sábado, 24 de abril de 2010




☼ T E M A S




» TEMA 1: EL HOMBRE NUEVO



» TEMA 2: LA EDUCACION MENTA Y SUPRAMENTAL



» TEMA 3: ¿UN GUIA PARA ESTOS TIEMPOS?



» TEMA 4: LA FE Y LA DUDA



» TEMA 5: ¿POR QUÉ NUESTRO MUNDO FUE CREADO CON LA PRESENCIA DEL DOLOR, EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE?



» TEMA 6: EL ASCENSO DE LA VIDA



» TEMA 7: UN ENCUENTRO QUE CAMBIARIA EL MUNDO



» TEMA 8: EL ESPIRITU REVOLUCIONARIO



» TEMA 9: SOCIOLOGIA DE LA NUEVA HUMANIDAD



» TEMA 10: LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA



» TEMA 11: LAS NUEVE ACTITUDES DE LA SADHAKA DIARIA



» TEMA 12: ACERCA DE LA MEDITACION



» TEMA 13: LOS PELIGROS DE LA ZONA INTERMEDIA



» TEMA 14: EL VALLE DEL FALSO RESPLANDOR



» TEMA 15: LA EVOLUCION MAS ALLA DEL HOMBRE



» TEMA 16: EL ORIGEN Y EL REMEDIO DE LA FALSEDAD, EL ERROR, LA EQUIVOCACIÓN Y EL MAL



» TEMA 17: NUESTRO ESFUERZO CONSISTIÓ......



» TEMA 18: CARTA A BARIN



» TEMA 19: LA FE DEL GUERRERO ARIO



» TEMA 20: EL DESCUBRIMIENTO SUPREMO



» TEMA 21: LA SUPERMENTE Y LA VIDA DIVINA



» TEMA 22: ¿NINGUN DESEO?...



» TEMA 23: EL VIAJE DEL ALMA



» TEMA 24: UN NUEVO COMIENZO PARA NOSOTROS



» TEMA 25: REFUNDACION



» TEMA 26: EL ALIMENTO ESPIRITURAL



» TEMA 27: ESPACIO Y TIEMPO



» TEMA 28: LA VIDA ES UNA EVOLUCION DE LA CONSCIENCIA



» TEMA 29: EL PURO EXISTENTE







☼ D O C U M E N T O S



» DOCUMENTO I: ENTREVISTA A SRI AMAL KIRAN



» DOCUMENTO II: CONMEMORACION DE SRI AUROBINDO EN LA SORBONA (5 DE DICIEMBRE DE 1955) EXTRACTOS



» DOCUMENTO III: EL CAMINO



» DOCUMENTO IV: LA PRIMERA EXPERIENCIA MEDITATIVA DE SRI AUROBINDO



» DOCUMENTO V: DOCE DIAS TRANQUILOS

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- T E M A S -

TEMA 1: « EL HOMBRE NUEVO »
La idea del prototipo del “hombre nuevo”, ha creado recientemente muchas discusiones con no muy buenos resultados. El hombre normal es propenso a resentirse por sta “denominación”, ya que presiente como si fuera privilegio de unos pocos ascender a las alturas para dominar a los demás, por algún poder limitador de la dignidad o libertad humana.
Es como si el Hombre nuevo fuera una glorificación de un raro y solitario superego, que ha superado a los otros en las cualidades humanas.

No obstante este significado del Hombre nuevo, no es más que una parodia intolerante y mezquina. El evangelio de esta verdadera humanidad nos lo presenta como el ideal magnánimo, misericordioso y noble para toda la raza humana en vías de desarrollo. El Hombre nuevo es el fruto del equerimiento hecho al hombre mismo por la evolución de la Naturaleza hacia lo Superior, y que ya casi se adivina. Y cuando eso se imagina y se comprende, es la Idea que llega a ser la semilla más potente que queda ser sembrada en la tierra, para un nuevo crecimiento.

AUTORECONOCIMIENTO

El Hombre nuevo puede auto reconocerse por un mandato (algo que sabe) esencialmente interno; es como una ley secreta de su Unidad que conoce la ley de otro ser y la del ser del mundo.

Siente una NECESIDAD que le compele y obliga a realizar sus grandes posibilidades propias, por un mandato divino que le llega a la superficie mental pero en esencia es un impulso interno de su alma que busca exteriorizarse en el individuo.

“Tenemos entonces dos principios en la Vida: la necesidad o la voluntad del ego separado de sobrevivir en su distinción y conservar su identidad, y la compulsión impuesta por la Naturaleza de fundirse con los demás”

Pero Dios es muy complejo y la tentación del intelecto humano es buscar el camino más corto y fácil hacia la Naturaleza Superior. Por lo que generalmente optamos por dedicarnos compulsivamente a algún trabajo relacionado con la ayuda o el amor que satisfaga temporalmente nuestros impulsos. O bien buscamos nuestra salvación individual, escapando al cielo en un acto de supremo egoísmo, dejando a los demás abandonados en la tierra. Si los más preparados pretendieran escaparse de esta manera liberándose a ellos mismos, que sería de los menos preparados, abandonados a su suerte en esta tierra. El hombre nuevo siente la necesidad de quedarse en esta tierra hasta que la última alma humana sea liberada del yugo de la esclavitud.

“Sin embargo, ésta no puede ser la última etapa; esa sólo puede alcanzarse cuando se armonicen los dos principios, cuando el individuo pueda persistir en la conciencia de su individualidad y con todo fundirse con los demás sin alteración del preservador equilibrio ni interrupción de la supervivencia.”

EL DESCUBRIMIENTO DEL AMOR

¿Qué puede ser más divino que el amor? Pero la adoración y la devoción son impotentes por sí solas para resolver las discordias del mundo. “

La asociación con el amor como su principio secreto y su emergente cima es el modelo, el poder de esta nueva relación y, por lo tanto, el principio rector del desarrollo en el tercer estado de la vida. La preservación consciente de la individualidad junto con la conscientemente aceptada necesidad y deseo de intercambio, auto-entrega y fusión con otros individuos, es necesaria para el funcionamiento del principio del amor; pues si queda abolida, la actividad del amor cesa, cualquiera sea el lugar que tome”
Jesús, El CRISTO el Avatar adorado del Amor, es un ejemplo Divino, su memoria es luminosa e imperecedera. Pero seguirá siendo ineficaz para nosotros y para la vida hasta que no lo bajemos de la Cruz y armonicemos la adoración y devoción con el resto de las cualidades Divinas que son necesarias para nuestro desarrollo hacia el hombre nuevo.
Dios no solo es Amor; otro de los nombres de Dios es Conocimiento. Cuando en el Templo que adoramos o en la ONG que trabajamos le cerramos las puertas al Poder del Conocimiento (error que cometemos continuamente), esterilizamos nuestras raíces secretas y secamos el pozo de nuestra vida interior, convertimos la Unidad en un cero inexistente y encontraremos al final que nuestro loto del corazón está embotado, muerto o marchitado, descubrimos que hemos alcanzado la muerte y no la gran existencia.
Y todo esto ocurre porque no hemos reconocido la complejidad del enigma que debemos resolver aquí.
Generamos contradicciones y oposiciones entre las palabras AMOR, PODER, CONOCIMIENTO, etc., y todos estos nombres son Dios. El enigma se resuelve armonizando los contrarios, viendo la real UNIDAD en los opuestos. El Amor por sí solo no puede resolver las discordias del mundo, ni puede impulsar tu naturaleza hacia su transmutación .
“Los individuos y los agregados (grupos de individuos), que desarrollan primordialmente la ley de asociación y la ley de amor, de ayuda común, bondad, afecto, camaradería, unidad, que armonizan más exitosamente la supervivencia y mutua auto-entrega, el grupo que incrementa al individuo y viceversa, y el individuo que incrementa al individuo y el grupo que hace lo propio con otro grupo, mediante intercambio mutuo, serán los más aptos para la supervivencia en este estado terciario de la evolución.”
EL SECRETO ES LA UNIDAD
Dios es el UNO que todo abarca; no existe nada que no sea EL, y a través de nosotros se busca a SI mismo, evoluciona desde nuestra ignorancia hacia ese hombre nuevo que ya emerge.

Una UNIDAD compleja que abrace y entienda todo lo que nos rodea es el secreto que tenemos que descubrir y hacerlo consciente para poder determinar nuestras acciones y saber que es lo que tenemos que hacer para que nuestros esfuerzos no se pierdan en sueños frustrados por nuestra relación con los demás.
CUANDO NUESTRO CORAZON LLENO DE AMOR SE CALMA, POR EL CONOCIMIENTO EN NUESTRA MENTE; EL CORAZON SE VA ILUMINANDO Y PURIFICANDO EN SUS PASIONES E IMPULSOS EGOICOS.
Cuando el cerebro luminoso del Conocimiento acepte y transforme las inspiraciones oscuras del corazón y se preste el mismo a dominar sus ideas de “ego separado” sometiéndose a una Voluntad Superior que busca realizar la Unidad aquí en la tierra; el Hombre nuevo comprenderá que su alma sacrificada le impulsará a la NECESIDAD de experimentar esa Unidad con un grupo de personas afines, aceptando todos los choques que surgirán de esta relación, como la oportunidad que le brinda la Voluntad Superior, para transmutarlos por el Poder contenido en un Amor, que unido al Conocimiento, le otorgara el Poder de escalar la cima de la Unidad por el paso estrecho y provisional del grupo y la creación progresiva del alma grupal, en la unidad gnóstica.
El Hombre nuevo no será un diferenciado ser de la integral UNIDAD. El hombre nuevo consciente de la integral unidad, sentirá a los otros como algo mayor que él mismo, integrándose en ellos e integrando a ellos en él, abarcando la vida de grupo como algo mayor que su propia vida, sometiéndose al grupo y el grupo sometiéndose a él, en una relación mutua de crecimiento del grupo y crecimiento del individuo. Al final del sendero el nuevo grupo, la nueva comunidad gnóstica habrá materializado una nueva realidad del Espíritu, el Alma grupal (célula transitiva hacia la Unidad del UNO). Individuos libres conscientes de la Unidad en los muchos e individuales en el accionar del espíritu, constructores de una nueva tierra, materializadores de un cielo de tierra.

“El amor mismo al principio obedece a la ley del hambre y disfruta el recibir y sacar de los demás, más bien que el darse y rendirse a los demás, que admite principalmente como precio necesario para obtener la cosa que desea. Pero aquí no ha llegado aún a su verdadera naturaleza; su verdadera ley es establecer un comercio igual en el que la dicha de dar se iguale a la dicha de recibir y tienda, al fin, a convertirse en aún mayor; pero eso ocurre cuando se lanza más allá de sí, bajo la presión de la llama física para alcanzar la realización de la completa unidad y, por lo tanto, ha de realizar a aquellos que le parecieron como separados, aquello que le pareció (no-yo) como un ser (yo) más grande y querido que su propia individualidad. En su origen-vital, la ley del amor es el impulso de realizarse y lograrse uno mismo en los demás y por los demás, de enriquecerse enriqueciendo, de poseer y ser poseído pues sin ser poseído no se posee uno mismo por completo.
La incapacidad inerte de la existencia atómica de poseerse, la sujeción del individuo material al (no-yo), pertenece al primer estado de la vida. La conciencia de la limitación y la lucha por poseer, por dominar al ser (yo) y al de los demás (no-yo), es el modelo del estado secundario. Aquí también el desarrollo hacia el tercer estado trae una transformación de los términos originales dentro de un logro y una armonía que repite los términos mientras aparentemente los contradice. Adviene, a través de la asociación y del amor un reconocimiento de los demás (no-yo) como ser (yo) mayor y, por lo tanto, una sumisión conscientemente aceptada a su ley y necesidad que realiza el creciente impulso de la vida de grupo a absorber al individuo; y hay una posesión nuevamente, por parte del individuo, de la vida de los demás como la suya propia y de todo lo que ha de dársele como suyo propio, que realiza el impulso opuesto de la posesión individual. Esta relación de mutualidad entre el individuo y el mundo en que vive no puede expresarse, completarse ni asegurarse a menos que se establezca la misma relación entre individuo eindividuo y entre grupo y grupo. Todo el difícil esfuerzo del hombre en pro de la armonización de la autoafirmación y de la libertad, por la que se posee a sí mismo, con la asociación y amor, fraternidad, camaradería, en las que se entrega a los demás, --(sus ideales de armonioso equilibrio, justicia, mutualidad, igualdad por los que crea un equilibrio de los dos opuestos)--, son en realidad un intento inevitablemente Predeterminado en sus lineamientos para resolver el problema original de la Naturaleza, el problema de la Vida misma, mediante la resolución del conflicto entre los dos opuestos que se presentan en los fundamentos mismos de la Vida en la Materia. La resolución es intentada por el principio superior de la Mente que sólo puede hallar el camino hacia la armonía buscada, aunque la armonía misma solo pueda hallarse en un Poder todavía más allá de nosotros.”
Sri Aurobindo nos legó en su libro póstumo “la manifestación supramental sobre la tierra”, las inmensas posibilidades para cualquier grupo de seres humanos que aspiren unidos en su empeño a una forma de vida colectiva perfecta e individual, o que aspiren a la vida divina, serán asistidos desde Arriba en la consecución de su aspiración y esa sería, por lo menos, la consecuencia mínima de la acción de la Supermente.

“Las notas en cursiva pertenecen al capítulo 21 de la Vida Divina. Bibliografía para ampliar: Los últimos 5 capítulos de la Vida Divina”
ACERCA DE LA PRACTICA
La evolución es la continua materialización del espíritu en el cuerpo, vida y mente humanos, transformándolos y elevándolos al mismo tiempo hacia cimas más altas, sutilizando la mente, lo vital y el cuerpo físico (los planos materializados de nuestra naturaleza), sirviendo al objetivo de la Naturaleza evolutiva de alcanzar lo Superior, con el fin próximo de materializar una consciencia nueva, el “hombre nuevo”, que representará la promesa del espíritu de alcanzar cotas todavía más elevadas. Para aquel que tiene la necesidad y la aspiración, la pregunta que se hace podría ser: ¿cómo se realiza esto? ¿ qué tengo que hacer?.
Toda experiencia espiritual, debe ser realizada aquí, para que pueda servir a la humanidad. El que busca experiencias para sí mismo, para ascender hasta las alturas celestiales, se olvida de los demás, busca unirse a Dios dejando atrás a todos los demás; es el mayor acto de egoísmo. Pues el plan divino consiste en que la tierra se divinice y se convierta en un Cielo de tierra, no debemos buscar el cielo (al cielo no le hacemos ninguna falta), sino materializarlo aquí mismo. Es el Espíritu mediante su presión desde arriba, quien responde descendiendo a la llamada de la aspiración desde abajo. Es el Espíritu el que se materializa progresivamente en la materia humana, modificándola y sutilizándola, debemos ser conscientes de este proceso en nuestro despertar al conocimiento.
Por lo tanto si yo quiero materializar el Amor, de poco me sirve imaginar y sentir que quiero a todo el mundo, ir de vez en cuando a un curso “espiritual” y salir satisfecho de lo bueno que uno es y lo bien que me siento. De nada me sirve sentirme virtuoso, por mis buenas acciones y pensar que esto es suficiente. Esto no son más que autoengaños del corazón que la mente consiente, sin conseguir nada estable y transformado en nosotros.
Materializar en uno mismo el Amor, no es trabajo sencillo, necesita de un gran esfuerzo de apertura a los demás, formando un grupo donde se aprende a vivir esta experiencia intensa de roces y choques entre individuos, ideas, actitudes, formas de ser……… con los otros (no yo) hasta que la intensa experiencia de sufrir lo que nos molesta de los demás nos vaya abriendo a un conocimiento que se nos desvela como fruto o gracia de nuestra aspiración inquebrantable a soportar la experiencia, esta aceptación desembocara en una consciencia de Unidad cada vez más abarcante y comprehendente de los otros como si fueran (yo) mismo, iluminando nuestra mente y Enamorando a nuestro corazón.

Este mundo material es de experiencia, la experiencia del Amor debe vivirse para materializarse en nosotros y poder sentir su capacidad transformadora.
¿Cómo se practica y se materializa el Amor? Como indica Sri Aurobindo, el camino para el ser individual esta abierto, nosotros os sugerimos el camino grupal, por su asistencia desde lo superior y por su capacidad de acelerar vuestra evolución; no negamos otros caminos que el infinito prevea para el logro de sus fines.

- En primer lugar esto te obliga a buscar y unirte en un grupo de personas dispuestas a vivir y compartir esta experiencia intensa.
- En segundo lugar debes saber que lo vais a pasar muy mal, porque las personas que os unáis para trabajar juntas, aportáis vuestra aspiración, pero también aportáis todas vuestras imperfecciones, y es muy probable que las fuerzas de separación que actuarán sobre el ego de vuestras imperfecciones terminen rompiendo el grupo.

- Para soportar esta primera fase de rechazo, debéis aguantar sin abandonar el grupo. El que no aguanta no consigue materializar el Amor. El que aguanta esta primera fase de intenso rechazo entre las individualidades del grupo, aportando comprensión, dulzura, armonía y ecuanimidad; tendrá posibilidades de avanzar.

- No debéis ocuparos ni preocuparos por las personas que abandonan, ya que la Providencia Divina esta con ellas, sabiendo en cada momento lo que necesitan.

- No debéis crear reglas, ni organización, ni liderazgo alguno. Dejad que el Espíritu realice su labor entre vosotros, que la jerarquía y la organización Divina, sabrá crear los obstáculos y las soluciones para que vuestra experiencia con el paso del tiempo vaya siendo consciente de que el proceso es asistido desde arriba.

- Al principio no os juntéis frecuentemente, sería insoportable, debéis juntaros como mucho 1 o 2 veces por semana, y poco a poco poneros a prueba con convivencias cortas de un fin de semana por ejemplo. Ser sinceros y expresar vuestras emociones, no acumuléis tensiones en vuestro interior sin exponerlas a los demás.

- Con el tiempo, los que aguanten, experimentarán la necesidad interior de querer verse y juntarse más a menudo. Es ese momento, el que indica el comienzo de la creación de un alma grupal.
- Más adelante comenzareis a aspirar a una convivencia mas estrecha, en ese momento sin daros cuenta el Amor subconscientemente se habrá empezado a instalar en vuestro corazón. Os ocurrirá que os seguirán molestando las cosas de los otros que no os gusten, pero algo dentro de vosotros empezará a mirarlo de otra manera; y las tensiones interiores y los deseos de separación durarán menos tiempo.

- En el futuro, seréis conscientes de que vuestra mente ya no es la misma, el esfuerzo aceptable de haber vivido la experiencia y aguantado las fuerzas de separación, os aportará una consciencia mental más elevada, capaz de comprender y luego ser consciente del alcance del fenómeno en marcha, un conocimiento mucho más vasto y abarcante se habrá instalado en vuestro cerebro, vuestro ego individual se habrá sutilizado, vuestro corazón se irá calmando y el Amor ya tiene posibilidad de materializarse en vosotros, ya no podréis entender la vida sin el grupo, observareis que algo más grande que uno mismo se esta materializando y apunta a una cima todavía más alta.

- Otras fases intermedias habrán en vuestra formación grupal que no es relevante explicarlas, sino que las experimentéis por vosotros mismos. Lo importante es haber llegado hasta aquí porque ya habría una cierta garantía de éxito en la consolidación de la formación grupal.

- Al final los que quedéis en el grupo descubriréis que no Ama el que quiere, sino el que Puede; porque se necesita el Poder para Amar y este Poder se obtiene cuando el Conocimiento y Amor se unen.
- En la fase de consolidación del grupo, seréis conscientes que la única forma de vencer a las fuerzas de separación que sentís cuando algo de los demás hermanos no os gusta, no entienden o no comparten, es el conocimiento de que ellos son como tú, una parte del infinito y como infinito son libres y únicos; y este conocimiento os dará el Poder de la aceptación por el Amor y sentiréis que el Yo grupal es Mayor que vuestro propio (yo) , porque el Poder del Amor negará la entrada a la fuerza de separación y el Alma grupal se manifestará en vosotros sintiéndoos UNO, la convivencia y el trabajo común os llevará a la acción Divina sobre el mundo alrededor vuestro. No se detiene aquí el proceso ascendente, vuestra próxima meta, apunta a cimas más altas.

Podría ser que vuestro destino os lleve a materializar al ser espiritual, convirtiéndoos en lo que Sri Aurobindo denomina un grupo gnóstico de conocimiento e irradiaréis un magnetismo transformador al mundo que os rodea, transformándoos y transformándolo para la Vida Divina sobre la Tierra. Mantenedores de vuestra individualidad y unidos en lo Total , verdaderos anarquistas espirituales.

Esta es la gran aventura de la Consciencia que presiona sobre la Humanidad de hoy; de este esfuerzo evolutivo saldrá el “hombre nuevo”.
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Bibliografía: los cinco últimos capítulos de La Vida Divina por Sri Aurobindo.

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TEMA 2: ♦ LA EDUCACION MENTAL Y SUPRAMENTAL ♦




M.K. Raina (India)

Profesor y director del Departamento de Psicología de la Enseñanza y de Fundamentos de la Educación, Consejo Nacional de Investigaciones y Capacitación en Pedagogía, Nueva Delhi. Fue Miembro Superior del Consejo Indio de Investigaciones en Ciencias Sociales, Universidad Jawaharlal Nehru, Nueva Delhi. Recibió el Premio VKRV Rao de Ciencias Sociales y el Primer Premio de Creatividad del Consejo Mundial de Niños Dotados y de Talento, Estados Unidos de América. Recientemente ha publicado estudios acerca de Rabindranath Tagore. Sus dos últimos libros son Creativity Passion [Pasión por la creatividad] e International Perspectives in Creativity Research [Perspectivas internacionales de las investigaciones sobre la creatividad]. Es director adjunto de la Encyclopedia of Psychology [Enciclopedia de psicología] y colaborador de la Encyclopedia of Creativity [Enciclopedia de la creatividad] y de la Encyclopedia of Psychology and Neuroscience [Enciclopedia de psicología y neurociencia].
SRI AUROBINDO

(1872–1950)
Explorador y aventurero de la conciencia (Das, 1977, 1999; Joshi, 1998a), visionario de la evolución (Satprem, 1984), Sri Aurobindo (1972a, pág. 49) había revelado: “Nadie puede escribir acerca de mi vida porque no ha estado en la superficie como para que el hombre la vea”, apreciación que encuentra ecos en Rabindranath Tagore (véase Raina, 1997), el poeta-artista, compatriota bengalí y premio Nobel de literatura, que con Aurobindo se sentía en una profunda reciprocidad y que también había advertido que no debemos buscar al poeta en su biografía. De hecho, a juicio de McDermott (1972), “interpretar la vida de una gran personalidad espiritual es siempre una empresa traicionera, y la vida de Sri Aurobindo es particularmente inescrutable” (pág. 15).
Nacido en Calcuta, entonces la capital de la India británica, el 15 de agosto de 1872, Aurobindo Ackroyd Ghose –el segundo nombre occidental se lo puso su padre al nacer– era el tercer hijo del doctor Krishnadhan Ghose y de Swarnalata Devi. El tratamiento “Sri”, usado tradicionalmente como señal de respeto o veneración, formaba parte de su nombre. En sánscrito, “aurobindo” significa loto. Su padre lo eligió pensando que era único, sin saber que en el lenguaje del ocultismo, el loto es el símbolo de la conciencia divina.
Aurobindo recibió su primera educación en un colegio de monjas para niños europeos; en 1879, su padre lo llevó a Inglaterra para que cursara estudios en Manchester y más tarde en la St. Paul’s School de Londres. Gracias a una beca de la St. Paul’s, Aurobindo pudo ingresar en 1889 en el King’s College de la Universidad de Cambridge. Ganó la práctica totalidad de los premios de griego y latín. En 1892 aprobó la primera parte del examen de fin de carrera de Clásicas con las mejores notas. El mismo año salió airoso del examen de ingreso en la Administración Pública de la India, pero no se presentó a la prueba de equitación y no fue nombrado funcionario.

Sri Aurobindo, que había comenzado a escribir a edad temprana, ya durante sus años de escolar en Manchester (1879–1984), siguió cultivando su creatividad en todas las turbulentas fases de su vida, incluso durante su encarcelamiento. Su primer libro, una colección de poemas titulada Songs to Myrtilla [Canciones a Myrtilla], fue publicado en 1895. En el tiempo transcurrido entre ese momento y el último libro que publicó en vida, Savitri (1950), escribió numerosas obras sobre yoga, cultura y sociología, además de poesías y obras de teatro, contribuciones todas ellas de gran importancia y variedad al pensamiento y la acción humanos.
Sri Aurobindo creó una nueva cosmología y una nueva metafísica en su libro ‘Life divine’ [La Vida divina], “considerada la obra maestra del siglo en el campo de la filosofía” (Vrekhem 1999, pág. 44). En esta obra y en sus cartas revolucionó la concepción misma de la psicología y le dio un nuevo fundamento. Formuló un enfoque profundamente nuevo de la sociología en ‘The human cycle‘ [El ciclo humano], demostrando a través de un análisis perspicaz de los sistemas pasados y presentes de pensamiento social y político cómo la base de un orden social nuevo y duradero ha de ser una actitud verdaderamente espiritual. Extendió la aplicación de este mismo enfoque a la esfera de la política internacional en ‘The ideal of human unity‘ [El ideal de la unidad humana] y en sus escritos sobre educación formuló una teoría que, con algunas variaciones, podría adaptarse a todas las naciones del mundo para fomentar el crecimiento de la conciencia integral en todos los alumnos y devolver al Espíritu su autoridad legítima sobre una materia desarrollada y aprovechada al máximo. En ‘The synthesis of Yoga‘ [La síntesis del yoga] demostró cómo todos los sistemas de yoga se combinan y convergen en el camino a la Supermente. En ‘The secret of the Vedas‘ [El secreto de los Vedas], ‘The essays on the Gita‘ [Los ensayos sobre el Gita] y en sus escritos sobre los Upanishads, inicia nuevas formas de estudio de los textos indios antiguos que harían época, arrojando nueva luz en lo filosófico y reduciendo la antropología y la antropomorfología al lugar que en justicia les corresponde en un plan equilibrado de conocimientos. Ofreció una interpretación iluminadora de la cultura india a través de los siglos en ‘The foundations of Indian culture‘ [Los cimientos de la cultura india].
En su intrincado poema épico Savitri, Sri Aurobindo desvela la consumación de los muchos estilos poéticos que ensayó en todas sus obras. Se ha estimado que sus 24.000 versos blancos forman el poema más extenso escrito jamás en inglés. En ‘The future poetry‘ [La poesía futura], Sri Aurobindo elaboró una teoría literaria (Heehs, 1989, 1998), tenida por una original contribución a la estética en su concepto de poesía (Gokak, 1973).
Todas esas obras, junto a sus traducciones, cartas y obras menores, fueron compiladas y publicadas sistemáticamente tras dejar su cuerpo fisico, el 5 de diciembre de 1950. En 1972, con ocasión del centenario de su nacimiento, salió a la luz una nueva edición en 30 volúmenes. La Academia Sueca examinó su candidatura al premio Nobel de 1950, el último año de vida de Sri Aurobindo (Heehs, 1989).
Hay muchas maneras de acercarse a Sri Aurobindo, pero la luz que se puede alcanzar de él, como observó Joshi (1998b), dependerá de la altura y de la amplitud de la búsqueda de cada cual. Planteándonos las preguntas más hondas acerca del mundo y de sus posibilidades futuras y del papel que hemos de desempeñar en él y cómo hemos de prepararnos para cumplirlo, nos encontraremos con la verdadera EXISTENCIA de Sri Aurobindo y nos sentiremos realmente preparados para estudiarlo a él y a la conciencia supramental que descubrió e hizo descender a la tierra.
Tres problemas fundamentales orientaron la búsqueda espiritual y la reflexión filosófica y contribuyeron a configurar las teorías principales de nuestro autor. Ellos son: la paradoja de la vida nacional de la India, el supuesto conflicto entre espiritualidad y acción, y la evolución del ser humano. La búsqueda de soluciones a estos problemas guarda relación con la tensión única y creativa que en su propia experiencia se dio entre la espiritualidad y la política, tanto en sus años de revolucionario como durante sus cuatro décadas de sadhana (transmutación espiritual) en Pondichery (Chaudhuri, 1972; McDermott, 1972). Los escritos de Aurobindo proporcionan la fuerza que se necesita para la acción, la realización y la transformación, reflejada en su filosofía, a la que llega a través de la experiencia interior. Así, escribió (ver Heehs, 1989, pág. 110): “A decir verdad, nunca me sentí satisfecho hasta que llegó la experiencia y sobre esta experiencia fundé más tarde mi filosofía”. Su filosofía integral (ver Sorokin, 1960) nace de su yoga, y no a la inversa.
Dos frases tomadas de los escritos de Sri Aurobindo resumen su mensaje: “perfección integral” y “transformación espiritual de la humanidad”. Su llamamiento a la integralidad y a la síntesis de todos los caminos espirituales, aparece clarísimamente reflejado en las siguientes afirmaciones: “Nosotros, los del día venidero, nos situamos a la cabeza de una nueva era de desarrollo que debe conducir a una nueva y más amplia síntesis. […] No pertenecemos a los amaneceres del pasado sino a los mediodías del futuro” (en Joshi, 1998b, pág. 3). Sri Aurobindo considera que la educación es fundamental para alcanzar la perfección integral.

LA EDUCACIÓN INTEGRAL AL SERVICIO DEL CRECIMIENTO DEL ALMA
Originalmente poeta y político, no filósofo, Sri Aurobindo dedicó 45 de sus 78 años de vida a la práctica del Yoga Integral y Supramental y concibió una práctica de Transformación completa, afirmando la realidad del mundo desde el punto de vista Supremo y el valor de la acción sociopolítica desde el punto de vista espiritual. (Chaudhuri, 1972). Tenía plena conciencia de la importancia de las variaciones en el concepto de hombre, de su vida y destino, de la nación y de la humanidad y de la vida del género humano, que aparecen reflejadas en las respectivas filosofías de la educación, y concibió su plan de educación integral enraizado en el “alma en desarrollo de la India, al servicio de sus necesidades futuras, de la grandeza de su autocreación venidera, de su espíritu eterno” (Sri Aurobindo en Sen, 1952, pág. 3). La India, según Sri Aurobindo (1990, pág. 15), siempre ha visto en el ser humano un alma, una porción de la Divinidad envuelta en la mente y el cuerpo, una manifestación consciente en la Naturaleza del ser y el espíritu universales. En su filosofía de la educación (ibíd., pág. 9), Sri Aurobindo sostenía el principio básico, pero comúnmente olvidado, de que “es el Espíritu, la cuestión viva y palpitante de que tenemos que ocuparnos, y no se trata, pues, de escoger entre el modernismo y la antigüedad, sino entre una civilización importada y las posibilidades mayores de la mente y la naturaleza indias; no entre el presente y el pasado, sino entre el presente y el futuro”. De acuerdo con Sri Aurobindo, al concebir una educación verdadera y viva, hay que tener en cuenta tres cosas: el ser humano, el individuo en lo que tiene de común con los demás y en su singularidad, la nación o pueblo y la humanidad universal.

A tenor de ello, Aurobindo concebía la educación como un instrumento para que el Espíritu actuara verdaderamente en la mente y el cuerpo de cada cual y de la nación. Concibió una educación que, en el caso del individuo, tuviese por objeto central el crecimiento del alma y de sus potencias y posibilidades, y que en el caso de la nación, tuviese por primer objetivo la conservación, el fortalecimiento y el enriquecimiento del alma–nación y de su dharma (virtud), y que alzase a ambos, individuo y nación, a las potencias de la vida y a la mente y el alma ascendentes de la humanidad. En ningún momento perderá de vista el objeto principal del hombre, el despertar y el desarrollo de su Ser espiritual (ibíd., pág. 16). Es éste el concepto que inspira la educación integral verdadera y viva.
La integralidad de la educación se concibe como un proceso de crecimiento orgánico y el modo en que se pueden desarrollar e integrar las distintas facultades dependerá de la inclinación, el ritmo de progresión y la ley de desarrollo de cada niño, de su Swabhava (disposición intrínseca) y Swadharma (naturaleza interior). No se concibe la educación integral como yuxtaposición de una serie de materias ni tan siquiera como yuxtaposición de una variedad de facultades. La idea es dar facilidades para diversas facultades y materias y distintas combinaciones de búsquedas de conocimiento, poder, armonía y destreza en obras. Estas facultades se proporcionan de manera tal que puedan ser utilizadas por cada alumno y por el profesor con el fin de que se pueda alentar un proceso natural de desarrollo armonioso.

ANTAHKARNA (MENTE): EL INSTRUMENTO DEL EDUCADOR

Según Sri Aurobindo, la mente, o antahkarna, compuesta de cuatro capas, es el instrumento del educador.
El depósito de impresiones mentales anteriores, la citta, o almacén de la memoria, que debemos diferenciar del acto específico de la memoria, es el cimiento sobre el que descansan las demás capas. La memoria pasiva o citta no necesita adiestramiento, es automática y por naturaleza suficiente para su tarea; ni el más leve objeto de conocimiento que penetra en su campo de aplicación deja de ser aprehendido, colocado e impecablemente conservado en ese admirable receptáculo. Es la memoria activa, una función más elevada pero desarrollada con menos perfección, la que necesita mejora. La Manas, o mente propiamente dicha, el sexto sentido de la psicología india, es la segunda capa. Tiene por función recibir las imágenes de las cosas traducidas en vista, oído, olfato, gusto y tacto, los cinco sentidos, y traducirlas de nuevo a pensamientos-sensaciones. Por lo tanto, para que no se atrofien ni dañen por falta de uso es crucial emplear correctamente los seis sentidos, adiestrados por el propio niño bajo la dirección del maestro, hasta lograr la exactitud precisa y la sensibilidad fina y sutil de la que son capaces. Además, sea cual sea la asistencia que puedan proporcionar los órganos de acción, debe emplearse a fondo. La mano, por ejemplo, ha de adiestrarse para reproducir lo que el ojo ve y lo que la mente percibe. El habla, hasta conseguir una expresión perfecta del conocimiento que posee toda la antahkarna. El verdadero instrumento de la reflexión, la tercera capa, es el intelecto o buddhi. Ordena y dispone del conocimiento adquirido por las demás partes de la máquina. Por lejos, la parte más importante de las tres mencionadas hasta ahora para la educación, Sri Aurobindo considera que el intelecto está compuesto de distintos grupos de funciones, divisibles en dos clases principales, las funciones y facultades de la mano derecha y las funciones y facultades de la mano izquierda (por sus consecuencias en el contexto de la especialización hemisférica y la educación, ver Raina, 1979).

Las facultades de la mano derecha son globales, creativas y sintéticas; las de la mano izquierda, críticas y analíticas. A la mano derecha pertenecen el juicio, la imaginación, la memoria, la observación; a la izquierda, la comparación y el razonamiento. Las facultades críticas distinguen, comparan, clasifican, generalizan, deducen, infieren y concluyen; son las partes que componen la razón lógica. Las facultades de la mano derecha engloban, ordenan, juzgan por derecho propio, captan, retienen y manipulan. La mente de la mano derecha es la dueña del conocimiento, la de la mano izquierda su sirviente. La mano izquierda sólo toca el cuerpo del conocimiento, la mano derecha penetra en su alma. La mano izquierda se limita a la verdad establecida, la mano derecha capta lo que aún es difícil de aprehender y de establecer. Ambas son esenciales para la plenitud de la razón humana. Estas importantes funciones de la máquina deben ser llevadas a su capacidad de trabajo más elevada y refinada para que la educación del niño no sea imperfecta y unilateral (Aurobindo, 1990, pág. 24).
Sri Aurobindo añade que existe otra capa más de facultades que, aun sin haberse desarrollado completamente en el hombre, está alcanzando gradualmente un desarrollo más amplio y una evolución más perfecta.
Conocemos los poderes característicos de este estrato superior del conocimiento principalmente a través de los fenómenos de la genialidad: el discernimiento fuera de lo normal, la percepción intuitiva de la verdad, la inspiración plena del habla, la visión directa del conocimiento hasta el punto de que a menudo constituye una revelación, convirtiendo al sujeto en profeta de la verdad. Estos poderes son poco comunes en su desarrollo más elevado, aunque muchos los poseen de manera imperfecta o a rachas. La razón crítica de la humanidad aún desconfía grandemente de ellos debido a una mezcla de error, capricho y una imaginación sesgada que obstruye y distorsiona su funcionamiento perfecto. Sin embargo, está claro que la humanidad no podría haber alcanzado su estadio actual de no haber sido por la ayuda de estas facultades. Es una cuestión a la que los educadores todavía no se han enfrentado: qué hacer con este elemento grandioso y desconcertante, el elemento de genialidad en el alumno. El mero instructor hace todo lo posible por desalentar y reprimir el genio; el maestro más liberal lo acoge de buen grado (ibíd., pág. 25).

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN FÍSICA Y MORAL
Al intentar realizar una síntesis de los valores de Oriente y Occidente en la filosofía contemporánea de la educación, Sri Aurobindo insistió en que un cuerpo sano es una condición necesaria para los logros intelectuales o espirituales. Para él, la educación física no sólo significa el correcto funcionamiento de los distintos órganos del cuerpo, sino también el fomento de la fortaleza, del equilibrio y de un sentido de la belleza. La belleza es el ideal que la vida física tiene que hacer realidad. “Si lo que buscamos es la perfección total del ser”, dice Sri Aurobindo, “no puede dejarse de lado su parte física, ya que el cuerpo es la base material, el instrumento que hemos de usar. [...] La perfección del cuerpo, la mayor perfección que podamos alcanzar con los medios a nuestra disposición, ha de ser el objetivo final de la cultura física”. Por tanto, “el desarrollo de la conciencia física ha de ser siempre una parte importante de nuestro propósito, pero para ello el desarrollo adecuado del propio cuerpo es un elemento esencial; la salud, la fortaleza, la buena forma física son las necesidades primeras, pero el propio armazón físico ha de ser el mejor posible” (ibíd., págs. 68 y 69).
La educación del intelecto, dice Aurobindo, divorciada de la perfección de la naturaleza moral y emocional es perjudicial para el progreso humano. Él admite las dificultades con que se tropieza al intentar dar una formación moral adecuada en la escuela y en la universidad. Distingue el corazón de la mente y dice que instruir la mente no es instruir el corazón. Se percata del peligro de usar manuales escolares de moral con ese fin, porque hacen que la reflexión sobre las cosas elevadas sea mecánica y artificial, y todo lo que es mecánico y artificial no sirve para el bien. Además, con pertinencia señala que “el intento de hacer que los niños sean morales y religiosos por medio de la enseñanza de libros de texto de moral y religión es vanidad y engaño, precisamente porque el corazón no es la mente y al instruir la mente no se mejora necesariamente el corazón” (ibíd., pág. 27).
Para Sri Aurobindo, la mejor formación moral para un hombre consiste en “habituarse a las emociones correctas, a las asociaciones más nobles, a las mejores costumbres mentales, emocionales y físicas, y a llevar a cabo la acción correcta siguiendo los impulsos fundamentales de su naturaleza Esencial” (ibíd., pág. 27). Como educación moral y religiosa, cualquier intento de imponer a los niños una disciplina determinada, haciéndolos encajar en un molde determinado, forzándolos al camino deseado es esencialmente hipócrita y despiadado. Sólo lo que el ser humano admira y acepta se convierte en parte de sí mismo; el resto es una máscara. Por otro lado, descuidar la educación moral y religiosa equivale a corromper el género humano. En la formación moral, Sri Aurobindo destaca el valor de la sugerencia y desaprueba la imposición. “La primera regla de la formación moral”, dice, “es sugerir e invitar, no ordenar ni imponer. El mejor método de sugerencia es el ejemplo personal, la conversación diaria y los libros leídos día a día” (pág. 29).
“Por lo tanto, es menester dar a cada niño”, dice Aurobindo, “la oportunidad práctica y el aliento intelectual necesarios para desarrollar todo lo que haya de mejor en su naturaleza. Si tienen malas cualidades, malas costumbres, malos samaskaras (patrones de comportamiento), tanto de la mente como del cuerpo, no hay que tratarlos con dureza, como delincuentes, sino alentarlos a que se deshagan de ellos a través del Rajayogic (un tipo de yoga), del método de samyama (autocontrol), del rechazo y de la sustitución (ibíd., pág. 30). En vez de desalentar a esas personas, a Aurobindo le gustaría que se las animara a pensar en los rasgos malos, “no como pecados o infracciones, sino como síntomas de una enfermedad que se puede curar, que puede modificarse gracias a un esfuerzo de la voluntad continuo y sostenido, rechazando la falsedad […] y reemplazándola por la verdad, así como el temor por el valor, el egoísmo por el sacrificio y la renuncia, la malicia por el amor” (pág. 30). Las virtudes que aún no están formadas, no han de rechazarse como si de faltas se tratase.
Ninguna enseñanza religiosa, según Aurobindo, tiene valor alguno, “a no ser que sea vivida, y la utilización de distintos tipos de sadhana (autoinstrucción y ejercicio espiritual) constituye la única preparación efectiva para la vida religiosa. Para muchas mentes, el ritual de la oración, del homenaje y de la ceremonia se ha convertido en preparación esencial y, siempre que no constituya un fin en sí mismo, es de gran ayuda para el progreso espiritual; si se niega, es menester poner en su lugar otras formas de meditación, devoción u obligación religiosa. De lo contrario, la enseñanza religiosa es de poca utilidad y casi sería mejor no impartirla” (pág. 31).

LOS PRINCIPIOS DE LA ENSEÑANZA Y LA INSTRUCCIÓN DE LOS SENTIDOS
En una serie de artículos que Sri Aurobindo escribió entre 1909 y 1910, enunció tres principios fundamentales de la enseñanza: “El primer principio de la verdadera enseñanza es que nada puede enseñarse. El profesor no es ni un instructor ni un maestro de tareas; es un ayudante, un guía. Su labor consiste en sugerir, no en imponer”. El segundo principio es que “hay que consultar a la mente en su crecimiento”. Sri Aurobindo indicó que la idea de hacer encajar al niño en el molde deseado por los padres o por el profesor, es una superstición bárbara y propia de ignorantes. Advirtió que obligar a la naturaleza a abandonar su propio Dharma es hacerle un daño permanente, mutilar su crecimiento y deformar su perfección, y que los padres o los maestros no pueden cometer un error mayor que decidir de antemano que un alumno dado ha de desarrollar unas cualidades, capacidades, ideas o virtudes determinadas.
O que ha de estar preparado para una carrera convenida previamente. Y el tercer principio de la educación que Sri Aurobindo estableció es trabajar desde lo próximo a lo alejado, desde lo que es a lo que será. En otras palabras, Sri Aurobindo puso de relieve que la educación ha de proceder a partir de la experiencia directa (vivida) y que incluso lo que es abstracto y está alejado de la experiencia ha de traerse al alcance de ésta. El conocimiento tiene que ser el paso de la experiencia personal a una experiencia más amplia, más intensa y más elevada.
Encontramos en Sri Aurobindo otras directrices. Al explicar los instrumentos de trabajo del maestro, escribe:
[L]a enseñanza, el ejemplo y la influencia; éstos son los tres instrumentos del guru (maestro o guía). Pero el maestro sabio no buscará imponerse ni imponer sus opiniones en la aceptación pasiva de la mente receptiva; contribuirá sólo con lo que sea productivo y seguro como una semilla que crecerá bajo la acogida divina en su interior. Buscará despertar mucho más que instruir; tendrá por objetivo fomentar las facultades y las experiencias a través de un proceso natural y de la expansión libre. Dará un método como ayuda, como instrumento utilizable, no como fórmula imperativa ni como rutina fija. Y estará alerta ante cualquier transformación del instrumento en una limitación, ante la mecanización del proceso (Sri Aurobindo, 1972b, pág. 60). “¿Cuáles son su método y su sistema?”, se pregunta Sri Aurobindo, y contesta “no tiene ningún método y los tiene todos. Su sistema es una organización natural de los procesos y movimientos más elevados de los que sea capaz la Naturaleza. Aplicándolos incluso a los detalles más nimios y a las acciones de apariencia más insignificante con el mismo cuidado y esmero que a los más grandiosos, al final elevan todo a la Luz y lo transforman todo” (ibíd., pág. 55).
“Esta imperfecta naturaleza nuestra”, explica Sri Aurobindo, "contiene los elementos de nuestra perfección, pero en estado embrionario, distorsionados, fuera de lugar, reunidos de manera desordenada o malamente ordenados. Todo este material tiene que ser perfeccionado, purificado, reorganizado, moldeado de nuevo y transformado pacientemente, no despedazado ni talado, ni liquidado o mutilado, no arrasado por la simple coacción o la negación” (ibíd., pág. 233).
Como se observará, estos principios son sutiles y complejos, y no puede extraerse de ellos una fórmula rígida para la práctica. Imponen al maestro una gran responsabilidad y exigen de él las cualidades extraordinarias de un psicólogo profundo (Joshi, 1975).
En cuanto a la formación de los sentidos, Aurobindo no busca otra cosa que la perfección. Esta, dice él, ha de ser una de las principales preocupaciones del maestro. Las dos cosas importantes que se necesitan de los sentidos, señala, son “precisión y sensibilidad”. Para lograrlas, los sentidos dependen de la actividad sin obstáculos de los nervios, que son los canales de su información, y de la aceptación pasiva de la mente, el receptor. En caso de que haya alguna obstrucción, el remedio consiste en purificar el sistema nervioso. “Este proceso restablece indefectiblemente la actividad perfecta y sin obstáculos de los canales y, si se hace bien y meticulosamente, produce una mayor actividad de los sentidos. En la disciplina yoguica se conoce este proceso con el nombre de nadi-suddhi, o purificación de los nervios” (Aurobindo, 1990, pág. 37).
Los seis sentidos que atienden al conocimiento –vista, oído, olfato, tacto y gusto, mente o manas (el sexto sentido de la psicología india)– pueden desarrollarse por medio de los nervios físicos y de los órganos que se encuentran en sus terminaciones, pero para desarrollar el manas hace falta la disciplina yogui suksmadristi, o recepción sutil de imágenes. Aurobindo escribió:
La telepatía, la clarividencia, la clariaudiencia, el presentimiento, el leer los pensamientos y las personalidades y otros muchos descubrimientos modernos son potencias antiquísimas de la mente que se han dejado sin desarrollar y que pertenecen al manas. El desarrollo del sexto sentido nunca ha sido parte de la formación humana. En un futuro ocupará, sin ninguna duda, un lugar en la necesaria formación preliminar del instrumento humano. Entretanto, no hay razón por la que la mente no hubiera de formarse para informar correctamente al intelecto, de manera que nuestro pensamiento pueda comenzar con impresiones, si no completas, sí absolutamente correctas (ibíd., págs. 38 y 39).
Sri Aurobindo analiza las causas de la ineficacia de los sentidos como recolectores de información y la atribuye a su “uso insuficiente”. Dice que los alumnos tienen que superar la inercia tamásica (mente y sentidos obtusos) y acostumbrarse a percibir las imágenes, los sonidos y demás estímulos que los rodean, distinguir unos de otros, identificar su naturaleza, propiedades y orígenes, y fijarlos en la citta para que siempre estén listos para responder cuando se lo pida la memoria. Según él, la “atención” es el factor principal del conocimiento, que considera como condición primera de una memoria y una precisión adecuadas. Además de la atención, dice Aurobindo, “la concentración en varias cosas al mismo tiempo” es a menudo indispensable. Sostiene que es perfectamente posible desarrollar la capacidad de la doble concentración, triple concentración y concentración múltiple, ya que se trata de una cuestión de abhyasa, o práctica natural continuada.
Junto a las facultades de la memoria, el juicio, la observación, la comparación, el contraste y la analogía, ayudas indispensables en la adquisición del conocimiento, Aurobindo destaca la imaginación como instrumento más importante e indispensable. Se la ha dividido en tres funciones: la formación de imágenes mentales; la capacidad de crear pensamientos, imágenes e imitaciones o nuevas combinaciones de pensamientos e imágenes existentes; y la apreciación del Alma en las cosas, la belleza, el encanto, la grandeza, la sugestividad oculta, la emoción y la vida espiritual omnipresente en el mundo. “Desde todos los ángulos, es tan importante como la formación de las facultades que observan y comparan las cosas externas” (pág. 47). Estas facultades mentales, como dice Aurobindo, han de ejercitarse primero en las cosas y después en las palabras y las ideas. Todo esto ha de hacerse de manera informal, recurriendo a la curiosidad y al interés, y evitando la enseñanza y memorización de normas.
Sri Aurobindo critica la enseñanza por fragmentos, práctica común en el sistema de educación actual. La enseñanza no integral, dice, ha de ser relegada al cuarto trastero de añoranzas pasadas. Y es crítico, ya que “cada vez se enseña un poco de una materia, en conjunción con otras muchas, con el resultado de que lo que podría aprenderse bien en sólo un año, malamente se aprende en siete, y el niño sale mal equipado, abastecido de paquetes imperfectos de conocimiento, sin dominar ninguno de los grandes compartimentos del conocimiento humano” (ibíd., pág. 32).
De ese sistema de educación dice Aurobindo que es el que intenta “intensificar esta práctica de la enseñanza por fragmentos en la base y en el centro, y cambiarla de repente a una grandiosa especialización en la parte superior. Esto es apoyar el triángulo en el vértice con la esperanza de que se sostenga” (pág. 32). Aurobindo, pues, encontró algún sentido al sistema antiguo, que era más racional que el moderno: “Aunque no impartía una variedad tan grande de informaciones, construía una cultura más profunda, más noble y mucho más real. La superficialidad, la ligereza discursiva y la voluble mutabilidad de la generalidad de las mentes modernas se deben en gran medida al pésimo principio de enseñar por fragmentos” (pág. 32).
No obstante, Aurobindo deja claro que en el futuro la educación no necesitará someternos al sistema antiguo o al moderno, sino seleccionar sólo los medios más perfectos y rápidos de dominio del conocimiento. Para él, todo niño es indagador, investigador, analizador, anatomista despiadado. Apela a esas cualidades que posee y déjalo adquirir sin darse cuenta el carácter adecuado y el necesario saber fundamental del científico. Todos los niños tienen una curiosidad intelectual insaciable y una inclinación por la indagación metafísica. Utilízala para llevarlo poco a poco a la comprensión del mundo y de sí mismo. Todo niño tiene el don de la imitación y un toque de poder imaginativo. Utilízalos para darle la base de la facultad del artista (págs. 34 y 35). Dejando trabajar a la Naturaleza, obtenemos los beneficios de los dones que nos ha otorgado. Aurobindo insiste mucho en que la atención del maestro debe ir dirigida ante todo al medio y a los instrumentos y en que, mientras éstos no estén perfeccionados, el multiplicar las materias de enseñanza frecuente supone una pérdida de tiempo y de energía. “El idioma materno”, dice, “constituye el medio adecuado de educación y por ello las primeras energías del niño han de ir encaminadas al dominio completo del medio” (pág. 34). En relación con la enseñanza de lenguas, aboga que el momento apropiado para que el niño inicie el estudio de muchos idiomas llega una vez que los instrumentos mentales están lo suficientemente desarrollados para adquirir un idioma con facilidad y rapidez; no cuando el niño entiende parcialmente lo que se le enseña y lo domina con dificultad e imperfectamente. Cree en el valor disciplinario de aprender un idioma, especialmente el idioma propio que, dice, nos prepara para dominar los demás. Mantiene que con la facilidad desarrollada en el propio idioma, dominar otros es más sencillo.

LA EDUCACIÓN PSÍQUICA Y ESPIRITUAL
Aurobindo también habla de la educación mental y psíquica, pero su interés verdadero radica en un estadio aún más elevado, que, según él, es la educación espiritual o supramental. Esta no implica la aniquilación del individuo, sino su enriquecimiento a través del contacto con el Absoluto. El estadio espiritual transciende el estadio mental y el psíquico. La justificación de la educación psíquica y espiritual reside en tres importantes consideraciones: a) la educación ha de proporcionar al individuo una exploración constante de algo que está en lo más recóndito de la complejidad psicológica de la conciencia humana; b) la cuestión más importante es plantearse el propósito de la vida humana, y el propósito de la propia vida y el papel que uno desempeña en la sociedad; y sólo se puede responder acertadamente a estos interrogantes cuando las esferas psíquicas y espirituales han sido exploradas y cuando uno está habilitado para desarrollar las facultades psíquicas y espirituales del Conocimiento; y c), la crisis contemporánea de la humanidad ha acaecido debido al desequilibrio entre el progreso material y el insuficiente progreso espiritual. Si, por lo tanto, se ha de responder a esta crisis, hay que fomentar el desarrollo de la Conciencia psíquica y Espiritual.



Aurobindo intenta establecer una distinción entre lo psíquico y lo espiritual de la siguiente forma: en la vida psíquica, el individuo siente una continuidad ininterrumpida en el mundo de las formas y considera el “nivel” como una función inmortal en un tiempo interminable y en un espacio ilimitado. La Conciencia Espiritual va más allá del tiempo y del espacio y es una identificación con el infinito y lo eterno. Aurobindo expresa la misma idea cuando dice que en la vida Psíquica hay que descartar el egoísmo, y que en la vida Espiritual no existe un sentido del ser separado. Insiste en que no se trata de la aniquilación del individuo, sino de su transformación, propósito último de la educación integral. Cuando el hombre alcanza esa educación, se produce una transformación total de la materia. Él la llama educación Supramental, ya que se produce no sólo en las conciencias de los seres individuales, sino en la sustancia misma de la que están hechos e incluso en el medio físico en el que viven.



Sri Aurobindo y la Madre iniciaron un experimento educativo sin precedentes (Joshi, 1998c) cuando, en 1943, se establece una escuela en el retiro de Sri Aurobindo (Sri Aurobindo Ashram) en Pondichery con apenas 20 alumnos. La escuela pronto empezó a crecer y, en 1951, cuando el número de estudiantes había aumentado y debían organizarse estudios de enseñanza superior, se amplió y convirtió en el Centro Universitario Internacional Sri Aurobindo. El Centro fue concebido como uno de los mejores medios para preparar a la humanidad para un futuro caracterizado por la manifestación de una luz y una energía nuevas, la luz y la energía supramentales. Fue creado para que la elite de la humanidad pudiera estar preparada y trabajar por una unificación progresiva del género humano; al mismo tiempo, tendría que estar preparada para encarnar la nueva fuerza que descendería a la tierra para transformarla. El Centro llevó a cabo un programa de investigaciones experimentales bajo la orientación directa de la Madre y se convirtió en un laboratorio de la educación del mañana (para más detalles, véase Tewari, 1998).
La doctrina pedagógica de Sri Aurobindo está vinculada estrechamente con su visión futurista del destino humano, reflejada en la siguiente afirmación: “Han de ser niños del pasado, poseedores del presente, creadores del futuro. El pasado constituye nuestros cimientos, el presente nuestra materia, el futuro nuestro fin y nuestra cumbre” (Aurobindo, 1990, pág. 12). La mente mística y supramental de Aurobindo (1971) articuló un concepto de la vida que era único, ya que la concibió como una oportunidad espléndida y múltiple de descubrir, llevar a la práctica y expresar lo Divino; consiguientemente, visualizó un sistema de educación que pudiera ayudar a la expresión de las potencialidades no realizadas, de acuerdo con su concepto de vida. Este planteamiento exigía una visión creativa y una aventura extraordinaria. Para él, el destino humano es una ascensión hacia la supermente, hacia la realización del Altísimo, y su doctrina de la educación proporciona un marco convincente y flexible para lograr ese objetivo.
Referencias



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Vrekhem, G.V. 1999. Beyond man [Más allá del hombre]. Delhi, Oxford University Press.

- COLABORACION EXTERNA -
A continuación transcribimos los comentarios facilitados por Carmen Marco, en relación a este tema:
Si concebimos la Educación como un instrumento para que el Espíritu actúe verdaderamente en la mente y en los cuerpos de la persona y de la nación, entonces es necesario reconocer y constatar el carácter integral, polifacético y complejo del proceso educativo. Se trata de que la simiente que hay dentro de todos los seres humanos y que está repleta de misteriosas posibilidades de crecimiento, pueda llegar a fructificar a través de un proceso educativo completo que abarque lo físico, lo mental y lo espiritual. Tenemos que empezar por hacer referencia y auscultar a los múltiples agentes que en las sociedades modernas intervienen más o menos activamente en ese proceso; además de a las familias, me refiero a los poderosos medios de comunicación: la televisión, Internet, la propaganda… y la representación teatral de los políticos a través de ellos.

En los años en que Sri Aurobindo vivió y concibió sus filosofías sobre la educación, no había prácticamente ninguna de las superestructuras, engranajes y parafernalias que se han ido creando en las sociedades actuales y que tanto intervienen e interfieren en el proceso educativo. La educación del siglo XXI está “contaminada” por la gran presencia, fuerza y poderío de la imagen; la facilidad con que son captadas las imágenes, su inmediatez y contundencia hacen que nos sintamos impactados, deslumbrados y aturdidos por su presencia envolvente, y ello ha transformado de manera muy profunda las posibilidades y las relaciones educativas.
M. K. Raina hace referencia a dos conceptos muy importantes de Aurobindo en su concepción de la Educación, siempre al servicio del crecimiento del alma: 1. La integralidad (totalidad, lo íntegro o completo). 2. La síntesis.
Ambos conceptos son, para mí, parte constituyente del propio proceso educativo, y también me parecen necesarios para que acompañen e iluminen nuestras actitudes y comportamientos vitales, los métodos intelectuales que seguimos y la búsqueda espiritual que llevamos a cabo.



1. Por lo que respecta al primer concepto, lo íntegro, la primera consecuencia en su aplicación educativa sería, para mí, la no separación entre Letras y Ciencias. Esta defensa que hago de una enseñanza más holística en la que exista una interrelación entre las llamadas “Letras” y las “Ciencias” podemos ponerla en relación con el rechazo contundente que realiza Aurobindo hacia la enseñanza por fragmentos, ya que achaca a esa fragmentación casi todos los males de las mentes modernas: “la superficialidad, la ligereza discursiva y la voluble mutabilidad”. Interpretación de las causas que comparto plenamente, y a la que añado la ya señalada del predomino de la imagen sobre la palabra, por lo tanto, la rapidez de la vista se impone sobre la mayor atención y buena disponibilidad que necesita el oído ejercitando la escucha activa, además hay un ambiente social generalizado que exalta lo rápido sobre lo lento, lo fácil sobre lo complejo y los tópicos simplistas sobre las elaboraciones complejas. La presencia omnipotente de la imagen a través de los medios de comunicación sustituye la vida real por un simulacro artificioso y al mismo tiempo, muestra el mundo real en los telediarios y programas de testimonios como si de una película o un show se tratara. Los hechos reales más crueles acaban pareciendo un trampantojo que adorna el salón de nuestras casas.



La educación integral no es una simple yuxtaposición de materias, asignaturas o facultades, sino que es en la posibilidad de combinar distintas búsquedas de conocimiento y destrezas donde cada alumno puede desarrollar su propia armonía alentado por el profesor. Esta concepción de Aurobindo, que comparto plenamente, me gusta acompañarla con un símil: la educación integral es para mí como una red de pescadores formada por mallas adecuadas para que se retenga en ellas lo que necesitamos para nuestro alimento y salga para volver a su lugar aquello que de momento no nos sirve. Se trata de pescar en el océano de la sabiduría colectiva de la humanidad utilizando en cada momento las redes más adecuadas a la situación temporal de cada alumno. En algunas cosmovisiones orientales se establece un paralelismo simbólico entre la red y el firmamento: la red del cielo está formada por estrellas, constelaciones… que están en una malla amplia pero de la que no se pierde nada. En las alturas cósmicas y en las profundidades marinas, unas redes bien utilizadas permiten adquirir el conocimiento por observación, captura y asimilación. En las redes siempre he visto una hermosa semejanza con los ligamentos fibrosos que permiten mantener unidas de forma elástica las articulaciones en el cuerpo humano. O los hilos de urdimbre y trama que, convenientemente ligados, constituyen un tejido unitario y útil. Actualmente, Internet es la red de redes y puede ser una gran ayuda para el proceso educativo; también se han señalado los peligros, pero eso mismo ocurre en la vida, por ejemplo, un medicamento puede ayudar a curarnos o puede matarnos, depende del uso que hagamos de él, me gusta mucho recordar una cita extraída de Lazarillo de Tormes cuando el ciego está curando a Lázaro con el vino y le dice: “¿Qué te parece, Lázaro, lo que te enfermó te sana y da salud?



Internet es también como un gran laberinto en el que podemos perdernos en sus múltiples caminos y vericuetos, muchos de ellos sin salida, y que nunca nos conducirán al centro, al corazón mismo del conocimiento; el centro como símbolo del espíritu creativo es lo que buscamos en este “navegar” por Internet, en este caminar por el laberinto nos acercamos y alejamos alternativamente de ese centro unificador en el que reside la sacralidad de la sabiduría.



Por otra parte, la “Perfección Integral” de Sri Aurobindo busca establecer una íntima relación entre Espíritu, mente y cuerpo que logre desarrollar las fuerzas latentes, ejercitar las posibles virtudes naturales, pulir las aristas y los defectos de carácter, de modo que, fomentando la conciencia integral de los alumnos, se alcance la máxima Evolución del Ser. La búsqueda de esa “Perfección Integral” me interesa ponerla en relación con la alimentación actual, generalmente muy desnaturalizada por diversos procesos industriales que consiguen enmascarar los productos naturales para hacerlos supuestamente más atractivos, más “fáciles” o más cómodos. Fue en el siglo XVIII cuando se inició el refinamiento de los alimentos; guiados, a mi modo de ver, por una estética neoclásica amanerada que suponía la perversión de la belleza clásica. Este amaneramiento estético fue desplazándose a otros ámbitos humanos; entre ellos, como ya he indicado, al de la alimentación. Proceso que en la actualidad ha llegado a su paroxismo con los transgénicos, los aditivos que enmascaran: potenciadores del sabor, colorantes, etc. Un cuerpo sobrealimentado con productos artificiales difícilmente va a ser un buen receptáculo para que se desarrolle en él esa conciencia de búsqueda de la perfección integral. Para ayudar a despertar en nuestros alumnos “su Ser espiritual” que todos llevan dentro, es necesario contribuir con unos buenos hábitos alimentarios, higiénicos, gimnásticos…



2. En cuanto al concepto de síntesis, Aurobindo estaba preparado por su educación y, quizás predispuesto de forma natural a asimilar y sintetizar los valores de Oriente y Occidente.



¿Son realmente valores distintos los que existen en Oriente y en Occidente? Algunos cuestionamos esta dicotomía excluyente que parece marcada a fuego, ya que la evolución de la humanidad no puede representarse con dos líneas horizontales y paralelas, sino más bien con una serie de círculos y espirales que se han encontrado o separado varias veces a lo largo de la historia. ¿La India tiene unos valores más próximos a Japón que los de Japón con respecto a Europa? ¿Los valores de la antigua Persia tienen algo que ver con los valores del actual Irán? ¿La espiritualidad de la Europa medieval estaba próxima a la de Oriente Medio? ¿Rusia tiene valores orientales u occidentales? ¿Y Australia?... Cuando actualmente se habla de valores orientales y occidentales, me parece que estamos haciendo un reduccionismo fijándonos solamente en estereotipos del siglo XIX. Para mí, la síntesis aplicada a la educación tiene mucho que ver con potenciar en los alumnos una actitud abierta, desprovista de presuposiciones y prejuicios, así como una libertad de pensamiento ejercitada diariamente con diálogos socráticos, por ejemplo; ya que la verdadera libertad es cuestionar los tópicos a partir de la reflexión guiada por el maestro y no dejarse arrastrar por la masa y atreverse a pensar aun a riesgo de alejarse a veces de las mayorías. Ahora bien, eso exige grupos muy pequeños de aprendizaje, en aulas masificadas es prácticamente imposible llevar a cabo esas técnicas.



Antes hemos hablado de la íntima relación entre Espíritu, mente y cuerpo; en relación con ello, destacamos que para Aurobindo la educación física suponía el buen funcionamiento del cuerpo, el fomento de la fortaleza, del equilibrio y de la belleza. Me interesa fijarme en este último término porque es un concepto equívoco del que algunos filósofos decimonónicos de pensamientos materialistas han huido para no ser acusados de frivolidad, Sin embargo para mí la Belleza es una idea y una vivencia profundamente espiritual. ¿Dónde hay más belleza que en el Arte y especialmente en la Palabra Poética? Y la Poesía, o es espiritual o no es realmente tal.



Según M. K. Raina, Aurobindo pensaba que la belleza es el ideal que la vida física tiene que hacer realidad. Efectivamente, pero me interesa resaltar que el concepto de “Belleza” no es unívoco, además es cambiante en relación con el espacio y el tiempo. Bien es cierto que, afinando mucho, podemos encontrar ciertos componentes de “lo bello” que superan las contingencias espaciales y temporales: ese “algo” que sale de dentro y se irradia a través de la mirada o, quizás, también a través de la sonrisa. ¿La Belleza tiene que ver con la moral, con la inteligencia, con la bondad, con la espiritualidad? ¿Puede haber Belleza en un rostro anciano surcado de arrugas? ¿Puede haber Belleza en un acto malévolo? Estas preguntas lanzadas al aire en un pequeño grupo pueden llevarnos por caminos de reflexión y elaboración muy creativos.



Para mí, la verdadera Belleza es expresión de la propia naturaleza y, por lo tanto, alejamiento de la impostura. También es contención, es cuidado y pulido de las aristas. La Belleza es superación del concepto “tiempo” mediante la no aceptación de las modas, ya que éstas siempre son contingencias superficiales. Es también el respeto al “espacio”, ya que cuando el objeto o el ser están en su “lugar” siempre tienen belleza natural, espontánea; por el contrario, la des-ubicación siempre es fealdad y caos destructivo (diferente a ese otro caos constructivo). La Belleza puede estar en el número y en la palabra, en la pintura artística y en la figura geométrica. Por eso (y por otras razones) hemos defendido antes la no separación entre Letras y Ciencias. En definitiva, siento que la verdadera Belleza guarda estrecha relación con la Verdad de la Naturaleza y misteriosas y profundas conexiones con la Bondad.



Poéticamente expresé hace unos años algunos sentimientos sobre

LA BELLEZA

 
No es el tiempo el que rapta la Belleza,



Es el cansancio el que la vela,



El acto de posesión el que la extenúa



Porque la Belleza no está en sí



Si no en el contemplador no posesivo



Hacedor de un acto desinteresado de Amor.



¡Belleza eterna!



Hija de las estrellas errantes,



Llanura leve en la espiral cósmica,



Morada clandestina,



Tú existes aunque yo no te comprenda,



No concibo humana tu fuerza



Pero te adoro.





Cuando Aurobindo reconoce la dificultad de formar moralmente a los alumnos utilizando manuales porque así el procedimiento es artificioso y mecanicista, pone el dedo en la llaga de lo que está pasando actualmente con la educación en nuestro país: el fracaso de muchos alumnos, los altos índices de absentismo, la agresividad y apatía son un fiel reflejo de los problemas sociales y políticos que rodean a los alumnos y también, claro, a maestros y profesores; de modo que las posibles enseñanzas morales que se imparten, se reciben como consignas, descontextualizadas e incluso artificiosas y contradictorias con actitudes públicas y comportamientos de las personas y personajes que deberían ser modelos a respetar y emular. Precisamente por la esterilidad de los manuales éticos y por la contradicción entre los contenidos de éstos y los malos ejemplos que se reciben a través de los medios de comunicación y el bombardeo de imágenes y discursos vacuos, es por lo que nos parece improcedente, inadecuada y peligrosa la nueva “asignatura” llamada Educación para la Ciudadanía. Cuando Aurobindo dice que ninguna enseñanza religiosa tiene valor alguno “a no ser que sea vivida”, creo que podemos relacionarlo precisamente con esta imposibilidad de enseñar a ser ciudadanos conscientes a través de un manual y de una asignatura. Si algo de moralidad ciudadana y de conciencia humanística puede enseñarse será empapando con esos valores toda la vida social, familiar y educativa para que, a través del ejemplo y las vivencias, funcionen la captación y la asimilación gracias a la sugerencia y a la seducción.



Para ir concluyendo: lo íntegro y la síntesis, convertidos en actitudes y procedimientos físicos, intelectuales y espirituales, son necesarios para lograr el máximo estadio de la formación, es decir, la Educación Supramental que para Aurobindo supone una exploración en lo más recóndito de la conciencia humana y el descubrimiento del papel que cada uno debe desempeñar en la sociedad. Es además adquirir una Conciencia Espiritual que supere las contingencias espaciales y temporales, y también el sentimiento de separación. Para mí, esto se logra buceando en la Memoria genética de la Humanidad y descubriendo el Destino individual en el seno del Destino colectivo, y que poetizo con estas palabras:

Alcanzar la otra orilla, recobrar



El tesoro familiar de la Humanidad.







Carmen Marco Báguena - Enero 2009





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TEMA 3: ■ ¿UNA GUÍA PARA ESTOS TIEMPOS? ■









“Padre Santo, guarda en tu nombre a éstos que me has dado, para que sean uno como nosotros. Pero no ruego solo por estos, sino por cuantos crean en mi por su palabra, para que todos sean uno, como tu Padre estas en mi y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros. Yo les he dado la gloria que tu me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno.”

Evangelio de San Juan













Escuchemos ahora al Señor:



Ésta es la solución, ésta es la redención, ésta es la perfección que Yo ofrezco a todos aquellos que pueden escuchar una voz divina en su interior y son capaces de esta fe y de este conocimiento. Pero para elevarte a esta condición preeminente, es necesario en primer lugar, y este es un paso radicalmente decisivo, alejarte de todo lo que pertenece a tu naturaleza inferior, y fijarte, por la concentración de la voluntad y de la inteligencia, sobre lo que es superior a la voluntad o a la inteligencia, superior a la mente, al corazón, a los sentidos y al cuerpo. Y ante todo debes volverte hacia tu propio yo eterno, inmutable e impersonal, que es el mismo en todas las criaturas. Mientras vivas en el ego y en la personalidad mental, estarás dando vueltas una y otra vez sobre los mismos círculos y no podrás obtener ningún resultado real. Dirige tu voluntad hacia el interior más allá del corazón y de sus deseos, más allá de los sentidos y de lo que les atrae; eleva tu voluntad por encima de la mente, de sus asociaciones, de sus apegos, más allá de sus deseos, de sus pensamientos y de sus impulsos limitados. Arriba a algo dentro de ti que es eterno, que jamás cambia, que es calmo, imperturbable, igual, imparcial ante todas las cosas, personas y acontecimientos, que no es afectado por ninguna acción, no modificado por las representaciones de la Naturaleza. Sé eso, sé el yo eterno, sé el Brahman. Si puedes llegar a ser eso mediante una experiencia espiritual permanente, tendrás una base asegurada sobre la que instalarte, liberado de las limitaciones de tu personalidad creada por el ego mental, y al abrigo de cualquier caída de la paz y del conocimiento, libre del ego.



Así pues, no te será posible despersonalizar tu ser en tanto que nutras a tu ego, te dejes halagar por él y te aferres a él o a cualquier cosa que le pertenezca. El deseo y las pasiones que emergen del deseo son el indicio y el “nudo” primordial del ego. Es el deseo quien te hace decir sin cesar “yo” y “mío”, y quien, a través de un egoísmo persistente, te sujeta a la satisfacción y a la insatisfacción, a lo atractivo y a lo repulsivo, a la esperanza y a la desesperación, a la alegría y al dolor, a tus pobres amores y a tus pequeños odios, a la cólera y a la pasión, a tu apego al éxito y a las cosas placenteras, a tu dolor y a tu sufrimiento ante el fracaso y cosas desagradables. El deseo entraña siempre confusión de la mente y limitación de la voluntad, una visión egoísta y distorsionada de las cosas, quiebra y obscurece el conocimiento. El deseo y sus preferencias son, con la violencia, la primera raíz firme que alimenta el pecado y el error. Mientras acaricies el deseo, no puede haber tranquilidad inmaculada y segura, ni luz estable, ni conocimiento calmo y puro. No puede haber existencia justa -porque el deseo es una perversión del espíritu-, ni base sólida para un pensamiento y una acción justos, ni tampoco para sentimientos justos. El deseo, si se le permite subsistir, cualquiera que sea el color con el que se oculte, es una amenaza perpetua, incluso para el más sabio, y puede hacer que se derrumbe la mente en cualquier momento, sutilmente o con violencia, incluso poseyendo la base más firme y experimentada en cuanto a seguridad. El deseo es el principal enemigo de la perfección espiritual.



Mata, entonces, al deseo; rechaza el apego a la posesión y al goce de la apariencia exterior de las cosas. Sepárate de todo lo que te llega en forma de contactos y solicitaciones exteriores, en forma de objetos-deseo de la mente y de los sentidos. Aprende a soportar y a rechazar todo asalto de las pasiones, y a permanecer al abrigo en tu yo interior, soporta incluso las reacciones adversas de tu multipersonalidad, aunque se enfurezcan todos tus nervios, hasta que por fin dejen de afectar a alguna parte de tu naturaleza. Resiste y repele de forma parecida los formidables ataques, incluso los contactos más suavemente insinuantes, de alegría y de dolor. Rechaza la simpatía y la antipatía, destruye la preferencia y el odio, arranca de raíz la tentación de evadirte y la repugnancia. Ten una indiferencia calma frente a estas cosas y frente a todos los objetos de deseo en toda tu naturaleza. Posa sobre ellos la mirada silenciosa y tranquila de un espíritu impersonal.



El resultado será una igualdad absoluta y el poder de una calma imperturbable que el espíritu universal conserva ante sus creaciones, afrontando siempre la acción múltiple de la Naturaleza. Mira todo con mirada ecuánime; recibe con corazón igual y con una mente igual todo lo que te llegue, éxito y fracaso, honor y deshonor, estima y amor de los hombres, así como su desprecio, su persecución y su odio, todos los acontecimientos que para los demás podrían ser causa de alegría, y todos los acontecimientos que para los demás podrían ser motivo de aflicción. Considera a todas las personas con mirada ecuánime, a los buenos y a los malvados, a los sabios y a los alienados, a los brahmines y a los parias, al hombre en su cénit y a todas las criaturas más insignificantes. Accede con trato igual a todos los hombres, cualesquiera que sean sus relaciones contigo, a los amigos y aliados, a los neutrales e indiferentes, a los adversarios y enemigos, a los que aman y a los que odian. Todo esto concierne al ego y tú estás llamado a liberarte de él; son relaciones personales, y debes observar todo con la mirada profunda del espíritu impersonal; son diferencias temporales y personales que debes ver, pero no dejarte influir por ellas; porque debes fijarte, no sobre estas diferencias, sino sobre lo que es idéntico en todos, sobre el yo único que todos son, sobre el Divino en cada criatura y sobre el funcionamiento único de la Naturaleza, que es la voluntad igual de Dios en los hombres, en las cosas, en las energías, en los acontecimientos, en todo esfuerzo, en todo resultado, en todo fruto, cualquiera que sea, el accionar del mundo.



La acción, sin embargo, se cumplirá en ti, porque la Naturaleza está siempre trabajando; pero debes saber y sentir que tu yo no es el autor de la acción. Observa simplemente, observa sin emoción el funcionamiento de la Naturaleza, el juego de sus cualidades, y la magia de los gunas (tendencias predominantes en tu naturaleza). Observa impasible esta acción en ti mismo; observa todo lo que ocurre alrededor de ti, y verás que en los demás se produce el mismo proceso. Observa que el resultado de tus obras y las de los demás, difiere constantemente de lo que tú o ellos deseáis u os proponéis; que no es el fruto de tus obras tuyo, ni suyo, ni de los otros, sino el fijado de forma omnipotente por un Poder más grande, que quiere y actúa aquí abajo en la Naturaleza universal. Observa asimismo que incluso la voluntad que pones en tus obras no es la tuya, sino la de la Naturaleza. Es la voluntad del sentido del ego en ti, y está determinada por la cualidad que predomina en tu composición, y que la Naturaleza ha desarrollado en el pasado, o bien la ha presentado en el momento actual. Esta voluntad depende del juego de tu personalidad natural, formación de la Naturaleza que no es tu persona verdadera. Retrocede de esta formación exterior y entra en tu silencioso yo interior; verás que tú, en tanto que Alma, eres inactivo, y que, no obstante, la Naturaleza continúa ejecutando siempre sus obras de acuerdo con sus gunas. Fíjate en esta inactividad y en esta tranquilidad interior; no te consideres nunca como el hacedor. Permanece estabilizado en ti mismo, por encima del juego, libre de la agitada acción de los gunas. Vive seguro en la pureza de un espíritu impersonal, vive sin que te perturbe el oleaje mortal que persiste en tus miembros.



Si puedes hacer esto, entonces te encontrarás promovido a una gran liberación, a una vasta libertad y a una paz profunda. Entonces serás consciente de Dios, e inmortal, poseído de tu existencia esencial e intemporal, independiente de la mente, de la vida y del cuerpo, seguro de tu ser espiritual, indemne a las reacciones de la Naturaleza, no manchado por la pasión, el pecado, el dolor y el sufrimiento. Entonces no dependerás, para tu alegría y tu deseo, de algo mortal, exterior o mundano, pero poseerás, de forma inalienable, la felicidad, que se basta a sí misma, de un espíritu calmo y eterno. Entonces habrás dejado de ser una criatura mental, y te habrás convertido en un espíritu sin límites, el Brahman. Rechazando de tu mente toda semilla de pensamiento y toda raíz de deseo, alejando la imagen del nacimiento en el cuerpo, puedes pasar, en el momento de tu fin, a esta eternidad del Yo silencioso, concentrándote en el Eterno puro y transfiriendo poderosamente tu consciencia al Infinito, al Absoluto.

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Sin embargo, ésta no es toda la verdad del Yoga; y este fin y este modo de partir, por grandes que sean, no son lo que Yo te propongo. Porque Yo soy el Obrero eterno dentro de ti y te pido que trabajes. Yo no espero de ti un consentimiento pasivo a un movimiento mecánico de Naturaleza de la que, en tu ego, estás completamente separado, indiferente y distante, sino una acción completa y divina, ejecutada como el instrumento inteligente y diligente del Divino, para Dios en ti y en los demás, y para el bien del mundo. Esta acción te la propongo en primer lugar, como es natural, como un medio para alcanzar perfección en la suprema Naturaleza espiritual, pero también como una parte integrante de esta perfección. La acción forma parte del conocimiento integral de Dios, de Su verdad misteriosa y más grande, y de una vida enteramente vivida en el Divino; la acción puede y debe continuarse incluso después de alcanzadas la perfección y la libertad. Yo te pido la acción del hijo de Dios, las obras del Siddha. Hay que añadir algo al Yoga ya descrito, (porque éste no era más que un primer Yoga del conocimiento). Existe también un Yoga de la acción en la iluminación de la experiencia de Dios; las obras deben devenir una en Espíritu con el conocimiento. Porque las obras cumplidas con una total visión de Dios y de uno mismo, en una visión de Dios en el mundo y del mundo en Dios, son en sí mismas un movimiento del conocimiento, un movimiento de la luz, un medio indispensable de la perfección espiritual de la que ellas son parte integrante.



Así pues, añade ahora también a la experiencia de una alta impersonalidad el conocimiento de que el Supremo, al que se aborda como el Yo puro y silencioso, puede ser abordado igualmente como un Espíritu vasto y dinámico, origen de todas las obras, Señor de los mundos y Amo de la acción, del esfuerzo y del sacrificio del hombre. Este mecanismo de la Naturaleza que aparentemente actúa por sí mismo, disimula una Voluntad divina inmanente que le obliga, le guía y conforma sus propósitos. Pero tú no puedes sentir ni conocer esa Voluntad mientras estés encerrado en la estrecha célula de tu personalidad, ciego y encadenado a tu punto de vista nacido del ego y de sus deseos. Porque no puedes responder completamente a ella más que cuando el conocimiento te haya hecho impersonal, y ensanchado para ver todas las cosas en el yo y en Dios, y el yo y Dios en todas las cosas. Todo deviene aquí por el poder del Espíritu; todo el mundo realiza Sus obras por la inmanencia de Dios en las cosas y por Su presencia en el corazón de cada criatura. El Creador de los mundos no está limitado por Sus creaciones; el Señor de las obras no está atado por sus obras; la Voluntad divina no está sometida a su labor y a los resultados de su labor, porque es omnipotente, posee todo y en todo conoce la felicidad. Pero, sin embargo, el Señor domina sus creaciones desde Su trascendencia; desciende como Avatar; está aquí abajo en ti; desde dentro, regula todas las cosas según los pasos de Su naturaleza. Y tú también debes realizar las obras en Él, según la naturaleza divina y siguiendo su progreso insensible a la limitación, al apego o al sometimiento. Actúa para el mejor bien de todos, actúa para mantener el progreso del mundo, para sostener o conducir a sus pueblos. La acción que se te ha exigido es la del Yogui liberado; es el flujo espontáneo de una energía libre que es el bien de Dios; es un movimiento ecuánime, es una labor sin egoísmo ni deseo.



El primer paso por este camino de la acción, camino libre, igual y divino, consiste en desprenderte del apego al fruto y a la recompensa, y en no trabajar más que por la obra misma que debe hacerse. Porque debes sentir profundamente que los frutos pertenecen, no a ti, sino al Señor del mundo. Consagra tu labor y deja sus retribuciones al Espíritu que se manifiesta y se realiza en el movimiento universal. El resultado de tu acción está determinado por su sola voluntad; y cualquiera que él sea, la buena o mala fortuna, el éxito o fracaso, el Espíritu se sirve de él para realizar su propósito universal. Que la voluntad personal y toda la naturaleza instrumental operen sin deseo alguno y de una forma enteramente desinteresada, es la primera regla del Karmayoga. No exijas ningún fruto, acepta todos los resultados que te sean dados, y acéptalos con igualdad y con una alegría calma, tanto si son exitosos como si el sentimiento fuese de fracaso, tanto en la prosperidad como en la aflicción; continúa sin miedo, sin turbarte ni desfallecer, avanzando por el escarpado sendero de la acción divina.



Éste no es más que el primer paso sobre el sendero. Porque tú debes estar no sólo desapegado del resultado de tus obras, sino también de tu trabajo. Deja de considerar tus obras como tuyas; del mismo modo que has abandonado los frutos de tu trabajo, igualmente debes someter tu trabajo al Señor de la acción y del sacrificio. Reconoce que tu naturaleza determina tu acción; tu naturaleza gobierna el movimiento inmediato y decide el giro y el desarrollo que se manifestarán a tu espíritu en los senderos de la fuerza ejecutiva de la Naturaleza. No hagas que intervenga ya la voluntad personal que confunde los pasos de tu mente al seguir la vía que lleva a Dios. Acepta la acción propia de tu naturaleza. Haz de todo lo que realices –desde el esfuerzo mayor y más inusual hasta el más pequeño acto cotidiano-, haz de cada acto de tu mente, de cada acto de tu corazón, de cada acto de tu cuerpo, de cada disposición interior y exterior, de cada pensamiento, voluntad y sentimiento, de cada paso, pausa y movimiento, un sacrificio al Señor.



Conoce a continuación que tú eres una porción eterna del Eterno, y que los poderes de tu naturaleza no son nada sin Él; no son sino la expresión parcial de Él mismo. Es el Infinito Divino quien se realiza progresivamente en tu naturaleza. Es el supremo poder-de-ser, es la Shakti del Señor (el Divino Universal) quien forma tu naturaleza y toma forma en ella. Así pues, abandona todo sentimiento de que tú seas el autor; ve al Eterno como el único autor de la acción. Deja que tu ser natural, que tu mismo seas una ocasión, un instrumento, un canal de su poder, un medio para su manifestación. Ofrécele tu voluntad y hazla una con Su voluntad eterna; somete todas tus acciones en el silencio de tu yo y espíritu al Amo trascendente de tu naturaleza. Esto no puede hacerse realmente ni perfectamente mientras exista en ti el menor sentido del ego, o la menor pretensión mental, o la menor insistencia vital. La acción ejecutada en el más mínimo grado por el ego, o teñida del deseo y de la voluntad del ego, no es un sacrificio perfecto. No puede ser ejecutada bien y verdaderamente, mientras exista desigualdad o alguna señal de retroceso y preferencia ignorantes. Pero cuando existe una perfecta igualdad frente a todas las obras, resultados, cosas y personas, una consagración al Altísimo y no al deseo ni al ego, entonces la Voluntad divina determina todas las obras sin ningún tropiezo ni desviación, y el Poder divino las ejecuta libremente sin ninguna interferencia inferior ni reacción falsa en la pureza y en la seguridad de tu naturaleza transmutada. Que por tu mediación la Voluntad divina forme cada acto tuyo en su inmaculada soberanía, es el supremo grado de perfección que llega cuando se ejecutan las obras en Yoga. Hecho esto, tu naturaleza seguirá su marcha cósmica en una unión completa y constante con el Supremo, expresará el Yo más alto, y obedecerá a la voluntad del Señor.



Esta vía de las obras divinas es una liberación mucho mejor, una vía y una solución más perfectas que la renuncia física a la vida y a las obras. Una abstención física no es enteramente posible y, en la medida en que lo sea, no es indispensable para la libertad del espíritu; es, además, un ejemplo peligroso porque su influencia extravía a los hombres ordinarios. Los mejores, los más grandes, establecen la norma que el resto de la humanidad se esfuerza por seguir. Entonces, ya que la acción es la naturaleza del espíritu encarnado, ya que las obras son la voluntad del Trabajador eterno, los grandes espíritus, las mentes dominadoras, deben establecer este ejemplo. Deben ser ellos los trabajadores universales, ejecutando sin reservas todas las obras del mundo - trabajadores divinos, libres, gozosos y sin deseo, almas y naturalezas liberadas.

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La mente de conocimiento y la voluntad de acción no son todo; hay en ti un corazón que desea la felicidad. Aquí también, en el poder e iluminación del corazón, en su imperioso deseo de felicidad, de satisfacción del alma, es preciso transformar tu naturaleza, cambiarla, y elevarla a un único éxtasis consciente con el Divino. El conocimiento del yo impersonal aporta su propio Ananda; existe una alegría de la impersonalidad, una alegría singular del espíritu puro. Pero un conocimiento integral hace partícipe de una triple y mayor “felicidad”. Abre las puertas de la dicha del Trascendente; da la libertad en el deleite sin límites de una impersonalidad universal; descubre el arrobamiento de toda esta múltiple manifestación; porque hay una alegría del Eterno en la Naturaleza. Este gozo en el Hijo, una porción aquí abajo del Divino, toma la forma de un éxtasis fundamentado en la Divinidad, que es su origen, en su yo supremo, en el Amo de su existencia. El amor y la adoración de Dios íntegros se extienden hasta llegar a ser un amor del mundo, de todas sus formas, de todos sus poderes y de todas sus criaturas; en todos, es visto el Divino, encontrado, adorado, servido o sentido en la unidad. Añade al conocimiento y a las obras esta corona de la eterna alegría triuna; admite este amor, aprende esta adoración; hazlo espíritu único con las obras y el conocimiento. Éste es el ápice de la perfecta perfección.



Este yoga de amor te dará una fuerza potencial muy alta para llegar a la vastedad, la unidad y la libertad espirituales. Pero debe ser un amor que es uno con el conocimiento de Dios. Hay una devoción que busca a Dios en el sufrimiento para obtener consuelo, auxilio y liberación; hay una devoción que le busca por Sus dones, por la ayuda y la protección divinas, y como fuente de satisfacción del deseo; existe una devoción que, a pesar de ser ignorante, se dirige a Él para la luz y el conocimiento. Y mientras uno esté limitado a estas formas, puede persistir aquí, incluso en su más alta y su más noble orientación hacia Dios. Pero cuando el amante de Dios es también el conocedor de Dios, deviene un solo yo con el Amado; porque él es el elegido del Más Alto, el electo del Espíritu. Desarrolla en ti este amor absorbido de Dios; el corazón, espiritualizado y elevado por encima de las limitaciones de su naturaleza inferior, te revelará de la forma más íntima los secretos del ser inmensurable de Dios, penetrará en ti todo el contacto, todo el influjo y toda la gloria de su Poder divino y te abrirá los misterios de un éxtasis eterno. El amor perfecto es la llave de un conocimiento perfecto.



Este amor integral de Dios exige también un trabajo integral por el Divino en ti mismo y en todas las criaturas. El hombre ordinario ejecuta las obras obedeciendo a algún deseo, pecaminoso o virtuoso, a algún impulso vital, bajo o alto, a alguna elección mental, común o exaltada, o bien por algún motivo en el que se mezclan lo mental y lo vital. Pero la obra que tú ejecutes debe ser libre y sin deseo; la obra realizada sin deseo no crea reacción, no impone ninguna servidumbre. Ejecutada en una perfecta igualdad y en una calma y paz imperturbables, pero sin ninguna pasión divina, es, en primer lugar, el maravilloso yugo de una obligación espiritual, kartavyam karma; después, la elevación de un sacrificio divino; y en su más alta expresión, puede ser la de de un consentimiento calmo y gozoso en una unidad activa. La unidad en el amor hará mucho más; reemplazará a la calma impasible del comienzo por un potente y profundo éxtasis, no por el pequeño ardor del deseo egoísta, sino por el océano de un Ananda infinito. Introducirá en tus obras el sentimiento emocionante y la pasión pura y divina de la presencia del Amado; se producirá una alegría intensa al trabajar por Dios en ti mismo y por Dios en todos los seres. El amor es la corona de las obras y la corona del conocimiento.



Este amor que es conocimiento, este amor que puede ser el corazón profundo de tu acción, será tu fuerza más eficaz para una consagración absoluta y una perfección completa. Una unión integral del ser del individuo con el Ser divino es la condición de una vida espiritual perfecta Vuélvete, pues, completamente hacia el Divino; haz que toda tu naturaleza sea una con Él por el conocimiento, el amor y las obras. Vuelve completamente hacia Él tu mente, tu corazón y tu voluntad, toda tu consciencia, e incluso tus mismos sentidos y tu mismo cuerpo, y remítelos sin reservas a Sus manos. Deja que tu consciencia sea soberanamente moldeada por Él en un molde sin defecto de Su consciencia divina. Deja que tu corazón se convierta en un resplandeciente e inflamado corazón del Divino. Deja que tu voluntad sea una acción impecable de Su voluntad. Deja que tus mismos sentidos y tu mismo cuerpo se conviertan en la sensación extática y el cuerpo extático del Divino. Adórale y participa en los sacrificios que Le ofrezcas con todo tu ser; recuérdalo en cada pensamiento y en cada sentimiento, en cada impulso y en cada acto. Persevera hasta que todas estas cosas sean completamente Suyas y hasta que, desde Su constante presencia transmutadora, haya ocupado incluso la más común y la más exterior de las cosas, lo mismo que la cámara más sagrada y más secreta de tu espíritu.



*Extracto del “Mensaje de la Gîtâ”

LA LEY DE LA UNION





Todo amor verdadero y todo sacrificio son, en su esencia, una contradicción impuesta por la Naturaleza para enfrentarnos con nuestro egoísmo primario y su error separativo (nuestra consciencia relativa nos presenta la realidad como si estuviéramos separados de los demás, nos identificamos con nuestro yo individual; no podemos concebir una realidad en la que todos somos uno);no obstante, la Naturaleza persiste en su intento de volver a recuperar la unidad desde una primera fragmentación necesaria, todo choque entre egos con conciencia separada, es parte de la experiencia que nos lleva de una forma inconsciente para nosotros hacia un despertar a la realidad mayor. Toda unidad entre las criaturas es, en su esencia, un auto-encuentro, una fusión con aquello de lo que estábamos separados y un descubrimiento del propio yo en los demás.



Pero sólo un amor y unidad divinos pueden poseer en la luz lo que las formas humanas buscan en la oscuridad. Los seres humanos engañados por su naturaleza viven en la oscuridad, buscan la luz y la luz despertará dentro de ellos como consecuencia de la experiencia y empezará por la comprensión de que los demás son su verdadero yo. Pues la verdadera unidad no es meramente una asociación y aglomeración como la de las células físicas, unidas por una vida de intereses comunes: tampoco es entendimiento emotivo, simpatía, solidaridad ni estrecha aproximación. Entonces sólo estaríamos realmente unificados con los que se hallan separados de nosotros por las divisiones de la Naturaleza, cuando anulamos la división y nos descubrimos en lo que nos parecía ajeno a nosotros. La asociación es una unidad vital y física; su sacrificio es de ayuda y concesiones mutuas. La proximidad, la simpatía y la solidaridad crean una unidad mental, moral y emocional; les corresponde un sacrificio de mutuo apoyo y mutuas gratificaciones. Pero la verdadera unidad es espiritual; su sacrificio es una autoentrega mutua, una interfusión de nuestra sustancia interior. La ley del sacrificio viaja en la Naturaleza hacia su culminación en su autoentrega completa y sin reservas; despierta en el dador y en el objeto del sacrificio la conciencia de un yo común. Esta culminación del sacrificio es hasta la cima del amor y devoción humanos cuando procuran convertirse en divinos; pues también allí la cima más excelsa del amor se proyecta en un cielo de autoentrega completa y mutua, y su cúspide es la arrobada fusión de las almas.



Esta idea más honda de la ley terrestre está en el meollo de la doctrina que sobre las obras (trabajar para el Divino) da el Gita; el núcleo de su doctrina es una unión espiritual con el Supremo mediante el sacrificio, una autoentrega sin reservas al Eterno. La concepción vulgar del sacrificio es un acto de dolorosa autoinmolación, de austera mortificación, de autoanulación difícil: este género de sacrificio puede llegar incluso hasta la automutilación y la autotortura. Estas cosas pueden ser temporariamente necesarias en el duro esfuerzo humano por superar el yo natural; si el egoísmo es violento y obstinado, a veces ha de encontrar como respuesta una fuerte represión interna y una violencia que lo contrabalancee. Pero el Gita no anima a ninguna clase de abuso de violencia sobre uno mismo; pues el yo interior es realmente la Deidad que evoluciona, es Krishna, es la Divinidad; no ha de ser perturbado ni torturado como los Titanes del mundo lo perturban y torturan (se refiere a las Fuerzas de la oscuridad que tientan y someten al ego humano, haciéndolo presa de sus apetencias), sino crecientemente fomentado, apreciado, abierto luminosamente a una Luz, fortaleza, dicha y amplitud divinas. No es al propio yo sino a la banda de enemigos interiores del espíritu que tenemos que desanimar, desalojar, eliminar sobre el altar de la evolución espiritual; éstos pueden ser extirpados sin miramientos; sus nombres son: deseo, ira, fanatismo, dogmatismo, codicia y apego a los goces y dolores externos; son la cohorte de demonios usurpadores causantes de los errores y sufrimientos del alma. Han de considerarse no como parte nuestra sino como intrusos y pervertidores de la naturaleza real y más divina de nuestro yo; han de ser sacrificados en el más severo sentido de la palabra, cualquiera que sea el dolor que, por reflejo, puedan lanzar sobre la conciencia de quien busca la perfección.



Mas la verdadera esencia del sacrificio no es la autoinmolación, es la autoentrega; su objeto no es la autoeliminación sino la autorrealización; su método no es la automortificación sino una vida mayor; no es una automutilación sino una transformación consciente de nuestras partes humanas naturales en miembros divinos, no es una autotortura sino un pasaje de una satisfacción inferior a una Bienaventuranza o Ananda mayor. Para una parte inmadura o turbia de nuestra naturaleza superficial hay solo una cosa dolorosa al comienzo; es la disciplina que debemos exigirnos indispensablemente, la necesaria negación de toda forma de impulsos egóicos, para realizar la fusión del ego incompleto; mas para eso puede haber una rápida y enorme compensación en el descubrimiento de completarnos de una forma real, mayor y última, en los demás, en todas las cosas, en la unidad cósmica, en la libertad del Yo y Espíritu trascendentales, en el arrobamiento del contacto de la Divinidad. Nuestro sacrificio no es una entrega sin devolución alguna ni una aceptación fructífera de la otra parte; es un intercambio entre el alma encarnada y la Naturaleza consciente en nosotros y el Espíritu eterno. Pues aunque no debemos exigir compensación o ganancia, en nosotros existe un conocimiento profundo de que es inevitable una maravillosa compensación y Gracia obtenidas por regreso o reintegro en el Yo Real. El alma sabe que no se entrega a Dios en vano; sin reclamar nada, recibe, con todo, la riqueza infinita del Poder y Presencia divinos.



Por último, ha de considerarse el receptor del sacrificio y el modo del sacrificio. El sacrificio puede ofrecerse a los demás o a los Poderes divinos; puede ofrecerse al Todo cósmico o al supremo Trascendente. El culto tributado pude asumir cualquier forma, desde la consagración de una hoja o una flor, un vaso de agua, un puñado de arroz, una rebanada de pan, hasta la de todo lo que poseemos y la sumisión de todo lo que somos. Cualquiera que sea el receptor, cualquiera que sea el don, es el Supremo, el Eterno en las cosas, quien lo recibe y acepta, aunque sea rechazado o ignorado por el receptor inmediato. Pues el Supremo que trasciende al universo, está también aquí, aunque velado, en nosotros, en el mundo y en sus sucesos: está allí como Testigo y Receptor omnisciente de todas nuestras obras y su Maestro secreto. Todas nuestras acciones, todos nuestros esfuerzos, incluso nuestros pecados, tropiezos, sufrimientos y luchas, independientemente de que seamos conscientes o inconscientes de ellos, son gobernados en última instancia por el Uno. Todo se vuelve hacia él en sus innumerables formas y es ofrecido, mediante ellas, a la Omnipresencia única. Tal como sea la forma y el espíritu con que nos aproximamos a él, de esa forma y con ese espíritu recibe el sacrificio.



Asimismo, el fruto del sacrificio de las obras (trabajar para el Divino) varía de acuerdo con la obra, de acuerdo con la intención en la obra y de acuerdo con el espíritu que está detrás de la intención. Pero todos los demás sacrificios son parciales, egoístas, mixtos, temporales e incompletos, (incluso los ofrecidos a los Poderes y Principios supremos mantienen este carácter: el resultado también es parcial, limitado, temporal, mixto en sus reacciones, sólo efectivo para una finalidad menor o intermedia. El único sacrificio enteramente aceptable es una última, suprema y suma autoentrega ), es esa sumisión ofrendada, con devoción y conocimiento, libremente y sin reservas, al Uno que es a la vez nuestro Yo inmanente, el circundante Todo constitutivo, la Realidad suprema más allá de ésta o cualquier manifestación y, secretamente, todas estas juntas, ocultas por doquier, la Trascendencia inmanente. Pues al alma que se le brinda totalmente, Dios también se le entrega por completo. Sólo quien ofrenda su naturaleza toda, halla al Yo. Sólo quien puede darlo todo, disfruta por doquier al Todo Divino. Sólo un supremo autoabandono confiado en el Supremo, alcanza al Supremo. Sólo la sublimación mediante sacrificio de todo cuanto es nuestra naturaleza, puede capacitarnos para encarnar al Supremo y vivir así en la conciencia inmanente del Espíritu trascendente.



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TEMA 4: ♦ LA FE Y LA DUDA ♦











Las tres partes de la perfección de nuestra naturaleza instrumental (1.-la perfección de la inteligencia, del corazón, de la consciencia vital y del cuerpo, 2.- la perfección de los fundamentales poderes del alma, 3.- la perfección del sometimiento de nuestros instrumentos y acción al Divino Universal “Shakti”), depende, en todo momento, de su progresión, de un cuarto poder que encubierta y abiertamente es el pivote de todo esfuerzo y acción: la fe, o ”sraddhá”. La fe perfecta es un asentimiento de todo el ser a la verdad vista por éste u ofrecida para su aceptación, y en su accionar central es la fe del alma en su propia voluntad de ser, de lograr, de devenir en su idea del yo y las cosas y en su conocimiento; del cual la creencia del intelecto, el consentimiento del corazón y del deseo de la mente vital de poseer y realizar son las figuras externas. Esta fe del alma, en alguna forma en sí, es indispensable para la acción del ser y sin ella el hombre no puede dar ni un solo paso en la vida, y mucho menos dar paso alguno en pos de una perfección aun irrealizada. Es algo tan central y esencial que el Gita puede decir justamente acerca de ella que cualquiera sea la sraddhá del hombre, eso es él, y puede añadirse que cualquiera sea la fe que el hombre tenga de lo que es posible en sí mismo y luche en ese sentido, eso es lo que él hombre puede llegar a ser y devenir. Hay una clase de fe en Dios y Shakti, fe en la presencia y poder de la Divinidad Individual en nosotros y en el Universo, fe en que todo en el mundo es el accionar de la única Shakti divina, fe en que todos los pasos del Yoga (sendero de unión con Dios), sus luchas y sufrimiento, sus fracasos al igual que sus triunfos, satisfacciones y victorias son utilidades y necesidades de su accionar y que mediante una firme y fuerte dependencia de la Divinidad y su Shakti en nosotros y una total autosumisión a éstos podemos alcanzar la unidad, libertad, victoria y perfección.



El enemigo de la fe es la duda, y con todo la duda es también una utilidad y una necesidad, porque el hombre, en su ignorancia y en su esfuerzo progresivo en pos del conocimiento, necesita ser visitado por la duda; de otro modo, se obstinaría en una creyente ignorancia y un conocimiento limitado, siendo incapaz de escapar de sus errores. Esta utilidad y necesidad de la duda no desaparece por completo cuando entramos en el sendero del Yoga. El Yoga integral no apunta meramente a un conocimiento de algún principio fundamental, sino a un Conocimiento, una gnosis que se aplicará a toda la vida y acción del mundo, cubriéndolas, y en esta búsqueda del conocimiento entramos en el camino y somos acompañados, durante muchas millas, por las irregeneradas actividades de la mente antes que éstas se purifiquen y transformen mediante una luz mayor: llevamos con nosotros una cantidad de creencias e ideas intelectuales que de ningún modo son correctas en su totalidad ni perfectas y una legión de nuevas ideas y sugestiones se nos cruzan después reclamando nuestra credulidad, pudiendonos resultar fatal que nos creyéramos siempre éstas ideas o sugestiones, tal como se nos presentan sin consideración respecto a su posible error, limitación o imperfección. Y en una etapa del Yoga es menester rehusar aceptar como definitiva y final cualquier clase de idea u opinión en su forma intelectual y debemos mantenerla en inquisitivo suspenso hasta que sea comprobada y ubicada adecuadamente, y revista la luminosa forma de la Verdad, corroborada por una experiencia espiritual iluminada por el Conocimiento supramental. Y en mucha mayor proporción este es el caso de los deseos e impulsos de la mente vital, que a menudo han de aceptarse provisionalmente como señales inmediatas de una acción temporariamente necesaria antes que logremos una guía plena, pero sin apegarnos siempre con el completo asentimiento del alma, pues eventualmente todos estos deseos e impulsos han de ser rechazados o transformados y reemplazados por impulsos de la voluntad divina que asume los movimientos vitales. La fe del corazón, las creencias emocionales, los asentimientos son sólo necesarios sobre la marcha, pero no pueden ser siempre guías seguros hasta que también éstos sean asumidos, purificados, transformados, y eventualmente reemplazados por los asentimientos luminosos de un Ananda divino que está en unidad con la voluntad y conocimiento divinos. Quien marcha en pos del Yoga no puede depositar una fe completa y permanente en nada de la naturaleza inferior que abarque desde la razón hasta la voluntad vital, y sólo puede hacerlo, al final, en la verdad, poder y Ananda espirituales que, en la razón espiritual, se convierten en sus únicos guías, luminarias y amos de la acción.



Empero, la fe es necesaria en todos y cada uno de los pasos pues se trata de un necesario asentimiento del alma y sin este asentimiento no puede haber progreso. Nuestra fe debe morar primero en la verdad y principios esenciales del Yoga, y hasta si esto está oscurecido en el intelecto, abatido en el corazón, agotado y exhausto por constante negación y fracaso en el deseo de la mente vital, en lo más recóndito del alma debe haber algo que se apegue y retorne a ello, de otro modo quedamos fuera del sendero y lo abandonamos por debilidad e incapacidad para soportar una temporaria derrota, contrariedad, dificultad y peligro. En el Yoga, como en la vida, es el hombre que persiste infatigablemente hasta el fin afrontando toda derrota, desilusión, todo contraste, sucesos y poderes hostiles y contradictorios, el que finalmente conquista y logra justificar su fe porque para el alma y para Shakti en el hombre nada es imposible. E incluso una fe ciega e ignorante es una posesión mejor que la duda escéptica que da la espalda a nuestras posibilidades espirituales, o que la constante garrulería del intelecto estrecho, mezquinamente crítico y exento de creación, asúyá, que persigue a nuestro esfuerzo con paralizante incertidumbre. Sin embargo, quien busca el Yoga integral debe dominar estas dos imperfecciones. Aquello a lo que dio su asentimiento y hacia lo cual enderezó su mente, corazón y voluntad, la perfección divina de todo el ser humano, es, en apariencia, una imposibilidad para la inteligencia normal, puesto que se opone a los hechos reales de la vida y será contradicho largamente por la experiencia inmediata, como ocurre con todos los fines remotos y difíciles, y también es negado por muchos que tienen experiencia espiritual pero creen que nuestra naturaleza actual es la única naturaleza posible del hombre en el cuerpo y que sólo despojándonos de la vida terrena o hasta de todo existencia individual podemos arribar a una perfección celestial o a la liberación de la extinción. En la persecución de tal objetivo habrá un vasto campo de objeciones, críticas de esa razón ignorante y persistente que se funda plausiblemente sobre las apariencias del momento, la reserva del hecho y la experiencia indagados, rehúsa ir más allá y cuestiona la validez de todos los índices e iluminaciones que apuntan más adelante; y si cede ante estas estrechas sugestiones, no llegará o será seriamente obstaculizado o largamente demorado en su viaje. Por otra parte, la ignorancia y ceguera de la fe, son obstáculos para un gran triunfo, invitan a mucha contrariedad y desilusión, se apegan a falsas finalidades e impiden el avance hacia mayores formulaciones de la verdad y la perfección. La Shakti, en su accionar, golpeará brutalmente todas las formas de ignorancia y ceguera e incluso todo cuanto en ella confíe equivocada o supersticiosamente, y debemos estar preparados para abandonar un apego demasiado persistente a las formas de la fe para adherir sólo a la realidad salvadora. El carácter de sraddhá necesario para el Yoga integral es una fe grande, amplia e inteligente, inteligente con la inteligencia de una razón mayor que asiente a las posibilidades elevadas.











Esta sraddhá – la palabra fe es inadecuada para expresarla – es, en realidad, una influencia proveniente del Espíritu supremo y su luz es un mensaje derivado de nuestro ser supramental que reclama que la naturaleza inferior se eleve de su mezquino presente hacia un gran autodevenir y autosuperación. Y lo que recibe la influencia y responde al reclamo no es tanto el intelecto, el corazón ni la mente vital, sino el alma interior que es quien mejor conoce la verdad de su propio destino y misión. Las circunstancias que provocan nuestro primer ingreso en el sendero no son el índice real de lo que ha de producirse en nosotros. Allí el intelecto, el corazón, o los deseos de la mente vital pueden ocupar un lugar prominente, o incluso asumir accidentes fortuitos e incentivos externos; pero si todo se resume a esto, entonces no puede haber seguridad en cuanto a nuestra fidelidad al reclamo y a nuestra duradera perseverancia en el Sendero. El intelecto puede abandonar la idea que lo atrajo, el corazón puede desfallecer o fallarnos, el deseo de la mente vital puede volcarse hacia otros objetivos. Mas las circunstancias externas son sólo una cobertura del accionar real del Espíritu, y si es el Espíritu el que recibió el contacto, si es el alma interior la que recibió la llamada, la sraddha seguirá firme y resistirá todos los intentos encaminados a derrotarla o matarla. No es que las dudas intelectuales no asalten, el corazón no vacile, el contrariado deseo de la mente vital no se tumbe, agotado, a un costado del camino. Eso es casi inevitable a veces, tal vez a menudo, especialmente con respecto a nosotros, hijos de una era de intelectualidad y escepticismo y de una negación materialista de la verdad espiritual que aún no descorrió de la faz del sol de una realidad mayor que sus nubes pintadas y todavía se opone a la luz de la intuición espiritual y la recóndita experiencia. Es muy posible que existan muchos de aquellos penosos oscurecimientos de los que hasta los Rishis Védicos tanto se quejabán, “los prolongados exilios de la luz”, y éstos pueden ser tan densos, la noche del alma puede ser tan negra, que la fe puede parecer que nos abandonó por completo. Mas a través de esto, todo el espíritu interior no soltará sus amarras invisibles y el alma retornará con nuevo vigor a su seguridad que sólo se eclipsó y no se extinguió, pues no puede haber extinción una vez que el yo interior conoció y se resolvió. La Divinidad se aferra en todo y si parece que nos deja caer es sólo para levantarnos más alto. Experimentaremos con tanta frecuencia este retorno salvador que las negaciones de la duda llegarán a ser, eventualmente imposibles y, una vez que la base de la igualdad se asiente firmemente y, más aun, cuando surja el sol de la gnosis, la duda misma desaparecerá porque concluyó su causa y su utilidad.



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TEMA 5: ◘ ¿POR QUÉ NUESTRO MUNDO FUE CREADO CON LA PRESENCIA DEL DOLOR, EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE? ◘











El 5 de Diciembre de 1955, la prestigiosa Universidad de la Sorbona en Paris dedicó un homenaje a una persona aun desconocida para gran parte de la humanidad. Su nombre es Sri Aurobindo. Ocurre con los grandes maestros de la humanidad que suelen pasar desapercibidos para ella misma durante siglos o muchas décadas, las Grandes Obras suelen adelantarse a su tiempo, y el hombre contemporaneo a ellas no suele estar preparado para percibirlas. Sri Aurobindo nos ha legado una de las obras escritas mas vastas e iluminadoras de la historia humana, y posteriormente durante un retiro voluntario de veintiséis años en su habitación, logra transmutar su naturaleza y atraer a la tierra las fuerzas que actualmente operan en el desarrollo humano. Sri Aurobindo trabajó como un científico escrupuloso, prestándose el mismo al experimento y convirtiéndose en un laboratorio viviente, que repetía una y otra vez los experimentos en su propio cuerpo ratificando las experiencias hasta su completa fiabilidad y consumación.



. Sri Aurobindo se educó hasta los veinte años en Inglaterra, volviendo a la India después sin haber conocido nada de su país de origen, ni siquiera el idioma. Después de un periodo revolucionario contra la dominación inglesa, Sri Aurobindo inició su camino de transformación espiritual, haciendo evolucionar su cuerpo, vida y mente hasta niveles inimaginables para un ser humano normal, acompañado de cerca por una pléyade de discípulos seleccionados, muchos de ellos europeos y americanos, de gran nivel intelectual, físicos, médicos, ingenieros, arquitectos e incluso un químico nuclear que luego seria el secretario general del ashram. Su enorme esfuerzo nos permite ahora acercarnos al mundo de lo velado, de lo no conocido; gracias a que el se convirtió en el Gran Mensajero de lo Incomunicable. La obra inmensa de Sri Aurobindo nos deja trozos tan sabrosos como el que a continuación relatamos, donde intenta explicar mediante imágenes a la mente desarrollada el porqué de este mundo, e intenta acercar a la mente racional aquello que él visitó, intentando responder una de las grandes preguntas de la Humanidad ¿Por qué nuestro mundo fue creado con la presencia del dolor, el sufrimiento y la muerte?

SRI AUROBINDO

EL ENIGMA DE ESTE MUNDO





¿CUÁL ES EL PROPÓSITO Y ORIGEN DE LA DESARMONÍA?



¿POR QUÉ SE PRODUJO ESTA DIVISIÓN, ESTE EGO, ESTE MUNDO DE DOLOROSA EVOLUCIÓN?



¿POR QUÉ EL MAL Y EL SUFRIMIENTO DEBEN HACER INTRUSIÓN EN EL BIEN, LA BIENAVENTURANZA Y LA PAZ DIVINAS? Es difícil responder a la inteligencia humana en su propio nivel de consciencia, porque la consciencia a la cual pertenece el origen de este Universo, en la cual se halla; por decirlo así, completamente “justificada” la experiencia de una creación de este tipo, es una consciencia, es un Conocimiento supraintelectual, es una inteligencia cósmica y no una inteligencia humana e individual; esta Consciencia ve en espacios más vastos, posee otra visión y cognición, otros términos de conocimiento distintos de la razón y el sentimiento humanos.



A la mente humana uno podría responderle que, mientras en sí mismo el Infinito puede estar libre de esas perturbaciones (dolor, sufrimiento y muerte), una vez que la manifestación universal comenzó, empezaron también las infinitas posibilidades y entre las infinitas posibilidades a las que la manifestación universal tiene por función dar lugar, una de ellas fue evidentemente la negación, la relativa negación efectiva y con todas sus consecuencias del Poder, la Verdad, la Luz, la Paz , el Bien y la Inmortalidad.



Si nos preguntamos “por qué” además de ser posible esta manifestación, también fue aceptada y aprobada; la respuesta más próxima a la Verdad cósmica que la inteligencia humana puede concebir es que: en las relaciones o en la transición del Divino en su Unidad, al Divino en su Multiplicidad (el universo o cosmos), esta “ominosa posibilidad” se hizo, en cierto punto, inevitable.



Y esto fue así, porque una vez aparecida esta manifestación, supuso para el Alma (LA MADRE) en descenso a la manifestación evolutiva una atracción irresistible que crea la inevitabilidad; una atracción que en términos humanos al nivel terrestre puede ser interpretada como la llamada de lo desconocido, el gozo del peligro, el reto de la dificultad y la aventura, la voluntad de intentar lo imposible, y de experimentar lo incalculable, la voluntad de crear algo nuevo aun no creado, con el propio SER y la vida como materiales, la fascinación por resolver las contradicciones y su difícil armonización; son estas razones, traducidas a otra Consciencia, a una consciencia suprafísica y suprahumana, mucho más alta y más vasta que la mental, las que constituyeron la “tentación que condujo a la caída”, y la consiguiente inmersión de la Madre en lo inconsciente.



Porque para el ser original de luz (LA MADRE), situado en el filo del descenso al abismo de esta manifestación de materia inconsciente, lo único que le era desconocido eran las profundidades del abismo, las posibilidades del Divino en la Ignorancia y la Inconsciencia de la materia del universo creado.



Por el otro lado, por la parte de la Unidad Divina (EL PADRE), fue una vasta aquiescencia hacia LA MADRE a punto del descenso, llena de compasión, de consentimiento, de ayuda; fue un Supremo Conocimiento de que esto debía ser así, que habiendo aparecido debía ser realizado, que su aparición es en cierto sentido parte de una incalculable e infinita sabiduría; y que si el sumergirse en la Noche era inevitable, el gran emerger en un Día nuevo y sin precedentes era también una certeza; y que sólo así podía tener lugar una cierta manifestación de la Verdad Suprema, por la puesta en obra de los contrarios fenoménicos, bien y mal, como punto de partida de la evolución en este universo y con esta condición, ir ascendiendo en una emergente transformación evolutiva.



Esta aquiescencia comprendía también la voluntad del gran Sacrificio, el descenso del Divino mismo a la Inconsciencia para tomar sobre sí la carga de la Ignorancia y sus consecuencias, para intervenir como el Avatar y el santo, marchando entre el doble signo de la Cruz y la Victoria hacia la culminación y la salvación del mundo.



Podría pensarse que lo dicho es ¿Una traducción demasiado imaginativa de la Verdad inexpresable?. Pero sin imágenes ¿cómo presentar o relatar al intelecto un misterio que aun esta mucho más allá de él?. Sólo cuando se ha cruzado la barrera de la inteligencia limitada y se ha tomado parte en la experiencia cósmica y en el Conocimiento que ve las cosas por Identidad, se revelan las supremas realidades que están tras estas imágenes correspondientes al hecho terrestre, y sus formulaciones divinas se dejan percibir como algo simple, natural, implícito en la esencia de las cosas.



Sólo penetrando en una Consciencia mayor, puede uno captar la inevitabilidad de la creación y su propósito.

F I N





La obra y la practica creada por Sri Aurobindo, hoy representan la gran esperanza para esta humanidad saciada, mas no satisfecha con sus logros actuales y conforme sea entendida por el individuo, se comprenderá que la geografía del camino ascendente evolutivo ha sido desarrollada y realizada, sus cambios marcados, sus senderos trazados y diagramados exhaustivamente. Sri Aurobindo podría conducir al hombre mental desarrollado hasta sus más excelsas cumbres. Sri Aurobindo, el Señor de la Síntesis, el Mensajero de lo Incomunicable dejó el futuro hecho, ahora depende del hombre seguir contrayendo el continuo espacio-tiempo, y lograr alcanzar la Verdad evolutiva que nos liberara del hambre, el dolor, el sufrimiento y la muerte.



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TEMA 6: ♦ EL ASCENSO DE LA VIDA ♦

-SRI AUROBINDO-





Que el sendero de la Palabra conduzca a los dioses hacia las Aguas por la labor de la Mente… Oh Llama, tú vas al océano del Cielo, hacia los dioses; tú haces que se encuentren juntos los dioses de los planos, las aguas que están en el reino de la luz por encima del sol y las aguas que habitan debajo .



El Señor del Deleite conquista el tercer estado; mantiene y gobierna acorde al Alma de la universalidad; como un halcón, como un milano, se asienta sobre la nave y la eleva, descubridor de la Luz, manifiesta el cuarto estado y hiende al océano pues es el agitador de estas aguas.



Tres veces Vishnú anduvo y mantuvo su pie levantado del polvo primero; tres pasos ha dado, el Guardián, el Invencible, y desde más allá sostiene sus leyes. Escudriña las actividades de Vishnú y contempla de donde ha manifestado sus leyes. Ese es su paso supremo visto siempre por los videntes como un ojo extendido en el cielo; que el iluminado, el despierto encienda en una llama resplandeciente, incluso el paso supremo de Vishnu.....

Rig Veda.











Hemos visto que así como la ego-dividida mente mortal, progenitora de la limitación, la ignorancia y las dualidades, es sólo una oscura figura de la Supermente, de la auto-luminosa Conciencia divina en sus primeros tratos con la aparente negación de sí, desde la cual comienza nuestro Cosmos, de igual manera la Vida, —(en la medida que emerge en nuestro universo material, una energía de la divisora Mente subconsciente, sumergida, aprisionada en la Materia, la Vida como progenitora de la muerte, el hambre y la incapacidad)—, es sólo una oscura figura de la divina Fuerza superconsciente cuyos términos supremos son inmortalidad, deleite satisfecho y omnipotencia. Esta relación fija la naturaleza de ese gran proceso cósmico del que somos parte; determina los términos primeros, medios y últimos de nuestra evolución. Los primeros términos de la Vida son la división, una subconsciente voluntad conducida-por-la-fuerza, que se presenta no como voluntad sino como mudo apremio de la energía física, y la impotencia de una sujeción inerte a las fuerzas mecánicas que gobiernan el intercambio entre la forma y su entorno. Esta inconciencia y esta ciega pero potente acción de la Energía son el modelo del universo material tal como el científico lo ve y ésta su visión de las cosas se extiende y cambia por completo las bases de la existencia; es la conciencia de la Materia y el tipo realizado de vida material. Pero interviene un nuevo equilibrio, un nuevo juego de términos que aumenta en proporción conforme la Vida se libera de esta forma y empieza a evolucionar hacia la Mente consciente; pues los términos medios de la Vida son muerte y devorarse mutuamente, hambre y deseo consciente, el sentido de un espacio y capacidad limitados, y la lucha por crecer, expandir, conquistar y poseer. Estos tres términos son la base de ese estado de evolución que la teoría darwiniana primero clarificó para el conocimiento humano. Pues el fenómeno de la muerte implica en sí una lucha por sobrevivir, dado que la muerte es solo el término negativo en el que la Vida se esconde de sí y tienta a su propio ser positivo para que busque la inmortalidad. El fenómeno del hambre y el deseo implica una lucha en pro de un estado de satisfacción y seguridad, dado que el deseo es sólo el estimulo por el que la Vida tienta a su propio ser positivo a elevarse de la negación de su insatisfecha hambre hacia la posesión plena del deleite de la existencia. El fenómeno de la capacidad limitada implica lucha en pro de la expansión, del dominio y la posesión, —la posesión del yo y la conquista del entorno—, dado que limitación y defecto son sólo la negación por la que la Vida tienta a su propio ser positivo para que vaya en pos de la perfección de la cual es eternamente capaz. La lucha por la vida no sólo es lucha por sobrevivir, también es lucha por la posesión y la perfección, dado que aferrándose al entorno en mayor o menor grado, mediante auto-adaptación a él o adaptándolo a uno mismo mediante su aceptación y conciliación o por su conquista y cambio, puede asegurarse la supervivencia, e igualmente es cierto que sólo una perfección cada vez mayor puede asegurar una continua permanencia, una supervivencia duradera. Esta es la verdad que el darwinismo procuró expresar con la fórmula de la supervivencia de los más aptos.



Pero así como la mente científica procuro extender a la Vida el principio mecánico apropiado a la existencia y ocultó la conciencia mecánica en la Materia, sin ver que había ingresado un nuevo principio cuya razón misma de ser es someter a sí mismo lo mecánico, de igual manera la fórmula darwiniana fue usada para extender con demasiada amplitud el principio agresivo de la Vida, el egoísmo vital del individuo, el instinto y proceso de auto-preservación, auto-afirmación y vida agresiva. Pues estos dos primeros estados de la Vida contienen en sí mismos las semillas de un nuevo principio y de otro estado que debe crecer en proporción a cómo la Mente evoluciona a partir de la materia a través de la fórmula vital dentro de su propia ley. Y estas cosas deben cambiar más todavía cuando así como la Vida evoluciona hacia arriba en pos de la Mente, de igual manera la Mente evoluciona hacia arriba en pos de la Supermente o Espíritu. Precisamente porque la lucha por la supervivencia, el impulso en pos de la permanencia, está contradicho por la ley de la muerte, la vida individual está compelida, y usada, para asegurar la permanencia más bien para su especie que para sí misma; pero esto no puede hacerse sin la cooperación de los demás; y el principio de cooperación y mutua ayuda, el deseo de los demás, el deseo de la esposa, del hijo, del amigo y auxiliador, del grupo asociado, de la práctica de asociación, de la unión e intercambio conscientes son las semillas a partir de las cuales florece el principio del amor. Admitamos que el amor sea al principio sólo un extendido egoísmo y que este aspecto de extendido egoísmo persista y domine, como aún persiste y domina en las etapas superiores de la evolución: con todo, en la medida en que la mente evoluciona y se descubre cada vez más, llega por la experiencia de la vida, del amor y de la mutua ayuda a percibir que el individuo natural es un término menor del ser y existe por lo universal. Una vez que se descubre esto —como descubre inevitablemente el hombre al ser mental— su destino está determinado; pues ha alcanzado el punto en el que la Mente puede empezar a abrirse a la verdad de que hay algo más allá de ella; desde ese momento su evolución, aunque oscura y lenta, en pos de ese algo superior, en pos del Espíritu, en pos de la supermente, en pos del superhombre, está inevitablemente predeterminada.



Por lo tanto, la Vida está predestinada por su propia naturaleza a un tercer estado, un tercer juego de términos de su auto-expresión. Si examinamos este ascenso de la Vida veremos que los últimos términos de su evolución real, los términos de lo que hemos llamado su tercer estado, deben necesariamente ser, en apariencia, la precisa contradicción y opuesto, aunque de hecho sean la precisa realización y transfiguración de sus primeras condiciones. La Vida empieza con las extremas divisiones y rigurosas formas de la Materia, y de esta rigurosa división, el átomo, que es la base de toda forma material, es el modelo preciso. El átomo está aparte de todos los demás incluso en su unión con ellos, rechaza la muerte y la disolución bajo cualquier fuerza ordinaria y es el modelo físico del ego separado que define su existencia contra el principio de la fusión en la Naturaleza. Mas la unidad es tan fuerte principio en la Naturaleza como la división; es ciertamente el principio maestro del que la división es sólo un término subordinado, y para el principio de la unidad toda forma dividida debe, por lo tanto, subordinarse, de un modo u otro, por necesidad mecánica, por compulsión, por asentimiento o por inducción. Por lo tanto, si la Naturaleza para sus propios fines, a fin de tener principalmente una base firme para sus combinaciones y una fijada simiente de las formas, permite al átomo resistir ordinariamente el proceso de fusión por disolución, ella lo compele a someterse al proceso de fusión por agregación; el átomo, al ser el agregado primero, es también la base primera de las unidades agregadas.



Cuando la Vida alcanza su segundo estado, el que reconocemos como vitalidad, toma la delantera el fenómeno contrario y la base física del ego vital es obligada a consentir la disolución. Sus componentes son disgregados de modo que los elementos de una vida pueden usarse para entrar en la formación elemental de otras vidas. La extensión en la cual reina esta ley en la Naturaleza no ha sido aún plenamente reconocida y ciertamente no puede serlo hasta que tengamos una ciencia de la vida mental y de la existencia espiritual tan sólida como nuestra actual ciencia de la vida física y de la existencia de la Materia. Con todo podemos ver ampliamente que no sólo los elementos de nuestro cuerpo físico, sino también los de nuestro más sutil ser vital, de nuestra energía-vital, de nuestro deseo-energía, de nuestros poderes, anhelos y pasiones, entran durante nuestra vida y después de nuestra muerte en la existencia-vital de los demás. Un antiguo conocimiento oculto nos dice que tenemos tanto una estructura vital como física y ésta también es disuelta tras la muerte y se presta para la constitución de otros cuerpos vitales; nuestras energías vitales, mientras vivimos, se mezclan continuamente con las energías de otros seres. Una ley parecida gobierna las relaciones mutuas de nuestra vida mental con la vida mental de otras criaturas pensantes. Hay una constante disolución y dispersión, y una reconstrucción efectuada por el choque de mente sobre mente con un constante intercambio y fusión de elementos. Intercambio, entremezcla y fusión de ser con ser, es el proceso mismo de la vida, una ley de su existencia.



Tenemos entonces dos principios en la Vida: la necesidad o la voluntad del ego separado de sobrevivir en su distinción y conservar su identidad, y la compulsión impuesta por la Naturaleza de fundirse con los demás. En el mundo físico ella hace mucho hincapié sobre el primer impulso; pues necesita crear estables formas separadas, dado que su primero y realmente su más difícil problema consiste en crear y mantener para ella cualquier cosa de esa índole como separativa supervivencia de individualidad y una forma estable para ello en el incesante flujo y movimiento de la Energía y en la unidad del infinito. Por lo tanto, en la vida atómica, la forma individual persiste como la base y asegura, mediante su agregación con otros atomos, la existencia más o menos prolongada de las formas agregadas que serán la base de individualizaciones vitales y mentales. Pero tan pronto la Naturaleza ha asegurado suficiente firmeza a este respecto para el seguro manejo de sus ulteriores operaciones, invierte el proceso; la forma individual perece y la vida agregada se beneficia con los elementos de la forma que se disuelve de esa manera. Sin embargo, ésta no puede ser la última etapa; esa sólo puede alcanzarse cuando se armonicen los dos principios, cuando el individuo pueda persistir en la conciencia de su individualidad y con todo fundirse con los demás sin alteración del preservador equilibrio ni interrupción de la supervivencia.



Los términos del problema presuponen el pleno emerger de la Mente; pues en la vitalidad sin mente consciente no puede haber ecuación, sino sólo un temporal equilibrio inestable que culmina en la muerte del cuerpo, la disolución del individuo y la dispersión de sus elementos en la universalidad. La naturaleza de la Vida física prohíbe la idea de una forma individual que posea el mismo poder inherente de persistencia y, por lo tanto, de continuada existencia individual como los átomos de que está compuesta. Sólo un ser mental, sostenido por el nudo (nodo) psíquico dentro del cual se expresa o empieza a expresarse el alma secreta, puede esperanzadamente persistir mediante su poder de vincular el pasado al futuro en una corriente de continuidad que la disgregación de la forma puede quebrar en la memoria física sin necesidad de que se rompa en el ser mental y que, incluso mediante un eventual desarrollo, puede tender un puente sobre la brecha de la memoria física, creada por la muerte y el nacimiento del cuerpo. Tal como es, en el imperfecto desarrollo actual de la mente corporizada, el ser mental es consciente en la masa de un pasado y un futuro que se extienden mas allá de la vida del cuerpo; toma conciencia de un pasado individual, de vidas individuales que crearon la suya y de las cuales él es un desarrollo y modificada reproducción y de futuras vidas individuales que él crea a partir de sí; es consciente también de una agregada vida pasada y futura a través de la cual su propia continuidad corre como una de sus fibras. Esto que es evidente para la ciencia física en los términos de la herencia, llega a ser de otro modo evidente para el alma en evolución detrás del ser mental en los términos de la personalidad persistente. El ser mental que expresa esta alma-conciencia es, por lo tanto, el nudo (nodo) del individuo persistente y de la persistente vida agregada con otros individuos; en él su unión y armonía se tornan posibles.



La asociación con el amor como su principio secreto y su emergente cima es el modelo, el poder de esta nueva relación y, por lo tanto, el principio rector del desarrollo en el tercer estado de la vida. La preservación consciente de la individualidad junto con la conscientemente aceptada necesidad y deseo de intercambio, auto-entrega y fusión con otros individuos, es necesaria para el funcionamiento del principio del amor; pues si queda abolida, la actividad del amor cesa, cualquiera sea el lugar que tome. El logro del amor por entera auto-inmolación, incluso con una ilusión de auto-aniquilación, es, por cierto, una idea y un impulso en el ser mental, pero apunta a un desarrollo más allá de este tercer estado de la Vida. Este tercer estado es una condición en la que progresivamente nos elevamos más allá de la lucha por la vida consistente en devorarse mutuamente y en la supervivencia de los más aptos para esa lucha; pues cada vez hay más supervivencia por mutua ayuda y auto-perfeccionamiento mediante adaptación mutua, intercambio y fusión. La Vida es autoafirmación de ser, incluso desarrollo y supervivencia del ego, pero de un ser que ha necesitado de otros seres, un ego que procura encontrar e incluir otros egos y ser incluido en la vida de éstos. Los individuos y los agregados (grupos de individuos), que desarrollan primordialmente la ley de asociación y la ley de amor, de ayuda común, bondad, afecto, camaradería, unidad, que armonizan más exitosamente la supervivencia y mutua auto-entrega, el grupo que incrementa al individuo y viceversa, y el individuo que incrementa al individuo y el grupo que hace lo propio con otro grupo, mediante intercambio mutuo, serán los más aptos para la supervivencia en este estado terciario de la evolución.



Este desarrollo es significativo del cada vez más creciente predominio de la Mente que progresivamente impone su propia ley cada vez más sobre la existencia material. Pues la mente por su mayor sutileza no necesita devorar para asimilar, poseer y crecer; cuanto más da, más recibe y crece; y cuanto más se funde en los demás, éstos más se funden en ella, incrementando así el ámbito de su ser. La vida física se vacía cuando da demasiado y se arruina cuando devora demasiado; pero aunque la Mente en proporción a como se inclina sobre la ley de la Materia sufre la misma limitación, con todo, en el otro lado, en proporción a como crece en su propia ley, tiende a vencer esta limitación, y en proporción a como vence la limitación material, dando y recibiendo, llega a ser una sola. Pues en su ascenso crece en pos de la regla de unidad consciente en la diferenciación que es la ley divina del manifiesto Sachchidananda.



El segundo término del estado original de la vida es la voluntad subconsciente que en el estado secundario se convierte en hambre y deseo consciente, —hambre y deseo, la primera simiente de la mente consciente—. El crecimiento dentro del tercer estado de la vida por el principio de asociación, el crecimiento del amor, no deja sin efecto la ley del deseo, sino que más bien la transforma y realiza. El amor es en su naturaleza el deseo de darse a los demás y recibir a los demás en intercambio; es comercio entre ser y ser: La vida física no desea darse, sólo desea recibir. Es cierto que está compelida a darse, pues la vida que sólo recibe y no da debe tornarse estéril, marchitarse y perecer, —(si es que esa clase de vida es posible aquí o en cualquier mundo)—; pero está compelida, sin quererlo, y obedece al impulso subconsciente de la Naturaleza (Fuerza Consciente creadora de los mundos) sin participar conscientemente en él. Incluso cuando el amor interviene, al principio la auto-entrega todavía conserva en alto grado el carácter mecánico de la voluntad subconsciente en el átomo. El amor mismo al principio obedece a la ley del hambre y disfruta el recibir y sacar de los demás, más bien que el darse y rendirse a los demás, que admite principalmente como precio necesario para obtener la cosa que desea. Pero aquí no ha llegado aún a su verdadera naturaleza; su verdadera ley es establecer un comercio igual en el que la dicha de dar se iguale a la dicha de recibir y tienda, al fin, a convertirse en aun mayor; pero eso ocurre cuando se lanza más allá de sí, bajo la presión de la llama física para alcanzar la realización de la completa unidad y, por lo tanto, ha de realizar a aquellos que le parecieron como separados, a aquellos que le pareció (no-yo) como un ser (yo) más grande y querido que su propia individualidad. En su origen-vital, la ley del amor es el impulso de realizarse y lograrse uno mismo en los demás y por los demás, de enriquecerse enriqueciendo, de poseer y ser poseído pues sin ser poseído no se posee uno mismo por completo.



La incapacidad inerte de la existencia atómica de poseerse, la sujeción del individuo material al (no-yo), pertenece al primer estado de la vida. La conciencia de la limitación y la lucha por poseer, por dominar al ser (yo) y al los demás (no-yo), es el modelo del estado secundario. Aquí también el desarrollo hacia el tercer estado trae una transformación de los términos originales dentro de un logro y una armonía que repite los términos mientras aparentemente los contradice. Adviene, a través de la asociación y del amor un reconocimiento de los demás (no-yo) como ser (yo) mayor y, por lo tanto, una sumisión conscientemente aceptada a su ley y necesidad que realiza el creciente impulso de la vida de grupo a absorber al individuo; y hay una posesión nuevamente, por parte del individuo, de la vida de los demás como la suya propia y de todo lo que ha de dársele como suyo propio, que realiza el impulso opuesto de la posesión individual. Esta relación de mutualidad entre el individuo y el mundo en que vive no puede expresarse, completarse ni asegurarse a menos que se establezca la misma relación entre individuo e individuo y entre grupo y grupo. Todo el difícil esfuerzo del hombre en pro de la armonización de la autoafirmación y de la libertad, por la que se posee a sí mismo, por la asociación y el amor, fraternidad, camaradería, en las que se entrega a los demás, —(sus ideales de armonioso equilibrio, justicia, mutualidad, igualdad por los que crea un equilibrio de los dos opuestos)—, son en realidad un intento inevitablemente Predeterminado en sus lineamientos para resolver el problema original de la Naturaleza, el problema de la Vida misma, mediante la resolución del conflicto entre los dos opuestos que se presentan en los fundamentos mismos de la Vida en la Materia. La resolución es intentada por el principio superior de la Mente que sólo puede hallar el camino hacia la armonía buscada, aunque la armonía misma solo pueda hallarse en un Poder todavía más allá de nosotros.



Pues, si los datos con que hemos partido son correctos, el fin del camino, la meta misma sólo puede ser alcanzada por la Mente yendo más allá de Sí misma dentro de eso que está más allá de la Mente, dado que de Eso (la Mente) es sólo un término inferior y un instrumento primeramente para el descenso en la forma y la individualidad, y secundariamente para el re-ascenso a la realidad que la forma corporizada y la individualidad representan. Por lo tanto, la solución perfecta del problema de la Vida no es posible realizarla por asociación, intercambio ni conveniencias solo del amor o a través de la ley de la mente y del corazón . Debe llegar por un cuarto estado de la vida en el que la eterna unidad de los muchos se realiza a través del espíritu y el fundamento consciente de todas las operaciones de la vida no estriba más en la división del cuerpo, ni en las pasiones y hambres de la vitalidad, ni en las agrupadoras e imperfectas armonías de la mente, ni en una combinación de todos estos, sino en la unidad y libertad del Espíritu.



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TEMA 7: ♦ UN ENCUENTRO QUE CAMBIARIA EL MUNDO ♦

-SRI AUROBINDO-
















El 29 de marzo de 1914 en ese momento se produjo una unión mística entre la India y Europa. Aquel día la Madre conoció a Sri Aurobindo a las 15.30 en la antigua casa de huéspedes. Su encuentro marcó el inicio de las inconmensurables posibilidades espirituales que hoy se presentan en la vida de la humanidad.



Por aquel entonces la Madre tenía 36 años. Tal vez recordéis que Paul Richard ( sú segundo esposo) ya había tenido la ocasión de conocer a Sri Aurobindo, cuya personalidad le impactó enormemente. A su vuelta le hizo saber sus impresiones a la Madre jugando así un papel decisivo en el logro de esta predestinada unión. Al parecer, le dijo a Sri Aurobindo que cuando regresara a la India podría hacerlo acompañado de una mujer que era “espiritualmente mucho más avanzada que él mismo”. La Madre había contactado a Sri Aurobindo en sus sueños y visiones. Solía asociarlo con Sri Krishna. Sólo cuando vio en persona a Sri Aurobindo pudo identificar al Krishna que se le presentaba.



Cuando la madre llegó a la casa donde Sri Aurobindo vivía, el la esperaba en el rellano de la escalera, nada mas verlo ella lo reconoció y una vez dentro Paul Richard y Sri Aurobindo se sentaron en las únicas dos sillas que había alrededor de la mesa (la mesa y las dos sillas habían sido alquiladas apresuradamente para recibirlos), la madre se sentó entre ellos y su frente coincidía con el tablero de la mesa, en silencio escuchaba a los dos hombres mientras hablaban y sin darse cuenta comenzó a sentir como su mente entraba en el Silencio, comprendió que estaba recibiendo de Sri Aurobindo (Su Khrisna) el mayor regalo que su aspiración pudiese soñar, desde entonces este Silencio nunca le abandono.



En su libro Plegarias y meditaciones, la Madre hizo constar su impresión acerca de su encuentro con Sri Aurobindo en términos inolvidables. Dijo así: “[…] Poco importa que haya miles de seres hundidos en la más profunda ignorancia. El que vimos ayer está sobre la Tierra; basta su presencia para demostrar que llegará un día en que la sombra se transforme en luz, y en que, efectivamente, tu reino “Oh Señor” se instale sobre la Tierra.



Oh Señor, artífice divino de esta maravilla, mi corazón desborda gratitud y alegría cuando pienso en ella, mi esperanza no tiene límites.



Mi adoración trasciende toda palabra, mi respeto es silencioso.”

La revista Arya





Hoy en día no se habla mucho de la revista Arya. Conocemos más cosas sobre La vida divina de Sri Aurobindo y sobre otras de sus grandes obras. Sin embargo, la versión original de todos estos libros, a excepción de Savitri, apareció por primera vez publicada en la revista Arya.



Sri Aurobindo llegó a Pondicherry en 1910. Durante cuatro largos años se mantuvo en un estado de introspección sin manifestarse en modo alguno públicamente. Como consecuencia, la aparición de Arya tomó a todos por sorpresa, ya que el mundo exterior y sus antiguos admiradores pensaban que lo habían perdido al convertirse en un “yogui” o en un “volcán extinguido”. El volcán volvió a entrar en erupción; despertó una sensación de sobrecogimiento y veneración en el seno de las minorías más selectas demostrando que estaba más que activo. Es más, el material que empezó a publicarse todos los meses en Arya provocaba el asombro entre los lectores. Filósofos y eruditos del momento no podían hacerse ni con el lenguaje ni con la sustancia de su filosofía espiritual. Incluso hoy en día existen muchos filósofos para quienes La vida divina continúa siendo un enigma. Los pocos que consiguieron asimilar el pensamiento de esta gran obra no supieron cómo manifestar su alegría, admiración y asombro. Se dieron cuenta de que Sri Aurobindo constituía un manantial de infinito saber yóguico. Asimismo, también asombraba el hecho de que continuara escribiendo de manera simultánea sobre cuatro o cinco temas distintos, manteniendo su mente en silencio y sobrepasando las más altas cotas del poder intelectual. Cada mes escribía unas sesenta y cuatro páginas.



Cuando la Madre y Paul Richard llegaron a Pondicherry, Richard, que era un gran erudito y conocía la extraordinaria profundidad intelectual de Sri Aurobindo sugirió: “Comencemos a publicar una revista filosófica. El mundo ha de conocer tu visión integral y tu profundo saber espiritual, aunque lo has de plasmar en un lenguaje que pueda entender la mente humana.”



Así fue cómo nació la revista Arya.



El 15 de agosto de 1914 apareció el primer número de la revista coincidiendo con la celebración del cuarenta y dos cumpleaños de Sri Aurobindo. Asimismo, fue el año en que estalló la Primera Guerra Mundial. La edición de la revista se prolongó interrumpidamente durante seis años. Tras el primer año, la Madre y Richard tuvieron que partir a Francia, por lo que Sri Aurobindo también se tuvo que ocupar de los asuntos de carácter material de la revista. Aunque resulte extraño decirlo, la revista supuso un éxito a nivel económico.



He aquí una lista de la mayoría de los libros que nacieron de los escritos publicados en Arya:



1. La Vida divina. Acerca de la posibilidad de la humanidad de alcanzar una vida divina.



2. La síntesis del yoga. Acerca de la amplia experiencia de Sri Aurobindo en la práctica de distintos tipos de yoga.



3. El ciclo humano (publicado entonces bajo el nombre de La psicología del desarrollo social). Acerca del progresivo desarrollo de la sociedad en todos sus aspectos.



4. El ideal de la unidad humana. Acerca de la posibilidad de unificar la totalidad de la raza humana.



5. El secreto del Veda. Acerca de la espiritualidad existente en los himnos del Rig-Veda.



6. La poesía futura.



7. Los fundamentos de la cultura india.



8. Los Upanishads. Comentario



9. Ensayos sobre la Gita.







¡Reflexionad por un momento sobre la naturaleza de los temas tratados y sobre su diversidad! Puede decirse que cada uno de ellos constituye la última palabra del conocimiento o más bien de la suprema verdad espiritual. ¡Y qué lenguaje y estilo más maravillosos! Es lo que se conoce como perfección del discurso. Pero, ¿cómo llegó a producirse semejante milagro? Sri Aurobindo señalaba que ello era posible mediante la práctica del yoga, y no a través de un proceso basado en el razonamiento. Para él, todo saber, pensamiento y palabra se encuentran situados en los niveles superiores de consciencia, en un estado perfectamente definido, y, cuando la mente se torna silenciosa, afluyen casi en masa. De no ser así, sería imposible para cualquier mente humana, por muy sublime que fuese, poder escribir libros de semejante excelencia, incluso a lo largo de una vida entera, y no digamos en un período de seis años. Tales creaciones inmortales propagan una nueva luz mostrando nuevos caminos y nuevas dimensiones. La Madre decía que provocan cambios en las mentas humanas. Cuando en el futuro leáis estos libros, comprenderéis su grandeza, puede que con mayor facilidad que nosotros. Ojalá no comentéis como nosotros lo hicimos: “Somos incapaces de descifrar La vida divina,” y así, Sri Aurobindo no os tendrá que responder bromeando: “Leed un párrafo ininteligible de La vida divina, sentaos luego con la mente en blanco y observad lo que os llega de las divinidades intuitivas. Probablemente os gasten bromas, aunque ¿qué importa? Uno aprende de los propios errores y camina hacia el éxito a través de los propios fracasos.”



El 21 de febrero de 1915 los seguidores de Sri Aurobindo celebraron por primera vez el cumpleaños de la Madre. Al día siguiente tuvo que partir a Francia debido al estallido de la Primera Guerra Mundial. Cuando apareció la revista Arya, la Madre se ocupó de la parte material llevando al día las cuentas, un listado de suscriptores, etc. Al mismo tiempo, se dedicaba a ayudar a Paul Richard a traducir Arya del inglés al francés para la edición francesa de la revista.



Entre 1915 y 1916 Sri Aurobindo y la Madre se mantuvieron en contacto por carta. Intercambiaban sus experiencias espirituales, hablaban sobre las intenciones y los propósitos que compartían en la vida así como sobre los múltiples obstáculos que tendrían que superar antes de alcanzar su objetivo final. Así fue cómo dos grandes almas consagraron sus vidas a traer al mundo una nueva luz que nunca antes había iluminado la Tierra.

El regreso de la Madre en 1920











La intensa y austera práctica de la sadhana





Desde 1915, año en que la Madre partió a Francia, hasta 1920, año en que regresó, podemos dar cuenta de una visión global de los acontecimientos acaecidos deteniéndonos únicamente en los hechos más significativos.



En primer lugar, Mrinalini, la mujer de Sri Aurobindo, falleció en Calcuta el año 1918 de camino a Pondicherry.



Después, Sri Aurobindo tuvo que responsabilizarse por completo de gestionar la revista Arya y de ejercer como su redactor, cosa que ya hemos mencionado anteriormente. Su tiempo libre lo dedicaba a reunirse con importantes líderes de otros lugares, algunos de los cuales le ofrecieron sin éxito la presidencia del Congreso Nacional Indio en más de una ocasión, a mantener debates y divertidas charlas con sus compañeros sobre temas diversos y a enseñarles a unos cuantos lengua y literatura. La mayor parte del día permanecía concentrado sumido en un profundo estado de meditación. Puede que ahora seáis demasiado jóvenes para comprender los efectos que tuvo semejante meditación, aunque podéis saber que su cuerpo experimentó un inusual cambio como consecuencia de dicha meditación.



Kapali Shastri, un famoso erudito y filósofo védico que más tarde acabaría convirtiéndose en discípulo de Sri Aurobindo y se integraría en la vida del Ashram, escribió: “Al verle después de seis años, en 1923, a punto estuve de gritar asombrado ‘¡Oh, Dios! ¿Qué más pruebas necesito? Antes su tez tenía un tono marrón oscuro y ahora le envuelve un dorado halo.’ ”



Otro discípulo, Abalal Purana, se quedó impresionado al ver a Sri Aurobindo por segunda vez en 1921. Así lo narró: “Durante el intervalo de dos años su cuerpo había sufrido una transformación que sólo podía describirse como milagrosa. En 1918 el color de su piel era la propia de un bengalí, es decir, bastante oscura, aunque había un brillo en su rostro y su mirada era penetrante… Me encontré con unas mejillas rosáceas y un cuerpo que irradiaba una suave luz de un blanco amarillento. El cambio fue tan espectacular e inesperado que no pude evitar preguntarle asombrado: ‘¿Qué le ha ocurrido?’ En lugar de responderme directamente, eludió la pregunta; como me había dejado crecer barba, él me preguntó: ‘Y, ¿qué es lo que te ha ocurrido a ti?’ Pero después, durante el transcurso de nuestra charla, me explicó que cuando la consciencia superior, tras haber descendido al nivel mental, baja al vital, e incluso más abajo del vital, es entonces cuando tiene lugar una transformación en el sistema nervioso del ser, e incluso en el propio ser físico…”



Sri Aurobindo decía que su sadhana se había tornado más intensa tras la llegada de la Madre, y que con su ayuda, había logrado hacer en un año lo que le hubiera llevado hacer en diez.



La Madre regresó definitivamente el 24 de abril de 1920 tras pasar cuatro años en Japón y se la alojó en una vieja casa junto al mar. Más tarde se mudó a La antigua casa de huéspedes donde vivía Sri Aurobindo junto a sus jóvenes seguidores.



Nolini Kanta Gupta nos cuenta cómo ocurrió:



“Vivíamos en La casa de huéspedes y recuerdo bien que Sri Aurobindo tenía la costumbre de pasar a verla los domingos para cenar con ella. Nosotros también solíamos ir y compartir la cena. Está de más decir que la Madre se encargaba de organizar ella misma el menú y de supervisar la cocina en persona; asimismo, ella también cocinaba algunos platos…



Pues bien, durante la estancia de la Madre en esta casa se desencadenó un día una fuerte tormenta. La casa era vieja y daba la sensación que iba a derrumbarse. Entonces Sri Aurobindo dijo: ‘No podemos consentir que la Madre permanezca aquí durante mucho más tiempo. Debe venirse a vivir con nosotros.’ Así es como la Madre se instaló con nosotros y se convirtió para siempre en nuestra Madre.”



Con la llegada de la Madre, su estilo de vida experimentó un cambio radical. La primera tarea de la Madre consistió en ocuparse y atender las necesidades materiales de Sri Aurobindo. “La Madre llegó y nos hizo ver a Sri Aurobindo como maestro y señor del yoga. Hasta aquel momento, lo conocíamos como un estimado e íntimo amigo, y aunque en nuestro fuero interno sabíamos que era un gurú, cuando nos relacionábamos, parecía que nos comportásemos como si él fuera simplemente uno de nosotros. Asimismo, se mostraba reacio a que se empleasen los términos “gurú” y “Ashram” en relación con él, puesto que las antiguas y tradicionales asociaciones que evocaban estas palabras apenas tenían cabida en su tarea de nueva creación. No obstante, la Madre nos enseñó con sus palabras y actitudes demostrándonos en la práctica el significado de lo que era ser un discípulo y un maestro; ella siempre ponía en práctica cuanto predicaba. Nos mostró lo qué era realmente la cortesía, sentándose en el suelo y no delante o al mismo nivel que Sri Aurobindo…”



He aquí otro interesante episodio narrado por Nolini Kanta Gupta: “[…] Un día ocurrió un hecho bastante insólito. Recibimos la vista de un sanyasi. Era un hombre de aspecto llamativo, alto y atractivo; un enorme turbante le envolvía la cabeza de la que se asomaban algunos mechones deslizándose por encima de los hombros. También estaban allí presentes tres o cuatro discípulos. Éste imploró el darshan de Sri Aurobindo, si bien el darshan resultó convertirse en algo espectacular. Fue entonces cuando el sanyasi reveló su identidad. Sri Aurobindo exclamó al reconocerlo: ‘¡Dios bendito!’, ya que bajo las holgadas y tupidas vestimentas propias de un sanyasi se había ocultado nuestro antiguo camarada Amarendra, Amarendranath Chatterji, el célebre líder terrorista, por cuya captura el gobierno británico había movido cielo y tierra, es decir, había removido el mundo de los vivos y los muertos, llegando incluso a revolver los infiernos en las profundidades. Puede que también hubiesen puesto un precio a su cabeza. Pero, ¡ahí estaba él en persona! Se respiraba un ambiente cargado de entusiasmo y de alegría, aunque salpicado también por sentimientos de temor, ya que nadie sabía qué es lo que podrían hacer los británicos y los franceses en caso de que la noticia se conociese.” Sri Aurobindo le aconsejó que abandonara la actividad revolucionaria, y así lo hizo.



Prestad ahora atención a un interesante episodio, cuyos hechos se conocen en la actualidad como magia negra.



Durante el invierno de 1912, Vattel, un cocinero que había sido despedido del personal de servicio de Sri Aurobindo, decidió hacerle la vida imposible en su propia casa. Consiguió reunir el apoyo del faquir Mahomedan, el cual, valiéndose de algún procedimiento de magia negra, logró que cayeran piedras dentro de la vivienda. El propio Sri Aurobindo nos relató así el incidente:



“El apedreamiento comenzó con el discreto lanzamiento de unas cuantas piedras en la cocina de La casa de huéspedes, aparentemente desde el otro lado de la terraza, aunque allí no había nadie. El fenómeno empezó al caer la noche prolongándose al principio durante media hora. Sin embargo, día tras día el apedreamiento se volvió más frecuente y virulento, incrementándose también el tamaño de las piedras la duración de los ataques, que, en ocasiones, se prolongaban durante varias horas, hasta que al final, una o media hora antes de la medianoche, el apedreo se convirtió en un bombardeo continuo. Y ya no sólo se apedreaba la cocina, sino también otros lugares de la casa, como por ejemplo el porche. Al principio, nos pensamos que se trataba de un acto provocado por personas, por lo que mandamos llamar a la policía, aunque la investigación duró poco tiempo y cuando una piedra pasó zumbando inexplicablemente entre las piernas de uno de los agentes en el porche, la policía abandonó el caso presa del pánico. Decidimos investigar por nuestra cuenta, pero no había nadie que lanzase piedras en los lugares donde éstas parecían estar o de donde podrían provenir. Finalmente, como queriéndonos sacar amablemente de dudas, las piedras empezaron a caer dentro de las habitaciones cerradas de la casa; una de las piedras, que avisté inmediatamente después de caer, y que era de un tamaño gigantesco, descansaba llana y cómodamente sobre una mesa de mimbre, como si aquél fuese su propio lugar de descanso. Y así continuó el ataque hasta que los proyectiles se volvieron mortíferos. Hasta el momento, el apedreamiento había tenido un carácter inofensivo, a excepción del apaleamiento diario a la puerta de Bijoy durante los últimos días que pude presenciar la noche anterior al fin. Las piedras iban volando a muy pocos metros por encima del suelo; no venían de lejos sino que aparecían de repente y, por la dirección que llevaban, debieron de haber sido lanzadas muy cerca del complejo de La casa de huéspedes o desde el mismo porche. Sin embargo, toda la casa estaba perfectamente iluminada y vi que allí no había rastro humano ni tampoco podía haberlo habido. Al final, el joven criado medio tonto, que era el punto neurálgico de los ataques y se alojaba en la habitación de Bijoy bajo su protección, comenzó a sufrir severos ataques sangrando de una herida por el impacto de las piedras que se colaban dentro de la habitación cerrada. Me dirigí a la habitación reclamado por Bijoy y vi cómo cayó sobre el muchacho la última piedra: Bijoy y el criado estaban sentados el uno junto al otro y la piedra fue arrojada hacia ellos de frente sin que hubiese nadie a la vista lanzándola. Ambos estaban solos en la habitación, de modo que ¡a menos que fuese El hombre invisible de Wells…!



Hasta ahora, tan sólo habíamos estado observando y tanteando el terreno, aunque no bastaba, ya que la situación se estaba volviendo peligrosa y algo tenía que hacerse al respecto. La Madre, sabedora de cómo funcionaban estas cosas, resolvió que aquél fenómeno se debía a un nexo existente entre el joven criado y la casa; de modo que, si el nexo se rompía apartándose el criado de la casa, el apedreamiento cesaría. Decidimos mandarle a casa de Hrishikesh y de inmediato cesó el fenómeno por completo; después de lo sucedido, ya no volvió a caer ni una sola piedra y la paz acabó reinando.”



No obstante, todo terminó cuando la mujer de Vattel se presentó sumida en un extremo estado de desesperación e imploró la clemencia de Sri Aurobindo y de La Madre. Su marido sabía bastante de ocultismo como para darse cuenta de que ambos habían logrado repeler las fuerzas ocultas. Cuando semejantes fuerzas se invocan contra alguien que es capaz de repelerlas, se vuelven inevitablemente contra quien las ha provocado originalmente. Así es cómo Vattel había caído enfermo. Sri Aurobindo, impulsado por su generosidad, perdonó a aquel individuo diciéndole a su mujer: “No necesita morir por esto.” Tras sus palabras, Vattel logró recuperarse.



Ya os he contado antes que, inmediatamente después de que la Madre se trasladara a La casa de huéspedes, se produjo un cambio gradual en el ambiente que respiraba la pequeña familia de Sri Aurobindo. Por todas partes reinaba el orden, la belleza, la disciplina y la compostura. Sri Aurobindo había dejado de ser su amigo o su camarada, ahora era el gurú. La Madre les inculcó este sentimiento y consiguió despertar en ellos una seria vocación por la sadhana. Hasta entonces, Sri Aurobindo se había negado a tener discípulos; sin embargo, la Madre cambió por completo el estilo y la organización de la comunidad.



En 1922 algunos discípulos se mudaron a La casa de la biblioteca, que actualmente se conoce con el nombre de Casa de la prosperidad. La Madre formó un grupo de sadhakas ocupándose ella misma de suministrarles alimentos, buscarles alojamiento, ocuparse de su sadhana, etc. El número de adeptos fue aumentando progresivamente, predominando las comunidades integradas por bengalíes y gujaratis. Hubo incluso unas cuantas mujeres que también se sumaron al grupo. El Ashram fue creciendo gradualmente por sí solo, con la Madre y Sri Aurobindo al frente, aunque se le llamó oficialmente “Ashram” en 1926 tras descender el nivel de consciencia de la Sobremente en el cuerpo de Sri Aurobindo.



En poco tiempo la Madre comenzó a ponerse al frente de todas las actividades, mientras que Sri Aurobindo permanecía en un segundo plano. El contacto de la Madre con los discípulos fue creciendo. Sri Aurobindo solía reunirse con ellos para charlar al caer la tarde.



Desde principios de noviembre de 1926, aquellas conversaciones giraban en torno a la sadhana. El tema abordado era principalmente la fuerza supramental, si tal fuerza podía descender a la Tierra. Según Sri Aurobindo, el descenso de dicha fuerza reduciría en gran medida el sufrimiento, las carencias y la ignorancia de la humanidad. Estas discusiones hicieron que sus discípulos llegaran a albergar el sentimiento de que un poder inmenso estaba a punto de descender, llegando incluso a presentir algunos de ellos su presencia. Asimismo, también recibía visitas, como la de Chittaranjan Das, Lala Lajpat Rai, Sarala Devi y Rabindranath Tagore. En 1928 Rabindranath, durante el viaje que emprendió por Europa a bordo del vapor Shantily, desembarcó en Pondicherry y se reunió con Sri Aurobindo. Tras el encuentro, se sintió tan abrumado que, al regresar al vapor, el premio Nobel escribió un artículo sobre él. He aquí un extracto: “Durante mucho tiempo he albergado en mi corazón el deseo de poder ver a Sri Aurobindo Ghosh, y, por fin, se ha cumplido. Enseguida me di cuenta de que lo que había andado buscando lo había alcanzado, y, mediante este largo proceso de realización, había sido capaz de ir acumulando un silencioso poder de inspiración. Su rostro irradiaba una luz interior y su serena presencia dejaba claro que la India le hablaría al mundo a través de su voz. Le dije: ‘Tienes la palabra y estamos esperando a aceptarla de ti.’ Permanecí allí aunque sin quedarme mucho tiempo percatándome de que su alma no se sentía oprimida ante los patrones marcados por algunas doctrinas tiránicas. Hacía años había visto a Aurobindo en su temprana etapa de heroica juventud y le canté: ‘Aurobindo, acepta el saludo de Rabindra.’



Ahora veía cómo le envolvía con mayor intensidad un aire de inmensa y reticente sabiduría y volví a contarle en silencio:



‘Aurobindo, acepta el saludo de Rabindra.’ ”

24 de noviembre





Por fin llegó el día que todos habían estado esperando. Desde principios de noviembre, la presión de una fuerza superior comenzó a aumentar llegando a alcanzar su apogeo el día 24. Sin embargo, los discípulos no tenían ni la más remota idea de lo que en realidad iba a ocurrir. Por la tarde se encontraban todos ocupados en sus propios quehaceres; algunos habían ido a dar un paseo a orillas del mar. El sol estaba a punto de ponerse cuando la Madre les envió un mensaje urgente a los discípulos para reunirse en el porche de La casa de la biblioteca. Todos volvieron a toda prisa. El ambiente tenía un carácter solemne, los discípulos se mostraban tranquilos, impacientes y reservados. Había algunos que podían sentir una enorme presión en sus cabezas. Nolini Kanta Gupta es quien mejor explica lo que realmente ocurrió: “En cuanto llegué, me encontré con una escena maravillosa. Sri Aurobindo estaba sentado en una silla y la Madre lo hacía a sus pies. Ambos estaban frente a nosotros. Nos sentamos. Se respiraba una atmósfera celestial: la mano izquierda de Sri Aurobindo descansaba sobre la cabeza de la Madre y la derecha la extendía como en un gesto de bendición hacia nosotros. Todos los allí presentes permanecimos en silencio, en un estado de calma y de solemne expectación. Entonces, le ofrecimos nuestro pranam a Sri Aurobindo y a la Madre… Al cabo de un rato, se metieron dentro de la casa…



Desde aquel momento, Sri Aurobindo dejó de asistir a las charlas que se celebraban al atardecer. Así pues, la Madre tomó las riendas de la comunidad siendo ella la que se manifestaba. Todas nuestras comunicaciones eran con ella.”



Al 24 de noviembre se le conoce como el “día Siddhi”: el “día de la perfección espiritual”. Seguro que tenéis curiosidad por saber lo que realmente ocurrió y la trascendencia que tuvo este día. De momento, sois demasiado jóvenes para comprender su repercusión. No obstante, permitidme que os cite las siguientes palabras de Sri Aurobindo para que os hagáis una ligera idea:



“El 24 de noviembre de 1926 fue el día del descenso de Sri Krishna en el cuerpo. Esto es, el descenso del Dios de la Sobremente que preparará el camino del descenso de la Supermente.” Y es que el descenso de la Supermente era el objetivo de la sadhana de Sri Aurobindo. El descenso de Sri Krishna significaba que su divina consciencia, que descendía a través del nivel de consciencia corporal de Sri Aurobindo, se extendería al mundo de la materia. En un lenguaje más sencillo podemos decir que Sri Aurobindo se unió al dios Krishna en cuerpo, mente y alma. Quizá recordéis la visión que tuvo de Vasudeva en la prisión de Alipore. Pues bien, ahora lo había recibido en su nivel de consciencia corporal.



El siguiente paso consiste en la transformación del mundo mediante el descenso de la Supermente. Con este propósito, Sri Aurobindo decidió retirarse en soledad para poder dedicar todas sus energías a hacer descender al mundo el inmenso poder, la luz y el conocimiento de la Supermente; de ahí que la Madre se pusiese al frente del Ashram.



Es posible que no hayáis podido comprender mucho de lo que os he contado. No obstante, recordad que este día marcó el comienzo de una nueva era en el mundo del yoga de Sri Aurobindo. Se fundó el “Ashram de Sri Aurobindo”, y la Madre se convirtió en la “madre” del Ashram. Se ocupó por completo de su gestión recibiendo desde atrás el apoyo de Sri Aurobindo. Como es natural, sus responsabilidades fueron en aumento. Tenía la costumbre de celebrar sesiones de meditación colectiva por las noches. Hacía descender la consciencia de los dioses en las consciencias de los sadhakas, los cuales percibieron a raíz de ello experiencias insólitas. Se notaba cómo una extraordinaria fuerza, poder, luz, inmensidad y otra serie de elementos divinos descendían en los sadhakas, sintiendo y pensando cada uno de ellos como si fuesen dioses. A este período se le conoce como la Edad de Oro del Ashram, aunque esta fase no duró mucho tiempo. La Madre dejó de hacer descender los poderes divinos, ya que los sadhakas no estaban aún preparados para resistir la presión de semejante descenso. Así pues, bajó al mero nivel de consciencia física, por así decirlo, a la vida cotidiana. El maravilloso poema de Sri Aurobindo titulado “La labor de un Dios” refleja gráficamente esta etapa. A pesar de que Sri Aurobindo vivía recluido sin recibir a nadie que no fuera la Madre, mantenía un estrecho contacto con todos los acontecimientos que se sucedían en el mundo. Leía la prensa todos los días y estaba al corriente de todos aquellos sucesos de mayor o menor importancia que afectaban a Japón y a China, del movimiento de liberación de la India, de las elecciones presidenciales de Norteamérica, de terremotos, hambrunas… de todo. Y, cuando la ocasión lo exigía, cambiaba incluso el curso de los acontecimientos mediante el poder de su fuerza yóguica.



Además de estas ocupaciones, dedicaba gran parte de su tiempo a mantenerse en contacto por correspondencia con los sadhakas y a contestar sus cartas acerca de su sadhana. De este modo le prestaba ayuda a la Madre en sus tareas. Se estableció una norma que consistía en que cada discípulo tenía que escribirle a Sri Aurobindo y a la Madre sobre su estado físico y mental para así poder recibir orientación y ayuda por su parte. Esta iniciativa se adoptó en consonancia con la nueva fase de sadhana. Así pues, os podéis imaginar lo diferente que es nuestro yoga de otro tipo de yogas.



La nueva norma desencadenó un aluvión de cartas, ya que casi todos los discípulos les mantenían estrechamente informados sobre sus diversas experiencias, sobre las dificultades y obstáculos que encontraban en su sadhana, sobre los sufrimientos del cuerpo y de la mente. Sri Aurobindo le leía estas cartas a la Madre, a quien consultaba para anotar las instrucciones oportunas. Un sadhaka recibió unas tres mil cartas en un período de siete u ocho años. Sri Aurobindo dedicaba aproximadamente nueve horas diarias a las cartas, pasando noches en vela para poder responderlas. Cuando en una ocasión un sadhaka le presentó una queja, por haberse retrasado al contestarle, Sri Aurobindo le contestó de este modo: “No puedes hacerte una idea de la cantidad de tiempo que tengo que dedicar para poder dar respuesta a todas estas cartas.” Así que no hace falta que nadie os diga que su retiro en soledad de ningún modo consistía en llevar una vida dedicada al ocio y al disfrute. A la pregunta de por qué renunció a todo y decidió vivir recluido, él contestó: “Es una necesidad temporal. Si tuviera que haber hecho todo lo que la Madre está haciendo, entonces mi auténtico trabajo habría quedado completamente desatendido.”



Tres veces al año, más adelante fueron cuatro, la Madre y Sri Aurobindo aparecían juntos ante sus devotos. Era lo que popularmente se conocía como el Darshan.

El Darshan





Es imposible que os podáis imaginar lo que era realmente este Darshan. Aunque los sadhakas y devotos aguardaban con impaciencia la llegada de este día en cuestión de minutos, muchos eran los que acudían en masa desde lugares muy remotos para ver especialmente a Sri Aurobindo.



¿A qué se debía tal impaciencia? ¿Era por la simple curiosidad de ver a un gran hombre? Más que eso. El propio Sri Aurobindo dijo que durante los días de Darshan una tremenda fuerza descendía desde las alturas manifestándose en él y en la Madre para el mundo. Mientras que algunos pudieron percibir la presencia del dios Shiva y de su shakti sentados ante ellos u otros aspectos del Divino, tales como la manifestación del Dios Krishna en Sri Aurobindo, hubo otros que tuvieron leves experiencias.



El hecho de poder presenciar durante un instante el Darshan ha provocado cambios inimaginables en la vida de muchos. Para los sadhakas este incomparable momento suponía un gran paso hacia poder encontrar la luz en su sadhana. La gente que tuvo la excepcional buena suerte de poderle ver sólo una vez no fue nunca capaz de olvidar aquello ni un solo momento. Sentado majestuosamente, con el torso envuelto en un chaddar, le dirigía a cada uno de los presentes una fugaz y penetrante mirada y la Madre, sentada a su derecha, ataviada con un sari de seda y con una especie de cinta similar a una corona rodeándole la cabeza, se deshacía en radiantes sonrisas.



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TEMA 8: ♦ EL ESPÍRITU REVOLUCIONARIO ♦







Cuando Sri Aurobindo decía: Yo no soy ni un moralista impotente ni un pacifista débil, estas palabras estaban preñadas de sentido. Había profundizado con detenimiento la historia de Europa y la de las grandes revoluciones de Europa y de América, para saber que la rebelión armada puede ser justa; ni Juana de Arco ni Mazzini ni Washington fueron apóstoles de la "no-violencia". Cuando el hijo de Ghandi le visitó en Pondichery en 1920 y le habló de no-violencia, Sri Aurobindo le respondió con esta sencilla pregunta, por cierto muy actual: "¿Qué harían ustedes si mañana fuesen invadidas las fronteras del Norte?". Veinte años más tarde, en 1940, Sri Aurobindo y la Madre se declaraban en favor de los aliados en la segunda guerra mundial, al paso que Ghandi, movido por un impulso sin duda alguna “digno de virtuosismo”, escribía una carta abierta al pueblo inglés, instándolo a no tomar las armas contra Hitler y que apelaran solamente a la "fuerza espiritual" en caso de invasión alemana. La posición adoptada por Sri Aurobindo de apoyo total a Inglaterra en esta guerra, no podía ser comprendida en la India de 1940, dominada aún por la potencia colonial; no podían entender cómo el líder revolucionario que había encabezado la rebelión contra la potencia ocupadora, ahora se ponía de su lado. Debemos, pues, precisar la visión espiritual del yogui revolucionario Sri Aurobindo en cuanto a su conocimiento sobre la Consciencia-Verdad de la acción violenta, así se expreso en una carta-respuesta a la iniciativa de Ghandi de no intervención del pueblo ingles:



La guerra y la destrucción -dice- constituyen un principio universal que gobierna no sólo nuestra vida puramente material aquí abajo, sino aun nuestra existencia mental y moral. Es de toda evidencia, prácticamente, que en su vida intelectual, social, política y moral, no puede el hombre avanzar, sin lucha alguna, un solo paso; una lucha entre lo que existe y vive y lo que trata de llegar a ser y a vivir, y entre todo cuanto se halla atrás de lo uno y de lo otro. Es imposible, al menos en el estado actual de la humanidad y de las cosas, avanzar, crecer y realizarse y, al mismo tiempo, observar real y absolutamente el principio de inocencia que se nos propone como la mejor y más elevada norma de conducta. ¿Emplearemos nosotros solamente la fuerza del alma y no destruiremos nunca nada por la guerra ni aun por la violencia física para defendernos?. Hasta aquí estamos de acuerdo.



Pero mientras las fuerzas del alma alcanzan la eficacia necesaria, las fuerzas demoníacas en los hombres y las naciones aplastan, demuelen, asesinan, incendian y violan, como hoy lo vemos; podrán entonces hacerlo cómodamente y sin estorbos, y vosotros habréis causado tal vez con vuestra abstención la pérdida de tantas vidas como los otros con su violencia... No basta con tener las manos limpias y el alma inmaculada para que la ley de la batalla y de la destrucción desaparezca del mundo; es menester que cuanto forma su base desaparezca primero de la humanidad. La inmovilidad y la inercia que rehúsan emplear los medios de resistencia al mal o que son incapaces de servirse de ellos, no abrogarán la ley, ni mucho menos. En realidad, la inercia hace mucho mayor daño que el principio dinámico de la lucha, que crea, al menos, más de lo que destruye. En consecuencia, desdeñar el punto de vista de la acción individual, abstenerse de la lucha en su forma física más visible y de la destrucción que la acompaña de modo inevitable, nos da tal vez una satisfacción moral, pero deja intacto al Destructor de las criaturas.



Y si nuestra abstención deja indemne al Destructor de las criaturas, tampoco nuestras guerras lo suprimen, aunque prácticamente sea necesario mancharse en ellas las manos. A mediados de la primera guerra mundial hacía observar Sri Aurobindo con fuerza profética: La derrota de Alemania... no basta para extirpar el espíritu que en Alemania se encarna; probablemente se producirá una nueva encarnación del mismo espíritu en otra parte, en otra raza o en otro imperio y será necesario entonces librar una vez más la batalla. Todas las viejas fuerzas están vivas y no sirve de mucho quebrantar o abatir el cuerpo que ellos animan, porque muy bien saben transmigrar. Alemania abatió el espíritu napoleónico en 1813 y demolió los restos de la hegemonía francesa en Europa en 1870; esta propia Alemania ha venido a ser la encarnación de lo que ella misma había abatido. Fácilmente puede el fenómeno repetirse en una escala mucho mayor.



Hoy hemos podido comprobar como las viejas fuerzas saben transmigrar.



El propio Gandhi, viendo que todos los años de no-violencia venían a parar en las terribles violencias que caracterizaron la partición de la India en 1947, observaba con tristeza poco antes de su muerte: "El sentimiento de violencia que secretamente hemos alimentado, vuelve sobre nosotros y nos liamos a golpes cuando se trata de compartir el poder... Ahora que ha sido sacudido el yugo de la servidumbre, todas las fuerzas del mal salen a la superficie". Porque ni la no-violencia ni la violencia alcanzan la fuente del Mal.



En plena guerra de 1940, por los mismos días en que abrazaba el partido de los Aliados porque, "prácticamente", así era necesario proceder, Sri Aurobindo escribía a un discípulo: Usted cree que cuanto ocurre en Europa es una guerra entre las potencias de la luz y las potencias de las tinieblas, pero esto no es más cierto ahora que durante la primera guerra mundial. Es una guerra entre dos especies de Ignorancia... El ojo del yogui no ve solamente los acontecimientos exteriores y los personajes y las causas exteriores, sino también las poderosas fuerzas que los precipitan a la acción. Si los hombres que combaten son instrumentos que se hallan en manos de los jefes de Estado y de los financieros, éstos, a su vez, son simples títeres que se hallan en las garras de fuerzas ocultas. Cuando se ha adquirido el hábito de contemplar las cosas hasta el fondo, ya no se inclina uno a conmoverse por las apariencias ni siquiera a esperar que los cambios políticos o sociales, o las mudanzas de índole institucional, puedan poner remedio a la situación. Sri Aurobindo había cobrado consciencia de esas "enormes fuerzas" ocultas y de la infiltración constante de lo suprafísico en lo físico; sus energías no se desenvolvían ya en torno de un problema moral, harto somero después de todo -violencia o no-violencia- sino alrededor de un problema de eficacia; y veía claramente, también por experiencia, que para curar el mal del mundo es preciso curar primero "lo que en el hombre se halla en la base" y que nada se puede curar afuera si no se cura primero lo de adentro, porque es la misma cosa; no se puede dominar lo externo si no se domina lo interior, porque es la misma cosa; no se puede transformar la materia externa sin transformar nuestra materia interior, porque es también y será siempre la misma cosa; no hay sino una Naturaleza, un mundo, una materia, y mientras queramos proceder al revés, a ninguna parte llegaremos.



Y si nos parece que el remedio es difícil, entonces no queda ninguna esperanza para el hombre ni para el mundo, porque todas nuestras panaceas exteriores y nuestras morales de agua de rosas están condenadas a la nada y a la destrucción en manos de esas potencias ocultas: La única solución -dice Sri Aurobindo- se halla en el advenimiento de otra consciencia que ya no será juguete de esas fuerzas, sino más poderosa que ellas, y que podrá obligarlas a cambiar o a desaparecer. Hacia esta nueva consciencia -SUPRAMENTAL- se encaminaba Sri Aurobindo en medio de su propia acción revolucionaria. Y su determinación no podía ser otra más que CONQUISTARLA O PERECER EN EL INTENTO.



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TEMA 9: ~ SOCIOLOGÍA DE LA NUEVA HUMANIDAD ~











La empresa nacerá por todas partes a la vez –ha nacido ya, balbucea aquí y allí, se golpea contra los muros sin saber-, y poco a poco se desvelará su verdadero rostro, justo en el momento en que los hombres ya no puedan atraparla en la trampa de un sistema o de una lógica o de un lugar privilegiado; es la hora en la que todo será el lugar privilegiado aquí abajo, en cada corazón, en cada país. Y los hombres ni siquiera sabrán cómo han sido preparados para esta Maravilla.



Los que saben un poco, los que adivinan, los que comienzan a percibir la gran Ola de Verdad, no caerán en la trampa del “reclutamiento suprahumano”. La Tierra está desigualmente preparada, los hombres son espiritualmente desiguales, a pesar de nuestras protestas democráticas –aunque sean esencialmente iguales y vastos en el gran Yo, y en un solo cuerpo de miles de rostros-, no todos se han convertido en la grandeza que son: están en camino, unos se quedan rezagados, otros parecen ir más deprisa, pero los rodeos de aquéllos forman parte también de la gran geografía de nuestro indivisible dominio, su retraso o el freno que parecen poner a nuestro movimiento forma parte de la redondez de la perfección a la que tendemos y nos obliga a una minuciosidad de verdad más amplia. Ellos también van por su camino, y además ¿qué hay fuera del camino, puesto que todo es el Camino? Los que saben un poco, los que adivinan, saben en primer lugar, por haberlo experimentado en su propia sustancia, que los hombres no se reúnen realmente por medio de artificios- y a los que persisten en sus artificios, todo se les derrumba finalmente y el “encuentro” es breve, y breves son la hermosa escuela, la bonita secta, la pequeña burbuja irisada de un momento de entusiasmo o de fe – los hombres se reúnen por una ley más fina y más discreta, por un pequeñísimo faro interior, intermitente y que apenas se reconoce, pero que atraviesa el tiempo y los espacios y que trae aquí y allí su rayo semejante, su frecuencia gemela, su foco de luz de igual intensidad, y se va. Y no sigue sin saber, coge el tren, el avión, recorre este país o ese otro, cree que busca esto o aquello, que está en busca de una aventura, de lo pintoresco de una droga o de una filosofía. Uno cree. Cree muchas cosas. Piensa que tiene que tener ese poder o esa solución, esa panacea o esa revolución, ese eslogan o ese otro; cree que se ha marchado porque tenía esa sed o esa rebeldía, ese amor decepcionado o esa necesidad de acción, esa esperanza o ese viejo barullo insoluble en su corazón. Y luego, ¡no hay nada de todo eso!. Uno se detiene un día, sin saber por qué, sin haber querido llegar aquí, sin haber buscado este lugar o este rostro, esta insignificante aldea bajo las estrellas de un hemisferio u otro, y es aquí: está aquí. Ha abierto su única puerta, ha encontrado su fuego semejante, esta mirada siempre conocida, y él está exactamente donde hace falta, para hacer el trabajo que hace falta. El mundo es un fabuloso reloj, pero solamente si sabemos el secreto de estos pequeños fuegos que brillan en otro espacio, que palpitan en un gran mar interior en el que nuestras barcas van como atraídas por un invisible faro.



Son diez o veinte, cincuenta quizá, aquí o allá, bajo esta latitud u otra, que quieren trabajar un rincón de tierra más verídica, trabajar un rincón de hombre para hacer crecer en ellos mismos un ser más verdadero, quizás hacer juntos un Laboratorio del superhombre, colocar una primera piedra en la Ciudad de la Verdad sobre la Tierra. Ellos no saben, no saben nada, salvo que tienen necesidad de otra cosa, y que existe una Ley de Armonía, un “algo” maravilloso del Futuro que pide encarnarse. Y quieren encontrar las condiciones de esta encarnación, prestarse a la prueba, entregar su sustancia a esta experiencia en vivo. No saben nada salvo que todo tiene que ser diferente: en los corazones, en los gestos, en la materia y en el cultivo de esta materia. No intentan hacer una nueva civilización sino otro hombre; no una super-ciudad entre millones de edificios del mundo, sino un puesto de escucha de las fuerzas del futuro, un supremo yantra de la Verdad, un conducto, un canal para intentar captar e inscribir en la materia una primera nota de la gran Armonía, un primer signo tangible del mundo nuevo. No se presentan como campeones de nada, ni son los defensores de ninguna libertad, ni los agresores de ningún “ismo”: simplemente intentan juntos, son los campeones de su propia pequeña nota pura, que no es la de ningún vecino. Y que sin embargo es la nota de todo el mundo. No son de ningún país, ni de una familia, ni de una religión o partido: han tomado partido por ellos mismos, que no es el partido de ningún otro, y sin embargo es el partido del mundo; porque lo que llega a ser verdadero en un punto, se vuelve verdadero para todo el mundo y une a todo el mundo; son de una familia que hay que inventar, de un país que aún no ha nacido. No buscan enderezar ni a los demás ni a nadie, ni derramar sobre el mundo caridades glorificantes, ni cuidar a los pobres o a los leprosos: buscan curar en ellos mismos la gran pobreza de la pequeñez, el elfo gris de la miseria íntima, conquistar en ellos mismos tan sólo una pequeña parcela de verdad, tan sólo un pequeño rayo de armonía; puesto que, si esa Enfermedad es curada en nuestro propio corazón, o en algunos corazones, el mundo se encontrará más ligero, y por nuestra claridad, la Ley de la Verdad entrará mejor en la materia e irradiará alrededor espontáneamente. ¿Qué liberación, qué alivio puede aportar al mundo el que pena en su propio corazón?. No trabajan para ellos mismos, aunque sean el primer terreno de experimentación, sino en ofrenda, pura y simple, a “esto” que no conocen realmente, pero que se estremece al borde del mundo como la aurora de una nueva era. Son los prospectores del nuevo ciclo. Se han entregado al futuro, con cuerpos y bienes, como se lanza uno al fuego sin mirar atrás. Son los servidores del infinito en lo finito, de la totalidad en lo ínfimo, de lo eterno en cada instante y en cada gesto. Crean su cielo a cada paso y tallan el nuevo mundo en la banalidad diaria. No tienen miedo al fracaso, porque han dejado tras de sí, a la vez, los fracasos y los éxitos de la prisión – están en la única infalibilidad de una pequeña nota entonada.



Pero estos constructores del mundo nuevo tendrán mucho cuidado de no construir una nueva prisión, aunque ésta sea ideal y bien iluminada. De hecho, comprenderán, y pronto, que esta Ciudad de la Verdad no existirá y no podrá existir mientras que no estén ellos mismos totalmente en la Verdad, y que esta tierra a construir es, en primer lugar y ante todo, el terreno de su propia transformación. Con la Verdad no se trampea. Se puede hacer trampas con los hombres, pronunciar discursos y declaraciones de principios, pero la Verdad se burla de todo ello: te atrapa en los hechos, y a cada paso os lanza la mentira a la cara. Es un faro sin piedad aunque sea invisible. Es muy simple, os atrapa en todos los rincones y en todos los rodeos, y como es una Verdad de la materia, demuele vuestros planes, obstaculiza vuestro gesto, os pone súbitamente ante una falta de material, una falta de obreros, una falta de dinero, suscita esa rebeldía, lanza a las personas unas contra otras, siembra la imposibilidad y el caos –hasta que, de pronto, el buscador comprende que sigue un falso camino, que está construyendo el viejo edificio mentiroso con ladrillos nuevos, y segregando su pequeño egoísmo, su pequeña ambición, su pequeño ideal, su flaca idea de la verdad y del bien. Entonces abre los ojos, abre las manos, y se acuerda de la gran Ley, deja que el ritmo se deslice, y se hace claro, claro, transparente, flexible a la Verdad o a cualquier cosa que quiera ser –cualquier cosa, pero que sea esto, el gesto exacto, el pensamiento preciso, el trabajo verdadero, la verdad pura que se expresa como quiere, cuando quiere, y de la manera en que ella quiere. Un segundo, y el buscador se abandona. Un segundo, y llama a este mundo nuevo –tan nuevo que no comprende nada de él, pero al que quiere servir, encarnar, hacer crecer en esta Tierra rebelde, y ¡qué importa lo que piense de ello, lo que sienta, lo que juzgue! ¡oh! ¡qué importa!, pero que sea la verdadera cosa, la única cosa querida e inevitable. Y todo se vuelca en la luz –en un segundo. Todo se hace posible al instante; los materiales llegan, los obreros, el dinero, el muro se derrumba, y esa pequeña construcción egoísta que estaba edificando se torna en una posibilidad dinámica que él ni tan siquiera había sospechado. Cien veces, mil veces, lo experimenta a todos los niveles, personales, colectivos, en ese batiente de ventana que ajusta para su habitación o en el millón súbito que “cae del cielo” para construir un estadio olímpico. Nunca hay “problemas materiales”, solamente hay problemas interiores. Y si no está aquí la Verdad, incluso los millones se pudrirán en el terreno. Es una fabulosa experiencia de cada minuto, una puesta a prueba de la Verdad, y más maravilloso aún, una puesta a prueba del poder de la Verdad. Aprende paso a paso a descubrir la eficacia de la Verdad, la suprema eficacia de un segundo claro –el buscador entra en un mundo de pequeñas maravillas continuas. Aprende a tener confianza en la Verdad, como si todos esos golpes, esos fallos, esas querellas, esa confusión, le condujeran sabiamente, pacientemente, pero implacablemente, a tomar la actitud justa, a descubrir el verdadero resorte, la verdadera mirada, el grito de verdad que derriba los muros y hace estallar todos los posibles en el imposible caos. Es una transmutación acelerada y como multiplicada, tanto por las resistencias de cada uno como por sus buenas voluntades –como si, en realidad, las resistencias y las buenas voluntades, si bien tanto como el mal, debieran cambiarse en otra cosa, otra voluntad, una voluntad-visión de Verdad que a cada instante decide el gesto y el hecho.



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TEMA 10: « LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA »

PRIMERA PARTE (CINCO ACTITUDES)











Cuando un viajero decide emprender un largo y minucioso viaje, primero tiene que preparar todo lo necesario para el trayecto que pretende recorrer, de otro modo podría tener dificultades en cualquier momento de su viaje. Lo mismo ocurre con el viajero espiritual. Cuando comienza su peregrinaje espiritual cuyo último fin es estar unido a la consciencia divina y convertirse en un instrumento apropiado para la manifestación del Divino, también debe reunir desde el principio los requisitos esenciales para tener éxito en su peregrinaje; porque el camino de la sadhana es mucho más difícil, mucho más asediado por las dificultades y peligros que cualquier otro viaje en la vida exterior. Sin estos requisitos que le ayudarán a lo largo de todo el camino, el peregrino espiritual caería con frecuencia en el foso de una profunda confusión y depresión psicológicas; aún más, podría interrumpir su viaje y abandonar el sendero completamente, o, lo que es peor, podría ser atraído hacia un desvío quedando seriamente amenazado su destino espiritual.



Pero, ¿cuáles son, al fin y al cabo, estos requisitos que el sadhaka debe procurarse antes de poder viajar por el sendero sin ser abofeteado a cada paso con toda clase de dificultades psicológicas? La respuesta es: estos requisitos no son más que un cierto número de virtudes esenciales del carácter que deberán mantener con firmeza al sadhaka en el lugar adecuado, a través de las múltiples vicisitudes de su empresa interior.



Porque sabemos que nuestra sadhana del yoga integral no rechaza el mundo ni la vida; en cambio, lo que proponemos hacer en ella es purificar y transformar la naturaleza, nuestra naturaleza personal y la naturaleza del mundo, tanto como sea posible y a continuación ofrecerlas al Divino como un instrumento digno para su manifestación divina sobre la tierra. Nuestra aspiración no es simplemente para disfrutar del deleite de la realización espiritual en nuestra consciencia interior; el objetivo de nuestro yoga es que nuestra naturaleza y nuestro ser exterior deben participar también plena e integralmente de la realización espiritual. En las inimitables palabras de Sri Aurobindo: “..nos proponemos conquistarnos a nosotros mismos y al mundo para Dios; estamos decididos a ofrecerle nuestro ser actual así como nuestro ser potencial…”(La Síntesis del Yoga)



Siendo este nuestro objetivo, no podemos darle la espalda a la naturaleza, ni apartarnos de ella mientras sea posible; ni nos es permitido dejar de lado el torbellino de la vida y buscar el reposo de un refugio lleno de paz en un aislamiento interior y exterior. Nuestra sadhana espiritual debe ser emprendida en la propia naturaleza y en campo de batalla de la vida. Por eso debemos estar preparados para hacer frente e intentar resolver con éxito todo género de dificultades intrínsecas a esta elección básica que hemos hecho.



Sin duda, todas las sadhanas espirituales son difíciles; sus senderos son “cortantes como el filo de una navaja, duros de recorrer”. El nuestro es todavía más difícil, aparentemente más obstinado. La razón es que nuestra actual naturaleza está casi toda bajo el asedio de la ignorancia cósmica; está contaminada por millones de clases de corrupción, tamásica y rajásica. Al aceptar esta naturaleza perversa como el campo de nuestra sadhana, que es equivalente a decidir permanecer en la misma morada con una serpiente venenosa, se corre el riesgo constante de ser mordido a veces por el reptil enemigo. Pero no por eso debemos abandonar nuestra noble empresa. ¿No ha recordado Sri Aurobindo a los discípulos del sendero integral que “La vida es el campo de una manifestación divina, incompleta todavía; aquí, en la vida, sobre la tierra, en el cuerpo…tenemos que revelar a la Divinidad; aquí, debemos hacer real para nuestra consciencia su grandeza, luz y dulzura trascendentes, aquí debemos poseerlas, y, en la medida de lo posible, expresarlas. Debemos, entonces aceptar la vida en nuestro yoga a fin de transmutarla profundamente; nos está prohibido rehuir las dificultades que esta aceptación pudiera añadir a nuestro esfuerzo?”. (La Síntesis del Yoga).



Bien, tal es nuestra aspiración en este yoga, tal es el plan de acción frente a nuestra incorregible naturaleza presente. Pero la aspiración no puede llevarse a cabo en un día, ni nuestra naturaleza responderá tan fácilmente a nuestra presión transformadora sobre ella. Por lo tanto, el sadhaka tendrá que emprender su guerra espiritual por un largo período de tiempo. Tendrá que afrontar y abordar muchas veces una situación difícil. Diferentes tipos de obstáculos interiores y exteriores, bloquearán el camino de su progreso; tendrá que atravesar serias pruebas. Más aún, no será sólo su naturaleza personal la que intentará ofrecer resistencia a cada paso con su obstinación; también la naturaleza universal buscará erigir un muro de oscuridad en su camino, porque esta naturaleza, bajo la incitación de la ignorancia cósmica se opone mortalmente a la posibilidad de que cualquier sadhaka escape a su prisión y experimente un nuevo nacimiento espiritual en la luz celestial. Recordemos al respecto la advertencia pronunciada por Sri Aurobindo: “Cuando el alma se dirige hacia el Divino, puede producirse una resistencia en la mente, cuya forma más frecuente es la negación y la duda, lo cual puede engendrar un sufrimiento mental y vital. Y además, podría existir una resistencia en la naturaleza vital cuyo principal carácter es el deseo y el apego a los objetos de deseo…La consciencia física también podría ofrecer una resistencia que es, en general, la de una inercia fundamental, una oscuridad en la sustancia misma del físico…Existe, además, la resistencia de la naturaleza universal, que no quiere que el ser escape de la ignorancia hacia la luz”.



También la Madre advertía, del mismo modo, a los sadhakas del yoga integral: “El yoga integral consiste en una serie ininterrumpida de exámenes que uno debe pasar sin aviso previo, por lo tanto, hace que estés siempre alerta y atento”.



La madre ha dicho, además, con respecto a la naturaleza de estas pruebas: “Los tres tipos de exámenes son: (1) los establecidos por las fuerzas de la naturaleza, (2) los establecidos por las fuerzas divinas y espirituales, y (3) los establecidos por las fuerzas hostiles. Los últimos son los más engañosos en su apariencia, y si uno no está preparado para la sorpresa o se halla desprevenido, debe permanecer en un estado de constante vigilancia, sinceridad y humildad”



Ahora bien, las preguntas pertinentes que pueden perturbar al sadhaka son: ¿Cómo puede uno superar estas pruebas con éxito?, ¿qué hay que hacer para que el camino de peregrinaje espiritual sea fácil de recorrer?, y finalmente, ¿qué puede hacer el sadhaka para que las dificultades y sufrimientos inevitables del sendero no actúen únicamente como obstáculos negativos, sino que por el contrario se conviertan en excelentes oportunidades que conduzcan al florecimiento de la consciencia espiritual del sakhaka?



De aquí, entonces, la necesidad de una preparación preliminar en la vida de la sadhana y de que el sadhaka acumule los requisitos básicos del sendero. Hemos indicado ya que una parte muy importante del proceso de adquisición de tales requisitos básicos consiste en que el sadhaka cultive un cierto número de virtudes que deben constituir el núcleo de su carácter.



Al hablar de las tres categorías de examinadores que elaboran constantemente pruebas para los sadhakas del yoga integral, y de las virtudes especialmente requeridas para pasar exitosamente estos exámenes en el sendero, la Madre ha mencionado particularmente las siguientes:



(1) perseverancia; (2) alegría; (3) audacia; (4) plasticidad; (5) confianza; (6) entusiasmo; (7) generosidad; (8) vigilancia; (9) humildad; (10) sinceridad; (11) aspiración; (12) rectitud.



Éstas y otras virtudes del mismo género serán constantemente exigidas en cada etapa del viaje espiritual, y cuando estén firmemente arraigadas, protegerán y fortalecerán el carácter del sadhaka sirviéndole de arma y coraza en su incesante batalla espiritual contra las fuerzas de la oscuridad establecidas.



Nos proponemos hablar, aunque brevemente, sobre algunas de estas virtudes espirituales esenciales precisamente en este primer capítulo del libro, porque son apropiadas para levantar la sólida fundamentación de la sadhana, ya que sin ellas la superestructura del edificio del yoga integral no puede ser erigida de ninguna manera.



La primera virtud que el sadhaka debe cultivar en toda su extensión y mantener siempre durante el transcurso de su sadhana espiritual es:



1. Un amor y devoción absolutos al Divino y a su Shakti



Debemos hacer de esta preciosa virtud el rasgo principal de nuestra naturaleza y de nuestra consciencia. Nuestro amor por el Divino debe poseer una simplicidad pura y una rectitud psíquica. Este amor y devoción deben ser totalmente incondicionales, sin esperar nada a cambio y no deben ser empañados por la confusión creada por los cuestionamientos intelectuales. Podemos fácilmente ponernos a salvo de numerosas dificultades y desastres psicológicos, así como de los diversos peligros y arenas movedizas del sendero si podemos hacer firmes, constantes y absolutamente invariables nuestro amor y devoción, nuestra fe y confianza en la Madre Divina y en su amor. En este caso descubriremos, para nuestra sorpresa, que ninguna desgracia, -por más grave en su apariencia y por muy repentina que aparezca en el camino y aflija seriamente nuestra mente y nuestro corazón, e incluso nuestro organismo físico-, podrá producirse en la consciencia del sadhaka, ni siquiera la insinuación más insignificante de protesta o queja, ni mucho menos alguna rebeldía o abandono; nuestra fe y confianza en el Divino y en su amor no sufrirá ni la más mínima mella, ningún peligro del sendero significará para nosotros tal peligro, y ningún dolor exterior ocasionará al sadhaka aflicción psicológica alguna.



Establecidos sólidamente en esta particular virtud de amor y confianza sinceros en el Divino no tardaremos en darnos cuenta, sobre la base de la evidencia directa de nuestra experiencia personal, que “Dios es nuestro amigo sabio y perfecto, porque sabe cuándo golpear y cuándo acariciar, cuándo matar igual que cuándo salvar y socorrer… Hemos de tener fe en el amor y en la sabiduría de Dios,… que ejecuta todo para nuestro bien, incluso cuando está aparentemente oculto en el mal”.



La segunda virtud espiritual que debemos desarrollar para ayudar al progreso de nuestra sadhana es:



2. Una actitud optimista y un estado de alegría constante



Sri Aurobindo nos ha dicho:” Una alegría, una calma y una confianza sátwicas son el temperamento apropiado para este yoga (el yoga integral)…”



Y esto es fácil de entender. Porque una vez hayamos establecido en nuestro interior una disposición permanente de tranquila ecuanimidad, podremos percibir claramente que todo lo que ocurre en el tortuoso viaje de nuestra vida, sea agradable o desagradable, o incluso aparentemente desastroso, tiene a la vez, invariablemente, dos aspectos diferentes: uno, positivo, prometedor, que conduce a un bien futuro; el otro, ominoso, que adopta la forma aparente de un mal.



Ahora bien, esto es sólo porque en nuestra disposición dominada por el ego, concentramos nuestra atención únicamente en los elementos negativos, ignorando completamente el aspecto positivo de la situación, nuestra consciencia queda fácilmente obnubilada, falseados los juicios, heridos los sentimientos, y desbordado nuestro corazón por una insoportable ansiedad y desorden.



Pero si queremos construir una vida espiritual auténtica, es esencial que cambiemos nuestro modo de ver las cosas. Frente a cualquier acontecimiento imprevisto en nuestra vida, debemos aprender a percibir inmediatamente su lado positivo y estar feliz por ello; nuestra consciencia debe enfatizar este lado positivo y esto nos hará palpablemente conocedores del gran bien espiritual que se ha estado gestando tras la apariencia de la maldad y la oscuridad.



Y si podemos actuar de manera que en cada ocasión se desarrolle en nosotros una actitud inherentemente optimista, el curso de nuestra vida cambiará su carácter y se dulcificará en todas las circunstancias, y seremos sin duda intensamente conscientes de la luz, presente incluso en medio de una oscuridad sofocante. Sri Aurobindo ha calificado esto como el “camino soleado” sobre el que el sadhaka avanzará hacia la meta con pasos seguros y gozosos, “con absoluta confianza en la Madre, sin temer nada, sin ningún tipo de pesar…”, con “una alegre ecuanimidad, incluso frente a las dificultades…”.



3. Una resignación gozosa ante la providencia divina



El camino de la sadhana no puede sino estar lleno de confusiones y dificultades. En cualquier momento de la vida del sadhaka puede pillarle desprevenido alguna desgracia incomprensible. Y en esos instantes críticos y cruciales le es muy difícil mantenerse en equilibrio. Para poder conservar la sangre fría en estas situaciones difíciles y peligrosas, el sadhaka debe imprimir en su corazón, desde el principio de su sadhana, la siguiente verdad cardinal de la vida espiritual en relación al Divino, y volver a ella inmediatamente cada vez que tenga la impresión de salirse del sendero correcto: “Los caminos del Divino no son como los de la mente humana ni siguen nuestros esquemas, y no es posible juzgarlos ni decidir por Él lo que se debe hacer o no, porque el Divino lo sabe mucho mejor que nosotros. Si de alguna manera admitimos al Divino, me parece que tanto la razón verdadera como la Bhakti estarán de acuerdo en exigir una fe y una consagración implícitas”:



Por lo tanto, la constante contraseña de un sadhaka debe ser de una absoluta adaptabilidad y una resignación gozosa a todo designio de la providencia divina. Su mantra en todo tiempo y lugar, ya sea en el bienestar o en la desgracia, en los períodos de sol brillante o en los días nublados, debería ser: “Hágase tú voluntad”; y no a regañadientes, ni con una resistencia estoica, sino con la plena adhesión de la totalidad del ser, con un asentimiento y una aceptación gozosas. Meditemos sobre las siguientes palabras de Sri Aurobindo: “Recordar las verdaderas bases del yoga…la obediencia a la voluntad divina, la no aserción de la propia voluntad, son el primer mantra…aprende en primer lugar a obedecer absolutamente..”



4. Ausencia de preocupaciones y de ansiedades



Debemos desechar del campo de nuestra consciencia todo pensamiento inútil e incapacitador como los siguientes: “¿Quién sabe lo que va a ocurrirme?, y ¿Qué desgracias me deparará mi desconocido destino en un futuro próximo?”



No, un sadhaka debe aprender a estar totalmente libre de toda preocupación y ansiedad frente a su futuro. Su actitud debería ser: “Siempre que algo me suceda en el futuro, fruto del designio divino, será porque tengo que ocuparme de ello. ¿Por qué alimentar anticipadamente toda clase de presentimientos negativos? En su lugar, mi actitud deberá ser aceptada con gratitud todas las cosas agradables que el Divino me ofrece en su amorosa bondad, incluso en este momento preciso. Cualquier cosa que el Divino desee que yo sea en el momento presente de mi vida, intentaré sinceramente serlo; cualquier cosa que yo considere que es mi deber espiritual en este momento, la haré con perfecta sinceridad, únicamente como una ofrenda a mi amado divino. Y aquí termina mi labor y mi ocupación. No necesito cavilar ansiosamente respecto a la incertidumbre de mi futuro, ni está justificado derramar lágrimas inútiles por mis caídas y fracasos pasados. Concentrarme sólo en el presente y tratar de sacarle el máximo partido a sus posibilidades: es todo lo que debo hacer como sadhaka.



Esta es, sin duda, una gran virtud que hay que adquirir y aplicar en la práctica actual, si el sadhaka quiere eludir muchos males innecesarios y perfectamente evitables de la vida.



5. Total eliminación del egocentrismo



Es lamentable comprobar que de forma universal la mayor parte de nosotros, al hacer frente a un acontecimiento, situación o circunstancia, o en cualquier contacto con los demás seres, en general, lo evaluamos únicamente en términos de si nos conforta o nos angustia, si nos complace o nos desagrada, si sirve o no sirve a nuestro ego y a sus intereses. Este es un defecto muy serio, que aflige a muchos sadhakas, viciando enormemente el curso de su sadhana. Esta nociva actitud egocéntrica debe ser eliminada por todos los sadhakas del yoga integral si quieren progresar con paso firme en la sadhana; deben reemplazarla por una actitud geocéntrica frente a cualquier evento de la vida. “No lo que yo deseo, sino lo que el Divino desea en este momento” debe ser la única consideración como sadhaka. Sri Aurobindo lo dijo muy claramente. He aquí sus palabras: “El hombre egocéntrico experimenta y toma las cosas según le afectan: me complacen o me disgustan, me producen alegría o me causan malestar, halagan mi orgullo, mi vanidad, mi ambición o lo hieren, satisface mis deseos o los frustra, etc. El hombre desinteresado no mira las cosas de esa manera; trata de ver lo que son las cosas en sí mismas y lo que serían si él no estuviera, cuál es su significado, cómo encajan dentro del esquema de cosas, o incluso experimenta calma y ecuanimidad, remito todo al Divino…” “aprende a hacer que no sea el ego, sino el Divino, el centro de su existencia, y piensa, actúa y siente sólo para el Divino..”



Así pues, éste es el quinto requisito esencial del sendero: no juzgar nunca, o, mejor dicho, no juzgar equivocadamente las cosas desde el punto de vista del ego personal, sino remitir todo a la voluntad omnisapiente y omniamorosa del Divino.

(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)





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TEMA 10: « LAS ONCE ACTITUDES BASICAS DEL SADHAKA »

SEGUNDA PARTE (SEIS ACTITUDES)











6. Actitud justa en todo momento



Gran parte del progreso en la sadhana, si se quiere llevar a cabo con la mínima perturbación que la obstaculice, depende de si el sadhaka puede adoptar y mantenerla actitud justa en cualquier circunstancia, interior o exterior, que se le presente en el camino. La Madre ha señalado que la mayor parte de la gente no se da cuenta de que una actitud justa posee un gran poder determinante. Simplemente puede hacer maravillas, y cambiar completamente el curso del determinismo. Pero ¿qué entendemos por actitud justa?



Seguramente no es una actitud considerada justa por el patrón ético ordinario, ni sancionada por las reglas sociales o religiosas convencionales, o dictadas por lo que llamamos consciencia propia. Es más bien, dadas las circunstancias imperantes, una actitud que nos conduzca al crecimiento espiritual del individuo.



Pero ¿cómo determina el sadhaka cuál es la actitud correcta en una situación dada? Si su gurú está físicamente presente, la solución puede ser relativamente fácil. Sólo tiene que plantearle el problema y solicitar sus instrucciones. El único punto de incertidumbre en este caso es si el sadhaka querría o sería capaz de cumplir las instrucciones del gurú sin las dudas producto de los impulsos ciegos y arrogantes de su naturaleza egoísta.



Cuando el gurú no está presente físicamente, el sadhaka puede adoptar otro camino, tan seguro como uno podría esperar de él. Evidentemente, nos referimos al despertar del ser psíquico y a ponerlo al frente de la consciencia del sadhaka. Sobre sus efectos sumamente beneficiosos para la sadhana, Sri Aurobindo dice:



“Una guía, un gobierno comienza desde dentro, expone cada movimiento a la luz de la Verdad, repele lo que es falso, oscuro, opuesto a la realización divina; cada región del ser, cada rincón, cada una de sus esquinas, cada movimiento, formación, dirección, inclinación de pensamiento, voluntad, emoción, sensación, acción, reacción, motivo, disposición, propensión, deseo, hábito del físico consciente o subconsciente, incluso el más oculto, camuflado, silencioso, recóndito, es iluminado por la luz psíquica infalible, disipadas sus confusiones, desembrollados sus embrollos, señaladas y eliminadas sus oscuridades, engaños, autoengaños…”(La Vida Divina)



De la cita anterior de Sri Aurobindo podemos deducir fácilmente que, bajo la guía activa del psíquico, conocer en cada momento la naturaleza de la actitud justa que es requerida al sadhaka para que la adopte y la ponga en práctica con eficacia en la situación real a la que se enfrenta, llega a ser un juego de niños para él.



Pero la dificultad está en que esta afloración psíquica es una realización que el sadhaka puede esperar sólo en una etapa muy avanzada de su sadhana, y no es accesible a los novicios en la sadhana. Y aquí, en el primer capítulo de este libro, estamos hablando de aquellos sadhakas que sin duda determinaron, seria y sinceramente, seguir el sendero del yoga integral, pero que están todavía, en este momento, en la etapa de reunir los requisitos esenciales necesarios para la realización exitosa del viaje.



Ahora bien, hemos insistido anteriormente en que mantener la actitud justa en todas las posibles situaciones de la vida es una de las virtudes más fundamentales que todo sadhaka debería tener, incluso en las etapas preliminares de su empeño espiritual. Así que la cuestión surge de nuevo: en ausencia de la presencia física del gurú, y en el todavía imperfecto estatus del despertar psíquico, ¿cómo llegará el sadhaka inexperto a discernir la actitud justa?



Afortunadamente para nosotros, tanto Sri Aurobindo como la Madre han dado en sus extensos escritos suficientes indicaciones respecto a la postura a adoptar en cada situación particular. Un estudio perspicaz de estos escritos seguramente resolverá el problema a cualquier sadhaka que se tome en serio la cuestión.



En cualquier caso, un sadhaka debe adquirir esta destreza de conservar la actitud justa en cada instante de su vida diaria, incluidos los momentos de crisis ocasionales.



7. Coraje y audacia



Sri Aurobindo escribió una vez a un sadhaka que el coraje y el amor son las virtudes gemelas absolutamente indispensables para el progreso en la sadhana: incluso si todas las demás pierden intensidad o se quedan dormidas, estas dos virtudes serán suficientes para salvar al sadhaka.



Es casi una perogrullada decir que cada sadhaka del yoga integral debe ser audaz si desea avanzar con seguridad en el sendero de la sadhana espiritual. Porque sin el constante soporte de esta virtud de la intrepidez, es posible que cometa un desliz o tropiece casi a cada paso. Todas las fuerzas hostiles de los mundos sutiles están siempre en alerta para detectar incluso el indicio más insignificante de miedo y aprensión en la consciencia del sadhaka, de manera que puedan utilizarlos como palanca que les ayudará a derribar el edificio de su dadhana ya construido, y empujarlo fuera del sendero agitando ante él la expectativa irreal de amenazas y advertencias, en su mayoría imaginarias. Debe ser autoequilibrado bajo todo género de circunstancias por más serios que puedan ser sus impactos exteriores.



He aquí algunas palabras de Sri Aurobindo y de la Madre insistiendo en lo indispensable de la virtud de la audacia en la vida del sadhaka:



(1) “Si deseas hacer yoga, debes despojarte del miedo”.



(2) “La primera condición de progreso en la sadhana es no tener miedo, tener confianza y mantener la tranquilidad”.



(3) “El miedo es lo primero que debes rechazar…”.



(4) “Es indispensable alejar el miedo y tener confianza en la acción divina”



(5) “El yogui debe ser audaz, abhi; es absurdo tener miedo ya que uno puede controlar sus estados; éste es un poder muy deseado y muy bien recibido en el yoga”.



Ahora un extracto de la Madre relacionado con el mismo asunto: “Ninguna protección, ninguna gracia puede salvar a aquéllos que rehúsan la purificación indispensable. Y yo añadiría: ese miedo es una impureza, una de las impurezas más grandes, una de aquellas que vienen más directamente de las fuerzas antidivinas que desean destruir la acción divina sobre la tierra; y el primer deber de aquellos que realmente quieren hacer yoga es eliminar de su consciencia, con todas sus fuerzas, con toda sinceridad, con toda la resistencia de que son capaces, incluso la sombra de un temor. Para caminar sobre el sendero uno debe ser intrépido y nunca consentir ese mezquino, insignificante, débil, y feo retroceder sobre uno mismo, que es el miedo”.



Tras el coraje audaz, que debe ser claramente distinguido de un espíritu temerario altivo, llegan las virtudes de la paciencia y de la persistencia, que se yerguen casi en los polos opuestos, pero que son igualmente indispensables para proseguir suavemente con la sadhana. Nos proponemos decir unas palabras acerca de estas humildes virtudes.



8. Paciencia y persistencia



Se dice que Roma no fue construida en un día; la meta del yoga integral tampoco puede ser alcanzada en un corto espacio de tiempo. Cada sadhaka de este sendero debe tener muy claro desde el comienzo exactamente que un espíritu de impaciencia, y la construcción de la vida espiritual, son absolutamente incompatibles. Si uno recorre el camino con la vana esperanza de que conquistará la fortaleza en un día, y de que alcanzará su realización en un tiempo relativamente breve, se verá muy pronto enfrentado al destino de un desventurado pájaro al que le gustaría volar a través de los cielos con sus alas cortadas.



No debemos olvidar nunca que el yoga integral apunta a la total transformación de nuestro ser y de nuestra naturaleza en todas sus partes sin dejar ningún rincón sin tocar. Realmente esto no puede llevarse a cabo en un día. Debemos mantener el fuego de nuestra tapasya ardiendo brillantemente durante muchos años para lograrlo; debemos luchar contra la misma dificultad y debilidad de nuestra naturaleza una y otra vez. Y a causa de este fenómeno tan conocido en el sadhana, Sri Aurobindo nos ha recordado: “La paciencia es nuestra primera gran lección necesaria…una paciencia llena de calma y de fortaleza concentrada”. También ha dicho: “Quienes esperan violentamente, desaparecen rápidamente: ni esperar ni temer, sino estar seguro del propósito de Dios y de su voluntad para lograrlo”.



El sadhaka del yoga integral debe tener muy en cuenta las siguientes palabras de Sri Aurobindo: “El recorrido del yoga es largo; cada centímetro de tierra debe ser ganado con gran resistencia, y ninguna cualidad es tan necesaria para el sadhaka como la paciencia y una decidida perseverancia, con una fe que permanezca firme a través de todas las dificultades, retrasos y aparentes fracasos”.



9. Ausencia de codicia y de deseos



La consciencia espiritual casi puede ser definida como un estado de desinterés perfecto. Y donde no hay ego, con su inevitable sentimiento de privación y sus carencias de millones de cosas, no puede haber ningún deseo. Y donde no existe ningún deseo, no puede haber ningún apego. El ego, el deseo y el apego son los tres principales distintivos de una vida de ignorancia. Y esto es el sufrimiento de nuestro incorregible estado actual. La sadhana no significa nada más que un esfuerzo deliberado y consciente por parte del individuo para escapar de esta casa-prisión de ignorancia y nacer de nuevo en la libertad del espíritu.



Y si esto es así, el programa básico de la sadhana para un sadhaka del yoga integral es siempre desanimar cualquier manifestación del ego y del deseo por muy insignificante e inocua que pueda ser. No debe intentar hacer ninguna discriminación entre deseos grandes y deseos pequeños, deseos nobles y deseos innobles, deseos espirituales y deseos mundanos, pues si no caería seguramente en la peligrosa trampa tendida por el adversario. Los deseos son deseos, igualmente perjudiciales para el bienestar espiritual del sadhaka. Debe tener una aspiración ardiente e incesante; pero a los deseos malos llegarán también. Hay un lugar para la voluntad y la aspiración, no para el deseo. Si existe el deseo, también habrá apego, exigencia, ansia, falta de ecuanimidad, pesar por no recibir; todo esto en es yóguico”.



Otra cosa a tener en cuenta: Un sadhaka digno del nombre debe abstenerse siempre de sondear y emitir juicios sobre cuánto ha recibido en la vida y de cuánto carece, o en qué aspectos sus logros son inferiores a los de los demás. De otro modo, la paz y la satisfacción le abandonarán completamente, y un sofocante sentimiento de injusticia y de privación roerán en todo momento su corazón.



No, debemos ser plenamente indiferentes a todas las carencias, inconveniencias e incomodidades personales manipuladas de forma egoísta. En cambio, hemos de aprender a estar contentos con cualquier cosa que nos llegue por designio divino, o por muy insignificante que sea. Debemos hacer un esfuerzo sincero para adaptarnos a la descripción que Sri Aurobindo dio de un sadhaka ideal:



El sadhaka liberado del yoga integral “no tiene ilusiones personales, no se aferra a las cosas como posesiones personales suyas, recibe lo que la Voluntad divina le trae, no codicia nada, no es celoso de nada, lo que le viene lo acepta sin repulsa y sin apego; permite que lo que salga de él, se reintegre al torbellino de las cosas, sin quejarse, sin pena ni sentimiento de pérdida. Su corazón y su yo se hallan bajo un control perfecto, están libres de la reacción y de la pasión, no responden de forma turbulenta a los contactos de las cosas externas”. (Ensayo Sobre la Gita)



10. Rechazo de la indolencia y de la dilación



Si un sadhaka no quiere limitar su sadhana a un simple conocimiento de libro, o a satisfacer superficialmente algunas convicciones intelectuales, o al “fervor” religioso; si está decidido a avanzar verdaderamente hacia la realización de su meta espiritual, debe despojar su carácter de los defectos gemelos de la indolencia y la dilación. Siempre, en cualquier ocasión, debe sentir sinceramente que tiene ante él un deber espiritual e intentar cumplirlo inmediatamente sin buscar relegarlo a un tiempo posterior. Del mismo modo, si alguna vez llega a darse cuenta de que tiene que superar una debilidad particular, debe hacerlo sin retraso alguno; de ninguna manera, bajo ninguna excusa, permitirá que ese defecto continúe ni por un corto período de tiempo. Siempre debe seguir las instrucciones de la Madre: “Debes darte prisa para hacer tu trabajo aquí y ahora…Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Porque sino el sadhaka comprobará, consternado, que al final de su vida su sadhana ha quedado reducida a la nada. La Madre advierte que “El sendero de para-más-tarde, o el camino de para-mañana conduce solamente al castillo de nada-de nada”. El destino de estos sadhakas dilatorios será, en palabras de la Madre: “…las horas, las circunstancias, la vida, pasan en vano, sin aportar nada, y te despiertas de tu somnolencia en un agujero del que es muy difícil escapar”.



Así pues, cada sadhaka del yoga integral debe decidir, exactamente desde el primer día de su sadhana, que pondrá en práctica en la vida, de forma resuelta y concienzuda, el siguiente consejo de la Madre: “Mientras caminas por el sendero del progreso espiritual, siempre que vayas a enfrentarte a una debilidad –una debilidad que está buscando autoexpresarse a través de tu pensamiento, sentimiento, lenguaje o acción-, inmediatamente adoptas la resolución de no consentirla de ningún modo, ni una sola vez, ni incluso solamente esta vez. Porque sino, no lograrás tu objetivo”.



11. No olvidar la meta



Ahora vayamos a uno de los vicios más maliciosos que no sólo ha puesto en peligro, sino también destruido completamente la vida espiritual de muchos sadhakas. Es lo que nosotros podemos denominar un deplorable estado de “autoolvido”, de olvido total de la propia meta.



No es que el sadhaka pierda teóricamente la visión de la meta espiritual. El recuerda absolutamente la naturaleza precisa de esta meta que situó ante sí mismo cuando pisó por primera vez el sendero espiritual. Continúa teniendo una clara concepción intelectual sobre lo que se espera que haga como sadhaka. Puede incluso hablar elocuentemente a los demás sobre las responsabilidades de un sadhaka sincero. Pero la tragedia es que, por lo que a él corresponde, descuida en la práctica lo que cree en teoría. Y, ¡todo el mundo lo sabe! Que sin una práctica seria y asidua la sadhana no es sadhana en absoluto. ¿No nos ha recordado la Madre con toda claridad? “Un poco de práctica es mejor que un océano de teorías, consejos y buenas resoluciones”.



Pero ¿por qué olvidan muchos sadhakas su verdadera meta en la vida después de cierto lapso de tiempo? La razón es la imperfección básica de la naturaleza humana actual. La Madre ha analizado lúcidamente la situación en su comentario sobre los Thoughts and Aphorisms de Sri Aurobindo. El contenido del siguiente párrafo procede de este comentario:



“Muchos llegan al sendero atraídos por lo verdadero, pero tras algún tiempo lo abandonan. Cuando todo es fácil y tranquilo, uno se queda dormido. La naturaleza humana es aún tan vasta que para muchos es difícil preservar la actitud interior libre de mezclas durante mucho tiempo y mantenerse firme en su posición original de aspirante ardoroso. Casi inmediatamente, la pereza toma el lugar de esta aspiración- no en todos los casos, sino en general- y la actitud licenciosa y el libertinaje se aposentan en el lugar de la libertad verdadera. No existe ninguna moral que limite, así que uno actúa estúpidamente. Parece que es casi imposible para muchos aspirantes lograr que perdure su primera aspiración”.



Estas son las consecuencias letales de dejarse llevar, por eso el sadhaka del yoga integral debe armarse, desde el comienzo, con un talismán de seguridad que puede llamarse “vigilancia constante”. Pero ¿en qué consiste esta virtud de vigilancia que puede actuar como una salvaguarda en el sendero? En palabras de la Madre: “Vigilancia significa estar despierto, estar en guardia, ser sincero, nunca ser tomado por sorpresa. Cuando necesites hacer sadhana, en cada momento de tu vida, hay una elección entre dar un paso que conduzca a la meta, y caer dormido; o incluso algunas veces ir hacia atrás, diciéndote, “!Oh!, para más tarde, ahora no”, y quedarte sentado en el camino”.



Por consiguiente es absolutamente esencial que cada sadhaka del yoga integral permanezca siempre “vigilante” y reaccione efectivamente contra cualquier tendencia a la somnolencia y al extravío. De lo contrario, puede fácilmente ser víctima de tres tipos de tragedia en el sendero, que son:



A. Puede ralentizar su esfuerzo espiritual y quedar completamente satisfecho con llevar una vida mundana ordinaria, teniendo cuidado, por supuesto, en revestirla exteriormente con un envoltorio religioso-espiritual convencional.



B. Puede desviarse y, tras olvidarse de su meta verdadera, que es alcanzar la unión con la consciencia divina, puede concentrar sus esfuerzos en algunas realizaciones secundarias inconscientes, tales como (a) ser un gran erudito “espiritual”, o (b) un exponente efectivo de la doctrina de la sadhana, o (c) un predicador exitoso del sendero, o (d) convertirse en un “gurú” en miniatura, etc. Etc.



C. La tragedia más seria de todas las que pueden afligir al sadhaka olvidadizo es abandonar completamente la vida de espiritualidad, declarándola como un sueño utópico, y caer en la vieja rutina de siempre.



Las tres posibles tragedias (A), (B) y (C) mencionadas más arriba son una importante amenaza para cualquier sadhaka que se relaje y, de paso, se olvide de la meta. Para que no podamos ser víctimas de tal peligro, deberíamos aprendernos de memoria la siguiente admonición de Sri Aurobindo: “…si deseamos aprovechar al máximo la oportunidad que esta vida nos ofrece, si queremos responder adecuadamente a la llamada que hemos recibido y alcanzar la meta que hemos vislumbrado, y no simplemente avanzar un poco hacia ella, es esencial que haya una entrega completa. El secreto del éxito en el yoga es considerarlo, no como una de las metas a alcanzar en la vida, sino como la totalidad de la vida”. (La Síntesis del Yoga)



Llegamos al final de nuestro estudio sobre las virtudes espirituales básicas que un sadhaka debe desarrollar y poner en acción en cada paso de su camino si quiere avanzar sin que las tormentas y tensiones le amenacen continuamente.



No es que no vaya a asaltarle ningún peligro o dificultad durante el desarrollo de su sadhana. No puede esperar un camino de rosas; ningún sadhaka debería esperarlo. Porque la verdadera naturaleza del mundo y nuestro actual modo de vida están moldeados a partir de la ignorancia, que le impedirá esa feliz expectativa.



Pero lo importante para nosotros es que, si va equipado con las nueve virtudes básicas mencionadas, el enfrentarse a todos los rigores y dificultades inevitables con un rostro sonriente y un espíritu de aventura. Y cuando existe un celo por progresar y una alegría interior en el corazón del sadhaka ¿qué importa incluso si algunas dificultades ocasionales atraviesan su sendero espiritual? Porque en tal situación todos los pesares y sufrimientos exteriores, peligros y desastres, no pueden sino perder el veneno de su picadura.

(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)





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TEMA 11: ~ LAS NUEVE ACTITUDES DE LA SADHANA DIARIA ~







Vemos a menudo que aunque a muchos de nosotros les gustaría llevar una vida espiritual y tener por meta la unión con el Divino, sin embargo pasan los días, los meses y los años sin contribuir de manera alguna a nuestro progreso en el sendero elegido. Para nuestra total consternación, descubrimos que hemos estado casi estancados en el mismo lugar, o incluso hemos retrocedido. Pero ¿cuál es la razón que hay detrás de este extraño fenómeno casi universal?







La única razón es que nuestra búsqueda del Divino y de la vida espiritual carece de un compromiso sincero y de una intensidad suficiente. No está sustentada por ninguna voluntad ardiente, surge a causa de un tibio deseo y de un afán de realización del que se puede prescindir fácilmente. La actitud habitual del sadhaka medio adopta esta forma lamentable: “Si la vida espiritual se cruza en mi camino, tanto mejor; pero, si por la razón que sea no lo hace, no me importa demasiado. Puedo contentarme con ofrecer un homenaje en palabras a mi aspiración; la no realización de mi aspiración en una práctica real es un asunto absolutamente secundario que ni siquiera perturbará mi paz”.



Con ese deseo anémico y falta de fervor, nadie puede esperar construir la vida de sadhana: eso es casi imposible. Así pues, lo primero y principal a lo que un sadhaka debe prestar atención, si anhela algún progreso perceptible, es crear y mantener en su consciencia, de modo ininterrumpido, un ímpetu verdaderamente vivo y sincero hacia el Divino y hacia la manifestación divina. Las siguientes palabras de la Madre deben abrir nuestros ojos y ayudar a liberarnos de cualquier disposición de complacencia indolente: “¿Es el Divino la suprema realidad de tu vida, hasta tal punto que es simplemente imposible para ti actuar fuera de esa realidad? ¿Percibes que tu verdadera razón de ser es el Divino y que sin Él carece de significado tu existencia? Si es así, sólo entonces puede decirse que sientes una llamada para el sendero.



También Sri Aurobindo, en su obra The Synthesis of Yoga, ha establecido la misma condición previa: “El sadhaka ideal debe ser capaz de decir en palabras bíblicas la frase, “Mi celo por la casa del Señor me consume” Por tanto, edificar este “celo por la casa del Señor”, “el celo de toda la naturaleza por una realización divina, el deseo ardiente del corazón y de la mente por la realización del Divino”, debe ser la preocupación constante del sadhaka durante todo el transcurso diario de su vida. Y para ello debe adoptar una sadhana diaria de nueve actitudes:

1.- Ser consciente





Nuestra incorregible naturaleza actual está plagada de defectos, puntos flacos e imperfecciones de muchas clases, conocidas y consentidas, o desconocidas y ocultas tras los velos en el subconsciente. En una sadhana lograda debemos llegar a ser conscientes de todos estos defectos y erradicar su manifestación, constantemente y asiduamente, si deseamos que nuestra sadhana sea realmente efectiva. Cuando una vez se le preguntó a la Madre qué tenía que hacer uno para prepararse para el yoga, contestó de esta manera: “Antes de nada, ser consciente”. Somos conscientes únicamente de una porción insignificante de nuestro ser; somos inconscientes de su mayor parte. Es esta inconsciencia la que nos mantiene bajo nuestra impenitente naturaleza e impide el cambio y la transformación en ella. A través del inconsciente las fuerzas no divinas entran en nosotros y nos esclavizan. Tienes que ser consciente de ti mismo, debes despertar tu naturaleza y movimientos, debes saber por qué y cómo haces las cosas, las percibes o las piensas; debes comprender tus motivos e impulsos y las fuerzas, ocultas y aparentes, que te mueven; en realidad, debes, por así decir, desmontar la maquinaria entera de tu ser.



“Una vez que eres consciente, significa que sabes distinguir y analizar las cosas, que sabes ver qué fuerzas te empujan hacia abajo y cuáles te ayudan a continuar.



Y cuando sabes distinguir lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, lo divino de lo no divino, tienes que actuar según tu conocimiento; es decir, rechazar decididamente lo uno y aceptar lo otro.



La dualidad se presentará a cada paso y a cada paso tendrás que elegir. Deberás ser paciente, persistente y vigilante, “despierto”, como dicen los adeptos, debes negarte siempre a dar oportunidad de ninguna clase a lo no divino frente a lo divino”.

2.- Estar vigilante





Pero rechazar las fuerzas no divinas y aceptar las divinas a cada paso requiere una constante vigilancia por parte del sadhaka durante todo el período de consciencia de vigilia de su vida diaria. Y esta vigilancia debe actuar de dos maneras diferentes, ambas igualmente esenciales, para el mantenimiento de un progreso estable en el sendero del yoga integral. Estas dos maneras son: 1º detener las tentaciones y no caer nunca; y 2º estar al acecho de las oportunidades para registrar un avance hacia delante. Dejemos que la Madre dilucide este doble procedimiento en la sadhana:



“Cuando deseas hacer sadhana, en cada instante de tu vida se plantea la elección entre optar por el camino que conduce a la meta y el de dormirte, o algunas veces incluso retroceder, y te dices: “!Oh!, más tarde, ahora no”, y te detienes en el camino.



"Estar vigilante no es simplemente resistir a lo que te tira hacia abajo, sino sobre todo estar atento para no perder ninguna oportunidad de progresar, ninguna oportunidad para superar una debilidad, para resistir a una tentación, ninguna oportunidad para aprender algo, para corregir algo, para dominar algo. Si estás vigilante puedes hacer en pocos días lo que de otro modo tardaría años. Si estás vigilante, transformas cada circunstancia de tu vida, cada acción, cada movimiento, en una ocasión para acercarte más a la meta.



“Hay dos clases de vigilancia: activa y pasiva. Hay una vigilancia que te avisa si estás a punto de cometer un error, si estás haciendo una elección equivocada, si estás siendo débil o si permites que te tienten; y existe la vigilancia activa que busca una oportunidad para progresar, busca utilizar cada circunstancia para avanzar más rápidamente.



“Hay una diferencia entre evitar caer y avanzar con mayor rapidez.



Y ambas son absolutamente necesarias”. (Preguntas y Respuestas)

3.-Retroceder





La vigilancia hará al sadhaka consciente de la situación que tiene ante sí. Pero esto no es suficiente. Porque, una vez que uno es consciente, el elemento más importante que va a determinar el destino espiritual del sadhaka es el modo en que va a evaluar la situación y su decisión sobre la acción y reacción consiguientes. Por lo tanto, junto al ejercicio de un espíritu de constante vigilancia, el sadhaka del yoga tendrá que efectuar otra sadhana psicológica en cada instante de su vida diaria. Esto es lo que la Madre ha llamado de forma pintoresca “retroceder”. Resumiendo, en la práctica nunca se debe actuar o reaccionar sin pensar en cualquier evento, situación o circunstancia, más bien hay que aprender a establecer un intervalo de tiempo suficiente entre el estímulo recibido en cualquier momento y la respuesta que él va a darle. Debemos adquirir la capacidad de adentrarnos profundamente, de “retroceder” hacia el interior de uno mismo, y de observar y juzgar de un modo perfectamente desapasionado e impersonal aquello que es verdaderamente útil para la sadhana y aquello que no lo es. No se debe permitir ninguna racionalización o legitimación en cuanto a las debilidades y preferencias propias. He aquí las palabras de la Madre en relación a lo que debe hacer un sadhaka: “No prestarse a las fuerzas superficiales que se mueven en el mundo exterior. Incluso si tienes prisa en hacer algo, retrocede por un momento…Conserva siempre tu paz, resiste a toda tentación de perderla. No decidas nunca nada sin retroceder, nunca digas una palabra sin retroceder; nunca te lances a la acción sin retroceder”



Debe mencionarse otro punto importante: el sadhaka debe desarrollar al mismo tiempo el sentido de la proporción y una perspectiva adecuada. No debe exagerar sin justificación la importancia o la gravedad de los acontecimientos que le afecten en ese momento. Debe evaluarlos en el trasfondo de la infinitud del espacio y de la eternidad en el tiempo. Esto tendrá un efecto más saludable sobre su consciencia y su actitud. Porque entonces el presente perderá toda su agudeza e insistencia y dejará de aparecer enorme ante su percepción. Después de todo la Madre ha manifestado con energía que: “Todo lo que pertenece al mundo ordinario es impermanente y fugaz, de manera que no vale la pena preocuparse. Lo que es perdurable, eterno, inmortal e infinito si vale la pena tenerlo, conquistarlo, poseerlo. Es la luz divina, el amor divino, la vida divina, es también la paz suprema, el gozo perfecto, el dominio absoluto sobre la tierra con la manifestación completa como coronación. Cuando percibes el sentimiento de relatividad de las cosas, entonces, ocurra lo que ocurra, puedes retroceder y observar; puedes permanecer tranquilo y llamar a la fuerza divina y esperar una respuesta. Entonces sabrás exactamente qué hay que hacer”.



Luego viene otra sadhana diaria que el sadhaka nunca debe descuidar. Es “no manifestar en la acción”.

4.-No manifestar en la acción





Vamos a tratar de explicar la técnica de esta sadhana. Todos sabemos que un sadhaka del yoga integral acepta la vida en su integridad, pero sólo para transformarla completamente. No sigue el sendero escapista de las sadhanas tradicionales que aconsejan al aspirante espiritual ponerse en cuarentena mientras le sea posible para quedar a salvo de las tentaciones y dificultades que van a abrumar personas y a la confrontación con diversos acontecimientos y situaciones de la vida.



Pero, en lo que se refiere a nuestra sadhana, hemos fijado como meta la transformación divina de nuestra naturaleza humana actual y una victoria sobre las fuerzas de la vida. Porque, como Sri Aurobindo nos ha recordado: “La Divinidad que adoramos no es solamente una realidad extracósmica remota, sino también una manifestación semivelada, presente y cercana a nosotros, aquí, en el universo. La vida es el campo de una manifestación divina todavía incompleta: aquí, en la vida, sobre la tierra, en el cuerpo…tenemos que revelar a la Divinidad, tenemos que hacer reales a nuestra consciencia su grandeza trascendente, su luz y su dulzura, poseerla aquí y, en la medida de lo posible, expresarla”. (La Síntesis del Yoga)



Siendo este el propósito de nuestra sadhana, debemos lanzarnos de cabeza, sin miedo ni titubeo alguno a las diferentes actividades de la vida. Sin embargo, esto tendrá sus consecuencias negativas: esta aceptación de la vida no puede sino incrementar inmensamente nuestra lucha. Porque nuestra naturaleza, con todos sus defectos, impulsos e instintos, conocidos y no conocidos, abiertos u ocultos, será provocada a cada paso para actuar y reaccionar de un modo no espiritual, porque ésta es su actual svadharma (ley verdadera del ser). Todos los elementos oscuros inherentes a la naturaleza humana presente saldrán de sus madrigueras al contacto con el mundo, emergerán e invadirán nuestra existencia dinámica exterior buscando una manifestación desenfrenada en ella.



En cualquier momento, especialmente en aquellos de decisión crítica, el sadhaka del sendero integral descubrirá que su campo psicológico está convirtiéndose en el terreno de choque de muchas fuerzas e influencias diferentes, del pasado o actuales, interiores y exteriores, propias o importadas de otros. Crean, mediante sus operaciones combinadas, un resultante psicológico que empuja enérgicamente al sadhaka a un comportamiento especial de acción y reacción. El sadhaka pierde, por el momento, toda libertad de elección y queda incapacitado para pensar, sentir, querer, actuar y reaccionar excepto de la manera particular dictada por el resultante. ¿Qué debe hacer, entonces, en tal situación de precariedad?



Dejemos que la gente mundana sucumba al pulso resultante, que lo extienda y le dé una expresión libre. Pero el sadhaka, siendo un sadhaka, no puede hipotecar su libertad a tal innoble modo de proceder. Debe rechazar, sin excepción, todas las ofensivas incompatibles con la meta que se ha impuesto de llevar una vida espiritual. Pero el rechazo no es nunca un asunto fácil. Esta actitud encuentra inevitablemente una resistencia muy seria procedente de los hábitos arraigados y del impulso de los instintos, entonces el sadhaka puede sentirse tentado a dar salida al abrumador impulso, esperando vanamente que solucionarlo a través de la experiencia pueda quizás agotar su poder de recurrencia en el futuro. Pero el resultado será justamente el contrario. La debilidad se hará, gracias a ello, más intensa, cobrará mayor vida y continuará perturbando al sadhaka cada vez más. Sri Aurobindo previno una vez a un sadhaka contra tal falsa teoría. Esto es lo que dijo: “..tú siempre has pensado que dar expresión a un impulso o movimiento es el mejor modo, o incluso el único modo, de rechazarlo. Pero esta es una idea equivocada. Si tú das expresión a la ira, prolongas o confirmas el hábito de recurrencia de la ira, no lo reduces ni te desprendes del hábito. El primer paso para debilitar el poder de la ira en la naturaleza, para luego desprenderte de ella, es rechazar toda expresión de la misma tanto en la acción como en la palabra. Después puede uno continuar, con mayor probabilidad de éxito, alejándola asimismo del pensamiento y de los sentimientos. Y así con todos los demás movimientos falsos…”(Cartas sobre el Yoga Integral)



El método para conseguir una victoria sobre los malos impulsos, que Sri Aurobindo ha sugerido más arriba, es lo que la Madre ha calificado como “Ne pas manifestar Dans l´action” –“no dar expresión en la acción”. En una de sus conversaciones de grupo en 1953, expuso en detalle la técnica de esta sadhana. Lo que sigue a continuación se inspira en lo que dijo a los ashramitas en esa ocasión. (Preguntas y Respuestas)



“Siempre que uno se enfrenta a un mal impulso que viene de su interior, que busca con fuerza un medio de expresión, da normalmente una débil excusa parecida a esta: “Bien, si lo hago esta vez, me convenceré de que es al fin y al cabo malo, y no lo haré más. En realidad, es la última vez que me permito hacerlo, con la loable intención de convencerme de su indeseabilidad para la experiencia presente, lo que seguramente me purificará y la eliminará de forma efectiva”.



Pero este método no funciona en absoluto; porque la teoría no está basada en hechos psicológicos de la naturaleza humana. En lugar de ser purificado, uno queda todavía más absorbido en el impulso y en la debilidad, haciéndose cada vez más difícil una liberación futura.



No; en vez de ceder a la debilidad aunque sea una sola vez, el sadhaka debe tomar una resolución firme a la primera ocasión y decirse: “Bien, esta vez no lo haré, aplicaré toda mi fuerza para impedir su expresión tanto en la palabra como en la acción”.



Sí, hay que concentrarse únicamente en conseguir esta primera victoria sobre el impulso. Cualquier salida del impulso momentáneo que esté buscando expresarse a través del sadhaka, debe ser bloqueada completamente: no es necesario desperdiciar, por el momento, la energía o el esfuerzo que el sadhaka tendría que desplegar para abordar la agitación interior de su consciencia.



Evidentemente, la incitación, el deseo, la pasión, seguirán ahí en el corazón del sadhaka agitándose y resolviéndose, pero él resiste su manifestación en el exterior. Esto no significa reprimir, sólo se trata de una estrategia de batalla. Hay que mantenerse en pie como una roca y tener la determinación de no ejecutar el dictado sugerido por el impulso en la acción.



Si el sadhaka puede hacer esto cada vez que el impulso resultante se hace fuerte, descubrirá que la incitación insistente va perdiendo gradualmente su intensidad: además disminuirá progresivamente la frecuencia de su aparición. Porque, como la Madre ha señalado:



"Todas las fuerzas que hay sobre la tierra tienden a expresarse. Estas fuerzas llegan con el objetivo de manifestarse, y si colocas una barrera o rechazas su expresión, intentan golpear contra la barrera durante un tiempo, pero al final, se agotarán y no se manifestarán, se retraerán…"



El sadhaka pasará entonces a la siguiente fase de la operación de despeje. Intentará liberar su consciencia de la turbulencia del deseo. Habrá todavía muchas batallas por librar en el plano psicológico, pero si el sadhaka practica seria y sinceramente el desapego de la perturbación, poco a poco llegará con toda seguridad un momento en el que la vibración negativa no aparezca ya.



La Madre concluye su explicación con estas palabras de consejo:



“El orden eficaz es comenzar desde fuera: “Lo primero de todo es no hacerlo, después no desearlo, y a continuación, cerrar completamente mis puertas a todos los impulsos: no existen para mí, estoy ahora fuera de todo eso”. Éste es el verdadero orden, el orden auténticamente efectivo. Primero no hacerlo. A continuación, no desearlo y luego, que desaparezca completamente de tu consciencia”.



Este “ne pas manifestar Dans l´action” –“no convertirlo en acción”- debe ser una práctica del sadhaka, no de Pascuas a Ramos, u ocasionalmente, sino de manera permanente, muchas veces al día, a lo largo de toda la práctica de su sadhana.

5.- Integrar al ser





Una de las mayores tragedias que comprometen el progreso espiritual de muchos sadhakas es que no se preocupan suficientemente de armonizar las diferentes partes de su ser. Funcionan como personalidades semidivididas en su vida de sadhana que por fuerzas e influencias muy divergentes empujan y estiran al mismo tiempo en direcciones contrarias.



De hecho, cada ser humano, como Sri Aurobindo ha señalado, es, en su constitución normal, un compuesto, no de una, sino de muchas personalidades, y cada una de estas personalidades tiene sus propias exigencias y su naturaleza diferenciada. La misma situación prevalece asimismo en el caso de un sadhaka, especialmente cuando comienza su sadhana, y aún mucho tiempo después. Su ser presenta la apariencia de un caos toscamente constituido: cada parte del ser subjetivo del sadhaka – su intelecto, su voluntad, su mente-sentido, su ego-deseo, el corazón, el cuerpo-tiene, por así decir, su propia individualidad compleja e independiente de las demás; ni se pone de acuerdo consigo misma ni con las demás. Por consiguiente la consciencia habitual de superficie del sadhaka actúa como una mezcla heterogénea y armoniosa.



Y “esta es la razón de que exista una constante confusión e incluso un conflicto en nuestras diferentes partes que nuestra razón mental y nuestra voluntad intentan controlar y armonizar, encontrando con frecuencia mucha dificultad en crear algún tipo de orden y guía a partir de dicha confusión o conflicto; aun así, habitualmente, estamos demasiado dispersos o nos dejamos llevar por la corriente de nuestra naturaleza y actuamos desde cualquier cosa que llegue en un momento determinado y se imponga sobre los instrumentos de pensamiento y acción…; incluso nuestra elección, aparentemente premeditada, tiene más de automatismo de lo que imaginamos…”



(Sri Aurobindo, La Vida Divina)



El sadhaka debe ir mejorando este estado de cosas con toda la perspicacia de que sea capaz, se verá obligado en el transcurso de su sadhana a destruir constantemente con una mano lo que construye con la otra. La “integración del ser” debe ser su contraseña. No debe actuar como una veleta, que cambia su orientación con el viento. Su corazón, su mente y su voluntad no se deben dejar fascinar separadamente por elementos contrarios: “Cada parte del ser debe venerar el mismo Sol”. El “Sol” es aquí, evidentemente, el Divino y la vida divina. Éste debe el esfuerzo consciente y constante del sadhaka en su comportamiento diario.

6.- Observar, vigilar, controlar, dominar





Como parte de su sadhana regular de cada día, el sadhaka del yoga integral debe aprender a desarrollar en sí mismo la consciencia testigo, que observa constantemente de un modo desapegado y desapasionado todo cuanto ocurre en su naturaleza. Esta consciencia testigo debe crecer con el tiempo hasta llegar a ser una consciencia anumanta (dadora de sanción) que tiene la doble función de proporcionar el consentimiento al movimiento de la naturaleza o de retirar su consentimiento dependiendo de la libre elección del testigo. Es una plataforma verdaderamente útil en nuestra sadhana de transformación; porque de esta manera el ser interior desapegado del sadhaka puede traer la fuerza de la consciencia superior para tratar de transformar la naturaleza en su totalidad, observando durante todo el tiempo la acción de la naturaleza sin que en modo alguno quede afectado por ella, aplicando la fuerza transformadora allí donde sea necesario y poniendo en orden la totalidad del ser igual que uno ajusta una máquina.



El Sadhaka de nuestro sendero debe practicar este ejercicio psicológico de forma ininterrumpida durante su vida diaria. No debe actuar o reaccionar mecánicamente, siendo arrastrado involuntariamente por la corriente de su naturaleza con la que está completamente identificado.



Ha de estar siempre pendiente de los movimientos de la naturaleza e intervenir activamente cada vez que surja la necesidad. Sri Aurobindo ha explicado en una de sus cartas sobre el yoga la razón de este procedimiento en la sadhana. He aquí un pasaje relevante de esa importante carta:



“El Purusha en lo alto no es sólo un testigo, es el dador (o detentador) de la sanción; si rechaza persistentemente el consentimiento a un movimiento de la Prakriti, manteniendo su desapego, entonces tal movimiento, incluso si continúa algún tiempo por la inercia del pasado, habitualmente va perdiendo su influencia, se hace más débil, menos persistente, menos concreto, y al final se desvanece…Este rechazo de la sanción no significa necesariamente una lucha con la Prakriti inferior; debe ser un rechazo tranquilo, persistente, desapegado para dejar sin apoyo, sin aprobación, sin sentido ni justificación, la acción contraria de la naturaleza”. (Cartas sobre el Yoga Integral)



La madre también ha expuesto de una manera muy simple estos cuatro pasos de la sadhana que ha bautizado como el método de “observación, vigilancia, control y dominio”. La Madre hizo una exposición muy simple a propósito, dirigida a los niños del Green Group del Sri Aurobindo Ashram que tenían menos de doce años. Todo cuando se dice a continuación es una adaptación libre del procedimiento delineado por ella:



Hay cuatro movimientos que normalmente son consecutivos, pero que al fin pueden ser simultáneos: observar los pensamientos y sentimientos de uno, es el primero; vigilar los pensamientos y sentimientos de uno, es el segundo; controlar los pensamientos y sentimientos de uno, es el tercero; y dominar los pensamientos y sentimientos de uno, es el cuarto. Observar, vigilar, controlar, dominar. Todo esto para librarse de una mente nociva.



Una mente purificada es, naturalmente, una mente que no admite ningún pensamiento ni sentimiento falsos, y el completo dominio para llegar a este resultado supone la realización definitiva de las cuatro etapas.



Especialmente la primera –observar los propios pensamientos y sentimientos- no es algo fácil. Para observar tus pensamientos y sentimientos debes, ante todo, distanciarte de ellos. Entonces, el primer movimiento es dar un paso atrás y observarlos, de manera que el movimiento de la consciencia que observa y el de los pensamientos y sentimientos no puedan ser confundidos.



Ahora viene el segundo paso: vigilar los pensamientos y sentimientos de uno. Aprender a mirarlos como un juez ilustrado de manera que puedas distinguir entre los buenos y los malos, entre aquellos pensamientos y sentimientos que son útiles y los que son perniciosos, entre los movimientos constructivos que conducen a la victoria y los derrotistas que nos alejan de ella. Es este poder de discernimiento el que debemos adquirir en esta segunda etapa.



A continuación llega la etapa del control; éste es el tercer paso de nuestra disciplina psicológica. Una vez que el juez ilustrado de nuestra consciencia ha distinguido entre los pensamientos y los sentimientos útiles y los perniciosos, llegará el guardián interior que permitirá solamente el paso de aquellos pensamientos y sentimientos ratificados, rechazando estrictamente la admisión de todos los elementos indeseables. Es este movimiento de admisión y rechazo el que conocemos como control, y constituye el tercer estadio de la disciplina.



El cuarto estadio, el del dominio de los movimientos falsos, va a completar casi automáticamente y con éxito los tres estadios previos. Porque una total sinceridad por parte del sadhaka le hará inmune, en la práctica, a los ataques de las fuerzas indeseable”.



Un auténtico sadhaka debe poner en acción en todo momento esta cuádruple disciplina de “observar, vigilar, controlar y dominar”. Debe rehuir, a toda costa, ser insincero en su profesión. Porque la falta de sinceridad es, como ha señalado la Madre, “fingir que deseas vivir la vida espiritual y no hacerlo, fingir que deseas buscar la verdad y no hacerlo, ostentar signos externos de consagración a la vida divina, pero estar interesado interiormente sólo por uno mismo, por el propio egoísmo y por las propias necesidades”. (Preguntas y Respuestas)

7.- Tomar la vida en serio





Queriendo despertar a algunos sadhakas del Ashram de Sri Aurobindo de su habitual torpor y letargo, la Madre les dirigió una severa advertencia con estas palabras:



“Debéis daros prisa en hacer vuestro trabajo aquí, porque es aquí donde verdaderamente podéis hacerlo. No esperéis nada de la muerte. La vida es vuestra salvación. Es en la vida donde debéis transformaros. Es en la tierra donde progresáis, y es sobre la tierra donde os realizáis. Es en el cuerpo donde alcanzaréis la Victoria”. (Preguntas y Respuestas)



Siendo tal la importancia de la vida humana sobre la tierra en un cuerpo material, surge la pregunta: ¿Son los sadhakas, en general, conscientes de esta importancia? ¿Aprovechan cada momento de su vida para cumplir con su responsabilidad? ¿O simplemente pasan sus días como hace la mayoría de los seres humanos ordinarios?



La respuesta a estas preguntas no es muy gratificante. Porque de hecho la mayoría de los que hemos tomado deliberadamente el sendero de la sadhana espiritual nos olvidamos de nuestra meta pasado algún tiempo o, perdiendo todo ardor de nuestra voluntad, somos propensos a relegar la realización de nuestra aspiración fundamental a la vejez de nuestra vida. Comenzamos viviendo una existencia rutinaria y dejamos de recordar, en la práctica, por qué estamos aquí en la tierra y qué se espera de nosotros como sadhakas del sendero integral.



En realidad hay tres clases de personas entre los seres humanos. La mayoría están satisfechos con llevar una vida ordinaria, animal y material. Unos pocos, puede ser un diez por ciento, tratan de llevar una vida más mental, pero su modo de vida es muy limitado. Y por último existe una minoría insignificante que aspira a una vida espiritual mayor, a una vida divina.



Lo que distingue al hombre de las especies subhumanas es un ideal de perfección conscientemente percibido, que uno puede anhelar esperanzadamente y alcanzar, a través de esfuerzos personales adecuados y apropiados.



Pero, ¿cuál es la naturaleza exacta de esta perfección? No existe un acuerdo universal entre los hombres; difieren ampliamente en sus puntos de vista. La mayoría trata de conseguir un cambio mundano adecuado; algunos ansían una conversión religiosa y se fijan como meta una autopreparación suficiente en esta vida para otra existencia después de la muerte; sólo unos pocos se atreven a concebir como la meta de su vida un modo de vida espiritual que tiene como última consumación la unión con el Divino. Entre estas personas mentalizadas espiritualmente, nosotros, los sadhakas del yoga integral, nos distinguimos especialmente por nuestro audaz objetivo de realizar la perfección divina del ser humano aquí sobre la tierra misma. Después de todo, ése es el propósito verdadero de la vida, porque es la meta secreta que la naturaleza terrestre le impone desde el momento que comenzó a poner en funcionamiento su vida de forma evolutiva sobre este planeta. Para citar a Sri Aurobindo:



“Toda vida es un yoga secreto, un oscuro crecimiento de la naturaleza hacia el descubrimiento y realización del principio divino oculto en ella, que cada vez se hace menos oscuro, más autoconsciente y luminoso, más autoposeído en el ser humano mediante la apertura de todos sus instrumentos de conocimiento, voluntad, acción y vida al espíritu dentro de él y en el mundo”. (La Síntesis del Yoga)



Quienes hemos elegido deliberadamente el yoga integral como el camino de nuestra vida no debemos olvidar que la meta de la vida humana no es exactamente llevar una existencia animal gloriosa de forma suntuosa sino acelerar el advenimiento del supremo propósito divino de existencia sobre la tierra. Es cierto que la mayoría de los hombres son totalmente inconscientes de este profundísimo significado y esencia de la existencia humana. Así que dejémosles vivir como mejor crean. Pero ¿qué debemos hacer nosotros, que nos hemos declarado practicantes del yoga sintético de una perfección divina integral? Como sadhakas, ¿estamos cumpliendo nuestra responsabilidad con la sinceridad apropiada? ¡Creo que no! Muchos de nosotros pasamos nuestro tiempo en vanas actividades mundanas siguiendo la disposición común de los seres autoolvidadizos. Mantenemos nuestra promesa espiritual casi marginada, relegándola al estatus de una simple nota de pie de página de nuestra vida.



Pero esto es impropio. Debemos tomar la vida más seriamente y realizar el propósito verdadero de nuestra encarnación humana. Tenemos que aprender lo que la Madre ha denominado como “ciencia de la vida” y aplicar sus principios en cada momento de nuestra existencia diaria de manera que nuestro peregrinar sobre la tierra no quede frustrado. Debemos tomar la vida con la seriedad que merece si queremos llamarnos sadhakas del sendero integral.

8.- Recordar y ofrecer





El Karma yoga, la sadhana a través de las obras, es una parte absolutamente esencial del yoga integral. Siendo nuestro objetivo la entera transformación de nuestra naturaleza en todos sus detalles, la simple meditación sedentaria o una efusión de devoción en un éxtasis no nos ayudarán en la realización de nuestra meta. De este modo podemos reunir alguna experiencia interior, pero nuestra naturaleza exterior permanecerá en su mayor parte como antes, sin transformar. Para que haya una transformación completa debemos llevar a cabo una unión dinámica con el Divino. Y esto no puede ser efectuado más que a través de nuestra autoentrega al Supremo por medio de las obras. Y no sólo a través de unas pocas obras relevantes o de gran importancia, sino que todas las acciones de nuestra vida diaria, triviales o significativas, que cubren la totalidad de nuestra existencia, deben ser ofrecidas al Divino con un espíritu de absoluta autoconsagración. Todas las obras deben ser hechas para el Divino y por el Divino exclusivamente.



La sadhana del yoga integral no puede practicarse de un modo descuidado o con un espíritu frívolo. No se concibe algo así como una sadhana a tiempo parcial: debe ser íntegra y abarca toda la vida en s conjunto. Cómo Sri Aurobindo tan vigorosamente formul: “El secreto del éxito del yoga consiste en considerarlo, no como una meta más a perseguir en vida, sino como la totalidad de la vida”. (La Síntesis del Yoga)



Así pues, ésta debe ser la actitud del sadhaka: “La totalidad de mi vida será entregada absolutamente al Divino. Todos mis esfuerzos serán dedicados a la realización de una vida verdaderamente espiritual. Debo sentir en cada momento que pertenezco al Divino y a nadie ni a nada más. Ya no tengo nada que pueda denominarse “mío”. Sabré y sentiré que todo me viene del Divino y que debo devolverlo ofreciéndolo a su única fuente. Tolo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que hago, debe ofrecerse al Divino con un espíritu de total dedicación”.



Si el sadhaka puede recordar esta determinación en cada momento de su vida cotidiana y llevarla a la práctica de manera ininterrumpida, su vida entera se tornará en una sadhana viva y dinámica, e incluso la cosa más insignificante, a la que antes apenas solíamos prestar atención, dejará de ser trivial y banal; llegará a tener un significado pleno y abrirá un vasto horizonte hacia lo desconocido.



Para hacer de su vida una sadhana vibrante y fecunda, el sadhaka tiene que dedicar todas sus acciones al Divino durante todo el tiempo de su existencia de vigilia. Debe ofrecer todos sus movimientos al Supremo, no sólo cada acción mental, cada pensamiento y cada sentimiento, sino también las actividades más ordinarias y exteriores. Caminando, hablando con los amigos, mientras lee o escribe, cuando se baña, come, se cepilla los dientes, o se hace la cama, todo, todo sin excepción debe ser consagrado conscientemente al Divino, haciéndolo con el constante recuerdo de que su amado supremo está siempre mirándole: debe ejecutar cada acción, incluso la más anodina, tan perfectamente como pueda, con toda la atención consciente de que sea capaz, porque va a ofrecerla al Divino, como un perfecto ramo de flores fragante y bello. Merece la pena recordar aquí lo que Sri Aurobindo ha dicho en relación con el deber diario de un sadhaka del yoga integral: “Esto es, en resumen, lo que se nos pide dirigir toda nuestra vida hacia un sacrificio consciente. Cada instante y cada movimiento de nuestro ser deben convertirse en una continua y consagrada entrega al Eterno. Todas nuestras obras, tanto las más pequeñas ordinarias e insignificantes como las más grandes, excepcionales y nobles, deben ser realizadas como actos consagrados. Nuestra naturaleza individualizada debe vivir en una única consciencia de un movimiento interior y exterior consagrada a Algo que nos sobrepasa y superior a nuestro ego. Sea cual sea el regalo y a quién se lo ofrezcamos, ha de existir en la acción la consciencia de que nuestra ofrenda es al único ser divino en todos los seres”. (La Síntesis del Yoga)

9.- Orar, orar y orar





La vida del sadhaka debe ser una vida de constante oración. Llamarla “oración”, o “aspiración”, e incluso denominarla “llamada”, no tiene mucha importancia. Lo que verdaderamente interesa es una sincera y persistente petición al Supremo de ayuda e intervención del Divino en nombre del sadhaka.



Después de todo, desde un punto de vista espiritual, no es lo que el Divino nos ofrece en respuesta a nuestra llamada, aunque sea de una importancia fundamental. El valor esencial es el establecimiento de un amor y de un vínculo íntimo con el amado divino. Tal como Sri Aurobindo lo formula: “No es …el don de la cosa pedida lo que importa, sino la relación misma, el contacto de la vida del hombre con Dios, el intercambio consciente. En los asuntos y en la búsqueda de beneficios espirituales, esta relación consciente tiene un gran poder, mucho mayor que la lucha y el esfuerzo, basado solamente en nosotros mismos, y proporciona un crecimiento y una experiencia espirituales más plenos”. (La Síntesis del Yoga)



La aspiración de todo sadhaka debe ser de alcanzar, más pronto o más tarde, un estado de consciencia en el que busque al Divino, no por algún beneficio posible, por más grande o noble que sea y que probablemente por el bien del Divino mismo y por nada más, porque tal es la llamada intrínseca de su ser, la verdad más profunda de su Espíritu.



Pero esta búsqueda del Divino, completamente desinteresada, es una posibilidad distante para la mayoría de los sadhakas, accesible sólo a yoghis muy adelantados. En un nivel menos avanzado, un sadhaka puede rogar seguramente por la pureza, la fuerza, la luz, el amor, la sabiduría y la calma de la consciencia divina, e insistir para transformar y perfeccionar su mente, vida y cuerpo. Sin duda puede suplicar al Supremo, paz, gozo perfecto y un dominio total de su naturaleza.



En un nivel todavía inferior es perfectamente permisible para el sadhaka formular sus oraciones de la siguiente manera:



“Oh Divino, guíame por el sendero de la rectitud en cada paso de mi vida. Toma a tu cargo mi existencia entera y moldéala al modo espiritual. Concédeme que mi ser psíquico se coloque en primer plano y gobierne luminosamente todos los movimientos de mi naturaleza. Atiende mi plegaria para que sea capaz de mantener la actitud espiritual justa en todas las circunstancias de mi vida. Envuélveme, oh Divino, con tu presencia transformadora, y cambia mi corazón, mente y cuerpo para que puedan actuar como instrumentos perfectos de tu manifestación”.



También nosotros podemos formular algunas oraciones específicas al Divino; no hay inconveniente alguno en ello. Estas plegarias pueden tomar la forma de:



“Enséñame cada vez más; otórgame cada vez más luz; disipa mi oscuridad. Concédeme que pueda ser ecuánime en mi labor espiritual, que nada en mí, consciente o inconsciente, te traicione por negligencia, al servir a tu misión sagrada. Concédeme que pueda ser un colaborador eficaz y de visión clara en tu obra, y que todo en mi interior pueda fomentar la plenitud de tu manifestación. Oh, mi Amado, llena mi corazón con el encanto de tu amor e inunda mi mente con el esplendor de tu luz”.



Si deseamos orar más impersonalmente, podemos formular nuestra llamada de este modo: “Concede que tu poder soberano pueda manifestarse sobre la tierra y que tu obra sea cumplida; permite que todo se vuelva resplandeciente y transfigurado mediante el conocimiento de la verdad”. (Algunas plegarias citadas anteriormente han sido entresacadas de Plegarias y Meditaciones de la Madre).



En realidad hay muchas plegarias que la consciencia del sadhaka puede encontrar si está dispuesto a buscarlas. Dejemos que toda su vida diaria adopte la forma de un cántico de súplicas ininterrumpido que se elevan ardientemente al amado divino, mientras el sadhaka permanece ocupado en diversas actividades exteriores.



Por otra parte incluso aunque el sadhaka solicite, en diferentes situaciones de su vida, cosas relacionadas con sus intereses mundanos que no poseen más que un valor transitorio, no hay ningún impedimento especial para que sean ofrecidas al Divino. Lo único que debe preocupar al sadhaka es que, en sus oraciones, no debe insistir en su realización sólo para gratificar sus deseos egoístas personales. Su actitud debe ser más bien: “Oh Divino, pido estas cosas en mi ignorancia, pongo mi problema ante ti con la inocencia y el candor de un niño. Ahora puedes hacer con ello tu voluntad en tu divina sabiduría. Aceptaré en cualquier caso tu decisión con un corazón gozoso”. Con esta actitud el sadhaka se mantendrá siempre espiritualmente seguro.



En conclusión, las plegarias son elementos muy importantes en la vida de un sadhaka. Si se ofrecieran con amor y con una simplicidad confiada, ayudarían al aspirante a desarrollar una intimidad cercana al Divino. Por medio de plegarías sinceras el sadhaka llegará pronto a sentir al amado supremo envolviéndolo todo el tiempo con el ambiente cálido de un éxtasis de amor.



Llegamos al final de nuestro largo capítulo sobre la novena actitud en la sadhana diaria que un sadhaka debe poner en práctica de forma incansable si desea que su progreso en el sendero espiritual avance firmemente con un fundamento sólido. Las nueve actitudes en esta sadhana incesante son, como hemos señalado más arriba:



(1) Ser consciente de uno mismo; (2) estar siempre vigilante; (3) dar un paso atrás y examinar; (4) no manifestar en la acción; (5) integrar el ser; (6) observar, vigilar, controlar y dominar; (7) tomar la vida seriamente; (8) recordar y ofrecer; (9) orar siempre. Una observancia fiel de estas nueve actitudes en la sadhana de la vida diaria de un sadhaka no puede sino transformar el sentido total de su existencia, tanto interior como exteriormente, y convertirlo en un aspirante digno de tal nombre.

(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)





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