ser que sea ilimitada o logre establecer una nueva armonía con su entorno, no puede siempre resistir y triunfar, pues debe un día ser vencida y desintegrada.













Pero, aparte de todas estas necesidades, existe la fundamental necesidad de la naturaleza y objeto de la corporizada vida misma, que consiste en buscar la experiencia infinita sobre una base finita; y dada la forma, --(la base por su misma organización limita la posibilidad de la experiencia)--, esto sólo puede hacerse disolviéndola y buscando nuevas formas. Pues el alma, habiéndose limitado una vez mediante la concentración sobre el momento y el campo, es llevada a buscar nuevamente su infinitud mediante el principio de sucesión, sumando momento a momento y, de esa manera, almacenando una experiencia-Temporal que ella llama su pasado; en ese Tiempo se desplaza a través de sucesivos campos, sucesivas experiencias o vidas, sucesivas acumulaciones de conocimiento, capacidad y disfrute, y todo esto lo retiene en la memoria subconsciente o superconsciente como su fondo de pasado adquirido en el Tiempo. Para este proceso el cambio de forma es esencial, y para el alma envuelta en el cuerpo individual, el cambio de forma significa disolución del cuerpo por el cumplimiento de la ley y por la compulsión de la Omni-vida en el universo material, a su ley de suministro y demanda del material de la forma, a su principio de constante entrechoque y a la lucha de la vida corporizada para existir en un mundo de mutuo devorarse. Y esta es la Ley de la Muerte.













Esta es entonces la necesidad y justificación de la Muerte, no como negación de la Vida, sino como proceso de la Vida; la muerte es necesaria porque el eterno cambio de la forma es la única inmortalidad a la que la finita sustancia viviente puede aspirar y el eterno cambio de la experiencia la única infinitud que el alma finita, envuelta en el cuerpo viviente, puede lograr. Esta mutación de la forma no puede admitirse que sea mera renovación constante de la misma forma-típica como la que constituye nuestra vida corporal entre el nacimiento y la muerte; pues a menos que la forma-típica se modifique y la mente experimentadora sea proyectada dentro de nuevas formas en nuevas circunstancias de tiempo, lugar y entorno, no puede efectuarse la necesaria variación de la experiencia que exige la naturaleza misma de la existencia en el Tiempo y el Espacio. Y es sólo el proceso de la Muerte por disolución en que la vida es devorada por la Vida, es sólo la ausencia de libertad, la compulsión, la lucha, el dolor, la sujeción a algo que parece consistir en No-Ser, lo que hace que este necesario y salutífero cambio parezca terrible e indeseable para nuestra mentalidad mortal. Es el sentido de ser devorado, destruido, o forzado lo que constituye el aguijón de la Muerte, y lo que ni siquiera la creencia en la personal supervivencia sobre la muerte puede eliminar por completo.













Mas este proceso es una necesidad de ese devorarse mutuamente que vemos que es la ley inicial de la Vida en la Materia. La Vida, dice el Upanishad, es Hambre que es Muerte, y mediante este Hambre que es Muerte, asanaya mrtyuh, ha sido creado el mundo material. Pues la Vida asume aquí como molde la sustancia material, y la sustancia material es el Ser infinitamente dividido y procurando infinitamente agregarse; entre estos dos impulsos de infinita división y agregación infinita, está constituida la existencia material del universo. El intento del individuo, del átomo viviente, de mantenerse y agrandarse es el sentido total del Deseo; un físico, vital, moral y mental aumento mediante una cada vez mayor experiencia omniabarcante, una cada vez mayor omni-abarcante posesión, absorción, asimilación y disfrute, es el inevitable, fundamental e indestructible impulso de la Existencia, una vez dividida e individualizada con todo siempre secretamente consciente de su omni-abarcante y omniposeedora infinitud. El impulso de realizar esa secreta conciencia es la espuela del Divino cósmico, el deseo vehemente del corporizado Ser-en-sí (Yo) dentro de toda criatura individual; y es inevitable, justo y saludable que busque primero realizarlo en los términos de la vida mediante un creciente desarrollo y expansión. En el mundo físico esto sólo puede hacerse alimentándose en el entorno, agrandándose a través de la absorción de otros o de lo que los demás poseen; y esta necesidad es la justificación universal del Hambre en todas sus formas. Lo que devora debe asimismo ser devorado; pues la ley de intercambio, de acción y reacción, de limitada capacidad y, por lo tanto, de extinguirse y sucumbir finalmente, gobierna toda la vida del mundo físico.













En la mente consciente lo que todavía era sólo hambre vital en la vida subconsciente, se transforma en formas superiores; el hambre en las partes vitales se convierte en anhelo de Deseo en la vida mentalizada, en tensión de la Voluntad en la vida intelectual o pensante. Este movimiento del deseo debe continuar hasta que el individuo haya crecido lo suficiente como para que pueda, al fin, ser dueño de sí mismo y, mediante creciente unión con el Infinito, poseedor de su universo. El Deseo es la palanca mediante la cual el divino principio-Vital, efectúa su objetivo de autoafirmación en el universo y el intento de extinguirlo en pro de la inercia es una negación del divino principio-Vital, un Querer-no-ser que necesariamente es ignorancia; pues uno no puede dejar de ser individualmente excepto para ser infinitamente. El Deseo también solo puede cesar correctamente, convirtiéndose en deseo del infinito y satisfaciéndose con un logro celestial y una satisfacción infinita en la omni-poseedora bienaventuranza del Infinito. Mientras tanto ha de progresar desde el tipo de una mutuamente devoradora hambre hacia el tipo de donante mutuo, de crecientemente jubiloso sacrificio de (el individuo se brinda a los otros individuos y los recibe enintercambio; intercambio; el inferior se entrega al superior y el superior al inferior de modo que se realicen uno en el otro; lo humano se entrega a lo Divino y lo Divino a lo humano; el Todo en el individuo se entrega al todo en el universo y recibe su realizada universalidad como una recompensa divina)--. Así la ley del Hambre debe dar lugar progresivamente a la ley del Amor; la ley de la División a la ley de la Unidad; la ley de la Muerte a la ley de la Inmortalidad. Esa es la necesidad, esa es la justificación, esa la culminación y auto-realización del Deseo que está actuando en el universo.













Y esta máscara de la Muerte que asume la Vida es producto del movimiento de la búsqueda finita en pro de la afirmación de su inmortalidad, de modo que el Deseo es el impulso de la Fuerza del Ser individualizado en la Vida para afirmar progresivamente en los términos de la sucesión del Tiempo y de la auto-extensión en el Espacio, en la estructura de lo finito, su Bienaventuranza infinita, el Ananda de Sachchidananda. La máscara del Deseo que ese impulso asume proviene directamente del tercer fenómeno de la Vida, su ley de incapacidad. La Vida es una Fuerza infinita que trabaja en los términos de lo finito; inevitablemente, a través de su abierta acción individualizada en lo finito, su omnipotencia debe aparecer y actuar como una capacidad limitada y una parcial impotencia, aunque detrás de todo acto del individuo, por más débil que sea, por más fútil que sea, por más titubeante que sea, debe estar la total presencia superconsciente y subconsciente de la infinita Fuerza omnipotente; sin esa presencia detrás de ella, no puede producirse el menor movimiento singular en el cosmos; en su suma de acción universal cada singular acto y movimiento se desprende del mandato de la omnisciencia omnipotente que trabaja como la Supermente inherente a las cosas. Mas la individualizada fuerza-vital está limitada a su propia conciencia y plena de incapacidad; pues ha de trabajar no sólo contra la masa de otras circundantes fuerzas-vitales individualizadas, sino también someterse al control y negación por parte de la Vida infinita con cuya voluntad y tendencia totales su propia voluntad y tendencia pueden no coincidir de inmediato. Por lo tanto, la limitación de la fuerza, el fenómeno de la incapacidad es la tercera de las tres características de la Vida individualizada y dividida. Por otra parte, el impulso de auto-agrandamiento y omni-posesión permanece y de ningún modo significa medirse ni limitarse por el límite de su actual fuerza o capacidad. De ahí que, del abismo existente entre el impulso de poseer y la fuerza de posesión, surja el deseo; pues de no haber tal discrepancia, si la fuerza siempre pudiese tomar posesión de su objeto, siempre alcanzase su fin con seguridad, el deseo no llegaría a existir sino sólo una calma y auto-poseída Voluntad sin anhelos tal como es la Voluntad del Divino.





Si la fuerza individualizada fuera la energía de una mente libre de la ignorancia, no tendría lugar tal limitación ni tal necesidad de deseo. Pues una mente no separada de la supermente, una mente de conocimiento divino conocería la intención, ámbito e inevitable resultado de todo acto y no anhelaría ni lucharía sino que pondría en ejecución una asegurada fuerza auto-limitada en orden al inmediato objetivo a la vista. Extendiéndose más allá del presente, incluso emprendiendo movimientos que no tienden a suceder de inmediato, con todo no estaría sujeta a deseo o limitación. Pues los fallos del Divino son también actos de su omnisciente omnipotencia que conoce el tiempo y la circunstancia correctos para el inicio, las vicisitudes, los resultados inmediatos y finales de todas sus empresas cósmicas. La mente de conocimiento, al estar al unísono con la Supermente divina, participaría de esta ciencia y de este poder omni-determinante. Pero como hemos visto, la fuerza-vital individualizada aquí es una energía de la Mente individualizadora e ignorante, Mente que ha caído del conocimiento de su propia Supermente. Por lo tanto, la incapacidad es necesaria para sus relaciones en la Vida e inevitable en la naturaleza de las cosas; pues la omnipotencia práctica de una fuerza ignorante incluso en una limitada esfera es inconcebible, dado que en esa esfera una fuerza tal se asentaría contra la actividad de la divina y omnisciente omnipotencia y desajustaría la fijada finalidad de las cosas, —(una situación cósmica imposible)--. Por lo tanto, la primera ley de la Vida es la lucha de las fuerzas limitadas que aumentan su capacidad mediante esa lucha bajo el ímpetu conductor del deseo instintivo o consciente. Así como con el deseo, sucede igual con esta contienda; debe elevarse a una prueba de fuerza mutuamente auxiliadora, una lucha consciente de fuerzas hermanas en la que vencedor y vencido, o más bien el que influencia por la acción desde arriba y el que influencia por la replica de la fuerza desde abajo, deben ecuánimemente ganar y crecer. Y esto nuevamente ha de convertirse a su debido tiempo, en el choque feliz del intercambio divino, el vigoroso abrazo del Amor reemplazando al convulso abrazo de la contienda. Con todo, la contienda es el principio necesario y saludable. La Muerte, el Deseo y la Contienda son la trinidad de la vida dividida, la triple máscara del divino principio-Vital en su primer ensayo de autoafirmación cósmica.















Oh Llama vidente, tú llevas al hombre de las torcidas sendas a la verdad y conocimiento inmanentes.

Rig Veda

Yo purifico el cielo y la tierra mediante la Verdad.

Rig Veda

Su éxtasis, en quien lo tiene, pone en movimiento los dos nacimientos, la auto-expresión humana y la divina, y se desplaza entre ellos.

Rig Veda

Que los rayos invisibles de su intuición estén allí buscando la inmortalidad, penetrando ambos nacimientos; pues mediante ellos hace fluir en un solo movimiento las fuerzas humanas y las cosas divinas.

Rig Veda

Que todos acepten tu voluntad cuando naciste dios viviente desde el árbol seco, que alcancen la divinidad y lleguen, por la velocidad de tus movimientos, a la posesión de la Verdad y la Inmortalidad.

Rig Veda











Nuestro esfuerzo consistió en descubrir cuál es la realidad y significación de nuestra existencia como seres conscientes en el universo material y en qué dirección y hasta dónde esa significación, una vez descubierta, nos conduce, a qué futuro humano o divino. Nuestra existencia aquí puede ciertamente ser un inconsecuente capricho de la Materia misma o de alguna Energía que elabora la Materia, o puede ser un inexplicable capricho del Espíritu. O, además, nuestra existencia puede ser aquí una fantasía arbitraria de un Creador supra-cósmico. En ese caso no tiene significación esencial, --ninguna significación en absoluto si la Materia o una Energía inconsciente es la constructora de fantasías, pues entonces es a lo más la desperdigada descripción de una errante espiral de la Casualidad o la difícil curva de una ciega Necesidad--; sólo puede tener una ilusoria significación que se desvanece en la nada si es un error del Espíritu. Un creador consciente puede ciertamente haber puesto un significado a nuestra existencia, pero éste debe descubrirse mediante una revelación de su voluntad y no se halla auto-implícito en la auto-naturaleza de las cosas ni puede descubrirse allí. Mas si hay una realidad auto-existente de la cual nuestra existencia aquí es un resultado, entonces debe haber una verdad de esa Realidad que aquí se está manifestando, estructurando y evolucionando, y que será la significación de nuestro propio ser y vida. Cualquiera que sea esa Realidad, es algo que tomó sobre sí el aspecto de un devenir en el Tiempo, --un devenir indivisible, pues nuestro presente y nuestro futuro llevan en sí, transformado, hecho otro, el pasado que los creó, y el pasado y el presente ya contenidos y que ahora contienen en sí, invisibles para nosotros porque están aún no-manifestados, no-evolucionados--; su propia transformación en el futuro aún increado. La significación de nuestra existencia aquí determina nuestro destino: ese destino es algo que ya existe en nosotros como una necesidad y una potencialidad, la necesidad de nuestra secreta y emergente realidad del ser, una verdad de sus potencialidades que está siendo estructurada; ambas, aunque no realizadas aún, están incluso ahora implícitas en lo que ha sido ya manifestado. Si hay un ser que es devenir, una Realidad de la existencia que se desarrolla en el Tiempo, lo que ese ser, esa Realidad es secretamente es lo que nosotros hemos de devenir, y de esa manera, devenir es la significación de nuestra vida.



Es la conciencia y la vida las que deben ser las palabras claves para nuestro ser que de esa manera está siendo estructurado en el Tiempo; pues sin ellas, la Materia y el mundo de la Materia serían un fenómeno ininteligible, una cosa que sucedió precisamente por Azar o por una Necesidad inconsciente. Mas la conciencia tal como es, la vida tal como es no pueden ser el secreto de todo; pues ambas son muy claramente algo inacabado y aún en proceso. En nosotros la conciencia es la Mente, y nuestra mente es ignorante e imperfecta, un poder intermedio que ha crecido y aún crece hacia algo más allá de sí: hubo niveles inferiores de la conciencia que vinieron antes que ella y desde los cuales surgió, debe haber evidentemente niveles superiores a los que ella misma está ascendiendo. Antes de nuestro pensamiento, razonamiento y reflexión mentales hubo una conciencia no-pensante pero viviente y sensitiva, y antes de eso existió el subconsciente y el inconsciente; después de nosotros o en nuestros todavía no-evolucionados yoes es probable que esté aguardando una conciencia mayor, auto-luminosa, que no depende del pensamiento constructivo: nuestra mente-pensante imperfecta e ignorante no es ciertamente la última palabra de la conciencia, su última posibilidad. Pues la esencia de la conciencia es el poder de ser consciente de sí mismo y de sus objetos y en su verdadera naturaleza este poder debe ser directo, autorrealizado y completo: si en nosotros es incompleto, indirecto, irrealizado en sus obras, dependiente de elaborados instrumentos, es porque la conciencia aquí está emergiendo de una Inconciencia original veladora y está aún agobiada y envuelta con la primera Nesciencia propia del Inconsciente; mas debe tener el poder de emerger completamente, su destino debe ser evolucionar en su propia perfección que es su verdadera naturaleza. Su verdadera naturaleza es ser totalmente consciente de sus objetos, y de estos objetos el primero es el yo, el ser que está evolucionando aquí su conciencia, y el resto es lo que vemos como no-yo, --pero si la existencia es indivisible, eso también debe ser en realidad el yo--: el destino de la conciencia evolutiva debe ser, entonces, devenir perfecta en su conocimiento, enteramente consciente del yo y consciente-de-todo. Esta condición perfecta y natural de la conciencia es para nosotros una superconciencia, un estado que está más allá de nosotros y en el cual nuestra mente, si es transferida repentinamente a ella, no podría funcionar al principio; pero es hacia esa super-conciencia que nuestro ser consciente debe estar evolucionando. Pero esta evolución de nuestra conciencia hacia una superconciencia o hacia una conciencia suprema de sí misma es posible sólo si la Inconciencia, que es nuestra base aquí, realmente es ella misma una Superconciencia involucionada; pues lo que ha de estar en el devenir de la Realidad en nosotros debe estar ya allí involucionado o secreto en su comienzo. Podemos concebir que el Inconsciente sea un tal Ser o Poder involucionado cuando consideramos de cerca esta creación material de una Energía inconsciente y la vemos elaborar con curiosa construcción e infinito artificio la obra de una vasta Inteligencia involucionada y vemos, también, que nosotros mismos somos algo de esa Inteligencia evolucionando a partir de su involución, una conciencia emergiendo cuyo emerger no puede detenerse en el camino hasta que el Involucionado haya evolucionado y se haya revelado como una suprema Inteligencia totalmente auto-consciente y omni-consciente. A esto es a lo que hemos dado el nombre de Supermente o Gnosis. Pues eso evidentemente debe ser la Conciencia de la Realidad, el Ser, el Espíritu que está secreto en nosotros y se manifiesta aquí lentamente; de ese Ser nosotros somos los devenires y debemos crecer en su naturaleza.



Si la conciencia es el secreto central, la vida es la señal externa, el poder efectivo del ser en la Materia; pues es eso lo que libera a la conciencia y le da su forma o corporización de la fuerza y su efectuación en el acto material. Si alguna revelación o efectuación de sí en la Materia es el objetivo último del evolutivo Ser en su nacimiento, la vida es el signo exterior y dinámico y la señal de esa revelación y efectuación. Pero la vida también, como lo es ahora, es imperfecta y evolutiva; evoluciona a través del crecimiento de la conciencia tal como la conciencia evoluciona a través de mayor organización y perfección de la vida: una conciencia mayor significa una vida mayor. El hombre, el ser mental, tiene una vida imperfecta porque la mente no es el primero ni el supremo poder de la conciencia del Ser; aunque si la mente fuese perfeccionada, habría un algo todavía por realizar, no manifestado aún. Pues lo que está involucionado y emergente no es una Mente, sino un Espíritu, y la mente no es el dinamismo innato de la conciencia del Espíritu; la supermente, la luz de la gnosis, es su dinamismo innato. Entonces, si la vida se convirtió en una manifestación del Espíritu, es la manifestación de un ser espiritual en nosotros y la vida divina de una conciencia perfeccionada en un poder supramental o gnóstico del ser espiritual que debe ser la carga e intención secreta de la Naturaleza evolutiva.



Toda vida espiritual es, en su principio, un nacimiento en la vida divina. Es difícil fijar la frontera donde cesa la vida mental y empieza la vida divina, pues ambas se proyectan una dentro de la otra y hay un prolongado espacio de su existencia entremezclada. Una gran parte de este interespacio, --cuando el impulso vital no se aparta por completo de la tierra o el mundo--, puede verse como el proceso de una vida superior en formación. En cuanto la mente y la vida se iluminan con la luz del espíritu, invisten o reflejan algo de la divinidad, la secreta Realidad mayor, y esto debe aumentar hasta cruzar el interespacio y la existencia toda esté unificada en la plena luz y poder del principio espiritual. Pero para la plena y perfecta realización del impulso evolutivo, esta iluminación y cambio debe asumir y volver a crear al ser todo, a la mente, a la vida y al cuerpo: debe ser, no sólo una experiencia interior de la Divinidad, sino también una remodelación de la existencia interior y de la existencia exterior mediante su poder; debe tomar forma no sólo en la vida del individuo sino también como una vida colectiva de los seres gnósticos establecidos como un poder y forma supremos del devenir del Espíritu en la naturaleza terrena. Para que esto sea posible la entidad espiritual en nosotros debe haber desarrollado su propia perfección integrada no sólo del estado interior del ser sino también del poder saliente del Ser y, con esa perfección y como una necesidad de su acción completa, debe haber evolucionado su propia fuerza dinámica e instrumentación de la existencia externa.



Allí puede haber indudablemente una vida espiritual interior, un reino celestial dentro de nosotros que no dependa de manifestación externa alguna ni de instrumentación o fórmula del ser exterior. La vida interior tiene una suprema importancia espiritual y la vida exterior tiene valor sólo en la medida en que es expresiva del estado interior. Sin embargo, el hombre de realización espiritual viva, actúe y se conduzca, en todas las modalidades de su ser y accionar, tal como se dice en el Gita: “él vive y se mueve en Mí”; mora en la Divinidad, ha realizado la existencia espiritual. El hombre espiritual que vive en el sentido del yo espiritual, en la realización de la Divinidad dentro de él y por doquier, estaría viviendo interiormente una vida divina y su reflejo caería sobre sus actos externos de la existencia, incluso si no pasasen --o no pareciesen pasar-- más allá de la ordinaria instrumentación del pensamiento y acción humanos en este mundo de la naturaleza terrestre. Ésta es la verdad primera y la esencia del asunto; pero con todo, desde el punto de vista de una evolución espiritual, esto sólo sería una liberación y perfección individuales en una existencia externa inmodificada: para un cambio dinámico mayor en la naturaleza terrena misma, para un cambio espiritual del principio e instrumentación totales de la vida y la acción, la aparición de un nuevo orden de seres y de una nueva vida-terrena debe considerarse según nuestra idea de la consumación total, la consecuencia divina. Aquí el cambio gnóstico asume primaria importancia; todo lo precedente puede considerarse como una construcción y preparación de esta transformadora reversión de la naturaleza toda. Pues se trata de un modo gnóstico de vida dinámica que debe ser la realizada vida divina sobre la tierra, un modo de vida que desarrolla instrumentos superiores del conocimiento-del-mundo y de la acción-del-mundo para dinamizar la conciencia en la existencia física y asume y transforma los valores de un mundo de la Naturaleza material.



Pero siempre el fundamento total de la vida gnóstica debe ser, por su naturaleza misma, interior y no exterior. En la vida del espíritu está el espíritu, la Realidad interior, que ha construido y usa la mente, el ser vital y el cuerpo como su instrumentación; el pensamiento, el sentimiento y la acción no existen por sí mismos, no son un objeto sino los medios; sirven para expresar la Realidad divina manifestada dentro de nosotros: de otro modo, sin esta interioridad, sin este origen espiritual, en una conciencia demasiado exteriorizada o mediante sólo medios externos, no resulta posible una vida mayor o divina. En nuestra vida actual de la Naturaleza, en nuestra exteriorizada existencia superficial, es el mundo él que parece crearnos; mas en el giro hacia la vida espiritual somos nosotros quienes debemos crearnos a nosotros mismos y a nuestro mundo. Según esta nueva fórmula de creación, la vida interior se torna de primera importancia y el resto puede ser solamente su expresión y resultado. Esto es, ciertamente, lo que queda de relieve mediante nuestros afanes en pos de la perfección, la perfección de nuestra propia alma y mente y vida y la perfección de la vida de la especie. Pues recibimos un mundo que es oscuro, ignorante, material e imperfecto, y nuestro ser consciente externo es él mismo creado por las energías, la presión, las operaciones modeladoras de esa vasta y muda oscuridad, por el nacimiento físico, por el entorno, por una preparación a través de los impactos y choques de la vida; y con todo somos vagamente conscientes de algo que está allí en nosotros o que procura ser, algo distinto de lo hecho de esa forma, un espíritu auto-existente, auto-determinante, que empuja a la naturaleza hacia la creación de una imagen de su propia perfección oculta o Idea de perfección. Hay algo que crece en nosotros en respuesta a esta demanda, que pugna por llegar a ser la imagen de un Algo divino, y es impelido también a trabajar en el mundo exterior que le ha sido dado y rehacer eso también en una imagen mayor, en la imagen de su propio crecimiento espiritual, mental y vital, para hacer de nuestro mundo también algo creado de acuerdo con nuestra propia mente y espíritu auto-concebible, algo nuevo, armónico y perfecto.



Pero nuestra mente es obscura y parcial en sus nociones, desviada por apariencias superficiales opuestas, dividida entre varias posibilidades; es conducida en tres direcciones diferentes a cualquiera de las cuales puede brindar una preferencia exclusiva. Nuestra mente, en su búsqueda en pos de lo que debemos ser, se vuelca hacia una concentración sobre nuestro propio crecimiento y perfección interiores y espirituales, sobre nuestro propio ser individual y vida interior; o se vuelve hacia una concentración sobre un desarrollo individual de nuestra naturaleza superficial, sobre la perfección de nuestro pensamiento y acción externa dinámica o práctica en el mundo, sobre algún idealismo de nuestra relación personal con el mundo que nos rodea; o se vuelve más bien hacia una concentración sobre el mundo externo mismo, para mejorarlo, adaptarlo mejor a nuestras ideas y temperamento, o a nuestra concepción de lo que debería ser. Por un lado está el reclamo de nuestro ser espiritual, que es nuestro verdadero yo, una realidad trascendente, un ser del Ser Divino, no creado por el mundo, capaz de vivir en sí, de elevarse fuera del mundo hacia la trascendencia; por el otro lado está la demanda del mundo que nos rodea que es una forma cósmica, una formulación del Ser Divino, un poder de la Realidad disfrazado. Está también la demanda dividida o doble de nuestro ser de la Naturaleza que se equilibra entre estos dos términos, depende de ellos y los conecta; pues aparentemente está hecho por el mundo y con todo, debido a que su verdadero creador está en nosotros y la instrumentación del mundo que parece hacerlo es sólo el medio usado en primer término, es realmente una forma, una disfrazada manifestación de un ser espiritual mayor dentro de nosotros. Es esta demanda la que media entre nuestra preocupación por una perfección interior o liberación espiritual y nuestra preocupación con el mundo externo y su formación, insiste en una relación más feliz entre los dos términos y crea el ideal de un individuo mejor en un mundo mejor. Mas es dentro de nosotros donde la Realidad debe fundarse y ser la fuente y fundamento de una vida perfeccionada; ninguna formación externa puede reemplazarla: debe existir el verdadero e interior yo realizado si ha de existir la verdadera vida realizada en el mundo y en la Naturaleza.



En el crecimiento en una vida divina el espíritu debe ser nuestra primera preocupación; hasta que lo hayamos revelado y evolucionado en nuestro yo fuera de sus envolturas y disfraces mentales, vitales y físicos, extrayéndolo con paciencia desde nuestro propio cuerpo, como dice el Upanishad, hasta que hayamos construido en nosotros una vida interior espiritual, es obvio que no puede ser posible ninguna otra vida divina. A menos, ciertamente, que sea una deidad mental o vital la que percibimos y seríamos, --pero aun entonces el ser mental individual o el ser del poder y la fuerza y deseo vitales en nosotros debe crecer en una forma de esa deidad antes que nuestra vida pueda ser divina en ese sentido inferior, la vida del superhombre infra-espiritual, del semidiós mental o del Titán vital, Deva o Asura--. Una vez creada esta vida interior, convertir todo nuestro ser vital, nuestro pensamiento, sentimiento y acción en el mundo en un poder perfecto de esa vida interior, debe ser otra preocupación nuestra. Sólo si vivimos en esa modalidad más honda y mayor en nuestras partes dinámicas, puede haber una fuerza para crear una vida mayor o puede el mundo rehacerse ya sea en algún poder o perfección de la Mente y la Vida o en el poder y perfección del Espíritu. Un mundo humano perfeccionado no puede ser creado por hombres ni compuesto de hombres que son imperfectos. Incluso si todas nuestras acciones fueran escrupulosamente reguladas por la educación o por la ley o por una maquinaria social o política, lo que se conseguirá es un regulado patrón de las mentes, un fabricado patrón de las vidas, un cultivado patrón de conducta; pero una conformidad de esta clase no puede cambiar, no puede recrear al hombre por dentro, no puede cincelar ni perfilar un alma perfecta ni un hombre pensante perfecto ni un ser viviente perfecto o creciente. Pues el alma, la mente y la vida son poderes del ser y pueden crecer pero no pueden ser recortados ni hechos; un proceso o formación externos pueden ayudar o pueden expresar al alma, la mente y la vida pero no pueden crearlas ni desarrollarlas. Uno ciertamente puede ayudar al ser para que crezca, no por un intento de manufacturación, sino lanzando sobre él estimulantes influencias o prestándoles las propias fuerzas del alma, la mente o la vida; pero aun así el crecimiento debe todavía llegar desde dentro de él, determinando desde allí lo que se hará con estas influencias y fuerzas, y no desde fuera. Esta es la primera verdad que nuestro celo y aspiración creadores han de aprender, de otro modo, todo nuestro humano esfuerzo está predestinado a girar en un fútil círculo y puede sólo concluir en un éxito que es un bello fracaso.



Ser o devenir algo, traer algo al ser es la labor total de la fuerza de la Naturaleza; conocer, sentir y hacer son energías subordinadas que tienen un valor porque ayudan al ser en su parcial auto-realización a expresar lo que él es y lo ayudan también en su impulso a expresar lo todavía no realizado que él ha de ser. Pero el conocimiento, el pensamiento y la acción, --ya sean religiosos, éticos, políticos, sociales, económicos, utilitarios o hedonísticos, ya sean una forma o construcción mental, vital o física de la existencia--, no pueden ser la esencia u objeto de la vida; son sólo actividades de los poderes del ser o de los poderes de su devenir, símbolos dinámicos de sí, creaciones del espíritu corporizado, sus medios de descubrir o formular lo que busca ser. La tendencia de la mente física del hombre consiste en ver de otro modo o poner cabeza abajo el verdadero método de las cosas, pues toma como esencial o fundamental las fuerzas o apariencias superficiales de la Naturaleza; acepta su creación mediante un proceso visible o exterior como la esencia de su acción y no ve que es sólo una apariencia secundaria y encubre un proceso secreto mayor: pues el proceso oculto de la Naturaleza consiste en revelar al ser a través de la producción de sus poderes y formas, su presión externa es sólo un medio de despertar al ser involucionado a la necesidad de esta evolución, de esta auto-formación. Cuando la etapa espiritual de su evolución llega a alcanzarse, este proceso oculto debe convertirse en el proceso total; atravesar el velo de las fuerzas y llegar a su principal resorte secreto, que es el espíritu mismo, es de cardinal importancia. Devenir nosotros mismos es lo único por hacer; pero lo verdadero de nosotros es lo que está dentro de nosotros, y superar nuestro externo yo corporal, vital y mental es la condición para este ser supremo que es nuestro verdadero y divino ser, para auto-revelarse y ponerse en actividad. Sólo podemos encontrarlo creciendo y viviendo interiormente; una vez hecho eso, crear desde allí la mente, vida y cuerpo espirituales o divinos y a través de esta instrumentación llegar a la creación de un mundo que será el entorno verdadero de una vida divina, --éste es el objetivo final que la Fuerza de la Naturaleza ha puesto ante nosotros--. Ésta es, entonces, la primera necesidad, que el individuo, cada individuo, descubrirá al espíritu, a la divina realidad dentro de él y la expresará en todo su ser y vida. Una vida divina debe ser primera y principalmente una vida interior; pues dado que lo exterior debe ser la expresión de lo interior, no puede haber divinidad en la existencia externa si no hay divinización del ser interior. La Divinidad mora en el hombre velada en su centro espiritual; no puede existir una cosa tal como la auto-superación para el hombre o una superior salida para su existencia si en él no está la realidad de un yo y espíritu eternos.



Ser y ser plenamente es el objetivo de la Naturaleza en nosotros; mas ser plenamente es ser totalmente consciente del propio ser: la inconciencia, semi-conciencia o conciencia deficiente es un estado del ser que no está en posesión de sí; es existencia, pero no plenitud del ser. Ser total e integralmente consciente de uno mismo y de toda la verdad del propio ser es la condición necesaria para la verdadera posesión de la existencia. Esta auto-captación es lo que significa el conocimiento espiritual: la esencia del conocimiento espiritual es una auto-existente conciencia intrínseca; toda su acción del conocimiento, en verdad toda su acción de cualquier índole, debe ser esa conciencia formulándose. Todo otro conocimiento es conciencia olvidadiza de sí y pugnando por retornar a su propia conciencia de sí y a su contenido; es auto-ignorancia afanándose por transformarse en auto-conocimiento.

NOTA: Así comienza el capítulo de “La Vida Divina” escrita por Sri Aurobindo.



Este es el homenaje que quiere rendir La Segunda Fundación a la gran experiencia con que nos gratificó la Madre en el Congreso recientemente celebrado.
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TEMA 18: ■ CARTA A BARIN ■


Pondicherry, Abril 1920


Mi querido Barin,

He recibido tus tres cartas -y otra hoy- pero hasta el momento no he conseguido responderte. Es incluso un milagro que te esté escribiendo ahora, porque ¡no escribo cartas más que todos los “treinta y seis” del mes! y menos aun en bengalí: eso no me ha ocurrido ni una sola vez en cinco o seis años. Si llego a terminar esta carta y a echarla al correo, el “milagro” será completo.



Hablemos ahora de tu yoga. Tú quisieras que yo tomara su responsabilidad y yo estoy dispuesto a hacerlo, pero eso significa encomendarse a Aquel que nos mueve a uno y otro, de forma visible o invisible, por Su divina Shakti (Su Voluntad Creadora). Y debes saber que entonces te hará seguir necesariamente la vía del yoga que Él Mismo me ha indicado, y que yo llamo la vía del “Yoga integral”.



Después de mi llegada a Pondicherry, mi inestabilidad espiritual terminó. El Maestro del mundo, que está en cada uno de nosotros, me dio entonces todas las instrucciones necesarias para mi camino; me hizo conocer la teoría completa, las diez partes del cuerpo de este yoga. Durante estos diez últimos años, él me ha hecho vivir las experiencias que me han permitido desarrollarlo, pero este proceso aún no ha terminado. Puede durar aún dos años más y, hasta entonces, no podré sin duda volver a Bengala. Pondicherry es el lugar que me ha sido asignado para la Realización de mi yoga, con excepción de uno de sus aspectos, el de la acción. El centro de mi acción está en Bengala, pero yo espero que su círculo se extenderá a toda la India, luego a la tierra entera.



Te escribiré más adelante para decirte en qué consiste este yoga o bien hablaremos, si tú vienes aquí. En este terreno es mejor expresarse de viva voz. Por el momento sólo puedo decirte que su principio fundamental consiste en armonizar y unificar el conocimiento (jnana), las obras (karma) y el amor (bhakti) en su totalidad, elevándolos por encima del mental hasta una total perfección en el plano supramental.



Los antiguos yogas tenían una laguna: no se preocupaban más que del mental y del Espíritu, y se contentaban con experiencias espirituales al nivel mental. Ahora bien, el mental no puede captar más que fragmentos; no puede abarcar al Todo invisible, al Infinito. Para alcanzarlo, no dispone de ningún medio excepto el samadhi, el moksha, el nirvana, etc. Es cierto que algunos llegan a esta liberación sin forma ni atributos, pero ¿cuál es el fruto? ¿Qué cambio producen en la humanidad? El Brahman, el Yo, el Divino, ¡están presentes eternamente! pero lo que Dios quiere para el hombre, es que él Lo encarne aquí abajo, a la vez en sí mismo y en la colectividad, que Lo realice en la vida.



Los antiguos sistemas de yoga no han podido armonizar ni unificar la vida material y la vida espiritual; han rechazado el mundo considerándolo como una ilusión (maya), o como un juego transitorio, lo que ha provocado, como consecuencia el ocaso de la fuerza de vida, la degeneración de la India. “Estos pueblos perecerían si yo no realizara las obras”, dice el Gita. Y “estos pueblos” de la India han caído realmente en la decadencia. Algunos sannyasis,(ascetas) algunos sadhus (santos), renunciando al mundo alcanzan la realización y la liberación; algunos bhaktas (devotos) danzan en un éxtasis de amor no pudiendo contener la ola de felicidad, pero durante este tiempo toda una raza, amorfa y embrutecida, está sumergida en una profunda inercia; ¿se le puede llamar a eso realización espiritual? Si el resto del colectivo humano queda al margen de la liberación.



Sin duda, es necesario conocer primero, en el plano mental, todas las experiencias posibles, aunque sean parciales, iluminar e inundar el mental de la luz y del gozo del Espíritu, pero enseguida es necesario ir más arriba, porque, si no se asciende a mayor altura, es decir hasta el plano supramental, no se puede penetrar hasta el último secreto del mundo ni resolver el enigma que plantea. En el Supramental, la Ignorancia que conduce a oponer Materia y Espíritu, la vida material y la vida espiritual, desaparece. Allí, el mundo no aparece más como una ilusión. Es el Juego eterno de Dios, la manifestación eterna del Yo. Así es posible conocer a Dios, poseerlo totalmente, hacer lo que dice el Gita: “Conocerme integralmente, íntimamente”.



El físico, el vital, el mental, el Supramental y el Ananda son los cinco planos del Espíritu y, escalando progresivamente estos planos, el hombre, en su evolución espiritual, se aproxima a la Perfección suprema. Cuando se alcanza el Supramental, resulta más fácil elevarse hasta este Ananda indivisible e infinito, establecerlo firmemente en sí y realizarlo, no sólo fuera del tiempo en el Parabrahman, sino en el propio cuerpo, en la vida, en el mundo. Así, el ser integral, la consciencia integral y el gozo integral se abren y toman forma en la vida. Ésta es la clave misma de mi yoga, su principio fundamental.



Este proceso no se efectúa sin esfuerzo. Al cabo de quince años, no he llegado más que al más bajo de los tres niveles del Supramental y me esfuerzo por hacer ascender hasta este nivel todas las actividades inferiores del ser. Pero una vez logrado eso, estoy convencido de que Dios otorgará a otros, a través de mí, la posibilidad de realizar el Supramental sin dificultades demasiado grandes. Será entonces cuando mi acción verdadera podrá comenzar. No estoy impaciente por ver mi obra cumplida: lo que deba llegar llegará cuando Dios lo quiera. Y ya no me siento llevado a agitarme como un loco ni a volcarme en la acción con la única fuerza del pequeño ego. Aunque lo que he emprendido no pueda ser realizado, no me turbaré: ésta no es mi obra, sino la de Dios. No responderé, así pues, a ninguna otra llamada; me moveré solo cuando Dios me empuje a ello.



Sé que Bengala no está preparada. Esta ola de espiritualidad en la que el país se halla sumergido no es más, en su conjunto, que la espiritualidad del pasado bajo una forma nueva; no es la verdadera transformación. Estos son los signos de una no-realización, de una falta de madurez, pero eso no me preocupa. Dejemos que el impulso espiritual se exprese libremente en el país, bajo la forma que quiera y en tantas sectas como quiera. Más adelante, “ya veremos”. No estamos más que en la infancia de una Nueva Era o, más bien, en el estado embrionario; esto no es sino una primera aproximación y no el comienzo.



Vayamos ahora a Motilal y su grupo. Lo que Motilal ha aprendido a mi lado es el fundamento del yoga, su base misma: el don de sí, la equidad de alma etc..., que se esfuerza en poner en práctica sin conseguirlo. Ahora bien, una de las particularidades de este yoga es que la base permanece frágil hasta que no se alcanza un cierto grado de realización. Ahora Motilal quiere llegar más alto. Estaba atado anteriormente a un buen número de viejas creencias; aunque se ha liberado de algunas, a otras todavía les tiene un gran apego. Así, él creía firmemente en la necesidad de renuncia al mundo y quería fundar un Aurobindo Math (Monasterio Aurobindo). Ahora se ha dado cuenta, intelectualmente, de que esta renuncia no es necesaria, pero en el fondo, está todavía profundamente marcado por las huellas del pasado. Por eso él aconseja en este momento permanecer en el mundo practicando el desapego y el ascetismo. Ha comprendido que es indispensable renunciar al deseo; sin embargo, no ha llegado a conciliar plenamente esta renuncia y las delicias del ananda. Además, ha adoptado mi yoga en función del temperamento bengalí, es decir, enfocado no tanto bajo el ángulo del conocimiento como bajo el de las obras y la devoción; y aunque un cierto conocimiento haya florecido en él, le queda todavía mucho por descubrir. Aunque las brumas de su pensamiento no son tan densas como antes, todavía no han sido totalmente disipadas. No ha podido romper los límites de sus principios sátvicos (ego virtuoso) y todavía no se ha liberado de su ego. En una palabra, su desarrollo continúa, pero no ha culminado. Por mi parte, yo no precipito el movimiento; ¡que Motilal se desarrolle según su naturaleza! No quiero formar a todo el mundo con el mismo molde. La verdadera Cosa, que es idéntica en todos, debe expresarse de mil maneras y desarrollarse de múltiples formas; todo debe crecer desde dentro y yo no quiero moldear a nadie en su exterior. Motilal ha captado lo esencial, el resto ya vendrá.



La Deva Sangha es así pues la comunidad de aquellos que aspiran a la vida divina. Motilal, después de haber fundado en Chandernagor un grupo, que es el germen de dicha comunidad, se esfuerza en este momento por crear otros similares por todo el país. Pero si la sombra del ego viene a caer sobre una empresa de este género, la comunidad corre el riesgo de transformarse en secta. Naturalmente se puede caer en la tentación de pensar que esta comunidad, tal como es hoy en día, es ya lo que está llamada a ser un día, y que todo debe girar alrededor de este centro único; si no se pertenece al grupo, se está fuera del redil y, si se forma parte pero se expresa una opinión diferente de las ideas corrientes, ¡se es acusado de desviarse del camino correcto! Si Motilal comete este error, en una cierta medida al menos -cosa que yo no puedo afirmar- no ocurre nada grave; se retractará de su error. Él y su pequeño grupo han hecho bien las cosas y continúan haciéndolo. Hasta el momento nadie ha estado capacitado. La divina Shakti actúa a través de él, de eso no hay duda.



Probablemente te preguntarás: “¿Qué necesidad tenemos de una comunidad? ¡Somos libres y vivimos en todo y en todos. Que todo sea uno sin distinción y que ocurra lo que tenga que ocurrir en el seno de esta vasta unidad!” Sí, pero esto no es más que un aspecto de la verdad. No nos preocupamos sólo del Absoluto sin forma, queremos también conseguir el dominio de la vida y de las formasy formulaciones de la vida. Sin formas, no habría verdadero movimiento de vida; es el Sin-Forma el que ha tomado forma y si ha asumido así nombres y formas, no lo ha hecho por un capricho de Maya: Él ha tomado forma porque la forma es indispensable. Por eso no queremos rechazar ninguna de las actividades del mundo: política, comercio, vida social, poesía, arte, literatura, todo tendrá su lugar; pero a cada una de estas actividades debemos darle un alma y una forma nuevas.



Nosotros podemos perfectamente mezclarnos con otros; pero que sea para atraerlos al Camino y manteniendo intactos el espíritu y la forma del ideal de la Vida Divina; si no, nos extraviaremos y el verdadero trabajo no será hecho. Si cada uno, dondequiera que esté, actúa así en tanto que individuo separado, seguramente se podrá lograr alguna cosa, pero si actúa como miembro de una comunidad, el resultado será infinitamente superior. No obstante, el momento aún no ha llegado. Si se le da forma a esta comunidad demasiado pronto, no podrá corresponder a lo que nosotros queremos. Al principio, los miembros se dispersarán. Aquellos que comparten nuestro ideal, unidos en una misma aspiración, trabajarán en lugares diversos. Más tarde, podrán crear una especie de agrupación espiritual en la que, modelando sus acciones según el Espíritu y las necesidades de la época, se reunirán, no para formar una sociedad rígida y limitada, como la sociedad de otros tiempos o una estructura fija, sino para actuar con total libertad, como un mar que se expande a voluntad en sus innumerables variaciones, abrazando esto, inundando aquello, absorbiéndolo todo. Así se establecerá poco a poco la verdadera comunidad espiritual. Tal es por el momento mi visión de las cosas, pero es necesario darle tiempo para madurar. Esto es lo que me fue revelado en Alipore (carcel) en el transcurso de mis meditaciones y ahora toma forma en mí. Ya veremos a qué conducirá. El resultado está en manos de Dios. Que se cumpla Su voluntad. El pequeño grupo de Motilal no es más que un ensayo. Juntos, buscan los medios de hacer negocios y de lanzarse a la industria, la agricultura, etc. Yo les doy la Fuerza y velo por ellos. Puede haber ahí materiales para el futuro y podrán, probablemente, sacarse sugerencias útiles. No juzgues según las limitaciones, defectos o cualidades que observes en el presente: están todos aún en el estado puramente inicial y experimental.



A este respecto, quisiera comunicarte -brevemente- algunas reflexiones que son el fruto de una larga observación. En mi opinión, la causa esencial del debilitamiento de la India no es ni la sujeción, ni la pobreza, ni la falta de espiritualidad o la ausencia de ideal, sino el declive del poder de pensar y el ascenso de la Ignorancia en la patria del Conocimiento. Por todas partes observo la incapacidad, la repulsa o la fobia a pensar. Sea lo que sea lo que haya podido ocurrir en la Edad Media, en el presente, este estado de espíritu es el signo de una profunda degeneración. La Edad Media fue la noche, la época en la que se veía triunfar al ignorante; el mundo moderno ve la victoria del pensador. Es aquel que reflexiona, busca, el que trabaja más, el que puede sondear las profundidades del universo y descubrir la verdad, y su poder de acción se ve otro tanto acrecentado. Si se considera Europa, se perciben dos cosas: la presencia de un océano de pensamientos, vasto e ilimitado, y el juego de una fuerza prodigiosa, impetuosa y, sin embargo, disciplinada. En ello reside todo el poder de Europa, un poder tal que podría devorar el mundo como habrían podido hacerlo nuestros tapasvi de antaño cuyo poder inquietaba, aterraba incluso, a los dioses y les inspiraba respeto. Se dice que Europa corre hacia su perdición; mi impresión no es ésta. Todas esas revoluciones y conmociones son las fases preliminares de una nueva creación.



Ahora, mira a la India. Aparte de algunos gigantes solitarios, no se encuentra por todas partes más que gente de espíritu simple, dicho de otro modo, esos Indios medios, que no quieren ni pueden pensar, desprovistos de toda energía y sujetos solamente a crisis de excitación pasajera. En la India, se busca la facilidad en todo, tanto en el pensamiento como en la expresión. En Europa, se busca el pensamiento profundo, la expresión profunda. Incluso el trabajador ordinario reflexiona y quiere saberlo todo: no se contenta con conocimientos superficiales, sino que quiere ir al fondo de las cosas. Ahí está toda la diferencia. Sin embargo, la energía y el poder de reflexión propios de Europa adolecen de una limitación fatal: cuando se aplican al campo espiritual, pierden toda capacidad de percepción. En este terreno, para ella todo son enigmas, metafísicas nebulosas y alucinaciones yóguicas, todo es “como en una nube de humo en la que se frotan los ojos, sin distinguir nada”. Pero actualmente Europa está haciendo un esfuerzo real para superar esta limitación. En cuanto a nosotros, tenemos el sentido espiritual -heredado de nuestros ancestros- y cualquiera que posee este don dispone de tal Conocimiento y de tal Fuerza que de un soplo podría sacudir como cabaña de paja todo este poder prodigioso de Europa. Pero para captar esta Fuerza, esta Shakti, es preciso tener uno mismo la fuerza. Ahora bien, nosotros no somos adoradores de la Shakti, sino adoradores de la facilidad, y no es a través de la facilidad como se adquiere la Fuerza. Nuestros ancestros adquirieron su vasto conocimiento y edificaron una gran civilización sumergiéndose en un inmenso océano de pensamientos. Pero progresivamente la laxitud y la fatiga se instalaron; la intensidad del pensamiento disminuyó y, con ella, la corriente de la Shakti. Nuestra civilización se ha convertido en una estructura fija; nuestra religión no es más que beatería y prácticas exteriores; nuestra espiritualidad no es más que un débil resplandor, una ola de exaltación pasajera. Y mientras sea así, no puede esperarse una resurrección duradera de la India.



Quiero hacer brillar el sol del Conocimiento sobre el océano de esta Fuerza y encontrar en esta inmensidad de Luz el tranquilo éxtasis de la Unidad, del Amor y de la Felicidad infinitos. No es preciso que tenga miles de discípulos. Si puedo encontrar un centenar de hombres desarrollados en todos los planos de su ser, desprovistos de egoísmo mezquino y que sean los instru-mentos de Dios, me resultará suficiente. No tengo ninguna fe en la forma habitual del guru tal como se practica y no quiero ser considerado como tal. Mientras logren despertar y manifestar la divinidad que duerme en ellos y consigan vivir una vida divina, ya sea a mi lado o al de otro, estaré satisfecho. Porque son esos los hombres que levantarán el país.



En cuanto a los saddhus (santos) y a los personajes de los que me hablas, la impresión que me producen es, lo confieso, un tanto extraña -digamos que no encuentro en ellos lo que busco. Dayananda posee poderes asombrosos y sus discípulos, que son analfabetos, se dedican a la escritura automática, lo cual es un prodigio. ¡Bien!, pero no se trata más que de facultades psíquicas. A mí me gustaría conocer primero la calidad de su ser interior y saber qué grado de desarrollo han alcanzado. Hay otro que, por medio de un simple toque, puede sumergir a la gente en una embriaguez extática. ¡Bien!, pero ¿a qué conduce todo ello? Aquel que deguste esta embriaguez, ¿podrá erigirse en pilar de la Nueva Era, de la Era de la Unidad divina? ¡Ésa es la cuestión! Veo que tienes dudas al respecto, yo también.



Leyendo las profecías de estos santos personajes, no he podido evitar sonreír -pero no por burla o incredulidad; por mi parte, no tengo ningún conocimiento de un porvenir lejano. La luz que Dios me envía de cuando en cuando ilumina justo el paso que tengo que dar y yo me guío, entonces, por ella. Pero me pregunto qué esperan esos sadhus (santos) de mí ¿Puedo encontrar un lugar en tal noble asamblea? Me temo que al verme se sentirían decepcionados y, yo mismo, corro el riesgo de sentirme como un pez fuera del agua. Yo no soy ni un sannyasin ni un saddhu ni un santo, ni siquiera un hombre religioso. No tengo ni religión ni regla de conducta ni virtudes particulares. Estoy sumergido en la vida del mundo y gozo de los placeres que él me ofrece: como carne y bebo vino, tengo malas costumbres y me muevo a mi antojo -en suma “¡soy un tántrico del vama marga!” ¿Puedo relacionarme con esos grandes personajes y avatares? Si me vieran, me tomarían probablemente por un avatar de Kali o de cualquier aspecto demoníaco de la diosa Kali, de eso que los cristianos llaman el Anticristo. Parece que las falsas ideas circulan acerca de mí; si la gente se decepciona, no puedo hacer nada.



La razón de esta carta extraordinariamente larga es que yo, yo también, “llevo mi saco lleno”, pero creo que este saco mío está tan lleno como la red de SAN PEDRO, repleto de tesoros arrancados al Infinito. No voy a abrirlo en este momento. Si lo hiciera prematuramente, todo mi botín se perdería (Sri Aurobindo aquí alude al Evangelio de San Juan, cuando El Cristo se aparece por ultima vez a los Apostoles y les muestra como pescar los 153 grandes peces). No tengo la intención por el momento de volver a Bengala, no porque Bengala no esté preparada, sino porque yo no lo estoy. Un hombre que no está maduro en medio de hombres que tampoco lo están ¿qué obra puede realizar?

Tu Sedja (hermano)





Nota: hemos extractado la carta para hacerla menos larga, si estáis interesados en conocerla en su totalidad, solo tenéis que pedirlo, y si queréis profundizar en la relación misteriosa entre San Juan y Sri Aurobindo preguntarnos que es lo que sabemos de esta colaboración.



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TEMA 19: ■ LA FE DEL GUERRERO ARIO ■


La respuesta del Maestro Divino a la primera turbación del apasionado examen de consciencia de Arjuna, por su repugnancia a participar en la masacre, por su sentimiento de pesar y de pecado, por su aflicción ante lo que le parecia a sus sentidos una vida vacía y desolada, por su duda y pronóstico en cuanto los deplorables efectos de lo que le parecía una mala acción; la respuesta del Maestro Divino es y fue una reprobación enérgica. Todas estas reacciones, le dice, no son más que una confusión de la mente y una ilusión, debilidad de corazón y cobardía, una degradación de la virilidad del guerrero y del héroe. Esto no es lo propio del hijo de Prithâ; jamás debería, de esa manera, el campeón y principal esperanza de una causa justa, abandonarla en el preciso momento de crisis y de peligro, ni tolerar que un inesperado estupor, por debilidad de su corazón y de sus sentidos, el ofuscamiento de su razón, y el derrumbamiento de su voluntad, le traicionen hasta el punto de hacerle deponer sus armas divinas y rechazar la obra que Dios le confió. Ésta no es la actitud esperada y adoptada por el hombre ario; este sombrío estado de ánimo no le llovió del cielo, ni puede conducir al cielo; y sobre la tierra se convierte en una degradación de la gloria que está reservada al coraje, al heroísmo y a las acciones nobles. ¡Que arroje lejos de él esta piedad enfermiza y auto-indulgente, que reaccione y aplaste a sus enemigos!



Esta sería, podría decirse, la respuesta de héroe a héroe, pero no la de un Maestro divino a su discípulo, de quien esperaríamos más bien que le animara a la bondad, a la santidad, a la abnegación y a retirarse de los objetivos y senderos mundanos. Pero la Gîtâ dice expresamente que Arjuna acaba de deslizarse con esa conducta hacia una posición de debilidad nada edificante, - “sus ojos, cargados de aflicción y rompiendo en lágrimas, su corazón, desbordado por la tristeza y el desánimo” porque está invadido por la piedad, krpayâvistam. ¿Pero no es la piedad una debilidad divina? ¿No es la piedad una emoción divina que en ningún caso debería desalentarse con reprobaciones tan duras? ¿O estamos ante a un mero evangelio de la guerra y de las acciones heroicas, ante una fe en un poder y en una fuerza arrogantes propios de Nietzsche, o ante una lección de dureza hebraica o teutona, que entiende la piedad como una debilidad, admitida por el héroe noruego, que agradece a Dios que le haya concedido un corazón insensible?, y No; la enseñanza de la Gîtâ brota de una fe genuina hindú la compasión ha figurado siempre en su espíritu como uno de los elementos más comprensivos de la naturaleza divina. El Maestro Divino mismo, enumerando en un capítulo posterior las cualidades de la naturaleza divina en el hombre, cita entre ellas la compasión a las criaturas, la bondad, la liberación de la ira y del deseo de matar y hacer daño, y la considera al mismo nivel que la intrepidez, el entusiasmo y la energía. La brutalidad, la dureza, la crueldad, la satisfacción en el exterminio de los enemigos y el amasamiento inicuo de la riqueza y las posesiones, por el contrario, son cualidades asúricas; proceden de la violenta naturaleza de los titanes, que niegan la Divinidad en el mundo, y al Divino en el hombre, y no rinden tributo más que al Deseo como su única divinidad. Así pues, la debilidad de Arjuna no merece la censura desde tal punto de vista.



“¿De dónde te ha llegado esta debilidad, esta vergüenza y esta obscuridad del alma en un momento de dificultad y de peligro?” inquiere Krishna de Arjuna. Esta pregunta hace entrever la verdadera naturaleza que ha inducido a Arjuna a desviarse de sus cualidades heroicas. Hay una compasión divina que desciende a nosotros de las alturas, pero para el hombre cuya naturaleza no la posee, ni ha sido vaciada en su molde, pretender ser superior, dominador o superhombre, constituye una locura y una insolencia, porque sólo se es superhombre cuando uno manifiesta la más elevada naturaleza del Divino en la humanidad. Esta compasión observa con amor, sabiduría y una vigilancia serena, la batalla y la lucha, la resistencia y la debilidad del hombre, sus virtudes y vicios, sus alegrías y sufrimientos, su sabiduría e ignorancia, su prudencia y locura, sus aspiraciones y fracasos, y participa en todas las situaciones para aliviar y curar. En el santo y en el filántropo puede adoptar la forma de la plenitud del amor o de la caridad; en el pensador y en el héroe asume la amplitud y la potencia de una sabiduría y de una fuerza compasivas. Es esta compasión, en el guerrero ario el alma de su gentileza, la que rechaza quebrar la caña homicida, pero a su vez asiste y protege al débil y al oprimido, al herido y al vencido. Pero es también la compasión divina la que derriba al tirano despiadado y al opresor altivo, no con cólera ni con odio –(porque éstas no forman parte de las elevadas cualidades divinas; la cólera de Dios contra el pecador, Su rencor al malvado, son fabulaciones de creencias semi-instruidas; y lo mismo ocurre con la tortura eterna de los infiernos que tales creencias han inventado)-, sino, como comprendió claramente la antigua espiritualidad hindú, con tanto amor y compasión por el titán poderoso, inducido a error por su fuerza y herido por sus pecados, como por los desgraciados y oprimidos, que tienen que ser amparados de su violencia e injusticia.



Pero no es ésta la compasión que manifiesta Arjuna al rechazar su obra y su misión. No es ésta la compasión, sino una impotencia cargada de piedad por sí mismo, un retroceso ante el sufrimiento mental que su acción debe causarle, -“Yo no veo lo que podría despojarme de este dolor que reseca mis sentidos.”-( susurra Arjuna autocompadeciendose). Para un ario la autocompasión es lo más bajo e indigno de cuanto puede decirse de él. Su piedad por los demás constituye también una forma de auto-indulgencia; es el horror físico de los nervios inspirado por el acto de matar, es el encogimiento emocional y egoísta del corazón ante la destrucción de los Dhritarâshtrians porque son “su propio pueblo”, y porque sin ellos la vida se tornaría vacía. Esta piedad es una debilidad de la mente y de los sentimientos –una debilidad que muy bien puede ser conveniente para hombres en un estado inferior de desarrollo, quienes, si no fueran débiles serían duros y crueles, porque les hace cambiar las expresiones más duras de su sensibilidad egoísta por otras más amables; les es preciso apelar al tamas, principio de la debilidad, para ir en auxilio de sattwa, principio de la luz, y sofocar así la fuerza y los excesos de sus pasiones rajásicas. Pero este comportamiento no es propio del hombre ario desarrollado, que tiene que evolucionar, no por la debilidad, sino por una ascensión continua de fuerza en fuerza. Arjuna es el hombre divino, el hombre dominador en vías de formación y, como tal, ha sido elegido por los dioses. Le ha sido encomendada una misión; tiene a Dios junto a él en su carro; empuñado el arco celestial, Gandiva; delante, los campeones de la iniquidad, quienes se oponen a que el Divino conduzca el mundo. No es a él a quien corresponde determinar lo que se hará o no a tenor de sus emociones y movimientos pasionales, ni retroceder ante una destrucción necesaria al atender el clamor de su corazón o de su razón egoísta, ni declinar ejecutar su labor porque le aporte dolor y la sensación de vaciedad a su vida, o porque, por la ausencia de miles de personas que deben perecer, sus concebibles efectos carezcan de valor ante sus ojos. Todo esto supone, por debilidad, despojarse de su naturaleza superior. Él no debe fijarse más que en la obra que hay que llevar a cabo, kartavyam karma; no tiene que escuchar más que la orden divina infundida a través de su naturaleza guerrera y no debe interesarse más que por el mundo y por el destino de la humanidad que le pide, como hombre enviado por los dioses, que la asista en su marcha, y dejar libre su camino de los siniestros ejércitos que la asedian.



En su respuesta a Krishna, Arjuna admite la reprobación, aun cuando proteste contra la orden que recibe, y la rechace. Es consciente de su debilidad y sin embargo se sujeta a ella. Está de acuerdo en que es su pobreza de espíritu la que le ha despojado de su naturaleza verdadera y heroica; toda su consciencia está aturdida en su visión del bien y del mal, y en este desorden acepta al Amigo divino como su maestro; pero los apoyos emocionales e intelectuales sobre los que él basaba su sentido de rectitud, han sido enteramente barridos y no puede aceptar una orden que parece atraer sólo a su antiguo punto de vista y que no le proporciona una base nueva para la acción. Intenta, además, justificar su rechazo a actuar, y pone delante como excusa las quejas de sus nervios y de su ser sensorial, que retroceden ante el exterminio y su secuela de goces sangrientos; los derechos de su corazón, que le hacen replegarse ante el dolor y la vaciedad de la vida, que constituirían el efecto su acción; el derecho de sus conceptos morales habituales, que quedan horrorizados por la necesidad de matar a sus gurús, Bhisma y Drona; los derechos de su razón que no ven más que resultados desagradables y ninguna ventaja en la obra terrible y violenta que le es asignada. Está decidido, sobre sus antiguas bases de pensamiento y motivos, a no combatir, y espera en silencio la respuesta a las objeciones que le parecen irrefutables. Son a estos derechos del ser egoísta de Arjuna a los que Krishna se propone, en primer lugar, reducir a la nada para conceder espacio a la ley superior, que trasciende todos los motivos de acción egoístas.



La respuesta del Maestro procede en dos líneas diferentes; la primera es breve y está fundamentada en las ideas más elevadas de la cultura general aria, en la que Arjuna ha sido educado; la segunda, es otra explicación pero más amplia, basada en un conocimiento más íntimo que permite el acceso a verdades más profundas del ser humano, el cual constituye el verdadero punto de partida de la enseñanza de la Gîtâ. La primera se apoya en concepciones filosóficas y morales del Vedanta, y en las ideas sociales de deber y de honor que establecieron los fundamentos éticos de la sociedad aria. Arjuna ha intentado justificar su rechazo por razones de orden ético y racional, pero lo que en realidad ha hecho es encubrir con palabras de aparente racionalidad la rebeldía de sus emociones ignorantes e indisciplinadas. Ha hablado de la vida física y de la muerte del cuerpo como si éstas fueran realidades primarias, pero tales realidades no son esenciales para el sabio o el pensador. El dolor por la muerte corporal de los amigos y parientes es una desgracia no ratificada por la sabiduría y el conocimiento verdaderos. El hombre ilustrado no se aflige por los vivos, ni tampoco por los muertos; sabe que el sufrimiento y la muerte no son más que simples incidentes en el curso de la historia del alma. La realidad es el alma, no el cuerpo. Todos esos reyes de hombres, por cuya muerte próxima llora Arjuna, han vivido ya anteriormente, y de nuevo tomarán posesión de un cuerpo humano; porque del mismo modo que el alma pasa físicamente por la niñez, la juventud y la edad madura, así también pasa de un cuerpo a otro. La mente calma y sabia, el dhîra, el pensador que observa la batalla de la vida establemente sin dejarse distraer o cegar por sus sensaciones y emociones, no es engañado por las apariencias personales o materiales; no permite que la llamada de la sangre, de sus nervios y de su corazón nuble su juicio, o contradiga a su conocimiento. Él ve, más allá de los hechos aparentes de la vida del cuerpo y de los sentidos, el hecho real de su ser, y se eleva, por encima de los deseos físicos y emocionales de la naturaleza ignorante, hacia la única y verdadera meta de la existencia humana.



¿Cuál es este hecho real, esta meta más elevada? El hecho de que la vida humana y la muerte se repitan a través de los eones de los grandes ciclos del mundo, no es más que un largo proceso por el que el ser humano se prepara y se hace apto para la inmortalidad. ¿Y cómo debe prepararse? ¿Qué hombre está capacitado para ello? Es aquél que deja de observarse como una vida y un cuerpo, aquél que no acepta las experiencias materiales y sensoriales del mundo en su propio valor o en el que les atribuye el hombre físico, aquél que se conoce a sí mismo y a todos los demás como almas, aquél que aprende a vivir en su alma y no en su cuerpo, y que en sus relaciones con los demás los trata también como almas y no como simples seres físicos. Porque inmortalidad no significa sobrevivir a la muerte -esto pertenece ya a toda criatura dotada de una mente-, sino trascender la vida y la muerte; significa esa ascensión por la que el hombre deja de vivir como cuerpo animado por la mente, para vivir finalmente como espíritu y en el Espíritu. Cualquiera que esté sujeto a la tristeza y a la aflicción, cualquiera que sea esclavo de las sensaciones y emociones, absorbido por los contactos con las cosas transitorias, no puede ser apto para la inmortalidad. Todo esto debe ser soportado hasta su conquista, hasta que el hombre liberado no experimente dolor alguno, hasta que sea capaz de acoger todos los acontecimientos materiales del mundo, gozosos o tristes, con una igualdad de alma, sabia y calma, como los acoge el Espíritu eterno, tranquila, en lo más secreto de nosotros. Ser perturbado por la aflicción y el horror, como lo fue Arjuna, ser desviado por ellos del camino que hay que recorrer, ser vencido por la auto-compasión, ser intolerante al dolor y retroceder ante una circunstancia tan insignificante como inevitable, como es la muerte del cuerpo, es la prueba de una ignorancia . No es así como el ario, con una solidez tranquila, debe escalar hacia la vida inmortal.



No existe tal cosa como la muerte, ya que es el cuerpo el que muere, y el cuerpo no es en absoluto el hombre. Lo que verdaderamente es, no puede salir fuera de la existencia, aunque cambie las formas por las cuales aparece; e igualmente, lo que no existe, no puede entrar en el ser. El alma es y no puede dejar de ser. Esta oposición entre lo que es y lo que no es, este equilibrio entre el ser y el devenir, que constituyen el punto de vista mental de la existencia, se resuelven finalmente en la realización por el alma del Yo único e imperecedero, por quien ha sido desplegado todo este universo. Los cuerpos finitos tienen un fin, pero Eso que posee y utiliza el cuerpo es infinito, ilimitado, eterno e indestructible; abandona el cuerpo anterior inservible y toma otro nuevo, de la misma manera que un hombre cambia su vestimenta raída por otra nueva. Y ¿qué hay en todo esto como para tener motivos de lamentarse, angustiarse u horrorizarse? Eso es no-nacido, no muere, ni es algo que llegue a la existencia en un momento dado y a continuación desaparezca para no volver jamás. No tiene nacimiento, es antiguo, sempiterno; no es matado cuando se mata al cuerpo. ¿Cómo puede ser matado el espíritu inmortal? Las armas no pueden lesionarlo, ni el fuego, quemarlo, ni el agua, empaparlo, ni el viento, secarlo. Eternamente estable, inmóvil, penetrándolo todo, es por siempre y para siempre. No se manifiesta como el cuerpo, ya que es superior a toda manifestación; no puede ser analizado por el pensamiento, pues que está por encima de toda inteligencia; no está sujeto al cambio ni a la modificación, como lo están la vida, sus órganos y sus objetos, sino que está más allá de los procesos cambiantes de la mente, de la vida y del cuerpo. Y sin embargo, es la Realidad que todo lo demás se esfuerza por representar.



Incluso si la verdad de nuestro ser fuera menos sublime, menos vasta, menos intangible en la muerte y en la vida, si el yo estuviese constantemente sujeto al nacimiento y a la muerte, incluso entonces la muerte de los seres tampoco debería ser una causa de dolor, porque es una circunstancia inevitable para la manifestación propia del alma. Su nacimiento es una aparición fuera de un estado en el que el alma no es inexistente sino solamente no manifiesta a nuestros sentidos mortales; y la muerte es un retorno a este mundo o estado no manifiesto y de donde reaparecerá de nuevo en el mundo físico. El barullo montado por la mente física y los sentidos físicos sobre la muerte y el terror que ésta inspira, ya sea en el lecho del enfermo o en el campo de batalla, es la más ignorante de las reacciones nerviosas. Llorar a los muertos es afligirse de una manera ignorante por quienes no hay motivo alguno para llorar, ya que no han salido de la existencia, ni han sufrido ningún cambio de estado doloroso o terrible, puesto que, después de la muerte, ni están menos vivos, ni en circunstancias más penosas que las experimentadas durante la vida.



Pero en realidad, la verdad más alta es la única verdad. Todo es ese Yo, ese Uno, ese Divino que nosotros observamos, del que hablamos y oímos hablar como la maravilla que sobrepasa nuestra comprehensión, porque después de todas nuestras búsquedas y de todas nuestras declaraciones de conocimiento, y a pesar de lo que hemos aprendido de quienes lo poseen, ninguna mente humana ha conocido jamás este Absoluto. Es Esto lo que está aquí velado por el mundo, el señor del cuerpo; toda vida no es más que su sombra; la llegada del alma a la manifestación física y nuestra salida de ella por la muerte, no es más que uno de sus movimientos menores. Una vez que nos conocemos como Eso, hablar de nosotros como muertos o matados es algo absurdo. Una sola cosa, en la cual tenemos que vivir, es la verdadera: el Eterno, manifestándose como el alma del hombre en el gran ciclo de su peregrinaje, con el nacimiento y la muerte como piedras miliares, con los mundos de más allá como lugares de descanso, con todas las circunstancias de la vida, felices e infelices, como medios de nuestro progreso, como campo de batalla y de victoria, y finalmente con la inmortalidad como la casa a la que viaja el alma.



“Por esto, dice el Maestro, se descarta esta vana preocupación y este horror, y por esto combates, oh hijo de Bharata.” Pero ¿por qué semejante conclusión? Este elevado y vasto conocimiento, esta vigorosa auto-disciplina de la mente y del alma, por las que debemos elevarnos por encima de las exigencias de las emociones y del fraude de los sentidos hacia el verdadero conocimiento de nosotros mismos, pueden en verdad liberarnos de la tristeza y de la ilusión; pueden realmente curarnos del miedo a la muerte y de la aflicción por los que mueren; pueden mostrarnos en verdad que aquellos de quienes decimos que están muertos, no lo están en absoluto, ni tenemos que estar afligidos por ellos, ya que no han hecho más que pasar a un más allá; pueden efectivamente enseñarnos a considerar con calma los más terribles asaltos de la vida, y a ver la muerte del cuerpo como algo apenas significativo; pueden elevarnos hasta concebir todas las circunstancias de la vida como una manifestación del Uno y como medios para que nuestras almas se eleven por encima de las apariencias mediante una evolución ascendente hasta reconocernos como el Espíritu inmortal. Pero, ¿cómo se justifican la acción exigida a Arjuna y el exterminio de Kurukshetra? La respuesta es que ésta es la acción exigida a Arjuna sobre el sendero que quiere y debe recorrer; se presenta inevitable en la realización de su función, tal como le exige su svadharma, su deber social, la ley de su vida y la ley de su ser. Este mundo, esta manifestación del Yo en el universo material no es sólo un ciclo del desarrollo interior, sino también el campo en el que las circunstancias externas de la vida deben ser aceptadas como condiciones y ocasiones para este desarrollo. Es un mundo de ayuda mutua y de lucha; el progreso que nos permite no es un deslizamiento pacífico y sereno a través de alegrías fáciles, sino que cada paso tiene que ser ganado mediante un esfuerzo heroico y mediando un conflicto de fuerzas opuestas. Quienes han asumido la lucha interior y exterior, su acción en la vida externa, asumiendo sus continuos, contactos y choques, incluso el choque físico más potente de todos, el de la guerra, sin evadir su obligación de actuar; son los kshatriyas, los hombres fuertes; la guerra, la energía, la nobleza, el coraje, son su naturaleza; la defensa del derecho y una aceptación de actuar sin reservas, se lo que sea lo que se halle en juego en cualquiera de las batallas de su vida (interior y exterior) es su virtud y su deber. Porque es un hecho permanente la lucha entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia, entre las fuerzas que protegen y las que violan y oprimen; y una vez que el desenlace final tuviera que ser el conflicto físico, el campeón que enarbola la bandera del Derecho no debe temblar ni vacilar ante la difícil, terrible o violenta naturaleza de la obra u acción que la vida le presente y debe llevarla a cabo; no debe vacilar por una piedad equívoca en favor del violento y del cruel, y por el horror físico que inspira la inmensa destrucción decretada, no debe abandonar a sus seguidores o combatientes que están de su parte, ni traicionar la causa, ni dejar arrastrar por el polvo, ni ser pisoteado en el lodazal por los pies sangrientos del opresor. El estandarte del Derecho y de la Justicia. Su virtud y su deber están en la batalla y no en abstenerse de la lucha; el pecado no sería para él exterminar, sino negarse a matar.



A continuación el Maestro deja a un lado por un momento este punto para dar otra respuesta a la queja de Arjuna por el horror a la muerte de sus allegados, lo cual vaciaría su vida de toda razón para vivir. ¿Cuál es el verdadero objetivo de la vida de todo castrilla (guerrero divino) y su verdadera felicidad? No es su propio placer, la felicidad doméstica y una vida de confort y de alegrías pasajeras en compañía de amigos y parientes; su verdadero fin en la vida es la batalla por la justicia y la verdad, y su mayor felicidad, encontrar una causa por la que pueda ofrendar su vida, o, si obtiene la victoria, ganar la gloria y la corona del héroe. “No existe bien más grande para el kshatriya que una guerra justa, y cuando tal circunstancia les llega de sí misma, como si se le abriesen las puertas del cielo, felices entonces están los kshatriyas. Y tú, si no libras esta batalla por la justicia y la verdad, entonces habrás abandonado tu deber, tu virtud y tu gloria, y el pecado será tu porción.” Por semejante rechazo, se expondrá a la vergüenza y al reproche de la cobardía, de la debilidad y de la pérdida de su honor de kshatriya. Porque, ¿cuál es la peor desgracia para un kshatriya? Es la pérdida de su honor, de su reputación, de su noble condición entre los hombres poderosos, los hombres de coraje y de poder; esto es para él es mucho peor que la muerte. La batalla, el coraje, el poder, la autoridad, la disciplina, el honor de los bravos, el cielo de aquellos que caen noblemente, tal es el ideal del guerrero. Envilecer este ideal, permitir que este honor sea mancillado, ofrecer el ejemplo de ser un héroe glorioso entre los héroes, pero cuya acción queda abierta al reproche de la cobardía y de la debilidad, rebajando así las normas morales de la humanidad, es ser falso ante sí mismo y ante el mundo en lo él que exige de sus líderes y de sus reyes. “Muerto, conseguirás el cielo; victorioso, disfrutarás la tierra; levántate pues, oh hijo de Kunti, decidido a dar la batalla.”



Esta llamada heroica puede parecer de un nivel inferior al de la espiritualidad estoica que le precede y al de la espiritualidad más profunda que le sigue; porque en los próximos versos, en efecto, el Maestro le ordena que considere como iguales ante los ojos del alma la buena fortuna y la mala, la pérdida y la ganancia, la victoria y el fracaso, y, después, en tal caso, marchar hacia la batalla; ésta es la enseñanza verdadera de la Gîtâ. Pero la ética hindú ha reconocido en todo momento la necesidad práctica de ideales graduados para el desarrollo de la vida moral y espiritual del hombre. Aquí, el ideal del kshatriya, el ideal de las cuatro castas está presentado bajo su aspecto social, y no en su significado espiritual, como lo será después. Tal es mi respuesta a ti, dice Krishna de hecho, si insistes en considerar la alegría, el sufrimiento y el resultado de tus acciones, como tus motivos de acción. Te he manifestado en qué dirección te guía el más alto conocimiento de uno mismo y del mundo; ahora acabo de mostrarte en qué camino te dirige tu deber social y los valores morales de tu casta, svadharmam api châvéskshya. Que consideres el uno o el otro, el resultado es el mismo. Pero si tú no estás satisfecho con tu deber social y con la virtud propia de tu casta, si crees que te conducen al dolor y al pecado, entonces te ordeno que te eleves a un ideal superior y no desciendas a los inferiores. Descarta todo egoísmo de ti, ignora la alegría y el dolor, desdeña la pérdida y la ganancia de todas las consecuencias mundanas; fíjate solamente en la causa a la que debes servir y en el trabajo que es preciso que lleves a cabo por orden divina, y “entonces no incurrirás en pecado.” De esta forma, ha respondido él a todos los argumentos de Arjuna, según el Conocimiento y el ideal moral más elevado que habían alcanzado su raza y su tiempo, ya sea la excusa de su dolor, o la de su repliegue ante la masacre, la de su sentido del pecado, o la de los desdichados efectos de su acción.



Así es la FE del guerrero ario. “Conoce a Dios,” dice, “conócete a ti mismo, ayuda a los hombres; defiende el Derecho; haz sin miedo, sin debilidad ni vacilación tu trabajo de combatiente en el mundo. Tú eres el Espíritu eterno e imperecedero; tu alma está aquí abajo en su camino ascendente hacia la inmortalidad; la vida y la muerte no son nada; el dolor, las heridas y los sufrimientos no son nada; porque todo esto debe ser conquistado y superado. No te detengas en tu propio placer, en tu éxito o provecho, sino mira más alto y alrededor de ti; MAS ALTO, contemplando las cumbres esplendorosas a las que escalas; en torno de ti, observando este mundo de batalla y de prueba en el que el bien y el mal, el progreso y el retroceso están ligados por un implacable conflicto. Los hombres te llaman para que les auxilies, tú eres su hombre fuerte, ¡su héroe!; ayúdales entonces, y lucha. Destruye cuando por la destrucción debe avanzar el mundo; pero no odies lo que destruyas, ni te aflijas por todos aquellos que deben perecer. Conoce en cada uno al Yo único; debes saber que todos son almas inmortales y que el cuerpo no es sino polvo. Haz tu trabajo con espíritu sosegado, con fortaleza y con serenidad. Lucha y fracasa noblemente, o conquista poderosamente. Porque ésta es la obra que Dios y tu naturaleza te han asignado para su cumplimiento.”

SRI AUROBINDO
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TEMA 20: « EL DESCUBRIMIENTO SUPREMO »

Si queremos progresar íntegramente, tenemos que erigir en nuestro ser consciente, un equilibrio mental perfecto y puro, que pueda servirnos de protección contra las tentaciones del exterior, de aviso que nos evite toda perdida de tiempo, de faro que ilumine nuestra ruta por las aguas movedizas de la vida.



Cada cual debe construir este equilibrio mental siguiendo sus propias tendencias, sus propias afinidades, sus propias aspiraciones. Pero si lo queremos realmente vivo y luminoso, es necesario que tenga en su EJE LA IDEA, que es la representación intelectual simbólica de ESO que MORA en el centro de nuestro ser, de ESO que es nuestra vida y nuestra luz.



Esta idea expresada en palabras sublimes ha sido enseñada, en diversas formas, por todos los grandes maestros, en todos los países y en todos los tiempos.



El Yo de cada uno y el Gran Yo universal son Uno.



Si todo lo que ES desde siempre, tanto en su esencia como en su principio, ¿por qué hacer distinción entre el ser y su origen, entre nosotros y lo que situamos al comienzo?



Y esta unidad hay que entenderla, no como un simple vínculo de unión más o menos estrecha e íntima, sino como una Real- Identidad.



Por tanto, el hombre que busca lo Divino olvida, cuando trata de ascender grado a grado, hasta lo inaccesible, que todo su conocimiento y toda su intuición serían incapaces de hacerle dar ni un solo paso en ese infinito, e ignora que eso que quiere alcanzar, eso que cree tan alejado, lo lleva escondido en su interior.



¿Y cómo podrá él descubrir algo de su Origen hasta tanto que tome consciencia de ese Origen escondido en su ser?



Conociendose a sí mismo, aprendiendo a conocerse es como puede hacer el descubrimiento supremo y exclamar, maravillado, como el patriarca de la Biblia: «Aquí está la Morada de Dios y yo no lo sabía».



Por eso, hay que expresar el pensamiento sublime, creador de los mundos materiales, y hacer escuchar a todos, la palabra que llena los cielos y la tierra: «Yo estoy en toda cosa y en cada ser».



Cuando todos conozcan Eso, el día prometido de las grandes transfiguraciones estará próximo. Cuando en cada átomo de la materia los hombres reconozcan el pensamiento de Dios, que en él mora; cuando en cada criatura viviente perciban el esbozo de un rostro de Dios; cuando en cada hombre su hermano vea a Dios, entonces, amanecera el alba expulsando las tinieblas, las mentiras, las ignorancias, los errores y las aflicciones que abruman a la naturaleza entera. Pues «Toda la naturaleza padece y gime esperando que los Hijos de Dios se revelen».



Es realmente el pensamiento central, el que resume todos los otros; siempre debiera estar presente en nuestra memoria como el sol que ilumina toda la vida.



Por ello os lo recuerdo hoy. Pues si seguimos nuestro camino llevando este pensamiento en el corazón como la joya más rara, como el más preciado tesoro, si lo dejamos llevar a cabo su obra de iluminación, de transfiguración en nosotros, sabremos que está vivo en el centro de todos los seres y de todas las cosas, y sentiremos en él esa maravillosa unidad del universo.



Comprenderemos, entonces, cuán vanas e infantiles son nuestras pobres satisfacciones, nuestras disputas necias, nuestras mezquinas pasiones, nuestras indignaciones ciegas. Veremos disolverse nuestros pequeños defectos, caer los últimas trincheras de nuestra personalidad limitada, de nuestro egoísmo falto de inteligencia. Nos sentiremos arrastrados por esa sublime corriente de espiritualidad verdadera, que nos hará rebasar los marcos limitados y nuestra estrecha fronteras.



El Yo individual y el Yo universal son Uno; en cada mundo, en cada ser, en cada cosa, en cada átomo está la Presencia Divina, y el hombre tiene la misión de manifestarla.



Para ello se tiene que tomar consciencia de esta Presencia Divina dentro de nosotros. Algunos necesitan de un verdadero aprendizaje para lograrlo; su ser egoísta es demasiado absorbente, demasiado fijo y conservador y la lucha contra él es larga y penosa. Otros, en cambio, más impersonales y plásticos, más espiritualizados, tienen facilidad para entrar en contacto con la fuente inagotablemente divina de su ser. Mas ellos también, no lo olvidemos, han de dedicarse cotidiana y constantemente a un trabajo metódico de adaptación, de transformación, para que nada en ellos pueda oscurecer el resplandor de esta luz pura.



Pero apenas alcanza uno esta consciencia profunda, ¡cómo cambia el punto de vista, cómo se amplía la comprensión y se acrecienta la benevolencia!



A propósito de ello, un sabio ha dicho:



«Yo quisiera que cada uno de nosotros lograse percibir al Dios interior, que mora aun en el más vil de los seres humanos; en vez de condenarlo y diríamos: Surge, Ser resplandeciente, tú que eres siempre puro, que no conoces el nacimiento ni la muerte, surge, Todopoderoso, y manifiesta tu naturaleza».



Ajustémonos a esta hermosa palabra y hemos de ver que todo se transforma como por milagro en torno nuestro.



Esta es la actitud de amor verdadero, consciente, perspicaz, del amor que sabe ver detrás de las apariencias, comprender a pesar de las palabras, y que está, a través de todos los obstáculos, en comunión constante con las profundidades.



¿Qué pueden los impulsos y los deseos, las angustias y la violencias, los sufrimientos y las luchas nuestras, qué pueden todas esas peripecias íntimas, erroneamente dramatizadas por nuestra imaginación impura, ante ese grande, ese sublime amor divino, que se inclina sobre nosotros desde lo más profundo de nuestro ser, indulgente para con nuestras debilidades, que corrige nuestros errores, cicatriza nuestras llagas, anega todo nuestro ser en sus efluvios regeneradores?



Porque la Divinidad interior no se impone jamás, no reclama nada, no amenaza; ella se ofrece, se da, se esconde, se olvida a sí misma en el seno de los seres y de las cosas; ella no censura ni juzga, no maldice ni condena, mas está sin cesar trabajando para perfeccionar sin apremio, corregir sin reproches, estimular si impaciencia, para enriquecer a cada uno con cuantos tesoros pueda él recibir.



Ella es la madre cuyo amor engendra y nutre, cuida y protege, aconseja y consuela. Por comprenderlo todo, lo soporta todo, y lo disculpa y lo perdona, y lo espera y lo prepara todo. Teniendo todo en ella, nada posee que no sea de todos; y porque reina sobre todos, es la servidora de todos; aquellos que, pequeños o grandes, quieren ser reyes con ella y dioses en ella son, por eso, como ella: no déspotas, sino servidores entre sus hermanos.



¡Cuán hermoso este humilde papel de servidor! el papel de cuantos han sido manifestadores, anunciadores del Dios que está en todos, del Amor Divino que aníma todas las cosas.



Y mientras esperamos poder seguir este ejemplo y tornarnos, como ellos, verdaderos servidores, dejémonos penetrar por ese Amor Divino, dejémonos penetrar por Él. Entreguémosle, sin reservas, ese maravilloso instrumento que es nuestro organismo material. Él lo hará rendir su máximo en todos los planos de su actividad.



Para llegar a esa consagración completa, todos los medios son buenos, todos los métodos, valiosos. Lo único absolutamente indispensable es la perseverancia en la voluntad de alcanzar esa meta. Porque, entonces, todos los ensayos que se hagan, todos los actos que se realicen, todos los seres humanos que se encuentren seran capaces de traer una indicación, una ayuda, una luz que ha de guiar por el camino.



Antes de terminar, para los que ya han hecho muchos esfuerzos aparentemente infructuosos, para los que han conocido las emboscadas del camino y han medido su propia debilidad, para aquellos que corren riesgo de perder la confianza y el coraje, añadiré algunas páginas. Destinadas a despertar la esperanza en el corazón de los que padecen, han sido escritas por un trabajador espiritual en el momento en que todas las pruebas se precipitaban sobre él como llamas purificadoras.



Vosotros que estáis fatigados, abatidos, lastimados, vosotros que desmayáis, que os creéis, tal vez, vencidos escuchad la voz de un amigo; él conoce vuestras tristezas, las ha compartido y, como vosotros, ha padecido de los males de la tierra; ha atravesado, como vosotros, los desiertos bajo el peso del día, sabe lo que son la sed y el hambre, la soledad y el abandono, el despojo en el corazón más cruel ; sabe también lo que son las horas de duda, conoce los errores, las faltas, los desfallecimientos, todas las debilidades.



Mas os dice: ¡coraje! Escuchad la lección que, todas las mañanas, trae a la tierra el sol naciente en sus primeros rayos. Es una lección de esperanza, un mensaje de consuelo.



Vosotros que lloráis, vosotros que sufrís, vosotros que tembláis, sin atreveros a prever el término de vuestros males, el fin de vuestras penas, mirad: No hay noche sin aurora, y el alba se prepara cuando la sombra se espesa; no hay niebla que el sol no disipe, ni nube que no haga brillar; no hay llanto que él no sea secado un día, ni tempestad tras la cual no resplandezca su arco triunfal, ni nieve que no funda, ni invierno que no trueque en primavera radiante.



Ni tampoco hay, para vosotros, aflicción que no produzca su contrapeso de gloria, ni angustia que no se pueda transformar en alegría, ni derrota que no pueda trocarse en victoria, ni caída que no pueda transformarse en ascensión más elevada, soledad en hogar de vida, ni desacuerdo en armonía. A veces, el desacuerdo entre dos espíritus es lo que obliga a dos corazones a abrirse para entrar en comunión. Y, por último, no hay debilidad, por infinita que sea, que no pueda trocarse en fuerza; y aún en la debilidad mas suprema es cuando la omnipotencia gusta de revelarse.



Escucha, criaturita mía, que te sientes hoy tan quebrantada, quizás tan decaída, que no tienes nada más, nada más para cubrir tu miseria y alimentar tu orgullo, ¡nunca, aún, has sido más grande! ¡Cuán cerca de las cimas está el que despierta en las profundidades! Cuanto más se ahonda el abismo, tanto más se revelan las alturas.



¿Acaso no sabes que las fuerzas más sublimes de las extensiones buscan, para vestirse, los velos más opacos de la materia? ¡Oh, las bodas espléndidas del Amor SUPREMO con las MATERIALIZACIONES más oscuras, del deseo de la sombra con la luz más regia!



Si la prueba o la falta te han arrojado bajo, si te has hundido en alguna sima de padecimiento, no te aflijas, pues ahí es donde podrán darte alcance la ternura divina y la bendición suprema. Porque has pasado al crisol de los dolores purificantes, para ti son las ascensiones gloriosas.



Estás en el desierto: escucha, pues, las voces del silencio. El ruido de las palabras elogiosas y de los aplausos exteriores había regocijado tus oídos, pero las voces del silencio regocijarán tu alma, despertando en ti el eco de las profundidades, el canto de las armonías divinas.



Andas en plena noche. Recoge, pues, los tesoros sin precio de la noche. A pleno sol se iluminan las rutas de la inteligencia; mas en la noche, bajo las claridades blancas, se hallan los senderos ocultos de la perfección, con el secreto de las riquezas espirituales.



Sigue la vía del despojarte; ella conduce a la plenitud. Cuando ya no poseas nada, todo te será dado. Pues para quien es sincero y recto, siempre de lo peor surge lo mejor.



Cada semilla que se echa en la tierra produce otras mil. Cada coletazo del dolor puede ser un impulso hacia la gloria.



Y cuando el adversario se ensaña con el ser humano, todo lo que hace para aniquilarlo lo engrandece.



Escucha la historia de los mundos, mira: al gran enemigo que parece triunfar. Él arroja a la noche a los seres de luz, y la noche se llena de estrellas. Se ensaña con la obra cósmica y atenta contra la integridad del imperio esférico rompiendo su armonía, lo divide y lo subdivide, esparce su polvo a los cuatro vientos de lo infinito; y he que ahí ese polvo se torna simiente dorada que fecunda lo infinito y lo puebla de mundos que en lo venidero, gravitarán alrededor de su Centro eterno en su órbita expandida del espacio; de suerte que la propia división produce una Unidad más rica y más profunda, y, multiplicando las superficies del universo material, agranda el imperio que pretendía destruir.



Por cierto que era hermoso el canto de la esfera primordial, mecida en el seno de la inmensidad, pero ¡cuánto más hermosa aún y más triunfal es la sinfonía de las constelaciones, la música de las estrellas, la coral inmensa que llena los cielos de un himno eterno de victoria!



ESCUCHA AUN: no hubo estado más precario que el del ser humano cuando fue separado, en la tierra, de su origen divino. Sobre él se extendía la frontera hostil del usurpador y las puertas del horizonte eran veladas por los carceleros armados de espadas resplandecientes. Entonces, como el ser humano ya no podía ascender a la fuente del árbol de la vida, esa Fuente dio fruto en él; como ya no podía recibir la luz de lo alto, esa Luz resplandeció en el mismo Centro de su ser; como ya no podía estar en comunión con el Amor trascendente, ese Amor se hizo Holocausto y se ofreció, eligiendo cada ser terrestre, cada yo humano por Morada y por Santuario.



Así es como, en esta Materia despreciada pero fecunda, desolada pero bendita, cada átomo encierra un pensamiento divino, cada ser lleva en sí al Divino Habitante. Y no habiendo nada en todo el universo, tan endeble como el hombre, NADA TAMPOCO ES TAN DIVINO.

¡En verdad, en verdad, en la HUMILLACION se halla la cuna de la gloria!



LA MADRE
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LTEMA 21: ♦ LA SUPERMENTE Y LA VIDA DIVINA ♦


a vida divina sobre la tierra, el ideal que hemos puesto delante de nosotros, sólo puede venir por un cambio espiritual de nuestro ser y un cambio radical y fundamental, una evolución o revolución de nuestra naturaleza. El ser encarnado sobre la tierra tendría que elevarse por encima del dominio que ejercen sobre él sus velos de la mente, de la vida y del cuerpo hacia la plena consciencia y posesión de su realidad espiritual y su naturaleza también tendría que elevarse desde la consciencia y poder de consciencia propia de un ser mental, vital y físico hasta la consciencia más grande y el poder más grande del ser y la más grande y libre vida del espíritu. No perdería estos primeros velos pero ya no serían velos o expresiones imperfectas sino manifestaciones verdaderas; serían cambiados en estados de luz, poderes de vida espiritual, vehículos de una existencia espiritual. Pero de nuevo esto no podría ser si la mente, la vida y el cuerpo no se elevaran y transformaran por un estado del ser y una fuerza del ser superior a ellos, un poder de la Supermente tan por encima de nuestra naturaleza mental incompleta como está por encima de la naturaleza de la vida animal y la Materia animada, como está inmensurablemente por encima de la mera naturaleza material.



La Supermente es en su misma esencia una consciencia-verdad, una consciencia siempre libre de la Ignorancia que es la fundación de nuestro presente natural o existencia evolutiva y desde la cual la naturaleza en nosotros está intentando llegar al autoconocimiento y al conocimiento del mundo y a una consciencia correcta y el uso correcto de nuestra existencia en el universo. La Supermente, porque es una consciencia-verdad, tiene este conocimiento inherente en ella y este poder de verdadera existencia; su curso es recto y puede ir directa a su objetivo, su campo es amplio e incluso puede hacerse ilimitable. Esto es porque su misma naturaleza es conocimiento: no tiene que adquirir conocimiento sino que lo posee por propio derecho; sus pasos no son desde la nesciencia o la ignorancia hasta alguna luz imperfecta, sino desde la verdad hacia la verdad más grande, desde la percepción correcta hasta una percepción más profunda, de intuición a intuición, de iluminación a absoluta luminosidad ilimitada, de creciente amplitud a la absoluta inmensidad y la misma infinitud. En sus cimas posee la omnisciencia y omnipotencia divina, pero incluso en un movimiento evolutivo de su propia automanifestación gradada por la cual finalmente revelaría sus propias alturas más altas debe estar en su misma naturaleza esencialmente libre de ignorancia y error: empieza de la verdad y la luz y se mueve siempre en la verdad y la luz. Como su conocimiento es siempre verdadero, también su voluntad es siempre verdadera; no maneja torpemente las cosas o se tambalea en sus pasos. En la Supermente el sentimiento y la emoción no se apartan de su verdad, no se equivoca o comete errores, no se desvía de lo correcto y lo real, no puede utilizar mal la belleza y el deleite o torcerse de una rectitud divina. En la Supermente el sentido no puede guiar mal o desviar hacia la grosería que aquí son sus imperfecciones naturales y la causa de reproche, desconfianza y mal uso por nuestra ignorancia. Incluso una declaración incompleta hecha por la Supermente es una verdad que conduce a una verdad más completa, su acción incompleta es un paso hacia la plenitud. Toda la vida y la acción y la guía de la Supermente está a salvo en su misma naturaleza de las falsedades e incertidumbres de nuestro destino; se mueve segura hacia su perfección. Una vez la consciencia-verdad se estableciera aquí en su propia fundación segura, la evolución de la vida divina sería un progreso en la felicidad, una marcha a través de la luz hasta el Ananda.



La Supermente es una realidad eterna del Ser divino y la Naturaleza divina. En su propio plano ya existe y siempre existe y posee su propia ley esencial de ser; no tiene que ser creada o emerger o evolucionar en la existencia desde la involución en la Materia o desde la no-existencia, como podría parecerle a la mente que piensa de sí misma haber emergido de ese modo de la vida y la Materia o haber evolucionado de una involución en la vida y la Materia. La naturaleza de la Supermente siempre es la misma, un ser de conocimiento, procediendo de verdad en verdad, creando o más bien manifestando lo que tiene que ser manifestado por el poder de un conocimiento preexistente, no por azar sino por un destino autoexistente en el propio ser, una necesidad de la propia cosa y por tanto inevitable. Su manifestación de la vida divina será también inevitable; su propia vida en su propio plano es divina y, si la Supermente desciende a la tierra, traerá necesariamente la vida divina con ella y la establecerá aquí.



La Supermente es el grado de la existencia más allá de la mente, la vida y la Materia y, como la mente, la vida y la Materia se han manifestado sobre la tierra, así también debe la Supermente en el inevitable curso de las cosas se manifestara en este mundo de Materia. De hecho, una supermente ya está aquí pero está involucionada, oculta detrás de esta mente, vida y Materia manifestada y aún sin actuar abiertamente o en su propio poder: si actúa, es a través de estos poderes inferiores y modificada por sus caracteres y por ello aún irreconocible. Es sólo mediante la aproximación y llegada de la Supermente que descienda que puede ser liberada sobre la tierra y revelarse a sí misma en la acción de nuestras partes materiales, vitales y mentales de modo que estos poderes inferiores puedan convertirse en porciones de una actividad totalmente divinizada de todo nuestro ser: eso es lo que nos traerá una divinidad completamente realizada o la vida divina. Es ciertamente así como la vida y la mente involucionadas en la Materia se han hecho realidad aquí; pues sólo lo que está involucionado puede evolucionar, de otro modo no podría haber ninguna emergencia.



La manifestación de una consciencia-verdad supramental es por tanto la realidad capital que hará la vida divina posible. Es cuando todos los movimientos del pensamiento, de los impulsos y de las acciones sean gobernados y dirigidos por una consciencia-verdad autoexistente y automáticamente luminosa y nuestra naturaleza completa esté constituida por ella y hecha de su materia que la vida divina será completa y absoluta. Incluso como es, en realidad aunque no en la apariencia de las cosas, son un conocimiento y verdad secretos y autoexistentes que están trabajando para manifestarse en la creación de aquí. El Divino está ya ahí inmanente dentro nuestro, nosotros somos eso en nuestra realidad más profunda y es esta realidad que tenemos que manifestar; es eso lo que constituye la URGENCIA hacia la vida divina y hace necesaria la creación de la vida divina incluso en esta existencia material.



Una manifestación de la Supermente y su consciencia-verdad es entonces inevitable; debe acontecer en este mundo tarde o temprano. Pero tiene dos aspectos, un descenso desde arriba, un ascenso desde abajo, una auto-revelación del Espíritu, una evolución en la Naturaleza. El ascenso es necesariamente un esfuerzo, un trabajo de la Naturaleza, una incitación o esfuerzo de su parte para elevar sus partes inferiores mediante un cambio evolutivo o revolucionario, una conversión o transformación en la realidad divina y puede suceder mediante un proceso y progreso o mediante un rápido milagro. El descenso o auto-revelación del Espíritu es un acto de la suprema Realidad desde lo alto que hace posible la realización y puede aparecer bien como la ayuda divina que trae el cumplimiento del progreso y del proceso o como la sanción del milagro. La evolución, como la vemos en este mundo, es un proceso lento y difícil y, ciertamente, normalmente necesita años para alcanzar resultados permanentes; pero esto es porque está en su naturaleza una emergencia desde comienzos inconscientes, un inicio desde la nesciencia y un trabajo en la ignorancia de seres naturales por lo que parece ser una fuerza inconsciente. Puede haber, por el contrario, una evolución en la luz y no más en la oscuridad, en la cual el ser evolutivo es un participante consciente y un colaborador, y ESTO ES PRECISAMENTE LO QUE DEBE TENER LUGAR AQUÍ. Incluso en el esfuerzo y el progreso desde la Ignorancia al Conocimiento esto debe ser en parte si no totalmente el esfuerzo a hacer en las alturas de la naturaleza y debe ser totalmente eso en el movimiento final hacia el cambio espiritual, la realización, la transformación. Debe ser todavía más así cuando hay una transición a través de la línea divisoria entre la Ignorancia y el Conocimiento y la evolución es desde el conocimiento hacia un conocimiento mayor, desde la consciencia a una consciencia mayor, desde el ser a un ser mayor. Entonces ya no hay ninguna necesidad para el paso lento de la evolución ordinaria; puede haber una conversión rápida, una rápida transformación después de una transformación, lo que parecería a nuestra actual mente normal, una sucesión de milagros. Una evolución en los niveles supramentales bien podría ser de esa naturaleza; podría ser igualmente, si así lo eligiera el ser, un pasaje más calmado de un estado o condición supramental de las cosas hacia algo más allá pero aún supramental, desde un nivel divino hasta un nivel divino, una construcción de gradaciones divinas, un crecimiento libre hasta la suprema Supermente o más allá de ella hasta niveles del ser, de consciencia y Ananda no soñados todavía.



El descenso de la Supermente traerá a quien la reciba y se realice en la consciencia-verdad todas las posibilidades de la vida divina. Elevará no sólo toda la experiencia característica que ya reconocemos como constitutiva de la vida espiritual sino también todo lo que ahora excluimos de esa categoría pero que es capaz de la divinización, no excluyendo nada de la naturaleza terrestre y de la vida terrestre que pueda ser transformado por el toque de la Supermente y elevada en la vida manifestada del Espíritu. Pues una vida divina sobre la tierra no necesita ser una cosa aparte y exclusiva que no tenga nada que ver con la existencia terrestre ordinaria: elevará el ser humano y la vida humana, transformará lo que pueda ser transformado, espiritualizará lo que pueda ser espiritualizado, proyectará su influencia sobre el resto y efectuará o un cambio radical o un cambio que eleve, causará una comunión más profunda entre el universal y el individual, invadirá el ideal con la verdad espiritual de la cual es una sombra luminosa y ayudará a elevar en o hacia una existencia más grande y más alta. La mente se elevará hacia una luz más divina de pensamiento y voluntad, la vida hacia una emoción y acción más profunda y verdadera, hacia un poder de sí misma más grande, hacia objetivos y motivos altos. Lo que todavía no pueda ser elevado a su propia plena verdad de ser, será acercado a esa plenitud; lo que incluso no esté preparado para ese cambio, aún verá abierta la posibilidad a ello siempre que su todavía incompleta evolución lo haya preparado para la realización de sí mismo. Incluso el cuerpo, si puede soportar el toque de la Supermente, será más consciente de su propia verdad, –pues hay una consciencia corporal que tiene su propia verdad y poder instintivo de condición y acción correcta, incluso una especie de conocimiento oculto, no expresado, en la constitución de sus células y tejidos que un día pueden hacerse conscientes y contribuir a la transformación del ser físico. Un despertar debe producirse en la naturaleza terrestre y en la consciencia terrestre que será, sino el comienzo real, al menos la preparación efectiva y los primeros pasos de su evolución hacia un nuevo y más divino orden mundial.



Esto sería la realización de la vida divina que el descenso de la Supermente y el trabajo de la consciencia-verdad tomando toda la naturaleza del ser viviente traería en todos los que pudieran abrirse a su poder o influencia. Incluso su primer efecto inmediato se produciría en todos los que fueran capaces de la posibilidad de entrar en la consciencia-verdad y cambiar todos los movimientos de la naturaleza más y más en los movimientos de la verdad supramental, verdad de pensamiento, verdad de voluntad, verdad en los sentimientos, verdad en los actos, verdaderas condiciones de todo el ser incluso del cuerpo, finalmente transformación, un cambio divino. Para aquellos que pudieran abrirse de ese modo y permanecer abiertos, no habría ninguna limitación para este desarrollo e incluso ninguna dificultad fundamental; pues todas las dificultades serían disueltas por la presión de la luz y el poder supramentales desde arriba vertiéndose a sí mismo en la mente y en la fuerza vital y en el cuerpo. Pero el resultado del descenso supramental no necesita ser limitado a aquellos que puedan abrirse enteramente así y no necesita ser limitado al cambio supramental; podría también haber una transformación menor o secundaria del ser mental dentro del campo liberado y perfeccionado de la naturaleza mental. En lugar de la mente humana como es ahora, una mente limitada, imperfecta, abierta en cada instante a toda clase de desviaciones de la verdad o pérdida de la verdad, abierta a toda clase de errores y abierta incluso a las persuasiones de una completa falsedad y perversión de la naturaleza, una mente cegada y atraída hacia la inconsciencia y la ignorancia, difícilmente llegando al conocimiento, un intelecto inclinado a interpretar el conocimiento superior en abstracciones y figuras indirectas agarrando y reteniendo incluso los mensajes de la intuición superior con una comprensión incierta y disputada, podría emerger una mente verdadera y capaz de la libre y suprema perfección de sí misma y sus instrumentos, una vida gobernada por la mente libre e iluminada, un cuerpo que respondiera a la luz y capaz de realizar todo lo que la mente y la voluntad libres pudieran demandarle. Este cambio podría suceder no sólo en unos pocos, sino extenderse y generalizarse en la raza. Esta posibilidad, si se realizara, significaría que el sueño humano de perfección, perfección de sí mismo, de su naturaleza purificada e iluminada, de todos sus modos de acción y vida, ya no serían un sueño sino una verdad que podría hacerse realidad y la humanidad sería liberada de la sujeción de la inconsciencia y la ignorancia. La vida del ser mental podría armonizarse con la vida de la Supermente que entonces sería el orden más elevado por encima y sería incluso una extensión y anexo de la consciencia-verdad, una parte y provincia de la vida divina. Es obvio que si la Supermente está ahí y un orden de ser supramental se establece como el principio director en la naturaleza terrestre, como la mente es ahora el principio director, pero con una certeza, un gobierno completo de la existencia terrestre, una capacidad de transformación de todo por encima de su nivel y dentro de sus límites naturales de lo cual la mente en su imperfección no fue capaz, un cambio inmenso de la vida humana, incluso si no se extendiera a la transformación, sería inevitable.



Queda por considerar cuáles serían los obstáculos en el camino de esta posibilidad, especialmente aquellos ofrecidos por la naturaleza HUMANA del orden terrestre y su función como campo de una evolución gradual, en la cual nuestra humanidad es una etapa y, podría argüirse, que su misma imperfección es una necesidad evolutiva. ¿Cómo haria la Supermente por su presencia y gobierno de las cosas para poder superar esta dificultad, respetando simultáneamente el principio de gradación y si no pudiera rectificar el orden erróneo e ignorante impuesto por la Ignorancia y la Inconsciencia, sustituirlo por una gradación correcta en la que la perfección y divinización serían posibles? Ciertamente, el camino para el individuo estaría abierto, pero CUALQUIER GRUPO DE SERES HUMANOS QUE ASPIREN UNIDOS EN UN ESFUERZO POR UNA VIDA COLECTIVA PERFECTA E INDIVIDUAL Y/O ASPIREN A LA VIDA DIVINA, SERIAN ASISTIDOS HACIA LA CONSECUCION DE SU ASPIRACION: AL MENOS ESA SERIA LA MINIMA CONSECUENCIA QUE SUPONDRIA LA SUPERMENTE. Pero la posibilidad mayor está también ahí y podría incluso ofrecerse a toda la humanidad.



Nota: Este articulo esta extractado, del libro que Sri Aurobindo escribio a toda prisa antes de irse. LA MANIFESTACION SUPRAMENTAL SOBRE LA TIERRA.

SRI AUROBINDO





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TEMA 22: ■ ¿NINGUN DESEO?... ■
El Buda dijo que la vida es sufrimiento, y que la causa de éste, es el deseo. Pocas cosas se han dicho conteniendo una mayor verdad y rotundidad; pero también pocas cosas dichas, han tenido un paralizante efecto negativo, por ser parcialmente comprendidas, o mal interpretadas.
Y decimos paralizante a propósito; porque tal idea, convertida en una máxima con carácter absoluto, genera una actitud tendente a la inercia, que finalmente puede derivar en una parálisis en términos de progreso: porque querer progresar, significa, “tener que desear”.

Sri. Aurobindo, hablando del carácter o actitud de las gentes en su país, del indio promedio, dice que el tamas o inercia, fue instalándose en su psicología a tal grado, que incluso la facultad de pensar, ligada a la idea de conseguir o mejorar, quedó mermada. Y sobra decir, que aunque India haya podido constituirse en paradigma del fenómeno que tratamos, de ningún modo es en el único lugar o en la única cultura donde ha ocurrido.



Obviamente, la no comprensión, “del no deseo”, ha influido y mucho en el desarrollo de ese carácter tamásico del que hablamos. Varias preguntas podemos formularnos entonces, en torno a esta cuestión: ¿es posible la vida, y el progreso en la misma, sin ningún deseo; ¿no “deseó” Dios la creación?; ¿pudiera ser que el problema fuese, el apego al objeto de deseo, y no tanto el deseo mismo?. Tal vez, reflexionando sobre la respuesta a estas preguntas, podamos hallar la solución; y para ello, vamos a citar unas palabras de Sri. Aurobindo, que en sí mismas apuntan en la dirección de las respuestas que buscamos: “Un SÓLO DESEO tenéis que tener; la Aspiración sincera y perfecta a que la VIDA DIVINA se materialice en la tierra, para ti y todos los demás, para aquellos que serán los llamados y elegidos, y por la completa victoria sobre las fuerzas adversas que se oponen a ello”.





SRI AUROBINDO





Obviamente, el Maestro no se refiere aquí, a lo que, para entendernos podríamos titular como deseos de orden o grado inferior, como por ejemplo los de carácter sensual; y por otra parte, sus declaraciones son rotundas y no dejan lugar a dudas, en cuanto a que los deseos de lo que denomina, “el vital inferior”, que comprende los citados anteriormente, son, afirma, un muy serio obstáculo, para el progreso en la sadhana del yoga integral.



Ahora bien, Él también nos dice que hay en nosotros, “un vital superior”; un aspecto o “parte” de nuestra constitución total, donde está contenido el mayor acopio energético. Es esa parte de nosotros que “desea” siempre lo mejor, lo más grande, la mayor conquista; y sin la cual, sin su intervención nos dice el Maestro, no es posible conseguir nada que requiera determinación, energía y entusiasmo; porque todas estas cualidades, es ahí, desde donde se accionan y despliegan.



¿Qué ocurre entonces, si cercenamos ese vital superior, por instalarnos en una actitud, en términos absolutos, de no deseo?. Como poco, puede ocurrir que por un exceso de celo, queriendo suprimir los deseos inferiores, suprimamos también los superiores, del vital superior, incluyendo el deseo/aspiración a la Vida Divina, como nos dice el Maestro. Y decimos como poco; porque como queda suscitado en las líneas de arriba, si por ese exceso de celo anulamos la acción del vital en su totalidad, podemos caer en la más degradante inercia tamásica.



Pero el Buda mismo, con quien hemos empezado este escrito, nos exhorta a utilizar el discernimiento, y con ello, a descubrir como apuntábamos más arriba, que el problema está en el apego al objeto de deseo y no en el deseo mismo.



Así, el problema no está en el deseo a la Vida Divina, si la aspiración va dirigida a Dios y a Él le entregamos su consumación. De igual modo, el problema tampoco está en cuantas acciones podamos emprender encaminadas en esa dirección; sino en el apego al fruto de las mismas. Actúa, nos dice el Bhagavad Gita, pero entrégame a Mí, el resultado y fruto de tus acciones, porque sólo a Mí me pertenecen.



A esto último podría objetarse, que tal deseo, el de la Vida Divina, es legítimo, pero ningún otro que sea inferior a él, tales como el deseo de progreso en las distintas áreas de la vida. Pero la Vida Divina no es una abstracción; no puede realizarse sin el progreso y la transformación de todo lo que conforma nuestra vida, tanto individual como colectivamente. “Desear” pues, el progreso en todas esas áreas, aspirando a su Divinización, es entonces igual de legítimo: porque, “nada será realizado, hasta que todo sea realizado”, nos dice también Sri. Aurobindo.



Y no podrá ser todo realizado, hasta que todo haya sido transformado. Pero no se transforma aquello que es reprimido u ocultado; y no transformarlo significa, por un lado, seguir bajo la influencia de sus efectos negativos; y por otro, perder la oportunidad de utilizar los posibles positivos, una vez transformado. Nos ilustra en este sentido, las palabras del Cristo a sus discípulos, cuando les hablaba del riesgo que hay al cortar la cizaña, de arrancar también el trigo.



Concluiremos, transcribiendo de nuevo palabras de Sri. Aurobindo, en las cuales es tratado el tema que nos ocupa; que como es habitual en Él, aportan amplitud y profundidad de comprensión sobre ello.





MUERTE, DESEO E INCAPACIDAD





En el principio, todo estaba cubierto por el Hambre que es la Muerte; la Mente hizo eso por ella misma de modo que pudiera alcanzar la posesión del ser-en-sí.

Brihadaranyaka Upanishad

Este es el Poder descubierto por el mortal que tiene la multitud de sus deseos de modo tal que pueda sostener todas las cosas; prueba el sabor de todos los alimentos y construye una casa para el ser.

Rig Veda





En nuestro último capitulo hemos considerado la Vida desde el punto de vista de la existencia material, y la apariencia y actividad del principio vital en la Materia, y hemos razonado partiendo de los datos que ofrece esta evolutiva existencia terrestre. Pero es evidente que dondequiera pueda aparecer y como quiera pueda trabajar, bajo cualquier condición, el principio general debe ser el mismo por doquier. La Vida es la Fuerza universal que trabaja de tal modo para crear, dinamizar, mantener y modificar, incluso hasta el punto de disolver y reconstruir las formas sustanciales con el juego e intercambio mutuos de una energía abierta o secretamente consciente como su carácter fundamental. En el mundo material que habitamos la Mente está envuelta y subconsciente en la Vida, así como la Supermente está envuelta y subconsciente en la Mente, y este instinto Vital con una envuelta Mente subconsciente está, a su vez, envuelto en la Materia. Por lo tanto, la Materia es aquí la base y el principio aparente; en el lenguaje de los Upanishads, Prithivi, el principio-Tierra, es nuestro fundamento. El universo material parte del átomo formal sobrecargado de energía, imbuido de la informe materia de un subconsciente deseo, voluntad e inteligencia. A partir de esta Materia aparente la Vida se manifiesta, y libera a partir de sí misma, por medio del cuerpo viviente, a la Mente que contiene aprisionada dentro de ella; la Mente, asimismo, todavía ha de liberar a partir de sí, a la Supermente oculta en sus actividades. Pero podemos concebir un mundo constituido de otro modo, en el que la Mente no esté envuelta al principio sino que use conscientemente su innata energía para crear originales formas de sustancia y que no sea, como aquí, sólo subconsciente al comienzo. Aunque la actividad de un mundo así sería muy diferente del nuestro, el vehículo intermedio de la operación de esa energía sería siempre la Vida. La cosa en sí sería la misma incluso si el proceso fuera enteramente invertido.



Mas entonces se nos muestra de inmediato que así como la Mente es sólo una operación final de la Supermente, de igual manera la Vida es sólo una operación final de la Conciencia-Fuerza de la cual la Real-Idea es la forma determinativa y el agente creador. La Conciencia que es Fuerza, es la naturaleza del Ser y este Ser consciente, manifestado como un creador Conocimiento-Voluntad, es la Real-Idea o Supermente. El Conocimiento-Voluntad supramental es la Conciencia-Fuerza que se hace operativa para la creación de formas del ser unido en una ordenada armonía a la que damos el nombre de mundo o universo; de esa manera también la Mente y la Vida son la misma Conciencia-Fuerza, el mismo Conocimiento-Voluntad, pero operando para el mantenimiento de formas distintamente individuales en una suerte de demarcación, oposición e intercambio en los que el alma, en cada forma del ser, estructura su vida y mente propias como si estuvieran separadas de los demás, aunque de hecho nunca están separadas sino que son el juego de la única Alma, Mente, Vida en diferentes formas de su singular realidad. En otras palabras, así como la Mente es la individualizadora operación final de la omni-comprehensiva y omni-aprehendente Supermente, es decir, el proceso por el que su conciencia actúa individualizada en cada forma desde el punto de asiento propio de ella y con las relaciones cósmicas que proceden desde ese punto de asiento, de igual manera la Vida es la operación final por la que la Fuerza del Ser-Consciente, actuando a través de la omni-posesora y omni-creadora Voluntad de la Supermente universal, mantiene e infunde energía, constituye y reconstituye formas individuales, y actúa en ellas como la base de todas las actividades del alma así encarnada. La vida es la energía del Divino generándose continuamente en las formas como en una dínamo y no sólo jugando con la resultante batería de sus impactos en las circundantes formas de cosas sino también, a su vez, recibiendo ella misma los impactos procedentes de toda vida en derredor en la medida en que se esparcen y penetran la forma desde el exterior, desde el universo circundante.



En esta visión, la Vida se presenta como forma de energía de la conciencia intermediaria y apropiada a la acción de la Mente en la Materia; en un sentido, puede decirse que es un enérgico aspecto de la Mente cuando crea y se relaciona no ya solo a ideas sino a mociones de fuerza y a formas de sustancia. Pero inmediatamente debe añadirse que así como la Mente no es una entidad separada, sino que tiene toda la Supermente detrás y es la Supermente la que crea con la Mente sólo como su individualizadora operación final, de igual modo la Vida tampoco es una entidad o movimiento separados, pues tiene toda la Conciencia-Fuerza detrás de ella en todas sus actividades y esa es la única Conciencia-Fuerza que existe y actúa en las cosas creadas. La Vida es sólo su final operación intermedia entre la Mente y el Cuerpo. Todo lo que decimos de la Vida debe, por lo tanto, ajustarse a las calificaciones que se suscitan de esta dependencia. En realidad no conocemos la Vida en su naturaleza ni en su proceso a menos que y hasta que seamos conscientes y crezcamos conscientes de esa Fuerza-Consciente que actúa en ella, de la cual es sólo el aspecto e instrumentación externos. Entonces sólo podemos percibir y ejecutar con conocimiento, --(como alma-formas individuales e instrumentos corporales y mentales del Divino)--, la voluntad de Dios en la Vida; sólo entonces la Vida y la Mente pueden seguir senderos y movimientos de una siempre-en-aumento rectitud de la verdad en nosotros y en las cosas, mediante una constante disminución de las tortuosas perversiones de la Ignorancia. Así como la Mente ha de unirse conscientemente con la Supermente de la que está separada por la acción de Avidya, de igual modo la Vida ha de llegar a ser consciente de la Fuerza-Consciente que opera en ella para sus fines y con un significado del cual la vida en nosotros, debido a que está absorbida en el mero proceso de vivir como nuestra mente está absorbida en el mero proceso de mentalizar la vida y la materia, está inconsciente en su oscurecida acción de modo que las sirve ciega e ignorantemente y no, como debe ser y será en su liberación y realización, luminosamente o con un auto-realizador Conocimiento, poder y bienaventuranza.



De hecho, nuestra vida, debido a que está sometida a la oscurecida y divisora operación de la Mente, ella misma está oscurecida y dividida, y padece toda esa sujeción a la muerte, limitación, debilidad, sufrimiento y funcionamiento ignorante, de los cuales la limitada y restringida Mente-criatura es progenitora y causa. La fuente original de la perversión fue, ya hemos visto, la auto-limitación del alma individual atada a la auto-ignorancia debido a que se considera, mediante una exclusiva concentración, como auto-existente individualidad separada y considera toda la acción cósmica sólo como se presenta ante su propia conciencia individual, conocimiento, voluntad, fuerza, disfrute y ser limitado en lugar de verse como forma consciente del Uno y abarcar toda conciencia, todo conocimiento, toda voluntad, toda fuerza, todo disfrute y todo ser como uno solo con el suyo propio. La vida universal en nosotros, obedeciendo esta directiva del alma cautiva en la mente, llega a ser aprisionada en una acción individual. Existe y actúa como una vida separada con una insuficiente capacidad limitada que sufre y no abraza libremente el impacto y la presión de toda la vida cósmica que la rodea. Lanzada dentro del constante intercambio cósmico de Fuerza en el universo como una existencia pobre, limitada e individual, la Vida sufre al principio desamparadamente y obedece el gigantesco intercambio con sólo una mecánica reacción hacia todo aquello por lo que es atacada, devorada, disfrutada, usada, conducida. Pero tan pronto se desarrolla la conciencia, tan pronto la luz de su propio ser emerge de la inerte oscuridad del sueño involutivo, la existencia individual llega a ser débilmente consciente del poder que hay en ella y busca, primero nerviosamente y luego mentalmente, dominar, usar y disfrutar el juego. Este despertar a el Poder en ella es el gradual despertar al ser (yo). Pues la Vida es Fuerza y la Fuerza es Poder y el Poder es Voluntad y la Voluntad es la actividad de la Conciencia-Maestra. La Vida en el individuo llega a ser cada vez más y más consciente en sus profundidades de que ella también es la Voluntad-Fuerza de Sachchidananda que es dueño del universo y ella aspira a ser individualmente dueña de su propio mundo. Realizar su propio poder y dominar al igual que conocer su mundo es, por lo tanto, el creciente impulso de toda vida individual; ese impulso es una característica esencial de la creciente auto-manifestación de lo Divino en la existencia cósmica.



Mas aunque la Vida es Poder y el crecimiento de la vida individual significa el crecimiento del Poder individual, todavía el mero hecho de su ser, una dividida individualizada vida y fuerza, le impide llegar a ser realmente dueña de su mundo. Pues eso significaría ser dueña de la Omni-Fuerza, y es imposible para una conciencia dividida e individualizada con un dividido, individualizado y, por lo tanto, limitado poder y voluntad, ser dueña de la Omni-Fuerza; sólo la Omni-Voluntad puede ser eso y el individuo sólo puede serlo mediante el logro de llegar a ser nuevamente uno con la Omni-Voluntad y, por lo tanto, con la Omni-Fuerza. De otro modo, la vida individual en la forma individual debe siempre estar sujeta a los tres distintivos de su limitación: Muerte, Deseo e Incapacidad.



La muerte es impuesta a la vida individual por las condiciones de su propia existencia y por sus relaciones con la Omni-Fuerza que se manifiesta en el universo. Pues la vida individual es un juego particular de energía especializada en constituir, mantener, dinamizar y finalmente disolver, cuando termina su utilidad, una de las miríadas de formas, las cuales todas sirven, cada una en su propio lugar, tiempo y ámbito, al juego total del universo. La energía de la vida en el cuerpo ha de soportar el ataque de las energías externas a ella en el universo; ha de atraerlas, alimentarlas y a su vez ser constantemente devorada por ellas. Todo la Materia, según el Upanishad, es alimento, y ésta es la fórmula del mundo material: "el comedor comiendo es a su vez comido”. La vida organizada en el cuerpo está constantemente expuesta a la posibilidad de ser interrumpida por el ataque de la vida externa a ella o, al ser insuficiente su capacidad de devorar, o no satisfecha apropiadamente, o de no mediar el correcto equilibrio entre la capacidad de devorar y la capacidad o necesidad de proveer alimento para la vida exterior, es incapaz de protegerse, y es devorada o es incapaz de renovarse y, por lo tanto, desechada o destruida a través del proceso de la muerte para una nueva construcción o renovación.



No sólo eso sino que, según el lenguaje del Upanishad, la fuerza-vital es el alimento del cuerpo y el cuerpo el alimento de la fuerza-vital; en otras palabras, la energía vital en nosotros suministra el material por el que la forma se construye y constantemente se mantiene y se renueva, y al mismo tiempo usa constantemente la forma sustancial de sí misma que de esa forma crea y mantiene en la existencia. Si el equilibrio entre estas dos operaciones es imperfecto o está perturbado, o si el ordenado juego de las diferentes corrientes de fuerza-vital es arrancado de su engranaje, entonces se presentan la enfermedad y la decadencia, y comienza el proceso de desintegración. Y la lucha misma por el dominio consciente e incluso el crecimiento de la mente hace más difícil el mantenimiento de la vida. Pues hay una creciente demanda de energía-vital en la forma, una demanda que radica en el exceso del sistema original de suministro y perturba el equilibrio original de oferta y demanda, y antes que pueda establecerse un nuevo equilibrio, se presentan múltiples desórdenes hostiles a la armonía y a la prolongación del mantenimiento de la vida; además, el intento de dominio crea siempre una reacción correspondiente al entorno, que está lleno de fuerzas que también desean realizarse y, por lo tanto, son intolerantes, se alzan y atacan a la existencia que procura dominarlas. Allí también se altera un equilibrio, se genera una lucha más intensa; aunque fuerte la vida dominante, a no ser que sea ilimitada o logre establecer una nueva armonía con su entorno, no puede siempre resistir y triunfar, pues debe un día ser vencida y desintegrada.



Pero, aparte de todas estas necesidades, existe la fundamental necesidad de la naturaleza y objeto de la corporizada vida misma, que consiste en buscar la experiencia infinita sobre una base finita; y dada la forma, --(la base por su misma organización limita la posibilidad de la experiencia)--, esto sólo puede hacerse disolviéndola y buscando nuevas formas. Pues el alma, habiéndose limitado una vez mediante la concentración sobre el momento y el campo, es llevada a buscar nuevamente su infinitud mediante el principio de sucesión, sumando momento a momento y, de esa manera, almacenando una experiencia-Temporal que ella llama su pasado; en ese Tiempo se desplaza a través de sucesivos campos, sucesivas experiencias o vidas, sucesivas acumulaciones de conocimiento, capacidad y disfrute, y todo esto lo retiene en la memoria subconsciente o superconsciente como su fondo de pasado adquirido en el Tiempo. Para este proceso el cambio de forma es esencial, y para el alma envuelta en el cuerpo individual, el cambio de forma significa disolución del cuerpo por el cumplimiento de la ley y por la compulsión de la Omni-vida en el universo material, a su ley de suministro y demanda del material de la forma, a su principio de constante entrechoque y a la lucha de la vida corporizada para existir en un mundo de mutuo devorarse. Y esta es la Ley de la Muerte.



Esta es entonces la necesidad y justificación de la Muerte, no como negación de la Vida, sino como proceso de la Vida; la muerte es necesaria porque el eterno cambio de la forma es la única inmortalidad a la que la finita sustancia viviente puede aspirar y el eterno cambio de la experiencia la única infinitud que el alma finita, envuelta en el cuerpo viviente, puede lograr. Esta mutación de la forma no puede admitirse que sea mera renovación constante de la misma forma-típica como la que constituye nuestra vida corporal entre el nacimiento y la muerte; pues a menos que la forma-típica se modifique y la mente experimentadora sea proyectada dentro de nuevas formas en nuevas circunstancias de tiempo, lugar y entorno, no puede efectuarse la necesaria variación de la experiencia que exige la naturaleza misma de la existencia en el Tiempo y el Espacio. Y es sólo el proceso de la Muerte por disolución en que la vida es devorada por la Vida, es sólo la ausencia de libertad, la compulsión, la lucha, el dolor, la sujeción a algo que parece consistir en No-Ser, lo que hace que este necesario y salutífero cambio parezca terrible e indeseable para nuestra mentalidad mortal. Es el sentido de ser devorado, destruido, o forzado lo que constituye el aguijón de la Muerte, y lo que ni siquiera la creencia en la personal supervivencia sobre la muerte puede eliminar por completo.



Mas este proceso es una necesidad de ese devorarse mutuamente que vemos que es la ley inicial de la Vida en la Materia. La Vida, dice el Upanishad, es Hambre que es Muerte, y mediante este Hambre que es Muerte, asanaya mrtyuh, ha sido creado el mundo material. Pues la Vida asume aquí como molde la sustancia material, y la sustancia material es el Ser infinitamente dividido y procurando infinitamente agregarse; entre estos dos impulsos de infinita división y agregación infinita, está constituida la existencia material del universo. El intento del individuo, del átomo viviente, de mantenerse y agrandarse es el sentido total del Deseo; un físico, vital, moral y mental aumento mediante una cada vez mayor experiencia omniabarcante, una cada vez mayor omni-abarcante posesión, absorción, asimilación y disfrute, es el inevitable, fundamental e indestructible impulso de la Existencia, una vez dividida e individualizada con todo siempre secretamente consciente de su omni-abarcante y omniposeedora infinitud. El impulso de realizar esa secreta conciencia es la espuela del Divino cósmico, el deseo vehemente del corporizado Ser-en-sí (Yo) dentro de toda criatura individual; y es inevitable, justo y saludable que busque primero realizarlo en los términos de la vida mediante un creciente desarrollo y expansión. En el mundo físico esto sólo puede hacerse alimentándose en el entorno, agrandándose a través de la absorción de otros o de lo que los demás poseen; y esta necesidad es la justificación universal del Hambre en todas sus formas. Lo que devora debe asimismo ser devorado; pues la ley de intercambio, de acción y reacción, de limitada capacidad y, por lo tanto, de extinguirse y sucumbir finalmente, gobierna toda la vida del mundo físico.



En la mente consciente lo que todavía era sólo hambre vital en la vida subconsciente, se transforma en formas superiores; el hambre en las partes vitales se convierte en anhelo de Deseo en la vida mentalizada, en tensión de la Voluntad en la vida intelectual o pensante. Este movimiento del deseo debe continuar hasta que el individuo haya crecido lo suficiente como para que pueda, al fin, ser dueño de sí mismo y, mediante creciente unión con el Infinito, poseedor de su universo. El Deseo es la palanca mediante la cual el divino principio-Vital, efectúa su objetivo de autoafirmación en el universo y el intento de extinguirlo en pro de la inercia es una negación del divino principio-Vital, un Querer-no-ser que necesariamente es ignorancia; pues uno no puede dejar de ser individualmente excepto para ser infinitamente. El Deseo también solo puede cesar correctamente, convirtiéndose en deseo del infinito y satisfaciéndose con un logro celestial y una satisfacción infinita en la omni-poseedora bienaventuranza del Infinito. Mientras tanto ha de progresar desde el tipo de una mutuamente devoradora hambre hacia el tipo de donante mutuo, de crecientemente jubiloso sacrificio de (el individuo se brinda a los otros individuos y los recibe enintercambio; intercambio; el inferior se entrega al superior y el superior al inferior de modo que se realicen uno en el otro; lo humano se entrega a lo Divino y lo Divino a lo humano; el Todo en el individuo se entrega al todo en el universo y recibe su realizada universalidad como una recompensa divina)--. Así la ley del Hambre debe dar lugar progresivamente a la ley del Amor; la ley de la División a la ley de la Unidad; la ley de la Muerte a la ley de la Inmortalidad. Esa es la necesidad, esa es la justificación, esa la culminación y auto-realización del Deseo que está actuando en el universo.



Y esta máscara de la Muerte que asume la Vida es producto del movimiento de la búsqueda finita en pro de la afirmación de su inmortalidad, de modo que el Deseo es el impulso de la Fuerza del Ser individualizado en la Vida para afirmar progresivamente en los términos de la sucesión del Tiempo y de la auto-extensión en el Espacio, en la estructura de lo finito, su Bienaventuranza infinita, el Ananda de Sachchidananda. La máscara del Deseo que ese impulso asume proviene directamente del tercer fenómeno de la Vida, su ley de incapacidad. La Vida es una Fuerza infinita que trabaja en los términos de lo finito; inevitablemente, a través de su abierta acción individualizada en lo finito, su omnipotencia debe aparecer y actuar como una capacidad limitada y una parcial impotencia, aunque detrás de todo acto del individuo, por más débil que sea, por más fútil que sea, por más titubeante que sea, debe estar la total presencia superconsciente y subconsciente de la infinita Fuerza omnipotente; sin esa presencia detrás de ella, no puede producirse el menor movimiento singular en el cosmos; en su suma de acción universal cada singular acto y movimiento se desprende del mandato de la omnisciencia omnipotente que trabaja como la Supermente inherente a las cosas. Mas la individualizada fuerza-vital está limitada a su propia conciencia y plena de incapacidad; pues ha de trabajar no sólo contra la masa de otras circundantes fuerzas-vitales individualizadas, sino también someterse al control y negación por parte de la Vida infinita con cuya voluntad y tendencia totales su propia voluntad y tendencia pueden no coincidir de inmediato. Por lo tanto, la limitación de la fuerza, el fenómeno de la incapacidad es la tercera de las tres características de la Vida individualizada y dividida. Por otra parte, el impulso de auto-agrandamiento y omni-posesión permanece y de ningún modo significa medirse ni limitarse por el límite de su actual fuerza o capacidad. De ahí que, del abismo existente entre el impulso de poseer y la fuerza de posesión, surja el deseo; pues de no haber tal discrepancia, si la fuerza siempre pudiese tomar posesión de su objeto, siempre alcanzase su fin con seguridad, el deseo no llegaría a existir sino sólo una calma y auto-poseída Voluntad sin anhelos tal como es la Voluntad del Divino.



Si la fuerza individualizada fuera la energía de una mente libre de la ignorancia, no tendría lugar tal limitación ni tal necesidad de deseo. Pues una mente no separada de la supermente, una mente de conocimiento divino conocería la intención, ámbito e inevitable resultado de todo acto y no anhelaría ni lucharía sino que pondría en ejecución una asegurada fuerza auto-limitada en orden al inmediato objetivo a la vista. Extendiéndose más allá del presente, incluso emprendiendo movimientos que no tienden a suceder de inmediato, con todo no estaría sujeta a deseo o limitación. Pues los fallos del Divino son también actos de su omnisciente omnipotencia que conoce el tiempo y la circunstancia correctos para el inicio, las vicisitudes, los resultados inmediatos y finales de todas sus empresas cósmicas. La mente de conocimiento, al estar al unísono con la Supermente divina, participaría de esta ciencia y de este poder omni-determinante. Pero como hemos visto, la fuerza-vital individualizada aquí es una energía de la Mente individualizadora e ignorante, Mente que ha caído del conocimiento de su propia Supermente. Por lo tanto, la incapacidad es necesaria para sus relaciones en la Vida e inevitable en la naturaleza de las cosas; pues la omnipotencia práctica de una fuerza ignorante incluso en una limitada esfera es inconcebible, dado que en esa esfera una fuerza tal se asentaría contra la actividad de la divina y omnisciente omnipotencia y desajustaría la fijada finalidad de las cosas, —(una situación cósmica imposible)--. Por lo tanto, la primera ley de la Vida es la lucha de las fuerzas limitadas que aumentan su capacidad mediante esa lucha bajo el ímpetu conductor del deseo instintivo o consciente. Así como con el deseo, sucede igual con esta contienda; debe elevarse a una prueba de fuerza mutuamente auxiliadora, una lucha consciente de fuerzas hermanas en la que vencedor y vencido, o más bien el que influencia por la acción desde arriba y el que influencia por la replica de la fuerza desde abajo, deben ecuánimemente ganar y crecer. Y esto nuevamente ha de convertirse a su debido tiempo, en el choque feliz del intercambio divino, el vigoroso abrazo del Amor reemplazando al convulso abrazo de la contienda. Con todo, la contienda es el principio necesario y saludable. La Muerte, el Deseo y la Contienda son la trinidad de la vida dividida, la triple máscara del divino principio-Vital en su primer ensayo de autoafirmación cósmica.



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TEMA 23: ■ EL VIAJE DEL ALMA ■



COSMOGONÍA

Acerca de como se gesta y nace cada alma y el viaje

que emprende hacia la encarnación.

Este tema nos fue enviado, por una colaboradora externa y amiga de la segunda fundación, nos ha parecido interesante editarlo como tema, ya que explica con sencillez algunos interrogantes de la experiencia humana.











La creación comienza con la presencia de Lo Divino en la manifestación. En lo inmanifiesto no hay energía, allí sólo existe lo ABSOLUTO. En la manifestación, nace lo INFINITO, nace la energía.



La entrada de la Energía Divina en la manifestación, es de naturaleza trinitaria, esta idea es común a todas las religiones y movimientos espirituales, se habla de Padre, Hijo y Espíritu Santo; Voluntad divina, Amor Divino y Sabiduría Divina etc.



En un segundo momento esta energía trinitaria se transforma: por un lado en ESENCIA DIVINA, y por otro en ESPÍRITU. Esencia y espíritu son dos cualidades que se diferencian.



La Esencia Divina está predominantemente ligada al contenido, y el Espíritu a la forma, al continente. La esencia está más ligada al amor y el espíritu a la sabiduría.



Una de las experiencias posibles que se puede transitar dentro de la existencia del universo es la EXPERIENCIA HUMANA, que es la que estamos intentando todos los que estamos encarnados en la Tierra. La característica principal del alma es la posibilidad de vivir la autoconciencia de lo divino.



El Alma, todas las almas, se crean para realizar la experiencia humana. Si yo, siendo Esencia, que poseo individualidad, quiero realizar la experiencia humana, necesito un Alma. La única razón de ser del Alma es justamente la de realizar la experiencia humana, sólo está creada para este fin.



Existen seres que aun cuando no eligen una experiencia humana y en consecuencia no tienen alma, pueden de todos modos apoyar, acompañar la experiencia humana.



Existen diferentes líneas evolutivas además de la humana como por ejemplo la línea angélica.



Entonces, para la creación del Alma, se produce algo similar a un “casamiento” entre, una Esencia Divina que tiene una cualidad única, y el Espíritu, que le da forma, la matriza y allí nace el Alma.



La creación, decíamos, tiene siempre un orden tripartito. Los tres elementos de la creación del Alma son: la Esencia Divina, el Espíritu y la intercesión divina.



Hay dos tipos de creaciones, una de ellas es la trinitaria, y la otra es la creación “autogenerada”.



Junto con la creación del núcleo del Alma se crea su eje que recorre todas las dimensiones, de la primera a la décima.



El alma tiene como propósito realizar la experiencia humana y para llevar a cabo este fin, crea un vehículo que llamamos “Ser Álmico”. En este caso el alma genera directamente el Ser Álmico, estamos hablando de otra forma de creación a la cual podríamos llamar “autogenerada”.



Si representamos al Ser Álmico en forma esférica, cada porción de experiencia, de aprendizaje, que vamos realizando en cada encarnación, en un determinado tiempo y espacio podría estar representada por una porción de dicha esfera.



El “Ser Álmico” crea a su vez, un vehículo para bajar a la encarnación que es la personalidad y con la personalidad y la energía de la Tierra se crea el cuerpo físico.



Todos los planos de manifestación contienen en sí lo Divino.



Para la creación del cuerpo físico, específicamente, tenemos la energía divina de la Tierra que es la que genera la materia divina densa, de la que todos estamos hechos, aun cuando perdemos conciencia de ello. El aporte que hace la Tierra es de materia densa y divina.



Y para completar la idea de la naturaleza de nuestra existencia, tenemos la tercera variable que es la línea horizontal de la materia. Yo soy hija de mi papá y mi mamá, que son hijos de... Estamos hablando acá de la línea genética, de la genealogía.



Estamos construidos de una horizontal y una vertical que juntan mi Alma con la energía del principio de la creación, con la energía del centro de la Tierra y con la línea horizontal de la materia.



Cada alma crea un vehículo propicio para la experiencia que tiene que realizar, las características del vehículo están en función de aquello que intento aprender, acá estamos hablando tanto de la personalidad como del cuerpo físico. Como decimos ellos habrán de crearse en función de la experiencia a realizar.



La encarnación se produce por sincronía energética. ¿Qué quiero decir con esto? A lo mejor no todos elegimos a nuestros padres en el sentido de el Sr. Fulano de tal, pero cuando empezamos a prepararnos para descender, para encarnar y tener la experiencia aquí, por sincronía energética vamos a elegir o sincronizar con un hogar que tenga las energía que yo necesito en este momento para realizar mi aprendizaje, es decir se produce un acople. Entonces sincronía energética es atracción por similitud de vibración en algunas variables de la energía. Las variables similares se sincronizan y compatibilizan para que el encuentro y el aprendizaje sean posibles.



Esto intenta ser una respuesta a la famosa pregunta ¿elegiste o no elegiste a tus padres?



Además de lo antedicho la elección por energía o por seres dependerá del nivel evolutivo, y ella resultará cada vez más ajustada. En las primeras etapas de la evolución se es atraído hacia energías afines, más adelante se eligen más activamente, seres con cualidades determinadas, con quienes compartir la encarnación.



La elección es siempre energéticamente sincrónica, nunca vamos a parar al lugar equivocado.



Cuando hay un nivel de evolución más alto, la elección puede ser consciente uno podría imaginarse diciendo, bueno esos seres son los más adecuados para acompañar la experiencia que deseo vivir, lo otro se produce por atracción, por similitud energética con el tema que yo vengo a trabajar en esta encarnación y en relación al nivel evolutivo, o sea, hay una atracción que tiene un sentido aunque no haya una conciencia que elige concientemente, y siempre está relacionado con un propósito. El propósito también incluye cómo estoy vibrando.



Esto es para los que nunca pensamos ¿qué estoy haciendo en esta familia? ¿Fue un error?, ¿un accidente del cosmos?



¿No sé si alguno conoce lo que es “la novela familiar”?, en el psicoanálisis se llama novela familiar a “como yo me imagino” la familia que hubiera querido. Nosotras creemos que esto da cuenta de la rebeldía del Alma pensada en términos psicológicos. ¡Estos padres no! Esto es rebeldía, si lo pasamos a positivo, si uno se hace cargo de que siempre es responsable y comprometido con lo que vive y no hay accidentes, no hay, NO HAY, rebeldía válida.



La posibilidad sería comprender dónde estoy y comprometerme, porque, mientras yo creo que esto que vivo es un accidente, los demás son responsables o los vectores Neptuno, Venus…, yo estoy a merced del accidente, yo no tengo nada que ver con esto que pasa. Pero si yo me responsabilizo, me comprometo, tengo la posibilidad de modificar, de crecer y no dependo de factores externos. Me reconozco como co-creador de la experiencia. Acá básicamente nos estamos refiriendo al “cómo” vivir lo que vengo a vivir. El “qué” puede estar bastante predeterminado mientras que el “cómo” es una decisión nuestra acá, en la encarnación. El “qué” voy a vivir está matrizado antes de encarnar, el “cómo” es como vivo cada circunstancia lo cual determinará mi crecimiento espiritual, esto es nos servirá para evolucionar o no. Este pensamiento es bastante lineal cabe mencionar que lo mismo hay ciertas situaciones en las que, inclusive el “qué” también puede modificarse.



Hace ya muchísimos años que la media evolutiva del planeta, en relación a lo espiritual ¿qué busca? Busca saber quiénes somos y a qué venimos. Digamos que llegamos acá, a la encarnación, estamos encarnados ¡hola vos SOS mi viejo! ¡Qué horror! o ¡qué lindo!, ¿de dónde vengo yo? La vida puede no ser solo esto que veo.



Cada uno de nosotros, en su estilo, busca un movimiento ascendente, miramos por la ventana, algo nos hace sentir que hay un misterio, que esto no es todo, que lo que vemos no es todo, que el cuerpo no es todo, entonces buscamos la ascensión, con la idea de que lo bueno está en otro lado.



La especie humana, suele despreciar el cuerpo en esta etapa, es como si “la cosa” esta allá, no acá, quiero Eso.



Muchos pasamos por la etapa de: ¡me quiero ir al monasterio!, ¿para qué estoy encarnado? Este cuerpo ¡qué trabajo que da!, hay que lavarlo, vestirlo, darle de comer, llevarlo a la fiesta, traerlo, todas estas cosas que en diverso grado uno puede sentir ¿dónde meto el cuerpo en esta historia, si lo bueno está allá?



Entones, recapitulando el primer paso es el primer descenso (venir a la encarnación), el segundo, la búsqueda del ascenso y el tercer paso es lo que se llama el SEGUNDO DESCENSO, que es: la magia de lo divino está allá y en todas partes, ACÁ TAMBIÉN.



Entonces ¿qué es mi cuerpo? mi cuerpo piensa, siente ¿o es algo más? ¿Para qué quiero un cuerpo acá en la experiencia humana? ¿Cuál es el sentido de tener un cuerpo físico?



Sabemos que el primer paso hacia la realización, es el silencio mental.



En el segundo descenso, la mente es lo primero con lo que se encuentra la energía divina al descender. Como consecuencia de esto se podrá intentar silenciar la mente, detener nuestros pensamientos negativos, aquietar la mente para que aparezca otra cosa, esto último lo vamos a desarrollar en otro momento. Intuimos que puede haber una mente diferente, verdadera, infinita, no limitante, no judicativa y a la vez estructurada.



Inmediatamente si logro que mi cabeza se silencie, mis emociones se pacifican.



Estos dos pasos son bastantes simultáneos, primero busco el silencio mental y logro a su vez la paz emocional. Mayormente las distintas líneas espirituales toman en cuenta estos dos fenómenos.



El tercer paso de la realización es mucho más difícil porque es divinizar el cuerpo físico, y aquí comenzaríamos a contestar la pregunta en cuanto a para qué tenemos un cuerpo físico. Esto es mucho más enigmático para todos nosotros, menos experimentado, menos común en la bibliografía ¿Por qué? Porque nosotros también tenemos una ilusión del cuerpo, distorsiones, uno cree que es mucho más chico de lo que realmente es o uno cree que es eso que camina, habla, va al baño, se baña, etc. ¿qué significa esto?



Se acuerdan que hace un ratito hablábamos de la horizontal, de dónde venimos en la línea horizontal.



Básicamente las características de lo que vemos son: inercia, automatismo y resistencia de la materia. De hecho aún desde el cuerpo lo que más nos cuesta es lo que sorprende, ya sea un dolor porque corrí, o bien cualquier cosa que escapa de la rutina me llama la atención.



El cuerpo es inercial, seguramente muchos de ustedes habrán tenido contacto directo con alguna persona que se está muriendo que ya está lista para morir, no tiene en condiciones sus funciones vitales y no se va, la máquina no se paró, pero se siente claramente que algo que estaba en esa persona ya no está. Esto es lo inercial del cuerpo físico.



Uno puede sentir que lo que tenía que hacer esa persona, ya lo hizo o no, pero ya se terminó, y parecería que no se le terminó la pila, como si la pila fuera por un lado y el Alma por el otro.



Ustedes se acuerdan que mencionábamos las dos variables (materia y alma), en la encarnación, muchas veces la energía del Alma se retira primero, antes que se apague el motor de la materia y a veces pasa al revés uno siente que esa persona físicamente se murió y algo de esa energía esta presente.



Entonces nosotras creemos que el desafío de la especie humana en este momento en relación a la evolución es el de divinizar la materia.



Cuando estamos hablando de lo divino en el cuerpo físico estamos diciendo que hasta la última célula, todos los elementos que forman el cuerpo físico son en esencia divinos y aun cuando su manifestación pueda estar muy distorsionada, puedo tener tejidos enfermos, montones de cosas, pero debajo de todo esto que está distorsionado por la materia, está la divinidad, siempre, en cada partecita y en el todo, en todo está lo Divino, en TODO.



¿Cuál sería el camino para ir abriendo paso al conocimiento de la materia, de lo divino? Básicamente hay dos herramientas que son muy útiles:



• Desautomatizar



• Auto-observación amorosa



A lo mejor ustedes esperaban algo más complejo. Estas son herramientas más que simples lo que no significa que sean fáciles de utilizar.



Por ejemplo, uno se lava los dientes automáticamente y si uno para, ya pasa algo, uno se pregunta: ¿cómo seguía el lavado de dientes?



Si uno interrumpe el automatismo voluntariamente hay una estructura que se rompe, es como poner una cuña en el automatismo. Estoy dando un ejemplo muy sencillo.



Uno puede observar, estar atento, estar en actitud de observador, uno puede darse cuenta de infinitas cosas. Siguiendo con el ejemplo, podría, inclusive, llegar a sentir los dientes vivos. Uno podría ir viendo qué pasa con cada cosa simple. Estoy diciendo que en relación a la escisión que muchos tenemos en cuanto a que somos seres espirituales cuando meditamos o en determinados momentos del día y no en otros, queremos enfatizar la idea de que es posible incluir lo espiritual en cualquier momento, en la vida cotidiana, en las cosas más simples.



Esta es una llave más que importante, todo lo que estoy haciendo es en sí mismo divino, yo puedo conectar desde ahí, o puedo pensar “no es nada”, depende desde dónde yo lo miro, lo pienso y lo siento, es decir depende de la conciencia.



Lo más difícil con lo que nos encontramos en este camino es con la resistencia de la materia. Por ejemplo, una célula que se formó como decíamos, con lo divino y la línea horizontal, sólo la vemos en la línea horizontal y creemos que a los tantos años muere y a los tantos años tiene que activar alguna enfermedad genética, pero lo creemos en serio. Cuando uno empieza a trabajar con alguna célula que se olvidó quién es, como nosotros en lo mental, en lo espiritual, sabemos que la esencia divina está en el centro y todo lo que vemos es toda la ilusión que se fue generando en la vida en la Tierra.



Todos nosotros en mayor o menor medida desde el punto de vista de la divinidad de la materia no tendríamos por qué morir ni envejecer, pero ya tenemos la información desde que nacemos, vemos que a todos les pasa, que tus abuelos se mueren, que te dicen ya vas a ver cuando tengas mi edad, en fin, está ahí, se respira.



Lo que se denomina como hipnótico, sería el campo mórfico, el campo mental que formamos todos los vivientes acá en la Tierra, donde están miles de ideas de estas, “a lo sumo longevos pero no eternos”.



Quisiéramos relatar la experiencia que vivió un médico y que la hizo pública. Cuando este médico era joven, tenía un compañero de residencia que se comenzó a llenar de verrugas. Entonces él le propone al jefe del servicio probar ayudarlo con hipnosis y el jefe le dice que no. Él insiste y practica con su compañero hipnosis, decide hacerlo por etapas, limpiarle las verrugas de un brazo, luego de otro, y cuando finalmente logra que no tenga más verrugas. Van a ver al jefe y le muestran el resultado. El jefe se queda muy impresionado porque en realidad no eran verrugas, era una enfermedad incurable de piel, muy grave. El joven médico escribe un artículo sobre la experiencia con hipnosis sobre la enfermedad X, y se acercan muchos pacientes con esa enfermedad que quieren ser curados por medio de la hipnosis. Él vuelve a intentar curar del mismo modo muchas veces pero nunca más vuelve a curar, porque ya sabe que no son verrugas, aún dándose cuenta de que es su mente y/o la mente de los demás, la que no le permite realizarlo nuevamente, no logra vencer esta idea negativa.



Conscientemente condicionado porque él dice: yo trabajo con esa limitación mental, sé que puede no ser así, pero aun así no curé a nadie más. Vean, los pensamientos conscientes tienen un gran poder. Y ni hablar de los pensamientos inconscientes, existen muchísimos pensamientos que influyen sobre nosotros sin que ni siquiera nos demos cuenta.



El médico dice: tengo el dolor de no haber podido volverlo a hacer a pesar de saber cual es la limitación.



Uno podría darle una vuelta más a esto y decir, la evolución de la especie se maneja también por lo que se conoce como “masa critica” o el fenómeno del “centésimo mono”, o sea, quizás con que él sea conciente de eso, no basta porque esa no es su misión ni su servicio el poder producir curación o sanación. No estamos como mente humana preparados todavía para el insert de este nuevo patrón, pero así y todo no deja de ser un objetivo, para el cual podemos trabajar.



El hecho de que a él le pase y lo cuente, a su vez, va generando un campo propicio, seguramente, para que en algún momento haya más gente que lo pueda sostener.



Recapitulando, si logro el silencio de mi mente y lo que permito es que descienda una energía mucho más alta en vibración que sería aspirar a la Verdad absoluta infinita, todo es Verdad y yo puedo sentir y vibrar desde ahí. Si tengo paz emocional desciende la energía de la Esencia Divina y yo puedo manifestar mi cualidad amorosa.



Decíamos también, que el cuerpo se construye con la energía de la Esencia más la energía Divina de la Tierra, ¿Qué será divinizar el cuerpo? ¿Cómo será en el futuro, en la especie, un cuerpo divinizado? Así como uno puede saber a qué aspira en los otros planos tanto en la mente como en las emociones este es un plano muy poco conocido, muy poco desarrollado (nos referimos a la divinización de la materia densa).



En esencia el cuerpo es divino pero cuando decimos Divinizado queremos decir que eso se manifieste, que esté visible su divinidad en lo físico, no que uno le vea alrededor lucecitas, que el físico-físico, tenga cualidades divinas y seamos conscientes de ellas.



Claro, pero eso implica tomar conciencia de, desde un lugar profundo, de que estamos construidos todos de la misma esencia Divina, por lo tanto no tiene por qué ser perecedero y no tiene por qué enfermarse y no habría ninguna necesidad de eso, pero el punto es, en cuanto tiempo se logrará alcanzar esa masa crítica.



Las puertas están abiertas, con eso podemos contar, pero no podemos saber cuanto tiempo llevará lograrlo, uno solo puede proponerse trabajar en pro de la evolución o en contra de ella, no importa cuando suceda.



En la especie humana no hay enfermedades, hay enfermos y no es una cuestión lingüística. No podemos dejar de hablar del karma, ¿qué representa para la señora J una experiencia en particular? Probablemente el obstáculo de la señora J no significa lo mismo que para otro y a lo mejor el otro se tiene que morir para abrir el corazón a los vecinos y el otro no, no sabemos. La curación dependerá también del plan de vida de su alma.



El obstáculo es la posibilidad de aprender, porque acá en la Tierra por las características que tenemos, por ahora como especie, el sufrimiento abre mucho camino, no estoy haciendo un homenaje al dolor estoy describiendo una realidad.



Si a alguien le dijeran anda y hace tal cosa para tu crecimiento uno podría decir: ¡Ay está de lindo el día! Lo voy a hacer mañana, estoy muy cansada. Todo puede sonar muy razonable, esta semana tuve mucho trabajo, pero si nos duele mucho algo, no lo vamos a dejar pasar, resulta perentorio.



En ese sentido, es paradójico lo que digo, algún día nos daremos cuenta que podemos crecer sin sufrir pero hoy por hoy, esta idea, la de la necesidad del sufrimiento, está todavía muy instalada.



No solo podremos no aprender a través del dolor sino que podremos replantearnos en relación al dolor, cuando una cosa es: ¡Ay de mí, siempre me pasa! ¿Por qué a mí? o sea, yo como víctima del sufrimiento que me repito a mí misma y replico la situación de tal forma que consigo que el dolor aumente y otra cosa es que yo me plantee pasar de ser sobreviviente a viviente en donde el sufrimiento va a ocupar otro lugar va a ser parte de lo que sucede.



Como dirían los maestros la alegría es un descanso entre dolor y dolor y el dolor es un descanso entre alegría y alegría. Y estoy ahí y me siento neutra y no es que me dé lo mismo porque soy indiferente, sino porque comprendo lo que está pasando, se íntimamente que tiene que tener un sentido.



Las cosas suceden, yo diría, inevitablemente, y aun cuando pueda no gustarme lo que me está pasando, puedo saber, lo mismo, que es para mi mayor bien y el de otros. No me siento víctima.



Esto acopla con lo que decíamos antes, si yo tengo el compromiso, si yo soy responsable de mi vida, si soy víctima también soy responsable de serlo, de ahí que también puedo pensar, que puedo dejar de ser sobreviviente para ser viviente, el dolor afuera probablemente no va a desaparecer pero yo lo podría vivir de una manera completamente distinta.



El camino para ascender y para descender, es único en el sentido de que es personal para cada uno. Nadie puede saber lo que el otro necesita exactamente, puede sospechar, intuir, pero el que puede saber qué necesita es uno ¿por qué una persona se acerca a un lugar y ahí se queda y otra no y sigue circulando? no es algo explicable por eso es personal, interno, cada uno tiene que buscar cómo sigue esto, para dónde va, esto va, esto no va, y puede ser que lo mejor para uno no sea bueno para otro, no hay recetas para esto.



La realización es un fenómeno colectivo de la especie. Si uno solo de nosotros se realiza no basta, no alcanza, porque la evolución es un fenómeno social.



La realización individual podría crear un superhombre mientras que la realización de un grupo puede llevar a la evolución de la especie humana, y aún puede llevar a la creación de una nueva especie.



Habrá un día en que podamos ser divinos concientemente en todos los planos de la experiencia humana y evolucionar hacia una especie nueva. Sabe Dios como será, pero aún así podemos elegir trabajar para ese plan divino.

Lic. Silvia Kamienomostki





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TEMA 24: ■ UN NUEVO COMIENZO PARA NOSOTROS ■









PARA EDUARDO EN SU 40 ANIVERSARIO CON SRI AUROBINDO





El Amo y Señor de la existencia se oculta en nuestra ignorante naturaleza, sin que nosotros sepamos lo que somos y Él tampoco en ella se reconoce o acuerda.



Presa de su auto-olvido, juega al escondite consigo mismo, sometiéndose a su propia Energía-Fuerza que crea y destruye para seguir creando. Inmerso en un mundo de fuerzas en choque y agregación, preso de la belleza de la caótica desarmonía de Natura evolutiva, instrumento y campo de SU infernal juego.



El Amo y Señor del juego vaga en secreto, dentro de nuestra casa con nombre humano, como soberano que no ejerce su poder, delegando en su válido, el ser humano, donde EL no se acuerda de sí mismo.



El Amo y Señor del juego, vive en el hombre como en su casa; ha hecho del universo su terreno de juego, y en hombre es el jugador "EL QUE JUEGA" desconociendo su origen y devenir, encerrado en la forma humana experimenta las infinitas posibilidades de Su Creación.



Como un inmenso estadio construido para el despliegue de su Poder.



Omnisciente, acepta ser Inconsciente y vivir en nuestro estado de oscuridad,



Divino, EL adopta formas de animal o de hombre; y se somete a sus reglas y experimenta los choques de fuerzas en lucha y combate desde el alfa creacional.



Eterno, EL aprueba el Destino y el Tiempo, asumiendo el impredecible devenir de su ignorancia, su fragilidad ante las posibles circunstancias de la vida temible y temerosa.



Inmortal, EL acepta morir y juega con la mortalidad, sabiendo de antemano que moriría millones de veces, durante eones, era su fin la muerte.



Él Plenamente-Consciente se aventuró en la Ignorancia, que no sabe de EL.



Él Plenamente Dichoso admitió ser insensible. se convirtió en burda materia, en una suerte de apariencia muerta.



Encarnado en un mundo de dolor y de lucha, acepto como hombre luchar y sufrir como medio alquímico de su esplendoroso y Sublime Reencuentro.



ÉL se pone el gozo y la aflicción como un ropaje, la aparente desarmonía como una oportunidad, el miedo y el coraje como una ocasión, la vida miserable como su escalera de ascenso en su experiencia Redentora y bebe su sangre derramada por la Vida, como la experiencia de un Vino vigorizante en su ascenso hacía la Infinitud.



En el conocimiento espiritual del yo están los tres pasos de su auto-realización que son, al mismo tiempo, tres partes del conocimiento único. El primero es el descubrimiento del alma, no del alma externa del pensamiento, la emoción y el deseo, sino la secreta entidad psíquica, el divino elemento dentro de nosotros.



Cuando resulta dominante sobre nuestra naturaleza, cuando somos conscientemente el alma y cuando la mente, la vida, y el cuerpo toman su verdadero lugar como sus instrumentos, tomamos conciencia de una guía interior que si conoce la verdadera Verdad, el verdadero Bien, el verdadero Deleite y la verdadera Belleza de la existencia Toda, controla el corazón y el intelecto mediante su ley luminosa y conduce nuestra vida y ser hacia la integridad espiritual. Incluso dentro de las obscuras obras de la Ignorancia tenemos un testigo que discierne, una luz viviente que ilumina, una voluntad que rechaza descarriarse y separa la verdad de la mente de su error, separa la íntima respuesta del corazón desde sus vibraciones ante un erróneo llamado y una errónea exigencia sobre él, y separa el verdadero ardor y plenitud de desplazamiento de la vida desde la pasión vital y las turbias falsedades de nuestra naturaleza vital y sus obscuras auto-búsquedas.



Éste es el primer paso de la auto-realización, para entronizar al alma, al divino individuo psíquico en el lugar del ego. El paso siguiente es tomar conciencia del yo eterno innato en nosotros y uno con el yo de todas las cosas. Esta auto-realización libera y universaliza; aunque nuestra acción aún proceda en la dinámica de la ignorancia, ya no la traba ni la lleva por mal camino, porque nuestro ser interior se aposenta en la luz del auto-conocimiento.



El tercer paso es conocer el Ser Divino que es a la vez triuno: nuestro supremo Yo trascendente, el Ser Cósmico, fundamento de nuestra universalidad, y la Divinidad interior de la cual nuestro ser psíquico, el verdadero individuo evolutivo en nuestra naturaleza, es una porción, una chispa, una llama que crece dentro del Fuego eterno del cual se encendió y del cual es el testigo siempre vivo dentro de nosotros y el instrumento consciente de su luz, poder, dicha y belleza. Consciente del Divino como el Maestro de nuestro ser y acción, podemos aprender a convertirnos en canales de su Shakti, el Divino Poder, y actuar de acuerdo con sus dictados o su regla de luz y poder dentro de nosotros.



Nuestra acción entonces no será dominada por nuestro impulso vital ni gobernada por una norma mental, pues actúa de acuerdo con la Verdad permanente aunque plástica de las cosas, (no la que la mente construye, sino la superior más profunda y más sutil verdad de cada movimiento y circunstancia como la conoce el conocimiento supremo y la exige la suprema voluntad del universo).



La liberación de la voluntad sigue a la liberación del conocimiento y es su consecuencia dinámica; es el conocimiento que purifica, es la verdad que libera: el mal es el fruto de una ignorancia espiritual y desaparecerá sólo mediante el crecimiento de una conciencia espiritual y la luz del conocimiento espiritual.



La división de nuestro ser del ser de los demás puede sólo remediarse eliminando el divorcio de nuestra naturaleza de la realidad-anímica interior, mediante la abolición del velo entre nuestro devenir y nuestro auto-ser, mediante la conexión del alejamiento de nuestra individualidad en la Naturaleza con el Ser Divino que es la Realidad omnipresente en la Naturaleza y por encima de ella.



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TEMA 25: ♦ REFUNDACION ♦





Imagina por un momento un mundo donde la gente quiere aprender y evolucionar, donde nadie tiene miedo de ser él mismo y de decir lo que realmente piensa y nadie se siente ofendido por que los demás se expresen libremente, sino todo lo contrario; sienten curiosidad por conocer y aprender todo lo que el otro dice y experimenta, donde nadie se toma nada de forma personal porque ya saben que todo es el UNO, donde la necesidad de las personas es aprender y realizarse, siendo esto a lo que realmente aspiran, sin formalismos, sin normas, sin miedos, sin buenos ni malos, solo la sana curiosidad de querer conocer a Dios en todos y en todo. Un mundo donde todos comprenden que Dios es mucho mas que la paz, la armonía y el amor humanos y son capaces de vivir los choques y críticas como algo natural y necesario para su crecimiento personal; de manera que dejen de darle tanta importancia a lo que agrada a su naturaleza individual personal y así puedan crear una “armonía real en pugna y conflicto, en comunión y camaradería” que abarque a la naturaleza de todos y cada uno, una Armonía práctica de vivir y materializar aquí al UNO en todos y en cada uno de ellos, capaz de materializar la consciencia de la Unidad, transcendiendo la consciencia separativa de los seres por la entrega práctica constante a esta consciencia de unidad que presiona para superar lo que no aguantamos en los demás, una Unidad que se pone por encima de las diferencias y las integra, que está por encima de todo, una armonía real y divina que integra todos los aspectos de la manifestación divina, los que nos agradan y los que nos desagradan.



Este mundo, es el mundo que queremos para poder trabajar elevándonos. Este mundo sólo puede existir si algunos seres humanos realmente se atreven a experimentar una vida mas grande, mas verdadera y divina; insatisfechos y hartos de vivir entre las cuatro paredes de la cárcel de su consciencia separativa, hartos de la injusticia y falsedad del mundo. Y su miedo a equivocarse sea menor que la necesidad de atreverse a experimentar formas nuevas evolutivas de relacionarnos mas verdaderas y mas sinceras, donde las cosas que se piensan se dicen a la cara por AMOR, sean buenas o malas y las relaciones se vuelvan mas profundas y las uniones reales y verdaderas, a prueba de bombas, hasta llegar al estado de transmutación divina, unión real, armonía real, camaradería real, honor y lealtad real. Hay que tener capacidad de lucha y sacrificio para aguantar esta alquimia de nuestra naturaleza, pero el plomo no se convierte en oro sin sacrificio por nuestra parte, y no se puede aguantar el sagrado oficio sino existe en el individuo la Necesidad que a la vez es la fuente del Conocimiento, si lo necesitas aguantas sea lo que sea.



Empero la Gracia y Realizaciones siempre están a la espera de nuestro esfuerzo para precipitarse y materializarse en nuestra naturaleza. Sabemos que lo Alto nunca cesa en su respuesta al mercenario Divino, y siempre responde a la llamada pura del que busca y pone todo su esfuerzo en dirigirse a Él.



A los que preferís no luchar, no atreveros... por mas que intentéis evitar o esconder vuestra hipocresía u oscuridad (que todos tenemos, esto no os lo podéis negar) os diremos que por mas que intentéis separaros de vuestra oscuridad, no lo vais a conseguir, sólo la enterrareis mas profundo en vuestras capas subconscientes, y le daréis una importancia y un poder mucho mas grande del que realmente tiene; lo que ocurre es que no os atrevéis a vivirla y aceptarla con naturalidad......... aunque debéis saber que las buenas intenciones disfrazadas de luz y de nubes brillantes o propósitos altruistas, esconden los mas oscuros territorios del ser humano que se auto-complace a sí mismo. Y a los que mas miedo tengan al dolor y al sufrimiento en la vida y mas se escondan de estos, mas dolor y sufrimiento atraerán sobre ellos, siempre ha sido así, aunque sea en forma humana....... quien pretende evitar la vida y teme sus choques no se realiza, la entrega consciente a la vida y su experiencia redentora es el sendero estrecho del que ama al Divino, porque sabe que el Divino se entregó al mundo y no puede haber salvación individual sin salvación del mundo…….y sino como aprender a entregarse...si hay miedo,¿dónde está la fe en la Voluntad Divina?. Y si la duda es por falta de Conocimiento, pues contacta y te lo daremos.



Amo a la humanidad pero no aguanto a los demás, ésta es la contradictoria y bipolar consciencia egoica. El secreto práctico para realizar la Consciencia Redentora es vivir la experiencia de los demás, viendo al Uno en ellos, entregarse a una formación grupal, aguantando los choques de la convivencia con personas diferentes y objetivo común. Un terreno práctico para la alquimia de transmutación y entrega a la guía Divina que determina las experiencias por las que debe pasar el grupo, y siempre con la predisposición del que aguanta porque aprende. Con absoluta sinceridad entre sus miembros por mas que duelan los golpes. Quien en verdad ama a la humanidad y quiere su salvación, puede tener el valor suficiente para atreverse con esta experiencia cumbre. Para el buscador y aventurero divino se convierte en apasionante dicha.



"Dios me golpeo a través de otro ser humano, o a través de una enfermedad mía o de un ser querido, ¿debo decir te perdono “Oh Señor” pero no vuelvas a hacerlo?"………..



"¿Si el Infierno fuese posible, “no sería” el atajo más corto hacia el más alto de los cielos?. Pues, ¿es que dudamos que verdaderamente, Dios ama?."



Yo cojo mi oscuridad y la saco a la luz, el dolor cada vez es menos intenso, el placer cada vez es menos intenso, algo nuevo ( como una alegría llena de calma ), se materializa sólida como un muro de piedra plástica, una calma imperturbable física y real se materializa, una dicha inexpresable transciende a nuestros placeres y sufrimientos.



El Amo y Señor de la existencia se oculta en nuestra ignorante naturaleza, sin que nosotros sepamos lo que somos y Él tampoco en ella se reconoce o acuerda.



Presa de su auto-olvido, juega al escondite consigo mismo, sometiéndose a su propia Energía-Fuerza que crea y destruye para seguir creando. Inmerso en un mundo de fuerzas en choque y agregación, preso de la belleza de la caótica desarmonía de Natura evolutiva, instrumento y campo de Su infernal juego.



El Amo y Señor del juego vaga en secreto, dentro de nuestra casa con nombre humano, como soberano que no ejerce su poder, delegando en su válido, el ser humano, donde EL no se acuerda de sí mismo.



El Amo y Señor del juego, vive en el hombre como en su casa; ha hecho del universo su terreno de juego, y en hombre es el jugador "EL QUE JUEGA" desconociendo su origen y devenir, encerrado en la forma humana experimenta las infinitas posibilidades de Su Creación.



Como un inmenso estadio construido para el despliegue de su Poder.



Omnisciente, acepta ser Inconsciente y vivir en nuestro estado de oscuridad.



Divino, EL adopta formas de animal o de hombre; y se somete a sus reglas y experimenta los choques de fuerzas en lucha y combate desde el alfa creacional.



Eterno, EL aprueba el Destino y el Tiempo, asumiendo el impredecible devenir de su ignorancia, su fragilidad ante las posibles circunstancias de la vida temible y temerosa.



Inmortal, EL acepta morir y juega con la mortalidad, sabiendo de antemano que moriría millones de veces, durante eones, era su fin la muerte.



Él Plenamente-Consciente se aventuró en la Ignorancia, que no sabe de EL.



Él Plenamente Dichoso admitió ser insensible. Se convirtió en burda materia, en una suerte de apariencia muerta.



Encarnado en un mundo de dolor y de lucha, aceptó como hombre luchar y sufrir como medio alquímico de su esplendoroso y Sublime Reencuentro.



ÉL se pone el gozo y la aflicción como un ropaje, la aparente desarmonía como una oportunidad, el miedo y el coraje como Su Ocasión, la vida miserable como su escalera de ascenso en su experiencia Redentora y bebe su sangre derramada por la Vida, como la experiencia de un Vino vigorizante en su ascenso hacía la Infinitud.



En el conocimiento espiritual del yo están los tres pasos de su auto-realización que son, al mismo tiempo, tres partes del conocimiento único. El primero es el descubrimiento del alma, no del alma externa del pensamiento, la emoción y el deseo, sino la secreta entidad psíquica, el divino elemento dentro de nosotros.



Cuando resulta dominante sobre nuestra naturaleza, cuando somos conscientemente el alma y cuando la mente, la vida, y el cuerpo toman su verdadero lugar como sus instrumentos, tomamos conciencia de una guía interior que si conoce la verdadera Verdad, el verdadero Bien, el verdadero Deleite y la verdadera Belleza de la existencia Toda, controla el corazón y el intelecto mediante su ley luminosa y conduce nuestra vida y ser hacia la integridad espiritual.



Incluso dentro de las obscuras obras de la Ignorancia tenemos un testigo que discierne, una luz viviente que ilumina, una voluntad que rechaza descarriarse y separa la verdad de la mente de su error, separa la íntima respuesta del corazón desde sus vibraciones ante un errónea llamada y una errónea exigencia sobre él, y separa el verdadero ardor y plenitud del desplazamiento de la vida, de la pasión vital y las turbias falsedades de nuestra naturaleza vital y sus obscuras auto-búsquedas.



Este es el primer paso de la auto-realización, para entronizar al alma, al divino individuo psíquico en el lugar del ego. El paso siguiente es tomar conciencia del yo eterno innato en nosotros y uno con el yo de todas las cosas. Esta auto-realización libera y universaliza; aunque nuestra acción aún proceda en la dinámica de la ignorancia, ya no la traba ni la lleva por mal camino, porque nuestro ser interior se aposenta en la luz del auto-conocimiento.



El tercer paso es conocer el Ser Divino que es a la vez triuno: nuestro supremo Yo trascendente, el Ser Cósmico, fundamento de nuestra universalidad, y la Divinidad interior de la cual nuestro ser psíquico, el verdadero individuo evolutivo en nuestra naturaleza, es una porción, una chispa, una llama que crece dentro del Fuego eterno del cual se encendió, y del cual es el testigo siempre vivo dentro de nosotros, el instrumento consciente de su luz, poder, dicha y belleza. Consciente del Divino como el Maestro de nuestro ser y acción, podemos aprender a convertirnos en canales de su Voluntad, el Divino Poder, y actuar de acuerdo con sus dictados o su regla de luz y poder dentro de nosotros.



Nuestra acción entonces no será dominada por nuestro impulso vital ni gobernada por una norma mental, pues actúa de acuerdo con la Verdad permanente aunque plástica de las cosas, (no la que la mente construye, sino la superior más profunda y más sutil verdad de cada movimiento y circunstancia, como la conoce el conocimiento supremo y la exige la suprema voluntad del universo).



La liberación de la voluntad sigue a la liberación del conocimiento y es su consecuencia dinámica; es el conocimiento que purifica, es la verdad que libera, el mal es solamente el fruto de una ignorancia espiritual y desaparecerá sólo mediante el crecimiento de una conciencia espiritual y a la luz de su conocimiento.



La división de nuestro ser del ser de los demás, puede sólo remediarse eliminando el divorcio de nuestra naturaleza separada en consciencia de la realidad del ALMA, QUE SABE QUE EN REALIDAD TODOS SOMOS EL UNO, mediante la abolición del velo entre nuestro devenir INDIVIDUAL y nuestro SER REAL, mediante la conexión del alejamiento de nuestra individualidad en la Naturaleza, con el Ser Divino que es la Realidad Omnipresente en la Naturaleza y por encima de ella.



De nada sirve abrirse a la VOLUNTAD DIVINA si no estas dispuesto a entregarte completamente a ella... si buscas la Verdad, la Libertad, la Inmortalidad, sé miembro del Club de la Lucha.



La mayoría de la gente lee esto y dice yo estoy dispuesto a entregarme y se engaña, para variar... como cuando dicen que aman incondicionalmente y que son buenas personas y los malos son los demás……….PUES EN REALIDAD SI OS OBSERVAIS UN POCO, VEREIS QUE NO DEJAIS DE JUZGAR..



En fin que nos AUTO-engañamos CONTINUAMENTE, ¿verdad?



La entrega a la Voluntad Divina significa que si mañana te deja tu marido/mujer lo comprendes perfectamente y lo aceptas, porque es Obra de la Voluntad Divina o que si se te muere un hijo lo aceptas con una sonrisa en la cara...y si te arruinas vuelves a empezar sin una sola queja. ¿Es duro, verdad? Pues es lo que hay, la entrega a la Voluntad Divina que se expresa en las Obras de la vida, la aceptación total no la tenemos ninguno de nosotros, y me atrevo a decir....... que muchos de nosotros ni siquiera queremos tenerla.



Pero por cuanto tiempo nos vamos a seguir engañando....¡!!!Y que bonito es todo cuando nos engañamos!!!....



Que bonito y que vacío de espíritu.!!..... menos mal que está la Voluntad Divina. Ella siempre esta presta para darnos buenas dosis de fuego espiritual, porque si por nosotros fuera........ seguiríamos tranquilos en nuestro sillón. Verdad majete…



¿Qué puede ser más divino que el Amor? Pero la adoración y la devoción son impotentes por sí solas para resolver las discordias del mundo.



“La asociación grupal entre personas con el Amor como su principio secreto y su emergente Cima es el modelo, el Poder de esta nueva creación transformadora y, por lo tanto, el principio rector del desarrollo en el tercer estado de la vida evolutiva hacia la Liberación. La preservación consciente de la individualidad junto con la conscientemente aceptada necesidad y deseo de intercambio, auto-entrega y fusión con otros individuos, es necesaria para la materialización en el ser humano del principio del Amor; pues si la acción en la vida queda abolida, la actividad del amor cesa, cualquiera sea el lugar que tome”.



Jesús, El CRISTO el Avatar adorado del Amor, es un ejemplo Divino, su memoria es luminosa e imperecedera. Pero seguirá siendo ineficaz para nosotros y para la vida hasta que no lo bajemos de la Cruz, y armonicemos la adoración y devoción con el resto de las cualidades Divinas, que son necesarias para nuestro desarrollo hacia el hombre nuevo. Cuantos golpes recibió de la vida, su sendero secreto es el club de la lucha.



Dios no solo es Amor; otro de los nombres de Dios es Conocimiento. Cuando en el Templo que adoramos o en la ONG que trabajamos le cerramos las puertas al Poder del Conocimiento (error que cometemos continuamente), esterilizamos nuestras raíces secretas y secamos el pozo de nuestra vida interior, complacidos con lo buenos y armoniosos que somos convertimos la Unidad en un cero inexistente y encontraremos al final que nuestro loto del corazón está embotado, muerto o marchitado, y descubrimos que hemos alcanzado la muerte y no la gran existencia. Paz y amor y el plus en el salón…..



Y todo esto ocurre porque no hemos reconocido la complejidad del enigma que debemos resolver aquí entre nosotros……



Generamos contradicciones y oposiciones entre las palabras AMOR, PODER, CONOCIMIENTO, etc., y todos estos nombres son Dios. El enigma se resuelve armonizando los contrarios, viendo la real UNIDAD en los opuestos y experimentando la desarmonía entre nosotros, hasta que este esfuerzo y lucha, logre materializar en nuestra naturaleza la consciencia subyacente de la Unidad, con el principio del Amor sustentando el sacrificio del trabajo consciente de transmutación . El Amor por sí solo no puede resolver las discordias del mundo, si descendiera de golpe nos rompería, es necesario un primer descenso de un poder derivado, un Poder de combate y lucha que se abra camino a través de nuestra naturaleza y la prepare, porque el amor por si solo no puede impulsar tu naturaleza hacia su transmutación, solo actúa como su principio secreto detrás del velo. Este Poder de Combate, se precipitó en la tierra el cuatro de enero de 1969, ahora emerge y determinará la Ocasión.



“Los individuos y los agregados (grupos de individuos), que desarrollaran primordialmente la ley de asociación y la ley de amor, de ayuda común, bondad, afecto, camaradería, Unidad Real entre ellos , pese a sus diferencias y ocurra lo que ocurra, ARMONIZARAN MAS EXITOSAMENTE SU SUPERVIVENCIA (soportando sus diferencias y enfrentamientos, como parte de la REAL ARMONIA y mutua auto-entrega), el grupo que incrementa al individuo y viceversa, y el individuo que incrementa al individuo y el grupo que hace lo propio con otro grupo, mediante intercambio mutuo DE EXPERIENCIA, CONTACTOS Y CHOQUES TRANSMUTADORES serán los más aptos para la SUPERVIVENCIA Y REALIZACION en este estado terciario de la evolución.”



Queridos amigos, aquí estamos, las líneas están abiertas, el camino abierto para andarlo; todas las acciones llevan a alguna parte; nuestra aspiración y concentración se están ordenando en el GRAN SENTIDO.



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TEMA 26: ~ EL ALIMENTO ESPIRITUAL ~



OBJETIVO EN LA VIDA











Todos los seres tienen como objetivo en la vida la búsqueda y logro de la Dicha



Disfrutar la Vida es lo que todos pretenden aún los que sostienen que ésta es solo de paso y que el verdadero disfrute serán según nuestras acciones en el mas allá.



El individuo curiosamente por la búsqueda dichosa se somete a increíbles torturas y sufrimientos. Intenta por numerosas vías y caminos equivocados sufre numerosas decepciones y frustraciones. Tiempos perdidos y lamentaciones por no haber optado por otras alternativas. Sueños y deseos no realizados van creando el sentimiento interior que el destino en esta vida les fue limitado en sus deseos y ambiciones.



Y cuando obtienen su logro éste suele ser efímero y no pleno, algo pareciera que falta.



Por suerte todos esos pensamientos y sentimientos son falsos. Son producto de ignorar un conocimiento mayor y oculto que es necesario develar para el logro de la experiencia de la Dicha.



Un nacimiento no se concreta tan solamente con una noche de sexo, la concepción, la gestación y el parto son las fases fundamentales para que un nuevo ser se manifieste en esta existencia. Nuestro objetivo coincide con uno tradicional de la India: el 2 Veces Nacido, que es aquel ser que nace en nosotros cuando se ha logrado establecer la Dicha en esta existencia mortal.



Nuestro objetivo para nuestra filosofía no son los cielos del mas allá que no tienen prometidos, sino establecer esos cielos aquí y ahora en esta existencia.



Aquí debemos hacer una diferenciación entre Felicidad y Dicha.



La Felicidad es un estado que depende de la realización de un hecho externo. Que nos haya salido bien un trabajo, que gustemos a otra persona, que hayamos obtenido un logro económico, que nuestros seres queridos crezcan fuertes y sanos, que seamos reconocidos por el otro y 1000 otras distintas por cada individuo, según la personalidad de mismo.



La Dicha es algo más sutil, a primera vista no depende de que un hecho externo suceda, no parece estar condicionada, sucede en forma misteriosa por si misma. Así hay días que nos levantamos y todo parece estar en armonía con nosotros, Todo nos sale bien, nos sentimos dichosos y disfrutamos cada momento, el ahora que dura un instante se nos extiende a un tiempo presente, una secreta presencia nos acompaña, nos sentimos a nosotros mismos.

LO TRASCENDENTE





Percibir lo Trascendente es el objetivo de todo verdadero artista, científico, investigador, escritor o político. Los ideales y utopías son trascendentes que intentamos materializar. Al creativo es un trascendente el que lo impulsa. El poeta es a un trascendente a quien escucha y quien lo inspira.



Percibir lo Trascendente es un paso que debemos transitar para la realización de la Dicha. No debemos suponer que el Trascendente es un engaño o una trampa a nuestros sentidos, admitirlo es renunciar a nuestra posibilidad de Dicha y enclavar un serio obstáculo a nuestro ser evolutivo.



Percibir el trascendente es un poder, un don que todos podemos desarrollar, exige de requisitos y preparación, no se alcanza de inmediato, salvo para aquellos naturalmente dotados a igual que sucede en las artes. Algunos sienten ese poder como una gracia mística, otros como el refinamiento de nuestros sentidos, cualquiera sea la forma en que el don aparezca lo importante es como ese poder puede transformarnos y nuestra naturaleza consentir esa influencia.



Si buscamos la Dicha ya sabemos que con nuestro ser actual no la podemos retener, la experimentamos por lapsos cortos o prolongados pero siempre se aleja y ese alejamiento coincide siempre con nuestra pérdida del sentido trascendente. Debemos recocer cuando experimentamos el sentido de Dicha su origen trascendente, para algunos ese reconocimiento es el primer gran paso.



Tiene que haber un deseo por llegar al Trascendente, aunque la palabra deseo no es la correcta, deberíamos decir mas correctamente una aspiración, un primer calor interno que puede ser tibio en un inicio para luego ir creciendo en intensidad y transformarse en necesidad imperiosa de la vida.



Entrar al trascendente exige poseer armonía interna, es una rebeldía por los límites propios del individuo, es romper moldes que sujetan y condena a la esclavitud, es el sacrificio de las vanidades y el prerreconocimiento de estados superiores al propio. No lo alcanza el hombre vulgar ni los débiles de espíritu, es una lucha contra lo burdo, lo sórdido y lo grosero.



En un principio debemos tener al menos un reconocimiento, aunque sea intelectual de la existencia del Trascendente.



Comencemos por definir lo que entendemos por Trascendente. Nuestros sentidos tiene un rango de captación, en determinados animales de menor evolución que el hombre, el sentido auditivo es muy superior, la visión en el águila sobrepasa ampliamente el alcance de nuestra visión, es decir que mas allá de lo que nosotros percibimos la existencia continua. Mas allá de nuestra mente hay un mayor conocimiento, mas allá de nuestro cuerpo físico no rodea nuestro cuerpo sutil, aura, así podríamos enunciar un sin numero de ejemplos de lo que no tenemos percepción directa pero si existe.



Lo que nos interesa muy en particular es la percepción directa de la temperatura interior de nuestro cuerpo físico. Ese calor interno será revelador de aquí en adelante.



Es un calor Trascendente que puede hacer que todo sea distinto a partir de cuando extendemos nuestra capacidad de percibirlo.



Al principio puede resultar arduo para algunos, para otros puede resultar fácil y de mayor permanencia. Suele asociárselo con la emoción, con el corazón, con personas cálidas o frías. En primera instancia lo que buscamos independiente de cualquier asociación es la percepción en nosotros mismos de ese calor interno. Existen numerosos yogas que tratan este tema, entre ellos las doctrinas secretas del yoga tibetano y el tantra yoga, nosotros trataremos de encontrar vocablos occidentales para los cuales nos es mas accesible encontrar los sentidos de cada palabra, cuando no podamos encontrar una justa equivalencia nos valdremos de los términos sánscritos que los expresen y daremos su significado de acuerdo a nuestra experiencia occidental.



En la doctrina secreta tibetana se aconseja como paso preliminar:



1. Visualizar del cuerpo físico como vacío



2. Visualizar el sistema nervioso como vacío



3. Visualizar un circulo protector al cuerpo físico, aura



Al alcanzarse algún grado de esa visualización se comenzará a experimentar una agradable sensación, un fuego espiritual o calor que llamaremos calor psíquico.



En nuestra fantasía mas elevada no llegaremos aún a comprender ni imaginar lo maravilloso del poder adquirido con esta experiencia. Cualquier promesa de bienestar sería insuficiente, cualquier logro prometido sería poco. Lo que habremos de ganar jamás será perdido.



Pero que no nos embriague el poder por que aún falta camino a recorrer y numerosos serán los obstáculos que deberemos vencer para lograr que la Dicha se establezca en nuestro ser.



Un primer obstáculo será nuestra propia memoria, nuestros hábitos, nuestra tendencia al melodrama, nuestro apego al infortunio, obviamente nuestro ego pequeño luchará contra lo que es más grande que él, enemigo principal será la cólera y la ira, la vanidad nos puede llenar con falsa dicha hasta que otra decepción nos despierte a la realidad.



Sin embargo el éxito final está asegurado, no puede haber fracaso por mas grandes y obstinadas que sean las dificultades. El progreso se observará rápidamente y no hay esfuerzos perdidos, nuestras resistencias vitales podrán volver lenta y difícil la marcha pero no podrá impedir que lleguemos al logro de nuestro objetivo.



Debemos desembarazarnos de nuestra insistencia exagerada del empleo de la razón, sobre la exactitud de nuestro razonamiento individual y su derecho de decidir en todos nuestros asuntos. Muchas veces nuestra razón nos indica caminos que no armonizan con nuestra vida. Daremos a la razón su lugar en las cosas que correspondan al plano físico y a cuestiones que se relacionen con el mundo en general, aún aunque en ese campo sea bien falible. No aceptaremos la pretensión de la razón y de la lógica de ser autoridad en los dominios espirituales. Nuestro conocimiento trascendente tendrá exclusivamente como fuente la intuición y la experiencia interior.



Las ideas preconcebidas, los prejuicios y las preferencias mentales pueden levantar una muralla de argumentaciones contra la verdad trascendente que debe ser realizada y rechazar la oportunidad que se nos brinda de experimentar lo nuevo. Otra vez lo viejo y conservador contra lo nuevo que avanza. La preferencia a la miseria conocida, contra el temor por un nuevo nacimiento. Debemos convencer a nuestro mental que sea abierto, imparcial, libre de pasión injustificada, que admita que no siempre su razón es verdadera y que muchas veces se trampea a si mismo, que no debe inmiscuirse en ámbitos ajenos a su jurisdicción, sobre todo con realizaciones trascendentes y con el yoga.



Nuestro objetivo es un cambio real en nuestra naturaleza, no la memorización de aforismos que nos dejan tan in-cambiados como antes y solo nos llenan la boca de palabras floridas.



Las dificultades pueden provenir de nuestra propio interior o desde el exterior, toda gran nueva conquista presenta resistencias de lo que anteriormente ocupaba ese lugar, luchas que se repiten aún después de la victoria, fuerza y paciencia es la respuesta. Las partes vitales son fácilmente llevadas a la depresión cuando se presentan las pruebas y las dificultades, pero ello no debe justificar un sentimiento de impotencia. Deberá buscarse el calor interno llamándolo para que acuda y se prenda en ayuda de nuestro ser interior. Por eso dice el poeta: Que no se apague el Fuego



De una belleza a una belleza mas grande, de una dicha a una dicha mas intensa, son los pasos sucesivos que se experimentan al despertar del calor psíquico interno. Experimentar ese calor es una conversión, una experiencia que podemos comenzar adquirir ya mismo, a la cual podemos entregarnos sin reservas, es el propio fuego que nos da Vida, la luz que nos guía, la Divinidad Secreta en cada individuo, el misterio a develar, el Alimento para quienes han partido de esta existencia.



Llegar a ser conciente de ese calor no es algo imposible de devenir, algo difícil no es necesariamente imposible. Un Fuego a encender, necesita de troncos secos, no mojados por los humores negativos, de pequeñas ramas que se enciendan primero mas rápidamente, de una Fe que nos impulse a hacerlo, de una paciencia para el tiempo de encendido, de una capacidad para descubrir lo Trascendente en nuestro interior y de una perseverancia para continuar sin claudicaciones hasta que el logro de la dicha se instale en nuestro ser. En todo esto no hay nada de imposible.

EL FUEGO INTERIOR: SU ENCENDIDO





El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz."

Madre Teresa de Calcuta





Fe es la virtud que nos hace sentir el calor del hogar mientras cortamos la leña."

Miguel de Cervantes





La ciencia sin la religión es coja, la religión sin la ciencia es ciega.

Albert Einstein





Se otorga poca fe a los que tienen poca fe.

Lao Tse





En forma permanente encendemos nuestro fuego interior, también en forma permanente lo dejamos apagar.



¿qué es nuestro fuego interior, como podemos percibirlo, como generarlo?



Nuestro fuego interior se siente principalmente en el espacio que ocupa el corazón.



Cuando se enciende se percibe indistintamente de acuerdo a cada individuo: sensación de bienestar, alegría sin causa, energía para la acción, una suave y sutil vibración. Puede ser que se manifiesten en nuestro interior como calma o como la quietud interior previa a las grandes acciones.



Cada vez y siempre que somos concientes de nuestra fe se enciende el fuego interior, independiente de cual sea nuestra fe, de su moral o de su ética. Se percibe en el corazón un cosquilleo, vibración o sensación grata, es algo trascendente que ingresa en nuestras dimensiones, en esos instantes es muy importante valorar la experiencia y dirigirnos a la sensación como si fuera persona, eso incrementa su encendido y permanencia. Los sabios antiguos de la India, los Rishis, invocaban a esa fuerza como a un Dios con el nombre de Agni. En la práctica cuando nos volvemos concientes del poder que vamos adquiriendo de despertar del fuego interior comenzamos a llamarlo como persona y comprobamos la experiencia de su arribo inmediato ante una correcta invocación. Mas adelante veremos los pasos básicos de un correcto llamado.



Una de las formas de mantener encendido ese fuego es disfrutar la sensación de bienestar que el mismo procura.



Un adversario circunstancial puede ser el viento, el puede avivarlo pero también apagarlo.



Los vientos que lo apagan son las pasiones descontroladas y los ambientes pequeños y cerrados del egoísmo en donde no entra nuevo oxigeno indispensable para mantener el fuego encendido. Ahí se produce una elección crucial: o gestamos un poco de generosidad o se apaga el fuego y se pierde la sensación de bienestar.



Nuestra voluntad interior no es algo abstracto, también es un fuego interior, debemos ser conciente de la sensación que se percibe cuando nuestra voluntad interior, previa a la acción se manifiesta en nosotros.



Este tipo de experiencia no es posible para todos, no será para aquel que no haya desarrollado lo sutil o que esté apegado a los gustos burdos o groseros. Será mas fácil para el intuitivo, el que tenga poder de imaginar, el creativo, para quien tenga sensibilidad por las artes, las ciencias o posea un intelecto refinado. No será para quien se detenga en lo superficial y no conozca la aventura de sumergirse en las profundidades del ser. Este fuego no se enciende en el falso, en el negador permanente de la verdad y en quien se mantenga cerrado en sus propias ideas y razonamientos no dejando una apertura a lo nuevo. No es para el que aferrado a la Ignorancia no quiera abrirse al Conocimiento. No es para el vanidoso, el violento y el mezquino.



A medida que vayamos ganando en la riqueza de la experiencia del encendido del fuego interior nos volvemos adictos y dependientes de la libertad que el mismo nos procura. Nuestra vida pasa a ser un estado digital de uno o cero, encendido o pagado.



A medida que vaya recordando y estableciéndose con mayor frecuencia el estado de encendido, la tendencia automática es un buen signo, comenzará también a influenciar sobre nuestro cuerpo físico ganando en salud, sobre nuestro ser emocional y nerviosos aflojando fundamentalmente nuestras contracturas y en nuestro ser mental aportando sabiduría para nuestro accionar.



Quien haya tenido la experiencia previa de prender un fuego para un campamento o un asado conoce que si bien no es difícil hacerlo, es necesario cumplir con pequeños rituales que llevan al éxito del encendido. En nuestro interior sucede algo semejante. Pasos previos aconsejables son: lograr algún grado de quietud en alguna parte de nuestro ser y luego llamar a la calma como si fuera persona para que se establezca en esa parte. La calma misma ya es un fuego interior, su significado del griego es justamente calor.



El Amor es un fuego, se siente y se vive como la mas alta experiencia humana, todos los individuos conciente o inconscientemente abandonan todo por esa experiencia, quien no pueda vivirla está amputado en lo mas noble de su ser.



El despertar del fuego en nuestro interior es nuestro segundo nacimiento, será la roca de nuestra certidumbre, con ese poder atravesaremos todas las dificultades de la vida ya sea que provengan de nuestro interior o del medio que nos rodea, con el afrontaremos la desesperanza, las dudas, la depresión y cualquier hostilidad que se nos presente. Es el destino de la evolución humana.

0/08/2008, cumpleaños de Lidia





El Alimento, la evolución y el misterio del sacrificio



El ser humano común, en su existencia interior, es tan burdo e indesarrollado como lo fue en el pasado el hombre primitivo en su vida externa. Sri Aurobindo - síntesis del yoga I



Hay legados para dejar a los hijos; el primero, raíces; el segundo, alas”.



Miguel de Unamuno.



Los misterios divinos solo son posibles de intuirlos, comprenderlos escapa a los límites de la razón.



El ser humano ha cambiado desde los tiempos primitivos, eso nos indica una evolución, nada hace presumir, sino por el contrario, que esa ha evolución ha llegado a su fin y que el hombre actual ha alcanzado su perfección posible.



El alimento material que es el sustento de nuestra vida, lo fue también para el hombre primitivo. Pero el alimento material no es el único que el ser humano necesita, a medida que va evolucionando requiere cada vez mas de un alimento espiritual, ya sea a través de las artes, de su desarrollo intelectual, de su religiosidad, de su necesidad de ayudar a otros, de la investigación científica y de otras disciplinas que le procuran su necesidad imperiosa de satisfacer algo interior, un hambre espiritual que no puede definir exactamente pero que tiene necesidad de cubrir. En la alimentación el arte de la cocina y de cocinar para otros, encontramos una expresión de amor espiritual.



Observamos el dicho común de que el pez grande se come al pez chico, también observamos que la especie mas evolucionada consume como alimento a las especies menor evolución, esto es ley de la evolución. Todos los seres deben vivir por el sacrificio de la vida de otros seres, la piedra se rompe para alimentar al vegetal, el vegetal a los animales, los animales mas débiles alimentan a los animales mas fuertes. La ley del Sacrificio está siempre presente en la naturaleza.



Si admitimos que el hombre no es el eslabón último y posible de la existencia debemos hacernos dos preguntas:



1- de quien somos alimento



2- que clase de alimento somos



La primera podríamos responder que somos alimento para un ser espiritual no visible a nuestro sentido de la vista



Aceptando la primera, la segunda nos indica que un ser espiritual debe alimentarse al igual que un ser humano, pero ese alimento que somos debe ser espiritual, no es concebible que sea algo material.



Para nuestra práctica debemos limpiar al término sacrificio de todo sentido cruento, de inmolación, castigo o penuria. Solamente y exclusivamente lo aceptaremos como medio espiritual para la comunicación con entidades espirituales. Nuestro sentido es de entrega, festejo o regocijo. La experiencia real que vamos a vivir es una transformación incruenta, mágica por lo sorprendente en su efecto y en su tiempo de realización.



Por el intelecto el hombre ha evolucionado hasta aquí, debemos abandonar al intelecto para seguir creciendo, el desarrollo y perfeccionamiento de la intuición debe ser el nuevo impulsor de la evolución.



Veremos ahora cuales son las partes y modos del sacrificio, para ello es necesario precisar el significado de las palabras que vamos a utilizar:



El sacerdote: es quien ofrece un sacrificio



Ofrenda: es una entrega, debe ser una parte nuestra: mental: pensamientos; vital: emociones, ansiedades, miedos, etc.; física: un dolor de nuestro cuerpo. Estos son solamente ejemplos, puede existir la mejor de todas las entregas la integral de todo lo que somos o sentimos ser. Hacia nuestro interior descubrimos que estamos compuestos no por una sino por muchas personalidades y cada una de ellas tiene sus propias exigencias, naturalezas diferentes y contradictorias, creando en nuestro ser es un caos en el que tenemos que introducir algún orden superior para poder convivir con todas ellas. Puede ser que alguna de estas personalidades conflictivas deba ser entregada en ofrenda a favor de poder vivir en una armonía mayor.



Fe: Es el asentimiento de nuestra voluntad hacia aquello que desconocemos y creemos superior. Es la sinceridad y nuestra necesidad de creer en algo superior.



Sumisión: es nuestra entrega sincera hacia lo superior, para un agnóstico podría ser la Ciencia, para un artista el Arte, para un creyente su Deidad preferida. Implica aceptación y confianza en lo superior, que habrá de actuar disponiendo lo mejor para nuestro ser.



[u]Apertura: Es abrirnos a la influencia de lo que consideramos superior, ser permeable a que ingrese en nosotros y realice según su Conocimiento una transformación en nuestro ser. Se produce por concentración aumentando la voluntad de relajamiento permitiendo a las tensiones distenderse, un signo es una sensación agradable al comenzar a ceder las contracturas naturales del cuerpo físico.



Alabanza: son frases sentidas por quien presenta el sacrificio de las virtudes que idealiza sobre lo superior que esta invocando.



Altar: Es la elevación sutil de la ofrenda, su ampliación interior, si la ofrenda es un dolor recordado, este debe ser revivido elevado en toda su plenitud posible de soportarlo.



Agni: Dios Védico de la India que representa al fuego espiritual, es el fuego simbólico del sacrificio, se lo concibe como el primero y el mas joven de los dioses, el mas amigo del hombre, el que siempre acude en su auxilio apenas se lo invoca, el que procura riquezas y aleja a las fuerzas adversas. Se lo siente primero por la intuición, suele provocar escalofríos o temblores al ingresar en el cuerpo físico del que lo invoca, cuando ha ingresado se percibe una sensación agradable, alivio de pesares, disminuye los temores y se gana confianza en uno mismo. Se lo siente también como un calor espiritual sanador. Su amistad es de suma importancia para el invocador protege y resguarda el ritual del sacrificio, por eso sus adoradores lo invocan al inicio y al final del mismo. Participa y acepta la ofrenda correctamente presentada, su accionar en ayuda suele ser instantáneo.



Sentido de las palabras: (sánscrito: artha) Nada mas importante que encontrar el sentido a cada una de las palabras que utilizamos. Un método efectivo es sentir en el pecho una vibración al pronunciar la misma ya sea en forma vocalizada o mental. Cuando decimos encontrar el sentido no significamos un proceso intelectual de comprensión, sino la experiencia directa y sutil que esa palabra nos provoca. Puede ser que en un principio hablar con sentido ocasione un hablar mas pausado, un verborrágico difícilmente sienta todo lo que dice. Encontrar el sentido de las palabras constituye un acto de fuerte purificación psicológica y fuente de iluminación para la mente.



Gracia: Cuando en nuestra vida ordinaria decimos gracias y la sentimos realmente, lo que se experimenta internamente es una vibración, una ”onda” particular de sentido transversal. Cuando esa “onda” se la percibe entrando por la parte superior de la cabeza decimos que es la recepción de “algo” de orden superior.



Invocación: del latín invocare, in: dentro, vocare: llamar; en su sentido mas original es llamar desde dentro de uno mismo, en el sacrificio es el llamado a la deidad o fuerza superior que uno pueda concebir. Su efecto poder es una sutil vibración interior que se direcciona hacia lo invocado, cuanto mas sutil mas es su poder.



Misterio : El mayor misterio es el que surge de la invocación y a través de la misma de comunicarse con entidades espirituales y de realizar con los mismos intercambios.



Los seres nacen del alimento; este proviene de la lluvia; la lluvia es producida por el Sacrificio y éste es el resultado de la acción, la acción proviene de laceración y ésta de lo Eterno Inmanifestado (Bhagavad Gita III-14)

EDUARDO (Argentina)





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TEMA 27: ~ ESPACIO Y TIEMPO ~











LA CIENCIA MISMA EMPIEZA A SOÑAR CON LA CONQUISTA FISICA DE LA MUERTE. Las cualidades del Espacio-Tiempo cada vez son más fantásticas, el espacio-tiempo es capaz de contraerse en sus construcciones hasta un punto en que el paralelismo se quiebra, pugnando de cien modos distintos para liberar al hombre de las cadenas de la CAUSALIDAD y convertirlo en amo de las circunstancias.



Con los últimos descubrimientos de la Física Cuántica, toda imposibilidad parece desvanecerse, cualquier posibilidad admite una cierta probabilidad en el espacio tiempo. No obstante la mente humana parece negarse a comprender estos signos, actuando como una observadora exterior, incapaz aún de sacar las enormes consecuencias de su puesta en valor práctico y experimental.



La Materia se expresa a sí misma, eventualmente, como una formulación de alguna Fuerza desconocida. La Vida también, de forma que el misterio incomprendido, comienza a revelarse por sí mismo como una obscura energía de sensibilidad encarcelada en su formulación material; y cuando la divisora ignorancia sea curada de aquello que nos da la sensación de un abismo entre la Vida y la Materia, ya podremos suponer que Mente, Vida y Materia sean consideradas como algo más que una misma Energía tres veces formulada, el triple mundo de los videntes Védicos. Tampoco podrá durar el concepto de una Fuerza bruta material inconsciente como la madre de la Mente. La Energía que crea el mundo no puede ser nada más que una Voluntad, y esa Voluntad es sólo conciencia que se aplica por sí misma a un trabajo y un resultado.



¿Qué es ese trabajo y ese resultado sino una auto-involución de la Conciencia en la forma y una auto-evolución externa de la forma para revelar, para hacer presente alguna poderosa posibilidad en el universo que ha creado? ¿Y cómo es su Voluntad en el Hombre si no una voluntad a la Vida interminable, al Conocimiento ilimitado, al Poder sin trabas? La ciencia misma comienza a soñar con la conquista física de la muerte, expresando una sed insaciable por el conocimiento, queriendo realizar algo así como una omnipotencia terrestre para la humanidad. El Espacio y el Tiempo se contraen en sus obras hacia el punto de fuga pugnando de cien modos distintos para hacer del hombre el amo de las circunstancias aligerándole los grilletes de la causalidad. La idea de limitación de lo imposible comienza a crecer poco a poco y, en cambio, parece que cualquier cosa que el hombre desee o aspire con constancia, él debe al final ser capaz de hacerla; pues la conciencia en la especie tarde o temprano encuentra el medio. No es en el individuo donde esta omnipotencia se ha de manifestar, sino que ha de ser la colectiva Voluntad de la humanidad quien ha de llevarlo a cabo con el individuo como el medio adecuado. Y aún más, cuando miramos más profundamente, no es cualquier consciente Voluntad de la colectividad, sino un superconsciente Poder que emplea al individuo como el centro y el medio, y a la colectividad como condición y campo. ¿Que es esto, sino Dios en el hombre, la Identidad infinita, la Unidad multitudinaria, el Omnisciente, el Omnipotente, quién habiendo hecho al hombre a Su propia imagen, con el ego como un centro de funcionamiento, con la especie, el colectivo, como molde y circunscripción, procurando expresar en ellos alguna imagen de la unidad, la omnisciencia, la omnipotencia que son la autoconcepción del Divino? " Aquello que es inmortal en los mortales es Dios y fue establecido interiormente como una energía obrando en nuestros poderes divinos”9. Es a ese enorme impulso cósmico al que el mundo moderno, sin conocer suficientemente su propio objetivo, aún sirve en todas sus actividades y labores subconscientemente para realizarlo.



Hay que tener cuidado con la cuántica, ya que esta explica mejor los fenómenos del mundo atómico que los de la vida mas compleja, la cuántica necesita reducirse al Universo como átomos y partículas subatómicas, donde la materia se comporta mas como onda que como partícula, cuando la materia ha evolucionado mas cada vez se comporta mas como partícula en formas mas evolucionadas, caso del hombre.



La cuántica presupone un universo caótico, donde todo es posible y por lo tanto en un azar no puede estar la Voluntad Divina. En realidad saben lo que pasa pero no el porque ni el como.



Para lo macro o complejo funciona la relatividad einsteniana, aunque el no pudo demostrarle a Schrodinger que Dios no jugaba con nosotros a los dados. Obviamente en este caso, para mi Einstein tenia mayor intuición.



Niels Bhor, que andaba por ahí, les decía de vez en cuando que los dos tenían razón, era tremendamente intuitivo: Lo contrario de una verdad suprema era otra verdad suprema.



Aproximadamente esto ocurría en el año 1927.



Aurobindo, entre el año 1910 y 1914 aproximadamente, escribió sobre, la relatividad del espacio-tiempo, la relatividad de la materia, la constitución del átomo, la constitución de las partículas subatómicas, la ley del caos ordenado, las distintas leyes que regulan cada complejidad creciente de la evolución de la naturaleza, la ley de la naturaleza superior, el origen del universo, las fuerzas que dominan la relatividad del pasado y el futuro, el porque de la continua expansión del universo, la ley que regula la contracción del espacio tiempo, la naturaleza no continua del tiempo, la naturaleza del cero como continente del todo, la del infinito como naturaleza de lo finito, la ley parabólica del desarrollo evolutivo, la materia y energía oscura, ..................



Hasta nuestros días, todo lo escrito por Aurobindo, ha sido corroborado por la Ciencia, porqué la ciencia no va a seguir corroborando lo que aun no ha descubierto.



La Cuántica en comparación aun esta en pañales, de momento y hasta que no una a las tres fuerzas unificadas la fuerza gravitatoria, sigue estando incompleta y particularmente con la teoría de cuerdas no creo que lo consiga. Por cierto ya hay bastantes científicos que saben que la fuerza no es mecánica sino dinámica, creo que este tabú esta a punto de caer, porque ya saben que su actuación es deliberada y mucho mas compleja (Scientific Americam)



Empero, la idea de poner límites a lo denominado “Imposible”, empieza a crecer tímidamente y terminará por asentarse en su propia verdad, ya que cualquier cosa que el hombre quiera con aspiración y constancia debe finalmente ser posible para el; pues la consciencia eventualmente hallará el medio, la forma y el método.



La Fuerza-Consciente que mora y crea el Universo, confiere a sus formas diversas capacidades; el hombre despierto descubrirá que no solo los fenómenos físicos gravitatorios o de grandes masas en su atracción deforman el Universo confiriéndole en su movimiento un programa de información que termina siendo junto a otros muchos factores un determinante relativo. Sino que otras facultades que ahora se pueden expresar en el ser humano también deforman o contraen el campo espacio temporal, contribuyendo de cien maneras distintas a acercar las líneas de tiempo futuro al presente y por lo tanto no solo es posible acelerar el futuro y la denominada evolución humana, sino que también el hombre podrá llegar a ser consciente de su capacidad para crear o manifestar construcciones de toda índole, que ahora mismo aparentemente parecerían lejanas o remotas, e incluso imposibles de concretar en lo material.



Ahora bien, la física moderna contempla un Universo de infinitas posibilidades, pero no es esta la explicación completa. El determinismo de la física clásica indicaba un Universo regido por leyes inmutables y por lo tanto fijo y determinado en su devenir futuro, en este caso hablamos de Causa-Efecto “Causalidad” y por lo tanto ningún grado de libertad. La física Moderna ahora decimos que todo es posible y por lo tanto “Casualidad”. Esto último también implicaría una determinación absoluta, ya que todo seria azar y una construcción azarosa tiende tarde o temprano al caos.



¿Qué es lo que hace posible, que un mundo de infinitas posibilidades no tienda al caos, permitiendo una libertad sin restricción teórica y al mismo tiempo admita la determinación de la emergencia de un ordenado crecimiento evolutivo de las formas y de la consciencia ascendente?



Si no admitimos una reconciliación entre causalidad y casualidad no resolveremos el problema, y por muchas vueltas que demos, al final tendremos que admitir que el Universo material se construye sobre la base de las infinitas posibilidades de variación, formación, expresión y consciencia de las formas en su evolución. Mientras, una Determinación general contrabalancea sin cesar este mundo de infinitas posibilidades para amparo de su desarrollo y término.



La mente debe ser capaz en su desarrollo de abarcar los opuestos no mediante la observación separada de los mismos, sino mediante su armonización e integración en Leyes Mayores que los hagan desaparecer mediante su unión. Por decirlo de otra manera: no existen opuestos irreconciliables. Sólo son verdad aquellos pensamientos cuyos contrarios son también verdad en su propio tiempo y lugar; los dogmas irrefutables constituyen el tipo de falsedad más peligroso.



El hombre puede atreverse a buscar lo imposible mediante sus facultades de Voluntad, Concentración y Aspiración en la Idea que quiere manifestar o construir, incluso aunque sea remota y difícil. Si bien tendrá que ser consciente que su voluntad se soporta y ampara en una Voluntad Mayor que en cada momento decide la corrección necesaria en las líneas espacio-temporales para que el sistema logre sus últimos objetivos permitiendo a la vez una inmensa variación en los caminos que llevan al mismo.



“Por todos los caminos los hombres se dirigen hasta Mí, y de esa manera yo los acepto. Ese es el camino mío que los hombres siguen desde todos lados pero el fruto de esos caminos es limitado. Pues quienes trazan el Camino directamente hacia Mí, llegan a Mí.”



Por último señalar los resultados teóricos de las avanzadillas científicas ligadas a las teorías de cuerdas o supercuerdas. Esto último parece señalar la existencia de dimensiones adicionales a las dimensiones que observamos con nuestra consciencia general actual, dimensiones que se dicen están envueltas o enrolladas. Si bien la teoría de cuerdas para representar algo valido tendrá que desacomplejarse y embellecerse, podemos avanzar algo más sencillo y bello: en el Universo que conocemos, en la materia ya estaban envuelta, enrolladas o latentes aquellas dimensiones que ahora nuestra consciencia puede observar, podrá sugerir esto, que una vez haya una consciencia humana que pueda observar las dimensiones ocultas, las descubrirá desarrolladas y desenvueltas o en periodo de desarrollo, todas aquellas dimensiones aun enrolladas o envueltas en la materia.



Salgamos ahora de lo físico y vayamos a concretar que aplicación tiene esto en las posibilidades espirituales de evolución del hombre. Y cuando miramos mas en profundidad el hombre depende de la colectividad humana (el individuo como centro y medio, la colectividad como condición y campo). Y no existe algo que podríamos llamar la “voluntad colectiva de la humanidad” ¿Cómo entonces funciona esto si la voluntad individual del hombre no puede apoyarse en una inexistente voluntad colectiva?



Sabemos que hay un Vasto Impulso cósmico que la humanidad moderna, aun desconociendo absolutamente su propio objetivo, lo sirve en todas sus actividades y se esfuerza subconscientemente por satisfacer, aquí esta la posibilidad para el hombre individual ya que la Voluntad que opera sobre la naturaleza en la colectividad prepara su labor. Y si esta Voluntad otorga su sanción, la aspiración individual del hombre tendrá el camino abierto para sus conquistas.



No obstante estos son los lineamientos generales, una vez definidos simplificadamente, no deben dar la impresión de simpleza ilusoria. Porque siempre en esta armonía de fuerzas en acción existen temporalmente limites e impedimentos (el limite del campo material del conocimiento y el impedimento de la maquinaria material del poder). No obstante las últimas tendencias son altamente significativas de un futuro más libre. Allí, una vez que lleguemos a reconocer y hacer consciente esto, están las puertas que se abren ante el gigantesco panorama del Futuro.



¿Cuál es, entonces, la naturaleza de la dificultad para el hombre que debe considerar al mundo tal como es, vivir en él, y sin embargo desear llevar dentro de si mismo, la vida espiritual y LA VIDA DIVINA? ¿Cual es este aspecto de la existencia que horroriza a su mente despierta y provoca lo que el título del primer capitulo de la Gíta denomina muy expresivamente el Yoga del abatimiento de Arjuna, su depresión y el descorazonamiento experimentado por el ser humano cuando se ve forzado a enfrentarse al espectáculo del mundo, tal y como es realmente, una vez que el velo de la ilusión ética, de la ilusión de la rectitud, quede desprendido de sus ojos, y antes de que pueda efectuar una reconciliación mas alta consigo mismo?.



Todo esto está figurado exteriormente en la carnicería y masacre de KURUSHETRA.



Arjuna, el discípulo humano que recibe su iniciación en el campo de batalla; ES EL TIPO DE ALMA HUMANA LUCHADORA QUE TODAVIA NO HA RECIBIDO EL CONOCIMIENTO, PERO QUE LLEGARA A SER CAPAZ DE RECIBIRLO MEDIANTE SU ACCION EN EL MUNDO.



Desde lo alto de su CRUZ, Cristo humanizo Europa. Sin embargo el Coloquio observando los campos de batalla de KURUSHETRA ha de liberar definitivamente a la humanidad; escribió Sri Aurobindo.



Si la humanidad pudiera vislumbrar, aunque fuera tan sólo en una experiencia fugaz, los goces infinitos, las fuerzas perfectas, los horizontes luminosos de conocimiento espontáneo, las vastas calmas de nuestro ser que nos esperan en las zonas no conquistadas todavía por nuestra evolución animal, lo dejaría todo y no descansaría hasta que hubiera obtenido estos tesoros. Pero el camino es estrecho, las puertas son difíciles de forzar, y el miedo, la duda y el escepticismo están allí, centinelas de la Naturaleza, para prohibirnos que alejemos nuestros pasos de los pasos ordinarios.



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TEMA 28: ■ LA VIDA ES UNA EVOLUCION DE LA CONSCIENCIA ■











La vida es una evolución de la consciencia. Es un juego de consciencia. El Creador que planeó este juego, escogió una fuerza con la Cual jugar el juego. El escogió La fuerza de la ignorancia y la encerró en una forma (tu propio cuerpo). Y se puso a si mismo en las Profundidades de esta forma y esparció Alrededor de las formas un exterior de ignorancia (la naturaleza que vemos). El juego de la vida Consiste en encontrar un camino hacia El, a Través de toda la ignorancia que nos Impide ver claramente. Todo el propósito de esta vida es el de conectar con El, y Liberándose, permitirle que se manifieste.



¿Cómo está funcionando este proceso?



Al comienzo, la Divinidad Dentro de nosotros Trata de salir de esta caja con la ayuda de los sentidos, la mente, el cuerpo y las emociones. Los cinco sentidos Están bajo el completo control de la fuerza de la ignorancia y los instrumentos que son la mente, el cuerpo y las emociones, están bajo el completo control de los sentidos. Mientras no entendamos este sistema, tendremos una "naturaleza animal". Sí, Porque una naturaleza animal está Basada en los instintos que no Difieren de los instintos animales. Esto no es un juicio negativo en lo más mínimo, ya que la naturaleza de los animales juega un papel muy Importante en Nuestra Vida. Es una maravillosa parte del Proceso de la evolución: Como resultado de las experiencias que tenemos con esta naturaleza, obtenemos nuestra primera iluminación, que es el fruto de la frustración. Y es así como lentamente Empezamos a romper todas las capas de ignorancia Que Están A NUESTRO alrededor. Inicialmente, toda iluminación o progreso es el producto de una frustración transformada.



Como parte del experimento de la evolución en este mundo, Después de haber creado uno los animales, la Naturaleza creo a la humanidad. INCLUSO TENIENDO una mente Consciente y siendo así, una especie de los animales avanzada, tenemos muchas Cualidades de los animales. En este juego de la vida, en esta evolución de la consciencia, la Naturaleza esta Tratando de ayudarnos un Avanzar una Través de nuestra naturaleza animal.



¿Cuáles son los instintos animales? Ellos Pueden manifestarse como la Acción Sin El Entendimiento de las Consecuencias o primordialmente como el miedo. El miedo a morir, el miedo a no Tener seguridad, esta grabado en todos nosotros.



Un ejemplo de nuestra naturaleza animal, es el querer comer lo que sea que veamos y que nos guste. Observemos esto más de cerca: Nosotros los humanos, Generalmente comemos lo que mas que nos gusta y nos dejamos llevar por nuestros deseos Independientemente de si aquello que nos gusta es lo mejor para nosotros.



Veamos como funciona esta naturaleza animal para podernos dar una oportunidad de crecer: Deseemos lo que deseemos que sea, es el “pecado de nuestra incapacidad de control de nuestra naturaleza animal” hasta que un día nos enfermamos. Y cuando nos enfermamos entonces controlamos esa naturaleza durante un tiempo. Pero tan pronto como nos hemos recuperado volvemos a caer en la misma tendencia. Y de nuevo nos enfermamos y de nuevo luego los viejos hábitos, los viejos deseos, la insatisfacción y la frustración. En cierto momento INCLUSO Empezamos a Culpar A LOS demás, al ambiente y la comida, en vez de mirar Dentro de Nosotros Mismos para hallar La raíz de esa experiencia. Es así como los sentidos Tienen Influencia sobre la mente, las emociones y el cuerpo. Nos disgustamos Porque no podemos Obtener los deseos que queremos, de la Manera como los queremos, a la hora que la deseamos, o Porque no nos sentó bien haber comido esto o aquello. La mente Empieza a CREAR toda clase de estrategias inteligentes para justificar el deseo de poseer lo que el mas nos gusta. Y así continuamos este ciclo que se vuelve cada vez más y más sofisticado pero que no cambia la naturaleza de Nuestra Raíz.



Tal vez tengamos que repetir el ciclo 100 veces, un millón de veces, hasta que eventualmente algo se despierte y nos frustremos mucho, mucho ... Recuerden que si se acercan a una experiencia cualquiera que sea su naturaleza, ignorante Con una actitud, negativa, sus sentidos van a hacer lo que sea Necesario para que no la observen. Van un verse urgidos a Culpar por ello A Los demás, por negar la experiencia, con excusas pora taparla y reemplazarla por la siguiente cosa que buena aparezca. Y entonces empezamos a desear lo que mas nos guste y de nuevo El proceso comienza una vez mas. Somos tan ciegos, tan ignorantes, que en vez de cambiar y aprender, preferimos cambiar los objetos de la frustración y seguir adelante Siendo Guiados por los sentidos y los deseos. Observen el mundo: tenemos un coche, Y después de un tiempo nos frustramos y compramos otro. Vivimos en una casa que después de un tiempo ya no nos satisface y entonces compramos otra. Nos frustramos con la pareja y entonces nos involucramos con otro hombre u otra mujer. El mismo proceso tiene lugar en todos los Aspectos de la vida: en las relaciones con los demás, con la familia, con tu grupo de trabajo, con tu grupo espiritual y en todas las otras cuestiones ordinarias que conforman el día a día. Nuestros sentidos, nuestro cuerpo, nuestras emociones y la mente, crean ideas Innovadoras y formulan siempre y nuevas estrategias para evitar que despiertes. Este es su papel en el juego y lo juegan de Manera hermosa. Lo Que Es Importante entender, sea lo que sea que hagamos en la vida y que sea iniciado por los sentidos, el cuerpo, la mente y las emociones, al final no nos Llevan sino a la frustración. Esta es la naturaleza de todos los procesos QUE SON GENERADOS por los sentidos.



Pero nuestra naturaleza animal, también Nos da una bella oportunidad con la frustración.



¿Cómo convertimos a la frustración es una oportunidad? ¿Cuál es el mensaje de la frustración?



La frustración nos dice: "Cambia. Para de hacer lo que estas haciendo. Esa manera de vivir no es una buena Manera, párala. "Recuerden que la primera iluminación de la vida viene a Través de nuestra naturaleza animal. Aquellos que saben usar esa frustración, INMEDIATAMENTE cambian. Se convierten en personas Distintas como resultado de su frustración. La frustración, ya sea que Vivamos una o cien veces, viene siempre a traernos el mensaje de qué debemos cambiar. Si queremos Progresar en la vida, si queremos abrazar y Crecer, aprendamos de nuestra frustración recibiéndola POSITIVAMENTE. Seguramente, Después de haber aprendido cómo Adoptar una actitud positiva hacia la frustración y con un poco de observación y Entendimiento, la siguiente vez que llegue la frustración, la vamos a poder Enfrentar POSITIVAMENTE.



La frustración siempre llega con una presión que se Manifiesta INCLUSO en el cuerpo y esta presión nos invita a ir dentro. Esta es una gran oportunidad, Porque Cuando Estamos frustrados, no estamos dispersos como Usualmente lo estamos. La frustración nos Permite estar centrados. Si en el momento en el que llega este intenso sentimiento de frustración logramos escuchar con una actitud positiva, la presión Misma de la frustración tiene la Capacidad de conectarnos A NUESTRA fuente interna, la chispa de la Divinidad que hay Dentro de nosotros.



Aquellos Que Están Conscientes de que toda experiencia es una oportunidad, Utilizan este poderoso momento de inspiración para Deshacerse de la Raíz de su frustración. Transforman poco a poco su naturaleza y los animales interiores se liberan de la Influencia de los sentidos. Y es así como evolucionamos lentamente de nuestra naturaleza animal a ser seres humanos más Conscientes.



Hay muchos ejemplos maravillosos del poder de la transformación un Través de la frustración. Un ejemplo muy bello es la historia del Buda. El rey era un gran Buda en su momento.



¿Recuerdan que le pasó al Gran Buda?



Tuvo una frustración con su vida como Rey. Se dio cuenta de que un Pesar De Todas Las Cosas Que Tenía un su Alrededor, de su hermosa esposa y sus hijos ejemplares y todos los bienes materiales que Cualquier hombre hubiera querido poseer, no era feliz. Se sintió frustrado Profundamente al Tener una vida Basada Únicamente en los sentidos los Cuáles eran Controlados por su naturaleza animal. Sintió el despertar de una frustración y una Decisión tomo muy Importante: decidió escuchar su frustración y se encerró en un cuarto para entender qué era lo que estaba pasando Dentro de sí mismo. Y entendió que había vivido una vida enteramente Basada en la ignorancia. Cuando salió de su cuarto, decidió que no Quería vivir más esa vida. ¿Qué pasó como resultado de la transformación de su frustración? Se convirtió en el Gran Buda. Ha habido millones de Reyes antes y después de él que ya nadie recuerda, y ¿Por qué a él si lo recordamos? Porque utilizo la frustración para Transformarse a si mismo, se liberó de su naturaleza y de los animales, paso a ser un ser humano más consciente.



¿Observaste la belleza de la frustración? La frustración es una Bendición.



La frustración, Las dificultades, las depresiones, son todas similares, todas Tienen el mismo potencial. Están aquí para cambiarnos, para hacernos crecer, para hacernos Divinos, para hacernos Budas. Entonces, cuando nos encontremos con Dificultades, frustración, problemas, dolor, sufrimiento, recuerden que se nos han Dado estas oportunidades, Porque Dios o la Divinidad nos ama. Únicamente almas muy afortunadas experimentan la frustración. Cuantas más Dificultades PODAMOS sobrellevar, más fuertes y Poderosos nos volvemos. Esta es una ley de la naturaleza.



Hay muchas personas en la tierra viviendo como animales muy bellos que nunca experimentan ninguna frustración, no se Enfrentan a Ningún dolor o a Ningún problema. En la vida de los animales, la frustración no existe. Los animales como animales nacen y mueren como animales. Pero nosotros somos humanos y nuestro propósito en la Tierra es el de Evolucionar y Progresar. Tenemos la Capacidad de vivir más que una vida limitada a las Necesidades de nuestra naturaleza animal.



La Vida Es un proceso de evolución muy hermoso. Recordemos que la naturaleza de los animales es inconsciencia e ignorancia, y que está ahí para ayudarnos a Progresar. Es Importante entender que el papel de la ignorancia, la inconsciencia, la frustración y Las dificultades es siempre el de hacernos Progresar y crecer. Aprendamos a Recibir a la frustración y a Las dificultades con todo el positivismo que poseamos. Utilicemos entonces cada una de las oportunidades que nos de la vida para transformarnos, para hacernos más Conscientes, Manifestándonos como la Divinidad que está Dentro de cada uno de nosotros.

SWAMI BRHAMDEV









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TEMA 29: La Vida Divina - Capítulo IX: - El Puro Existente









Uno indivisible que es existencia pura.

Chhandogya Upanishad





Cuando retiramos nuestra mirada fija de sus preocupaciones egoístas con limitados y breves intereses, y contemplamos al mundo con desapasionados y curiosos ojos que sólo buscan la Verdad, nuestro primer resultado es la percepción de una ilimitada energía de existencia infinita, de infinito movimiento , de infinita actividad difundiéndose en el Espacio sin límites, en el Tiempo eterno; una existencia que supera infinitamente nuestro ego o cualquier ego de cualquier colectividad de egos, en cuyo equilibrio los grandiosos productos de eones no son sino el polvo de un momento y en cuya incalculable suma las innumerables miríadas sólo cuentan como un insignificante enjambre. Instintivamente actuamos, sentimos y tejemos nuestros pensamientos vitales como si este estupendo movimiento del mundo trabajase en nuestro derredor, como si fuésemos el centro, y para nuestro beneficio, para nuestra ayuda o para nuestro daño, o como si la justificación de nuestros egoístas anhelos, emociones, ideas, modelos, fueran su propio negocio cuando en realidad, son nuestra propia preocupación principal. Cuando empezamos a ver, percibimos que existe para sí misma, no para nosotros, que tiene sus propios objetivos gigantescos, su idea propia compleja e ilimitada, su propio vasto deseo o deleite, que busca realizar, sus propias normas inmensas y formidables, y mira nuestra insignificancia con una suerte de indulgente e irónica sonrisa. Con todo no nos pasemos al otro extremo y formemos una idea demasiado positiva de nuestra insignificancia. Eso también sería un acto de ignorancia y cerrar nuestros ojos a los grandes hechos del universo.



Pues este ilimitado Movimiento no nos considera sin importancia para él. La Ciencia nos revela cuán minucioso es el cuidado, cuán sagaz es el mecanismo, cuán intensa es la absorción con que se entrega tanto a la ínfima de sus obras como a la máxima. Esta poderosa energía es una madre igual e imparcial, saman Brahma, en el gran término del Gita, y su intensidad y fuerza de movimiento es la misma en la formación y elevación de un sistema de soles que en la organización de la vida de un hormiguero. Es la ilusión del tamaño, de la cantidad, la que nos induce a considerar a uno como grande, al otro como pequeño. Si por el contrario tomamos en consideración no la masa de la cantidad sino la fuerza de la calidad, diremos que la hormiga es mayor que el sistema solar que habita y que el hombre es mas grande que toda la Naturaleza inanimada puesta junta. Pero esto otra vez es la ilusión de la calidad. Cuando miramos detrás y examinamos sólo la intensidad del movimiento, del cual la calidad y la cantidad son aspectos, comprendemos que este Brahman mora por igual en todas las existencias. Por igual participado por todo en su ser, y nos sentimos tentados a decir, por igual distribuido a todos en su energía. Pero esto también es una ilusión de cantidad. El Brahman mora en todos, indivisible, pero como si estuviese dividido y distribuido. Si miramos otra vez con una observadora percepción no dominada por conceptos intelectuales, sino informada por la intuición y y que culmine en el conocimiento por identidad, veremos que nuestra conciencia mental es diferente de la conciencia de esta Energía infinita, la cual es indivisible y da, no una parte igual de sí misma, sino su ser íntegro en un solo y mismo tiempo al sistema solar y al hormiguero. Para el Brahman no hay todo y partes, sino que cada cosa es todo en sí y se beneficia por el todo del Brahman. La calidad y la cantidad difieren, el ser es igual. La forma, manera y resultado de la fuerza de la acción varían infinitamente, pero la energía eterna, primaria e infinita, es la misma en todo. La potencia de la fortaleza que hace al hombre fuerte no es ni una pizca mayor que la potencia de la debilidad que hace al débil. La energía gastada es tan grande en la represión como en la expresión, en la negación como en la afirmación, en el silencio como en el sonido.



Por lo tanto, el primer cálculo que hemos de enmendar es ese, entre este Movimiento infinito, esta energía de la existencia que es el mundo y nosotros mismos. Actualmente llevamos una cuenta falsa. Somos infinitamente importantes para el Todo, pero para nosotros el Todo es insignificante; sólo nosotros somos importantes para nosotros mismos. Este es el signo de la ignorancia original que es la raíz del ego, que sólo puede pensar en sí mismo como centro, como si él fuese el Todo, y de lo que no es él mismo sólo acepta aquello que mentalmente está dispuesto a admitir, aquello a lo que se ve forzado a reconocer por los cambios extremos del entorno. Incluso cuando empieza a filosofar, ¿no afirma que el mundo sólo existe en y por su conciencia? Su propio estado de conciencia o sus modelos mentales son para él la prueba de la realidad; todo lo que esté fuera de su órbita o punto de vista se torna falso o inexistente. Esta auto-suficiencia mental del hombre crea un sistema de falso cómputo que nos impide extraer el valor correcto y pleno de la vida. Existe un sentido en el que estas pretensiones de la mente y el ego humanos reposan sobre una verdad pero esta verdad sólo emerge cuando la mente ha aprendido su ignorancia y el ego se ha sometido al Todo y ha perdido en él su separada auto-afirmación. Reconocer que nosotros, -o más bien los resultados y apariencias que llamamos nosotros mismos-, somos sólo un movimiento parcial de este Movimiento infinito y que es ese infinito el que hemos de conocer, ser conscientemente y realizar fielmente, es el comienzo de la vida verdadera. Reconocer que en nuestros verdaderos seres somos uno con el movimiento total y no menores ni subordinados es el otro lado de la cuenta, y su expresión en la manera de nuestro ser, pensamiento, emoción y acción es necesaria para la culminación de un verdadero o divino vivir.



Para sacar la cuenta hemos de conocer qué es este Todo, esta energía infinita y omnipotente. Y aquí llegamos a una nueva complicación. Pues nos lo afirma la pura razón y parece también que el Vedanta, que, así como somos subordinados y un aspecto de este Movimiento, de igual manera el movimiento es subordinado y un aspecto de algo distinto a sí mismo, de una gran intemporalidad, de Estabilidad inespacial, sthanu, que es inmutable, inextinguible e inagotable, que no actúa aunque contiene toda esta acción, no energía, sino pura existencia. Quienes sólo ven este mundo-energía pueden ciertamente declarar que tal cosa no existe; nuestra idea de una eterna estabilidad, una pura existencia inmutable es una ficción de nuestras concepciones intelectuales que parten desde una falsa idea de lo estable, pues nada hay que sea estable; todo es movimiento y nuestra concepción de lo estable es sólo un artificio de nuestra conciencia mental por la que aseguramos un punto de apoyo para tratar prácticamente con el movimiento. Es fácil demostrar que esto es cierto en el movimiento mismo. Nada hay allí que sea estable. Todo lo que parece ser estacionario es sólo un bloque de movimiento, una formulación de energía que trabaja, afectando de tal modo nuestra conciencia que parece estar quieta, del mismo modo como el planeta nos parece estar quieto; algo así como un tren en el que viajamos que parece estar parado en medio de un paisaje fugaz. ¿Pero es igualmente verdad que subyaciendo a este movimiento, sosteniéndolo, no hay nada que sea inmóvil e inmutable? ¿Es verdad que la existencia sólo consiste en la acción de la energía? ¿O no es más bien, que la energía es un resultado de la Existencia?



Vemos al mismo tiempo que si esa Existencia es como la Energía, debe ser infinita. Ni la razón, ni la experiencia, ni la intuición, ni la imaginación, nos atestiguan la posibilidad de un término final. Todo fin y principio presupone algo más allá del fin o del principio. Un fin absoluto, un principio absoluto, es no sólo una contradicción de términos, sino una contradicción de la esencia de las cosas, una violencia, una ficción. El infinito se impone sobre las apariencias de lo finito por su inextinguible auto-existencia.



Pero esto es infinito con respecto a Tiempo y Espacio, una duración eterna, una extensión interminable. La pura Razón va más allá y, mirando al Tiempo y al Espacio bajo su incolora y austera Luz propia, señala que estas dos son categorías de nuestra conciencia, condiciones bajo las cuales organizamos nuestra percepción del fenómeno. Cuando miramos a la existencia en sí misma, el Tiempo y el Espacio desaparecen. Si existe alguna extensión, no es espacial sino psicológica; y entonces es fácil ver que esta extensión y esta duración sólo son símbolos que representan a la mente algo no traducible en términos intelectuales, una eternidad que nos parece el mismo siempre-nuevo momento omni-contenedor, un infinito que nos parece el omni-penetrante punto omni-contenedor sin magnitud. Y este conflicto de términos tan violento, aunque minuciosamente expresivo de algo que percibimos, demuestra que la mente y el lenguaje traspasaron más allá sus naturales límites y pugnan por expresar una Realidad en la que sus propias convenciones y necesarias oposiciones desaparecen en una identidad inefable.



¿Pero ésta es una observación cierta? ¿No puede ser que el Tiempo y el Espacio de ese modo desaparezcan meramente porque la existencia que estamos contemplando es una ficción del intelecto, un fantástico Nihil creado por el lenguaje, que nosotros pugnamos por erigir en realidad conceptual? Contemplamos otra vez esa Existencia-en-sí-misma y decimos: No. Hay algo detrás del fenómeno no sólo infinito sino indefinible. Podemos decir que en lo Absoluto no hay ningún fenómeno, ninguno de la totalidad de los fenómenos. Incluso si reducimos todos los fenómenos a un solo fenómeno fundamental, universal e irreducible del movimiento o de la energía, obtenemos únicamente un fenómeno indefinible, no lo Absoluto. La concepción misma de movimiento lleva consigo la potencialidad de reposo y se delata como actividad de alguna existencia; la idea misma de la energía en acción lleva consigo la idea de la energía absteniéndose de la acción; y una absoluta energía que no está en acción es existencia simple y puramente Absoluta. Tenemos sólo estas dos alternativas: una pura existencia indefinible o una indefinible energía en acción y, si sólo la última es verdad, sin ninguna causa o base estable, entonces la energía es un resultado y un fenómeno generados por la acción, el movimiento que sólo es. Entonces no tenemos Existencia, o tenemos el Nihil de los budistas con la existencia como solo un atributo de un fenómeno eterno, de la Acción, del Karma, del Movimiento. Esto, -(asevera la pura razón: deja insatisfechas mis percepciones, contradice mi visión fundamental, y por lo tanto no puede ser). Pues nos lleva a un último escalón poniendo un abrupto final de un ascenso que deja toda la escalera sin apoyo, suspendida en el Vacío.



Si esta Existencia indefinible, infinita, intemporal, inespacial Es, necesariamente es un absoluto puro. No puede ser resumida en ninguna cantidad ni cantidades, no puede estar compuesta de ninguna calidad o combinación de calidades. No es un agregado de formas ni un substratum formal de formas. Si todas las formas, cantidades, calidades fueran a desaparecer, Esta permanecería. La Existencia sin cantidad, sin calidad, sin forma es no sólo concebible, sino también la única cosa que podemos concebir detrás de estos fenómenos. Necesariamente, cuando decimos que Es sin ellas, significamos que las excede, que Es algo en lo que pasan de una manera que es como si cesase de ser lo que llamamos forma, calidad, cantidad, y a partir de la Cual, ellas emergen como forma, calidad, cantidad en el movimiento. Ellas no terminan dentro de una forma, una cantidad, una calidad que sería la base de todo lo demás, —pues no hay tal cosa—, sino dentro de algo que no puede definirse con ninguno de estos términos. De ese modo todas las cosas que observamos, son condiciones y apariencias del movimiento, y ocurren dentro de Eso, desde lo que han llegado y allí, en Eso, siguen existiendo, llegando a ser “algo” que ya no podría describirse con los términos que son apropiados para ellas en el movimiento. Por lo tanto, decimos que la pura existencia es un Absoluto y en sí mismo incognoscible por parte de nuestro pensamiento aunque podamos regresar al mismo en una suprema identidad que trascienda los términos del conocimiento. El movimiento, la manifestación, por el contrario, es el campo de lo relativo y aun mediante la definición misma de lo relativo todas las cosas en el movimiento contienen al Absoluto, son contenidas en el Absoluto y son el Absoluto. La relación de los fenómenos de la Naturaleza con el éter fundamental -que es contenido en ellos, los constituye, los contiene y, con todo, es tan diferente de ellos que, entrando en él, ellos cesan de ser lo que ahora son-, es la ilustración dada por el Vedanta como lo que más aproximadamente representa esta identidad en la diferencia entre lo Absoluto y lo relativo.



Necesariamente, cuando hablamos de cosas que pasan dentro de lo que han provenido, estamos usando el lenguaje de nuestra conciencia temporal y debemos precavernos contra sus ilusiones. El emerger del movimiento desde lo Inmutable es un fenómeno eterno y sólo se debe a que no podemos concebirlo en ese sin-inicio, sin-fin, siempre-nuevo momento que es la eternidad de lo Sin-Tiempo, que nuestras nociones y percepciones son obligadas a ubicarlo en una eternidad temporal, de duración sucesiva, a la que se fijan las ideas de un siempre recurrente principio, medio y fin.



Pero todo esto, puede decirse, es sólo válido en la medida que aceptemos los conceptos de la razón pura y permanezcamos sujetos a ella. Mas los conceptos de la razón no tienen fuerza obligatoria. Debemos juzgar la existencia no por lo que mentalmente concebimos, sino por lo que vemos que existe. Y la forma más pura y libre de intuición de la existencia tal como es, no nos muestra nada, salvo movimiento. Dos cosas solas existen: movimiento en el Espacio, movimiento en el Tiempo; el primero objetivo, el último subjetivo. La extensión es real; la duración es real; Espacio y Tiempo son reales. Aunque podamos mirar detrás de la extensión en el Espacio, -(y percibirlo como un fenómeno psicológico, como un intento de la mente para tornar manipulable la existencia, distribuyendo el indivisible todo en un Espacio conceptua)l-, aún no podemos ir detrás del movimiento de la sucesión y cambio del Tiempo. Pues esa es la materia misma de nuestra conciencia. Nosotros somos y el mundo es un movimiento que continuamente progresa y aumenta por la inclusión de todas las sucesiones del pasado en un presente que se representa ante nosotros como el principio de todas las sucesiones del futuro, -un principio, un presente que siempre nos elude porque no es, pues ha perecido antes de nacer-. Lo que es, es la eterna, indivisible sucesión del Tiempo, llevando en su corriente un progresivo movimiento de la conciencia también indivisible . La duración, pues, -el movimiento eternamente sucesivo y el cambio en el Tiempo-, es el único absoluto. El devenir es el único ser.



En realidad, esta oposición de la introspección intuitiva real del ser con las ficciones conceptuales de la pura Razón es una falacia. Si en verdad la intuición en esta materia se opusiese realmente a la inteligencia, no podríamos con confianza sostener un razonamiento meramente conceptual contra la fundamental introspección intuitiva. Mas esta apelación a la experiencia intuitiva es incompleta. Es sólo válida en la medida en que prosigue, y yerra al detenerse de repente cortando la experiencia integral. En la medida en que la intuición se establece sólo sobre lo que nos acontece, nos vemos como una progresión continua de movimiento y cambio de la conciencia en la eterna sucesión del Tiempo. Somos el río, la llama de la ilustración budista. Más existe una experiencia suprema y una intuición suprema por la que miramos por detrás de nuestro yo superficial y descubrimos que este devenir, mutación, sucesión, son sólo un modo de nuestro ser y que en nosotros existe aquello que no está de ningún modo envuelto en el devenir. No sólo podemos tener la intuición de esto que es estable y eterno en nosotros; no sólo podemos vislumbrarlo en la experiencia detrás del velo de los continuamente fugaces acontecimientos, sino que también podemos retrotraernos a Eso y vivir en Eso enteramente, efectuando de ese modo un cambio íntegro en nuestra vida externa, y en nuestra actitud, y en nuestra acción sobre el movimiento del mundo. Y esta estabilidad, en la que podemos vivir de esa manera, es precisamente la que ya nos dio la Razón pura, aunque puede llegarse a ella sin razonar para nada, sin saber previamente qué es, -es pura existencia, eterna, infinita, indefinible, no afectada por la sucesión del Tiempo, no envuelta en la extensión del Espacio, más allá de la forma, de la cantidad, de la calidad-, Ser-en-sí único y absoluto.



Entonces el puro existente es un hecho y no un mero concepto; es la realidad fundamental. Pero, apresurémonos a añadir, el movimiento, la energía, el devenir, son también un hecho, también una realidad. La intuición suprema y su correspondiente experiencia pueden corregir esta otra realidad, pueden ir más allá, pueden suspenderla pero no abolirla. Por lo tanto, tenemos dos hechos fundamentales de la existencia pura y del mundo-existencia, un hecho del Ser, un hecho del Devenir. Es fácil negar uno u otro; reconocer los hechos de la conciencia y averiguar su relación es la sabiduría verdadera y provechosa.



La estabilidad y el movimiento, debemos recordarlo, son sólo nuestras representaciones psicológicas del Absoluto, tal como son unidad y multitud. El Absoluto está más allá de la estabilidad y del movimiento pues está más allá de la unidad y la multiplicidad. Pero funda su eterno equilibrio en el uno y en lo estable, y gira en torno de sí mismo, infinitamente, inconcebiblemente, pleno de seguridad en lo móvil y multitudinario. El mundo-existencia es la danza extática de Shiva que multiplica el cuerpo del Dios innumerablemente ante la visión: deja esa blanca existencia precisamente donde estaba y como era, siempre es y siempre será; su único objeto absoluto es la dicha de bailar.



Mas como no podemos describir ni pensar en el Absoluto en sí mismo, más allá de la estabilidad y el movimiento, más allá de la unidad y la multitud, —y ese no es asunto nuestro— debemos aceptar el hecho doble, admitir a ambos, a Shiva y a Kali , y procurar saber qué es este inmedible Movimiento en el Tiempo y el Espacio, con respecto a esa pura Existencia, intemporal e inespacial, única y estable, a la que son inaplicables la medida y la ausencia-de-medida. Hemos visto lo que la Razón pura, la intuición y la experiencia tienen que decir acerca de la Existencia pura, acerca de Sat; ¿Qué tienen que decir acerca de la Fuerza, acerca del Movimiento, acerca de Shakti?



Y lo primero que tenemos que preguntarnos es si esa Fuerza es simplemente fuerza, simplemente una ininteligente energía del movimiento o si la conciencia que parece emerger fuera, en este mundo material en el que vivimos, no es meramente uno de sus resultados fenoménicos sino más bien su propia naturaleza verdadera y secreta. En términos Vedánticos, ¿la Fuerza es simplemente Prakriti, solamente un movimiento de acción y proceso, o Prakriti es realmente el poder de Chit, en su fuerza natural de auto-conciencia creativa? Todo lo demás gira en torno a este problema esencial.





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- D O C U M E N T O S -



DOCUMENTO I: « ENTREVISTA A SRI AMAL KIRAN »









A finales de Agosto de 1989, el escritor Bel Atreides y Sujata dos colaboradores del Matrimandir tuvieron la suerte de conocer a Sri Amal Kiran, uno de los discípulos más antiguos de Sri Aurobindo y uno de los intelectuales más valiosos de la India. Sri Amal Kiran ha escrito sobre los orígenes del pueblo Ario, sobre la historia de Israel, la filosofía de la ciencia, la civilización india, ha compuesto inteligentes ensayos sobre Shakespeare y Mallarmé, se ha dicho de él que era el comentarista político más brillante de la India, pero es sin duda su propia obra poética y la profunda comprensión de la poesía de Sri Aurobindo revelada en muchos de sus libros lo que más estima este gran autor. Esta entrevista fue publicada entre los meses de Enero y Abril de 1990 en el Matrimandir, en el presente volumen la acompañan diversos textos de Sri Amal Kiran que ilustran y completan algunos de los aspectos sugeridos por él en el curso de la conversación.



BEL ATREIDES: Muchas gracias por recibirnos de nuevo.



AMAL KIRAN: Gracias a vosotros por volver.



BEL: He leído tu libro Overhead Poetry (K.D. Sethna (Amal Kiran), Overhead Poetry, Pondicherry 1972. Se trata de un libro apasionante que recoge un nutrido grupo de poemas de Sethna (el nombre ‘oficial’ del autor antes de que la Madre le diese el de Amal Kiran, que significa Rayo de Claridad) con las correcciones hechas por Sri Aurobindo y la explicación de la fuente de inspiración y plano sutil a los que pertenece cada una de las piezas. Constituye una excelente presentación del carácter y objetivos de este nuevo modo de hacer poesía cuya característica esencial, tal como decía el propio Sethna en una entrevista un año más tarde es la sensación de vastedad)...



AMAL.K: ¿Sí?



BEL: ...y me ha parecido muy, muy interesante. Estoy seguro de que quien lea atentamente tu obra hallará sin duda respuestas a muchos de los interrogantes que los críticos se plantean acerca de la inspiración y...



AMAL.K: ¡Sí, sí, con seguridad! Verás, Sri Aurobindo veía la poesía muy relacionada con los diferentes planos de consciencia... y, si puedes sentir el ritmo del verso y hacer que sea parte del flujo de tu sangre, te harás sensible a las diferencias entre los planos y entenderás algo del carácter esencial de esos planos. Es una buena manera de entrar en la vida espiritual a través de la consciencia estática... y las diferencias sutiles entre plano y plano, esto es importante saber sentirlo. Porque se puede escribir poesía desde cada uno de los planos y, si eres capaz de activar un plano encima de la mente o detrás de la mente, tu poder de expresión se perfeccionará. Sri Aurobindo mismo reescribió Savitri doce veces...



BEL: ¡¿Doce veces?!



AMAL.K: Sí, cerca de doce veces. Y no porque cualquiera de esas versiones fuese de inferior calidad, sino porque alcanzaba cada vez planos de espiritualidad más altos y quería crear desde cada uno de ellos. Así, por ejemplo, hay un verso que recuerdo: “Unseen because too brilliant for our sight” (“No visto por ser demasiado brillante para nuestra visión”). Demasiado brillante y por ello no puedes ver a su través... ni siquiera soportarlo. Como verso, es una buena creación mental... Sri Aurobindo la cambió por:”Veiled by the ray no mortal eye can bear ” (“Velado por el rayo, no podía soportarlo ojo mortal”, Savitri pg. 57). Como ves, de golpe cambia toda la atmósfera, cambia el plano, cambia la visión y la experiencia espiritual que comunica es completamente distinta. El otro verso es de una fina expresión intelectual... “Unseen because too brilliant for our sight”. Pero ahora piensa en la otra: “Veiled by the ray no mortal I can bear”... Hay una gran diferencia... Y así fue elevando el nivel de la poesía cerca de doce veces y, si hubiera seguido ascendiendo, creo que habría reescrito Savitri aun otra vez.



BEL: ¿Cuál es el plano de consciencia que se expresa a sí mismo a través de la última versión de Savitri?



AMAL.K: Verás, en el conjunto Sri Aurobindo dice que hay un predominio de la atmósfera Sobremental, que se concentra y se vuelve especialmente intensa en algunos pasajes. No hay nada puramente mental. Hay siempre una mezcla de algún tipo de mente interior o ser psíquico o algo así. Porque quería expresar los planos de consciencia que no habían sido trabajados hasta ahora en un amplio grado. Hay algunos pasajes en los que la Sobremente emerge de una forma clara; como, por ejemplo, toda la descripción de Savitri, más de setenta y cinco versos. Todo esto parece estar escrito por la pura Sobremente y tiene lo que podríamos llamar un efecto mántrico.



Ya te he hablado de esta clase de inspiración... no sé si te lo conté la última vez o no. Verás, yo había adquirido el hábito de salir de mi cuerpo, lo que era algo realmente maravilloso. Sales del cuerpo y te dedicas a explorar diferentes clases de mundos70. ¿Ya te lo he contado?



BEL: No.



SUJATA: No, yo quería que les explicaras algo de tus experiencias tanto en este terreno como en el de tu relación con la Madre.



AMAL.K: Bien, cuando sales te encuentras en una dimensión completamente distinta. Hay cosas ahí y gente... toda clase de... quiero decir, todo un mundo. Y diferente de este mundo. Y hay cosas llenas de belleza ahí que no puedes encontrar aquí y es tan bonito, tan hermoso en color, en ritmo y en líneas... ¿Has visto, por ejemplo, el mar de Pondicherry? Es un mar precioso. Pero si vieses la contraparte física sutil de este mar... ¡qué cosa tan maravillosa es ésa!, ¿sabes?. Y los rayos sobre la superficie y las olas y sus colores, y el espacio a su alrededor... es algo mágico. El mar más hermoso que puedan imaginar los poetas es allí una realidad. Ahora bien, cuando sales de tu cuerpo te hallas en una región o mundo que no te resulta familiar y la gente allí es estupenda, gente hermosa, pero ninguno de ellos tiene lo que nosotros llamamos un alma. Son seres vivientes, se parecen a los seres humanos pero carecen de lo que llamamos ser psíquico o alma, porque el alma es algo que tiene que ver con la evolución, no pertenece a los mundos-tipo. En esos mundos no hay evolución, hay sólo organización y combinación de unos mismos valores. Sí, son mundos muy hermosos, pero no existe en ellos el toque psíquico, que viene directamente del Supremo. Sus habitantes viven para gozar del poder y el placer, y el que alguien se introduzca en su reino, naturalmente, no siempre les gusta. Porque, por ejemplo, puedes entrar en sus casas, ¿sabes?, abres las puertas, pasas adentro y miras por todas partes... De modo que a veces se molestan. Bien, recuerdo un día que estaba explorando uno de esos mundos, pasándomelo bien, por supuesto, y de repente algo me atacó por la espalda. Sentí como si me quebraran y caí de golpe en mi cuerpo, y cuando recuperé la consciencia tenía una sensación tan intensa de enfermedad... sentía como si se me hubiese roto la columna vertebral. Me preguntaba qué era lo que debía hacer. Porque si llamaba al doctor para que me examinase la espalda, me diría con toda seguridad que estaba bien, que todas las vértebras estaban en su sitio. ¿Cómo iba a entender él lo que me había ocurrido y que había algo roto en alguna parte? Entonces me acordé de un pasaje de Savitri, lo que Savitri es... es puro mantra... Así, en soledad, empecé a recitarlo y cuando llegué al verso “For even her gulfs were secrecies of light” (“Pues aun sus simas eran secretos de luz”, Savitri pg. 16) me sentí absolutamente curado, otra vez entero. Y es porque Savitri tiene poder, incluso físico sutil. Si tu mente está deprimida o tu cuerpo se siente falto de energía o hay algún sentimiento en ti que no consigues analizar, algo que está mal... algo está mal... si lees ciertos pasajes de Savitri te curarás. Hay un poder en la poesía, la poesía tiene poder en cada plano. Cuando los planos superiores se han vuelto activos, la poesía es una fuerza verdaderamente formativa e iluminadora.



BEL: ¿Es posible encontrarse con otros seres humanos en esos planos?



AMAL.K: No lo sé, no me he encontrado nunca con ningún otro ser humano en ellos. Esos planos están ocupados por seres no humanos, pero con seguridad otros seres humanos van... yo lo hacía. Así que otros también deben de hacerlo.



BEL: Pero...¿son mundos objetivos?



AMAL.K: Por supuesto, son objetivos. Puedes tocar las cosas tal como las tocas aquí. Es una sensación distinta acorde con la experiencia de esos mundos. Encuentras habitaciones, encuentras muebles, encuentras mares, encuentras árboles, todas estas cosas. Y hay cosas allí que todavía no han descendido hasta nosotros. Verás, cuando la gente inventa, saca muchas veces la inspiración de esos planos... habitualmente sus ideas provienen de ahí, ¿sabes?. Y es tan fascinante explorar todos esos mundos... pero su exploración no es indispensable para la vida espiritual. Por ejemplo, después de la experiencia que te he contado, le escribí una carta a la Madre. En ese tiempo vivía yo en Bombay. Cuando estás aquí hay una mayor protección, pero allí la protección, aunque por supuesto existe, no es tan objetiva. Así que le escribí preguntándole si este tipo de experiencias era necesario para la vida espiritual. Respondió: no, si aparecen en el curso de la vida espiritual, está bien; pero si las buscas porque las encuentras divertidas, bien, eso no es siempre aconsejable porque entras en mundos no humanos y no tienes suficiente protección. Si eres un ser muy poderoso o si eres un ser de extrema pureza, automáticamente, la tienes; de otro modo, estás expuesto a toda clase de peligros. Pero es algo verdaderamente, fascinante. Encuentras seres extraños, diferentes modos de vivir y tantas cosas que no han descendido aún hasta nosotros... yo he visto tantas... floreros, por ejemplo. Había algunos de una forma que todavía no he visto aquí... una forma muy peculiar. Y relojes también... de muy diferente tipo... todas las invenciones vienen de allí. En el mismo Savitri, si lees el canto de los Mundos de la Materia Sutil, puedes hacerte una idea de todo esto, de todas las ideas e invenciones que vienen de allí.



BEL: ¿Existe una inspiración poética propia de esos mundos?



AMAL.K: ¡Oh!, yo he visto libros por ahí... de eso estoy seguro. Porque recuerdo que cuando estaba investigando sobre unos sonetos de Shakespeare -he escrito todo un libro sobre esta materia (K.D.Sethna “Two Loves” and “A Worthier Pen” -The Enigmas of Shakespeare’s Sonnets, New Delhi 1984.) - me hallaba tan metido en el tema que mientras dormía acostumbraba a ir a ciertas bibliotecas, leía libros y cosas parecidas. Así, que estoy seguro de que hay ahí todas esas cosas, y poesía también... aunque no he entrado en contacto directo con ella.



BEL: ¿Toda poesía tiene poder mántrico o sólo la poesía Sobremental?



AMAL.K: Por supuesto, la poesía Sobremental es la que tiene mayor poder, pero en toda poesía hay algo puramente espiritual... si la poesía es perfecta en expresión y tiene una verdadera substancia intuitiva, en ese caso, tiene poder. Seguro. La buena poesía de cualquier tipo tiene poder para cambiar todo tu ser. Alguien dijo: ¿Cuál es el propósito de la poesía, cuál es su poder? La poesía no puede salvar el alma, pero puede hacer el alma digna de ser salvada. Tiene un cierto poder sutil para refinar a todo el ser. Pero la poesía debe convertirse en algo vivo en ti, sólo entonces puede actuar realmente. Tienes que entrar en su verdadera atmósfera, tocar el auténtico manantial del que surge. Cuando logras hacer eso, sientes como si fueras tú quien acaba de componer el poema.



BEL: Pero...¿cómo puedes conocer ese origen?



AMAL.K: Por la respuesta de tu ser...No, la fuente no es tan fácil de conocer a menos que tengas una gran experiencia de los diversos niveles y sus diferencias, pero algo de ese origen puedes llegar a sentirlo... y cómo el poema ha nacido y cómo se han trabado sus diferentes partes... todo eso puedes sentirlo. Para esto tienes que vivir con la poesía, tiene que fluir en tu sangre y convertirse en un modo de vida.



¿Qué más?



BEL: ¡Son tantas cosas!



...



SUJATA: Habla de tu colaboración con la Madre en poesía.



AMAL.K: Bien, la Madre no trabajó conmigo en poesía... Sri Aurobindo sí.



SUJATA: Habla de esto entonces.



AMAL.K: Cuando quería escribir lo que Sri Aurobindo ha llamado la poesía sobremental, le mandé una nota pidiéndole que me enviase cuatro versos de manufactura puramente sobremental. Dame cuatro versos, le dije. Él respondió: ‘¡Cielo Santo!, ¿cómo puedo hacer esto?’ Entonces yo repuse: bueno, estoy seguro de que si hay una persona en el mundo que pueda hacerlo, ése eres tú; así que por qué no lo intentas. Él dijo: ‘Cielos, yo no puedo hacer lo que me pides por encargo, pero te daré unos versos a ver si eres capaz de encontrar en ellos algo sobremental’. Entonces es cuando empezó a pasarme su Savitri. Cada noche o cada madrugada, acostumbraba a copiar un pasaje de su obra y me lo enviaba por la mañana. Nolini (Nolini Kanta Gupta (1889-1984), compañero de Sri Aurobindo durante su lucha política en Bengala y su primer discípulo en Pondicherry. Fue su secretario y, cuando Sri Aurobindo dejó su cuerpo, sirvió en esta labor a la Madre) solía traerme el sobre. Entonces, yo pasaba los versos a máquina, hacía mis anotaciones, escribía algunas preguntas y se lo devolvía. Al día siguiente, otro pasaje llegaba junto con las respuestas a las preguntas planteadas por mí. Pero me dijo que no debía hablarle a nadie sobre esto. Se suponía que era nuestro gran secreto. Sin embargo, yo estaba seguro de que Nolini sospechaba algo, porque traía el sobre cada mañana y tuvo que haber visto a la Madre cogiendo la hoja y poniéndola dentro y sellando el sobre. Así, cada mañana, cuando traía el sobre, acostumbraba a esperar unos segundos más de lo que hubiera tardado en entregar una carta corriente. Entregaba la carta, se quedaba de pie a ver si yo hacía algo con ella... y yo disimulaba como si se tratase de la cosa más banal. Y cada día, cada día, hacía lo mismo. De modo que al cabo de un mes le escribí a Sri Aurobindo diciéndole que estaba seguro de que Nolini iba a preguntarme algo uno de aquellos días: ¿Qué debía responderle yo? Entonces, Sri Aurobindo me contestó diciéndome únicamente: ‘Espero que no pregunte’. Al cabo de unos días, su curiosidad volvía a ser tan patente y era tan evidente que me preguntaría ese mismo día o al siguiente, que volví a escribir a Sri Aurobindo: Ahora va a preguntarme, así que, por favor, dime sí o no y no me digas que esperas que no pregunte. Entonces contestó: ‘Sí, pero dile que guarde el secreto’. Así, al día siguiente, le dije a Nolini: ‘Ven, acompáñame adentro. Esto es Savitri. Sri Aurobindo me lo está enviando y le pregunté si podía enseñártelo. Dijo que sí, de modo que te lo enseño’. Y él estuvo muy feliz. ¡Y mantuvimos el secreto durante diez años! Sólo en 1948, cuando se publicó mi libro La Inspiración Poética de Sri Aurobindo (K.D. Sethna, The Poetic Genius of Sri Aurobindo, Pondicherry 1947), puse algo del Savitri. Todo el último capítulo trata sobre la nueva inspiración, así que le pregunté a Sri Aurobindo si podía incluir algunos de sus versos y publicarlos. Dijo ‘sí’. De modo que la primera vez que vieron la luz fue en mi libro. Para entonces Savitri había cambiado tanto, ¿sabes? Se había convertido en un poema enorme y Sri Aurobindo me escribió diciéndome que se había extendido tanto que apenas sería yo capaz de reconocerlo. Entonces me envió la nueva versión del Primer Canto del Libro Primero. La verdad es que a mí no me gustó demasiado. Estaba tan acostumbrado al antiguo comienzo de la aurora surgiendo ya en los primeros versos... Ahora había una larga descripción de la noche, mucho simbolismo. Le escribí que no sentía una gran atracción por estos versos y me respondió que era porque no estaba acostumbrado a ellos, que cuando me familiarizara con ellos me gustarían. Pero incluso ahora existe una gran incomprensión acerca de lo que Sri Aurobindo describe en ellos. Muchas personas creen que son una descripción del comienzo del mundo.



BEL: Así lo parece.



AMAL.K: Pero no es verdad. Lo que realmente se describe en ellos es la noche antes de la aurora del día en que Satyavan debe morir. Es una noche física. Pero a través de esa noche física se ve algo que puede remontarse al origen del universo. La noche física es, así, como una ventana. Y se convierte en un símbolo. Tal como hay un símbolo Aurora, existe también un símbolo Noche. Él mismo utiliza la palabra símbolo, y así es como debe ser entendido.



BEL: Pero cada aurora es, en realidad, una nueva creación.



AMAL.K: Sí, cierto, cada día es una nueva creación…



BEL: Sí.



AMAL.K: Eso es verdad. Mira, todos los recuerdos del pasado son borrados, y es como si cada día empezara una nueva aventura. Eso es completamente verdad. Porque la noche acaba con muchas cosas. Incluso experiencias... muchas cosas que realizamos por la noche o que nos damos cuenta de ellas por la mañana se han perdido y nos despertamos totalmente en blanco. Pero si podemos llevar nuestra aspiración al sueño, en cierto modo, el sueño y la noche se convierten en vínculos en la vía de la sadhana. Pero si no podemos hacerlo perfectamente, siempre se pierde algo. En el Rig Veda, por ejemplo, a los habitantes de la oscuridad se les llama los panis, son los ladrones, ¿sabes?, son los que provocan la inconsciencia y debemos guardarnos de ellos; Sri Aurobindo, en Savitri, ha escrito sobre ellos. Ladrones, ahí se usa la palabra ladrones. Pani, ciertamente, quiere decir esto...



...



BEL: En tu libro, hablas de los versos como de algo individualizado.



AMAL.K: ¿Hmm?



BEL: Hablas de los versos como de algo con individualidad propia, algo vivo.



AMAL.K: ¿Qué versos?



BEL: No, los versos en general. Como si cada uno de ellos tuviese personalidad propia.



AMAL.K: ¿Quieres decir que los percibes de este modo? Bien, en cierto sentido están vivos. Se trata de que sean portadores de una cierta fuerza espiritual. Unos versos son mejores que otros, con seguridad. La poesía acostumbra a venir de un modo extraño. En los viejos tiempos, venía a fragmentos, ¿sabes? A veces yo recibía lo que luego habría de ser el final y tenía que remontarme desde él hasta el principio. Esto no ocurrió, sin embargo, en mi libro La Aventura del Apocalipsis (K.D.Sethna, The Adventure of Apocalypse, Bombay 1949). Empezó por el principio y se desarrolló hacia su final. Ésta fue la máxima experiencia poética que he tenido nunca. El libro está ahora agotado. Se llama La Aventura del Apocalipsis. Todo él constituyó una experiencia muy poderosa. ¿Sabes?, yo tenía problemas de corazón, y estaba hundiéndome y hundiéndome y hundiéndome muy profundamente y pensaba que iba a morir. Llamaba a Sri Aurobindo y a la Madre pidiéndoles que me sostuvieran, pero aun así la cosa iba tomando cada vez un cariz más grave. De modo que llamé a mi mujer y a mi madre y les dije que no había modo de curarme, que me iba... algo así. Un médico fue llamado y recibí una inyección de morfina y atropina.



Entonces, algo curioso ocurrió: sentí que todo el universo era el Divino, todo era divino, las sillas y las mesas... todo... yo me levantaba y me postraba delante de mi silla de trabajo y cosas por el estilo.



(Risas)



AMAL.K: Sí, sí, toda la experiencia era así. Todo esto abrió el acceso a alguna región profunda. Y, por la noche, con los ojos cerrados podía ver cosas, ¿sabes? Y la poesía empezó a venir. Tenía unos fascículos de Savitri junto a mi cama, que leía cuando me iba a dormir. Entonces, de repente, los versos empezaron a venir. En los tiempos antiguos, la gente decía (de los poetas): ‘Videntes y oyentes de la Palabra de la Verdad’, ¿sabes? El ‘ver’ y no sólo el ‘oír’... algo así: los versos estaban ahí y yo podía verlos, eran míos y no eran míos porque estaban ahí, frente a mí. Muchos de ellos se presentaban ante mí de este modo. Yo me levantaba y, en la oscuridad, los anotaba en el reverso en blanco de las hojas de Savitri. Anotaba lo que podía recordar. Y otra vez me sumergía (en aquel estado de consciencia). Y otra vez me levantaba. Y toda la noche transcurría de este modo. Cada día un tipo nuevo de inspiración se presentaba. Y el doctor me había dicho: ‘Tienes un problema grave en tu corazón. Así que no te permito ni siquiera que levantes la cabeza de la almohada’. En lugar de obedecerle, pasaba el día sentado... y luego la intensidad de las noches. Era todo lo opuesto a lo que como paciente debía hacer. Pasaba los días sentado o levantado y en un gran estado de excitación. Pero yo sentía que esa excitación tenía un efecto curativo sobre mí... porque venía de lo más profundo de mí y de lo más alto. Cada día era así. Y el doctor venía cada mañana a examinarme y me decía: ‘Sí, ha habido una mejoría, te portas muy bien, eres un chico estupendo’. Mientras duró mi enfermedad no observé ni una sola de las reglas médicas. Cuando la poesía venía, estaba en un estado de excitación intensísimo y me ponía a escribir y a escribir... ¡todo el día! Y todo me provocaba la inspiración. Leía un periódico y cualquier cosa provocaba en mí la composición de un poema, mi abuelo entraba en la habitación para ver como estaba y decía algo y eso era el comienzo de un nuevo poema. Este estado de excitación duró tres meses.



BEL: ¡Tres meses!



AMAL.K: Sí, algo así. Sí, era la estación más calurosa de Bombay. Yo vivía en Bombay en ese tiempo. Y toda esa estación, terriblemente calurosa, me pareció una bendición, sentía una tal felicidad, una apertura tan grande... fueron los tres meses más apasionantes de mi vida. Sí. Cada día enviaba mis composiciones a la Madre y a Sri Aurobindo, y la Madre me escribió y yo le contesté diciéndole que no estaba siguiendo ninguna regla médica sino todo lo contrario, lo extremamente opuesto, y aún así me estaba poniendo bien. Y ella me escribió: ‘Mi querido hijo, me alegro de que tengas fe en un Poder superior al poder de los médicos y que puede llevarte a través y a pesar de todos los sucesos catastróficos. Conserva esta fe y todo irá perfectamente’... algo así.



BEL: Cuando escribes sobre historia india o estudios poéticos, ¿escribes con la misma inspiración o desde otro nivel de consciencia?



AMAL.K: Algún tipo de inspiración hay, por supuesto, también hay otro nivel, el nivel analítico está ahí en operación…



BEL: ¿Te refieres a estudios literarios?



AMAL.K: Sí, el nivel analítico, pero también hay inspiración. Todo lo que escribo o que he escrito en el pasado ha sido interiormente dedicado a Sri Aurobindo... Y puede no concernir de ningún modo a la espiritualidad -yo estoy interesado en cientos de cosas, ciencia, filosofía, historia y todo esto- pero siempre hay esa dedicación interior a Sri Aurobindo. Y cuando Sri Aurobindo dejó su cuerpo, me sentí verdaderamente, verdaderamente, bloqueado. Me decía, ¿qué haré yo ahora?, ¿a quién le dedicaré lo que escriba?, ¿cómo voy a escribir siquiera?, ¿cómo conseguiré su ayuda? De modo que alguien le dijo a la Madre que yo me sentía de esta forma y el primer día que la Madre se encontró con todos nosotros cogió mi mano y me dijo: ‘Nada ha cambiado. Pide ayuda a Sri Aurobindo y la ayuda llegará como antes. Nada ha cambiado’. Entonces eso me dio ánimos... ¡estaba tan descorazonado por la partida de Sri Aurobindo! Y cuando me encontré con la Madre -me encontré con ella antes de partir para Bombay, donde dirigía la revista Mother India- le dije: Ahora miles de personas querrán una explicación mía de lo que ha ocurrido. ¿Qué ha ocurrido? La Madre respondió: ‘Está perfectamente claro para mí, pero no voy a decírtelo, deberás hallarlo por ti mismo’. Yo dije entonces: De acuerdo Madre, pero dame el poder para descubrirlo por mí mismo. Ella puso entonces la mano sobre mi cabeza. Yo partí para Bombay. Y me sentí desvalido al principio, sin vida, por la partida de Sri Aurobindo. Y no dejaba de decirme: ¿qué debo hacer ahora, qué debo escribir? Y le llamé diciéndole: Si no puedo escribir la verdad de lo ocurrido, todo lo que he escrito anteriormente es inútil. Si no puedo escribir realmente la verdad de lo que ha ocurrido, no me importará no volver a escribir nada en toda mi vida. Éste fue el reto que le lancé a Sri Aurobindo. Entonces, al cabo de quince días, algo empezó a llegar y escribí lo que me dictaba mi inspiración y se lo mandé a la Madre. Recibí, poco después, un telegrama de Nolini: ‘La Madre encuentra tu artículo admirable. Nada que cambiar (Se trata del artículo titulado El Tránsito de Sri Aurobindo, su Significación Interior y Consecuencia’ incluido en el presente volumen. La Madre halló este artículo excelente y ordenó 15.000 copias del mismo en forma de fascículo)’. Supe luego que le había dicho a un colaborador mío que mi artículo era excelente, con probabilidad el mejor que había escrito nunca. Cuando me enteré de esto, dije: Es verdad, nada ha cambiado. Sri Aurobindo está ahí y puedo llamarle y puedo pedir su ayuda. Y esa ayuda me ha estado llegando hasta el día de hoy. Y cuando me hallo frente a un problema, cuando llego ante un obstáculo insalvable, por la noche, antes de irme a dormir, llamo a Sri Aurobindo: Mira, esto constituye un problema para mí ahora, por favor resuélvemelo. Y siempre, siempre, al día siguiente o al cabo de un par de días, encuentro la respuesta adecuada. Abro un libro y hallo una frase que me coloca en la línea de pensamiento correcta o algo me viene a la mente...siempre así. Y realmente, realmente, él me ha seguido ayudando como en el pasado. De modo que no puede decirse que se haya ido. Al fin y al cabo, nosotros le veíamos tres o cuatro veces al año. No teníamos con él el contacto que teníamos con la Madre. Por supuesto, estaban las cartas, que en ocasiones llegaban hasta tres veces al día. Todo eso se acabó, pero el contacto interior persiste, y su presencia está ahí.



BEL: ¿Cuál es esa explicación que encontraste...?



AMAL.K: ¿Para qué?



BEL: Para la muerte de Sri Aurobindo... lo que escribiste en tu artículo.



AMAL.K: Verás, había un gran obstáculo en el camino y ese obstáculo no podía ser apartado a menos que ese cuerpo, que iba a ser divinizado, lo absorbiese. Y, absorbiéndolo, no podía sino sacrificarse. Sí, fue un sacrificio. Como si todo un mundo de obscuridad fuese tomado por ese cuerpo. Y un cuerpo que no estaba destinado a morir moriría. ¿Ves? Fue un incidente muy importante... parecido a esto. Y este sacrificio apartó definitivamente la obstrucción. Y la Madre me dijo, tiempo después, que en el momento en que Sri Aurobindo dejó su cuerpo, lo que él llamaba la Mente de Luz se realizó en ella. Así, ¿ves?, hubo un resultado inicial concreto, un avance, un salto, como consecuencia de dejar su cuerpo. La Mente de Luz estaba siendo formada de un modo lento y esporádico, algo venía y algo se iba... una y otra vez. Pero, al irse él, la Mente de Luz se estableció en la Madre. Y ¿qué es la Mente de Luz? La Madre decía que es la Mente física recibiendo la Luz Supramental. Yo escribí un poema sobre la Mente de Luz tal como la entendía. Y cuando le mostré el poema a la Madre, me dijo: ‘Los dos primeros versos son revelación absoluta. Esto es exactamente lo que ha ocurrido. El resto es una construcción rica e imaginativa, pero los dos primeros versos son pura revelación y mantra’. Aquellos dos versos eran: “El núcleo de un Sol Inmortal es ahora el cerebro y cada célula gris estalla en oro omnisciente (Cf. ADDENDUM II)”.



Ella dijo que esto era exactamente lo que había ocurrido. Esto es la Mente de Luz. Y para hacerla descender y establecerla en la Madre, en su consciencia, Sri Aurobindo se marchó. Éste es el secreto de su partida. Tuvo que hacerlo aprisa, como si dijéramos. Así es como lo expliqué en el artículo de aquel tiempo, aunque la Mente de Luz no se menciona en él porque yo no sabía nada de ella entonces. Pero todo lo demás está ahí y el artículo se llama El Tránsito de Sri Aurobindo, su Significación Interior y Consecuencia.



BEL: ¿Lo publicaste en Mother India?



AMAL.K: Sí, apareció en Mother India y posteriormente fue incluido en un libro mío que titulé El Espíritu Indio y el Futuro del Mundo, una colección de todos mis editoriales de Mother India que no tenían que ver con la política. Puede que todavía esté a la venta, no lo sé, hace muchos años que salió. Los artículos políticos no se han publicado todavía. Y estos artículos políticos tienen su importancia porque muestran cuál era el punto de vista de Sri Aurobindo respecto a los problemas nacionales e internacionales durante el período de un año y medio antes de que se marchase. Antes de que se marchase, Mother India había sido publicada durante un año y medio, era quincenal en ese tiempo. Los editoriales debían ser enviados desde Bombay a Pondicherry -yo trabajaba en Bombay por aquel entonces- y le eran leídos a Sri Aurobindo. Un telegrama llegaba:”Aprobado”. Sólo entonces el editorial podía aparecer. Si decía “No aprobado”, el editorial no aparecía. Existían estas dos categorías, “Aprobado” quería decir que su propio punto de vista había sido expresado. Así, todos los editoriales debían ser aprobados. Yo escribía lo que quería y del modo que quería porque luego los artículos le eran enviados a él. La Madre siempre veía los artículos antes de que apareciesen. Recuerdo que escribí un artículo sobre la China roja (The Folly of Recognising Red China (La Locura de Reconocer a la China Roja), Mother India, Octubre de 1949) . La Madre lo leyó y dijo que era muy violento, preguntó a Sri Aurobindo si lo aprobaba. Él dijo que sí.



...



BEL: ¿Cuál fue ese elemento obscuro que el cuerpo muerto de Sri Aurobindo debió absorber para vencer el obstáculo del que hablabas?



AMAL.K: No es que el cuerpo muerto lo absorbiese, su cuerpo lo absorbía y esa absorción causaba su muerte. En un sentido práctico puede decirse que su muerte determinó, en principio, el fin de la muerte. Algo se realizó en el mundo oculto que sería el fin de la muerte. Yéndose él, en principio, la muerte fue absorbida y neutralizada y anulada. Así, el principio de la inmortalidad del cuerpo, la transformación supramental, fue sembrado de este modo, un modo muy paradójico. Sri Aurobindo había dicho: ‘Marcharé hasta conquistar o perecer’. Y yo expliqué que esto había que reformularlo del siguiente modo: conquistar pereciendo... Algo nuevo se realizó. Y para mí fue una total sorpresa, porque Sri Aurobindo me había hecho entender siempre que él acabaría el trabajo que había venido a realizar. Fue completado en cierto modo, pero no del modo que todos nosotros queríamos. Él siempre me había hecho entender aquello, y cuando su tránsito tuvo lugar yo estaba simplemente aturdido... aturdido acerca de lo que había ocurrido.



...



BEL: ¿Has escrito siempre en inglés?



AMAL.K: Sí, es mi lengua, aunque yo soy parsi, ¿sabes?, y se supone que el gujarati es nuestra lengua. Pero mi lengua siempre ha sido el inglés. En ella puedo expresarme mucho mejor.



BEL: Cuando recibes inspiración, ¿es en una lengua concreta?



AMAL.K: Siempre es en una lengua concreta. Por supuesto. Su substancia pertenece a una lengua, puede ser cualquier lengua, pero si tu idioma es el inglés, la inspiración llega en inglés.



BEL: Y en el caso de Nirodbaran (Un médico bengalí llegado al Ashram en 1933. Se dedicó intensamente a la poesía y fue uno de los asistenes personales de Sri Aurobindo tras su accidente en 1938. Ha publicado diversos libros y a sus más de ochenta y cinco años todavía da clases de lengua y literatura en el Centro Internacional de Educación del Ashram), por ejemplo, que quiso escribir en una lengua que no era la suya, ¿cómo actúa la inspiración entonces?



AMAL.K: Oh, Sri Aurobindo tuvo que esforzarse mucho para esto, y estoy seguro de que Nirod también trabajó duro. No, la poesía inglesa era parte de mi vida. Cuando llegué aquí, cientos de versos fluían a mi mente de un modo constante. Y una vez Sri Aurobindo me dijo: ‘Has aprendido muchas cosas, ahora debes desaprenderlas’, porque mi mente estaba completamente llena de cosas, ¿sabes?, tantas cosas ahí. Y si puedes volver tu mente silenciosa, calmarla absolutamente, entonces está bien todo lo que has aprendido; si no, todo ello obstaculiza el camino.



BEL: ¿Es la substancia de la lengua inglesa distinta desde que Sri Aurobindo escribió Savitri?



AMAL.K: ¿Sí?



BEL: Quiero decir, ¿la composición de Savitri ha transformado la substancia de la lengua inglesa?



AMAL.K: Sí, lo ha hecho. Savitri sólo pudo verterse en inglés. El inglés es la lengua más desarrollada. A partir de un centro claramente delimitado puedes producir un excelente efecto expansivo de las palabras... el inglés es magnífico para esto: cuenta con todos los matices y en muy breve espacio puedes expresar muchas cosas. Además, el vocabulario es enorme porque no es sólo una lengua romance como el español, el italiano o el francés, ha absorbido mucho de las lenguas primitivas germánicas, del griego, del latín... hay en él todo tipo de influencias. Para cada objeto puedes encontrar en inglés hasta seis palabras sinónimas, cosa que no puedes hacer en español, italiano o francés. Por otra parte, tiene un doble carácter: puede ser monosilábico y polisilábico, lo que es algo muy raro en una lengua. El carácter monosilábico lo ha heredado del antiguo anglosajón y el polisilábico del latín y el griego. De modo que goza de todas las cualidades y se convierte, así, en un instrumento ideal para la expresión de una nueva aspiración espiritual. Por ello no puede decirse que fuese azar el que la lengua madre de Sri Aurobindo fuese el inglés, ni que fuese llevado a Inglaterra en su infancia y viviese allí muchos años. Hay como un destino en todo ello. Ahora bien, a partir de la iluminación del inglés todas las lenguas pueden ser iluminadas. En cada lengua hay una posibilidad de desarrollo, aunque las lenguas indias no están tan desarrolladas como el francés, el italiano o el español. Me refiero a las vernáculas. El sánscrito sí lo está y probablemente también el tamil. El tamil es una lengua muy antigua, es la lengua viva más antigua de la India. Hindi, gujarati, bengalí son lenguas modernas. Pero por supuesto el tamil es muy difícil de aprender. Incluso para Sri Aurobindo. Como sabes, Sri Aurobindo tenía grandes facultades lingüísticas, era un maestro en griego y en latín... y en sánscrito también, pero en el tamil hallaba cierta dificultad. ...Yo sé alrededor de una docena de palabras en tamil: ir, venir, comer, beber, izquierda, derecha... esto sí lo sé.



(Risas)



SUJATA: Me gustaría que compartieras con ellos algunas de tus experiencias con la Madre.



AMAL.K: En 1938, cuando partí hacia Bombay para una breve visita, la Madre me dijo: ‘Este año estamos esperando que ocurra algo importante’. Era 1938. Yo le dije: Si algo ocurre, por favor infórmame y yo dejaré lo que esté haciendo, sea lo que sea, y volveré. Ella respondió: ‘Sí, te lo prometo, no te preocupes, si algo ocurre te informaré inmediatamente’. Allí en Bombay tuve un extraño accidente: tomé una tremenda sobredosis -cuarenta veces la dosis normal- de una medicación80. Y habría muerto si no hubiese sido por la ayuda de Sri Aurobindo y de la Madre. Cuando me estaba reponiendo, escribí a Sri Aurobindo -era a principios de Agosto de aquel año y yo había llegado a Bombay en Febrero- diciéndole que no había recibido ninguna llamada de la Madre y que quería saber si el acontecimiento de importancia que estaban esperando había tenido lugar o no. Me escribió contestando que no, y que no debía apresurarme a volver debido al estado de mi corazón. Me decía en la carta que me quedase en Bombay y que, si ocurría algo, cuando volviese podría verificarlo -si estaba lo suficientemente abierto para ello. Pero lo que tenía que ocurrir no había ocurrido todavía, aquel Descenso universal que esperaban no se había producido. Muchos años después, en el mes de Febrero de 1956, me hallaba nuevamente de viaje a Bombay. Antes de partir, la Madre me había dicho que quería que estuviera de vuelta antes del 29 de Marzo porque pensaba que algo fundamental estaba a punto de ocurrir. Me fui a Bombay. Estaba solo en el compartimento del tren de Madrás a Bombay. Y tuve un sueño. En el sueño, veía un amplio espacio abierto y en el centro de aquel espacio estaba sentada la Madre. Y muchas personas querían acercarse a ella, se apresuraban hacia donde ella estaba para hacerle pranam y recibir sus bendiciones. Yo estaba en medio de la multitud y también quería correr hacia ella. Intentaba quitarme las sandalias pero una de ellas no quería salir. Lo intentaba y lo intentaba pero no había manera. Al final me desperté. Entonces, al abrir los ojos, me encontré a la Madre delante de mí, en el lado opuesto del compartimento: un ser transparente y radiante. Me pregunté cómo era posible que ella estuviese allí y yo la viese con los ojos abiertos. Cerré los ojos y volví a abrirlos y allí seguía ella. Me dije, ¡esto es fantástico, probaré otra vez! y, cuando los volví a abrir, la Madre ya se había ido. Cuando llegué a Bombay, escribí a la Madre contándole lo que había visto en el tren a las ocho y media de la tarde de aquel 29 de Febrero. Ella no me respondió. Entonces recibí noticias de que algo había pasado realmente algo estupendo, pero que nadie sabía explicarme. Volví, en efecto, antes del 29 de Marzo y lo primero que hice fue preguntarle a la Madre qué era lo que había ocurrido, qué tipo de acontecimiento se había producido al fin. Yo creía que se trataba de una aparición de la Supermente, pero ella me dijo que no, que aquello era lo que yo pensaba pero que no era así. La consciencia, la fuerza y la luz supramentales habían entrado en el Universo. Me dijo que había sólo cuatro personas que tuviesen cierta idea de lo que había ocurrido -no exactamente el conocimiento de la manifestación supramental pero sí que algo fundamental había tenido lugar- y que entre las cuatro personas estaba yo. ¡¿Yo?!, inquirí, ¿cómo es eso? ‘¿No te acuerdas de lo que me escribiste que te había ocurrido la tarde del 29 de Febrero?’ Sí, respondí, te vi en el tren en el que viajaba, ¿qué hacías allí? ‘¿No recuerdas que hace dieciocho años te prometí que, si lo que esperábamos ocurría, te avisaría? pues bien, fui a informarte’. Yo me sentí tan abrumado... la Madre había recordado aquella promesa y había venido a informarme a mí, ¡pobre de mí! Le dije: Madre, estoy tan agradecido que no tengo palabras para expresártelo. Ella respondió: ‘Bien, ése es el significado de la experiencia que tuviste’. Ella podía hacer todo tipo de cosas, ¿sabes?



BEL: ¿Qué era exactamente lo que había ocurrido?



AMAL.K: Manifestación supramental. La luz, la fuerza y la consciencia supramentales habían irrumpido en el Universo... no en el Universo físico, sino en el físico sutil, lo que la Madre llamaba ‘la atmósfera de la Tierra’. Todavía no ha llegado al físico material. Si hubiese sido así, muchas cosas habrían cambiado ya. Pero cuando todo aquello llegó, fue tragado por la obscuridad de las edades y cubierto por ella. Es como un recién nacido completamente cubierto por las tinieblas... pero un recién nacido omnipotente. De modo que vencerá a pesar de todas las tinieblas, pero eso llevará un tiempo. Sin embargo, algunos de sus efectos ya están presentes, efectos muy sutiles81.



BEL: Esta manifestación de que hablas, ¿tuvo algo que ver con la Segunda Guerra Mundial? Porque has dicho que era en 1938 cuando debía haberse producido



AMAL.K: En efecto, la Segunda Guerra Mundial fue la acción de las fuerzas hostiles para impedir la creación del Nuevo Mundo de Sri Aurobindo... uno podría decirlo así. Y eso fue en parte responsable del retraso de la manifestación: lo que se suponía debía ocurrir en 1938, tardó dieciséis años en producirse. La guerra acabó con muchas cosas y hubo tal explosión de maldad y crueldad... sí, puede decirse que fue un gran obstáculo para la Nueva Creación.



BEL: ¿Qué significó la manifestación de 1956?



AMAL.K: Había dos cosas que la Madre y Sri Aurobindo querían que se produjeran: un establecimiento general del principio supramental en nuestro ser y, en segundo lugar, una transformación directa, individual del cuerpo. Esto último no tuvo lugar... completamente, quiero decir: fue realizado a nivel físico sutil, pero no a nivel físico material. En 1959 yo escribí que en Sri Aurobindo la Supermente iba y venía sin estar totalmente establecida, pero la Madre me dijo que no, que eso no era verdad, que la Supermente estaba ya en Sri Aurobindo pero no se había manifestado a través del físico material. Me dijo también: ‘A mí me ocurre lo mismo’. Yo le dije: Madre, espero vivir lo suficiente para ver tu transformación supramental. Ella respondió: ‘Ten fe y lo que tenga que ocurrir, ocurrirá’.



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DOCUMENTO II: « CONMEMORACION DE SRI AUROBINDO EN LA SORBONA »

5 DE DICIEMBRE DE 1955

(EXTRACTOS)





Alocución del Profesor Jean Filliozat (Profesor del colegio de Francia)



Señoras y Señores: Aquel cuyo recuerdo celebramos hoy, dejó de existir el 5 de diciembre de 1950; mas, para sus discípulos, y para muchos otros que se han unido a ellos, su muerte corporal no ha significado la cesación de su ser.



Así como su tumba se mantiene siempre cubierta de flores, su presencia espiritual, viva siempre en el corazón de los discípulos, se mantiene en el Ashram, en la casa comunal que él fundó en Pondicherry, y sobre la cual vela siempre, rodeada de veneración, la Madre, a quien él confió su cuidado.



Alocución del señor S.G. Ramachandran, primer Secretario de la Embajada de la India en París



Cuando pidió tomar la palabra ante tan augusta asamblea para hablar de Sri Aurobindo, mi primera intención fue la de rehusar tan excepcional honor, pues no me sentía yo digno de hablar del gran sabio que la India ha dado a la humanidad. Y, sin embargo, acepté. Y acepté justamente movido por la admiración y el respeto profundo que profeso a Sri Aurobindo y porque sentí que no debía desaprovechar la oportunidad que se me ofrecía para honrar la memoria de aquel que en un agitado período de la historia de la India, ha sido para la humanidad inquieta y que busca su camino, como un faro que brilla en las tinieblas.



Su intención y finalidad eran las de cambiar la naturaleza fundamental del hombre.



Decía también: “El objetivo de nuestro yoga es conseguir que descienda al hombre una Conciencia, una Potencia, una Luz, una Realidad, diferentes de la conciencia con que se satisface la humanidad media, una Conciencia, una Potencia y una Luz de Verdad, una Realidad Divina, que deben elevar la conciencia terrestre y metamorfosearlo todo. No olvidéis que el objeto de los demás yogas no es para nosotros sino una primer condición.”



Los Estados Unidos de América muestran un interés cada vez mayor por las enseñanzas de Sri Aurobindo; su Vida Divina forma parte al presente del programa de fisolofía de la Universidad de Cordell, en tanto que la Universidad de Harvard se interesa particularmente en el yoga integral. El profesor Spiegelberg, del departamento de Estudios Asiáticos de la Universidad de Stanford, California, autor de numerosos libros sobre religión, visitó a Sri Aurobindo en el Ashram, a principios de 1949 y, a su regreso, declaró a la prensa que, aun cuando no había podido ver a Sri Aurobindo sino pocos segundos, estos pocos segundos perdurarían en su espíritu. Y escribía en “Mother India”, de Bombay. “Me siento de veras feliz de haber encontrado a Sri Aurobindo en el otoño de mi vida, porque, después de haber buscado en vano durante toda mi existencia la solución de los problemas eternos de la humanidad, soy ahora capaz de comprender y de apreciar la respuesta de Sri Aurobindo a esos problemas. En 1947 leí La Vida Divina y este libro fue para mí una revelación; ninguna filosofía ha tenido, a mi entender, alcances metafísicos tan amplios.” Y en otro artículo decía: “Ya veo el día en que las enseñanzas de Sri Aurobindo, la voz espiritual más poderosa de la India, serán recibidas por toda América, para la cual tendrán un inmenso poder de iluminación”.



Alocución del señor Jacques Masui



En una salutación enviada a Sri Aurobindo por Tagore, éste concluye su poema con estas palabras: “La India hablará por vuestra voz al mundo”.



Pienso que esta predicción está realizándose y que Sri Aurobindo será uno de los grandes representantes de la India contemporánea.



Yo recordaré por mucho tiempo las palabras de Romain Rolland a Sri Aurobindo como a uno de los grandes conductores religiosos de la India y cita la entrevista que tuvo lugar en 1917: “El pasado debe ser sagrado para nosotros, pero mucho más debe serlo el porvenir; es preciso que el pensamiento de la India se emancipe de la escuela filosófica y renueve su contacto con la vida. Es menester que, saliendo de la caverna y del templo, la espiritualidad de la India se adapte a formas nuevas. La India tiene en su pasado, un tanto cubiertas de orín y en desuso, las llaves del progreso de la humanidad. Hacia ese lado he vuelto ahora mis energías más que hacia la mediocre política, y esa es la razón de mi retiro. Creo en la necesidad de la vida de meditación y de concentración en el silencio para la educación y el conocimiento de sí, y para el atesoramiento de energías espirituales. Nuestros antepasados empleaban este medio, aun cuando en forma diferente, y es el mejor expediente para llegar a ser un trabajador eficaz en las grandes horas del mundo.”



Alocución del Profesor Félicien Challaye



Señoras y Señores:



Al escuchar la biografía de Sri Aurobindo, ha venido a mi memoria esto que decía el filósofo inglés Alexandre Bain:



“Un gran hombre es muchos hombres en uno solo”.



Este concepto me parece que caracteriza perfectamente a Sri Aurobindo.



Sri Aurobindo ha sido, en efecto, sucesivamente y a veces a un tiempo mismo, un gran profesor, un gran conferenciante, un gran periodista, un gran político, un yogui, y también un gran poeta, un gran prosista, un gran crítico literario, un gran historiador de la filosofía y, finalmente, un gran filósofo.



Alocución del Señor Gobernador C. F. Baron



Señor Presidente, Señoras y Señores:



Cuando fui por primera vez a la India, hace de ello más de veinte años, mi simpatía por ese gran país era muy viva. Yo me lo imaginaba a través de los libros de mi infancia: “La casa a vapor” de Julio Verne, las obras de Kipling, algunos poemas de Tagore. Pensaba yo granjear en ella suntuosos recuerdos, algunas amistades y una experiencia humana e intelectual enriquecida.



Hoy, un amor profundo, un amor filial, me mueven a considerar como un deber el exponeros brevemente la maravillosa aventura que ella propone a los espíritus desorientados de nuestro tiempo. En efecto, yo no he regresado con una valija de documentos, sino con las manos vacías y el corazón lleno de una maravilla interior. ¿Había yo encontrado acaso, en el Oriente fabuloso, la lámpara de Aladino?



En efecto, después de muchos otros y antes de muchos más, así lo espero, he tenido un encuentro desconcertante y he hallado una enseñanza. El encuentro fue el de Sri Aurobindo, el de la Madre y el del Ashram. La enseñanza, su ejemplo y su obra.



Tuve el privilegio de visitar a Sri Aurobindo algunas veces. No tengo noticia de ningún hombre, de cualquier disciplina intelectual a que pertenezca, que no se haya conmovido en su presencia. El fervor y el amor no se explican. Y no puedo decir más.



Alocución del Profesor H. W. Schneider, de la Universidad de Columbia, Director de la División de Filosofía y Ciencias Humanas de la Unesco



Hace esta semana un año justo que tuve la gran alegría de visitar el Ashram en Pondicherry, y para mí representa un placer el tener oportunidad de relataros brevemente la profunda impresión que me ha causado la vida en el Ashram.



Ignoro, en suma, hasta qué punto parecerá esto valedero a los educadores profesionales; por mi parte quedé en seguida convencido de la utilidad de esta experiencia, y me sentí feliz de contemplar el entusiasmo verdadero que tal experiencia engendraba. Tuve la impresión de que, cualesquiera que puedan ser los resultados formales según las normas convencionales, la escuela del Ashram ha conseguido demostrar la verdad de estos conceptos de la Madre que voy a citar.



Escribe ella, en efecto:



“Es preciso dar, en las profundidades de su ser, con todo cuanto tiene en sí un sentido de universalidad, de expansión sin límite, de perdurabilidad sin interrupción. Uno se descentraliza entonces, se expande, se ensancha, se empieza a vivir en toda cosa y en todos los seres. Caen las barreras que separan a los unos de los otros; se piensa con sus pensamientos, se vibra con sus sensaciones, se siente con sus sentimientos, se vive en la vida del todo; lo que parece inerte se anima de pronto; vibran las piedras, las plantas sienten, quieren y sufren, los animales hablan un lenguaje más o menos mudo, pero claro y expresivo, y todo cobra una conciencia maravillosa que no tiene ya tiempo ni límite.”



Alocución del señor Jacques Rueff, Presidente del Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas



Señor Presidente, Señoras y Señores:



A este hermoso monumento que vuestros ojos han visto erigirse esta noche en homenaje a la perdurable memoria de Sri Aurobindo, nada o casi nada, a no ser un testimonio, puedo yo agregar.



Si he aceptado hacer ante vosotros uso de la palabra, se debe a que hace algunos años –en 1951- tuve el privilegio de pasar unos días, a invitación de la Madre, en el Ashram de Pondicherry.



Fue esto, infortunadamente, cortas semanas después de la muerte del Maestro; no tuve oportunidad de conocerlo, mas quisiera relataros de manera sencilla y sucinta –pues ya la noche está muy entrada- la profunda y duradera impresión que en mí produjo esa visita.



Este recuerdo se señala por tres impresiones dominantes: belleza, fervor, inteligencia.



Ninguno de cuantos han franqueado las puertas del Ashram –y no pocos de los que me han precedido es esta tribuna os lo han dicho ya- , ha podido escapar al ambiente de serena belleza que reina en él.



No conozco nada más bello –repito la palabra porque no encuentro otra para dar expresión a mis sentimientos- que la tumba de Sri Aurobindo. Es un sepulcro muy sencillo, bajo un árbol lleno de flores fulgurantes. Los discípulos acuden a recogerse en torno de la sepultura, en un silencio total, en que sólo palpita el fervor de su meditación. El silencio de las ceremonias del Ashram, que no perturba en nada la marcha con los pies desnudos, de hombres y mujeres vestidos de blanco que van y vienen alrededor de la huesa, es uno de los rasgos característicos y probablemente una de las fuentes de la serenidad con que tales ceremonias tienen lugar.







Algunas Opiniones Sobre Sri Aurobindo



“Sri Aurobindo me abrió el camino hacia mi consagración religiosa. La lectura de sus obras me ha proporcionado gran serenidad e iluminación".- Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura)



“Sri Aurobindo es el más extraordinario de los pensadores de la India, y el que ha realizado la síntesis más completa entre los pensamientos de Oriente y de Occidente.”.- Romain Rolland (Premio Nobel de Literatura)



“Y yo le dije - a Sri Aurobindo - tú tienes la Palabra y estamos esperando para aceptarla de ti. La India hablará por tu voz.”.- Rabindranath Tagore (Premio Nobel de Literatura)



“No cabe limitar la grandeza de Sri aurobindo a nuestra época. Tenemos a Platón, a Spinoza, Kant y Hegel, pero éstos no tienen la misma visión, ni la misma perspectiva metafísica que lo abarca todo.”.-Frederic Spiegelberg (Prof. de la Universidad de Stanford)



“Sri Aurobindo es uno de los más grandes sabios vivientes de nuestra época.”.- Pitirim Sorokin (Prof. de la Universidad de Harvard)





PENSAMIENTOS, FRASES Y AFORISMOS DE SRI AUROBINDO





Si la humanidad pudiera vislumbrar, aunque fuera tan sólo en una experiencia fugaz, los goces infinitos, las fuerzas perfectas, los horizontes luminosos de conocimiento espontáneo, las vastas calmas de nuestro ser que nos esperan en las zonas no conquistadas todavía por nuestra evolución animal, lo dejaría todo y no descansaría hasta que hubiera obtenido estos tesoros. Pero el camino es estrecho, las puertas son difíciles de forzar, y el miedo, la duda y el escepticismo están allí, centinelas de la Naturaleza, para prohibirnos que alejemos nuestros pasos de los pasos ordinarios.

Sri Aurobindo





En el hombre hay dos poderes aliados: el Conocimiento y la Sabiduría. El Conocimiento es lo que la mente, tanteando, puede captar de la verdad percibida en un medio distorsionado; la Sabiduría, es lo que el ojo de la visión divina ve en el espíritu.

Sri Aurobindo.





No haber oído la voz de Dios y de sus ángeles es lo que el mundo considera estar en su sano juicio.

Sri Aurobindo.





El ateísmo es la sombra o el lado oscuro de la más alta percepción de Dios. Cada formulación sobre Dios, aunque simbólicamente sea siempre verdadera, resulta falsa si la aceptamos como fórmula única. El Ateo y el Agnóstico vienen a recordarnos nuestro error.

Sri Aurobindo.





Las negaciones de Dios nos son tan útiles como sus afirmaciones. Es Él quien, como el ateo, niega su propia existencia para permitir el perfeccionamiento del conocimiento humano. No es suficiente ver a Dios en Cristo y Ramakrishna y oír sus palabras, debemos también verle y oírle en Huxley y en Haeckel.

Sri Aurobindo.



La tierra es el lugar elegido por las almas más nobles.

La Tierra es el heroico campo de batalla de los espíritus,

el yunque donde el Herrero celeste fragua sus obras.

Sri Aurobindo.



PROVERBIOS Y PENSAMIENTOS DE OTROS AUTORES Y CULTURAS





Tal como los hombres llegan hasta Mi, de esa manera los acepto. Ese es el camino mío que los hombres siguen desde todos lados… Cualquiera que sea la forma que el devoto escoja para adorar con fe, lo invisto de fe firme, y con esa fe él introduce su anhelo en su adoración y logra que Yo le dispense su deseo. Mas ese fruto es limitado. Quienes sacrifican a los dioses, a los espíritus elementales, alcanzan a los dioses, alcanzan a los espíritus elementales, más quienes efectúan su sacrificio a Mi, llegan a Mi

Gita – IV, 11; VII, 21-23; IX, 25.





Del no-ser al verdadero ser, de la oscuridad a la Luz, de la muerte a la Inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad – I, 3, 28.





¿Quién percibió esta verdad oculta de que el Hijo dio ser a las Madres mediante las obras de su naturaleza? Un vástago del regazo de muchas Aguas, deriva de ellas un vidente dueño de su ley total de la naturaleza. Manifestado, crece en el regazo de sus recodos y se convierte en alto, bello y glorioso.

Rig Veda – I, 95, 4, 5.





Los mortales alcanzaron la inmortalidad.

Rig Veda – I, 110, 4.





Que los Pueblos de los cinco Nacimientos acepten mi sacrificio, aquellos nacidos de la Luz y dignos de adoración; que la Tierra nos proteja del mal terreno y la Región Media de la calamidad proveniente de los dioses. Seguid el hilo brillante urdido a través del medio-mundo, proteged los luminosos senderos construidos por el pensamiento; entretejed una obra inviolada, convertíos en el ser humano, cread la raza divina … Vosotros sois videntes de la verdad, aguzad las lanzas brillantes con las que cortáis el paso a lo que es Inmortal; conocedores de los planos secretos, formad los escalones mediante los cuales los dioses alcanzaron la inmortalidad.

Rig Veda – 53, 5, 6, 10.





Estos cuerpos del alma corporizada que es eterna tienen fin; ésta no ha nacido ni muere ni, habiendo sido, dejará de ser otra vez. Es no nacida, antigua, eterna; no muere con la muerte del cuerpo. Así como el hombre se quita las vestimentas gastadas y toma otras nuevas, de igual manera el ser corporizado abandona sus cuerpos y pasa a otros que son nuevos. Es cierta la muerte de lo que nace y es cierto el nacimiento de lo que muere. ]

Gita – II, 18, 20, 22, 27.





La base de la Ignorancia tiene siete escalones; la base del Conocimiento tiene siete escalones.

Mahopanishad – V, 1.





Descubrió el vasto Pensamiento con siete cabezas que nació de la Verdad; creó un cuarto mundo y devino universal … Los Hijos del Cielo, los Héroes del Omnipotente, que piensan el pensamiento recto, que expresan la Verdad, fundaron el plano iluminativo y concibieron la primera morada del Sacrificio … El Maestro de la Sabiduría abatió las defensas de piedra y convocó a las Huestes de la Luz … las huestes secretas en el puente sobre la Falsedad entre los dos mundos de arriba y uno de abajo; deseando la Luz en la oscuridad, llevó hacia arriba las Huestes Radiantes y despojó del velo a los tres mundos; hizo añicos la ciudad escondida al acecho, y erradicó a los tres del Océano, y descubrió el Amanecer, el Sol, la Luz y el Mundo de la Luz.

Rig Veda – X, 67, 1-5.





En la medida que escala cima tras cima … Indra lo torna consciente de esa meta de su movimiento.

Rig Veda – I, 10, 2.



He surgido de la tierra al mundo-medio, he surgido del mundo-medio al cielo, del nivel del firmamento del cielo, marché hacia el mundo-Solar, hacia la luz (os cuatro planos de la Materia, Vida, Mente pura y Supermente).

Yajur Veda – 17, 67.





Mi Naturaleza suprema devino ser viviente y este mundo es sostenido por él… todos los seres tienen esto como fuente de nacimiento.

Gita – VII, 5, 6.





Padre santo, guarda en tu nombre a éstos que me has dado, para que sean uno como nosotros. Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos crean en mí por su palabra, para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en tí, para que también ellos sean en nosotros. Yo les he dado la gloria que tú me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno.

Ev. Juan 17





Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por EL, y sin EL no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En EL estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres.

Ev. Juan Prólogo.





Preciso es que EL crezca y yo mengüe.

Ev. Juan 3.





Subió Simón Pedro y arrastró la red a la tierra, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes; y con ser tantos, no se rompió la red.

Ev. Juan 21.





Si yo quisiera que éste permaneciese hasta que yo venga, ¿a ti qué?.

Ev. Juan 21.





Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.

Apocalipsis 22.





El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna.

Ev. Juan 12.





Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará.

Ev. Mateo 6.





No puedo creer que Dios juegue a los dados.

Albert Einstein.





Lo contrario de una Verdad Suprema es otra Verdad Suprema.

Niels Bohr (Epitafio).





Sólo son verdad aquellos pensamientos cuyos contrarios son también verdad en su propio tiempo y lugar; los dogmas irrefutables constituyen el tipo de falsedad más peligroso.

Sri Aurobindo.



¡¡Qué parecido tan asombroso entre estas dos reflexiones de Bohr y Aurobindo!!





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DOCUMENTO III: « EL CAMINO »





Asegúrate primero de la llamada y de la respuesta de tu alma. Porque si la llamada no es la verdadera, si no es el toque de los poderes de Dios, o la voz de sus mensajeros, sino el señuelo de tu ego, el resultado de tu esfuerzo será un pobre fiasco espiritual o un funesto desastre.



Y si no es el fervor del alma lo que responde al llamamiento divino, sino solamente el asentimiento y el interés de la mente; o si no es más que el deseo del ser vital inferior aferrándose a la atracción marginal de los frutos del poder del yoga o del placer del yoga; o si sólo se trata de una emoción efímera que brota como una llama inestable encendida por intensidad de la Voz, o por su dulzura o su grandeza, entonces tampoco será muy seguro para ti el difícil sendero del yoga.



Los instrumentos exteriores del hombre mortal carecen de fuerza para hacerle avanzar a través de los severos rigores de este viaje espiritual, de esta titánica batalla interior, o par enfrentarse a sus terribles y obstinadas pruebas, o para darle fuerzas para afrontar y salvar sus peligros formidables y sutiles. Sólo la voluntad augusta y firme de su espíritu, y el inextinguible fuego del afán invencible de su alma, son suficientes para esta difícil transformación y este noble e incierto empeño.



No pienses que el camino es fácil; el camino es largo, arduo, peligroso, difícil. A cada paso hay una celada, en cada recodo del camino se tropieza con un escollo escondido. Mil enemigos visibles o invisibles se alzarán contra ti, terribles en su sutileza ante tu ignorancia, formidables en su poder ante tu debilidad. Y cuando con grandes esfuerzos los hayas destruido, otros mil surgirán y ocuparán su lugar. El infierno vomitará sus hordas para oponerse a ti y cercarte y herirte y amenazarte; el Cielo se enfrentará a ti con sus pruebas despiadadas y con sus negativas luminosas y frías.



Te encontrarás solo ante tu propia angustia, ante los furiosos demonios apostados en tu sendero, y con los dioses, reacios a ayudarte, por encima de ti. Antiguos y poderosos, crueles, invictos, y cercanos e innumerables son los Poderes obscuros y terribles que se aprovechan del reino de la Noche y de la Ignorancia, y que no quieren cambiar, y son hostiles.



Solitarios, lentos en llegar, lejanos, y escasos y breves en sus visitas, son los Poderes de la Luz que desean o que les está permitido socorrernos. Cada paso hacia delante es una batalla. Hay escarpados descensos, y ascensiones interminables, y cumbres y más cumbres que conquistar. Cada cima coronada no es más que una etapa en el camino que nos revela un nuevo horizonte sin fin de alturas a escalar. Cada victoria que tomas por el último combate decisivo, resulta, finalmente, no ser más que el preludio de cien batallas peligrosas y crueles…



Pero tú dirás: ¿No estará la mano de Dios conmigo, y no estará la Madre divina cerca de mí socorriéndome con Su graciosa sonrisa? Y no sabes tú, que la Gracia de Dios es más difícil de obtener y de conservar que el néctar de los Inmortales o que el tesoro de Kureva (Dios de la riqueza, jefe de los Yaksas o guardianes del bienestar y la prosperidad. En la Kena Upanishad, el Daemon, el Poder desconocido). Pregunta a los elegidos y te dirán cuán a menudo el Eterno ha desaparecido de su vista, con cuánta frecuencia ha escondido su faz detrás de su misterioso velo, y ellos se han encontrado solos, atrapados por las garras del Infierno, solitarios en el horror de la oscuridad, desnudos e indefensos en la angustia de la batalla. Y si por acaso sentían Su presencia detrás del velo, no era, sin embargo, más que como un sol de invierno escondido detrás de las nubes, que no salva de la lluvia, ni de la nieve, ni de la funesta tempestad y el viento cruel y el intenso frío, ni de la atmósfera desolada y gris, ni de la parda y tediosa monotonía.



Sin duda la ayuda está allí aunque parezca que se haya retirado, pero también está allí, sin embargo, la apariencia de noche total, sin que asome ningún rayo de sol, y sin ninguna estrella de esperanza que atenúe la obscuridad.



Hermosa es la faz de la Madre divina, pero también Ella puede ser severa y terrible. ¿O es que cabe acaso concebir que la inmortalidad puede ser un juguete que se da alegremente a un niño, y la vida divina un premio que se obtiene sin esfuerzo o la corona que se otorga a un apocado’ Lucha rectamente y obtendrás lo que buscas; ten confianza y tu confianza será, finalmente, justificada; pero la terrible Ley del Camino está ahí, y nadie la podrá derogar.

Sri Aurobindo





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DOCUMENTO IV: « LA PRIMERA EXPERIENCIA MEDITATIVA DE SRI AUROBINDO »





Y una vez que nos hayamos adueñado del silencio, seremos necesariamente dueños también del mundo mental, pues en lugar de hallarnos de modo sempiterno sujetos a la misma longitud de onda, podremos recorrer toda la gama de las ondas y escoger o desechar lo que nos plazca. Pero dejemos que Sri Aurobindo nos describa la experiencia tal como él mismo la tuvo por vez primera con otro yogi llamado Bhaskar Lelé, quien pasó tres días en su compañía: Todos los seres mentales desarrollados, al menos los que sobrepasan el término medio, deben en ciertos momentos de su existencia, de una manera o de otra, y con ciertas finalidades, separar las dos partes de su mente: la parte activa, que es una fábrica de pensamientos, y la parte reservada, dueña, Testigo y Voluntad a la vez, que observa, juzga, desecha, elimina o acepta los pensamientos, ordenando las correcciones y los cambios necesarios; esta parte es el Dueño verdadero de la casa mental, y es realmente capaz de independencia. Pero el yogi va más lejos aún; no sólo es dueño de la mente, sino que, aun permaneciendo en la mente, sale de ella, por decirlo así, y se mantiene por encima o enteramente atrás, libre. Para él ya no es válida la imagen de la fábrica de pensamientos, porque ve que éstos proceden del exterior, de la Mente universal, formados y distintos algunas veces, otras veces sin forma alguna, pues esta forma la toman en algún lugar de nosotros mismos. La labor principal de nuestra mente consiste en responder y aceptar o rechazar esas ondas de pensamiento (de igual manera que las ondas vitales y las ondas de energía física sutil), y en dar una forma mental personal a esa substancia mental (o a los movimientos vitales) procedentes de la Naturaleza-Fuerza circundante. Mucho debo yo a Lelé por haberme mostrado ese mecanismo: Siéntese usted en meditación, me dijo, pero no piense, mire sólo su mente; verá que los pensamientos se meten dentro. Rechácelos antes de que consigan entrar, y continúe así hasta que su mente sea capaz de completo silencio. Yo nunca había oído decir hasta entonces que los pensamientos pudiesen llegar visiblemente de fuera de la mente, pero no puse en duda esta verdad o esta posibilidad; simplemente me senté e hice lo que Lelé me decía. En un instante mi mente se volvió silenciosa, como el aire sin movimiento en la cima de una alta montaña; luego vi venir de fuera, de modo enteramente concreto, uno o dos pensamientos. Los rechacé antes de que pudiesen entrar e imponerse a mi cerebro. En tres días, quedé libre. A partir de ese momento, el ser mental en mí se convirtió en una Inteligencia libre, una Mente universal. Ya no era un ser limitado al círculo estrecho de los pensamientos personales, como un obrero en una fábrica de pensamientos, sino un receptor de conocimiento que recibía de centenares de reinos del ser, libre de elegir lo que quisiese en este vasto imperio de visión, en este vasto imperio de pensamiento.

Sri Aurobindo

LA AVENTURA DE LA CONSCIENCIA (Satprem)





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DOCUMENTO V: « DOCE DIAS TRANQUILOS »



No creo en límite que no pueda superarse.-LA MADRE



Desde el origen de la tierra, dondequiera y cuando quiera que había la posibilidad de manifestarse un rayo de Consciencia, yo estaba allí.-LA MADRE





La repentina ausencia corporal de Sri Aurobindo supuso un enorme golpe para la Madre, “un mazazo”, como dijo después, “una aniquilación.” “La idea misma de que Sri Aurobindo pudiera abandonar su cuerpo, la de que esa particular forma de ser pudiera dejar de existir para el cuerpo, era absolutamente impensable. Tuvieron que ponerle en un ataúd y depositarlo en un Samadhi para el cuerpo, y así convencerse de que todo había sucedido realmente…Nada, nada, no hay palabras que puedan describir el colapso que para el cuerpo fue la desaparición de Sri Aurobindo.” Por “el cuerpo” significaba su propio cuerpo: que el golpe había sido devastador para su cuerpo, pues en las regiones superiores de su ser una reacción así era imposible. Tan íntima era la presencia de Una Consciencia en dos cuerpos que la salida de una de ellas casi provocó que la otra automáticamente la siguiera; esto nos proporciona una visión profunda de su verdadera relación de Unidad y Amor divinos.



“Ya veis, ha decidido irse. Pero no quería que yo supiera que lo hacia deliberadamente; sabía que si por un instante yo sabía que lo hacía deliberadamente, yo habría reaccionado con tal violencia que no habría podido dejarnos. Y lo hizo…lo soportó todo como si fuera alguna inconsciencia, una enfermedad ordinaria, simplemente para no dejarme que supiera, y se fue en el momento justo en que tenía que irse…Y yo ni siquiera podía imaginar que se hubiera ido cuando se había ido, justamente allí, delante de mí, parecía tan lejano…Y precisamente después, cuando salió de su cuerpo y entró en el mío, lo entendí todo… Es fantástico. Fantástico. Es..es absolutamente sobrehumano. No hay ser humano capaz de hacer una cosa así. ¡Y qué.. qué maestría sobre su cuerpo, absoluta, absoluta!” Mientras ella estuviera en el cuarto, él no abandonaría su cuerpo “y eso era muy doloroso para él.” Así que ella salió del cuarto diciendo: “Llamadme cuando haya llegado la hora.”



“Ya había pasado por todas mis experiencias, pero con Sri Aurobindo, en los treinta años (un poco más de treinta años) que viví con él, viví en una absoluta, una absoluta seguridad, con una sensación de seguridad total, incluso física, incluso de la mayor seguridad material. Una sensación de absoluta seguridad porque Sri Aurobindo estaba presente…sensación que no me abandonó ni un minuto en aquellos treinta años. Por eso pude hacer mi trabajo con una Base, realmente con una Base de plenitud, de eternidad y de plenitud. Lo advertí cuando partió: eso repentinamente se desplomó…En todo el tiempo que Sri Aurobindo estuvo aquí…el progreso individual fue automático: todo progreso que Sri Aurobindo hacía, yo lo hacía también. Pero yo estaba en un estado de eternidad, de plenitud, con un sentimiento parecido en toda circunstancia. Nada, nada desgraciado podía suceder, puesto que él estaba presente. Así que, cuando se fue, repentinamente todo…fue como una caída en el abismo.”



Entonces ella había aplicado sus poderes ocultos y había cerrado una puerta interior, la puerta de su ser psíquico, que era el asiento del Amor pues, de otro modo, él la habría arrancado de allí. “Cuando salió de su cuerpo y entró en el mío (la parte más material de él, la parte relacionada con las cosas externas) y entendí que yo tenía la entera responsabilidad de la obra y de la sadhana, bueno, entonces guardé bajo llave una parte de mí, una parte psíquica profunda que estaba viviendo, más allá de toda responsabilidad, en el éxtasis de la realización: el Supremo. La tomé y la cerré bajo llave, la acordoné y dije: “No te vas a mover hasta que todo lo demás esté listo”… Lo que en sí mismo fue un milagro. Si no lo hubiera hecho, le habría seguido, y nadie habría quedado para continuar la Obra. Le habría seguido automáticamente, sin pensarlo siquiera. Pero cuando entró en mí, dijo: “Tú harás la obra. Uno de los dos tenía que partir y yo me voy, pero tú harás la obra.” Ella abrió esa puerta diez años después, y con el mayor de los cuidados.



Todas las actividades quedaron interrumpidas en el Ashram durante doce días. Lo que le pasó a la Madre aquellos días en su interior no está documentado en parte alguna. Probablemente debió de estar en un estado permanente de concentración interior y de consulta, pues la cuestión era si la Obra había de continuarla sola y si el Ashram como institución había de continuar existiendo. “Después del tránsito de Sri Aurobindo, se temió en algunos ambientes que el Ashram se derrumbara o entrara en declive”, escribe Nirodbaran. La Madre aparentemente todavía era “en algunos ambientes” una dama francesa cuya relación con la Divinidad y el Supramental nunca podía ser igual de auténtica como la de un hindú…Pero sea como sea, uno solamente puede escudriñarse a sí mismo y preguntarse cómo habría reaccionado en circunstancias tan imprevistas y dramáticas.



Aunque la Madre dejó que se agotara el período de los doce días, para ella todo quedó decidido y determinado en los primeros días. Sri Aurobindo había entrado físicamente en ella con toda la fuerza Supramental que había acumulado en sus células. Ahora ella era MADRESRIAUROBINDO y a menudo hablaría en los años siguientes de lo íntimamente ligadas que estaban ambas personalidades y cuán concreta era la presencia de Sri Aurobindo en ella. Indudablemente había visto en toda su amplitud la maestría espiritual de Sri Aurobindo, así como la amplitud de la tarea que ahora descansaba completamente sobre sus hombros en lo que a la sadhana física en la Tierra se refiere. También debe de haber visto que su confrontación voluntaria con la muerte, aun cuando inesperada en la evolución de la Obra, había sido la acción correcta para acelerar esa Obra con el fin de posibilitarla dentro del tiempo de la presencia corpórea terrenal del Avatar. Y a ella le habrá quedado claro que su cuerpo, ya preparado para su tarea sobrehumana en la matriz de su madre, estaba mejor equipado que el de Sri Aurobindo para afrontar las primeras y críticas fases de la transformación Supramental.



Las experiencias y los progresos de la sadhana de Sri Aurobindo anteriores a Arya, sin menospreciar lo más mínimo su importancia, pueden considerarse como una preparación para la gran Obra. Lo mismo vale para la sadhana de la Madre que, según está confirmado por el mismo Sri Aurobindo, había seguido por necesidad una línea y un objetivo iguales al suyo, pues los dos eran el uno y mismo Avatar de la Supermente. A partir de Arya, su Obra, que recibió la sanción definitiva en el momento de su segundo encuentro en 1920, fue un río poderoso en los paisajes de la Materia, un río que se ramificaría en un anchuroso delta de creciente fuerza Supramental en la atmósfera de la tierra, y que finalmente desembocaría en el océano de la Presencia Supramental, en el cuerpo maternal viviente de nuestro planeta simbólico. Sri Aurobindo y la Madre, siendo el Avatar bipolar Supramental, han “visto” este río y su destino desde el comienzo de su yoga integral; siempre han tenido un profundo conocimiento de él, pero su lecho había de ser limpiado, rebajado y desbrozado en el terreno pedregoso de la Materia (en esto consistía su sadhana), un esfuerzo abocado al fracaso según todos los que se lo habían planteado o intentado en épocas anteriores.

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